Partida Rol por web

Gourmet

El Otro Lado

Cargando editor
16/04/2010, 19:18
Director
Cargando pj

Todo se ha congelado, detenido en el tiempo. Las figuras de los otros, como estatuas de cera, te contemplan acusadoras, conscientes de tus crímenes, de tus delitos. Eres culpable, y este mundo frío y gris es tu cárcel.

Cargando editor
16/04/2010, 19:19
Director
Cargando pj

Ni siquiera queda el dolor. Te despiertas desnudo en el salón. Todo parece haber perdido color y forma. Las dimensiones de la sala se vuelven variables; donde antes había una pared, se extiende el infinito, adornado con trofeos de caza.

A escasos centímetros de tu cara, las fauces del mastín se mantienen abiertas, congeladas en un segundo en el tiempo. José Cesar, con labios azules y aspecto cianótico, está detrás de tí. Entre él y el chucho, los perdigones de su disparo, detenidos en el aire, emanan frío.

Las figuras de las personas son grotescas; Ramee parece una garrapata descomunal, hinchada hasta casi reventar. Un hilo de fluidos estomacales fluye, en todo su contratado colorido, de los labios de Kate Steel, en el baño. Se encuentra tras los muros, tras las puertas, pero lo ves como si estuvieras ahí mismo.

Saeka Mitarai luce una sudadera con la palabra 'Nevada' manchada de sangre. En su mano, un cuter oxidado y sanguinolento. Max Thorwood se presenta como un enemigo, como el rival a vencer en un ring de lucha libre, dotado con orejas de zorro y pinzas de escarabajo. Más allá, en la sala de juegos, una joven muchacha es violada y asesinada por un Chris Donovan casi irreconocible. Adrian Lindermann está petrificado en una risa demoníaca que, sin sonar, es ensordecedora.

Tu vista se agudiza aún más, y llega hasta la cocina. Ahí, Peter Evans disimula su aspecto de larva embutiéndose en un smoking, John Britber Stallion planifica tu muerte con sus compañeros masones y Roussignon... está lleno de gente.

Notas de juego

Postea a gusto. Estás en tiempo irreal, no importan tus compañeros. Bienvenida al Otro Lado.

Cargando editor
16/04/2010, 19:36
Williams Scotch
Cargando pj

¿Estoy muerto? ¿He alcanzado la otra vida?

Con este pensamiento Richard Matterson recobró la conciencia. O algo similar a la conciencia. Estaba atrapado en una especie de limbo, una extraña fotografía del mundo real, deslucida, ajada, distorsionada.

Se miró y se vio desnudo, y una extraña sensación de vergüenza y desprotección lo invadió. Si hubiese profesado la fe cristiana, se hubiera identificado con Adan, el primer hombre, luego de que fue descubierto por Dios comiendo del fruto prohibido. Pero los domingos en la iglesia bautista quedaba lejos en el tiempo y hacía mucho que Richard no se acordaba de Dios.

Qué extraño... si estoy muerto, ¿no debería estar camino hacia algún lugar? ¿o esto es lo que nos espera después del último aliento?

Poco a poco, su mirada fue recorriendo la escena. El tiempo parecía haberse congelado, si es que allí existía el tiempo. Todos los de la finca se encontraban en ese lugar. O una versión parodiada de ellos.

Lo que vio lo llenó de horror. Sin saber muy bien por qué, sintió que lo que allí se reflejaba era el alma de esas personas, su secreto más oscuro, su verdadera cara mientras lo que había visto en el mundo real era una mera fachada, mucho más elaborada y escalofriante que la que él solía llevar.

Casi como en un sueño, fue deslizándose por el salón. José Cesar lucía como un cadaver en la morgue. Un muerto viviente que intentaba matar al can después de su fracaso.

Ojalá tengas suerte muchacho... no quisiera cruzarte por estos lares con esa pinta...

Luego observó a Ramee y sintió asco. También se le ocurrió que podría aplastarlo con el pie y ver como reventaba y su sangre teñia de rojo el decorado.

No vendría mal un poco de color en este lugar.

La imagen grotesca y surrealista le provocó risa. Pero no oyó que ningún sonido aflorara a su garganta.

¿Qué mierda es este lugar?

Su lado más vulgar se sentía liberado en esa parodia de realidad.

Siguió avanzando, flotando, penetrando con su mirada todos y cada uno de los cuartos, todas y cada una de las almas.

Ay bella Kate... quieres vaciar tu estómago para que no compita con el vacío que llevas por dentro... ¡qué patética! así los hombres huirán de tí por siempre.

El cinismo se hacía cada vez más patente en la cabeza del falso doctor. El horror iba siendo desplazado por el placer que le provocaba observr la bajeza humana, descubrir las debilidades más intensas y así sacar el máximo provecho para su beneficio. Poco restaba de la culpa, de la vergüenza, del desamparo inicial. Si estaba muerto, ¿qué más daba? Si no lo estaba... los hados le ofrecían una oportunidad única de sacar provecho de su conocimiento de la naturaleza humana.

Rodeó a Saeka, luego a Max. Con ambos debía cuidarse. Eran fuertes y capaces de hacerle frente. Hasta que divisó a Chris en plena fiesta.

Vaya vaya señor Donovan, usted sí que tiene placeres extraños... Tal vez podría presentarla a la señorita Mitarai, podrían hacer buenas migas.

