Partida Rol por web

La Edad de la Inocencia (+18)

• Lord Preston Ellsworth Parlow •

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21/03/2016, 04:13
Louis Kindelanver

A Louis le fue imposible no reír con la efusividad de Preston. Se dejó abrazar con familiaridad, pero cuando su cuñado se separó, hizo un gesto con las manos, como apaciguando.

No toquemos las campanas todavía —pidió, aunque su sonrisa, gemela a la de Preston, era amplia—. Todavía no me he atrevido a comentarle mis intenciones. Ella podría no estar interesada en mí. Al fin y al cabo debo parecerle prácticamente un viejo y no me sorprendería que tuviera a otros hombres pretendiéndola. 

Sin embargo, a pesar de ese breve asomo de sentido común, se acomodó en el sillón para responder las siguientes preguntas de su cuñado. Era consciente de que en asuntos de familias y apellidos, Preston sabía más que él.

—Su familia no es noble ni burguesa —aclaró—. Su padre es párroco, allí en Devonshire, y su madre es voluntaria en obras de caridad. Sin embargo, ella vive aquí en casa de su tía, que resulta ser amiga de Annabelle y además, la cuñada de Lord Kelvin, creo que te he hablado de él alguna vez. —Hizo una pausa y continuó. —Su primo, Henry Dashwood, es asesor financiero y está echándome una mano últimamente con las cuentas de la empresa. Es un hombre muy agradable.

Rastreó su mente, buscando algún otro detalle de la familia de la joven, pero no encontró más información en ella, así que siguió hablando de Prue, con un brillo creciente en los ojos que no se debía, al menos en parte, al alcohol.

—Ella trabaja como voluntaria en un orfanato en Whitechapel y si la vieras con los niños... Es toda dulzura y ellos sencillamente la adoran. Me gustaría que la conocieras, Preston. Tienes que dejar que te la presente —terminó, sonriendo.

Notas de juego

Me encanta el cuñado-bro en modo protector <3.

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23/03/2016, 09:25
Zona Fleming Howard

- Y por eso, mi señor, creo que buscáis a otra persona que no soy yo, no entendéis las cosas como yo las entiendo, aunque es agradable la conversación, seguro que gustáis de una persona más tranquila y llena de paz, más adorable, más decorosa y tímida – sonrío, - yo no soy la persona que necesitas, Preston, pero ha sido muy hermoso el juego. Yo soy contradictoria, pasional, agresiva, soy una ebullición de sinsentidos, los remansos de paz me aburren soberanamente.

Suspiro, pensativa, sabía que algo en él no encajaba conmigo, ahora lo veo claro, a él, como a todos los demás, le van las mujeres más silenciosas y decorosas, tímidas, con su sonrojo, y su exclamación ante lo imprevisto. Cuando soy yo la que dice algo imprevisto todos se asustan, y yo no quiero cobardes. Soy así, sorprendo, y lo desconocido da miedo, no ofrezco parámetros con los que jugar conmigo, no hay ningún patrón y eso desconcierta. Hortence tenía razón, yo no soy nada de eso, pero tampoco me importa, prefiero entregarme a la lucha que a un hombre que no me valora, o a uno de tantos repulsivos mujeriegos que van por ahí adueñándose de corazones ajenos y luego pasando a la siguiente incauta.

- Yo no quiero a nadie rendido a mis pies, quiero un guerrero que luche a mi lado. Porque la vida es una lucha perpetua – enarco una ceja y lo miro pero mis ojos se desvían al escenario rápidamente.

Ha terminado, y yo me siento más fuerte que nunca, y más poderosa, me siento capaz de engullir el mundo para nosotras.

- Quizás será mejor que nos separemos aquí y no  nos hagamos perder más el tiempo mutuamente.

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24/03/2016, 20:06
Lord Preston Ellsworth Parlow

- Y por eso, mi señor, creo que buscáis a otra persona que no soy yo, no entendéis las cosas como yo las entiendo, aunque es agradable la conversación, seguro que gustáis de una persona más tranquila y llena de paz, más adorable, más decorosa y tímida – sonrío, - yo no soy la persona que necesitas, Preston, pero ha sido muy hermoso el juego. Yo soy contradictoria, pasional, agresiva, soy una ebullición de sinsentidos, los remansos de paz me aburren soberanamente.

Me quedé de una pieza mientras escuchaba sus palabras, había un cambio repentino en su ánimo y ella ahora había optado por alejarme, alejarme cuando apenas comenzábamos a conocernos. Ojalá yo tuviera una clarividencia tan perfecta de cómo eran las personas que me rodeaban.

Reprimí una mueca de dolor y cerré mis ojos solo por unos instantes mientras mi espíritu sopesaba cómo tragarse la amargura y no dejarse arrebatar por ella -¿Cómo puedes estar tan segura? -fue lo único que salió de mis labios, con una mezcla de desaire e incredulidad, mis ojos la observaron intensamente no pudiendo ocultar la sorpresa, estaba tomando la oportunidad de conocernos y arrojándola a la basura y todavía no entendía por qué, si tan solo pudiera figurármelo -Apenas nos conocemos, ¿Solo por unas palabras me juzgas por completo cuando yo no lo hice contigo cuando te conocí? -deslicé tratando de descifrar por qué hacía esta gala de... crueldad hacia mí, no podía ocultar que estaba haciendo añicos cualquier esperanza que pudiera tener, y lo hacía tan livianamente con esa sonrisa en los labios... Como quien le dice a un niño que no llore con una sonrisa luego de que le ha pegado -¿Qué te he hecho tan grave para que me rechaces de esta manera y tan inesperadamente? -no quería preguntar, no quería dejarle ver cómo me afectaba este giro y sin embargo no podía evitarlo.

- Yo no quiero a nadie rendido a mis pies, quiero un guerrero que luche a mi lado. Porque la vida es una lucha perpetua – enarco una ceja y lo miro pero mis ojos se desvían al escenario rápidamente.

-La vida es una lucha, pero hasta en las guerras más cruentas el soldado tiene un remanso de paz al que se aleja su pensamiento para encontrar esperanza y unos brazos con los que sueña encontrarse al llegar a casa -sostengo -Dices que no quieres a alguien rendido a tus pies y es mentira, ¿Qué otra interpretación hay a "estas son mis reglas y como no haces lo que esperaba quedas fuera"?-inquiero respirando pausadamente, manteniendo la compostura -Las reglas de una relación se construyen de mutuo acuerdo, no sobre la voluntad de uno de los dos. Quieres alguien que haga aquello que tú deseas sin siquiera saberlo -suelto en reproche pero calmadamente -¿Quién puede salir airoso en una batalla así? -preguntó ya sin esperar respuesta.

No podía decir que me había roto el corazón, porque aún no se lo había entregado, pero la sensación era muy similar. Miren a quién le tocó hacer de la muchacha ahora.

- Quizás será mejor que nos separemos aquí y no nos hagamos perder más el tiempo mutuamente.

-Yo nunca consideraría que conversar contigo sería perder el tiempo, qué profunda pena que lo consideres así -me aparté de ella retrocediendo sin darle la espalda, su mano se deslizó de mi brazo y nos alejamos, hasta que varios pasos de distancia nos separaron. -Yo no hubiera jugado contigo, Zona. Ojalá que encuentres a alguien que pueda luchar contigo y sufrir contigo, alguien que cuando estés cansada de llorar te extienda su mano y te dé sosiego y que cuando seas feliz esté alegre contigo.

