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La Edad de la Inocencia (+18)

• James Lloyd •

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23/12/2016, 17:57
James Lloyd

 

Trafalgar Square - 25 de Abril de 1880

 

Con la HMS Endurance amarrada en puerto, tras siete meses de viaje, lo primero que hice nada más poner pie a tierra fue pasar por el piso de mi hermana Sarah. La visita de cortesía es corta, el deber se impone; Debo presentar los informes y el resultado de la misión ante el Almirantazgo y no tardo en excusarme.

Tras salir a la calle estoy a punto de parar a un carruaje, pero descarto rápidamente la idea. Hace uno de esos raros días soleados y mi destino no está tan lejos. -Tras meses en alta mar, me vendrá bien estirar las piernas- Pienso mientras me ciño el sombrero del uniforme y con la carpeta llena de documentos e informes bajo brazo me encamino hacia la Sede del Almirantazgo, en el Mall.

Subo por Convent Garden caminando a buen paso sin detenerme a admirar el teatro real de la ópera que a aquellas horas de la mañana está cerrado. En mi caminar apresurado voy esquivando y adelantando a personas que pasean tranquilamente o curiosean en el mercado de las flores.

Al llegar a Trafalgar Square la plaza está llena de gente disfrutando del sol, señores leyendo la prensa del día junto a las fuentes, dandis charlando sobre algo llamado fútbol que empieza a estar de moda y parejas paseando del brazo. El día festivo y el buen clima invita a la sociedad londinense a salir de sus casas.

La estatua de Lord Horatio Nelson me distrae brevemente. Mientras camino mi mirada se dirige al héroe de la batalla ante las costas andaluzas al que admiro profesionalmente. En eso está mi mente cuando tropiezo violentamente contra alguien. La carpeta con cartas náuticas, el diario de bitácora, informes de mi puño y letra...   todos mis papeles se desparraman por el suelo.

-¡Diantres! ¿Por qué no miras por don…  - Empiezo a reprender a la otra persona mientras recojo los papeles. Habituado a mandar en el barco y a que no se me contradiga es lo primero que me nace, aunque las palabras mueren en mi garganta al constatar el hecho de que ni estoy en mi barco, ni es un grumete lo que me he llevado por delante, sino una dama. – Oh, Dios -Mascullo, dejando la carpeta con los papeles en el suelo para ayudar a la mujer a levantarse -Discúlpeme señora ¿Está usted bien?- Le pregunto sinceramente preocupado mientras la ayudo a levantarse. No soy muy alto, pero soy de complexión fuerte lo que unido al buen ritmo que llevaba y el golpe que nos hemos dado, podría haberle hecho daño. Mi ignorancia en lo que respecta a la alta sociedad me impide reconocer a la persona que he arrollado, pero independientemente de ello trato de ayudarla mientras me deshago en disculpas.

 

Notas de juego

Uniforme de James:

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27/12/2016, 19:20
James Lloyd

Picadilly Avenue - 27 de Abril de 1880

 

Estando en tierra muchas veces me encuentro ocioso, tras haber cumplido mis obligaciones informando al Almirantazgo no tengo nada que hacer. Posiblemente tarden semanas antes de volver a ordenarnos zarpar de nuevo. Los primeros días en tierra son una bendición, pero al final acabo aburriéndome y añorando el mar.

Cuando no tengo nada que hacer, los días se me hacen tediosos, odio estar ocioso. Hoy es uno de esos días y para colmo de males, llueve.

Tras desayunar tomo la determinación de pasar la mañana en los almacenes Harrods. Hacer algunas compras, ir a al barbero a cortarme el pelo, dejar que me afeiten, en resumen; dejarme mimar un poco.

Agarro la chaqueta y antes de salir me miro en el espejo, el hombre que se refleja viste con pantalones y chaqueta azul oscuro sobre chaleco beige. El pañuelo del cuello es de un azul algo más claro. Conforme con mi aspecto salgo a la calle. En un impulso estoy a punto de agarrar el bastón que me regaló Sarah, pero rechazo la idea rápidamente. Nunca me ha gustado esa moda de dandis y caballeros de ir por ahí con bastones. -Los bastones, para los ancianos.- Pienso mientras bajo los escalones rápidamente, de dos en dos.   

Al salir a la calle empiezo a caminar buscando un carruaje libre, pero la intensa lluvia dificulta la tarea. Salgo a una calle contigua y desde allí me dirijo a Picadilly, en la avenida debería ser mucho más fácil encontrar un carruaje libre pero no consigo ver ninguno.

Finalmente, tras caminar un poco, veo un carruaje libre al otro lado de la calle y cruzo sin pensármelo mucho. La carrera es corta pero lo suficiente para mojarme bastante pues llueve con intensidad.

