Partida Rol por web

La Edad de la Inocencia (+18)

• Lord Preston Ellsworth Parlow •

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11/04/2016, 02:24
Lord Preston Ellsworth Parlow

-Pues... -comencé y me acomodé en la silla mirando a Louis de frente, mis dedos repasaron el borde de mi sombrero y lo dejaron en una silla aledaña -Sí, ha sucedido algo que no sé cómo interpretar -solté finalmente -Estoy seguro de que recuerdas a la señorita Fleming Howard, me he encontrado con ella en el día de ayer -expliqué y me llevé una mano al mentón -¿Recuerdas que me dijiste que no tenías interés en ella, que procediera a cortejarla si es que lo deseaba? -inquirí buscando reconfirmar aquello que Louis me había expresado; me encontraba confundido y mi mente, por lo general, como primera opción siempre tendía a pensar que la mayoría de los problemas entre personas eran malentendidos, una parte de mí quería creer fervientemente que en torno a una situación de ese talante me encontraba, la otra no sabía qué pensar; o sí, pero no quería hacerlo.

-En el día de ayer ella me ha confesado que estaba enamorada de ti -solté sin contemplaciones y con algo de fastidio a pesar de mi voluntad de permanecer frío, observándolo con detenimiento, escrutándolo con la mirada ante todo con curiosidad -Al parecer ha interpretado de vuestro intercambio de cartas sentimientos e impresiones que no son las mismas que tú me has expresado, cuñado -ladee un tanto la cabeza -Y es por ello que vengo a ti a preguntarte si es que realmente has sido preclaro al decirle por carta a la señorita Fleming qué sentimientos ocupan tu corazón con respecto a ella... -presintiendo hacia el lado que iría Louis, ya que no dudaba de que mi cuñado me quería tanto como yo a él, me apresuré a acotar -Olvídate de mí, te lo pido. Esto no se trata de mí. Si ella ha interpretado eso y tú te encuentras por comenzar a cortejar a la señorita Lascelles vas a tener un lío en puerta, hermano, un lío que te puede acarrear perder aquella a la que realmente quieres... Si es a la señorita Lascelles a la que realmente quieres -dubité, pues hacía unas horas no había podido dejar de notar una encantadora atmósfera entre él y la señorita Annie. -En esta ciudad, todo tarde o temprano se sabe -agregué esperando una respuesta que me ayudara a dilucidar cómo se había originado este problema.

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12/04/2016, 21:08
Zona Fleming Howard

 Lo observo entornar los ojos cuando mis uñas entran en él, ladea la cabeza, creo que le gusta y eso… eso me acelera me da fuerza para lo que voy a pronunciar a continuación, que no sé de qué rincón oscuro y caliente sale, pero hay algo dentro de mí, algo lleno de fuego que acaba de ser liberado aquí y ahora y que no sé cómo voy a poder detener, algo insaciable y voraz, algo maldito, algo que quiere ser llenado.

Me susurra, Yo sonrío, es tal mi petición que creo que no la ha entendido, es tal l deseo de que alguien reconozca el animal nuevo que ahora soy, que no entra en su mente. Le he pedido que me llame Zorra, y se afana tanto en demostrar que no lo soy, en intentar hacerme sentir como una dama, que me resulta tierno.

Jadea, ríe mostrando sus relucientes dientes, veo su felicidad en los ojos azules, sé que esperaba este momento, y sé que no tenía claro que llegaría, sé que recuerda lo del parque, y por su murmullo sé que se ha arrojado al vacío sin saber lo que yo haría.