Otra vez se rió. Otra vez el sonido no salió. Eso comenzaba a irritarlo. Sin embargo, al fijarse en Lindermann su risa, ausente, estática, escalofriante, reverberó en cada fibra de su ser.

Se llevó las manos a los oidos, intentando acallarla, pero era una tarea imposible. Una extraña fuerza surgía de esa garganta abierta que lo estremecía y lo anulaba, haciéndolo sentir que si se prolongaba mucho más, su espíritu sería borrado de toda existencia.

Con mucho tino desvió su vista hacia la cocina. El silencio lo arropó y le devolvió la compostura.

¿Qué clase de persona eres Lindermann?

Esa reflexión quedó perdida en la nueva secuencia de imágenes que lo rodeaba.

Donovan que se veía como un gusano, devorador de cadáveres, carroñero, aprovechador. Stalion, enemigo en las sombras, parte de la organización más oscura de la historia, buscándolo a él como el cordero a sacrificar. Y por último el gran chef.

Si hubiese tenido estómago en aquella dimensión, podría haber vaciado allí mismo su contenido. Aquel maestro de la cocina, aquel genio culinario, gustaba de la carne más dulce que podría haber. Quien sabe cuántos más habían degustado junto a él sus sabrosos platos... humanos.

Se dejó caer sobre sus rodillas, si es que allí él tenía rodillas. Todo aquello parecía una broma de mal gusto. El Gran Timador (así era como él se veía) había caído en una trampa mortal; una que él mismo había urdido. No dejaba de ser irónico.

Notas de juego

Bueh, me quedó un poco largo...

Estaba pensando que si vuelvo a la vida algún día, todo esto sea un recuerdo confuso para Williams, como una especie de pesadilla inconexa, pero que le deje la sensación de que no todo va tan bien.

Por lo pronto, hoy no me paso por el casino XDDDD

Cargando editor
16/04/2010, 20:55
Director
Cargando pj

 

Suena música. La detestable chica de Ipanema, repetida hasta la saciedad, subiendo su volumen hasta ser inaudible. La realidad se diluye, dejándote de lado. Tus pacientes te miran, y la carcajada de Lindermann revienta tu cabeza. Desesperado, tratas de juntar los pedazos, pero tu craneo sigue explotando sin parar.

A tu alrededor, comienza la danza de sombras, de figuras oscuras... esclavos... negros... Tu tatarabuelo cruza la sala portando una botella de vino y una escopeta. Tras el, el resto de tu familia, vivos y muertos. Todos se dirigen a la mesa redonda.

Como un fantasma, delicadamente, a toda velocidad, sin pararte a contemplar el aire, te deslizas hasta allí. Atrás quedó la cabeza que revienta. Atrás quedaron tus acólitos y pacientes... Tu familia se dispone a darse un banquete. En el centro, el plato estrella de la familia: Ricahrd Matterson.

Su caja torácica está abierta, rellena como un pavo. La salsa, la deliciosa salsa familiar, le recubre, con sus verduras y especias. Todos tus familiares te miran ilusionado, y tu tío abuelo te ofrece un cuchillo enorme, pidiéndote que trinches a Richard. Mientras, tu tatarabuelo dispara su escopeta contra un esclavo negro que camina cerca de tí. Hay que pensar en la cena.

Notas de juego

No te preocupes por la longitud... me encanta!

Cargando editor
16/04/2010, 21:08
Richard Matterson
Cargando pj

- Amigo, amigo... ¿Cómo has terminado así? ¿Qué me has hecho?

Todo le parece un chiste. Con la mano te señala a su entrepierna, rogándote que cortes.

- Prueba un bocado, Williams... Porque eres Williams. No intentes robarme la personalidad. Yo soy Richard y tu eres Williams. ¿Hasta cuándo crees que durará esto? ¿Has creído que puedes con las hienas? Ríete ahora, que tienes tiempo... y prueba un bocado, amigo...

Se levanta, chorreando salsa y verduras. El relleno se vuelca sobre su vientre como intestinos... apetitosos...

Cargando editor
16/04/2010, 23:15
Williams Scotch
Cargando pj

Como en un sueño provocado por las drogas, las escenas cambian sin ton ni son. El sombrerero sirve el té, Alicia juega al crocket.

La realidad que estaba experimentando Richard/Williams no distaba demasiado de una loca fantasía de Lewis Carrol o de una pesadilla fabricada por Stephen King.

Su cordura estaba siendo puesta a prueba, estirada, llevada a límites que jamas había intentado alcanzar ni en su más loca juventud.

La risa de Lindermann volvó a apoderarse del mundo, llenando cada resquicio sin dejar lugar a nada más. Mientras todos lo contemplaban y reían, él sólo podía pensar en cómo los pedazos de materia gris volaban por los aires creando manchas de formas estrafalarias en las paredes y los pisos, alimentando el circo que allí se había gestado. Un dolor que no era físico lo consumía. No podría soportar esta situación durante mucho tiempo más...

¡Callen de una vez esa jodida musiquita!

Lindermann reía al son de la chica de Ipanema. Y su cabeza estallaba sigiendo el ritmo cadencioso del bossa nova.

¡Basta!