Esto era más de lo que mi orgullo podía soportar de un solo trago, tenía que alejarme y eso hice.

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25/03/2016, 01:11
Zona Fleming Howard

Mi carácter le sorprende, y lo hace replegarse hasta tal punto, que se marcha sin más. Recuerdo las palabras de él, susurrando que mi carácter es indómito y que los hombres se asustarán al conocerlo. Tiempo atrás le gustaba enfadarme, se quedaba allí, frente a mí, me plantaba cara, me hacía rabiar, me hacía hablar y hablar, para saber lo que pensaba realmente, para que lo sacara todo de dentro aunque fuera a voz en grito, roja de la rabia. Y yo le lanzaba mi tacita de té, esperaba darle aunque al soltarla me arrepentía y deseaba fallar en mi arrebato. No le importaba su dignidad, en sus ojos azules estaba aquel gesto, siempre seguro de si mismo, sabedor de lo que callaba, y yo esclava de lo que mi voz gritaba.

Él se marchó, y nadie ha podido conmigo desde entonces, no aguantan ni siquiera un asalto; cuando todo va bien, todo es hermoso, cuando de repente un pensamiento cruza mi mente, y a penas unas palabras con poca cortesía atraviesan mis labios, huyen. No los culpo por ello, en realidad no debe librar esta batalla. Un poco de mi carácter, y ahí marcha, alejándose. Esperaba algo más, y nada tengo. Esa loca manía de enfadarse con uno mismo por esperar y no con el otro por fallar. Qué tonta soy. Quizás espero demasiado del amor, pero desde luego no me conformaré con menos. No fingiré ser lo que no soy, si alguien debe quererme, me querrá con todo, o no me querrá.

Rompe a llover en un momento, y yo me quedo allí, pasmada, no he podido responder nada a sus preguntas, no me ha dejado. Debe estar acostumbrado a las muchachitas delicadas, dulces, tiernas, que nunca elevan la voz, y nunca piensan por sí misma. Hortence se habría comido a una muchacha así, yo no podía ser así, no podía ser tan fácil, mi batalla diaria es cruenta, y es cruel, sobrevivir todos los días es duro, y yo… debía ser dura, o no ser.

Me llama mentirosa, afirma cosas que yo no he dicho en tan poco, atribuyéndome intenciones que no existen; he dicho pocas palabras, no ha entendido ninguna, cegado en su orgullo y en salvaguardar su dignidad ha saltado sobre mí con reproches absurdos. No le guardo rencor, soy indomable, y ciertamente incorregible. Debía marcharse, así que mejor pronto que tarde.

- Murmuro algo que solamente yo alcanzo a escuchar.

Sin duda, mirando su espalda, me doy cuenta de todo. Miro al cielo, sonriendo de medio lado, las gotas frías de agua resbalan por mi cara. Suspiro, un escalofrío me recorre la espalda, y entonces me vuelvo y camino, tranquilamente, a pesar de la lluvia, o mejor aún, gracias a la lluvia. Tengo un trecho hasta casa, espero no coger un catarro... frunzo el ceño ante la idea y acelero el paso.

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26/03/2016, 23:18
Lord Preston Ellsworth Parlow

Me ha sacado de quicio tan hábilmente que tardo unos segundos en recuperar aire, compostura y algo de sentido común. Cierto, soy un orgulloso y un pomposo, acostumbrado a que todos hagan y deshagan a mi alrededor, tanto hablar de los derechos de las mujeres pero si ellas no se expresan como me gusta tampoco tengo derecho a cortarla como lo he hecho, siento que ella me debe una disculpa pero no puedo reprimir oír esa voz que me dice que ella no es como las demás muchachas, estamos en un mitín de sufragistas por el amor de dios, ¿Realmente esperaba un espíritu suave y cálido, una muchacha que hiciera lo que yo quería? ¿No era que deseaba exactamente lo contrario?

No podía dejar que se marchara sola bajo esta lluvia y con el cielo nocturno abalanzándose sobre la ciudad, mi orgullo tenía un punto límite y era el daño a los otros, si algo le pasaba por mi negligencia... Demonios. Además... Ella me intrigaba, desentrañar un espíritu así tenía un alto costo que podía valer enteramente la pena.

Me apresuré a alcanzarla caminando rápido bajo la lluvia, fría todavía, de la primavera. -Señorita Fleming Howard -dije poniéndome a la par suya -No puedo dejarla marchar sola bajo esta lluvia, por favor, deje que la acompañe hasta su casa. Me he comportado como un idiota -apostillé.

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27/03/2016, 06:15
Lord Preston Ellsworth Parlow

Ver a Louis tan... ¿entusiasmado? ¿alegre? Me causaba un nuevo y secreto placer. «No toquemos las campanas todavía» ¡Ah! Pero entonces estaba pensando en las campanas, lo reconociera o no. O por lo menos estaba sopesando la idea.

-¿Viejo? -solté una risa divertida -No seas modesto Louis, un hombre experimentado, hecho y derecho como tú se puede alzar fácilmente entre el mar de muchachos atolondrados de su edad - “Y si hay otros pretendientes veremos qué se puede hacer para barrerlos a un costado”, me dije.

Escuché cuanto me decía de la familia de la muchacha que le interesaba, padre párroco, o sea que posiblemente la tierra no sea de él, sino de quien se la ha cedido mientras viva, y si se la han dado para él hay que tener en cuenta a los hermanos varones... divagué. La madre hace caridad, ¿Cómo compatibilizaremos esa familia y yo, un agnóstico renegado? Me pregunté. ¿Será una chupacirios? No, Louis no es del tipo que se fija en esas mujeres. Debe tener un buen corazón.

Y de pronto, me di cuenta de algo que me dio un pequeño ataque de pánico: si Louis volvía a casarse, ¿Qué papel representaría yo en su vida? “Pero qué tonto, Preston, son como hermanos”, traté de tranquilizarme.

«Y si la vieras con los niños», suspiré para mis adentros, "Siempre has sido un corazón tierno, cuñado. ¿Estará pensando en niños? Debería pensar en otra cosa antes... en como hacerlos, por ejemplo".

Me aclaré la garganta -Si piensas que ella está bien para ti, entonces ¿Qué puedo yo agregar? -sostuve determinado a investigar a la familia un poco más por mi cuenta, me correspondía hacer el papel de Darcy para mi Bingley -Me encantaría conocerla -agregué dándole una mirada condescendiente.

Miré el fondo de mi vaso vacío y le di un par de vueltas en el aire -Esta es una sorpresa del todo agradable Louis -afirmé no cabiendo en mí del contento -Pero si esa señorita te interesa y posee las cualidades que has enumerado deberías hacer algo más... determinante y mostrarle tus intenciones -lo apremié -Has dado con una gema de inigualable valor que brilla para ti más que ninguna, ¿Qué es aquello que te hace dudar en tomarla?