Dice que me tocará. Mis muslos arden. Contengo el aliento y me dejo guiar, al caminar siento la humedad que roza mi sexo. ¿Qué me pasa? Veo mi pecho aprisionado dentro del corsé, pugnando por salir, ahogándome. Sólo puedo pensar en su mano entre mis piernas. En su lengua entre mis… un gemido brota de mis labios cuando entramos ¿Su lengua entre mis muslos? Sonrío pensativa. Eso debe ser… increíble…

Para cuando me lo encuentro frente a él, tengo las mejillas rojas, los labios entreabiertos, necesito respirar, necesito sus manos sobre mí. Sujeto una de sus manos, con dos de las mías, y mirándolo a los ojos, entre la penumbra, la llevo por debajo de mi falta, entre mis piernas abiertas. Le coloca la mano en mi sexo, y justo cuando me toca la carne, doy un respingo un contenido gemido de alivio me ahoga la garganta. Mis ojos se cierran, perdiendo los suyos de vista.

- Estábamos justo ahí - susurro en un hilo de voz.

Notas de juego

*Perdona por la tardanza, espero haberlo compensado =)

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13/04/2016, 02:31
Lord Preston Ellsworth Parlow

Dios, si existes, dame la fuerza para no violarla.

En este momento mientras guía mi mano hacia su entrepierna lo único que puedo pensar es en hacerla mía, en penetrar con salvaje dulzura, con perversa adoración ese velo que separa a esa diosa del sexo en potencia de mi sexo. Mi respiración que forzosamente había mantenido a raya para aparentar calma delante de mi cochero era ahora un jadeo constante, temblaba de deseo y me consumía mientras mi miembro pulsaba contra la tela del pantalón.

Tuve que llamarme a mí mismo a la calma para no cometer errores, atrocidades, para no someterla allí mismo y jalarle el cabello mientras la montaba como a una yegua salvaje, para no morder esa tierna y lozana piel con mis dientes codiciosos, para no nalguearla; no. Siempre había disfrutado infinitamente más la entrega completa y voluntaria, el saber que al someter y penetrar estaba cumpliendo un deseo y no desoyéndolo.

Tenía que retomar el control sobre mí mismo, inspiré largamente y me recordé que no era un muchacho desesperado, que había tenido decenas de mujeres en mi vida. Esta era especial, no había dudas, por eso la deseaba tan intensamente y por eso debía respetar su deseo y no solo eso, tenía una promesa que cumplir: hacer que se olvide de todo, yo también deseaba solo pensar en esos muslos y esa fuente de placer hacia la que se deslizaban mis yemas.

Cuando mi mano alcanzó por fin su monte de venus y mi dedo índice se internó en su húmedo receptáculo apagué un gemido que quedó diluido en el suyo, me mordí el labio con tanta fuerza que el sabor a sangre me llegó a los segundos. Acerqué su boca a la mía para besarla una vez más, para probar esos labios que me transportaban al paraíso o al infierno, un infierno en el que nos quemábamos lenta y tortuosamente.

Recorrí su boca con gula, le robé el aliento mientras mis dedos trabajaban sobre su clítoris, sobre sus jugosos labios y los rizos de su entrepierna manteniendo un ritmo intenso pero siendo cuidadoso al mismo tiempo. Me estaba volviendo loco, ya no pensaba coherentemente, solo quería escucharla gemir de placer. Cambié mis dedos de lugar, el pulgar delante moviéndose en círculos lentamente, el índice y el mayor detrás, tocando la puerta a su interior pero no entrando.

Besé su cuello, sus pechos, les pasé la lengua glotonamente, saboreando esa piel salada por la transpiración, esa piel húmeda por la lluvia, luego volví a acercar mi boca a la suya -¿Te gusta zorra? ¿Quieres más? -dije rozando sus labios contra los míos, besé su boca y le mordí el labio inferior; apuré el paso de mi mano, que ya estaba empapada de ella y le tomé una mano para ponerla sobre mi miembro.

Notas de juego

Con creces... ;)

Stay, lady, stay, stay with your man awhile
Why wait any longer for the world to begin
You can have your cake and eat it too
Why wait any longer for the one you love
When he’s standing in front of you...