-A los almacenes Harrods- Le digo al cochero al pasar a su lado mientras alargo la mano para abrir la puerta, es entonces cuando mi mano se posa, no sobre el pomo de la puerta, sino sobre la delicada mano de una señorita. – Ups - Mascullo sorprendido por el contacto. La chica es poco más que una niña. -Em,  podemos compartirlo- Le digo, mientras abro la puerta invitándola a pasar, sé que no está muy bien visto que una señorita comparta carruaje con un desconocido pero que uno de los dos se quede bajo la lluvia tampoco me parece lógico.  

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29/12/2016, 00:47
Lady Northampton

La semana cerró con un inesperado pero auspicioso negocio. Cuando se reunió con el asesor financiero y éste la puso al tanto de las acciones que estaban en venta, tuvo dudas y se tomó un tiempo para pensarlo. No sólo se trataba de revisar las finanzas del negocio, sino también informarse de los potenciales nuevos socios. Su nombre no podía verse relacionado con personas de dudosa reputación; no obstante, fue su cuñada Sylvia Meriwether quien la iluminó sobre este último punto, convenciéndola de lo provechosa que sería esa sociedad.

Ya cerrado el trato, permanecía a la espera de la respuesta a la misiva enviada para conocer la fecha en que habría de reunirse en persona con su nuevo socio. Un encuentro, que aunque de negocios, esperaba ansiosa. Sylvia le había hablado mucho de él consiguiendo despertar su interés.

Aquella cálida e inusual mañana de domingo, regresaba de St Martin-in-the-Fields, iglesia en la que hacía caridad ─una de tantas─. El carruaje la esperaba del otro lado de la plaza, pues ella había decidido caminar. Acompañada de su doncella y seguida a prudente distancia pues su criado Warren Doumbouya, un gigante negro de casi dos metros de altura, de gesto adusto y marcado acento francés, que no la dejaba ni a sol ni a sombra.

Acababa de despedirse de uno de tantos conocidos con los que había intercambiado obligadas palabras de cortesía cuando un hombre, salido prácticamente de la nada, se cruzó violenta e intempestivamente en su camino, chocándola casi de frente, provocando que no sólo las cosas que ambos portaban en las manos quedasen desperdigadas por el suelo ─carpeta con papeles de él y el ramo de narcisos y azaleas de ella─, sino también la mujer que tuvo la mala fortuna de caer sentada en una poza que se había formado a raíz de la lluvia del día anterior.

 

─¡Por Dios! ─exclamó la mujer evidentemente molesta mientras era auxiliada por la doncella y el responsable de su desgracia─ ¿Cómo es posible que camine usted por la calles con semejante falta de cuidado? ─la mujer hablaba sin mirarlo mientras alisaba los pliegues de su falda y sacudía de paso sus manos.

Bastaron sólo un par de zancadas para que Warren les diera alcance y, como si temiera por la seguridad de su señora, se interpusiera entre ella y el marino.

─Ha estropeado uno de mis mejores vestidos y va a tener que hacerse cargo de ello ─añadió observando las flores dispersas en el suelo─ y lo que es peor, mis flores.

En eso su mirada se posó en uno de los papeles y vio el membrete. Recién entonces reparó en el hombre que la había embestido, dándose cuenta que vestía el uniforme de la marina. 

─Dígame, capitán ─James no podía ver el modo en que ella lo miraba pues las gafas ahumadas que traía puestas impedían que le viera los ojos─... ¿Es igual de imprudente cuando está al mando de sus hombres o es acaso su costumbre primero arremeter y después fijarse contra qué? ─llegados a ese punto se quitó las gafas y ni siquiera disimuló que lo examinaba de pies a cabeza─ ¿No es algo joven para ser capitán? 

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29/12/2016, 03:15
James Lloyd

A la mujer no le faltan razones para estar enfadada, pero su genio me pilla con la guardia baja. Em…  em… - Es cuanto acierto a balbucear en un primer momento, superado por la situación y sorprendido por la furiosa reacción de la dama.

Seguramente los meses que llevo en alta mar sin ver una sola mujer me estén pasando factura, pero mientras ella arremete contra mí, mi atención se centra en sus rasgos delicados y en la silueta que se adivina bajo el vestido estropeado. Que la dama no es ninguna mozuela salta a la vista, cómo también que pese a ello sigue siendo una mujer atractiva.

El contacto visual se rompe cuando un negro gigante se interpone entre nosotros. El tipo asemeja un chimpancé con sombrero de bombín, pero me guardo muy mucho de expresar mi opinión en voz alta. Sin duda se trata de algún criado con exceso de celo por su señora. -Calma amigo. Solo ha sido una accidente-  Le digo al grandullón para que vea que no tengo ninguna intención hostil.

Por supuesto señora- Respondo a la dama dando unos pasos hacia un lado para rodear la gran muralla negra y poder hablar directamente con ella sin tener que estar dando saltitos para mirarle a la cara. Bastante maltrecha ha quedado ya mi dignidad.

