Esta partida está en revisión. Si el director no da señales de vida o es aprobada por un cuervo será borrada en 9 días
Hace más o menos un par de semanas recibisteis todos la propuesta de una misión por parte del mismo hombre: un semielfo de edad indeterminada llamado Orso. Su rostro, antaño hermoso, estaba marcado por una cicatriz que le atravesaba desde la frente hasta el labio, dejando a la vista la cuenca vacía donde antes había habido un ojo derecho. Aunque a primera vista podría haberse confundido con un matón más del submundo criminal de la ciudad en la que os encontrabais, se presentó como agente de la Alianza de los Lores, una de las facciones más poderosas de la Costa de la Espada, capaz de unir los recursos de sus grandes ciudades para enfrentarse a amenazas tanto externas como internas.
Te dijo que la Alianza había puesto los ojos en ti y en otros aventureros, y que él estaba reuniendo un grupo para una misión esencial: defender una fortaleza que pronto se vería asediada por una gran horda procedente de Thay. Después de unas cuantas jarras de cerveza, te prometió mil monedas de oro: doscientas al llegar a la fortaleza y el resto al finalizar vuestra vigía. Con esta promesa en mente emprendiste el rumbo hacia Espinaferro.
Si bien todos llegaríais a la fortaleza a primeras horas de la tarde, al no ser un grupo cohesionado y partir de distintos lugares, fuisteis llegando en momentos diferentes. Con solo dar vuestro nombre a los soldados que custodiaban la puerta, se os permitió entrar. La fortaleza parecía haber rejuvenecido gracias a los esfuerzos de la Alianza de los Lores y, aunque los tres edificios del interior mostraban desgaste, los muros daban la impresión de poder resistir un asedio. Uno pequeñito.
El olor a caballo os dio la bienvenida, y el relincho de un equino despejó cualquier duda de que el primer edificio de madera era un establo; el golpeteo lejano de un martillo sugería que el otro era una herrería. Sin embargo, los soldados que os acompañaban os condujeron directamente al edificio central de tres plantas, hecho de piedra. Allí os llevaron a una sala con siete sillas, una gran mesa redonda y varios mapas extendidos que mostraban Espinaferro y los alrededores. Sobre una cómoda aguardaban un plato con fruta, otro con embutido y pan, y varias copas junto a dos grandes jarras llenas: una de vino y otra de agua.
Los soldados os pidieron que esperaseis allí y que, cuando estuvieseis todos, la comandante pasaría a informaros de la situación.
Bueno, es momento de las presentaciones. En este primer post podéis narrar vuestra llegada a Espinaferro y describir a vuestro personaje y acompañante. El orden de la llegada será el de posteo, creo que será lo mejor.
Si queréis saber algo más sobre la fortaleza, podéis hacer una tirada de Historia.
Cuando los otros aventureros lleguen —de uno en uno, o como mucho en parejas, como suele ocurrir con los grupos improvisados— verán que la sala no solo contiene mesas, sillas y comida.
No está vacía.
A la izquierda, cerca de la mesa, se encuentra una joven semielfa de cabello plateado largo y ojos verdes que brillan de forma extraña bajo la luz tenue. Lleva una capa negra con un blasón poco común: un cuervo de alas abiertas sobre un escudo alargado. A la espalda se entrevé el arco; el escudo lo lleva apoyado contra la mesa.
No parece esperar a nadie. Camina lentamente por la estancia, sin rumbo claro, como quien inspecciona un lugar por costumbre más que por interés. En una mano sostiene una manzana roja, a la que ya le ha arrancado varios bocados.
Cuando el primer aventurero entra, ella apenas repara en él.
Ni saludo, ni gesto, ni palabra. Solo un crujido nítido mientras vuelve a morder la manzana, masticando con una calma que no encaja del todo con la situación.
Una calma que —sin razón aparente— incomoda.
Se escucha el repicar de una campana desde fuera de la tienda, la campana es agitada de forma enérgica y alegre, esta es llevada por una chica vestida como sirvienta, un traje mayormente negro con algunas secciones en blanco que contrastan mucho con tono oscuro de piel y su abúndeme melena pelirroja. Alrededor de su cadera se puede ver un grueso cinturón verde con plumas de varios colores.