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13/04/2016, 22:43
Louis Kindelanver

Louis asintió con la cabeza cuando Preston preguntó por la conversación que habían mantenido unos días atrás. La recordaba, ciertamente. Sin embargo, esperó a que su cuñado siguiera hablando y frunció levemente el ceño con sus siguientes palabras. 

Cuando terminó, Louis se tomó un par de segundos para analizar toda aquella información y mientras lo hacía el camarero apareció con las consumiciones de ambos. Así que descruzó los dedos y empezó a dar vueltas a su té con la cucharilla, despacio.

—Ya te dije que hace unas semanas la señorita Fleming Howard se me había insinuado en una de sus cartas —recordó, buscando la mirada de su cuñado, sin comprender todavía del todo cuál era exactamente el problema—. Después de eso supongo que la rechacé porque estuvo mucho tiempo sin escribirme y cuando lo hizo de nuevo su tono y sus palabras habían cambiado por completo. Ella misma decía en su carta que la había rechazado y se disculpaba por haberme hablado de esos sentimientos. —El hombre frunció el ceño levemente y sus dedos tamborilearon sobre la mesa. —Fue entonces cuando me habló de ti y me dijo que os habíais conocido. Parecía muy ilusionada contigo, así que en mi siguiente carta la animé, tal como lo hice contigo también. Creo que esa carta se la envié uno o dos días antes de que hablásemos tú y yo. Y por una vez estaba sobrio al escribirle, así que no tengo dudas de lo que le dije. 

Se quedó pensativo un instante antes de continuar.

—La última carta que ella me envió llegó el mismo día que hablamos tú y yo en mi casa. En ella me trataba de amigo y me agradecía mis buenos deseos para con los dos. Aunque también mencionaba que no quería ir rápido contigo. Pero al final decía... —Louis miró hacia el té, haciendo memoria. «os agrada la idea de tenerme como cuñada, qué mejor que tener a las amigas cerca, ¿no?». Con algo así terminaba su carta. 

Sacó la cucharilla de la taza y dio un par de golpecitos en el borde para desprender las últimas gotas antes de dejarla en el platillo. Tras eso, buscó la mirada de Preston.

—Esa es la última correspondencia que hemos intercambiado, así que ya ves... Puede que en el pasado le diese alas sin querer, que pudiera ser malinterpretado. Ya te dije que había fantaseado con ella y en pocas ocasiones he estado sobrio al escribirle así que en el pasado puede que haya sido confuso. —Hizo una pausa. —Pero no comprendo qué está sucediendo ahora. Podemos ir a casa cuando terminemos aquí y puedo mostrarte su última carta si lo deseas y también la anterior. 

Y entonces frunció el ceño de nuevo, con lo que más preocupante le parecía de todo lo que había escuchado.

Pero dime, ¿qué tiene que ver Prue en todo esto? La señorita Fleming Howard ni siquiera sabe nada de ella, pues la primera vez que mencioné en una de mis cartas que había conocido a alguien se apresuró a pedirme que no le hablase de otras mujeres. 

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15/04/2016, 21:15
Lord Preston Ellsworth Parlow

Escuché a Louis y cuanto decía confirmaba lo que yo pensaba, sin duda había un malentendido entre ellos... O quizás él había escrito borracho y no recordaba bien qué y cómo había escrito las cartas y ella había interpretado las palabras como deseó. Meneé la cabeza y apoyé un codo sobre la mesa y la mano en mi mentón, -Mira cuñado, no voy a negarte que me molestó mucho que ella me dijera eso -confesé -Sé que tú creíste que todo había quedado aclarado pero tu recuerdo persiste evidentemente en ella; no estoy molesto contigo, si no con la situación -musité, hundiendo mi mirada en el té. -Y sé que el poder de una idea es difícil de disipar, pero voy a intentarlo porque creo que vale la pena -manifesté no solo pensando que en las letras siempre la persona anhelada es más perfecta, sino también en los recuerdos; y la sombra de Edith volvió a cruzarse entre nosotros. Más difícil que luchar contra una persona de carne y hueso era luchar contra la fantasía de su recuerdo, más aún si esos recuerdos tenían un cariz de realidad en quien los evocaba. Louis se había convertido en la mente de Zona en un equivalente de Edith en la mente de Louis y yo al igual que Prue tenía que lidiar con un recuerdo idealizado.