Lejos de ofenderme, sus pullas me hacen sonreír, nunca me había topado con una mujer tan segura de sí misma, atrevida y deslenguada cómo para hablarle así a un hombre que no conoce- Ciertamente señora, el capitán más joven de la armada. -Le respondo sin acritud, aunque sin entrar en detalles sobre el cómo ni porqué. -Tanto tiempo en alta mar cuesta acostumbrarse a que el suelo no se mueva. -Bromeo como respuesta a sus pullas sobre mi incompetencia. -Pero verdaderamente no hay justificación señora. Reitero mis disculpas. Gustosamente me haré cargo del vestido y de las flores. Pero no me quedaré tranquilo si no puedo compensarla de algún modo.

Sin duda la mujer debe de ser muy rica, su ropa, los criados, todo ello la delatan, posiblemente no haya nada que yo, un simple oficial pueda hacer por tan distinguida dama pero igualmente decido presentarme y ofrecerme- James Lloyd, señora. A su servicio. Solo soy un capitán de la armada, pero si hay algo que pudiera hacer por usted...  – Lo dejo en el aire haciendo una pausa antes de añadir; Cualquier cosa- Añado mirándola con cierto descaro que no resta sinceridad a mi oferta.

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31/12/2016, 18:47
Lady Northampton

La mujer se mostraba impávida, ninguna expresión en su rostro da cuenta de lo que siente o piensa, si eso sólo el tono de su voz podrá, si ella quiere, reflejar molestia o alegría. El capitán hablaba y ella lo examinaba con la mirada, mientras en su fuero interno no podía sino sentirse sorprendida por la liviandad con que éste se dirigía a ella, hasta el punto de causarle gracias.

La doncella había recogido las flores y ayudado de paso a recoger los papeles del señor Lloyd antes de que alguna ráfaga de viento los dispersara todavía más, pero en lugar de entregarlos a su portador, los acercó a la marquesa.

─Dáselos al capitán, Hanna, le pertenecen ─ordenó, pero sin que su orden pareciera una imposición sino más bien una sugerencia. Miró entonces a Warren y por un instante su tono pareció dulcificarse─. Tranquilo, estoy bien, sucia pero bien. Regresa al carruaje, no tardaré mucho más.

El gigante negro asintió y puede que por un tiempo más del debido observara a su señora, tal vez dudando si dejarla sola o no, mas acabó acatando la orden.e llevó la mano al sombrero e inclinó ligeramente la cabeza despidiéndose del capitán. Educado, sí, pero mirándolo con desconfianza.

─Su nombre es Warren, señor Doumbouya para usted ─le habría gustado decir a Ethel, pero no lo hizo porque fueron otras las palabras que salieron de su boca─ Ciertamente. Tanto tiempo en alta mar hacen olvidarse de muchas cosas y desconocer otras más, pero bien recuerdo que mi difunto esposo solía comparar el vaivén del mar con el producido por el alcohol cuando se excedía de copas, así que no me cabe duda que al igual que él, usted también sabrá hacer uso de subterfugio similar para no olvidar la sensación ─comentó irónica y mordaz.

Terminó de alisarse la falda y volvió a colocarse las gafas para enseguida abrir la sombrilla, resguardando su nívea piel de los rayos del sol.

─Más pronto que tarde tendrá noticias mías, capitán Lloyd, y la próxima vez que se dirija a mi hágalo correctamente ─extendió la mano para que él se la besara, los guantes de encaje que llevaba le dejaban los dedos al descubierto─. Soy la marquesa de Northampton.*

Notas de juego

*Sobre el tratamiento:

Formal: "Su señoría" (Ladyship) en conversaciones. "La muy honorable Marquesa de Northampton" en eventos formales, más que nada cuando la presentan.

Semiformal: Lady Northampton

Informal: podrán llamarla Ethel si ella lo permite, o señora.

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31/12/2016, 21:10
James Lloyd

Mi intención al mirar a la dama con descaro unido a las palabras “lo que sea” era hacer que sonriera, se ruborizara, o provocar en ella algún grado de enfado, aún a riesgo de que le ordenara al gorila darme una paliza. Era un riesgo que estaba dispuesto a asumir, sin embargo para decepción mía ni siquiera se inmuta. Sin duda la he juzgado mal, es demasiada mujer para escandalizarse por tan poca cosa.

Gracias- Le digo a la doncella, aprovechando que me entrega la carpeta para rozar sus dedos y dedicarle una sonrisa.  

Sin duda señora- Respondo divertido por las palabras de aquella dama, hermosa, pero de lengua viperina. - Pero no se preocupe, los marineros tenemos hígado de acero, estamos inmunizados contra el alcohol. Tampoco nos afectan los perniciosos cánticos mesmerizanes de sirenas, nereidas y demás brujas marinas que causan la perdición a los hombres con sus lenguas viperinas-Le respondo, muy gracioso yo, hasta que me dice que es la marquesa de Northampton haciendo que la sonrisa se me congele en la cara.