Como obedeciendo su órden, el silencio y la oscuridad se hacen uno, envolviéndolo. Apenas un descanso, y las sombras comienzan a tornarse de color gris. Nuevas figuras aparecen, su familia al completo ha decidido reunirse una vez más. Allí están todos. Los vivos, tan frescos y rozagantes como los viera la última vez. Los muertos, tan podridos y descarnados como tiempo llevan bajo tierra. Pedazos de carne muerta recubren los rostros en forma aleatoria, dejando ver una muela aquí, una cuenca ocular allá, huecos donde antes hubo una nariz. El festival del horror ha tomado una nueva dimensión.

Siguiendo la fila, llega hasta la mesa, para contemplar así el banquete.

Él, o alguien que debería ser él (no puede ser él, él está contemplando, escuchando, oliendo, absorviendo con todos sus sentidos la escena) le habla. Lo acusa, lo desafía.

-¿Qué es todo esto?

Su voz, su perdida y preciada voz se hace presente.

-¿Cómo puedes decir que no eres yo? ¿Por qué estoy aquí y allí? No quiero comerme, no sería de buen gusto.

La coherencia de sus frases se ajustan al sitio donde se encuentra.

-Yo soy Richard. Yo soy Williams. ¡Yo soy yo!

Poco a poco la desesperación comienza a alcanzarlo. Siente que ya no sabe quién es él, se siente un impostor. Tal vez el verdadero Richard esté siendo devorado en estos instantes. Su propia familia quiere disputarse los despojos.

-¡¿QUE ES TODO ESTO?!

Un grito histérico escapa de su garganta. Teme volverse loco en cualquier instante. Teme dejar de existir

¿Acaso no pienso y luego existo? ¿Quien carajos soy? ¿Como mierda hago para pensarme?

Desaforado, comienza a mirar para todos lados temiendo que las bestias quieran vérselas contra él. Toma un cuchillo, uno viejo y oxidado que se encuentra allí, en medio de los cubiertos llenos de polvo, de platos con telas de araña y manteles raidos. Es un banquete infernal, pero él no está dispuesto a convertirse en el plato principal. Él, el ser sin nombre ni identidad no dejará que lo borren del mapa.

Notas de juego

Me encanta esta escena XD

Cargando editor
17/04/2010, 18:53
Richard Matterson
Cargando pj

Lleno de furia, Richard se yergue en sus siete metros de altura, aplastando a toda tu familia en el proceso. Retrocedes, asustado de tí mismo. Las tripas de Richard inundan la sala; salsa de crema con cognac, boletus, cebollino y pasas. Miga de pan masticada mil veces por la dentadura postiza de tu tía abuela.

Las dimensiones vuelven a romperse. Todo a tu alrededor escapa, como pintura al óleo desapareciendo en el sumidero. Sólo quedáis Richard y tu.

- ¿Te niegas a probarme? ¿Te niegas a integrarme? ¿Quién serás cuando yo me vaya? ¿Pretendes mantener esta farsa mucho tiempo?

Su risa hace saltar chorros de sangre de tus oídos. Se forma un océano. Criaturas monocelulares surgen, luchando por su propia supervivencia, devorándose unas a otras y creciendo, hinchándose. Dan paso a seres menores, insectos, larvas, peces, aves, dinosaurios y primates. Richard es inmenso. Su cuerpo está abultado, bulboso. Tu pierna derecha toma vida propia. Reclama su independencia. Se separa de tu cuerpo y genera otro Richard, que abre la boca dejándo salir miles de pequeños Richards alados. Te rodean, te picotean y se llevan tu cartera.

- Asúmelo, Williams: somos una sola cosa, pero sigo siendo más fuerte. Debes morir para que yo perdure. Es la ley de la familia. Si no me devoras, te tragaré.

Abre la boca una docena de metros, dispuesto a engullirte, a hacerte desaparecer en el vacío para volver, convertido en salsa de crema, en miga de pan masticada mil veces. De fondo, todos los pequeños Richards canturrean Ipanema en un horrendo falsete.

Cargando editor
19/04/2010, 21:48
Williams Scotch
Cargando pj

Williams, pues ahora estaba sumamente convencido  de que él en realidad era Williams Scotch, psiquiatra, defensor de la antipsiquiatría, comenzó a retroceder aterrado, aún cuchillo en mano, ante la visión de un ser físicamente igual a él, pero que no era él y que comenzaba a crecer desmedidamente como Alicia al comerse la seta.

Una lluvia de colores le aturdió los sentidos. La escena, que tan gris se había vuelto, de pronto cobró una fuerza psicodélica, llena de luz y sonido, anulando la razón, dejando sólo lugar a sus instintos más primitivos. Su tía abuela hecha papilla junto a una gigantesca pata de pavo adornaban una gran fuente junto a las vísceras de sus primos, adornadas con rúcula y falanges de varios miembros de la familia. Su padre nadaba en salsa de arándanos y su tatarabuelo intentaba trincharle una pierna. Y el gran Richard los iba aplastando a todos, uno a uno, comiéndolos, comiéndose y volviéndose a digerir.

Cuando ya creía que iba a alcanzar el límite de su razón, el silencio y la oscuridad volvió a invadirlo. Pero no estaba sólo. Una especie de luz difusa lo alumbraba a él y a su gemelo gigante, cual escena de un match de improvisación. Ellos dos, los grandes actores de la escena. ¡No se lo pierda! ¡El banquete más grande del mundo ha sido organizado! ¡Una abundante mesa de miseria, depravaciones y papitas a la crema! ¡Servidos en su propia salsa! ¡O en su cuerpo, que más da! ¡Pasen, vean, degusten a su antojo!

