Historia de gatonegro: Fuego / Vâstiatis
Plantado en medio de la ciudad, mi vista se levanta a la alta torre y hace que mi furia vuelva a desatarse. Día tras día vengo a este mismo lugar y recuerdo por qué no he de irme de aquí.
Pero necesitáis entenderme. Para ello, contaré mi historia.
Soy Nebin Mielana. Vivo en la Ciudad del Templo desde que tengo unos 5 años. Ahora tengo 12.
Según tengo entendido, Padre y Madre eran nómadas comerciantes. Se pasaron largos años recorriendo los desiertos, buscando clientes (también oasis), consiguiendo mercancía valiosa…
Era una vida con la que ellos estaban más que satisfechos. Pero algo cambió. Mi hermana, Tanja, había sido engendrada.
Cuando Padre y Madre se dieron cuenta, tomaron una decisión. Vivirían un tiempo en la Ciudad hasta que Tanja pudiera amoldarse sin problemas a la vida del nómada.
Les supuso una contradicción, y también una alegría, saber que yo venía de camino cuatro años después. Eso retrasaba más sus planes, pero disfrutaban viendo como su hija crecía sana y sin sus penurias, y esperaban que pasara lo mismo conmigo.
Debe ser que nací en una mala combinación de estrellas, o que alguien maldijo a Madre. Pero ella no sobrevivió al parto. Al menos, consiguió permanecer con vida para verme. Eso me dijo Padre un día que estaba borracho, con los ojos hinchados de llorar.
Desde pequeñitos, Tanja y yo hemos estado muy unidos. Ella siempre cuidaba de mí mientras Padre iba al mercado a vender. Ella me enseñó por primera vez la Torre… Esa maldita Torre…
Recuerdo la primera vez que Tanja cortó mi pelo. Cogió la daga de Padre sin permiso y me cogió un mechón. Estaba riéndome mucho con ella, pero hubo un pequeño accidente. Mi padre llegó y nos sorprendió. Gritó tan alto que nos asustamos… Y Tanja hizo un pequeño corte al lado de mi cuello. Todavía tengo una cicatriz que me recuerda a ella.
Aunque éramos felices, todo tiene que llegar a su final. Y fue el día en que mataron a Padre. Tenía 6 años cuando unos hombres empezaron a aporrear la puerta de casa. Padre abrió, y esos hombres empezaron a gritarle. Mi padre se giró hacia mí, y me dijo que me fuera. “Es cosa de trabajo, vete a otro sitio”. Aunque asustado, obedecí. Mi hermana cogió mi mano y nos sacó a la calle. Nos quedamos sentados en el suelo, esperando que esos hombres se fueran. Mi hermana me abrazó muy fuerte. Sollozaba. Yo comencé a ponerme nervioso y a preguntar qué pasaba. Ella no respondió.
Tras un rato bastante largo, esos hombres salieron corriendo de casa. No se fijaron en que estábamos sentados cerca. Me separé de mi hermana y fui veloz con Padre… La impresión fue muy grande cuando le ví con el cuello sangrando, cayendo la sangre a borbotones y con la mirada perdida. Con una mueca de miedo en la cara, retrocedí. Mi hermana estaba en la puerta con una mano puesta en su boca, llorando en silencio. Entró en casa y cogió un par de cosas. Yo me acerqué de nuevo al cuerpo de mi padre y cogí la daga que llevaba en la mano.
“Un recuerdo” pensé.
Mi hermana volvió y nos fuimos. Ya no he vuelto a esa casa nunca más, no se qué habrá sido de ella.
¿Encontrarían a mi padre? Esperaba que así fuera.
Estuvimos cerca de un año viviendo en la calle. Mi hermana ya no era la niña con la que jugaba. Aprendió a robar y me enseñó. Nunca la pedí explicaciones sobre ello, pero parecía que necesitaba dármelas. Me dijo que era necesario para poder vivir. Por mi hermana hubiera hecho cualquier cosa, hasta matar…
Una noche estábamos trasteando por un callejón cuando oímos a alguien pasar cerca. En silencio, nos escondimos y espiamos.
Era uno de los objetivos favoritos de Tanja. Un gordito de la gran Torre. Moviéndose sigilosamente, fue por detrás. Aunque había hecho eso mil veces, algo la delató. Justo cuando fue a coger una bolsita que llevaba el gordo en una especie de fajón, éste se dio la vuelta.
Mi hermana se dispuso a correr, pero él la atrapó de un brazo y rápidamente deslizó su mano al cuello y empezó a apretar. Mientras mi hermana se estaba ahogando, él se reía.
Sin pensarlo, saqué la daga de mi padre y me lancé contra el gordo. Lo hice mal, debí ir en silencio. Cuando llegué a su lado dispuesto a clavársela en la pierna, me soltó un guantazo que me estampó contra la pared.
Riéndose de nuevo, dio un silbido y otro apareció. Aunque no era igual de gordo, tenía unos aires de grandeza. El gordo señaló hacia mí y el otro se apresuró para retenerme en el suelo. Hizo que levantara la vista hacia donde estaba Tanja.
“¿Sabes, monada? Vas a saber lo que es robar a alguien como yo… Sí, seguro que te gusta” dijo el gordo.
Con la mano que le quedaba libre, no tardó ni 10 segundos en desnudar a mi hermana. La lanzó contra el suelo y se lanzó contra ella. Mi hermana quiso poner resistencia, pero él era más grande y más fuerte. Tanja no podía hacer nada.
En ese momento, no entendí qué estaba pasando. Mi hermana gritaba de dolor, y él gritaba también, pero de placer. Movía el cuerpo a gran velocidad. Tanja dejó de gritar, pero por su cara no dejaban de caer las lágrimas. Violación…
El gordo se quedó quieto y se levantó. Mi hermana encogió las piernas y se quedó inmóvil en el suelo, tiritando. Miró al hombre que me agarraba, y señaló a mi hermana, pero éste negó con la cabeza.
“Entonces terminaré ya” dijo sonriendo maliciosamente mientras miraba a mi hermana.
Se acercó a ella y la dio una patada el estómago que la dejó sin respiración. Mientras trataba de coger aire, el gordo se arrodilló y buscó en su cintura. Sacó una daga, más grande que la mía.
No lo pensó dos veces. Clavó la daga en el estómago de Tanja varias veces, mientras él se salpicaba con la sangre. Después, no contento, clavó la daga en su cuello y, por último, hizo una raja por toda la cara de mi hermana.
Se levantó y se limpió la cara. Guardando su daga, se giró complacido. Hizo que su compañero me levantara del suelo. Me agarró por el cuello, me escupió y me lanzó donde estaba mi hermana.
Yo ya no sentía nada. Ni siquiera era capaz de llorar. Sólo era capaz de acariciar a mi hermana mientras repetía su nombre:
“Tanja, Tanja…”
Cuando me quise dar cuenta, era de día. El gordo y su amigo se habían ido, seguramente hacía mucho tiempo.
Me alejé del cuerpo de mi hermana y busqué un sitio donde lavarme la sangre. Tampoco me enteré si mi hermana había sido encontrada.
Cuando conseguí quitarme toda la sangre, empecé a andar. Levanté la mirada y… allí estaba. La Torre. La Torre que había quitado la vida a mi hermana.
Permanecí mirándola todo el día. Cuando los últimos rayos de luz abandonaron mi cara, salí corriendo a esconderme en algún callejón.
Y entonces sí, lloré durante toda la noche la muerte de mi hermana, tomando una decisión:
La cabeza de ese gordo rodará delante de mí y su sangre será la que salpique mi ropa.
Historia elsombrio : Agua / Guardia de la Luna, Lagos Rojos
Historia de Theüen Mahare
Nacido en el poblado de los Lagos Rojos Theüen creció junto a su hermana Gwen y su mejor amigo Argos, juntos se aventuraban por las calles del pueblo jugando a ser exploradores y la suma sacerdotisa, su infancia transcurrió feliz hasta que la adolescencia llego y con ella responsabilidades.
Gwen fue enviada a los templos donde sería entrada en las artes de de las mujeres de Nanué destinadas a servir a la suma sacerdotisa o tal vez convertirse en la misma pasado los años. Argos decidió seguir el camino de la medicina como su padre y Theüen a quien le dolía profundamente separarse de su hermana decidió presentarse como voluntario para la guardia de la Luna.
Los años transcurrieron para los tres, Argos se caso joven y se convirtió en un curandero respetado en el pueblo. Gwen demostró tener las dotes suficientes para servir entre las filas más cercanas a la suma sacerdotisa Merayé y hasta se corría el rumor de que se había convertido en la favorita de Merayé. Por su parte Theüen se convirtió en explorador de la guardia de la Luna, siempre al frente escudriñando la densa nieve, la floresta, el Bosque de los Mil Ojos o los Lagos Rojos, sea cual sea el área se empeñaba con obsesiva dedicación, en cualquier área que tuviera por delante no dejaba nada librado al sino, su objetivo era no dejar que nadie se acercará a la suma sacerdotisa y por consiguiente a su hermana, proteger a su hermana era su objetivo primordial y eso lo llevo a ser considerado uno de los mejores exploradores de la Guardia de Luna. El poder, la gloria o la fama no eran del interés de Theüen, el solo quería lo mejor para Gwen y si eso requería que estuviera en el norte durante todo el año, con permisos solamente una vez al año para verla, pues eso sería lo que haría.
Velendyl seguía de cerca el progreso de este joven explorador a pesar de que este no lo supiera, el comandante supremo era un hombre duro y astuto, no existía indicio que se escapara a sus ojos, por lo que pronto descubrió el motivo por el cual el muchacho estaba en la Guardia de la Luna y este hecho le resulto interesante y fue por ello que lo nombro capitán de uno de sus regimientos, dicho pelotón no tardo en ganar renombre dentro del ejercito por la audacia y perspicacia de su capitán, quien los llevo a ser considerados el escuadrón numero uno para las avanzadas, el ejercitos los denominaban punta de fleta.
Cada vez que él gozaba de su viaje de descanso aprovechaba para ver a su hermana, Gwen, la devoción del hermano por Gwen no tardo de ser conocida por las demás damas de compañía, así como tampoco sus proezas en el lejano norte, comenzaba a convertirse en una leyenda viviente.