Ay, la hostia Pienso imaginándome de capitán en una lata de berberechos. No en vano yo solo soy un pobre diablo venido a más, pero la marquesa de Northampton es sobradamente conocida por su riqueza y por codearse con las élites del imperio. Unas cuantas palabras de una mujer tan importante susurradas a los oídos de algunos miembros de Almirantazgo podrían causarme problemas.

Por supuesto, discúlpeme señoría - Digo sin estar muy seguro de haber acertado con el tratamiento protocolario adecuado mientras me inclino y rozo mis labios sobre sus nudillos. En la academia de oficiales se nos enseña todo lo relacionado con el protocolo, aunque nunca presté mucha atención a esas cosas ¿Quién iba a pensar que algún día me toparía con una marquesa de verdad? - Esperaré noticias ansioso. Para cualquier cosa que precise.  

-Me van a fusilar por idiota. 

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02/01/2017, 04:39
Lady Northampton

«Los marineros tenemos hígado de acero» Le causó bastante gracia ese comentario, pero como es de esperar nada hizo o dijo que delatara su verdadero pensar.

—Veo que tiene alma de bufón, capitán, pero tenga cuidado. Tonterías las justas, si abusa de la falta de seriedad pretendiendo ser cómico puede causar el efecto contrario y acabar resultando ridículo o molesto. Hay hombres cuyas vidas dependen o dependerán algún día de sus órdenes, necesita contar con su confianza, respeto y lealtad.

Esperó a ver su reacción, debía admitir que el comentario fue intencionalmente malicioso, pero no pudo resistirse. Él había estado intentando picarla desde un comienzo y le producía una morbosa satisfacción ver los rostros de frustración de sus "adversarios" al encontrarse con la inmutabilidad de su rostro. La tachaban de fría, nada más lejos de la realidad, simplemente estaba en control de sus emociones y expresiones.

—Criatura interesante es usted, capitán Lloyd —pensó—, es un hombre educado pero es tosco, rudo y falto de modales... —se apartó un mechón de cabello del rostro— Hasta pronto, capitán, diría que ha sido un placer conocerlo pero las circunstancias distan mucho de ser agradables, no obstante la vida da muchas vueltas y este mundo no es lo suficientemente grande, por lo que espero que la próxima vez que nos veamos tenga la oportunidad de cambiar la impresión que me llevo de usted.

Dicho eso, se marchó. No volvió a mirarlo, pero sí lo hizo la doncella que le dedicó una coqueta sonrisa.

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03/01/2017, 00:38
James Lloyd

El duelo verbal se interrumpe cuando reconozco la autoridad superior de la persona con quien estoy hablando. En ese momento deja de ser un intercambio de pullas e indirectas entre dos iguales y me toca callar, tragando con todo lo que me dice.   

Me han criado seis hermanas, a las que les debo todo lo que soy, pero por muy tolerante que sea con las mujeres no puedo negar que a mi ego masculino le encantaría bajarle los humos (y de paso las enaguas) a aquella mujer tan insolente. Pese a que me encantaría replicarle tengo que morderme la lengua, el sentido común me llega para saber hasta dónde puedo tensar la cuerda - Por supuesto señoría- Me limito a responder en tono neutro.  

-No me extraña que sea viuda- Pienso con acidez- El marido debió de suicidarse.   

Hasta pronto señoría. Aguardaré ansioso nuestro próximo encuentro- Le digo educadamente a modo de despedida, aunque en cuanto se aleja unos pasos suspiro aliviado.  -Con un poco de suerte el infierno se congelará antes de que vuelva a verla.

El rapapolvo de la señora marquesa no me impide devolverle la sonrisa a su encantadora doncella, quitándome el sombrero brevemente en señal de despedida. 

Finalmente repaso los papeles de la carpeta y compruebo que no haya quedado ningún papel por suelo antes de seguir mi camino hacia la sede del Almirantazgo sin saber si reir o llorar por cuanto acaba de sucederme - ¡¡¡La marquesa de Northampton!!! Cinco millones de habitantes, la mitad de ellos mujeres y tenía que chocarme contra la más insufrible de ellas. –Niego con la cabeza, resignado, mientras sigo caminando.

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05/01/2017, 12:27
Eloise du Villone

Ah, quelle affaire! ¡No me puedo creer mi mala suerte! Creo que ya es la tercera vez que paso por esta calle intentando regresar a casa. O tal vez no, todas parecen tan iguales en este país tan extraño... Y húmedo, mon Dieu! Vaya si es húmedo. Siempre está lloviendo o a punto de hacerlo y ahora justo tiene que caer este chaparrón que me pega los cabellos rubios al rostro y empieza a empapar mi abrigo azul oscuro y el borde de la falda de mi vestido azul claro.

Pero he aprendido algo en las pocas semanas que llevo aquí, mais oui. Y esta vez sí que cogí dinero para tomar un carruaje si me perdía... Así que al menos no tendré que mojarme mientras camino sin rumbo durante horas. Y... Oh, allí parece haber uno disponible, así que correteo para alcanzarlo, exactamente como soeur Agnes siempre me decía que no debo hacer porque no es lo que hacen las señoritas.