-¡Déjame en paz! ¡Yo no soy tú! ¡Yo existo, acá estoy!

Las palabras surgían de su garganta, pero la inmensidad de la estancia hacían que el sonido se perdiera apenas tocaban el aire. Una hormiga hubiese tenido más éxito allí para hacerse escuchar que él y el tormento de no ser escuchado, de ser nadie lo enloquecía aún más.

Como si el ser que tanto se le asemejaba pudiera captar esto, comenzó a reir. Su risa, atronadora, más escalofriante que la de Lindermann, poderosa. Nuevamente Williams, pues realmente creía ser Williams Scotch, psiquiatra, defensor de la antipsiquiatría, sintió que perdía el contenido de su caja craneal, esta vez licuada como un batido de chocolate, escapando por sus oidos, junto con su sangre y su alma. Un banquete de salsas y cuerpos humanos, carnes y bilis lo invadió, bañándolo, aplastándolo, ahogándolo.

Luchando por sobrevivir, nado hasta la superficie de ese caldo, dónde imágenes cada vez más surrealistas se sucedian una tras otra. La vida creció, evolucionó y se extinguió con la misma velocidad con la que él respiraba, una y otra vez.

Sin control sobre sí, su cuerpo comenzó a actuar por su cuenta. Su pierna ardió, tiró, gritó hasta que fue una entidad independiente, dueña de si misma, una y mil réplicas de su imagen.

-¡Vengan aquí criaturas del infierno!¡ Devuélvanme mi cartera! Allí tengo todas las plumas que le quité a los locos!

Williams, que ya no estaba tan seguro de ser Williams Scotch, psiquiatra, defensor de la antipsiquiatría, comenzó a enfureserse. Él no sería devorado. Él era el depredador, no la presa. Se reveló ante su gemelo, quien volvía a comerlo por enésima vez a la par que lo devolvía por el agujero de su cavidad estomacal.

La chica de Ipanema sonaba a capella. El ensordecedor canto de los pequeños Richards lo enardecieron aún más.

-¡Yo soy tu, tu eres yo! ¡No permitiré que me devores! ¡Ahora yo tengo el control! Soy Richard Matterson, tu eres Williams Scotch, mi ávatar, mi sombra, pero nunca serás YO!

Tomó impulso y se lanzó saltando en un pie contra la imagen bestial de su homónimo. Con su cuchillo mellado y oxidado arremetió contra una pierna, la misma que su cuerpo había dejado libre y cortó una buena tajada del muslo. Con ansias, cargado de frenesí comenzó a devorar, masticando con placer cada pedazo, mientras la sangre chorreaba por su barbilla.

La carne era deliciosa, dulce, digna de la mesa de un rey. Sin poder contenerse, se abalanzó sobre el miembro para mordisquear y arrancar con sus dientes otro bocado... y otro... y otro.

 

Notas de juego

Me han amputado en la otra vida? O_O

Cargando editor
25/04/2010, 14:28
Alphonse Roussignon
Cargando pj

Un corte, un pedazo, un mordisco. Matterson sonríe lleno de santidad mientras lo ingieres. Sólo un bocado, y se deshace en vapor que te llena. Te sientes completo, lleno de tí mismo. Ahora ya eres otra vez Williams Richard Matterson Scotch, y nada puede dañarte. Los pequeños Richard dejan de ser tus enemigos y te rodena, cantando angelicalemente la Chica de Ipanema como si de un himno de iglesia se tratara.

La escena vuelve a disolverse, pero esta vez no hay miedo, no hay angustia ni inquietud. Estás en tu propio universo,y tú decides lo que sucede en él. Todo se reunifica. Tu entorno se transforma en una iglesia, en una inmensa catedral. Estás vestido de doctor, con una estola de sacerdote al cuello. Delante de tí, desnudos, tus pacientes hacen fila. Hay algo neutro en todos ellos; parecen maniquíes. Faltan Roussignon y Donovan. Estás en el altar. Te giras. Crucificado, el cocinero te sonríe lleno de bondad. Inicia una letanía que sólo tú puedes oir.

Yo soy el profeta

y tú difundes mi palabra

líbrales del mal que les rodea;

líbrales de la realidad.

 

Quien se empeña con esmero

en vender becerros de oro

guarda en su alma

el instinto del homicida.

 

Estos mercaderes de placeres,

de objetos inservibles,

se esconden por arriba y por abajo,

descubriendo los secretos,

destruyendo los misterios.

 

No esperes que hablen;

no les quedan ya palabras,

sólo el latido inconsciente

de su culpa y su arrogancia.

 

Ratas volarán sobre tu cabeza

y buitres con plumaje de paloma

se escurrirán entre tus píes.

¡Písalos! ¡Destrúyelos!

No les dejes devorarte

con verdades ni con actos.

 

Las ovejas bondadosas

esconden grandes secretos

pero no has de temer sus actos

ni perder la compostura;

en tu mano y en la mía

se esconde la respuesta.

 

Sólo nosotros podemos

enviarles directos al cielo.

 

No temas, no sufras,

pues aunque les cause dolor

no vivirán sufrimiento.

 

Un día seremos uno.

Ese día ha llegado.

Baja la cabeza y sus manos sangran. Su aura de santidad crece, te llena de luz y de pureza. Tus mentiras son actos divinos y sientes la honestidad de los necios como pecado. No eres Dios en tu mundo, pero sólo tu conoces su palabra.