Ambos se sentían reconfortados por compartir un presente juntos y no haber perdido los lazos, el futuro los esperaba...
Motivación: la vida de su querida hermana.
Perfil psicológico: Theüen se ha vuelto un muchacho de pocas palabras pero alegre en los momentos de ocio, perseverante en sus objetivos, hasta un poco obsesivo por la perfección, siempre atento a cualquier situación si alguien necesita su ayuda acudirá.
Que aporta a la historia: Theüen, sería un buen explorador dentro del grupo, no causaría problemas y en caso de necesitar un líder podría serlo en el momento indicado, si le toca ser un seguidor, no tendría problemas lo ha sido toda su vida.
Como jugador soy muy responsable, aportaría buena ortografía, imaginación y posteo constante.

punta de flecha = Ayak-Pilim, este sería el nombre del escuadrón.
Historia Arkarian : Agua / Capital
rial nació en la capital hace 19 años.
Varios Vyolnark se dirigieron a la capital para saquear a los curanderos que allí se encontraban.
Lean, que por aquel entonces era soltera, buscaba hojas curativas por el bosque, cuando se topó con éstos.
El que entonces era el líder de la agrupación, violó a Lean, relación de la cual nació Irial, meses después.
El padre de Irial, del que ésta nunca supo un nombre, murió cuando los Meranyé hicieron justicia, se cobraron la vida de todos aquellos Vyolnark que
habían cometido crímenes dentro de la capital.
Cuando Irial fue suficientemente mayor, Lean creyó conveniente contarle que un día ella también tuvo un padre, pero que por varias razones
tuvo que partir lejos.
Irial, silenciosa por naturaleza, jamás hizo preguntas, aunque siempre deseó en secreto reencontrarse con su padre, y hacerle pagar por haberles abandonado a su suerte.
Un padre nunca haría esas cosas.
Va a cambiar:
Dejo lo del desengaño y punto, me interesa más el futuro del personaje que el pasado. En cuanto a lo de los deseos, no les especifiqué porque Irial está bien siendo curandera, y no tiene previsto cambiar de profesión, le gusta ayudar a los demás, pero de momento no tiene ninguna meta más allá de hacerlo. Planeo que a pesar de ser buena persona y se enfurezca cuando ve una injusticia, sea alguien de un espíritu un poco gris, que no haya encontrado aun una razón para vivir, ella no entiende para nada el entusiasmo de la gente en algunas cosas, porque jamás se ha sentido tan complacida como para ansiar algo. Es por eso que siempre está en silencio mirando al vacío y no es demasiado cálida.
La está arreglando, pero pongo lo que puso al principio para luego acordarme y cambiarla por la nueva
Historia Sorax : Tierra / Imperio
Descripción:
Eddar (Newgate) Equake
Altura: 1.78, perteneciendo a la media de estatura entre su gente
Peso: 80 kg
Pelo: Castaño oscuro
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Junto a la mejilla izquierda tiene una cicatriz, una marca que se hizo mientras "jugaba" con su hermana. En una de las peleas diarias qeu tenian, esta "sin querer" le golpeó con un jarrón, lo que provocó que los trozos le hiciesen un corte. Sin embargo, normalmente, solo suele comentar que fue en una gran pelea, pero no con quien.
Le encanta llevar siempre una bufanda que lleva puesta o atada a la cintura (cada uno con sus manias XD)
Historia:
Eddar Newgate nació bajo la poderosa influencia del Impero, en una de las antiguas regiones de Ágata. Sus primeros años de vida fueron muy tranquilos, ya que la ciudad poco, o nada se vio amenazada por las constantes rebeliones de los Kriek'tan. Hacia los tres años de edad, su padre decidió emprender un viaje, dejandolos a su madre, su hermana recien nacida y el en la ciudad. Sin embargo, gracias al constante apoyo de su tio(hermano de su madre) y su familia, consiguieron seguir adelante sin muchos problemas. Estos llegaron cuando un oficial del ejercito se presentó en su casa, con graves noticias. Su padre, que cuatro años antes se habia marchado de casa, de quien no habían vuelto a saber casi nada, exceptuando un par de cartas vacias de significado, estaba apresado por el Impero. Según la vaga información que les proporcionó el oficial, este había estado conspirando contra el ejercito, viajando entre algunas de las principales ciudades rebeldes, y conspirando contra el Imperio.
Ese dia, Eddar, quien confiaba en el Imperio, aun si terminar de creerse que su padre era un rebelde, decidió renunciar al apellido de su padre, y adoptó del de su madre, Rose Equake, pasando a ser Eddar Equake. Dado que, y si no les habian mentido, mientras no se demostrase su inocencia, Roy Newgate seguiría siendo prisionero del Imperio, Eddar decidió entrenar lo más duro posible para tener poder en el Imperio y descubrir los misterios que enredaban a su padre, mientras combatía al enemigo que se lo había robado...
Historia Souris: Aire / Etharia
Nombre: Niobe
Origen: el continente del aire, la cuidad de Etharia
Edad: 20 (si la final me he decantado por una joven que da mas juego)
Descrición fisica: Pelo blanco, ojos azules, 1, 60 complexion delgada y languida

Descrición Psicológica: Ingeniosa y desconfiada , en realidad no se fia de nadie pero sabe que necesita de los demas para conseguir lo que quiere. Es extrovertida en apariencia, no le tiene miedo a hacer nada nuevo y lo afronta con decision. Por su apariencia y su manera de actuar parace confiable, no le gusta expresar ni sus sentimientos ni sus emociones, para eso vive mejor en su mundo interior.
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No me gusta la idea de tener que contar mi vida, no me gusta pensar que lo que he hecho hasta ahora sea digno de contar para nadie, ni que me ayude hacerlo, pero a veces cuando cojes algo y lo empapas en palabras cobran un significado diferente.
En realidad nunca he sido como los demas, quiero decir, soy una ciudadana de Etharia como otra cualquiera, con una familia numerosa, lo cual es un autentico privilegio, no me falta de nada ni tampoco me sobra pero nunca he terminado de encajar aqui.
De pequeña hice todo lo que se espera que hagas, que aprendas a tocar un instrumento, que lo trabajes duro, que seas buena y finalmente que ganes o al menos lo intentes, en el festival anual que celebramos, por lo menos una vez en tu vida. Yo ya desde pequeña sabia que eso no iba interesar nunca.
Elegi la flauta dulce como mi padre, y lo trabaje hasta tener un nivel aceptable pero nunca llegue a destacar, por el simple hecho de que ni me gustaba ni queria perder el tiempo en ello, lo dedicaba a otras cosas como la lectura cientifica, la naturaleza o la espiritualidad. Todo a lo que podia acceder en mi limitada region secretamente era estudado por mi.
Pero sin embargo nunca fui rebelde, me mantuve en una pasiva postura de aceptacion externa mientras en mi interior se cultivaban los dferentes deseos de mi alma, sabia que algun dia tendria que decidirme a ser yo misma, que algun dia tendria que por fin decidirme por hacer algo que nadie hacia alli pero hasta entonces, porque molestarme en tener que dar explicaciones, se esta mucho mas tranquilo en el interior de uno mismo, y eso es algo que sigo pensando.
Y aparecio él, y enseguida me intereso, rebelde, distinto, y con unas aspiraciones que no tenia miedo a expresar, a mi me hacia gracia. Sus planes a corto pazo era visitar Aranthbeth con la mayor biblioteca del mundo conocido, yo tambien compartia esa aspiracion por supuesto.
Pero ya he dicho que yo en apariencia no me complicaba y hacia como que ensayaba para presentarme al festival anual ,por alguna extraña razon mi padre seguia albergando la esperanza de que ganara o al menos quedara en un buen lugar, como mis hermanos, y lo mismo no me habria costado hacerlo, de hecho pensaba hacerlo para poder seguir con mis cosas, hasta que el me lo propuso. Queria intentar visitar la region Aranthbeth y me daba la oportunidad de acompañarle.
Y creo que mi respuesta habria sido: no, sino hubiera sido porque el mismo dia del festival mi padre se murio. Yo me habria presentado, habria tocado y luego habria continuado con mis ideas tranquilas de encontrar el momento, pero este ya habia llegado.
Llegue a una conclusion un tanto desoladora.Hemos vivido durante tanto tiempo bajo el yugo de las tierras donde nos ha tocado vivir que hemos perdido la perspectiva de hacer
algo mas por nuestras vidas. Cojemos algo facil de aprender , tocar un instrumento, y lo convertimos en el centro de todo .Porque es lo establecido, porque no te da tiempo a pensar en mas, porque nuestros cuerpos no son fuertes y porque otras cosas ya lo hacen las demas regiones o los demas continentes.
Quizas si vivieramos en otro lugar la cosa cambiaria y no tedriamos que solo pensar en la musica, seriamos mas y seriamos mas fuertes, habria ams diversidad, podriamos dedicarnos a muchas otras cosas relegadas solo a unos pocos ahora mismo. Y eso es en lo que se ha convertido mi aspiracion, no se si mi pueblo estara de acuerdo, y por supuesto conseguirlo sera muy dificil pero prefiero intentarlo y morir que morir siendo tan solo una flautista cuando ni siquiera es mi vocacion
Igualmente no me presente al festival, no he vuelto a tocar la flauta y ahora estoy ultimando el viaje para ir a Aranthbeth , voy a mover las fichas yo misma.No todo tiene porque estar escrito de antemano.
Historia RJ : Fuego / Vulcanoritas

Barúc había nacido hace ya unos dieciocho años en Vulcarion y, como muchos Vulcarionitas, se había dedicado a aprender el oficio de la caza. Pese a que sabía manejar la espada se había centrado en del uso del arco y le encantaba explorar los territorios que rodeaban a la ciudad estuviesen estos poblados de vegetación o bien fuesen estas las extensas pendientes rocosas en las laderas de los volcanes.
Se consideraba a si mismo una persona profesional en cuanto a sus obligaciones se refiere pero divertido cuando el tiempo lo permite. Le gusta pasar tiempo con sus amigos y amigas e incluso cazar o explorar junto a ellos. Cómo casi todos en la ciudad, Barúc, conocía algo de hierbas medicinales, qué frutos podían comerse y cuales no.
