Las cejas de Dammon se fruncieron y parecieron hacerse más anchas que nunca.
Vamos...
Lo visto no gustaba, al parecer, al elegante caballero, pero aún así no demostró escrúpulo al acercarse a la taberna convertida en campo de batalla. El mago se había saltado el momento de estupefacción para ir directamente a la preocupación obvia. Seguramente los dos practicantes del Arte compartían, en ese momento, la idea de que Derek y Yari·la podían estar dentro.
De hecho, puede existir quien piense que los aventureros - en concreto las belicosas sacerdotisas de Tempus y los asesinos a sueldo de lengua larga - acostumbran a ser parte desencadenante de estas trifulcas.
Dammon y Naolind penetraron en una taberna convertida en batalla campal. Una mediana estaba subida a caballito sobre un enorme pirata, aporreándole la cabeza mientras giraba sobre si mismo y trataba de quitársela de encima. Un enano golpeaba en el suelo a un semiorco. Un hechicero enviaba a un aventurero de cuero negro volando por los aires, con un gesto de su magia...
Y una risueña sacerdotisa de Tempus que ellos conocían bien le estallaba en la cara una botella de vino a un mestizo, de una forma que sólo se podía calificar de "alegremente". Yaril·la frunció el ceño y dijo:
¡¡Eh!! ¡Un drow allí! ¡¡Que no se esfume!!
Un par de figuras menudas encapuchadas giraron sus miradas bruscamente hacia la clériga guerrera. Hicieron un gesto imperativo en el aire y... la taberna se cubrió en explosiones de oscuridad mágica que también recordaban con facilidad.
¡HAHA! Gritó alegremente Yaril·la cuando la botella se estampó en la cara del semiorco. Por supuesto también le salpicó vino a ella, que estaba sin la armadura y tan solo con su hacha en el cinto.
¡Vaya! ¡Llegan los refuerzos! ¡A más seamos más reiremos!
Al poco de señalar al drow, la miraron, y ella les devolvió una mirada desafiante. Todo se volvió oscuridad de nuevo, Yaril·la tenia pocas dudas de que hubiera sido cosa suya.
Echó a andar, tratando de recordar dónde estaba la puerta para llegar hasta allí. Así podria reunirse con sus compañeros, y no solo eso, también vigilar la salida por si esos drow intentaban largarse. Por el camino procuró tropezar lo mínimo posible, guardando silencio para poder escuchar, y si encontraba alguna mesa, tantrearía unos segundos por si hallaba alguna botella, jarrón, u otro objeto contundente.
Aunque si los drow sacaban sus armas, ella no iba a emprenderla a botellazos, claro. Y teniendo en cuenta que ahora estaban en algo parecido a su terreno... quien sabe lo que pretenderían
Dammon vio llegar a Yari·la hasta la puerta donde aún estaban, asombrados, Naolind y él. Sin duda el conjurador no demostraba intenciones de entrar en la caótica y peligrosa posada.
Espero que la guardia no tenga más motivos para tirarnos de las orejas por esto... dijo cuando la sacerdotisa llegó cerca de ellos, en parte como reproche y en parte como sincero deseo. Resultaba difícil no relacionar a una doncella de Tempus o, ya puestos, a un asesino a sueldo como Dereck, con un altercado de taberna. En todo caso, a Dammon no le parecía haber visto a su otro compañero, y era imposible decir si eso le alegraba o le preocupaba más.
¿Y Dereck? preguntó el hombre mientras con un gesto imperioso de su mano, la puerta del establecimiento se cerraba sola. En seguida se escuchó un golpe contra la madera - al que el tipo de verde no prestó atención - que sugería que un cliente de la taberna menos habituado a la oscuridad que los drows había tratado de salir, a costa de su dolorida nariz.
Yaril·la resopló al comentario de Dammon, mientras se paraba junto a la ventana hablándole desde dentro de la taberna, con el objeto más contundente disponible presto en la diestra. La expresión de sacerdotisa tenía una curiosa mezcla de enfado y diversión tanto en el rostro como en el habla
Si me dicen algo, les responderé que no me gusta que me sobetee ni me lama un semiorco baboso y borracho, y que por cierto aún debe estar tratando de sentirse las partes bajas. Cerró un puño con fuerza acompañando a la última parte de la frase. Dereck aún no ha llegado... ¿Podéis disipar toda esta Oscuridad, por cierto?