Notas de juego

Solo estoy cumpliendo con mis deberes de bro, no voy a dejar que ninguna bruja te rompa el corazón XD <3

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30/03/2016, 05:50
Louis Kindelanver

Louis se encogió de hombros con las primeras palabras de su cuñado. No era tan sólo una cuestión de edad, sino de vivencias. Y él era consciente de que ya no era el adolescente alegre y vivaz que Edith había conocido. Apenas quedaba una sombra de ese joven en el hombre pálido y ojeroso, consumido por la ausencia, en que se había convertido. ¿Cómo iba a hacer frente su melancolía a la lozanía de la juventud? En algunos casos la experiencia era un lastre y no un apoyo.

Pero no quería volver a teñir de tristeza aquella conversación, así que no dijo nada de eso en voz alta, apartando aquellos pensamientos algo lúgubres a un rincón de su mente. Ya tendrían tiempo de asomar sus tentáculos sombríos cuando estuviese a solas. En aquel momento, en cambio, prefería sonreír al ver la alegría que Preston sentía por él.

Nunca había dudado de que ese hombre al que consideraba como un hermano se alegraría por él si alguna mujer volvía a llamar su atención en algún momento. Se sentía satisfecho al ver que así era, que podría contar con aquel hombre a las duras y a las maduras. Asintió entonces.

—Estoy deseando que la conozcas. Tal vez la semana que viene... Veré de buscar la manera de presentaros.

Sin embargo, llegaron las últimas palabras de Preston acompañadas de esa pregunta y Louis tomó aire entre dientes. Llevó el vaso a sus labios y lo apuró de un trago para después levantarse, sin responder todavía, con cierto aire pensativo. Caminó hasta el mueble bar y se hizo con la botella que había usado antes para llenar los vasos que ya estaban vacíos. Al regresar, llenó ambos, con tres dedos de whiskey cada uno y cogió el suyo para dar un nuevo trago antes de sentarse de nuevo.

—Me da miedo —confesó con una naturalidad impropia de un caballero al reconocer que sentía temor—. Me asusta que me rechace, me da miedo no ser suficiente para ella, que tan sólo sea lástima por un viejo triste lo que siente por mí. También me inquieta no ser capaz de amarla como ella merece, que se sienta siempre un segundo plato en mi vida. Me da miedo darme cuenta dentro de un tiempo de que realmente no es a ella a quien busco al mirarla. —Hizo una pausa y bebió un sorbo más antes de terminar con el último y más grande de sus temores. —Y me da pánico que a Edith... —dejó que el nombre de aquella que todavía era la fuente de sus anhelos cada noche flotase en el aire durante un instante antes de continuar, en un tono más bajo y grave—. Me da miedo que a Edith no le parezca bien.

Notas de juego

Tu último post es como para enmarcarlo entero, de principio a fin XD. Me encanta :).

¡Pero quiero saber tus novedades! ¿Te parece si cerramos la escena en dos o tres posts y hacemos un salto hasta el día 2 por la tarde? Y así cotorreamos las noticias ^^.

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30/03/2016, 13:42
Zona Fleming Howard

 Hortence sonreiría ahora mismo, “nadie te soportará jamás, querida, esa es la realidad, acéptala”, esas serían sus palabras, y de alguna manera sé que tiene razón, soy demasiado brusca, demasiado impulsiva, demasiado charlatana, demasiado todo. Las dosis no me hacen justicia, todo lo desbordo, todo lo sobrepaso, todo lo cruzo. Espero que no me odie por ello.

Observo el final de la calle, la lluvia empieza a empapar mi vestido, y mi cabello, la oscuridad se cierne, toda ella sobre mí; también en el cielo. Demasiado melancólica a veces, demasiado triste, o demasiado feliz, y río a carcajadas ¿Qué hay de malo en mí que tanto asusta? Supongo que es la dosis. Dicen que los mejores perfumes vienen en frascos pequeños, comedidos, gráciles, y yo… yo me terminaría esos perfumes en un par de días, no están hecho para mí.

En mi tristeza desmedida me siento acompañada por un puñado de letras que no son reales, y que quizás no debieran serlo; sumida en autocompasión, y autorechazo escribo y me hundo en mis demonios, y él me acoge, los entiende, los comparte, mis infiernos pesan menos. Pero solo eso, un puñado de letras tristes, nada más hay ahí.

Y antes, antes estaba él… que me dejó tirada, que desapareció. El mundo es un lugar lleno de mentiras, rebosante de gente que por no apostar su propio corazón, apuestan el de la primera insensata que decide entregarlo por voluntad propia. Estoy hecha un lío.

Hay tanto por descubrir que no sé cómo reaccionaré. Y ahora se marcha la única persona que ha empezado a conocer mis pensamientos más bajos, esos que nadie conoce, como la mano impactando sobre mi retaguardia, una voz murmurándome bajezas al oído… También es la única persona que los conoce.

Una voz tira de mí misma, devolviéndome a la calle. Se fue, huyendo de mí, enfadado, y ahora vuelve, supongo que preocupado por mí. Sonrío, y no sé por qué, abrazo al hombre, no pienso, simplemente lo hago, lo abrazo aupándome sobre mis tacones. La lluvia cae y moja, el mío es un agrazo agradecido que no se prolonga demasiado en el tiempo. Luego vuelvo a mi sitio y me enebro a su brazo, sonriendo.

- No importa, siento que mis palabras te hayan molestado tanto, supongo que soy muy caótica… - sonrío mirando al frente, con unas hebras de melancolía manchando la sonrisa – y me explico horriblemente mal… - lo miro de reojo – gracias por acompañarme y preocuparte por mí.

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01/04/2016, 01:20
Lord Preston Ellsworth Parlow

En cuanto me pongo a su lado y le pido disculpas sucede lo inesperado: se voltea y me abraza. Siento su cuerpo contra el mío que exuda calor a pesar de la lluvia fría, el aroma de sus cabellos se impregna en mi ropa y se filtra por mis fosas nasales, sumiéndome en una especie de trance, puedo percibir la suave presión de sus senos contra mi pecho de manera palpable. Dios, cuánto la deseo, siento mi cuerpo respondiendo al suyo con cada fibra, con cada músculo y vena.

Al principio permanezco impertérrito, inmóvil a causa del asombro, con el aliento cortado mientras una mezcla de profundo deseo e inexplicable ternura me invade; por unos instantes no logro dar con la manera de manejar sensaciones tan dispares. No obstante, acierto a relajarme levemente entre sus brazos balanceando ese peso inesperado entre mis brazos, que la acunan. Suspiro largamente y miro hacia el cielo violeta y ennegrecido cerrando los ojos, dejándome llenar por esas sensaciones tan intensas, degustando esa amable sensación de vulnerabilidad que da lo desconocido y lo aceptado.

Bajo mi mirada hacia ella y hundo mi nariz en su cabello salvaje y hermoso como ella. Era una fiera, quería domar a la fiera, quería que esos ojos de tigresa que tanto me atrapaban fueran solo para mí, que brillaran solo ante mi pensamiento y que esos labios voluptuosos solo pidieran por mi nombre.

Allí bajo ese demencial chaparrón lo comprendí tan cabalmente que sentí una inmediata calma y de pronto no tuve más dudas, salvo una ¿Ella me aceptaría? La lluvia caía densa sobre nosotros, nos empapaba por completo y hasta los huesos pero la verdad es que no importaba en lo más mínimo.