Notas de juego

Perdona la tardanza... ¡he vuelto!

Cargando editor
27/04/2010, 19:59
Williams Scotch
Cargando pj

Poco a poco el frenesí que lo había impulsado hasta ese momento se fue apagando. Richard ahora se sentía completo, satisfecho, tal como si realmente hubiera disfrutado de un banquete digno de un rey. Volvía a ser uno, sus inseguridades se habían disuelto con cada mordisco, con cada perpetración de la completa comunion consigo mismo. Ya no era su enemigo. Ahora se sentía su mejor aliado, aquel capaz de alcanzar cualquier meta, de lograr lo imposible.

La escena se fue difuminando, como una acuarela alcanzada por una lluvia que lavaba los cebollines y los platos, las vísceras, las fuentes, manteles y vinos, salsas, hongos... Atrás quedó la infernal Chica de Ipanema, ahora transformada en un dulce cántico de alabanza y glorificación para su persona, entonada por el coro estelar de los Richards Cantores de Viena. Se iba acercando a la goria, su entero ser podía sentirlo.

Un fervor cuasi religioso lo invadió. La escenografía se adaptó al sentir que exudaban sus poros y fue así que se encontró parado en un púlpito, rodeado de arcos y vitrales bizantinos, velas, íconos, bancos. Allí se encontraban sus pacientes, inmóviles, neutros, esperando oir su palabra, la palabra del Doctor Williams Scotch que los llevaría a la salvación y quitaría el tormento de su alma. Sólo dos de ellos no se encontraban allí. Donovan uno de sus secuaces, un Judas; y Roussignon, el magnífico creador de platillos inimaginados, el mentor de su propio canibalismo.

Volvió a mirar a su público, a su rebaño. Le satisfacía verlos como espíritus sin voluntad, deseosos de liberarse de sus taras y locuras. Lo regocijó saber que allí él era el amo, que tenía poder sobre sus vidas... y sus muertes.

Giró su cabeza y allí lo vio. El cocinero estaba ocupando el lugar de privilegio en aquella estancia. Desde lo alto, clavado en la cruz cual mártir nazareno, dominaba el lugar.

En ese momento, Alphonse se percató de la mirada de Williams quién ya era por completo Richard y dirigiéndose a él únicamente comenzó a recitar una oración, casi una profecía que fue endulzando sus oídos, reforzando su anterior creencia de que era un elegido para hacer Su voluntad. La propia voluntad.

Las palabras lo fueron llenando como anteriormente lo hiciera su propio yo. Se fue alimentando de cada una de ellas, aspirando su aroma, saboreando el tacto que dejaban en sus oídos, impregnándose en su significado, interpretándolas para amoldarlas a su conveniencia, como siempre lo había hecho en la otra vida.

Al terminar el recitado, la iluminación terminó de alcanzarlo. Roussignon había hablado mostrándole el camino. Todo estaba en sus manos. Richllian sonrió con satisfacción. Una satisfacción taimada, dañiña.

La consigna era clara. Debía devorarlos o ellos vendrían por él para hacerse con sus despojos.

-Queridos hermanos-

Ssu voz sonaba clara y fuerte. La acústica del lugar era excelente, no requería ningún esfuerzo de su parte para llegar hasta el último rincón de la hermosa catedral que presidía.

-¡Una nueva era ha llegado! Acabaré con vuestro sufrimiento. No deberéis temer más. Vuestra bestia interior será liberada... ¡y reducida!-

Sus cualidades de orador comenzaron a formar parte del juego. Cada gesto, cada palabra estaban totalmente medidos y calculados. Poco importaba que el público fuera algo más que espectrales figuras de cera con sus rostros casi esculpidos, dotados de una belleza grotesca propia de la inanimación que los rodeaba.

Así, la arenga asomó por sus labios, tímida al principio, cobrando fuerza con su desarrollo. Prometió el oro y el moro y por qué no, también la vida eterna. Poco a poco sus palabras se fueron diluyendo, difuminándose en los bordes del cuadro hasta desaparecer. Llegaba el momento de hacer mutis por el foro.

-Por último, hermanos, debemos ser uno para lograr la fuerza, para alcanzar nuestro poder. Os invito a que me sigáis al altar. Todos deberéís probar su sangre. Todos deberéis saborear su carne.

Richllian señaló al crucificado gourmet. Faltaba muy poco para completar el ritual, pero ya sus glándulas salivales habían comenzado a segregar su sustancia, emulando a los mastines que rapiñaban un bacalao muerto en algún lugar lejano, en una finca perdida en el pueblito de Morrisville.

Notas de juego

Qué bien que ya estás de vuelta!

Ayer tuve un día con mucho ruido blanco en la cabeza y no se me cayó una idea ni de casualidad, así que hoy tocó ponerme al día con todas las partidas, con lo cual esta escena me quedó para lo último, pues es la más compleja de las que llevo actualmente. En otro respiro mental, seguimos "charlando" por MP XD

Cargando editor
29/04/2010, 16:00
Director
Cargando pj

Roussignon te observa piadosamente desde su cruz. Te acercas y pruebas el primer bocado de Su Carne y el primer trago de Su Sangre. Sabe a pan mojado en vino. Te llena de seguridad, te ilumina el alma. Ha venido a este mundo a engrandeceros a todos, a convertiros en entes de pura luz y energía. Y tu tienes su palabra. A tu orden, los acólitos se acercan en fila a probar la carne milagrosa.