Tengo la respiración un poco agitada cuando llego y extiendo una mano enguantada en blanco para refugiarme dentro cuanto antes. Me quedo quieta de repente al notar una mano sobre la mía y mis ojos se abren como platos buscando al dueño.

-Oh, pardón! -exclamo, apartando la mía de golpe.

Miro al hombre sorprendida de su propuesta, porque ya pensaba que me iba a tocar buscar otro carruaje y me lo pienso sólo un instante. Probablemente monsieur Wright no estaría de acuerdo. O tal vez sí. ¡Son tan raros estos ingleses! Pero no quiero mojarme más y el caballero parece amable. Así que me agarro del asa y empiezo a subir.

-Se lo agradezco, monsieur -digo mientras asciendo por los peldaños, con un marcado acento frances que todavía no soy capaz de quitarme-. Ah, mon Dieu! Llueve como si se hubiera abierto el cielo, ne c'est pas? C'est terrible esta ciudad tan húmeda, siempre está lloviendo.

Me siento en uno de los asientos con un suspiro en una posición recatada, con una mano sobre la otra, ambas en mi regazo. Probablemente no conseguiré quedarme quieta así mucho rato, pero algo estoy aprendiendo desde que llegué, bien sûr. Espero hasta que el caballero sube también para mirarlo con mi eterna curiosité bailando en mis ojos azules.

-¿Hacia dónde va usted? Yo quería llegar a Regent's Park, pero me temo que estaba un poco despistada.

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07/01/2017, 13:22
James Lloyd

Espero a que la joven señorita suba al carruaje, aguantando el chaparrón, para hacer lo propio tras ella. Al reconocer el inconfundible y hermoso acento francés la miro con mal disimulada curiosidad.

-Avec pleasure, mademoisielle- Le respondo en el mismo idioma aunque con un marcado acento británico, mi francés no es mucho mejor que su inglés. De hecho posiblemente sea bastante peor pues mis conocimientos del idioma se reducen a palabras tipo “Puerto”, “Aduana”, “Barco”, “Taberna”, “Señorita”, “Prostituta”…  aunque esas son cosas que un caballero no dice en presencia de una señorita.

Y menos delante de una tan bonita- Pienso mirando bien por primera vez a la angelical criatura.

Ciertamente señorita - Le digo pasando al inglés antes de que mis limitados conocimientos de francés se vean comprometidos. -Aunque esté mal que un inglés lo diga, concuerdo con usted; un clima horrible- Digo quitándome la chaqueta empapada- y espere a probar la comida. -Le digo bromeando.

Cuando me dice que su destino es Regents Park estoy a punto de responder que me dirigía a Harrods, pero mi destino está mucho más cerca y me obligaría a bajar antes.  

-Bendita casualidad, yo también me dirigía allí- Le digo en un impulso antes de ser incluso consciente de ello. Lo cierto es que no tenía nada urgente que hacer, tanto me da pasar la mañana en un sitio que en otro y si la compañía es agradable, mejor que mejor.

Por cierto. Soy James. James Lloyd- Le digo tomando su mano con delicadeza para depositar un fugaz beso en sus nudillos.- Enchanté.

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10/01/2017, 14:14
Eloise du Villone

Sonrío ampliamente al escuchar el francés en labios del caballero. Ya no sólo le debo un techo que me protege de la lluvia, sino también ese regalo para mis oídos que me transporta por un instante al hogar, incluso a pesar de su terrible acento inglés.

Me río cuando habla de la comida y escondo mis labios tras una de mis manos enguantadas. Parece un hombre symphatique y lo miro con curiosité cuando dice que también va a Regent's Park. Apenas conozco de vista a algunos de los vecinos, así que quizás viva por allí también. Mis ojos se abren cuando extiende su mano para tomar la mía y es que estoy poco acostumbrada a que me hagan ese tipo de gestos... Se me escapa una pequeña risita, pero al mismo tiempo me hace sentir adulta y cuando respondo lo hago intentando parecer esa mujer de mundo que no soy.

-Es un verdadero plaisir conocerlo, monsieur Lloyd -digo, con una pequeña inclinación de cabeza y una amplia sonrisa en los labios-. Mi nombre es Eloise du Villone. Pero oh, là là, no sea tan cruel con la comida... Sólo llevo algunas semanas en este país, pero el pudding inglés que he probado no estaba mal del todo -añado, bromeando divertida yo también.

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13/01/2017, 20:27
James Lloyd

Le devuelvo la sonrisa a la joven señorita.

Desde luego, es increíblemente guapa, agradable, ¡y francesa! Sin duda la chica hará muy feliz al hombre que se case con ella.

Tengo que sacudir la cabeza para quitarme las ideas inquietantes que se me forman en la mente. A solas, empapado, con una chica tan bonita y la palabra “francés” me hace pensar en cosas raras de esas que solo pasan en novelas en las que los protagonistas enamorados tienen encuentros apasionados.   