Claro que todavía no podía confesarle eso, no hasta estar seguro de que Louis no había penetrado lo suficiente en su corazón como para arrebatármelo antes siquiera de poder luchar por él. Pero, ¿Y si era así? ¿Si no tenía ya la más mínima chance? Mi corazón latía fuerte en mi pecho al separarnos mientras mi mente iba y venía pensando rápida e inconexamente.

Me compongo cuando enlaza su brazo al mío y la miro de frente, directo a los ojos -Sí que importa, no tenía derecho a hablarte así -afirmé con la voz queda, quizás no debí hacerlo pero alcé mi mano y le corrí un mechón de cabello mojado hacia atrás de la oreja -Ya nos enteremos -dije sonriendo, dejando ver muy sutilmente mis intenciones -Claro, si no nos matamos antes -bromeé para distender el aire. -Me preocupo, claro. No podría perdonarme que algo malo le ocurriera a una mujer como tú, tan arrebatadora como perspicaz- no lo decía por elogiar, lo decía porque era verdad. -¿Hacia donde tendré que escoltarte? -miré calle arriba y calle abajo.

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01/04/2016, 13:38
Zona Fleming Howard

Estoy siendo demasiado hipócrita, me quejo de todos esos hombres que engañan a las mujeres con falsas promesas, y sin embargo yo no estoy contando la verdad a un hombre que ha vuelto por mí, callando por otro que probablemente jamás me querrá. ¿alguien podría quererme? No, no lo creo, Hortence se encarga de derramar la venta de mis ojos.

Lo miro, sonriendo, pero luego, sujeta a su brazo, camino, asintiendo, indicando el camino. Y callada voy avanzando, pensativa. Está bien, creo que es hora de prenderle fuego a todo, sin miedo a que se enfade, sin fantasmas escondidos en esos papeles que tanto adoro. Es hora de hacer las cosas a mi manera.

- Quiero… contarte algo – suspiro, acongoja– creo… que mereces saberlo, y… bueno, entenderé que te replantees eso de acompañarme a casa, no vivo lejos, tranquilo. Y entenderé también que me odies – frunzo el ceño, mirando a la calle, mi paso no es apresurado, no me importa mojarme – me siento muy confusa… y muy angustiada. Perdóname por la brusquedad de mis palabras, siento ser tan desgarradoramente sincera, pero tiene que ser así, no puede ser de otra manera. – el tono de mi voz está moteado de tristeza. - Creo que conoces a Louis… - sonrío, amargamente mientras camino, siempre mirando al frente – yo también lo conozco, o más bien diría que he tratado con él. Cuando Edith murió, decidí escribirle, no sé por qué, yo… bueno… soy así… y nos hemos carteado desde entonces, con los años y las cartas, se ganó mi corazón, muy a su pesar supongo, pues no creo que fuera esa su intención, tampoco la mía lo era.

Suspiro, la verdad es que resulta difícil de contar todo esto, la última de las cartas me hizo daño, y luego se contradijo a sí mismo.

Hace frío, la lluvia ha calado todo el vestido, y aunque caminamos algo deprisa, estoy empapada. Un reflejo fiel de mi estado de ánimo.

– Yo no creo que ocupe su corazón, porque no creo que alguien como yo pueda ocupar el corazón de nadie, pero él si ocupa una parte del mío, no sé cómo ha ocurrido… pero lo ha sitiado, sin proponérselo, – murmuro – él… y yo… y… - trago mientras los demonios me arrastran a algún lugar tormentoso - no creo que sea consciente del todo, y yo tampoco lo era hasta que apareciste tú. Él lo sabe… y conociéndolo como lo conozco, seguramente se haga a un lado sin pena ni gloria. Y eso… me duele… muchísimo… - vuelvo a suspirar, tragando lágrimas que se me aglutinan en la garganta, arañándome. – Perston… tú… me gustas, si he de serte sincera, de no ser así no te habría contado nada, pero cuando estoy contigo… - cierro los labios un momento, aún no he tenido valor para mirarlo a los ojos, pienso cómo decirlo, y me dejo llevar sin más - ahora mismo dejaría que metieras tu mano bajo mis aguas y me hicieras lo que quisieras, creo que lo disfrutaría muchísimo, sin embargo, tengo en el pecho un corazón muy resquebrajado y maltrecho, un corazón que estaba muerto, y revivió, lleno de fantasmas y confusiones, pero revivió, y ahora… se me muere de nuevo, a veces me lo devuelve, otras veces lo toma prestado... Tú quieres paz, y yo no podría dar paz a nadie, jamás. Huye de mí, es lo más sensato que puedo decir esta noche.

Frunzo el ceño, no voy a llorar, ya he llorado suficiente, no voy a seguir llorando, me refugio en la idea de las enaguas, y la mano. Mis ojos vidriosos iban a verter lagrimas suicidas, y me niego, no lloraré ésta noche, no lloraré de angustia ¡No quiero llorar!

Un trueno, augurio de mi corazón, abre los cielos un momento, y vuelve a cerrarlos en un atronador grito de angustia.

- Puedes odiarme si quieres, puedes quedarte callado y no decir nada, puedes marcharte, incluso puedes abofetearme, aunque creo que eso me gustaría - el gesto angustiado se rompe, de repente aparece una sonrisa de medio lado – mi casa está a un par de manzanas nada más.

Notas de juego

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01/04/2016, 15:46
Lord Preston Ellsworth Parlow

Las palabras me atraviesan sin piedad, qué placentero dolor atraviesa en esos momentos mi corazón, mi cuerpo, ¡Mi misma alma! Entre la más pura impotencia y el más ardiente deseo mi espíritu se consume, me siento más vivo que nunca y quiero esa vida, no voy a dejarla ir.

-No voy a odiarte -dejo escapar antes de que me revele aquello que está en su corazón, y si la odio será tan arrebatador que creeré que la amo. Sé lo que va a decirme, como si fuera un clarividente veo sus palabras venir montadas en corceles negros.

- Me siento muy confusa… y muy angustiada. Perdóname por la brusquedad de mis palabras, siento ser tan desgarradoramente sincera, pero tiene que ser así, no puede ser de otra manera. – el tono de mi voz está moteado de tristeza. - Creo que conoces a Louis… - sonrío, amargamente mientras camino, siempre mirando al frente – yo también lo conozco, o más bien diría que he tratado con él. Cuando Edith murió, decidí escribirle, no sé por qué, yo… bueno… soy así… y nos hemos carteado desde entonces, con los años y las cartas, se ganó mi corazón, muy a su pesar supongo, pues no creo que fuera esa su intención, tampoco la mía lo era.

-Lo sé -musito casi temblando, por el frío y por los celos, siento cómo me sube la sangre al rostro y me enciende el cuerpo. Aprieto las manos al costado de mi cuerpo y luego las abro, con los dedos crispados. Tengo que respirar varias veces para poder controlar estas sensaciones que me dominan por completo.