Desde pequeño le fascinaron las historias que se contaban en las festividades y atosigó a ancianos y juglares para que le hablasen de los antiguos héroes y dioses de su pueblo. Adoraba a Tsûberus y a Terphion y comprendía a la perfección la parábola que conformaban. Entendía que la muerte era parte de la vida y que una vida sin muerte no sería tal, también comprendía el equilibrio que debía mantenerse entre ambos pues tanto el exceso de vida, como el de muerte, podía significar una catástrofe absoluta. Aquel conocimiento lo aplicaba en la caza y a la hora de cobrar sus presas alternaba los lugares y las especies que cazaba con el fin de mantener en equilibrio la balanza que su fe en la pareja divina le había transmitido.
Quizás si en aquel lugar hubiesen existido templos, Barúc, habría terminado por ser monje o pastor.
Era de mañana, Barúc se despertaba lentamente desperezándose bajo la manta que lo cubría. Su choza era pequeña y modesta. El piso se hallaba elevado unos cincuenta centímetros del suelo suportado por tabiques de madera. Las paredes habían sido realizadas con un trenzado de hojas secas y habían sido recubiertas con barro, el techo estaba hecho íntegramente con un entretejido vegetal recubierto de hojas, el mismo tenía caída hacia los lados evitando así que el agua de las lluvias se acumulase y terminara derribándolo.
Se sentó en el suelo, llevó una de sus manos a su mentón y empujó su cabeza a un costado haciendo que los huesos de su columna crujiesen acomodándose, luego repitió la operación hacia el lado contrario.
Aquella noche se celebraría el cumpleaños de Dara, una hermosa muchacha amiga de Barúc que comenzaba a enamorarlo. Había decidido tiempo atrás que en la noche de la celebración el sería el encargado de traer un jabalí para que todos disfrutasen de un regio banquete.
Con un último bostezo se cubrió con sus ropas, ciñó la espada al costado izquierdo, tomó su carcaj con flechas, su arco y el cesto donde había preparado las ranas que llevaría para frotar sus saetas. Barúc aprendió del uso de ranas de Bradoc, cazador por excelencia, una tarde que fueron de caza juntos, en cuanto hubieron divisado a su presa, el hombre tomó una hoja, extrajo envolviendo en ella una pequeña rana que llevaba en una pequeña cesta y frotó la punta de la flecha contra su piel. El efecto que tuvo el proyectil sobre el animal fue increíble para Baruc, una sola flecha había bastado para inutilizar a un jabalí de porte mediano ya que el veneno secretado por el anfibio había provocado la parálisis de la bestia permitiéndole a Baroc acabar con su vida de una forma rápida y segura.
Barúc no gustaba de esta práctica pues no la encontraba del todo honorable, sin embargo reconocía su eficacia y cuando se trataba de cazar piezas grandes y en solitario recurría a aquella técnica sin dudarlo.
Ya preparado entonces partió en silencio antes de que el resto de la aldea despertara, se internó en la jungla y comenzó a buscar los rastros de su presa. Estos lo llevaron poco a poco hacia los pies de una montaña. –Lugar extraño para un jabalí- pensó pero aún así continuó con su persecución fustigado por la idea de sorprender a Dara.
Las huellas se perdieron por un decepcionante momento para reaparecer luego en las cercanías de una pequeña abertura de no más de un metro de diámetro que se internaba hacia lo profundo de la elevación.
Colmado de dudas y porque no de temores, Barúc se internó lentamente por aquel estrecho pasaje que le impedía moverse con libertad y erguido. Si el jabalí lo atrapaba allí tendía pocas posibilidades, no sólo de cobrar su presa, sino también de salir con vida. El tunel comenzaba a volverse obscuro cuando una luz rojiza comenzó danzar a la vuelta de un recodo. Barúc apuró el paso tanto como fue capaz y llegó a una especie de bóveda, la misma era surcada de sur a norte por un ancho río de lava que calentaba el interior del lugar, una pequeña pasarela de roca conducía hacia una formación circular en el centro del río que corría varios metros por debajo.
El cazador se despojó de todo su equipo y caminó con paso lento pero seguro sobre la pasarela, poco a poco sus pies lo aproximaron al círculo central, allí se sentó, se acomodó e impelido por una extraña sensación oró a sus dioses, les habló y escuchó sus respuestas.
En su mente se formaron extrañas imágenes, la mayoría de ellas incompresibles pero todas relacionadas de una u otra forma con el fuego y la vida. Vio cómo el fuego, destructor, arrasaba la selva que crecía debajo y se entristeció, sin embargo una dulce voz femenina lo calmó e inmediatamente pudo ver como aquella destrucción se transformaba lentamente en un paisaje verde, renovado con plantas fuertes que habían obtenido del fuego toda su vitalidad.
Se incorporó conmocionado sin saber cuanto tiempo había pasado allí, tomó su equipo y volvió sobre sus pasos en busca de la salida. Cuando dejó el túnel comprendió que la noche había caído y la posibilidad de encontrar un animal a tiempo era completamente nula.
Para su sorpresa al recobrar su verticalidad se percató de una conocida silueta, allí a pocos metros de donde él se hallaba se erguía un majestuoso jabalí. La bestia lo miraba con ojos llameantes pero lejos de adoptar una postura agresiva o huidiza, el animal ofreció su pecho y sostuvo la mirada del joven. Barúc tomo aquello como un regalo de los dioses y con prontitud extrajo una de sus flechas y al tiempo que desechaba la idea de usar la rana, tensó el arco, apuntó y disparó. El animal tuvo una muerte rápida y digna, cómo todas las piezas cobradas por el joven, su alma fue encomendada a los dioses. Luego el cazador unió algunas ramas con una soga de junco, ató al animal en ella y volvió alegra a su aldea.
Jamás contó a nadie su experiencia pero tampoco dudó de ella, cada vez que podía y con un mínimo de tres veces por cada luna, Barúc concurría a aquella cueva para hablarle a los dioses le respondiesen estos o no.
Historia thorom: Agua / Guardia de la Luna, Vyolnark
Nuef era un joven Guardia de la Luna que cierta noche patrullaba el bosque de los Mil Ojos, como de costumbre, cuando divisó en el suelo un bulto extraño. En seguida se puso en alerta por si se tratase de una trampa de los Vyolnark, puesto que aquel bulto estaba junto al linde del bosque y para acercarse debía quedar expuesto.
Nuef se acercó con sumo cuidado, tomando precauciones por si los enemigos acecharan esperando a que él picara en la trampa. Pero no fue así.
Cuando se encontraba cerca se fijo en que el bulto, se movía. Se acercó rápidamente y retiro el trapo viejo y ajado en el que estaba envuelto y entonces lo vio, y quedó boquiabierto. Era un niño. Alguien lo había abandonado allí a su suerte, o tal vez esperando que fuera recogido por él, ¿quien lo sabía? Los dioses a veces eran caprichosos cuando escribían el destino de los mortales.
Por un momento Nuef dudó, aquel niño pertenecía a los Vyolnark, era uno de ellos, debía matarlo. Colocó una flecha en la cuerda de su arco y la tensó apuntando al bebe que lo miraba asustado, ajeno a todo aquello. Pero la compasión y la pena se apiadaron de él y bajó su mano.
Nuef creía que lo único que les diferenciaba de aquellas gentes que les atacaban era simplemente la educación que recibían, y creía que tal vez en algún remoto momento los Nué-fyl y los Vyolnark hubieran compartido la mesa como hermanos en paz y armonía. Tal vez aquel bebe, pudiera ser educado bajo las costumbres y hábitos de los Nué-fyl y convertirlo en uno más de los suyos.
Sin comprender muy bien el motivo de por qué actuaba de ese modo, recogió al bebe y lo llevó a casa de sus padres en la capital. Les explicó como lo había encontrado y sus sentimientos al respecto, y los comprensivos padres accedieron a educarlo como si de su hijo se trataran, ya que Nuef no podía encargarse de ello por su trabajo en la Guardia de la Luna.
El padre de Nuef, Onué, decidió llamar al pequeño Obike, que significaba esperanza. Onué y su esposa eran ya demasiado mayores para concebir un hijo, así que el “nacimiento” de Obike no fue pasado por alto para sus vecinos, que se hacían preguntas al respecto. Preguntas que jamás fueron contestadas.
Obike fue creciendo y aprendiendo todo cuanto podía gracias a las enseñanzas de su padre y su hermano adoptivos. A los cuales el niño idolatraba y admiraba, sobretodo a Nuef, a quien veía como un modelo a seguir.
Obike se desarrollo más rápido que otros chicos de su edad, y era mucho más esbelto que ellos. Sus ojos eran de un color violeta y su cabello era azulado. Pronto demostró unas cualidades atléticas extraordinarias y una gran agilidad.
Pero conforme se hacía mayor, surgían algunas dudas en su mente. No se parecía a sus progenitores ni a su hermano, que tenían el pelo de color negro azabache y los ojos verdes. Y pese a que a su alrededor si que había niños con sus mismos rasgos, Obike era ligeramente diferente a ellos. Además sus supuestos padres eran muy mayores, y su hermano le sacaba muchos años de diferencia. Suficientes para que la mente del joven se cuestionara su identidad. Sin embargo, nunca se atrevió a dudar en voz alta de la paternidad de sus padres, ya que creía que sería una falta de respeto hacerlo.
Aún así, el joven Obike se sentía diferente a los otros niños, y esos sentimientos le hicieron aislarse en ocasiones, y no llegó a tener verdaderos amigos realmente. Así pues, cuando cumplió la edad suficiente decidió seguir los pasos de su admirado hermano Nuef, y alistarse en la Guardia de la Luna para proteger las tierras que amaba de los malvados habitantes del hielo, a quienes no había visto y a quienes no comprendía. No los llegaba a odiar, como otros de sus vecinos, por que realmente no entendía nada de aquellas disputas. Sin embargo sintió su deber en esa honorable misión, y por algún motivo que desconocía, aunque nunca llegó a confesárselo a nadie, se encontraba mejor cuánto más cerca se encontraba del frío Norte.
Obike, quería descubrir cuales eran sus orígenes en realidad y pensaba que aquel bosque encontraría respuestas.
Los orígenes reales de Obike:
La madre de Obike era una Vyolnark, violada por un soldado en uno de sus continuos saqueos. Ya que cuando los más aguerridos y salvajes luchadores no podían cruzar el Bosque de los Mil Ojos por culpa de la Guardia de la Luna, se desahogaban atacando las aldeas baldías de su propia tierra, pagando su frustración con sus propias gentes.