La sirviente Xoco de Hur-Akan se presenta servir en nombre de Hur-Akan, con una de sus flechas prometo dar lo mejor de mí para eliminar a los objetivos.
El cinturón en sus caderas muestra un par de alas y aleta cuando ella menciona Hur-Akan, se puede ver como sale de su espalda una un cetro que termina con la forma de una serpiente, ya dentro de la tienda y tras hacer su presentación, esta guarda la campana en su mochila, saluda con la mano y una gran sonrisa a la otra mujer, quien parecía estar comiendo una manzana.
Hola, soy Xoco
Comienza a caminar por la tienda con curiosidad, notando lo que parecen ser botanas para esperar y beber, se inclina un poco a ver los mapas y continúa andando por el lugar, sin querer sentarse o quedarse quieta, recorriendo el espacio y aparentemente contándolo en paso al poner un pie delante del otro dando pasos.
El camino hacia el castillo serpenteaba entre rocas oscuras y tierras agrietadas, iluminado por un sol anaranjado que ya comenzaba a inclinarse hacia el horizonte. El aire era seco, cálido, y vibraba con el zumbido constante de insectos ocultos en la maleza. A lo lejos, sobre una colina que dejaba ver la silueta imponente del castillo, comenzó a escucharse un sonido distinto: un retumbar profundo, rítmico, metálico.
Vrrr—KSHHH—CHNK.
Los pájaros salieron volando de los árboles cercanos. Las pequeñas piedras del camino vibraron como si algo de gran tamaño avanzara a toda velocidad.
Y entonces apareció.
Primero, la luz: dos ojos rojos incandescentes que cortaron la distancia como el brillo de carbones al rojo vivo. Luego, la figura completa emergió al cruzar la colina: un simio mecánico enorme, una amalgama imposible entre un gorila y un vehículo de guerra triciclo, avanzando con fuerza contenida y precisión letal.
Cada una de sus enormes patas metálicas terminaba en una rueda compacta que giraba con suavidad sobre la tierra seca, mientras que sus manos sujetaban el eje de una rueda frontal de gran tamaño que trituraba el sendero con un rugido grave y vibrante. Su lomo, reforzado con placas de latón y acero ennegrecido, estaba coronado por un manillar y un asiento incrustado entre engranajes y tuberías brillantes.
Sobre él, sentada con seguridad absoluta, iba Sulma.
El viento levantaba su cabello mientras su capa ondeaba detrás como la estela de una cometa oscura. Los circuitos azulados de su armadura parpadeaban con energía, reflejándose en las placas del Ozaru motorizado que rugía bajo ella. Su mirada estaba fija en el castillo, una mezcla perfecta de cálculo, valentía y una chispa despierta de emoción por la inminente confrontación.
Detrás del asiento, la cola del simio, formada por segmentos de fibra y metal trenzado, se elevaba y curvaba, formando un sólido respaldo que emitía un brillo rojo intenso como si ardiera desde el núcleo mismo de la criatura, como un recordatorio de que esta máquina no era solo un arma, sino una extensión viva de la artífice que la había creado.
Al aproximarse al puente del castillo, el rugido de la criatura reverberó entre las murallas de piedra. Los guardias que vigilaban desde las almenas se quedaron paralizados, ojos abiertos, intentando comprender qué clase de monstruo cabalgaba hacia ellos… y quién era la mujer que lo guiaba con tanta confianza.
Zulma inclinó el manillar.
El Ozaru respondió con un bramido metálico.
Su entrada, tan ruidosa como majestuosa, anunció una verdad innegable:
Había llegado Sulma Briar.
Sulma es una humana de presencia llamativa, no por belleza clásica sino por la mezcla singular de ingenio, determinación y un ligero toque de excentricidad mecánica que la acompaña allá donde va. Tiene el cabello azul recogido en una trenza alta y gruesa, aunque varios mechones rebeldes enmarcan su rostro, marcando ojeras finas que delatan noches de trabajo entre engranajes y planos. Sus ojos, de un marrón dorado casi ambarino, se mueven con rapidez calculadora, como si catalogaran todo cuanto ven.