-Voy a serte completamente sincero, Louis -me incliné un tanto hacia él en confidencia -La muchacha me gusta y tiene una personalidad pasional; por lo tanto, algo inestable -expliqué, no sabía bien cómo expresar lo que iba a decir sin que sonara mal -Tenía que estar confirmar una vez más que tú la hubieras rechazado conscientemente, en tus cinco y no suponiendo lo que pudieras haber escrito o no en estado de ebriedad, porque si hubieras escrito algo en esas cartas que no fuera del todo inocente, sabemos que es un desliz que está permitido en la correspondencia -me encogí de hombros y sonreí apenas doblando las comisuras de los labios -Esas misivas se convertirían en una espada de doble filo -dije algo dubitativo, me mesé el mentón y lo miré fijamente -Las mujeres son impredecibles, pero no te preocupes; quizás como soy escritor mi mente vuela demasiado -comenté. No podía decirle lo que sabía por experiencia que las mujeres despechadas estaban dispuestas a hacer si descubrían que su objeto de amor eran felices con otras. -Tienes razón, Prue no tiene nada que ver en esto -afirmé todavía desenmarañando los pensamientos que rondaban mi mente.

-Bueno, el encuentro con la señorita Fleming Howard terminó bien, a pesar de todo -acoté tomando un sorbo de té -Yo tampoco quiero apresurarme con ella -manifesté -La estoy conociendo poco a poco, me resulta una mujer difícil de desentrañar, es capaz de una dulzura encantadora y al mismo tiempo de una rudeza desconcertante... -expresé con mis reservas -Si la han lastimado en el pasado, como me contaste, debe haber sido terrible para ella.

Me sequé la boca con la servilleta y lo miré, ya algo más aliviado -¿Y tú qué buenas nuevas tienes?

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17/04/2016, 09:52
Zona Fleming Howard

Notas de juego

No estoy muy inspirada para seguir esta escena, siento ir tan lenta, iré posteando, pero como voy tan lenta, desde luego puedes sumir que aunque Zona no pierde la virginidad, hacen otras cosas de índole sexual.

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18/04/2016, 00:03
Louis Kindelanver

Louis mantuvo el ceño levemente fruncido mientras Preston hablaba, asintiendo en ocasiones para que su cuñado fuese consciente de que escuchaba e iba siguiendo el hilo. Comprendió algunas cosas y se guardó otras para darles vueltas más tarde, pero finalmente asintió a las últimas palabras de Preston.

—Sí, la han lastimado antes y sospecho por tus palabras que yo mismo lo he hecho más de lo que pensaba —añadió, pensativo y evidentemente molesto con esa idea o tal vez consigo mismo—. Nunca le he deseado ningún mal. Ella ha sido durante estos tres años una compañía inestimable. Ha recibido todos mis lamentos semana tras semana y me ha dado ánimos todo este tiempo, a su manera. Le tengo aprecio, como ya te dije.

Abrió entonces las manos sobre la mesa, con cierto aire perdido en la mirada.

—¿Qué debería hacer, Preston? ¿Es mejor que no vuelva a responder a sus misivas? ¿O debería escribir de nuevo siendo más tajante todavía? —Sin embargo, a pesar de que deseaba el consejo de su amigo, más versado en el arte de tratar con las damas que él, continuó hablando con un tono más resolutivo. —Creo que será mejor que no le escriba más. Si realmente ella lo siente como dices, sólo serviría para distraerla. No quiero hacerle daño, pero tampoco alimentar sus ilusiones. Y mucho menos quiero ser un escollo en tus avances con ella. La señorita Fleming Howard es todo lo que dices y creo que en parte por esa inestabilidad podría ser perfecta para ti. No creo que puedas aburrirte a su lado y sin duda si hay una señorita en Londres capaz de seguirte al fin del mundo, incluso con pantalones, esa debe ser ella. 