Yari permanecía atenta a cualquier drow que fuese a aparecer... o a cualquier semiorco que quisiera volver a ponerse un grasiento dedo encima
Naolind se quedó estupefacta observando el percal. En el momento en que vio a Yaril-la meneó la cabeza de lado a lado en un gesto de resignación. Se disponía a entrar y acercarse a su compañera cuando una oscuridad mágica cubrió la taberna por completo. Naolind se queda nuevamente al borde de la puerta junto a Dammon sin saber qué hacer. La joven observa como con un gesto sumamente elegante, a la par que discreto, el mago cierra la puerta de la taberna.
Yaril-la:
Dereck aún no ha llegado... ¿Podéis disipar toda esta Oscuridad, por cierto?
- Es raro que no haya llegado aún ¿no? Ya debería de estar aquí hace rato…
Su mirada se vuelve hacia Dammon con la esperanza de que él pueda complacer a Yaril-la pues ella no podía disipar la oscuridad.
Notas de juego
Me he hecho un poco de lío...
El dire primero dice: "Dammon y Naolind penetraron en una taberna..."
Luego Yaril-la dice: "Echó a andar, tratando de recordar dónde estaba la puerta para llegar hasta allí. Así podria reunirse con sus compañeros,..."
Luego Dammon dice: "Dammon vio llegar a Yari·la hasta la puerta donde aún estaban, asombrados, Naolind y él. Sin duda el conjurador no demostraba intenciones de entrar en la caótica y peligrosa posada..."
(Naolind, que va como perrito faldero de Dammon, tampoco entraría si él no entra).
Aquí ya tengo duda... nosotros estamos dentro? fuera? Dammon le ha cerrado la puerta en las narices a Yaril-la? xD
Y luego ya esto me descoloca un poco: "Yaril·la resopló al comentario de Dammon, mientras se paraba junto a la ventana hablándole desde dentro de la taberna,..."
Así queeee pues como estoy perdida, en base a esto puedo suponer que finalmente Dammon y Naolind están fuera, Dammon ha cerrado la puerta, pero hablamos por la ventana con Yaril-la? Si no fuera así decidme la situación cómo está y corrijo mi post :$
Dammon negó con la cabeza y en su rostro se pudo ver una expresión de extrañeza. Tal vez quisiera decir que no podía disipar la oscuridad o quizá que no quería hacerlo. O también podía parecer que no había siquiera escuchado la pregunta y su negación se debía a la ausencia de Dereck.
Conservando el gesto que, en todo caso, reflejaba que algo no le gustaba, el hombre vuelve a dirigirse a Yari·la.
Los drow son mala compañia en la oscuridad. ¿Podrías salir ya, sacerdotisa, o tu Dios exige aún que partas alguna cabeza?
Esta vez la frenética violencia de la escena y las miradas preocupadas que lanzaba Dammon hacia los alrededores - como esperando que apareciera el mismo rey Azoun para condenarlos a galeras - justificaban el paternal tono de reproche de sus palabras. La situación parecía haberse ido de las manos.
Yaril·la negó enérgicamente y miró a Dammon como si el tono del comentario la hubiera molestado.
Marchaos si queréis, mi armadura, mi espada y mis cosas están todavia ahi dentro, no voy a salir solo con la ropa, el hacha y una botella vacia, como comprenderás. Además, en mi templo-fortaleza conocemos bien a esos bastardos drow, y ya que estoy voy a vengar a más de un compañero a golpe de botellazo, esta vez no tienen a donde ir.
No sonrió, al contrario, parecia que el recuerdo la habia enfadado aún mas, y por ahora seguia esperando a que se desvaneciese la Oscuridad.
El cariño que los Tempurianos tenian a su equipamiento era lógico hasta cierto punto, además, por supuesto, del dinero que debia haber costado a Yaril·la conseguirlo... no iba a marcharse sin él.
La oscuridad conjurada por los drow extendió el nerviosismo por toda la posada. Ahora se escuchaba con claridad el sonido del desenvainado del acero y los hechiceros balbuceaban frenéticamente sus conjuros.
Los contricantes tropezaban, caían y apuñalaban a ciegas en la oscuridad. Un estallido de luz brotó de los dedos de un elfo dorado. Yaril·la, que estaba cerca de él, se protegió los ojos de la súbita claridad. Cuando los ojos dejaron de hacerle chiribitas, no localizó a los elfos oscuros por ninguna parte. Aunque por cómo colgaba el cuerpo inerte de un camarero se podía suponer que habían escapado por la puerta trasera.
Más de un luchador de taberna yacía despatarrado por el suelo con un charco de sangre creciendo a su alrededor. La mayoría de lugareños parecía haber perdido el interés en la lucha ahora que las aguas se habían salido del cauce. La mayoría se precipitaba corriendo al exterior, otros lo hacían disimuladamente. Pero nadie quería quedarse allí para cuando los Dragones Púrpura llegasen.