– Yo no creo que ocupe su corazón, porque no creo que alguien como yo pueda ocupar el corazón de nadie, pero él si ocupa una parte del mío, no sé cómo ha ocurrido… pero lo ha sitiado, sin proponérselo, – murmuro – él… y yo… y… - trago mientras los demonios me arrastran a algún lugar tormentoso - no creo que sea consciente del todo, y yo tampoco lo era hasta que apareciste tú. Él lo sabe… y conociéndolo como lo conozco, seguramente se haga a un lado sin pena ni gloria. Y eso… me duele… muchísimo… - vuelvo a suspirar, tragando lágrimas que se me aglutinan en la garganta, arañándome. – Preston… tú… me gustas, si he de serte sincera, de no ser así no te habría contado nada, pero cuando estoy contigo… - cierro los labios un momento, aún no he tenido valor para mirarlo a los ojos, pienso cómo decirlo, y me dejo llevar sin más - ahora mismo dejaría que metieras tu mano bajo mis aguas y me hicieras lo que quisieras, creo que lo disfrutaría muchísimo, sin embargo, tengo en el pecho un corazón muy resquebrajado y maltrecho, un corazón que estaba muerto, y revivió, lleno de fantasmas y confusiones, pero revivió, y ahora… se me muere de nuevo, a veces me lo devuelve, otras veces lo toma prestado... Tú quieres paz, y yo no podría dar paz a nadie, jamás. Huye de mí, es lo más sensato que puedo decir esta noche.

Ella me decía que la odiaría pero dudaba que después de lo que iba a hacer y a decir ella no me odiara a mí también.

-Tú también tienes derecho a que te retribuya esa sinceridad abrasadora con la que me has incendiado la razón -sostuve respirando trabajosamente, tenía el corazón en la mano y nunca en mi vida me había sentido tan arrebatado por ese remolino de sensaciones -Él está enamorado de otra -solté sin misericordia. Sentía una rabia viva, porque así como amaba a mi cuñado como un hermano odiaba su cobardía, y ahora venía a darme cuenta, dolorosamente, que él me había enviado a hacer el trabajo sucio por él, me había enviado a romperle el corazón a ella porque él no había podido.

-Él me lo dijo, todo sobre sus intercambios por carta -sostuve mientras las gotas de lluvia me recorrían por completo y me dificultaban la visión de a ratos -Y aún así hoy estoy aquí, frente a ti -la miré a los ojos y di un paso cerrando la poca distancia que había entre nosotros. La tomé por la cintura, si se resistía no me importaba, podía lidiar con sus brazos luchando si le placía pelear.

-Estoy aquí porque te he elegido a pesar de que sabía que una parte de tu corazón podía ser de otro- remarqué y apreté su cintura ajustando su cuerpo al mío -No me importa que tú no me elijas, eso no ha de cambiar nada de lo que siento -reconozco, más para mí mismo que para ella. Las insinuaciones sobre su enagua me vuelven loco, apenas puedo contenerme mientras me debato entre el animal que acecha en mis entrañas y mi corazón demasiado vulnerable a estas alturas para salir indemne. Hundo mis ojos azules en los suyos -Yo puedo hacerte olvidar todo aquello que te lastima, puedo hacer a un lado el dolor, puedo quemar todos los puentes que te atan al pasado – susurro alzando mi mano libre, acaricio un lado de su rostro con ternura pero las yemas de mis dedos desprenden y reciben de su piel una electricidad sensual que me recorre por completo -Si me dejas hacerlo, déjame Zona. No soy un hombre sensato, soy un espíritu libre y caprichoso. No quiero paz, quiero que me des guerra -mi mano descansa sobre un lado de su rostro, luego se desliza hacia su nuca.

No puedo soportar más la agonía de tenerla entre mis brazos, de verla tan frágil contra mí, no quiero que se desmorone porque no sé si podría soportarlo. Acerco mis labios a los suyos y la beso lenta y apasionadamente, no me importa si me rechaza, quiero que si decide alejarme al menos el recuerdo de esa boca persista en mi memoria y en mi cuerpo, porque si bien la beso con mis labios todo mi ser se inclina hacia ella y todo mi espíritu se embebe de su esencia.

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02/04/2016, 15:18
Lord Preston Ellsworth Parlow

-Entonces que así sea -manifesté encantado aceptando el nuevo vaso que me ofrecía Louis. -Por favor, envíame una invitación para el acontecimiento -recalqué sonriendo de lado.

De pronto vi que su expresión cambió ante mis palabras y reconocí esa indefinida e inexorable melancolía contra la que tenía que luchar día a día en sus ojos -Louis, cuñado -dije con tono conciliador, no estaba menospreciando su planteo para nada, solo que no quería sonar ni condescendiente ni insensible -Te entiendo -dejo escapar desviando mi vista al vaso entre mis dedos y luego alzándola a él directamente -Comprendo tus temores -aclaré, porque en realidad no creía que fuera ni viejo ni triste, bueno tal vez un poco triste, pero fácilmente remediable.

Me mesé el mentón y me pasé los dedos entre el cabello -El hecho de que pienses en todos esos detalles me hace pensar en cuán afortunada es esa muchacha -remarco alzando una ceja -La verdad es que uno no puede saber si realmente dará todo de sí o si se desmoronará en el intento -sostuve con brutalidad -Proponérselo es el primer paso; obrar en consecuencia, el segundo. Después de todo, somos personas, no dioses que pueden controlarlo todo. Hay una cuota de riesgo en las decisiones que tomamos que no son otra cosa que la evidencia de esa humanidad y tornan los aciertos en victorias y los desaciertos en lecciones -tomé un sorbo de whisky y dejé que me quemara los labios unos segundos -aunque también los griegos nos han enseñado que hasta los dioses meten la pata -bromeo para distender el ambiente.

-Es normal que tengas miedo y es valiente que lo expreses, mucho más loable es sin embargo sobrepasarlo -declaro -No solo por ti, sino también por aquella persona que sientes que lo merece -planteé. Me callé ante la mención de Edith, el dolor es un rayo que ilumina nuestro cielo y nos deja ciego ante el sufrimiento de los demás, pensé en aquel momento qué emoción le causaría a él verme: ¿Le recordaría a Edith con mi sola presencia? Después de todo, de mis hermanos soy el más parecido a ella y éramos los más cercanos.

De pronto sentí que su presencia estaba entre nosotros, que su perfume aparecía por instantes en el aire, pero eran solo las flores del jardín. Dios, iba a prender fuego ese jardín como que no lo podara pronto. Miré por la ventana como si pudiera comenzar el incendio con mi solo deseo.

No sabía cómo expresar mi parecer al respecto sin que pareciera cruel, “A ella en este momento le importa una mierda qué sientas Louis, está muerta y su cuerpo es pasto de los gusanos. Ella no existe más”. -Supongo que si ella pudiera expresar su opinión al respecto -comencé tomando aire -Te diría que hicieras lo que te hiciera feliz, uno solo desea eso para la persona que ama, al fin y al cabo; y como sabemos ella tenía uno de los corazones más desinteresados que hemos conocido, no amaba egoístamente- expresé con tacto. -Si tienes dudas al respecto podríamos invitar a una de esas médiums tan de moda a mi casa para que te saque de la duda -dije un poco en serio, un poco en broma.

Notas de juego

Tu último post es como para enmarcarlo entero, de principio a fin XD. Me encanta :).