El placer es mío. Eres encantadora- Le digo tuteándola sin darme cuenta, muchas veces soy demasiado directo, el problema es que no me doy cuenta.- Mmm, sinceramente prefiero los croissants o el coulant de chocolatte de su tierra, pero agradezco sus palabras.

Mi pobre francés se debe que he visitado varias veces París a título personal, también he visitado Calé y Amiens. No me avergüenza reconocer que me encantan las obras de Julio Verne, tengo casi todas sus obras e incluso me hice miembro del club de Esperanto de Amiens solo por conocerle en persona. -Sonrío un poco avergonzado- Viajes a la luna… submarinos…  son cuentos ridículos, lo sé, pero no puedo evitarlo. Me encantan sus libros.     

Me corto un poco al darme cuenta de que prácticamente solo hablo yo.  

Si no es descortesía ¿Puedo preguntar que le trae a nuestro país, señorita Du Villone? Francia ha perdido mucho si han dejado escapar a una joven tan encantadora - Le digo a modo de cumplido.

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17/01/2017, 20:20
Eloise du Villone

Ay, mon Dieu! ¿Ha dicho que soy encantadora? Noto cómo mis mejillas se encienden, poco acostumbradas a escuchar ese tipo de cumplidos, y parpadeo apartando la mirada por un momento, mientras se me escapa una risita nerviosa. Pero enseguida vuelvo a mirarlo cuando menciona la comida de mi hogar. Ah... Extraño los croissants, mentiría si dijese que no y mentir no está entre mis costumbres. Y la mousse. Y el cassoulet de soeur Margot. Y la fondue... Oh, là là!

Pero el caballero sigue hablando y la comida queda en un segundo plano de inmediato cuando empieza a mencionar sus viajes y unos libros que no he leído nunca pero que parecen llenos de cosas fantásticas. ¿Viajar a la luna? Mais c'est fou! Pero ya ha despertado mi curiosité, bien sûr, y lo miro con los ojos bien abiertos escuchando todo lo que dice, hasta que repite que soy encantadora.

Esta vez ya no me pilla tan desprevenida. Mis mejillas se sonrojan igualmente y mis labios se curvan en una sonrisa floja, pero al menos no aparto la mirada como una niña avergonzada.

-Mais oui, monsieur Lloyd. He venido porque mi madre cree que debo mejorar mi inglés y aprender las costumbres de su país -Me encojo de hombros con cierta gracia-. Pero eso no es muy interesante, ne c'est pas? ¡Usted ha viajado mucho y ha leído libros! Yo no he salido nunca de París. Prácticamente ni siquiera había salido del convento hasta que me enviaron aquí, savez vous? Me encantaría escuchar sobre esos sitios que ha visto... Y sobre ese escritor, bien sûr. Nunca he leído nada suyo, soeur Agnes siempre decía que las mujeres no deberían leer demasiado... Aunque mi amiga Prue, que la conocí hace poco, aquí en Londres, dice que sí que tenemos que hacerlo. Así que no sé -termino, arrugando levemente la nariz ante esa diferencia de opiniones que me tiene incómoda estos días.

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24/01/2017, 22:43
James Lloyd

 

¿En un convento? Aprender la lengua, costumbres…  pobre chiquilla. Parece que solo tenga obligaciones - Pienso compadeciéndome de ella, no comulgo con el fanatismo de anarquistas o comunistas, de hecho me considero un tory, un conservador de derechas de los pies a la cabeza pero aún así no aprecio mucho al clero.

Anteayer mismo llegamos a puerto-Le respondo cuando me pide que le cuente cosas sobre mis viajes- Acabamos de llegar de Hong Kong, nuestra colonia China. ¿Te puedes creer que allí comen con dos palos? Lo más sorprendente es que les cunde más con dos palos que nosotros con una cuchara. Es una cultura fascinante, milenaria, aunque posiblemente dentro de poco haya guerra, son muy suyos y no llevan nada bien el colonialismo. Cuando partimos las cosas estaban muy revueltas por allí.

Oh ¿No conoces a Jules Verne? A eso debo ponerle remedio- Le digo sonriendo-  Es un compatriota suyo, en sus libros entremezcla ciencia y fantasía a partes iguales. Quizás sea por deformación profesional, pero uno de sus libros que más me gustan es Veinte Mil Leguas de Viaje Submarino. Un barco que navega bajo el agua ¿Te lo puedes creer? -Digo riendo. -Y recientemente ha escrito otro que se llama De la Tierra a la Luna... bueno creo que el título habla por sí solo. ¿Puedes imaginar viajar a la Luna?   

Como ves, me temo que coincido con tu amiga Prue. Los libros te distraen, te transportan a otros mundos, narran aventuras…  leer es fascinante, aunque para serte sincero me aficioné a la lectura porque me aburría durante las largas horas muertas en alta mar. Empezó como algo casual y he acabado cogiéndole el gustito a la cosa. -Me rio al recordar que la primera vez que adquirí un libro lo hice casi como una obligación. -Yo te recomendaría probar y juzgar por ti misma si te gusta o no.