El gran gorila se detuvo y comenzó a cambiar de aspecto y a menguar de tamaño hasta convertirse en algo parecido a un chimpancé pequeño con cola y un curioso... ¿peinado? consistente en varios mechones irregulares con formas puntiagudas. Su cara tenía dibujada una estática e inquietante sonrisa. Sus ojos brillaban de color azul, dándole un aspecto simpático y alegre, que mira hacia todos lados con curiosidad. Con cada movimiento, su cola va emitiendo sutiles destellos azulados, procedentes de unas cerdas hechas de un material que parece poder transportar la luz.
Sulma avanzó por la fortaleza con la misma mezcla de curiosidad analítica y desconfianza automática que le acompañaba a cualquier lugar nuevo.
Orso... vaya sujeto. Había reclutado a un grupo heterogéneo, casi improvisado, pero había hablado de la misión como si fuese personal. Como si tuviese prisa.
Eso sí, pagar por adelantado siempre era algo de agradecer.
Cuando entra en Espinaferro, Sulma deja que su mirada recorra la fortaleza como si fuera un artefacto desmontable: analiza vigas, calcula espesores, evalúa distancias.
"Resistir un asedio, dice..."
Quizá para un asedio simbólico. O de enemigos que peguen flojo.
El olor a establo no la molesta —ha olido cosas peores en sus propios talleres— y el martilleo de la herrería le resulta incluso reconfortante. Pero... el sitio huele a arreglos recientes, a manos apuradas y materiales reciclados. Un lavado de cara rápido.
La Alianza quiere que parezca fuerte, pero Sulma está viendo las grietas... Puede que esa sea la razón de haberla llamado hasta este lugar.
Al entrar en la sala de reuniones, su atención se desvía inmediatamente de los mapas a las jarras de vino. Una parte de ella piensa que tal vez debería servirse una copa.
La otra piensa en cómo demonios va a reforzar un muro de esa altura, con esa piedra tan vieja, sin un presupuesto real.
Se sienta. Cruza una pierna. Se inclina hacia atrás, con las manos entrelazadas tras la nuca mientras observa la mesa.
Pero, al fondo de todos esos pensamientos prácticos, late algo más:
Una chispa de entusiasmo. El tipo de entusiasmo que solo un desafío imposible y potencialmente mortal puede despertar.
Es entonces cuando repara en que ya había alguien allí... Una semielfa un tanto seria y, por qué no decirlo... Inquietante. Wukee subió de un salto a la mesa y se quedó por un momento observando a la desconocida, que parecía ignorarles deliberadamente, con la cabeza ligeramente ladeada.
"Bien, si ese es su juego, seguiremos la corriente, por ahora..." Sulma se reclinó sobre el respaldo de la silla y comenzó a juguetear con el dispositivo que llevaba incrustado en sus anteojos, el cual desplegó una pequeña pantalla en el que comenzaron a aparecer montones de números y figuras incomprensibles.
Poco después llegó otra muchacha, algo más alegre y conversadora al parecer. Sulma se limita a saludar con la mano y sigue a lo suyo.
No se si el video se ve bien...
Brakar llegó a la fortaleza a pie, aunque su orden le había proporcionado un caballo, el prefería hacer los viajes andando, decía que así podía ver el mundo en su plenitud, cada detalle.
La fortaleza le pareció antigua pero solemne, habría sido importante en otra época.
El dracónido entró a la sala. Su aspecto era imponente, medía casi dos metros, de escamas rojas como la llama abrasador que ardía dentro de el, ataviado en una reluciente armadura completa, a su espalda un escudo plateado, al cinto portaba una espada larga y al otros lado de su cintura colgaba un gran libro plateado y azul con un emblema en el centro con forma de dragón de plata.
El paladín hizo una panorámica del lugar posando brevemente su mirada en cada miembro del grupo allí presente, lo justo para estudiarlos brevemente pero sin llegar a ser descortés y demasiado curioso. Saludo con un movimiento de la cabeza a cada uno de ellos.