¡Pero quiero saber tus novedades! ¿Te parece si cerramos la escena en dos o tres posts y hacemos un salto hasta el día 2 por la tarde? Y así cotorreamos las noticias ^^.

Jajaja, gracias, se disfruta mucho roleando contigo XD

Hagamos el salto en cuanto quieras :)

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02/04/2016, 17:16
Zona Fleming Howard

No estaba preparada para lo que iba a ocurrir a continuación, pero en realidad nadie lo está. Y he aquí la frase, la carta volteada, el final del cuento, el martillo, el trueno, el precipicio. Que a la pobre Zona, solo le seguían el juego por lástima. La voz es del hombre rubio que hay frente a mí, pero yo juraría que he escuchado a Hortence en esa frase.

Lo observo, tiembla frente a mí, no sé si de rabia, de frío, de asco, de odio, no lo sé pero su voz vibra. Así que era eso… mientras a mí me escribía cartas diciéndome que sentía mucho no poder sentir nada, que su corazón estaba muerto, y yo huía de él, y él me escribía, dos, tres, cuatro cartas, pidiéndome que volviera, que no podía pasar sus noches sin mí… me ha tratado como a una idiota. Había otra.

He perdido el mundo a mis pies, con esa frase que ha cercenado mis latidos en muchos lacerantes pedazos. Pero él da un paso hacia mí en vez de marcharse ¿no me miraba asqueado? No… su mano me rodea la cintura, yo sigo aturullada, la tinta me ha echado la soga al cuello y ni quiera respiro.

Su cuerpo mojado se estrecha contra el mío. Sus ojos azules se estrellan contra el verde de los míos. Y habla con ternura, mientras yo presiono un labio contra el otro, aún desconcertada. Y me acaricia con cariño, deslizando la palma de la mano hacia mi nuca. Parpadeo. Me odio.

Y aquí está él, murmurando que me librará de éste horrible dolor. Lo que sea con tal de dejar de sentirme desgarrada, lo que sea con tal de que mi corazón deje de gritar hundido en un mar de tinta negra y papeles mojados. Vendería mi alma a los mismos infiernos por arrancarme el corazón.

Me besa, sus labios calientes, mojados impactan contra los míos, mientras las gotas de lluvia siguen su torrencial caída. El beso me hace reaccionar, es un guerrero, un guerrero dispuesto a robarme la desdicha bajo cualquier precio ¿Es eso amor? ¿O solo pasión? ¿Quiere eso de mí solamente? Estampé mi corazón en esas cartas… mi mente va y viene, se va a la tinta y vuelve a la lluvia. Me doy cuenta, de repente, de que dos solitarias lágrimas frías arañan la piel de mis mejillas, rojas de rabia. Dos, no más. Yo no quería llorar esta noche.

Devuelvo el beso, rabiosa, enfadada, a mano por mejilla, muerdo sus labios, jadeando mi cuerpo; mi lengua recorre el interior de su boca, furiosa. No sé ya ni con quien estoy enfadada, con él por buscarme aun a sabiendas de todo lo que ocurría, o con ese ruin, mentiroso, traidor, que esculpe cobardes mentiras entintadas, alimentando una fantasía que era solamente mía. O quizás conmigo misma.

Abrazo al hombre que hay frente a mí, por encima del cuello, prolongando el beso, que es más parecido al de una vulgar ramera, que al de una dama. Me odio.

- ¿Puedes? Eres un guerrero, desde esta noche no me cabe la menor duda – vuelvo a besarlo, impaciente, dolida, jadeando de dolor, y de pasión, de pena, de ira y lo muerdo, quizás con demasiada fuerza - ¿Puedes? ¿Hacer que todo arda…? ¿Por qué? ¿Por qué quieres hacer eso?

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04/04/2016, 02:47
Lord Preston Ellsworth Parlow

Sus labios chocan contra los míos, su rabia y su pasión no me amedrentan, al contrario, me avivan mientras el fuego termina por encender lo poco que no había ardido en mí. Sus labios, esos labios suaves y provocadores que había anhelado besar desde que la conocí, y que ella me prohibió la primera vez que nos vimos, eran finalmente míos y sabían a vida y a muerte como esperaba.

Su cuerpo se estrecha contra el mío que languidece de lujuria, me es imposible ocultar que la deseo total y completamente, mis gestos y cada fibra de mi ser se lo está gritando. Pero hay algo más: un anhelo de redención, de sanación, de olvido. Quería besar no solo su boca y cada palmo de su cuerpo, sino su alma, las mismas heridas de su corazón lacerado. Quizás así ambos pudiéramos olvidar, yo también tenía secretos y penas, solo que ella no las conocía.

Y la solución se me servía, al contrario de la venganza, en caliente. Humeante. Me mordía los labios y yo hundía más mi lengua en su boca, besaba su mentón, su cuello y de nuevo sus labios en una danza sin fin, saboreando su piel y su pasión. Sabía que se estaba desquitando del engaño conmigo, pero ¿Quién podía decir que el final de una historia no podía ser el comienzo de otra?

Sus brazos en mi cuello apretaron más sus senos contra mí, nos estrechamos más si eso era posible y mi hombría comenzaba a pedirme a gritos que nos fundiéramos en uno a pesar de que sabía que era imposible. Mis manos descansaron en su cintura primero, cerrándose sobre su espalda luego, flanqueando sus caderas, apretándola contra la mía.

Sus palabras me halagan y una suave sensación me invade el pecho, otra vez no sé cómo conjugar la inabarcable lujuria con lo que mi corazón siente cada vez que la complazco. A su pregunta respondo: -Por ti y por mí -sostengo entrecortadamente, mi aliento choca su rostro pegado al mío, mi frente contra la suya -Ambos necesitamos arder, entonces quemémonos en una misma llama -mis labios vuelven a probar los suyos, casi pierdo los estribos cuando jadea en mi boca. Mi mano se crispa en su espalda y recorre la tela de su vestido con dolorosa impaciencia. Me separo tomando aire para respirar -Y de nuestras cenizas renaceremos, Zona.

La calle está desierta, la lluvia ha espantado a los ciudadanos hacia el interior de las casas. Lo único que se escucha es el sonido de nuestras respiraciones y de nuestras palabras. Alzo una mano y la tomo por debajo del mentón, mi dedo pulgar queda contra su oreja y el resto de mi mano se cuela entre sus cabellos, la acerco y vuelvo a besarla más lenta y tortuosamente, dejando que la excitación fluya a través de mis labios, quiero que cada palmo de su piel sienta el vivo deseo que ya mismo me consume y repite su nombre.

Voy guiándola fuera de la calle principal hacia una lateral y busco el alero de una casa para guarecernos, la mano en su cuello se desliza hacia la piel expuesta del pecho, mi dedo índice baja hacia el centro de su escote y luego el resto de los dedos acompañan la forma de uno de sus pechos mientras el pulgar busca el pezón, la otra mano aferra porciones de tela, subiendo la falda lentamente, sorteando las enaguas, esas enaguas que me dijo que le levantara. Quiero que gima en mi boca mientras se deshace en mis manos, y pienso esmerarme para que suceda.