Ella estaba harta de ese mundo, y cuando se enteró de que aquel malnacido la había dejado embarazada recapacitó sobre todo aquello. No quería que su hijo creciera en ese ambiente de hambruna y constantes guerras.
Así pues, cuando su embarazo era demasiado obvio para ocultarlo, comenzó un viaje en solitario hacía el sur. Con la esperanza de llegar al Bosque y entregar su hijo a algún bondadoso Guardián. Pero justo una noche antes de llegar al Bosque empezó el complicado parto. Allí sola no pudo hacer otra cosa que llorar y rezar a todos los dioses para que aquello saliera bien. Y así fue. Rasgó sus ropas y envolvió al niño para protegerlo del frío y a pesar de que estaba exhausta continuó el viaje hacía el Bosque.
Pero la mala suerte hizo que un grupo de Vyolnark atacara el bosque al mismo tiempo, así que muerta de miedo dejó al niño lo más cerca que pudo y huyó temiendo por su vida. Esperaba que su hijo no muriera, y que fuera encontrado y puesto a salvo. Pero lo que no sabía era que su vida corría más peligro, por las circunstancias en que se encontraba tras haber dado a luz de aquel modo. Y aunque nadie lo sabe con certeza, puesto que no regresó a su hogar natal. Lo más probable fue que aquella valiente madre muriera en el frío hielo, ya bien fuera a manos de su cansancio o por asaltantes que se cruzaran con ella. Pero eso nadie lo sabe.
Historia Role : Aire / Ocasthar
Cyrin Maxence
Los padres de Cyrin, Zormat y Selene, son reputados ingenieros y arquitectos. Han diseñado multitud de estructuras para distintos proyectos en Ocasthar.
Sin embargo Cyrin no siguió sus pasos. Durante una visita al Festival de la Música de Etharia el joven Cyrin, con apenas ocho años, quedó prendado de ese arte tan creativo llamado música.
Pese a los deseos de sus padres comenzó a restar horas de estudio en ingeniería para practicar con diversos instrumentos y aprender todo acerca de teoría musical.
Según se hizo mayor la música ganó una gran relevancia en su vida. En cuanto supo que podía ser autosuficiente abandonó Ocasthar para instalarse en Etharia y proseguir allí su formación.
Estando en Ocasthar visitando a sus padres coincidió con el mercado anual y allí obtuvo por un precio demasiado elevado una peculiar lira con forma de dragón. Gastó todos sus ahorros en el instrumento y, aunque lo ocultó a su familia y amigos, estuvo sin comer durante una semana debido a tal inversión.
Sin embargo la lira le reportó varios éxitos en tabernas llenas de aventureros y viajeros, el instrumento le diferenciaba de los músicos habituales y sus canciones, llenas de referencias a la vida más allá del país del aire, hacia soñar a los que no habían tenido la suerte de llegar tan lejos.
Pero no todo eran éxitos en la vida de Cyrin, pues se le acusaba de farsante al hablar de cosas que él no conocía. Humillado por esta acusación decidió convertir en realidad sus relatos y viajar por el mundo para vivir experiencias dignas de cantar. Sin olvidar, como no, la búsqueda de la perfección con la lira.
Cyrin es un hombre de unos 25 años. Cabellos blancos y ojos grises, de estatura ligeramente superior para proceder del país del aire.
Es un charlatán al que le gusta inventar historias sobre sus antepasados o atribuirse hazañas que ni siquiera ha presenciado. Busca el aplauso fácil y la sonrisa de las damas aun a riesgo de tener que salir corriendo por intentar seducir a una mujer casada o hacer suya una historia en presencia del autentico artífice.
Su fragilidad no le permite ser un oponente digno en una lucha, así que usa todo tipo de artimañas y engaños con tal de eludir el enfrentamiento directo. Su estilo de vida no le hace poseer muchos amigos, aunque en ocasiones ha viajado acompañado por gente de peor calaña que él.
Esbozo de DeniQue, a la espera de la historia completa:
---- AGUA -----
Hija de sacerdotes, [X] apuntaba maneras desde pequeña. Siempre mostró un gran espíritu y bondad entre sus allegados, y ya desde muy joven fue elogiada por su fe y su sorprendente comprensión del mundo. Muchos llegaban a confundirla con una ninfa por su pelo azulado y su sonrisa encantado. Aunque todo el mundo pensaba de ella que llegaría a ser una de las grandes sacerdotisas, el inesperado incendio que se cobro la vida de sus padres le hizo . Muchos llegaban a confundir. Su fe se vio mermada, y su espiritu se quebro; abandonado los hábitos poco antes de ser ungida. Sin un destino claro en su futuro ni saber que hacer con su vida; siguió un consejo de un viejo amigo: se interno en los bosques en busca de respuestas en la madre tierra...
>> Ese sería el boceto basíco, pero me faltaría saber como funciona el tema del sacerdocio en las Tierras del Agua para acabar de montarme la idea del Pj. Tambien tengo otras ideas rondando ahora la cabeza, pero me faltarían saber un par de cosas más del mundo antes de escribir nada coherente.
Tu diras!
Ya le he resuelto las dudas, solo queda que la mande ^^
Boceto OrionMaster, a la espera de que mande historia:
Supongo que voy a elejir Vulcanoritas, y tengo una consulta: Estaba pensando en que mi personaje proviniera de una familia adinerada, con su propia mansion y todo en algun lugar, pero que a los 12 años de edad sus padres murieron en cirscuntancias dudosas(Fueron asesinados) y desde entonces, renuncio a toda esa vida de lujo(Mas bien fue apartado bruscamente de ella) y de alguna manera sobrevive hasta convertirse en un hombre, segado por la sed de venganza, que busca volverse cada dia mas fuerte. Estaba pensando en que quiza los asesinos de sus padres puedan ser miembros del gobierno tiranico que buscaban apoderarse de la fortuna de su familia, o algun tipo de organizacion que necesitaba quitarlos de en medio. En fin, sea lo que sea, la razon de respirar de mi personaje seria, acabar brutalmente con ellos, cueste lo que cueste.
Le hablé de las posibilidades y cambió a Piroqivitas.
Historia FerPlay: Tierra / Imperio

Crecí escuchando relatos bélicos, viendo como miles de hombres se preparaban y partían hacia esas batallas que más tarde trovadores y catedráticos traerían de vuelta en forma de cánticos y escritos que todo el mundo recordaría para el resto de sus días. Relatos donde los guerreros más feroces se enfrentaban a los gigantes más temibles. Donde los dioses bajaban de los cielos y asistían a un reducido ejército para que masacraran a sus incontables enemigos. Donde lo único eterno es la gloria que solo el acero es capaz de otorgar a un mortal. Conflictos, batallas, guerras, asaltos, defensas... Eso es la región de la Tierra. Y por lo tanto. Eso se espera de mí.
Me llamo Graco, y ahora que nos conocemos te diré con total sinceridad que para mí todos esos juegos de guerras, sangre, enfrentamientos y salvajismo no los considero realmente una práctica grata o agradable. Ni siquiera les encuentro verdadera utilidad. Sin embargo, pese a no simpatizar con las armas parece ser que a fin de cuentas es algo que llevo en los genes. Toda la vida he sido instruido para ser capaz de empuñar una espada y atravesar corazones con ella, por lo que es probable que sea diestro en tal pericia aunque mis intereses vayan encaminados hacia otros derroteros.
Adoro la literatura. La bendigo en todas sus formas. Desde relatos, novelas y poesía hasta las recetas de cocina que guarda madre en los estantes. He leído mucho sobre Rapsodia y sus gentes. Sobre los peligros a los que nos enfrentamos día tras día. Soy capaz de ver ante mis ojos a las personas que se describen en esos cofres de morfemas y lexemas mejor que si los tuviese delante apunto de ser atravesados por el vil metal.
Tengo 21 años y no es el sueño de mi vida morir a tan temprana edad en manos de un bigardo. ¡Eh!, ¿Has oído hablar del país del Aire? Dame un segundo...
Escasos, estudiosos e inteligentes, los habitantes del aire tienen una cultura y un grado de civilización que ningún otro país u continente puede igualar. Son científicos, filósofos, literatos, músicos y en suma, pensadores.
¿No te parece fascinante? Según esto, esa gente debe ser extremadamente entrañable. Estoy convencido de que podría aprender mucho de ellos. No obstante creo que por ahora mi lugar está aquí, entre paisanos y familiares. Esperando el mejor momento para vivir esa ansiada aventura sin que nadie me odie por ello. Pese a todo quiero a este pueblo. A mi madre. A mi padre. A mi hermanita. Encontraré el momento adecuado para partir. Seguro. Y estoy convencido de que con algo de suerte será más pronto que tarde. Solamente necesito... solo... Ir.
Tras comentarle que los continentes no se conocen entre sí, dijo que quitaba lo de la comparación y apañado.
Historia loboaureo : Aire / Aranthbeth
Walter Bishop
Todo estaba brumoso, se frotó los ojos un par de veces hasta que aclaró algo su visión y entonces lo vió, el hombre abrazaba el cuerpo inerte de la mujer y sus lágrimas repiqueteaban al caer al suelo con el mismo ritmo que la lluvia que caía sobre el tejado.
Papa … - dijo una voz en su interior, no la reconoció como suya, pero conforme se le empañaban otra vez los ojos con las lágrimas se reconoció a si mismo.
Abrió los ojos justo a tiempo para ver como un puñado de agujas se le acercaban a la cara. Tenía una rata abierta en canal y sujeta con alfileres a la mesa. Se podía ver a través de las costillas del animal su pequeño corazón aún palpitante y los pulmones hinchándose y deshinchandose como dos pequeñas gaitas.
Las pesadillas habían vuelto, las tenia desde pequeño, pero cada vez eran mas recurrentes, siempre era el mismo sueño. Era el peor recuerdo de su vida y las pesadillas hacían que no lo pudiera olvidar.
Agitó la cabeza para desprenderse de la pesadilla y desperezarse. Sonrió al ver que la rata seguía viva. Esto pinta bien - dijo para si mismo. Se limpió un poco la mano con el pantalón, cogió una chuchería del bote que siempre tenía a mano y mientras se la comía apuntó un par de anotaciones en su cuaderno.
