La tormenta golpeaba con fuerza sobre los mástiles, el viento hacía zozobrar el casco de nuestra hermosa fragata. Apenas podía cubrirme el rostro con el dorso de la mano para que la furia del oleaje no cegara mis ojos. Sonreí por un momento recordando lo impredecible que era la mar, sobretodo cuando se enfadaba, nunca debimos atracar en esa isla. El barco que nos perseguía sin disminuir velocidad, no podía ser otro que el Holandés Errante, así que solo podíamos rezarle a Theus por nuestras vidas y esperar ganarle en velocidad.
- ¡¡Capitán!! ¡¡La vela mayor se ha desgarrado!!- gritó uno de mis marineros. Entonces un enorme rayo impactó sobre el mástil, la madera se astilló y bajo la lluvia feroz, surgió el candente fuego que empezó a abrasar nuestra hermosa nave. El trueno que vino después retumbó con la fuerza del rugido de un león, mientras los destellos de los demás rayos iluminaban la escena como si estuviera sacada de un relato de terror. Un grito y otro de mis tripulantes se precipitó hacia el mar tras que el oleaje empujara con fuerza el barco.
- ¡¡Hombre al agua!!- gritaron, pero nada había que hacer.
Cuando dirigimos nuestras miradas al mar vimos las siluetas de varias sirenas hundirse bajo la superficie, sabíamos que nada de esto era bueno. Sirenas, un barco fantasma persiguiéndonos... y ahora que... de pronto un ruido sordo suena cerca de mi camarote. Bajo la cubierta, en mi estancia recuerdo tras despertar entre delirios como la estatua Syrneth que habíamos traído de la isla junto a las demás reliquias parecía sonreírme, y es entonces cuando me doy cuenta que no era mi imaginación. Pues escucho perfectamente como bajo mis pies algo se mueve de forma pesada... y todos estamos arriba. Y de pronto estamos acorralados, detrás nuestra el Holandés y frente a nosotros.. ¡¡una pared de fuego en medio del mar!! ¡¡Nos han acorralado como a novatos!!
Nos detenemos y veo como el Holandés se acerca, escucho como la estatua sube los peldaños de la escalera, y me figuro que algunas sirenas trepan por el cascarón, ojala pudiéramos enfrentar los problemas de uno en uno, pero me temo que no será así. Aliento a mis hombres a beber de nuestros odres el grog que nos queda, nada une a los hombres más que el grog y enfrentarse a la muerte.
- Me temo que no podremos volver a casa.- Le escucho decir a mi grumete más novato.
- Para nada Tilly, somos lobos de mar. ¡Nosotros ya estamos en casa!- y sonrío como solo los piratas sabemos.