-Hola a todos, soy Drakar Silverwind. Es un placer conoceros.-
A los pocos minutos de la llegada de Brakar, la puerta se abrió para dejar paso a una mujer esbelta y rubia, vestida con una armadura azul adornada con el símbolo de un dragón tanto en el pecho como en los laterales. Llevaba una espada larga al cinto y un escudo con un dragón púrpura sujeto a la espalda.
—Llegáis en buen momento. Las cosas se han puesto considerablemente más feas —dijo mientras se descolgaba el escudo y lo dejaba con cuidado apoyado en un mueble, liberando así sus movimientos—. Mi nombre es Mara Coronacero. Soy la representante de la Alianza de los Lores y comandante de las tropas de Espinaferro. Me gustaría poneros al día, pero antes necesito saber qué clase de gente nos ha enviado Orso.
Apoyó los puños sobre la mesa redonda y os dirigió una mirada a cada uno, evaluándoos en silencio. Se quedó callada esperando para ver quién era la primera persona en presentarse de este variopinto grupo.
LLega otra mujer, pero esta camina con el porte regio, de alguien que ha llevado una vida mas militar. El escudo con dragón púrpura llama su atención. Le suena al blasón del reino de Cormyr y se sonrie para luego dar otro vocado a la manzana. Había tenido "encontronazos" con ellos cuando no le dejaron hacer su trabajo. Sería muy cómico ahora estar bajo el mando de una Dragón Purpura.
Efectivamente es la que manda en el campamento. Le gusta el gesto de que quiera que nos presentemos, ella ya debe tener sus nombres - Lo tienen los de la entrada, ¿Como no va a tenerlos ella? -Y con estos algún tipo de informe sobre cada uno, pero ella quiere "conocer en persona". O quizá es que se fie poco de Orso.
-Ulrika. Mercenaria, cazarrecompensas, exploradora... con todo lo que se espera de mi profesión. - La voz destila seguridad en si misma y tiene un muy marcado acento. - Y con un conocimiento amplio sobre no muertos.
-Gira la manzana a una zona con la piel roja intacta y le da otro sonoro vocado. Luego mira al resto, cediendo la palabra.
Motivo: historia
Tirada: 1d20
Resultado: 5(+1)=6 [5]
Motivo: historia, escudo dragún purpura
Tirada: 1d20
Resultado: 14(+1)=15 [14]
Levantó la mano rápidamente, para llamar la atención, pidiendo el turno para ser la siguiente.
Soy Xocolatle d' Hur-Akan, una flecha de Hur-Akan: corazón del viento, capas de recorrer todo el mundo con solo una pierna, maestro del viento, el fuego y las tormentas.
Levantó el puño derecho de forma energía y la serpiente alada enroscada en mi cadera, trepa por el brazo hasta mi mano, extendiendo la alas de forma llamativa.
Y esta es chéel, una de las encarnaciones del poder de Hur-Akan, a mi pueden llamarme Xoco a secas, tiradora arcana experta, lista para asediar o vigilar, teniendo un rango de tiro de más de 200' sea de noche o de dia.
Bajo la mano a mi cintura apoyándola, Chéel se desliza de nuevo a mi cadera, enroscándose como un cinturón, camino a una de las sillas, sentándome en esta y cruzando la pierna, Chéel sube por mi espalda asomando por el hombro y cubriendo mi espalda con las alas.
Motivo: persuacion(que pregunten mas de Hur-Akan)
Tirada: 1d20
Resultado: 10(+5)=15 [10]
Oh, claro, una presentación. Está más que claro que esa mujer ya nos conoce casi mejor que nosotros mismos. La alianza de los lores no improvisa las cosas sobre la marcha. Probablemente su intención sea que el resto nos conozcamos algo mejor...
-Bien- dice con una voz grave y segura, que no necesita elevarse para imponerse -Supongo que ahora me toca a mí.-
Sulma se levanta de su asiento, posando una ballesta bastante grande y cargada de ingenios mecánicos, pistones, engranajes y tubos luminosos...