Acto seguido, cogió sus gafas con cristal de aumento y sujetando la golosina con la boca, procedió a cerrar el pecho del animal con sutura. Se terminó la chuchería (una especie de tiras de cecina adobadas en miel que el mismo preparaba)
Con gesto cansado comprobó que la rata seguía viva y la dejó en su jaula, enseguida fue a su banco de alquimia y cogió un polvo que había destilado y lo esnifó. Ahhh - dijo mientras sorbía por la nariz - esta noche seguro que duermo bien.
Volvió a soñar con la muerte de su madre y su hermano pequeño en una gran epidemia de hace unos 30 años. Lo más doloroso del recuerdo, sin embargo, no eran las muertes, apenas recordaba a ninguno de los dos, lo más doloroso era el sufrimiento de su padre.
Su padre era un noble menor de Aranthbeth, nunca supo muy bien a que se dedicaba, pero tenía pasión con su familia. La muerte de su mujer y su hijo pequeño en la plaga lo destrozó y aunque seguía siendo un padre cariñoso no volvió a ser el mismo. Por eso Walter se juró que que haría todo lo posible para que nadie sufriera como su padre.
En el lecho de muerte, pidió que se dividiera la fortuna entre los dos hermanos, aunque por supuesto el cargo lo heredó el mayor. Sin embargo, el hermano mayor, solo repartió entre los dos el dinero y aunque era un buen pellizco, la mayor parte de las posesiones del padre eran tierras y casas por lo que recibió bastante menos de la mitad.
Desde entonces no había vuelto a ver a su hermano mayor, por lo que había oído había trepado bastante por las telarañas que tejen los politicos y había aumentado bastante su poder.
La herencia la había gastado toda en productos de alquimia y herramientas médicas. Había vivido de lo que le daban los vecinos, ya que aunque buen médico nunca cobraba por sus servicios.
De la fortuna ya quedaba mas bien poco, lo había gastado todo en materiales médicos y de alquimia para sus experimentos. Estaba a punto de descubrir una mezcla que sirviera de anestesia para heridas graves y que el paciente no notará el dolor y asi evitar que se mueva aún dormido.
A pesar de su aspecto y comportamiento extraño, era bastante querido en el barrio, sobre todo por los niños, que cazaban ratas a cambio de las golosinas que él mismo preparaba.
Cuando despertó, vió con tristeza que la rata había muerto durante la noche, la anestesia había sido demasiado para el bichito. ¿Habría sido mucha dosis?¿quizás algún ingrediente no estaba en las dosis correctas?
Decidió ir a la biblioteca a investigar, quizás encontrará en algún tomo de alquimia o herboristería el ingrediente que le faltaba. Escondió en el bolsillo un puñado de golosinas y fue para alli.
La gente le conocía y le dejaba pasar por los favores que casi todo el mundo le debía. Lo único que le quitaban eran las chucherias para que no manchara los libros, por eso las escondía.
Cogió un puñado de tomos y pasó el día leyendolos, pero no sacó nada en claro y volviendo a casa se dió cuenta. Hoy no había aprendido nada ni se maravilló por nada. Tenía que cambiar algo....
Descripción:
Físicamente es algo anciano, con ropa casual y cómoda, normalmente manchada de sangre, azufre o comida.
Mentalmente es un poco infantil, capaz de maravillarse con lo más sencillo y disfruta de lo más sencillo. Le gusta todo tipo de comida incluso mezclando los sabores más raros. Su estomago no solo resiste todo lo que le meta, sino que además, nunca siente asco, sólo fascinación.
Aunque sufre una gran falta de conocimientos sociales ya que su comportamiento es como el de un niño, tiene una gran cantidad de conocimientos intelectuales, aunque su mejor baza es su gran intuición creativa.
Inventario (que me gustaría tener):
Equipo básico de alquimista
Equipo básico de medicina
Gafas con cristales abatibles de aumento (algo asi http://pictures.todocoleccion.net/tc/2009/09/13/14... )

Chucherías
Habilidades (que me gustaría tener)
Medicina Alquimia
Cocina
Méritos y defectos (que me gustaría tener)
Inmune al asco
Comportamiento infantil
Historia de soyfenix : Aire / Aranthbeth
Dimeser es un habitante de Aranthbeth, que si bien comparte varias características con el resto de los habitantes de su ciudad, en algunas cosas es bastante diferente.
Comparte con ellos la curiosidad, el afán por superarse y el amor por el conocimiento. Con sus jóvenes 19 años, Dimeser se considera un gran pensador. No es raro verlo sentado apoyado contra una pared leyendo un libro o simplemente mirando el cielo y pensando, puede pasarse horas así. Sus padres se dedican a la filosofía, y probablemente también lo haga su hermana, de solo 6 años.
Las diferencias con el resto de las personas de su ciudad comenzaron a acentuarse cuando él tenía la edad de su hermana y sus padres lo llevaron al mercado de Ocasthar. Durante la semana que duró el mercado pudo ver formas de vida muy distintas a las de Aranthbeth, y si bien había leído de ellas, ver eso en persona produjo un cambio en él. Cuando volvió a su ciudad devoró los libros referidos a la vida en otras ciudades. Llegó a conocer tanto del resto de las ciudades del País del Aire que posiblemente hubiera podido pasar como ciudadano de cualquiera de ellas sin que nadie se diera cuenta.
A medida que los años pasaban, siempre esperaba con ansias la llegada del equinoccio de verano para volver al mercado y poder interactuar con esa gente; incluso a veces para poner a prueba sus conocimientos jugaba a ser una persona de otra ciudad, y se regocijaba en ello porque generalmente nadie se daba cuenta. Sin embargo había algo que sentía como un pinchazo en su corazón: si había tanta heterogenedidad entre las ciudades del país, ¿qué seguridad tenían de que no habían otras culturas también distintas más allá del mar?
Por sus ideas y ser tan multifacético Dimeser suele chocar con algunos habitantes de Arathbeth y sobre todo con sus padres. Sus padres quieren que estudie y sea culto en la filosofía, mientras que Dimeser muchas veces quiere hacer cosas aprendidas de otras culturas, por ejemplo ir a tocar algún instrumento, como acostumbran a hacer en Etharia. Además sus inquietudes respecto a la posible existencia de civilizaciones en otros lugares chocan con muchas de las ideas que circulaban. Son pocos quienes consideran la posibilidad de que las ideas de Dimeser sean ciertas, y aún menos los que lo reconocen. Eso quizás sea debido a la poca edad de Dimeser y que los libros que se oponian a sus hipótesis son antiguos y escritos por grandes sabios, y al hecho de que en muchísimos años nunca hubo contacto con nadie que no fuera del país. Para peor, a Dimeses le encanta discutir. No pelear, él es pacífico, e incluso muy simpático y agradable. Pero a diferencia de algunos que solo buscan el conocimiento en los libros, Dimeses considera que el conocimiento se adquiere todo el tiempo en el intercambio de opiniones con los demás, fundamentando posturas y cuestionando los conocimientos previos. Un poco por su simpatía y un poco por ver siempre la oportunidad de aprender algo en el diálogo con los demás, es que Dimeses disfruta mucho de interactuar con la gente, y no se desprende de todo aquel visitante que llegue a la ciudad, proveniente de otros lados.
A pesar de su simpatía y deseos de dialogar, por los motivos expresados Dimeses tiene pocos amigos pero fieles, aunque no todos comparten su manera de ver las cosas.
Historia de Paradox: Fuego, Vastiatis
Mi nombre es Shirak Sandwalk, tengo 26 años y soy un nómada vâstiati, mido 2,17 metros y peso 208 kilos, soy grande entre los míos, y podría ser un orgullo para mi madre y mi raza, pero desafortunadamente nací con el símbolo de la vergüenza, mi pelo es negro, azabache y no rojo como el fuego creador. Nací en la ciudad del templo, donde nuestro Dios y creador alzó su torre para orgullo y guía de los nuestros, hijo de una hija de comerciante establecido en la ciudad y un nómada cazador que pasó el tiempo justo con ella para engendrarme, fruto de un escándalo que movió en esa época casi toda la ciudad, nací marcado por la vergüenza, a los 5 años mi madre tuvo que abandonar la ciudad y unirse a una caravana mercante, aun así nunca estuvo bien vista por tener un hijo sin pelo rojo, no obstante a muy temprana edad ya era más grande y fuerte que otros niños de pelo rojo, así que no era infrecuente que me metiera en frecuentes peleas con ellos, cuando me llamaban “pelo sucio”, “pelo de fango”, y otras cosas así, aún recuerdo como cogí a ese odioso niño que a pesar de ser hijo de noble debía formarse en el desierto y por eso iba en esa caravana en la que estuve por 12 años y lo lancé tan lejos que se fracturó una pierna y el brazo por 3 puntos, a punto estuvieron de matarme por ello.
Por suerte, un cazador de la caravana, gran hombre y de corazón más amable que el resto, me acogió en su protección y me dijo que me iba a enseñar a vivir del desierto, que yo no pertenecía ni a la caravana ni a la ciudad, en esa época contaba 17 años, y suelo decir que nací como soy en ese momento. Sherles me enseño a oler el viento, escuchar la arena y mirar el cielo, para obtener alimento, ubicar agua y encontrar refugio de las tormentas de arena.
En estos 9 años he aprendido mucho, frecuentemente mis pies me han lleva a la ciudad de la Gran Torre, pero nunca he estado cómodo allí, y siempre que estoy acabo peleando y con problemas; en la última se me prohibió la entrada a la ciudad bajo pena máxima, así que ahora soy un desterrado por mi orgullo y mi pelo. Pero jamás me lo pinté y no empezaré a hacerlo ahora.
Por cierto en este momento estoy solo, a Sherles se lo llevó una tormenta de arena, hace ya dos años, aún lo recuerdo bien, íbamos tras el rastro de un zorro de arena, un festín que nos daríamos si lo atrapábamos, aun nos quedaba un poco de ese amargo pero reconfortante brebaje de destilado de raíces que habíamos preparado, y de pronto lo escuchamos, el rugido implacable del muro de arena, el enemigo más mortal que existe, estábamos lejos de cualquier refugio, y solo pudimos extender una lona, clavarla fuertemente entre dos rocas erosionadas y rezar porque resistiera suficiente para evitarnos el horror de ser arrastrados por el voraz apetito del desierto enfurecido. Lamentablemente la lona cedió, yo me agarré a la roca y me cubrí con la capa, pero Sherles no tenía mi fuerza y ya estaba algo viejo, aún lloro cuando recuerdo ese momento final, sonrió, me guiñó un ojo y dijo: La arena me reclama, es mi momento, vive salvaje y muere orgulloso.