Guardó silencio un par de segundos y sus dedos rodearon la taza, calentándose con la tibieza de su contenido. Entonces sonrió, por primera vez en todo ese rato.

—He estado solucionando algunos asuntos de la empresa. Vamos a abrir rutas de exportación y parece que las telas de los Hamilton pegarán fuerte en el continente. También he pensando en lo que me dijiste. Y quiero que intentemos el asunto de la médium, para asegurarnos. Pero aún así... —Los ojos del hombre adquirieron un ligero brillo. —También he decidido hablar seriamente con Prue. He quedado el miércoles con ella. Le hablaré de mis sentimientos y seré todo lo sincero que pueda. Necesito saber qué siente ella al respecto. 

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22/04/2016, 21:14
Lord Preston Ellsworth Parlow

-Bueno, es evidente que no lo has hecho a propósito Louis -manifesté dandole mi voto de confianza, sintiendo que en cierta forma el peso que llevaba encima se disipaba.

-No soy yo justamente el que deba discernir qué debes hacer con respecto a ella -sostuve elevando la taza a la altura de mis labios, soplando el contenido para enfriarlo -Tú sabes mejor que yo cómo reaccionaría ella si dejas de escribirle o si por el contrario le escribes explicándole el malentendido -bebí de la taza y dejé el platillo en la mesa -Y no te preocupes -agregué con una sonrisa -Si hay verdadero interés de su parte no tendrían que haber más trabas -declaré calmadamente esbozando una sonrisa sincera y la sonrisa se amplió al oír los comentarios sobre Zona en pantalones, ¡Ese sí que era un cuerpo para llevarlos con altura!

-Sí, lo sé -agregué -Me gustan las mujeres de carácter, la tranquilidad me aburre. Aunque te soy sincero, a veces quisiera encontrar una mujer que pudiera conjugar un poco de poesía, un poco de locura y un poco de paz. No que fuera todo el tiempo un mar en calma o todo el tiempo un torbellino-. Alguien pasó por mi mente, y mis sentidos se encendieron al invocarla. Luego hablaría a Louis de ella... Pero primero, lo primero.

-Te ofrezco la casa de mis padres para la reunión y ya mismo me podré a buscar a la médium más renombrada de la ciudad -manifesté divertido, extendiendo el ofrecimiento de alojamiento una vez más. Si Edith tenía algo qué decir podía hacerlo en donde fuera, no creía que la aparición de mi difunta hermana en la casa de mi cuñado pudiera motivarlo más que a terminar de hundirse en la ruina y eso era lo que menos deseaba y lo que menos me convenía.

-¡Hay que brindar por los nuevos proyectos para tu empresa! -alcé la mano para llamar al dependiente pero luego la bajé y le pregunté por lo bajo -¿O es muy temprano para beber? -luego comenté no pudiendo ocultar mi satisfacción -Bien por ti Louis, habla con Prue, dile lo que sientes: estoy seguro de que te corresponderá con igual intensidad -lo alenté con cariño fraterno -Y si no lo hace voy a dudar de su buen juicio, te he dicho que eres un partido excelente y no me retracto. Además, quiero que seas feliz, sinceramente hermano.

Sonreí de lado, sintiéndome vulnerable durante unos instantes. -Ahora quiero que me des detalles: ¿Dónde será? ¿Por el mediodía, por la tarde...?

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24/04/2016, 21:01
Zona Fleming Howard

Los labios del hombre me llegan con un sabor metálico a la lengua, los correspondo con una intensidad inusitada. Y en ello estoy pensando en ese sabor extraño, cuando siento sus dedos moverse entre mis muslos, bajo todo lo que hay debajo de mis ropajes. Abro los labios, besándolo violenta y desesperada. Las sensaciones que me produce esa mano son un mar angosto y a la vez bravo, del que soy incapaz de seguir indemne.