Saeka muerde las rodillas. Al probarlas, entra en colapso, se divide en dos Saekas: la que tu conoces y la otra, vestida con una sudadera que reza 'Nevada', cubierta de sangre y portando un cúter de aspecto siniestro. Ambas s emiran, se abrazan, se aceptan, se besan... desnudas, se revuelcan por el suelo de la catedral, santificando su propio amor lésbico. Roussignon asiente.

Thorwood mordisquea los tobillos del profeta. Pasado, presente y futuro se doblegan a su alrededor, rodeándole de peligro. Una tormenta suelta sus rayos sobre Max, consumiendo su carne. El esqueleto animado del inglés prosigue su camino, fabricando cepos para que otros los pisen. Roussignon asiente.

José Cesar muerde la mano izquierda con violencia. Arranca los dedos, que bailan en su boca. Fulmina al mismo aire con la mirada. Crece. Se convierte en un ángel vengador. Recorre la sala furibundo, pero no encuentra a su víctima. Por un segundo parece que va a decapitar a Stallion con su espada flamígera. Luego sonríe con amabilidad y la envaina, oteando el horizonte en busca del mal. Roussignon asiente.

Ramee sólo come lo que hay en el interior del ombligo. Se hincha y explota. En su lugar queda un bebé. Un niño santo que llora lágrimas doradas. El niño te trepa y se enchancha, con garras de perezoso, a tu hombro, quedando pacíficamente dormido. Roussignon asiente.

Peter Evans arranca el corazón del cocinero y se lo traga sin masticar. Se pone rojo. Luego violeta. Finalmente se ilumina y llora. Sus lágrimas blancas llenan los cálices de leche bendita. Su boca se abre, y de ella salen palabras. Las palabras vuelan por el aire, etiquetando los objetos y las personas. Roussignon asiente.

Kate Steel va directa a los genitales del profeta. Se los come masticando. Termina. Vomita. Se lanza como una poseída a lamer su propio vómito del suelo. Lo traga y vuelve a vomitarlo. Repite la acción varias veces y, cada vez que lo hace, mengua. A su alrededor comienzan a apareceer sombras, espíritus, fantasmas que revolotean riéndose de ella. Uno de los fantasmas vuela lejos y atormenta a José Cesar. Al final, Kate se convierte en un charquito de vómito rodeado de sombras siniestras. Roussignon asiente.

Stallion se acerca, hace el ademán de coger un pedazo del cuerpo de Roussignon y de comérselo, pero ves que no ha cogido nada. Sonríe lleno de feladad y falsedad. Roussignon, iracundo, lo fulmina con un rayo. En donde estaba el joven, sólo queda una bolsa llena de monedas de plata. Roussignon parece contrariado.

Por último, Adrian se acerca y arranca la cabeza del cocinero. Se la traga. Sigue comiendo. Devora el cuerpo entero, y no deja gota de sangre. Vuelven sus carcajadas. La iglesia se agrieta y se derrumba. Los acólitos estallan en llamaradas verdes. La piel roja de Lindermann se inflama. Su carcajada es ensordecedora. Todo desaparece, destruido por Adrian.

En mitad de la inmensidad blanca, flotas como un bebé Richillian, recién nacido, pero lleno de verdad. Te sientes como una mota de polvo en la más maravillosa de las inmensidades. Sabes que alguien te observa; dos ojos desde arriba, dos ojos desde abajo. Sin embargo, eso no te importa. La voz de la nada te reclama, te solicita, te encarga que busques una víctima de sacrificio, y un sacerdote para sacrificarla, todo por el bien de la palabra de Roussignon.

Notas de juego

Tómatelo con calma... a mí también me cuesta dar sentido y coherencia a esta escena, por más que sepa exactamente por dónde va. Con la herida que se ha hecho Scotch, puede estar inconsciente aún más tiempo. Este Otro Lado esconde muchas cosas que puedes ir descubriendo a placer!

Cargando editor
04/05/2010, 21:52
Williams Scotch
Cargando pj

Chomp... una mordida suave deleitando su paladar.

Glup... apenas un trago cálido recorriendo su garganta.

Richard. Williams. Richllians. Había vuelto a ser uno mismo, más esta nueva comunión exaltaba su nuevo ser unificado, glorificado. Casi con pesar se hizo a un lado del cuerpo de Roussignon. Los demás también debían experimentar su gloria, saborearla. Lleno de grandeza, sintiendo que exhalaba luz por todos sus poros fue observando como cada quién completaba el ritual y experimentaba su transformación.

La primera fue Saeka. Muerde, saborea, se divide. La nívea y pura Saeka se enfrenta a su negativo, una recién aparecida fiera y oscura. El amor y la aceptación surgen en ambos pares de ojos, las miradas se vuelven caricias, las caricias dan paso a los besos, cada vez más ardientes, las manos buscan los cuerpos, la ropa que molesta se hace a un lado, las manos encuentran, los jadeos llenan la espaciosa estancia, ahora son las bocas las que buscan, las  piernas se enredan en un abrazo profundo, las bocas no ceden, las manos exploran allí, bien profundo, las bocas succionan, las lenguas recorren...¡oh, por Alphonse! Al tiempo que la muchacha doble alcanzaba el clímax, Richllian estallaba en su propio placer voyeur. Con una sonrisa amplia, levantó el rostro hacia el martirizado chef a tiempo para verlo asentir. Aquello estaba bien.