Se soltó y caminó unos pasos, luego lo perdí de vista, cuando todo pasó le hice un funeral nómada sin cuerpo, y viví con el recuerdo de sus palabras, ¿Salvaje? Siempre lo fui un tanto, ¿orgulloso? Sin duda alguna lo soy, así que siéntete orgulloso donde este amigo, maestro y padre, pues soy como tú quisiste hacerme, como un día me dijiste: Eres lo que siempre intenté ser, no tienes fuego en tu pelo, pero tu corazón es pura llama, y tu espíritu desierto embravecido.
Y así viejo mercader es como mis pasos me han traído a este oasis, donde has tenido a bien compartir tu tienda de campaña y tu comida con este humilde nómada que solo ha podido pagarte tanta hospitalidad con una historia, quizás menos interesante y algo más aburrida de lo que esperabas, pero aun soy joven, si nos volvemos a encontrar, seguramente podre añadir líneas nuevas…
Historia Polgara : Tierra / Rebelde de ¿?
Narración actual:
Me quieren matar. Sí, en serio. En este mismo momento, una panda de inútiles me persigue para acabar con mi vida. Ni que estuviesen cazando a un conejo… He tenido que esquivar un par de flechas de una forma poco sutil. Lanzarme hacia un charco no es mi ideal de pasárselo bien, especialmente si acabo llena de barro. Claro que así les costará más verme. Esos tres no verían a un oso aunque estuviese en su cara lanzando zarpazos, si no hubiese visto las flechas directas hacia mí, no me hubiese creído que son de la guardia. Por más que me pese, saben manejar el arco.
Pero no puedo parar de correr. El aire atraviesa gélido mi garganta, produciéndome dolor, pero aún así no pararé. Hace más de media hora que no les veo, pero no pienso fiarme. Las pesadas armaduras pueden haberlos agotado, correr con esa carga debe ser espantoso. Sin embargo, me han perseguido por dos largas horas. ¿Tanto interés les merezco? Es muy halagador, pero preferiría estar disfrutando de mi botín, en lugar de huyendo de la guardia.
Y claro, os preguntaréis que cuál es la causa de que me persigan. Pues no he hecho nada, ¿vale? Seguro que a algún teniente gracioso se le ha ocurrido que perseguir a una inocente chica es una buena forma de mantener entrenado al personal. ¿Qué no os lo creéis? Bueno, vale, puede que me persigan por algo más. Mira, aquí tienes la causa. ¡Una humilde manzana! Vale que no tenía hambre, que la he cogido por pura golosinería, pero es que me pierden las manzanas. No he visto muchas últimamente, y el hombre al que se la he quitado tenía poca pinta de tener hambre. Seguro que ni se la iba a comer. Mejor me la guardo, no sea que la vea alguien más y se una a la persecución.
Una triste manzana.. Claro, que ahora que lo pienso, puede que estén buscando la daga. ¿Qué daga? Bueno, ya he dicho que el hombre se iba a comer la manzana, ¿no? El caso es que la tenía ensartada en una daga, y por no hacerle el feo de partir la manzana en dos al sacarla de la daga, pues me la he traído también. Es un bonito adorno para la manzana… Lástima que tenga un rubí en el puño, seguro que una esmeralda hubiese quedado mejor, haciendo juego con la manzana verde. Creo que oigo un ruido… Mejor será que siga en silencio, no quiero que me atrapen.
Bien, todo parece tranquilo. He encontrado un pequeño riachuelo, menos mal porque me moría de sed. Aprovecharé para limpiarme un poco, si hoy es mi último día más me vale estar presentable, qué iría a decir la gente si no. Sí, de acuerdo, llevo la ropa rasgada y no es que sea precisamente de calidad, pero qué quieres que te diga, es difícil encontrar ropa de la talla adecuada. No, en realidad tengo una constitución muy normal, un poco escuálida quizás, en cuanto disponga de comida en abundancia recuperaré el peso perdido.
¿Qué aún no me he presentado? Menuda falta de respeto, dónde han ido a parar mis modales… Podéis llamarme Manzana Verde. ¿No os gusta? ¿El de verdad decís? Mira que os gusta pedir... Está bien, después de todo, quiero que la gente conozca mi nombre real cuando sea famosa. Me llamo Aldrin, aunque soy más conocida por otros nombres. No, no los diré, no quiero que me reconozcan. Tengo una pequeña.. reputación. Sí, eso es, nada malo, sólo que cuando la gente me reconoce, tienen la extraña costumbre de ir a hablar con los guardias y aferrar sus pertenencias con fuerza. Como si eso me amedrentase…
Está bien, os lo diré. Soy una ladrona, vivo de lo que robo y no tengo hogar adonde ir. ¿Ya estáis contentos? Después de la fama que he ganado hoy, creo que no volveré a esa ciudad aunque me paguen. Y no, no soy joven para ir robando, ni tengo nadie que cuide de mí. ¿Por qué todo el mundo pregunta lo mismo? Como si una chica de 16 años no pudiese cuidarse solita. Hasta ahora me ha ido bien, ¿no? Esperad, creo que eso es una ardilla, no hagáis ruido… ¡Estupendo! Si logro encender fuego, cenaré ardilla bien tostada. ¿Que dónde aprendí a utilizar la honda? Yo solita, ya os he dicho que sé cuidar de mí misma. Si esos tres matones no hubiesen salido detrás de mí de esa forma, podría haber acudido a mi refugio y os lo habría enseñado. Tengo mejor puntería que esos patanes, aun cuando no disponga de flechas para lanzar.
En fin, será mejor que me ponga en camino, no quiero que me alcancen. Sería bastante extraño, puesto que no suelo dejar huellas, pero he oído que los guardias son buenos cazadores. No serán esos tres, desde luego. En marcha.
Ya está empezando a oscurecer, y sigo sin saber adónde ir. Nunca me había adentrado en este bosque, así que no sé qué hay más allá. Ya encontraré algún lugar donde quedarme. De momento, ese árbol parece confortable… Es broma, no va a ser nada cómodo dormir ahí, pero será una buena forma de esconderme. Voy para allá. Las ramas están un poco altas para alcanzarlas con facilidad, saltaré para alcanzarlas... Sí, ya estoy. Bien, buenas noches.
Qué poco me gusta dormir en el bosque, casi no llega luz con la que despertarme. Es mucho mejor dormir en un tejado, dónde va a parar. En fin, vamos para abajo y en marcha. Seguiré el riachuelo, puede que me lleve a algún pueblo.
Esto parece un camino, voy a ver si hay huellas. ¡Perfecto! Esto son cascos de caballos. Ya que no he oído a los guardias desde ayer, seguramente se habrán olvidado de mí. Estaban deseando perderme de vista, si no vuelvo a aparecer en la ciudad se darán con un canto en los dientes, qué desconsiderados. Ni una fiesta de despedida ni nada…
Oigo pasos, lo mejor será presentarme. ¿Con mi nombre real? Sí hombre, para que sepan quién soy. No, lo mejor será adoptar otro hasta asegurarme que puedo confiar en ellos. Green parece un buen nombre. Voy a averiguar quiénes son.
No os lo vais a creer, pero me han dicho que son rebeldes. ¡Aquí, tan cerca de la ciudad! Quién se lo hubiera imaginado. Me han dicho que parten mañana a reunirse con los suyos, aquí sólo hay una decena. He tenido que decirles quién era para que me dejasen acompañarlos. La verdad, ha sido una decepción que no reconociesen mi nombre, no habrán pasado por la ciudad en años. He tenido que enseñarles la daga con la marca de la guardia para ganarme su confianza. Lo superaré. Estoy demasiado emocionada con la idea de ir a un asentamiento rebelde como para preocuparme por nimiedades. Según me cuentan, llegaremos en una semana. Por suerte, cuentan con un caballo libre y están dispuestos a prestármelo. Gente rara, estos rebeldes. Aparece una chica y se la llevan a su campamento. Seguro que traman algo… No tenía que haberles enseñado la daga, seguro que conspiran para robármela. Estoy segura de que son rebeldes, pero nada me dice que pueda confiar en ellos. Estaré alerta durante el viaje. Deseadme suerte, puede que la necesite.
¡Increíble! Decían la verdad, han pasado ocho días y ya hemos llegado. Mire donde mire, veo gente moviéndose. Algunos están entrenando con lo que parece ser espadas marrones… Creo que son de madera. ¿Querrán enseñarme a mí? Ya iré a preguntarles. Primero tengo que hablar con el jefe de los rebeldes, me han dicho que debo presentarme ante él para que decida mi destino. Si soy aceptada entre los rebeldes, podré hacer algo más que robar a los guardias. Es una vida peligrosa, pero al menos tendré un objetivo. He deseado esto por mucho tiempo, si el jefe no me quiere en sus filas, tendré que buscar otro lugar. Tendré que convencerlo, si le hablo de la recompensa que han llegado a ofrecer por mí, seguro que me acepta.
¡He tenido suerte! Parece extraño, pero él sí que había oído hablar de mí. Empezaré el entrenamiento mañana, después de descansar en la tienda que me han asignado. No podré combatir hasta dentro de unos años, pero pienso esforzarme igualmente. Ya os contaré qué ha sido de mí.
Ficha del personaje:
Nombre: Aldrin Robs
Alias: La Ladrona sin Techo, Manzana Verde, la Chica Manzana entre otros.
Edad: 16 años al comienzo de la historia.
Descripción física: Tiene el aspecto de una niña endeble, suelen confundirla con una mendiga dados su delgadez y aspecto desaliñado. Adopta una mirada pícara siempre que se dispone a robar. Su aspecto es vulgar, con un rostro muy común excepto por la vitalidad que desprende. Su rasgo más característico es su altura, pues mide poco menos que los chicos de su edad, lo que acentúa aún más su delgadez. Tiene gran habilidad en el hurto gracias a su rapidez y reflejos. Corre muy deprisa, pero suele cansarse con facilidad cuando lleva días sin comer.