-Mi nombre es Sulma. Ingeniera, combatiente… y, cuando la situación lo exige, solucionadora de problemas poco convencionales.- Esboza una media sonrisa. -Me especializo en desplegar tecnología que amplifique fuerza, resistencia o presencia en el campo de batalla. Y sí- añade, con un gesto de hombro que sugiere que no es la primera vez que lo pregunta alguien, -la mayoría de mis inventos funcionan. Incluso los experimentales.-
Se detiene entonces junto a la mesa, donde Wukee, en su forma de pequeño mono de ojos azules, redondos y curiosos, juega con una cucharilla brillante que ha encontrado. Wukee la mira, ladeando la cabeza, como si esperara su señal.
Sulma alza una mano, sin brusquedad, pero con autoridad:
-Y este de aquí es Wukee. Mi asistente, mi "músculo"… y mi mejor prueba de concepto.-
El mono deja la cucharilla, se incorpora un poco y parpadea.
Zulma asiente una sola vez, solemne:
-Wukee. Forma de combate, modo de espera.-
La reacción es inmediata.
El pequeño cuerpo del mono se arquea hacia adelante como si hubiese recibido un impulso interno. Un temblor recorre su columna, seguido de un sonido bajo, profundo, metálico y orgánico a la vez. Su silueta comienza a expandirse, abriendo compartimentos de los que salen nuevas piezas que se van autoensamblando con suavidad controlada... sin dolor, sin violencia. mientras un halo rojizo recorre sus extremidades, como líneas guía iluminándose en un plano técnico.
Las patas se alargan, la espalda se ensancha, los músculos se tensan bajo una capa de energía contenida. En cuestión de segundos, la figura adorable se transforma en un ozaru compacto, agazapado pero imponente, una criatura preparada para la guerra… aunque aún en reposo.
La mesa crujió bajo el peso de la criatura, pero no cedió. Los ojos permanecen en un tono de color ámbar, que emite ligeros pulsos de manera periódica, fijos en Sulma, aguardando la siguiente orden. Ni agresivo ni dócil: simplemente listo.
Sulma coloca una mano sobre el antebrazo de la criatura, como para demostrar control… o complicidad.
-Tranquilos, no atacará- explica, mirando al resto. -Pero es suficiente para que entendáis de lo que somos capaces juntos. Si alguien tiene dudas… puedo activar el modo completo.-
Sonríe, solo un instante, como una chispa que ilumina la amenaza velada.
-Para aclararlo, puedo crear toda clase de cachivaches e ingenios que harían llorar a un mago y lo dejarían obsoleto, además de ser mucho más eficientes, claro- Explicó a su audiencia.
Sulma vuelve a tomar asiento, dejando que Wukee, aún en forma de combate, tras bajar de la mesa de un salto que hizo temblar el suelo, permanezca quieto detrás de ella, como una sombra colosal lista para moverse cuando ella lo decida.
Por último el dracónido dió un paso al frente y dijo.
-Yo soy paladín de la orden de Bahamut. Como podréis deducir mi función es mantenerme en el frente de batalla y tratar de proteger a aquel que no puede por si mismo.-
Posó su vista sobre el grupo y proseguir
-Si requerís de curación acudid a mi y trataré de adormecer vuestro dolor.-
Después se dirijio Lady Mara
-Si lo que contáis sobre Thay es cierto, mis poderes sagrado serán de utilidad contra posible enemigos sacrilegos.-
Brakar quedó a la espera de que Lady Mara diese mayor información sobre la horda que les acechaba.
Mara os observó uno a uno conforme os ibais presentando, deteniéndose ligeramente en Xoco cuando esta mencionó a Hur'Akan. Desgraciadamente parecía no poder, o no querer, detenerse en esos menesteres, pues empezó directamente a poneros al corriente de la situación de Espinaferro.
—Llevamos desde que nos enteramos de la llegada de la horda reparando esta antigua fortaleza, pero parece que se nos ha agotado el tiempo. Esta mañana, una imagen del rey nigromante Szass Tam ha aparecido en el cielo. Ordenó que todos los que estaban en la fortaleza huyeran o pasarían a engrosar sus filas de no-muertos.
Mara apretó el puño con fuerza sobre la superficie de la mesa, como si deseara pegarle un golpe para reafirmar sus siguientes palabras.