Al lado de la armadura de la sacerdotisa guerrera (milagrosamente intacta y en su sitio) yacía cierto capitán pirata, rajado de arriba abajo por el cruel acero drow. Tenía los ojos vidriosos y extendió una mano trémula hacia Yaril·la.
Agh... me muero... a-ayuda... pidió atragantándose con su propia sangre.
Notas de juego
Dereck no está, Dereck se fue, Dereck se escapa de vuestras vidas...
Yaril·la parpadeó al volver a ver, y quedó sorprendida al ver al camarero muerto. Su expresión se tornó en enfado rápidamente, y apretó los puños al comprender, frustrada y furiosa, que los drow habian escapado. Para cuando saliera, ya estarían varias calles más allá.
Su mirada no se apartaba del pobre hombre
¿Era necesario...? ¿Es que era necesario, malditos hijos de perra...?
Yaril·la pegó un grito, furiosa, mientras se acercaba a por su mandoble. Si podía, les perseguiria. Fue entonces cuando vio al pirata tirado en el suelo, ese asqueroso semiorco que se habia tirado encima de ella con intenciones de lo más cerdas. Se plantó a su lado y puso los brazos en jarra, mirándole desde arriba.
Agh... me muero... a-ayuda...
¿Y a mi que? Dijo Yaril·la frunciendo el ceño y cruzándose de brazos ¿Acaso tal como te me has tirado encima tendria que importarme?
Aghh... no puedo dejar que la diñe así. ¿Qué pensaran mis compañeros? Pero es que... este cerdo iba a violarme, un maldito pirata baboso, ni que el mundo necesitase gentuza como esta. Estaria mejor muerto que saqueando barcos.
Yaril·la suspiró
Bueno, te pondré en manos de los Dragones. Tampoco puedo recoger mis cosas en un santiamén y salir pitando, ni quiero. Solo me faltaria que ahora me buscasen por "provocar" una pelea. Si sigue vivo, tanto mejor para mi
Se acuclilló junto al pirata y le miró penetrantemente a los ojos, cogiéndole de la pechera. ¿Pero sabes? Hoy va a ser tu dia de suerte.
Echó mano de su medallón con la izquierda, mientras ponia la diestra en la herida
Tempus, tu humilde sierva necesita de tu Poder para sanar a este bellaco, aunque sea inmerecedor de tu favor.
De nuevo, aquél golpe de adrenalina atravesó su espinazo, por su hombro, brazo, y hasta la mano, que se convirtió en una tenue luz que alivió la herida del pirata.
Yaril·la sonrió enseñando los dientes, y le volvió a coger la pechera con la zurda, apretándole contra el suelo.
Vamos a esperar a la Guardia, galán... Pero mientras tanto, ya que tantas ganas tenías, vamos a tener otro poco de "contacto" ¿Te parece...?
Y comenzó a hincharle la cara a puñetazos hasta que quedase inconsciente.
Notas de juego
Cambio Comprensión idiomática por Curar Heridas Leves
Dereck regresó al Escudo Hendido, donde se había citado con el resto de su grupo. Lo cierto es que llegaba bastante tarde.
Se encontró la posada convertida en el escenario de una verdadera batalla campal. Aunque la pelea de taberna había acabado, Yaril·la aporreaba a un pirata semiorco sin ton ni son.
Naolind estuvo a punto de decir algo a Yaril-la, incluso abrió la boca para ello, pero inmediatamente volvió a cerrarla guardándose sus palabras. Simplemente se limitó a observar a Yaril-la, ella no era quién para decirle lo que la sacerdotisa debía o no debía hacer.
Se mantuvo al margen observando, hasta que la llegada de Dereck la sobresaltó - Dereck! - aunque su cara de sorpresa, rápidamente se transformó en cara de alivio - ¿Dónde te habías metido? Empezaba a pensar que te había pasado algo...
Ante la pregunta de Dereck, Naolind simplemente se encoje de hombros y mira a Yaril-la, solo ella es quien puede despejar nuestras dudas.
Viendo la contestación de Naolind, Dereck asiente en silencio. No le gustaba meterse en asuntos de los demás (y ese, al parecer era asunto de Yaril-la). No obstante, tarde o temprano vendría la guardia ante lo que estaba ocurriendo aquí, y no sería bueno.
Dereck se levanta de su asiento y se dirige hacia Yaril-la. Afortunadamente, esta demasiada ocupada en aporrear al orko, por lo que Dereck no tiene dificultades en acercarse a ella sin que se percate. Con un rápido movimiento agarra del brazo a la sacerdotisa, y sin esperar su reacción, la empuja ligeramente para soltarle del orko.