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04/04/2016, 21:22
Zona Fleming Howard

Su cuerpo tiembla aferrado al mío, derrochando calor y ardor cada vez que se mueve, que murmura, que respira, cada vez que me besa, o me muerde. Yo jadeo sin posibilidades de piedad.

- No me importa si solo quieres utilizarme para lanzarme al fuego – le doy un lametón en la mejilla, ya no pienso, no quiero pensar, puesto que no tengo corazón, tampoco necesito raciocinio, estoy cansada, ya nada me importa – dime… Preston…

Un leve y agudo gemido contra sus labios me interrumpe aquellas palabras que ni siquiera pensadas fueron. Su dedo se ha colado por el escote de mi pecho empapado y frío, al contrario que sus manos. Mi respiración encuentra la forma de ahogarme en el ímpetu, y yo… siento como esos finos dedos, ardiendo, sujetan la cumbre de mi pecho derecho entre ellos. Aprisionado entre el corsé y mi carne, toca esa parte tan sensible de mí y creo desmayarme en ese instante. Hundo mi boca en su cuello, el lugar exacto en el que se junta con la clavícula, la curvatura perfecta, y muerdo su carne para ahogar mis gemidos, o gritaré en medio de este callejón extraño. ¿Qué está tocando? ¿Cómo lo hace?

Éste hombre no me da tregua, la otra mano ya está bajo mi falta, buscando mi virtud, y yo, espalda contra la pared, no tengo fuerza para decir que no. La sensación de placer es tal, que me embriaga por completo, no puedo hablar, solo puedo intentar no ahogarme por la velocidad de mi respiración, y emborracharme del cosquilleo que hay en mi mente, y también en mi bajo vientre, en mi pecho, en todo mi ser. Él ha cumplido su palabra, ya no sé de corazones, ni sé de dolor, ahora solo conozco esa bestia que dentro de mí quiere más, esa fémina que ha despertado, voraz, avariciosa, egoísta, descuidada, obscena. Esa mujer que tanto he alimentado secretamente en mi imaginación, ahora está aquí, poseyéndome, protegiéndome.

Abro las piernas todo lo que puede una persona de pie abrirse para él, dándole permiso, dejando que toque ese lugar húmedo, vibrante, esa flor que me grita. Sujetándolo por el cuello con una de mis manos, con fuerza, justo por la garganta; un par de uñas se clavan en su yugular, lo miro a los ojos, para que sea consciente de que le estoy dando permiso, y a la vez sepa que no soy la misma de hace un momento.

- Quiero que me toques, que me chupes, que me muerdas, quiero que me beses – susurro, y al mover mis labios ambos se rozan - pero… cuidado… yo no soy una ramera, - mis ojos fruncen el ceño, aun con la respiración ahogada por la excitación – aunque puedes susurrarme que soy una zorra – sonrío de medio lado, saboreando el momento en el que mi boca ha decidido susurrar uno de los pensamientos más escondidos que poseo – pero ni por un momento pienses que puedes entrar, no puedes querido, no hoy, no aquí, no ahora.

Mientras percibe el dolor de mis uñas, la otra mano, en un intento de expedición y un arranque de profanar lugares por los que jamás he transitado, se deja caer suavemente entre sus piernas. Mi palma toca sus pantalones, sin saber realmente lo que encontrará, curiosa, nerviosa, pero segura, palpa sin pudor.

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05/04/2016, 02:06
Lord Preston Ellsworth Parlow

Que dulce y arrebatadora sensación de clímax se mueve por mis entrañas, pero no violenta y definitivamente como al final del coito, sino lenta y sinuosamente, en oleadas magníficas, suspendiendo mis sentidos de un éxtasis a otro, remontando las olas del deseo de una cresta a la otra.

La escucho a pesar de que estoy ocupado en complacerla y su frase queda flotando en el aire al ser reemplazada con un gemido que resuena dentro de mi boca y sigue su camino como caja de resonancia por mi cuerpo cuando juego con su pezón. ¡Qué increíblemente difícil me está tornando no perder la cabeza! Apenas puedo reprimir el impulso de pasarle la lengua a sus pechos allí mismo,  creo que además de estar empapado estoy sudando también.

Esta vez gimo yo también en su boca al volver a besarla, al ver que sus piernas se abren dándome acceso al punto mismo de su sexo. Qué descarada, la adoro.

Su mano en mi cuello y su mirada me detienen, qué fuerza tiene, admirable para una dama. Sus uñas en mi carne me excitan demasiado como para musitar cualquier cosa, entorno los ojos dejando que el placer me invada casi llegando al clímax con ese pequeño y perverso detalle, inclinando levemente la cabeza hacia atrás suspiro largamente y luego vuelvo a mirarla, puedo sentir mis ojos destellando fuego. Las palabras salen de su boca, música para mis oídos.

- Quiero que me toques, que me chupes, que me muerdas, quiero que me beses – susurro, y al mover mis labios ambos se rozan - pero… cuidado… yo no soy una ramera, - mis ojos fruncen el ceño, aun con la respiración ahogada por la excitación – aunque puedes susurrarme que soy una zorra – sonrío de medio lado, saboreando el momento en el que mi boca ha decidido susurrar uno de los pensamientos más escondidos que poseo – pero ni por un momento pienses que puedes entrar, no puedes querido, no hoy, no aquí, no ahora.

Sonrió cuando ella lo hace y parpadeo lentamente. -Tus deseos son órdenes, querida -susurro ronroneando, inclinando la cabeza levemente hacia un lado. Sé que no servirá de nada decirle que no es una zorra y que sus palabras lo están demostrando, no quiero discutir con ella. -No esperaba menos de ti, Zona. Tú no te mereces perder tu virtud en un sucio callejón en medio de la nada -jadeo ante la presión en mi garganta, pero su otra mano me sorprende aún más, a lo lejos escucho cascos de caballo. Mi sonrisa se ensancha, perversa y la mano que tengo libre la uso para dejarla que toque mi miembro a través de la ropa lo suficiente como para que lo sienta y luego la levanto por la muñeca, hago lo mismo con mi otra mano y la que ella tenía en mi cuello -Ojo por ojo, querida. Ahora estamos a mano -digo refiriéndome a la vez en que puso su mano entre su boca y la mía; me río mostrando los dientes, disfrutando el momento, mis ojos son dos finas líneas entre las que destella el color azul, me llevo un dedo suyo a la boca y le paso la lengua con infinito placer -No te dije nada porque quería acompañarte caminando, pero primero unas circunstancias y luego otras me impidieron decírtelo -sonreí -Vine con un carruaje de mi familia. Ven, vamos a dar un paseo, no quiero que te enfermes -digo con tono burlón luego y tiro de sus muñecas -Allí te dejaré tocar todo cuanto quieras de mí, igualdad de condiciones -alego alzando una ceja.