El siguiente fue Max ¿no debería decir Chals? aquí ya no hay máscaras. La sonrisa que aún adornaba su rostro se transformó en una risa suave, cómplice. Vio con deleite cómo su secuaz mordisqueaba tímidamente, royendo, casi como una pequeña rata. Atrae el tiempo sobre sí. Todo el universo que fue, converge en el que será y su vértice es este pobre diablo. Levantó su vista al techo, ya no viendo un cielorraso lleno de arcos y cemento. Aunque increíble, una extraña tormenta de colores imposibles ocupaba su lugar. ¡Hora del espectáculo! ¡Reflectores allí! Su pensamiento acompaño al rayo que calcinó la carne de Thorwood. ¿o el rayo acompañó su pensamiento? Ya no importaba quién había sido causa y quién circunstancia. El esqueleto siguió su camino, como el cocinero quería. Un nuevo asentimiento del crucificado así se lo confirmó. Eso estaba bien.

Turno del niño bonito. El rostro del doctor/sacerdote se volvió pensativo. Mientras José arrancaba su porción del sacrificio, Wilchard estudiaba su semblante. Cuanta violencia reprimida, cuanto deseo de venganza. ¿A qué fantasma darás caza hoy? No importa, sé que puedo utilizarte para mis propósitos, para cumplir los designios del maestro Roussignon; está claro que estarás de mi lado. Así me lo confirma el profeta. Nuevamente, la cabeza del chef volvió a bajar y subir como en las anteriores ocasiones. Eso estaba bien.

Llegó Ramee hasta el cuerpo santo y para asombro del sacerdote/doctor no se zampó el bocado más grande. Al igual que una alimaña, rebusca entre la mugre y la pelusa. Como una sanguijuela, crece y crece... va a reventar, será mejor que me haga a un lado si no quiero terminar bañado con su porquería. El momento temido llegó, salpicando todos los alrededores, cual decoración de artista post-moderno. Pero de la basura surgió una criatura bella e inocente. El bebé de oro buscó su calor y protección. Su prístina alma le indicaba que Williams Richard Matterson Scotchs era el profeta, con él estaría a salvo. Roussignon así lo quería. Eso estaba bien

Peter Charles Scott Evans. Otro que usa máscara. Directo al grano. No se conforma con poco. Pero al parecer eso le juega en contra. Demasiado avaricioso, por tragar sin masticar se ahogará en su ambición. ¡Qué hermosa paleta de colores! Podría de servir de inspiración a cualquier ama de casa para decorar sus ambientes. El momento de la iluminación llegó y el segundo secuaz pasó la prueba con éxito. Sus lágrimas servirían para alimentar al pequeño Ramee de oro; sus palabras, tangibles, bellas y bailarinas aéreas, para ordenar el nuevo mundo. Roussignon se veía satisfecho. Eso estaba bien.

La atractiva y sensual escritora alcanzó su lugar en el rito. Sin dudarlo, ávida, se lanzó sobre Roussignon y un deseo morboso invadió al expectante Richllians de la cabeza a los pies. ¡Qué voracidad!  Cada masticada, cada saboreo, subía un grado más la temperatura del recinto. Pero al parecer, él era el único afectado. Ella tragó por fin, pero Scotterson aún no acababa. El vómito llegó al instante. La humillación de la mujer, a la par. Su morbo siguió creciendo. A cada charco, una nueva humillación. A cada humillación, un nuevo deleite. Ella se achicaba, él se agrandaba. Mientras, sus fantasmas se regodeaban en la escena. Al final, todo acabó en un charco. Ella. Él. Roussignon asintió. Eso estaba bien.

Ya sólo quedaban dos de sus acólitos. Donovan seguía sin aparecer.

El joven Stallion, bello, carismático, se acercó hasta lo que quedaba del cuerpo del cocinero con ademán de servirse, pero el gesto quedó en el amague. Por algún motivo que se le escapaba a Richllian, él sólo simuló comer, y su rostro se transfiguró tornando la belleza en horror y su carisma en una fea  mueca que apestaba a traición. ¿No quieres la salvación? Esta vez, Williams/Richard no alcanzó a conjurar el rayo. El propio Roussignon se encargó de fulminarlo con su mirada, cual super héroe de historieta barata. Eso no estaba bien.

Así que éste era nuestro pequeño Judas. Apuesto a que son veinte. Negando, apesadumbrado, levantó la vista de la bolsita para depositarla en el último integrante de la sala.

El horror experimentado instantes antes, un siglo atrás (el tiempo allí no representa nada, todo ocurre, todo permanece inmutable) cubrió al artífice de toda esta farsa como una manta cálida. Podía recordar el miedo que la risa macabra de Lindermann le había metido en los huesos, pero la sangre de Alphonse lo había vuelto inmune. Sin embargo, la inquietud lo acosaba. ¡Oh, que horror! La cabeza desaparece ¡Basta ya, goloso! Una pierna, un brazo ¡Deja algo, demonio! Las costillas, las vísceras, las uñas de los pies.