—Pero no nos vamos a dejar intimidar, y no vamos a abandonar una fortaleza que los Magos Rojos podrían utilizar como puerta de entrada a la Costa de la Espada. No han terminado de llegar todas las tropas de la Alianza de los Lores; de hecho, no puedo ni permitirme contar con algunos escuderos que sigan mis órdenes… Pero sí que han llegado los refuerzos de varias ciudades. Puerta de Baldur, Aguas Profundas, Nuncainvierno, Mithrill Hall y Argluna son las que nos han traído tropas, recursos y equipamiento. Hemos nombrado las cinco secciones de la muralla que rodea Espinaferro en honor a ellas y necesitaré que os ocupéis de defender una. Elegid cuál.
Mara os miró fijamente y estando acostumbrada al mando, esperó vuestras preguntas.
Los que tengáis competencia en perspicacia podéis hacerme una tirada dif 16.
Xoco parece distraída un momento para luego egresar su atención a la mesa.
Bueno, pues ocupamos un mapa de cada una para escoger una, yo puedo disparar desde cualquier lugar elevado, puede ser una muralla, un puente o algo así, sobre o atreves de una reja también puedo ocuparme.
Busco con la mirada los mapas que había visto antes, para ir a verlos.
Si todos debemos de vigilar el mismo, deberíamos ponernos de acuerdo.
Cinco secciones de muralla a defender y cinco "comandantes..." La cosa parecia ir algo justita.
-bien, en honor al gremio de ingenieros, tomaré la muralla de Baldur's Gate bajo mi protección. ¿De que recursos dispondremos para llevar a cabo la ardua tarea de defender el fuerte?- preguntó la ingeniera.
Sulma sabía que habia algo mas, pero no acertaba a saber de qué se trataba.
Motivo: Perspicacia
Tirada: 1d20
Dificultad: 16+
Resultado: 10(+2)=12 (Fracaso) [10]
Mara rebuscó entre los papeles de la mesa para dar con una imagen del castillo y la desplegó sobre la mesa. Era un mapa bastante actual que marcaba las diferentes secciones de la muralla con un dibujo del escudo de cada ciudad y una descripción del arma de asedio que habían traído.

—Tendréis que poneros de acuerdo entre todos, Sulma. Yo me encargaré de defender las otras posiciones con las tropas bajo mi mando.
Ulrika se guardó la manzana dentro de la capa y se quedó mirando con interés el plano. Le bastó unos segundos para saber donde situarse. Si bien su forma escalonada dejaba poco puntos ciegos, los lados mas prominentes eran los menos denfesibles. Luego había que entender la naturaleza del enemigo: se enfrentaban a un terrible nigromante que les echaria encima - muy seguramente - una horda no muerta que se benificia de la superioridad numérica juntos con monstruos reanimados y magia ofensiva.
-Puertas de Baldurs. - Vota y mira a Sulma con algo de complicidad aunque fugazmente. Luego dejó caer su atención en la lider.
-Lady Mara... Porta consigo un escudo de los dragones Purpura de Cormyr, estos no aceptan mujeres en al orden ni están adscritos hasta donde sé a la Alianza de los Lores y sin emabrgo aquí está usted. -Pausa- ¿Derrotar a Szass Tam es personal para usted?
-No debía urgar demasiado asi que el tono fue todo lo neutro que pudo, disfrazada de una pregunta profesional y es que un lider sediento de venganza podía hacer mal uso de sus tropas cegado por sus sentimientos.
-Tal vez heredó ese escudo de su anterior dueño, un ser querido y junto a este una deuda que solo puede pagarse con sangre. -Omitió y solo pensó esa parte, saboreando la tragedia.
Así que el grupo estaría designado a un mismo area.
-Personalmente cualquier sitio me parece bien. Por lo que si aquí nuestra compañera le cae en gracia sección de Puerta de Baldur que así sea, por mi no hay problema.-
El dracónido estuvo observando concienzudamente el mapa ofrecido por Mara, en busca de punto más vulnerables y donde podría apostarse para ser de mayor ayuda. Una vez concluyó miro de nuevo a su superior.