La conduzco hasta la esquina y llamo con un silbido característico a mi cochero, que estaba a una calle. Al instante recibo la contestación con otro silbido y escucho el relincho de los caballos. Enseguida aparece su sombra y se detiene delante de nosotros -Gracias, Travis -lo saludo y ayudo a Zona a subir, -Llévanos a dar una vuelta por la ciudad -digo luego, me subo y cierro la puerta. Instintivamente cierro las cortinas dejando pequeñas aberturas para que entre algo de luz, me siento al lado de mi bella dama ladeando mi cuerpo hacia ella y me deshago del abrigo que llevaba, extiendo mis manos secando con ellas su rostro y alisando su cabello, mi dedo pulgar roza sus labios y finalmente me decanto por besarla para traerla de nuevo al mundo de la pasión en el que estábamos arrullándonos antes. Tomo sus manos en las mías y se las pongo sobre mi pecho dándole permiso -Bueno, soy todo tuyo querida, ¿En qué estábamos? -la miro inquisitivo y desafiante, preguntándome qué atacará primero.

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09/04/2016, 14:10
Louis Kindelanver

Louis escuchó las palabras llenas de sabiduría de su cuñado dando algunas vueltas al vaso que tenía en la mano, dejando que el líquido ondulase. Sentía el apoyo y el ánimo de una mano amiga y sus ojos reflejaron un brillo agradecido cuando contempló a Preston.

Notó cómo él también se callaba ante su mención sobre Edith y bajó la mirada, temiendo haber despertado algunos de sus demonios también en Preston. Al fin y al cabo era su hermana y estaban tan unidos como pueden estarlo dos hermanos. Suspiró entre dientes y levantó los ojos cuando su cuñado mencionó una médium. Pestañeó, sorprendido. 

—Vaya, Preston —dijo entonces, apoyando el vaso en su rodilla—. Yo creí... Eh... Bueno, pensaba que no creías en esas cosas. —Hizo una pausa y sus ojos se desviaron por un instante hacia la ventana. —He dejado de sentirla cerca, ¿sabes? Ya no viene a visitarme el jazmín a medianoche, por mucho que beba. Creo que me ha dejado solo. En ocasiones pienso que es su forma de dejarme volar libre, pero en otras temo por haberla ofendido o dañado... 

Se quedó pensativo un par de segundos y asintió con la cabeza, devolviendo la mirada a Preston. 

—Una médium... Sí, tal vez podría estar bien...

El hombre estaba a punto de preguntar algo más sobre aquel tema cuando sonó el timbre de la calle y unos segundos después apareció George acompañado por otra visita sorpresa: Sylvia había regresado después de uno de sus viajes junto a su flamante marido.

La joven se mostró encantada de encontrar allí también a Preston y lo que había sido una charla cargada de confidencias entre los dos hombres se convirtió en una tarde informal que Sylvia y Preston se encargaron de llenar de anécdotas de sus viajes respectivos. Para cuando llegó la hora de la cena, Louis los invitó a ambos a quedarse y ciertamente su ánimo cuando se marcharon era infinitamente mejor del que tenía cuando su cuñado había llegado a la mansión.

Fin de la escena

 

Notas de juego

He hecho así para poder terminar la escena sin que quedase forzado y así nos pasamos al día 2 y me cuentas cositas :P.

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10/04/2016, 03:26
Louis Kindelanver

 «Queen's head and artichoke». Viernes, 2 de Abril de 1880.

Después del paseo matinal con las dos señoritas, Louis y Preston habían acordado reunirse aquel mismo día, más tarde, en una cafetería cercana a Kensington Gardens. Así que a eso de las siete Louis contempló el cartel con una media sonrisa que se debía a la irreverencia del doble sentido del nombre del establecimiento: Queen's head and artichoke*. Tal vez era por eso que había propuesto ese sitio, suponiendo que a Preston le haría gracia el juego de palabras.

El local se encontraba en la esquina entre Albany Street y Longford Street, en la parte baja de un edificio. La fachada tenía grandes ventanales y estaba ornamentada con algunos setos de hojas verdes y brillantes. También había algunas mesas colocadas en la acera junto a la puerta, el tiempo no acompañaba, pues el cielo seguía nublado, pero al menos no llovía aquella tarde. 

El interior del local, pese a lo potencialmente irrespetuoso de su nombre, era sobrio y elegante, decorado con maderas oscuras y tonos ocre y arena. Había varias mesas en las que ya se encontraban algunas personas almorzando o simplemente tomando un café o un refrigerio. Cada una de las mesas tenía un pequeño jarrón con algunas florecillas silvestres y del techo colgaba una lámpara con tulipas anaranjadas.

Louis entró y recorrió con la mirada el interior, buscando a su cuñado. Y al comprobar que había llegado antes que él, se dirigió a una de las mesas más alejadas, sacó un ejemplar de «La Fanfarlo» de Baudelaire y se acomodó para esperarlo. 

Notas de juego

Queen's head and artichoke

*A lo mejor ya lo sabes, pero por si acaso no, artichoke significa alcachofa, así que el nombre viene a ser algo como"La cabeza y la alcachofa de la reina" XD.

He hecho introducción en una cafetería por variar un poco el entorno, pero si no te gusta, dime y cambio ^^.

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10/04/2016, 21:59
Lord Preston Ellsworth Parlow

Muchos pensamientos rondaban mi cabeza, lo ocurrido la noche anterior me quemaba los pensamientos. Lo conversado con Louis la semana pasada se me intercala con lo hablado con Zona y ambos me sumían en un intenso desasosiego. Aquella mañana no había podido conversar con él debido a las féminas que nos habían acompañado y al ir con él en el carruaje no pude figurarme cómo traer el tema a colación.

Me detuve en la puerta de la cafetería y miré el cartel con el nombre del lugar mientras me alisaba el saco, no pude evitar dejar escapar una sonrisa que a causa de mis emociones encontradas se desdibujó en una mueca a media distancia entre la gracia y el disgusto.

Entré y me saqué el sombrero, recorriendo con la mirada el lugar para hallar a Louis entre el mar de gente que se encontraba tomando el té: señoras con sombrero de ala ancha, con elegantes vestidos y perritos franceses; señores con trajes de tweed y corbatas de seda, con camisas de algodón y lino egipcio. Olor a colonia, flores y pasteles, un relente a tabaco se colaba desde un lugar indefinido.

Finalmente encontré la figura desgarbada de mi cuñado en una mesa alejada con un libro en la mano, me acerqué con una sonrisa de labios cerrados. -Louis, cuñado -lo saludé amablemente -Qué bueno encontrarnos a solas al fin, hay algo que necesito hablar contigo - anuncié sin preámbulos e hice un gesto a uno de los camareros. Me pedí un té Daarjeling y me pasé la mano por el cabello mientras esperaba a que él pidiera algo de beber, si es que estaba en sus planes.

Notas de juego

Me ha encantado la ambientación, muy acorde XD

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11/04/2016, 00:22
Louis Kindelanver

Louis alzó la mirada al sentir la presencia de Preston a su lado y le dedicó una sonrisa al levantarse para recibirlo. Cerró el librito y lo guardó en el bolsillo interior de su abrigo, junto a la petaca. Y cuando el camarero se acercó, él pidió un Earl Grey solo y con un terrón de azúcar. 

No fue hasta que el camarero se retiró para preparar la comanda que él entrecruzó los dedos de ambas manos sobre la mesa. Sus dedos, que siempre habían sido finos, se mostraban en ese momento casi huesudos. 

—Claro, Preston —convino, mirando a su cuñado con cierta curiosidad, sin estar seguro de si debía preocuparse—. ¿Ha sucedido algo?