Me asomo a la ventanilla viendo que llegamos a nuestro destino.

-Parece que amaina ¿Te parece bien practicar el inglés conmigo mientras paseamos por el zoo?- Le pido bromeando con el motivo. El verdadero motivo es pasar un rato con buena compañía -Creo que puede ser una ocasión única para aprender los nombres de los animales. -Digo apoyando mi argumentación.

Notas de juego

Perdoooooon por el retraso  >_<

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10/02/2017, 20:20
Eloise du Villone

-¡Con dos palos! -exclamo impresionada y con los ojos bien abiertos. -¿Cómo puede alguien comer con unos palos?

Pero me callo rápido para que el hombre pueda seguir contándome cosas de sus viajes y esos libros, aunque bien van salpicadas sus historias por mis "Ah, mon Dieu" y "Oh, là là" cuando menciona eso de un barco que viaja bajo el mar o de nuevo vuelve con lo de viajar a la luna, que me provoca un intenso "C'est fou!". Describe aventuras que nunca habría podido imaginar yo sola, pero que estimulan mi imaginación. Así que cuando termina, suspiro ostensiblemente, con una mano sobre la base de mi cuello por la impresión. 

-Pero una dama no debe tener tiempo para aburrirse, ne c'est pas? -pregunto algo insegura-. En el convento siempre decían que si una dama tenía tiempo para perderlo leyendo, podía emplearlo en rezar o hacer alguna buena obra. Decían que los libros podían confundirnos y darnos ideas extrañas. Y hacernos pensar demasiado. Salvo soeur Marise, claro, pero a ella la echaron del convento, savez vous?

Al ver que el caballero se asoma por la ventanilla, detengo mi verborrea y hago lo mismo por el otro lado. Mis ojos reflejan alivio al ver que está dejando de llover. Llueve demasiado en este país, bien sûr! Con su propuesta me lo piens un instante. Todavía es temprano y hasta que no suenen las campanas otra vez no saldrá monsieur Wright de trabajar, así que tengo algo de tiempo. ¡Y nunca he visto un zoo! Podría ser una aventura magnifique. Suelto la cortina y asiento con la cabeza.

-Será un plaisir ir con usted al zoo, monsieur Lloyd. Nunca he visto uno. Se supone que no debería salir con caballeros porque aún no me han presentado en société -voy contando mientras el carruaje se para y me preparo para bajar en cuanto se detenga del todo-, pero esto no es como una salida, ne c'est pas? Sólo es... un encuentro casual -matizo, ladeando la cabeza con cierta gracia-. ¿Y siendo marinero tiene usted muchos amis en Londres? -pregunto, cambiando de tema sin previo aviso-. Yo he conocido a gente vraiment interesante desde que llegué y... Ah, mire, ya hemos parado...

Sé que debería esperar a que el cochero o el caballero me abriesen la puerta, bien que me lo han explicado en mis clases... Pero me puede la impaciencia, así que estiro mi mano enguantada para accionar el picaporte y empiezo a descender con unos saltitos que a soeur Agnes sin duda la habrían escandalizado. 

-¿Habrá animales de sitios exóticos? -pregunto entonces emocionada con la idea de ver algo nuevo-. ¿Ha visto usted animales extraños en sus viajes?

Notas de juego

Perdóname tú a mí ahora >.<

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26/02/2017, 17:12
James Lloyd

Escuchando lo que Eloise me cuenta sobre el convento enarco una ceja. Que la única monja librepensadora fuera expulsada del convento dice mucho de en qué clase de lugar la tenían. No soy como esos extremistas anticlericales que solo piensan en quemar iglesias, pero no puedo evitar pensar en cuanto daño y en el atraso para el desarrollo que supone la Iglesia.

Que una chica tan atractiva como Eloise, que exhala sensualidad por cada uno de sus poros estuviera encerrada en un convento se me antoja un crimen.

¿Amigos? No muchos, la verdad es que se podrían contar en una mano. - Respondo- Pasar tanto tiempo en alta mar no ayuda a socializar, aunque estoy en ello.- Le respondo sonriendo, más contento aún cuando ella acepta mi propuesta.

En cuanto llegamos se me adelanta en el intento de ayudarla a bajar. Despues de pagar al cochero me acerco a ella. -Eso espero- Le respondo mientras le ofrezco mi brazo para pasear del brazo.

En Australia vi un canguro, un bicho de lo más raro que en vez de correr va dando saltitos. Me contaron una historia de lo más divertida -Le digo riendo al recordar la historia-  Resulta que cuando James Cook y sus hombres llegaron a Australia y vieron un canguro les preguntaron a los nativos “¿Que es esa criatura?” Los nativos respondieron “Kan ghu ru” que en la lengua aborigen significa “No te entiendo”, creyeron que se trataba del nombre del animal y Canguro se quedó.   