Yo misma debo confesar que he cometido varias veces el terrible pecado de tocarme en esa zona, pero nunca, jamás, como él lo hace. No sé cómo ni de qué maldita manera, pero logra hundir mi mente en un lugar en el que no hay nada, y colmarla de placer por doquier, gozo del que no puedo dar cuenta. Me sobrepasa.

- Di~os m~ío – farfullo, mareada, mis manos se sujetan a las solapas de su traje, mi frente se apoya en su hombro - P~res~Preston… - los gemidos no me dejan respirar.

¿Cómo es capaz de hacer eso? ¿Dónde toca? ¿Cómo lo hace? Muerdo su cuello rabiosa por no haber descubierto esto antes, luego me arrepiento de morderlo tan fuerte, y le doy besos mojados, justo en ese instante, siento una presión mayor, y dos dedos que no entran, acariciando mis labios inferiores, torturándome.

Me besa el cuello, saborea mi cuerpo ya caliente, salado, mojado por la lluvia que aún se derrama fuera del carruaje. Su voz me llega, lo miro a los ojos en ese instante, y sonrío, pensando que el momento es perfecto, tal y como lo había imaginado. Sonrío radiante, excelsa, feliz, adorando su pregunta por encima de todas las cosas.

Abro los labios para responderle pero me besa de nuevo, incrementando el ritmo, y un gemido que debe haberse escuchado fuera no rodea ¡Voy a morir de placer aquí dentro! Su mano guía una de las manos asidas a la solapa, majándola hasta sus pantalones, algo erecto y rígido hay debajo, algo producto de mis gemidos, y de sus impulsos.  No tardo en desabrochar el pantalón, y observar, entre la oscuridad y los pocos segundos de claridad que transmite la cortina cerrada del carruaje, cómo algo sale casi solo, de debajo de su ropa. No la toco. Sonrío, mi cara debe ser el reflejo de la lascivia más sucia que pueda ocurrirse. Lo miro a los ojos, y hago que mis manos suban hasta su garganta. Aprieto con fuerza, no para impedirlo respirar pero sí para que sienta presión.

- Preston – susurro, tragando lo suficiente para intentar hablar, mirándolo, rozando sus labios al murmurar – la zorra… quiere chuparte, y necesitará tu guía porque no lo ha hecho nunca – una de mis manos sujeta la muñeca que no está debajo de mi falda y la pone sobre mi cabeza, sujetando pelo - ¿Crees que podrás enseñarme? – pregunto, decidida, insolente, salvaje, sonriendo con un descaro que no es propio de mí, y empiezo a bajar.

Notas de juego

Bueno, de nuevo espero haber compensado la espera xDD

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28/04/2016, 03:50
Lord Preston Ellsworth Parlow

Estamos en medio de la refriega, somos un coro de jadeos, gemidos y manos que van y vienen. Caricias y besos, el calor de dos cuerpos que se buscan a pesar de la ropa. Y en medio de todo aquello la confesión de ese deseo... Me toma por sorpresa. Completamente.

No solo me toma por sorpresa que lo exprese, que sienta el impulso de llevarlo a cabo conmigo, en nuestra primera “cita”; me causa asombro mi propia reacción: no quiero que tal cosa pase en ese momento.

Sí, lo sé, soy un quisquilloso del momentum de cada cosa, todo tiene que ser acometido en el momento indicado. También me gusta tener el control de lo que me rodea, pocas cosas me dan tanto placer como que alguien haga lo que yo quiero cuando yo quiero o, mejor aún, que se nieguen y luego de algunas palabras persuasivas lo lleven a cabo.