-Lady Mara, con su permiso ¿Podriamos echar un vistazo en persona a la zona de Baldur para concerla mejor? O incluso a ser posible ¿Hay alguien en la fortaleza que se conozca en profundidad todas las entradas, salidas y posibles pasajes secretos de la fortaleza? Nos sería de gran ayuda, Por si llegado el momento debieramos socorrer otra zona.-
Dijo mientras que con un dedo recorría posibles caminos sobre el mapa, pensativo.
Mara suspira ante la pregunta de Ulrika, aunque parece complacida de que la tratéis como a una noble.
—No, realmente no. Nada más allá de lo que tendría contra cualquier otro mago rojo. Mi problema es perder esta fortaleza: la construyó mi tatarabuelo cuando lo nombraron caballero de la Orden del Dragón Púrpura, y sirvió protegiendo la vida de dos reyes de Cormyr. Hace cincuenta años la destruyeron, y ahora que está restaurada pienso mantenerla.
A pesar de que la mayoría estáis decididos por la sección de Puerta de Baldur, Mara espera a que Xoco hable y fija la mirada en ella.
—En realidad, tus habilidades nos servirían desde cualquier sección de la muralla. —Desvía la mirada hacia el dracónido para responder su pregunta—. Te aseguro que no hay pasadizos ni puertas secretas ni nada por el estilo. La fortaleza es la que es; nos ha dado tiempo a reparar la muralla, y dad gracias por ello. Mis exploradores han avistado ya la horda de zombies y esqueletos que se acerca.
Sulma se irguió para observar los planos de la fortaleza, y sus ojos hicieron chiribitas al ver que disponían de juguetes... de maquinaria de asedio a la que podría meter mano para mejorar algo su rendimiento. Aunque pareció perder algo de esperanza al escuchar que la primera horda ya estaba en camino...
¿qué es eso? ¿un trebuchet? quizás pueda hacerle algunas mejoras... ¿de cuanto tiempo disponemos? ¿contaremos con personal para manejarlo?- Preguntó la ingeniera.
Con algunos materiales y algo de tiempo, Sulma podría optimizar la maquinaria para que requiera de menos personal para operarla, aumentar su cadencia de disparo, alcance, efectividad, crear munición especial con diversos efectos... Todo un parque de diversiones para una inventora de su calibre.
-Servos de carga oscilante, tensores de estabilidad anisotrópica, rotores de inercia inversa, poleas de doble retorno parabólico, un pistón de impacto contrarrotatorio, un sistema de enganche multi–sincrónico...-
Sulma murmuraba una larga lista de absurdos e incomprensibles tecnicismos acerca de las múltiples mejoras que se le iban pasando por la mente.
-Claro, y luego está el asunto de los materiales... Tendré que solicitar en la herrería a un operario exclusivamente para crear las piezas, hacer inventario de todos los materiales alquímicos y construir vainas de cerámica tectónica vitrificada para aumentar la eficiencia de la munición que haga Boom...- Sulma podría seguir así por horas...
Xoco se pone a mirar el mapa por un momento, fijando su atencion en puerta de baldur, sobre su hombro, chéel se asoma para el mapa como si lo entendiera, la cobertura que el terreno puede dar no es tanta, esta entro del efecto que sus tiros pueden manejar en la mayoría de los casos. No tenía muchas ideas o razones para escoger otra zona, por lo que no tiene problema en tomar esa posición.
Bueno... me parece bien este lado entonces, puedo enfocarme en los enemigos más llamativos, seguro que tienen algún esqueleto con sombrero chistoso que será el que está dando las órdenes, si se le quita la cabeza seguro que los demás se desordenan y serán más fáciles de vencer
—Me temo que el trabuquete ya lo tocaron los miembros del Templo de Gond, señorita Sulma. Y desgraciadamente no contamos ni con el tiempo, ni con los recursos para realizar cambios o mejoras.—Mara no puede evitar morderse el labio inferior antes de continuar.— Como comentaba al principio, habéis llegado en el momento justo. Mis exploradores se encontraron con la hor-...
Un golpe en la puerta hace que Mara se gire y da permiso para que entren.