Caminando por el parque no tardamos en llegar a las primeras jaulas con animales. –¿Así que has conocido a gente muy interesante en Londres? Vaya - Digo fingiendo estar dolido - Espero que ninguno de ellos haya robado tu corazón, o tendré que batirme en duelo con él - Le digo bromeando a medias, físicamente Eloise me ha gustado desde que la he visto, habría que estar ciego para que no fuera así, pero lo cierto es que cuanto más hablo con ella más interés despierta en mí.

Notas de juego

Perdóname tú a mí ahora >.<

Ambos nos perdonamos mútuamente y en paz. ;D

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02/03/2017, 21:42
Eloise du Villone

Miro al caballero con cierta lástima cuando menciona que no tiene muchos amigos. Aunque yo no tenía muchos tampoco, al menos cuando llegué a este país. Ahora he hecho unos cuantos... ¡A lo mejor hasta necesitaría una mano y media para contarlos! 

En cuanto me ofrece el brazo lo cojo como me ha enseñado monsieur Wright que se debe hacer y sonrío para mí misma por todo lo que he aprendido en las últimas semanas. Pero enseguida mi curiosité se ve atraída hacia lo que cuenta monsieur Lloyd y se me escapa una risa suave que escondo tras las puntas de mis dedos cuando describe a ese animal que corre a saltos.

-Mon Dieu! ¡A saltitos!

Pero esa risa no es ni la sombra de la carcajada que sale de mi garganta con demasiada naturalidad para lo que soeur Agnes consideraría sin duda conveniente en una señorita cuando explica de dónde viene el nombre del bicho. 

-Oh, là là... ¡Cuanto me gustaría ver un animal como ese! 

Sus siguientes palabras me hacen dudar. ¿Eso es uno de esos galanteos de los que me han hablado? Lo miro curiosa y mis mejillas se sonrojan un tanto. 

-Mon coeur sigue en mi pecho latiendo. Otra cosa sería vraiment inapropiada, ¿no le parece? -respondo divertida, sin llegar a decir que sí, ni que no, ni todo lo contraire.

Y estaba a punto de retomar el tema de los amis para explicarle toda la gente que había conocido desde que puse un pie en Londres, pero entonces llegamos a las primeras jaulas y la emoción hace que me olvide de todo lo que iba a decir. Me suelto del brazo del caballero para acercarme sin miedo, movida por la intriga de ver qué bestias extrañas y exóticas habrá en ellas. Mis ojos se abren como platos al ver una especie de caballos extraños y jorobados sin crines y con el cuello largo. Mis manos se aferran a los barrotes de la reja que los contiene y hasta meto un poco la cara entre ellos para verlos más de cerca. 

-C'est incroyable! -exclamo, excitada por la extrañeza de las bestias-. Ah, monsieur Lloyd, ¿está viendo usted eso? ¿Qué son esos animales? ¡Son lo más extraño que haya visto jamás!

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17/03/2017, 20:21
James Lloyd

Cuando Eloise esquiva graciosamente mis galanteos diciéndome que su corazón sigue en su pecho me quedo mirándola divertido. - Touché – Admito, usando el vocablo francés que se usa en esgrima cuando el adversario consigue darte una estocada.

Si, si, inocente tal vez, pero sin duda no es la chiquilla fácil de impresionar y seducir por un hombre de mundo, como fantaseaba hacer.      

Aunque ya los hubieras visto antes, ciertamente ver animales exóticos siempre resulta fascinante, de modo que sigo tras ella, más pausado pero igualmente impresionado por las bestias.

Ten cuidado-Le digo agarrándola suavemente de los hombros-  Son dromedarios. Tienen muy mal genio, a veces escupen - Le digo divertido al recordar cierto episodio en El Cairo. – Abundan en los países árabes. Como los camellos, guardan el agua en la chepa y después pueden tirarse hasta meses sin beber.

 

El paseo nos conduce hasta la jaula del elefante, me quedo mirando a la majestuosa bestia con algo de lástima. ¿Sabes que en el futuro los elefantes no tendrán colmillos? Antiguamente un elefante sin colmillos era la cosa más extraña del mundo, una rareza, casi imposible de ver, como una persona con seis dedos en la mano o esos niños que nacen con malformaciones. Sin embargo hoy día hay muchísimos. Llevamos tantos años matando a los elefantes por el marfil de sus colmillos, que solo los ejemplares sin colmillos o con colmillos pequeños sobreviven pues los cazadores los ignoran. Como ves, la naturaleza, muy sabia, ha determinado que los elefantes para sobrevivir a los humanos deben dejar de tener colmillos. -Tras mi explicación me quedo mirando de reojo a Eloise, es cierto cuanto le he dicho, pero no sé cómo encajará una chica criada en un ambiente religioso ante la teoría de la evolución de Charles Darwin.

Notas de juego

Voy despacito, pero voy posteando :)