Pero en esta ocasión mi dubitación no está fundada de ninguna de estas causas, sino en una sensación de que simplemente no estaba bien. No estaba bien que ella conociera más mi cuerpo que el suyo, tampoco quería que lo hiciéramos allí, urgidos como si no hubiera mañana cuando teníamos todo el tiempo del mundo por delante. ¿O es que planeaba no volver a verme?

Hay momentos en la vida de un hombre en el que este tiene todo lo que quiere pero si eso llegara a pasar todo de una vez no podría apreciarlo con propiedad. Yo quería apreciarlo con propiedad y quería que ella lo comprendiera. Iba a ser difícil que no se sintiera rechazada, pero ¡Por el amor del cielo le acababa de dar genuino placer, en crudo, como el que no había sentido en su vida! Estaba casi seguro.

Sus manos en mi garganta me dan oleadas de placer y no me dejan pensar con claridad, sin embargo logro detenerla jalando suavemente el cabello hacia arriba -Zona, hermosa -dije levantando su mentón a la altura de mi rostro, su mirada con la mía, tenía cierto resquemor a que me considerara un cobarde. Es difícil ser serio en medio de esta agitación -No te enfades conmigo, pero no puedo dejarte hacer eso ahora -dije medidamente, sabiendo de antelación que iba a lamentarme apenas ella dijera que tenía razón, porque había una parte de mí que en ese mismo momento me estaba reprendiendo por tener esas consideraciones. -Estamos explorándonos mutuamente, conociéndonos. Este arrebato es un adelanto de todo lo que podríamos hacer juntos, gozar juntos -declaro con suma delicadeza porque no quiero herirla -No quiero gastarme todos los cartuchos esta noche -digo metafóricamente -Quiero que si vamos a internarnos en ese estadio tan íntimo, más íntimo aún que este intercambio que estamos teniendo en este momento, sea en un lugar que no sea un carruaje, donde pueda admirarte, tocarte y deleitarme de ti cuanto quiera y que tú puedas hacer lo mismo conmigo -mis labios rozando los suyos y mi mano suelta su cabello para colocarse sobre la que tiene en mi garganta, la aprieto suavemente para que me aprisione un poco más. Tengo toda la impresión de que mañana por la mañana, cuando ya toda la influencia del deseo haya dejado de nublar los sentidos, ella se arrepentirá de haberlo hecho y eso es lo contrario a lo que deseo: quiero que no se arrepienta de nada. -En plena luz y no escondidos en la sombras, piénsalo, Zona, tenemos muchas noches y tardes por delante.

La verdad es que nunca había tenido sexo oral con alguien que no fuera una prostituta, tenía que hacerme la idea de que una mujer, una guerrera como ella, lo hiciera. -Tú me pusiste tu condición: no puedo tenerte esta noche -mi dedo dibujó un círculo sobre uno de sus pechos -Yo también tengo una condición: no puedes tenerme con tu boca esta noche.

Ella decía que no era una dama pero para mí sí que lo era, y no podía evitar tratarla como tal.

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04/05/2016, 10:09
Zona Fleming Howard

Lo observo, estupefacta, cuando lo veo sereno y tranquilo, rechazando mi propuesta. Suelto su cuello, desinflándome. Siento como mis pulmones, henchidos de fuego, se van apagando sin el oxígeno que necesitaba de él. Y todo vuelvo a mi mente, el rechazo, las mentiras, los engaños. Y todo empieza a bullir en mi mente, a cruzarse unas cosas con otras. Creo que me está rechazando… algo he debido de hacer que lo asusta, la pequeña fierecilla que grita en mi interior, y se muere por experimentar nuevas sensaciones empieza a tornarse gris, mi partido corazón empieza a comer terreno, y todo esos fantasmas inseguros empiezan a aullarme.