Todo fue devorado por Adrian llenándolo de fuerzas, haciéndolo crecer. Su risa volvió a resonar en la catedral de Matterson. Una risa poderosa, destructiva. Los cimientos se estremecieron, la cúpula se rajó, los materiales no querían permanecer en su lugar. La hermosa estancia desapareció, dejando nuevamente un vacío arrollador…

...Los colores se desvanecen y los sonidos se apagan. La nada inunda al recién creado Richllian, lo atraviesa, lo llena, lo satisface.

 Hay dos que pujan por él. Puede sentir la pelea de voluntades. Hacia arriba. Hacia abajo. A él lo trae sin cuidado. Ya ha superado sus conflictos internos, ya está más allá del bien y del mal.

Sólo resta un acto. Un pequeño e insignificante acto. Necesita un cordero para honrar la Palabra. ¿Quién podrá ser? ¿Una chica? ¿Uno de los suyos? ¿El desaparecido? Aún no lo sabe, pero su Alphonse se lo hará saber en el debido momento. Puede imaginar quién será el brazo ejecutor…  pero está seguro que será él mismo quien tirará de los hilos al final. La orquesta es suya, la batuta está en sus manos. Por la Santa Comida. Por el Buen Beber. Richard Scotch, Williams Matterson es el elegido. De eso no hay duda.

Notas de juego

Un ladrillo

Y no quedé conforme

Es lo que hay... XD

 

Cargando editor
04/05/2010, 22:27
Director
Cargando pj

Notas de juego

Ni ladrillo ni nada, maravilloso. Imagino que pronto te despertarán... ¡si consiguen ponerse de acuerdo! Procuraré dar un cierre digno a esta escena, que ya está en la recta final.

Otra vez: Un lujazo! ;)

Cargando editor
04/05/2010, 22:31
Williams Scotch
Cargando pj

Notas de juego

Jajajaj, ya estaba por llenar este apartado de simbolitos nada amigables pensado que me habías respondido en tiempo record! (que me tomó casi la semana entera poder armar algo como la gente XDDDD)

Gracias x las flores!

Este paseo por la inconsciencia está resultando muy interesante

Cargando editor
06/05/2010, 17:07
Director
Cargando pj

La inmensidad blanca... llena de verdad y compromiso... estás imbuido por la palabra de Alphonse, y nada puede dañarte... se mezclan los sonidos de la ciudad... Augusta, Maine, recuerdos de tu infancia... la gente es distinta; más pequeña, más simple... mejores víctimas para el talento de Richillian...

Una inmensa fila de gente, todos los estafados por el gran doctor, pasan a su lado a rendirle pleitesía. Todos admirados de su lengua, de su habilidad para llevarles por el buen camino. Mientras, tus bolsillos se abultan. Billetes que se mueven como culebras, que trepan por tu cuerpo ansiosas de tu cariño. Ellos, los primos, vuelcan el dinero sobre tí... millones de dólares, millones de serpientes de lengua húmeda que procuran tu placer y beneficio. Eres sepultado bajo una montaña verde, reptiliana. Y eso es bueno.

Te conviertes en la montaña. Richillian verde, con ojos de dólar, se alza sobre la multitud de adoradores. Invisible, a kilómetros de distancia, Roussignon sonríe complacido. Sólo falla una cosa. La pierna derecha de Richillian... no funciona. La montaña se tambalea y aplasta a sus fieles, convirtiéndolos en charcos de sangre pegajosa.

El dolor vuelve, la angustia crece. Toda la verdad aprendida parece diluirse de forma inclemente. Sólo queda una gota de ese blanco infinito... lo demás es oscuridad. Esa gota, ese átomo de realidad divina, baila sobre la cabeza de la montaña derruida. Se mueve juguetona, indiferente a tu dolor. Llena de compasión, baja y se mete en tu cabeza, suavizando el sufrimiento.

La luz aparece poco a poco y, de entre las brumas, surge la cara del Ángel Vengador: José Cesar que, con su imposición de manos, hace que la angustia cese. El mundo real rasga la fantasía y, jirón a jirón, la desplaza. Vuelve el salón. Vuelve la terpia. Vuelve Red Blossom y sus diez locos.

Estás en el salón, tirado en el sofá que hay junto a la chimenea. A tu lado, José Cesar cuida tu herida. Tu pierna duele y te sientes mareado. No sabes cuánto tiempo has estado fuera, ni qué ha pasado en tu ausencia. Una mirada rápida, que te llena de sufrimiento, te hace comprobar que no hay cadáveres de perro. Sólo José Cesar y Max Thorwood están en la sala. El aire fresco de la media tarde entra por la ventana rota. De fondo, una suave musiquita acompaña la acción...

Una palabra escapa de tus labios incontrolablemente...

- Richillian...

Notas de juego

Se acaba el Otro Lado... por ahora. Conservas el recuerdo preciso de todo lo que ha pasado aquí, y añado ciertas modificaciones a tus atributos. Además, puedes elegir algún tipo de secuela mental que te haya dejado la experiencia, en forma de trastorno. Ahora eres uno más de los locos. Dejo la elección a tu libre imaginación; tengo plena confianza. Especifica qué trastorno en tu escena, para mantener cierto orden.

Tu pierna no funciona bien. Vas a cojear. Has pasado de Doctor Scotch a Doctor House.

Te dejo la escena abierta por si quieres dejar un último post de despedida. Si prefieres dejarla como está, dímelo que la cierro. En cualquier caso, tendrás acceso a esta información en todo momento... ¡sería de muy mal gusto dejarte fuera de todo esto!

Bienvenido de vuelta al mundo real. ;)