Reputación: En muchas ciudades hay algún cartel sobre ella en la que se ofrecen recompensas a quien la atrape. Tiene fama por robar a los guardias y a algunos mercaderes. Se la conoce fundamentalmente por un rasgo, y es que suele robar manzanas. Cuando roba, si la ocasión lo permite, suele dejar grabada con un cuchillo la silueta de una manzana en un pergamino robado, en una carreta o incluso en un cartel de recompensa. Se desconoce de dónde proviene, tan sólo se sabe que va de ciudad en ciudad. En ocasiones permanece varios meses en la misma, cuando no se ve obligada a apoderarse de lo ajeno. Cuando ha pasado por pueblos sin guardias, no se ha hecho eco de su presencia.
Rasgo distintivo: Tiene una única prenda que ha guardado a lo largo de los años. Se trata de una capa negra de lana en la que aparece dibujada en el centro de la espalda una manzana verde. Se desconoce su procedencia.
Frase característica: Si tienes algo de valor a la vista, es que quieres que lo aprecie alguien más, ¿y qué mejor forma de apreciar algo que adquirirlo?
Aptitudes de combate: Maneja bien la honda. Sabe cómo disparar con un arco, pero nunca lo ha puesto en práctica, así que no tiene buena puntería. No conoce más arma que el cuchillo, y de él tan sólo sabe cómo cortar bolsas sin que el dueño lo perciba y clavarlo en caso de necesidad. Es ágil, pero no posee una gran fuerza, es más bien endeble.
Historia:
Aldrin pasó su infancia con una señora mayor, quien la cuidaba en una humilde casa. Nunca le dijo quiénes eran sus padres, si es que lo sabía, ni cómo había ido a parar allí. Hasta los ocho años convivió con un niño que según decían era hijo de un ratero. Aldrin siempre lo había considerado como un hermano mayor, ya que la superaba en seis años, hasta que se largó después de robar los objetos de valor de la casa. La economía del hogar fue en decadencia, ya que la señora era incapaz de trabajar más que tejiendo, y en ese momento el mercado textil no era rentable. Las prendas que tejía eran de buena calidad, pero no disponía de los materiales suficientes para costearse buenas prendas, y como no conseguía vender los que ya tenía hechos, hubo de desistir.
Aldrin, viendo la situación en la que habían acabado, se las arregló para comerciar con los lugareños. Intentó vender varias prendas a los mercaderes, pero estos siempre le quitaban la ropa de las manos después de arrojarle una miseria a los pies. Si quería obtener algo, no sería por ese lado. Pronto aprendió a intercambiar la ropa por comida, utensilios y demás, gracias a lo cual pudieron sobrevivir durante dos años.
El pueblo recibía cada año a más gente, ya que un río pasaba a tan sólo cien metros, y los pastos eran abundantes. Con la llegada de la gente, acudieron también los guardias imperiales. Cuando los guardias imperiales aparecían, la gente se apresuraba por alejarse lo máximo posible. Los mercaderes se largaban a otros pueblos, los pastores se dirigían a las montañas. Los únicos que no podían irse eran los nativos, quienes sufrían la ira de los guardias. Estos cogían lo que querían y se largaban a saquear otros lugares. En ocasiones, entraban a las casas a apoderarse de lo que les venía en gana.
Aldrin veía impotente lo que sucedía en el pueblo. Por culpa de los mercaderes, habían venido los guardias. Tenía la certeza de que estaban compinchados, pues si no no entendía cómo eran capaces de irse antes de que los guardias llegasen, como si presintieran su llegada. Dos veces entraron en casa de la señora, a la que consideraba su abuela, ya que no tenía más familia. La primera vez cogieron los jubones en los que había estado trabajando durante semanas, hechos con la lana conseguida después de tanto tiempo, y se largaron. La segunda vez, tan sólo tres meses después, entraron de nuevo en el hogar, esperando encontrarse con las mismas prendas, y al no verlas golpearon a la señora para que les dijese dónde las había guardado. Los guardias tenían mayores bienes de los que Aldrin nunca había visto y aún así, se tomaban tanta molestia por un par de camisas, hasta el extremo de golpear a una anciana. Tuvieron que irse con las manos vacías, ya que las prendas que buscaban no existían. Después del primer robo, de nuevo estaban pasando hambre a pesar de los esfuerzos de Aldrin. Los pastores aún no habían vuelto, así que no había lana que comprar ni forma de hacer más ropa.
Después de eso, tanto la señora como Aldrin cambiaron. La señora dejó de producir prendas, ya que no podía tejer de la misma forma por las secuelas de los golpes de los guardias. Le habían dejado un ojo inútil, y con la leve luz que daba la vela que tenían, no podía ver.
Por su parte, Aldrin sintió que un nuevo sentimiento surgía en ella. No había sentido más que una gran decepción cuando su “hermano mayor” les había dejado de esa forma, acompañada de una gran pena. Pero después de aquello, lo que sentía por los guardias era odio. Les odiaba con todo su ser, incapaz de hacer nada por ayudar a su abuela, tenía que permanecer impotente ante nuevos asaltos de los guardias. Después de la muerte de un pueblerino, provocada por un tajo de un guardia beodo, tomó una decisión. Ese mismo día, cogió la mejor prenda que guardaba en su armario y fue al herrero a intercambiarla por un cuchillo bien afilado. Recordaba con exactitud el rostro del guardia culpable, así que lo siguió hasta el límite del pueblo. Ese mismo día partirían pero en el estado en que se encontraba ese guardia, no podría montar a caballo sin caerse. Así fue. Cuando los demás se fueron en sus monturas, él intentó seguirlos pero a los pocos pasos se precipitó por un costado del caballo y fue a parar al suelo. Tan sólo unos metros lo separaban del río. Era la oportunidad de Aldrin. Aprovechó la embriaguez del hombre para conducirlo hasta la linde del río y pegarle un empujón hacia el río, no sin antes haber registrado sus alforjas y haberse apoderado de todos los objetos de valor. Sabía que el hombre sería incapaz de salir a nado del río, al menos sin ayuda. Contenta con el peso recién adquirido de su bolsa, volvió a casa con una gran sonrisa. De camino, cogió una manzana de un puesto de frutas sin que nadie lo advirtiese. En esa época aún no estaban maduras, pero después de un mordisco, el bocado le supo a triunfo.
Cuando entró en la casa aún era de día, por lo que había suficiente luz para tejer. Ella nunca había aprendido, así que no era algo importante, pero se sorprendió al ver a su abuela tejiendo una capa. A esas horas, por lo general, se encontraba cuidando de los demás huérfanos del pueblo, a los que no podía dar cobijo. La señora advirtió la manzana que aún masticaba Aldrin. Después de una breve mirada a su sonriente faz, le preguntó por su origen. Aldrin le respondió sin variar el gesto que la justicia se había encargado de ello, y añadió que disponía de dinero suficiente para vivir un par de meses. La cara sorprendida de la señora pasó a una de sospecha. Le recriminó el hurto y le dijo que no quería nada que no hubiese conseguido de forma honrada. Le recordó con pesar qué había hecho su otro nieto, a palabras suyas, antes de irse.
Aldrin le contestó que tan sólo había recuperado lo que era suyo. Para cambiar de tema, le preguntó por la capa que tenía en las rodillas, pues era la primera vez que tejía una. En un pueblo, la gente no podía permitirse pagar una prenda así.
Sus siguientes palabras la desconcertaron aún más. Al parecer, era un regalo por su décimo cumpleaños. Aldrin había olvidado la fecha con la llegada de los guardias. Agradeció la prenda con un sincero beso. La cogió con delicadeza, como si tuviese seda en lugar de lana entre las manos y la alzó ante sus ojos. Una chispa destelló tras ellos. Se humedeció los labios, con nerviosismo, y le pidió un favor. Ella se encargaría de que tuviese lo necesario, compraría el material y trabajaría por ella el tiempo que tardase en hacerlo. En la mitad de la espalda, justo donde terminaban sus cabellos, quería tejida una manzana verde. La abuela aceptó con una sonrisa, divertida con el nerviosismo de Aldrin.
En tan sólo dos semanas tuvo la prenda entre sus manos, por fin completa. En lugar de ponérsela, la guardó con delicadeza en el lugar donde mantenía escondidos sus tesoros. Allí estaba el cuchillo que había adquirido, junto con un par de objetos más que guardaba como amuletos. Tan sólo ella conocía ese sitio, era como su pequeño santuario. Eran sus objetos más preciados, para ella tenían más valor que un buen puñado de monedas.
Con la perspectiva de un buen día por delante, dado su buen humor, salió de la casa tarareando una canción. Iba a comprarle una buena olla a su abuela, en agradecimiento por la capa. La que tenían estaba llena de agujeros que los parches sólo tapaban de forma provisional. Tarareando aún para sí, llegó al único herrero del pueblo y entró después de saludar con alegría. Pero dentro no había nadie. Extrañada, recorrió la herrería sin hallar indicios del trabajador. Al salir a la calle, la oscuridad empezaba a ganar terreno al Sol, pero aún era factible ver a una buena distancia. Con el ceño fruncido y cabizbaja, caminó de vuelta a su hogar. Era muy extraño que el herrero hubiese desaparecido sin más. No reparó en la poco habitual soledad con la que recorría el pueblo hasta llegar a la casa de la señora. Cuando aún se encontraba a unos cien pasos, un guardia salió dando un fuerte golpe a la puerta a la vez que vociferaba algo incomprensible. Tardó unos segundos en reparar en su presencia y señalarla mientras gritaba que la atrapasen. Aldrin miró a su alrededor, insegura de pronto, ya que no podía estar hablando de ella. Al no encontrar a nadie más, dio media vuelta y empezó a correr. Los desgastados zapatos parecían a punto de romperse como consecuencia de la apurada carrera, pero no le importaba. Corría para escapar, sin saber la razón por la que tenía que hacerlo.
