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El despertar de una nueva era

El origen

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15/01/2018, 19:53
Director

Al principio tan solo existía la nada. De ella surgieron la luz y la oscuridad quienes, a su vez, dieron forma a los dioses y los usaron como herramientas para dar forma a la creación.

Entonces de la nada, surgió el caos y trastocó la propia creación, rompiendo el equilibrio entre la luz y la oscuridad.

Los dioses que hasta entonces se mantenían en sus dominios, se vieron de pronto arrastrados a combatir los unos contra los otros, dando así inicio a la épica lucha entre la luz y la oscuridad.

Las batallas que libraban los dioses, se extendieron a su vez a la propia creación y en consecuencia, los mortales se vieron pronto arrastrados a un ciclo sin fin de grandes batallas.

No importaba lo que sucediese, cuando una fuerza se alzaba casi vencedora, el caos inclinaba la balanza a favor de la fuerza contraria y las luchas volvían a ganar en intensidad.

Milenios de dolor y sangre llegaban a su fin cuando las fuerzas primigenias, la luz, la oscuridad y el caos, decidía destruir por completo la creación. Tras lo cual, daban vida a nuevas deidades y estas a vez, volvían a iniciar el ciclo de creación y luchas.

Trece fueron los reinicios y doce las ocasiones en las que lo destruyeron todo.

Nuestro momento había llegado, era hora de que nosotros también desapareciésemos.

Pero por primera y única vez, los dioses, guiados por una fuerza desconocida, se alzaron contra las fuerzas primigenias y las desafiaron. Una guerra como nunca antes había existido, se extendió por toda la creación.

La luz, la oscuridad y el caos eran poder encarnado, pero carecían de verdadera imaginación o de capacidad alguna para combate, después de todo, jamás nadie había osado desafiarlos. Los dioses por su parte, habían participado en tantas batallas, que la guerra les resultaba tan sumamente familiar, cómo para nosotros tomar una bocanada de aire.

Las luchas que se libraron entonces, desgarraron la propia creación y al precio de sus propias existencias, los dioses, contra todo pronóstico, lograron vencer.

Aunque vencer a las fuerzas primigenias, no era lo mismo que destruirlas. Su esencia, disipada por los propios dioses, aún perduraba y tan solo sería cuestión de tiempo que terminasen reformándose.

Sin las fuerzas primigenias y sin dioses para mantener el equilibro del propio tapiz de la creación, los mundos perdieron el don de la magia y grandes catástrofes comenzaron a sacudir los propios cimientos de la creación. Todo parecía destinado a desaparecer.

Fue entonces cuando los más poderosos y grandes señores de todos los mundos, se embarcaron en un épico viaje para encontrar lo que quedaba de las fuerzas primigenias.

Cada gran señor, al menos los pocos que sobrevivieron en semejante búsqueda, fundieron con sus almas la esencia de las fuerzas primigenias que encontraron.

Al hacerlo, alcanzaron la divinidad, pudiendo así ascender hasta el propio tapiz de la creación.

Los nuevos dioses se convirtieron en los carceleros de las fuerzas primigenias y en los nuevos pilares sobre los que se alzaba la creación.

La magia regresó al mundo, aunque por voluntad de los nuevos dioses, jamás sería tan poderosa cómo lo había sido en el pasado.

Una nueva era comenzaba, una en la que por fin los mortales tendrían la opción de elegir su propio destino.

De esto hace apenas trescientos años. El mundo aún se está recuperando de lo que sucedió entonces, pues las luchas de los dioses, tuvieron su reflejo en la tierra.

Grandes y poderosos imperios desaparecieron, mientras que otros nuevos aparecieron.

El mundo es un lugar plagado de peligros. La avaricia, el miedo y el orgullo comandan legiones y dirigen reinos.

Una nueva era está llegando, las estrellas hablan de un gran cambio en el mundo. Una era en la que los héroes decidirán el curso de la historia.

¿Serán sus salvadores o terminarán por condenar lo que aún queda en pie?