Yaril·la estaba sin la armadura, y tan solo con la ropa limpia y el hacha al cinto, que estaba perfectamente limpia. La sacerdotisa estaba agazapada sobre el semiorco, que vestía ropas de pirata, y tenia una mortal herida de arma blanca en el vientre de arriba abajo, aunque habia sido curada, y ahora tan solo se veia la ropa del semiorco rajada y manchada de sangre. Debia haberle sanado la sacerdotisa, pues una herida así exigia una curación mágica... y a tiempo.
Había oido a Dereck, pero parecia que estaba terminando.
Ahora le contesto... Y toma, y toma, y toma ¡Y toma!
Yaril·la iba a dar un último y fuerte puñetazo al semiorco para acabar de noquearle, cuando Dereck la cogió la mano. Se giró frunciendo el ceño. Ya pensaba que aún quedaba alguno de los matones e iba a reaccionar violentamente, cuando al girarse, sus ojos relampagueantes se cruzaron con los de Dereck.
Para
Tomó mucho aire bajando la guardia y lo dejó ir con los labios apenas abiertos, recomponiendo la compostura mientras se colocaba bien el cabello.
¿Que qué ha pasado..? Que a estas alturas ese cerdo ebrio tendría un hijo en vez de una paliza, si en vez de abalanzarse a toquetearme a mi hubiese ido a por alguna muchacha que no supiera defenderse, eso pasa.
Miró al semiorco con desprecio Eso sí, con lo que le he hecho en la refriega no va a montar a caballo en semanas y con suerte se lo piensa dos veces la próxima vez... dicen que los animales no tropiezan dos veces en la misma piedra. De nuevo miró a Dereck y fue a colgarse el mandoble, que estaba cerca, junto a su bolsa, las piezas de su armadura, y unas bayetas con las que debia etsar limpiandola. Después de que unos aventureros salieran a defenderme, se montó una buena pelea, durante el transcurso se descubrieron a varios drow, que llenaron la taberna de Oscuridad, y sacaron las armas. Si habia alguien que merecía morir era este cerdo, no el pobre camarero, que los dioses acojan.(*)
Junto al mandoble estaban el resto de las cosas, pero no se paró a ponerse la armadura, por lo que quedaba mal colgado, al estar la correa ajustada a la talla de la armadura. Se colgó una bolsa de lado y empezó a meter todas las piezas de la armadura, era obvio que la bolsa era mágica, pues no parecia ni pesarle más ni llenarse.
Bien pensado será mejor que nos larguemos, y que de él las explicaciones Dijo aún enfurruñada metiendo las últimas piezas de la armadura según andaba hacia la puerta.
Ya he tenido suficientes interrupciones por hoy. A ver si podemos seguir con nuestro trabajo de una maldita vez. ¿Qué será lo próximo? gmff...
Notas de juego
Nos pisamos :-P iba a poner que le dejaba KO y se explicaba, cuando pusiste que le cogía la mano.
¿Drow?¿Aquí?- pregunta, extrañado. No suelen verse mucho por estos lugares a los elfos oscuros. Y si se viesen, todo el mundo lo sabría. Al fin y al cabo, los elfos oscuros no tienen muy buena fama. Crueles y desconfiados por naturaleza, son asesinos despiadados que solo piensan en si mismos. Que puede de esperar de esos seres que adoran a una diosa tan cruel y retorcida como Lolth.
Creo tendrás que explicarme esto con un poco más de calma, pero no aquí- dice Dereck- ahora vamonos de aquí, antes de que llegue la guardia.
Aunque vuestros personajes no tienen por qué saberlo (incluso si se mueven en bajos fondos), hay muchas razas medrando en Marsember que no podrían poner un pie en ciudades más respetables. Los semiorcos ya son difíciles de ver en ninguna ciudad de Cormyr, y aparte de drow, hay azotamentes (criaturas con cabeza de pulpo que se alimentan de cerebros) y doppleganguer (poderosos cambiaformas) en la ciudad. De hecho, en el Sirénido Enmascarado tienen un doppleganguer en plantilla trabajando como meretriz para clientes de gustos... exóticos.
Sin mostrar sorpresa por la aparición del último compañero - ya bastantes cosas se habían visto en lo poco que llevaba de día - Dammon agitó la cabeza con fuerza para, acto seguido, mirar de nuevo a Yari·la con expresión misteriosa. En todo caso, el hombre de verde parecía esperar por la decisión del grupo para marchar de aquél lugar.
Notas de juego
4 días en blanco y 7 posts en una mañana. Os odio. =P Ahora no tengo tiempo de escribir nada más largo.