Por suerte, era rápida. Pudo llegar a la linde del bosque antes de que los guardias alcanzasen el límite del pueblo y escabullirse entre los árboles. Con las prisas, no había reparado en quién podía estar en peligro. Si eran capaces de apresarla por algo que aún no acababa de discernir, ¿qué habrían hecho con la única persona a la que quería? No podían tener tal interés en ella, debía tratarse de un error. Preocupada por la suerte que podría correr la abuela si no la encontraban, se colgó de la rama del árbol que acababa de trepar para bajar. Antes de rozar con los pies la rama de más abajo, una voz que soltaba improperios la alertó. Un guardia había llegado hasta ella, pero no parecía haberla visto. Subió de nuevo a la seguridad de la rama más alta y observó con recelo al hombre. Tardó unos segundos en relacionar la cara que despedía un odio feroz, con el rostro del beodo que había empujado al río. ¿Podía ser esa la causa de la persecución? Estaba segura de no haber sido vista, pero por lo visto se equivocaba. Si buscaban el dinero robado, seguramente habrían registrado la casa. Alguien tenía que haberse ido de la lengua. Aldrin se enfureció al pensar en quién podía haber sido el delator. A la vez, sentía una congoja, provocada por la incierta situación de la señora. Si le habían hecho algo, o habían descubierto su escondite secreto… Se lo haría pagar.
El guardia se alejó sin reparar en su presencia. Era demasiado tarde para que Aldrin cambiase algo volviendo a la casa. No tenía ningún arma con que defenderse y, aunque lograse llegar a la casa sin ser vista, no mejoraría la situación de la abuela. Tendría que esperar con paciencia a que se marchasen, y entonces descubrir qué había sido de ella. Su cara se ensombrecía con la memoria de los golpes propinados por los guardias en sus allanamientos. ¿Qué le harían en esta ocasión?
La noche llegó, y ningún otro guardia pasó cerca de su posición. Se mantenía apoyada en el tronco, esperando con impaciencia. Podía divisar el camino y, si no se equivocaba, los guardias imperiales saldrían por esa dirección, si seguían las costumbres de siempre.
Con la llegada del amanecer se despertó, acurrucada en la rama. Apretaba con fuerza el bolsillo donde guardaba el dinero destinado al regalo. Ya había pasado demasiado tiempo. Esperaría hasta mediodía y, si no se habían ido, se armaría con piedras del río e intentaría llegar hasta su abuela. Confiaba en su buena puntería, ya que solía acertar con la honda cuando cazaba conejos de forma furtiva. Unas pocas piedras no detendrían a los guardias, pero pensaba intentarlo de todas formas. Era de vital importancia averiguar en qué estado se encontraba la abuela.
Por primera vez, la suerte le sonrió. Un grupo de unos quince hombres a caballo partió por el camino previsto. Tenían que ser ellos. Nadie más contaba con dinero suficiente para mantener unas monturas así, salvo los mercaderes. Pero estos no partirían sin sus carromatos. Además, cabalgaban con una altanería propia de los hombres del imperio.
Liberada de toda precaución, bajó del árbol a saltos, dándose más prisa de lo que era prudente. No llegó a tocar el suelo en la última caída antes de echar a correr hacia el pueblo. Corría aún más deprisa si cabe que en la huida, pues ahora la preocupaba el malestar ajeno en lugar del propio. No se detuvo al llegar al pueblo, a pesar de encontrarse jadeando. No pararía hasta alcanzar su objetivo. Cuando el conocido edificio se presentó ante ella, desierto, soltó un suspiro de alivio y, sin detener la carrera, se adentró en la casa.
Llamaba en voz baja a la señora, precavida por si había alguien más. O al menos, eso se dijo, ya que en realidad el miedo le atenazaba la garganta. Había demasiado silencio. En un día cualquiera, la señora se encontraría cocinando a esas horas, o limpiando la casa. Algo no iba bien.
Se adentró en la habitación con pasos cortos, intentando no hacer ruido. Un bulto en la cama le hizo contener el aliento. Con las lágrimas luchando por salir, se acercó al borde del lecho rodeándolo para quedar cara a cara con el cuerpo. Se dejó caer de rodillas al ver la ensangrentada faz de su abuela. Le habían golpeado hasta dejarle la cara prácticamente irreconocible. Levantó la sábana que la cubría, y lo que había debajo la acobardó aún más. Entre los jirones de ropa que la cubrían, se podían ver heridas abiertas, aún sangrantes, moratones y demás señales de violencia. Estaba ante el cuerpo de una moribunda.
Al sentir el movimiento de la sábana, la abuela abrió los ojos, tan sólo una rendija pero suficiente para verla. Alargó la mano y le acarició con suavidad la mejilla. Un pequeño reguero de lágrimas salió de sus ojos hasta alcanzar la colcha, mientras murmuraba: “Estás a salvo. Pensaba que te había perdido”.
Permaneció quieta mientras Aldrin le decía entre lágrimas, intentando imponer firmeza en su voz, que todo saldría bien, en un par de días estaría recuperada y cuidando de nuevo de los niños que cuidaba como hijos. Todos los del pueblo la necesitaban y querían, le decía, pero la señora sonreía como si le diese la razón a un niño. Cuando el nudo que tenía en la garganta le impidió decir nada más, volvió a hablar, aún más bajo. “Ya he vivido muchos años, ahora os toca vivir a vosotros. Vive como desees, sé feliz y, ante todo, recuerda lo mucho que te quise”. Después de decir esto, sus ojos se apagaron, ya sin vida.
Aldrin empezó a sollozar. Aún sostenía la mano de la señora, apretándola con fuerza. Los hipidos se entrecruzaban con los sollozos, mientras las lágrimas dejaban dos sendas impolutas en su tiznada piel. Cuando pudo controlar el llanto, se levantó con cuidado de no volver a mirar a la abuela y se dirigió a su escondite. Sin sentir ninguna emoción, abrió la caja y encontró íntegras sus pertenencias. Las recogió con cuidado y se las guardó en los bolsillos. El cuchillo lo encajó en el cinturón, y la capa la mantuvo pegada a su cuerpo, sin desdoblarla. Ya no podía seguir viviendo en ese pueblo. Era el lugar de su abuela, no el suyo. Si se quedaba, existía la posibilidad de que los guardias volviesen a por ella, y la muerte de su abuela no habría servido para nada. Además, alguien en el pueblo las había traicionado. No quería averiguar quién, pues tenía miedo de lo que podría llegar a hacerle. En ese momento, tan sólo sentía un cegador odio.
Salió de la casa con paso seguro y decidido. Después de la marcha de los guardias, la gente volvía a circular por las calles. No dirigió ni una mirada a ninguno de ellos. Sabía adónde tenía que ir. Se detuvo al llegar a una casa al final del pueblo. Golpeó con seguridad la puerta. Un hombre de mirada amable la abrió lo suficiente para ver quién era. La sorpresa era evidente en su rostro. Sin hacer caso de lo que le decía, Aldrin depositó todas las monedas de las que disponía en la mano del hombre. Se limitó a decir una sencilla frase: “Quiero que se la trate como merece” y salió del pueblo sin mirar atrás.
Historia de Calafia: Fuego, Vastiatis
Repudiada, rechazada, despreciada, apartada, excluida. Últimamente no podía más que pensar en mi situación. Y en cómo llegué a ella. No... no es justo. Pero por desgracia, la vida no lo es.
Zoe se sentía melancólica pero era difícil culparla. Habiendo nacido en Vâstiatis, con una madre cuya última voluntad fue dar su vida a Tsûberus, dando a luz junto al santuario. Junto a la torre. Y así fue.
Zoe fue, por tanto, educada por los sacerdotes. Tuvo una infancia más cómoda que muchos en Volucrion, pues siempre vivió en el templo, sin necesidad de viajar para vivir. Tranquila. Estable. Segura.
La tranquilidad llegó a su fin cuando se dio cuenta que su pelo empezaba a clarear demasiado, por lo que empezó a teñírselo, para no perder los brillos rojizos antes de que alguien se diera cuenta de ello.
Siguieron años de sentirse desdichada, creyéndose una traidora para con Tsûberus, aún desconociendo en qué le había fallado, por lo que se hizo casi una fanática.
Su vida era rezar. Ayudar a los sacerdotes. Darse a los demás. Empezó a pasar mucho tiempo con los curanderos, hasta tal punto que muchos acudían a ella, fiándose de sus conocimientos adquiridos. Pero no fue suficiente.
Entonces trató de pasar más tiempo aún en el templo. Pero cuanto más tiempo pasaba con los sacerdotes, más se sentía atraída por Richard. Pensó que al ser un sacerdote de alto rango, éste no la prestaría atención, no como el baboso de Jason, pero encontró que él también sentía algo por ella.
Cuando de verdad pensó que había encontrado a alguien que la entendía, la apoyaba e incluso la amaba tal cual era, todo se vino abajo. Richard la amaba, si, más de una vez habían hablado incluso de tener hijos. Pero los celos no son buena cosa. Y los hay incluso entre los sacerdotes.
Jason empezó a acosarla, a perseguirla para intentar conseguir por la fuerza lo que no había conseguido con halagos. Pero encontró otra cosa. Un día la vio cómo se teñía el pelo. Entonces la amenazó. Zoe debió decidir entre irse con él, volverse una nómada, o ser repudiada por su traición.
Pero no fue Zoe quien decidió. Lo hizo Richard por ella cuando se enteró que su amada y amante se teñía el pelo. La expulsó del templo y de la ciudad.
Los nómadas nada tienen y casi nada necesitan. Por lo que muchas veces comercian con conocimientos, y es con lo único que dejaba que la pagaran sus curas. Gracias a ello sabe defenderse, buscar agua, encontrar raíces... en definitiva: sobrevivir.
Hace sólo dos semanas que se marchó de Vâstiatis, de donde sólo la dejaron llevarse lo necesario para vivir en el desierto. Sola.
Tal vez sea su reciente soledad lo que hace que últimamente se encuentre débil, pese a que no ha tenido problema en conseguir agua y algo de comida. Pero vomitar a diario... no es sano cuando la comida escasea. A este ritmo, tendrá que vender más temprano que tarde, las joyas y pocas posesiones que su madre la dejó al morir, para conseguir buena comida.
¿Pero quién piensa en comida cuando se siente traicionada? ¿Quién quiere comer cuando el sabor de la bilis debida a la ira que siente, empaña todo sabor? Tal vez la venganza la cure. Tal vez no, pero ahora mismo es todo en lo que puede pensar.