Lo suelto, incorporándome en el asiento del carruaje, y alejándome de él. Con la mirada perdida intento pensar qué pedazo de dignidad salvaré, si ya ha visto demasiado de mis bajos instintos y no le han gustado, me ha rechazado. Frunzo el ceño, estoy demasiado sensible con todo, han sido muchas cosas hoy, pasar de un extremo a otro, de las lágrimas a la lluvia, de la verdad sobre mi querido corazón de tinta, a la pasión perfecta que iba verdaderamente genial, por fin me sentía yo misma, sin miedos, sin temblores, sin filtros ni cortinas. Solo yo. Y ahora el rechazo de nuevo. No entiendo nada pero estoy muy cansada de todo esto. De ser una pelota pequeña que rebota contra las raquetas, haciéndose daño.

- Está bien, entonces quizás otro día en otro lugar – miro por la ventana, arreglando mi corsé y mi falda, intentando dejar de lado la humillante sensación que se me pega a la piel – es tarde ya. Es hora de dormir, mi hermano estará preocupado. – Musito.

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07/05/2016, 22:17
Louis Kindelanver

Louis notó algo en la mirada de Preston cuando habló de su mujer ideal y por un instante centró sus ojos con curiosidad en el rostro de su cuñado. Le daba la impresión de que había algo más ahí, aunque tal vez fuese sólo su imaginación. Estuvo a punto de preguntarle más, pero ese momento se diluyó un poco cuando la conversación se desvió hacia la sesión de espiritismo y Louis tamborileó con los dedos de una mano sobre el dorso de la otra.

Ese asunto lo inquietaba. ¿Qué haría si Edith se manifestaba? No estaba seguro de cómo reaccionaría él mismo y una sensación de expectación e incertidumbre revoloteaba en su estómago. Ni siquiera sabía decir con seguridad si prefería que Edith respondiese o que no. En todo caso, asintió con la cabeza.

—Sí, hagámoslo allí —convino—. Edith tenía muchos hermosos recuerdos de esa casa, así que seguramente en ella la conexión sea fuerte —apuntó desde una ignorancia total del funcionamiento de esos temas, guiándose por lo que le parecía más lógico y dando por hecho que ese sería también el motivo por el que Preston había ofrecido el lugar.

Su ánimo amenazaba con decaer a cada instante que pasaba pensando en su esposa y en las implicaciones que podía tener el invocar su espíritu, pero como si pudiera leer en su rostro, Preston intervino, animando de nuevo el ambiente. Louis le dedicó una sonrisa agradecida y luego río brevemente con la pregunta de su cuñado.

—Nunca es demasiado temprano —aseguró, medio en broma, medio en serio—... Una vez que ha pasado el mediodía —agregó al final, ampliando un poco su sonrisa.

—Hemos quedado en el Round Pond, en Hyde Park —explicó entonces—. Ella lleva a los niños del orfanato todos los miércoles al parque, así que podremos hablar mientras ellos juegan. Así no hay nada de inconveniente en que nos veamos, ya que no estaremos a solas exactamente, pero podremos hablar en privado. Y nos encontraremos allí a las doce en punto del mediodía.

Su mente viajó a la última vez que se había encontrado en ese lugar con la joven y negó levemente con la cabeza con aire divertido al recordar cómo había terminado aquel encuentro y cómo aquello había propiciado otros después. Con la cabeza en eso, sus ojos buscaron a Preston y deseó que su cuñado pudiera encontrar la felicidad y olvidar lo que había perdido en India.

—Y entonces... ¿conoces alguna señorita que pueda ser paz, locura y poesía al mismo tiempo? ¿O no estabas pensando en nadie en particular?

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08/05/2016, 01:01
Lord Preston Ellsworth Parlow

La observo reaccionar a mi petición como si le hubiera hecho el peor planteo del mundo, me muerdo el labio mientras siento por un lado que la he lastimado y pienso por el otro que la estoy cuidando; sí, ella es una mujer fuerte que no necesita que la cuiden, sin embargo me veo movido a hacerlo porque es como una flor que brilla especialmente ante mis ojos en ese momento... O quizás sea que mi mente no estaba preparada para tanto desenfreno con una dama londinense. Me paso la mano por el mentón y atino a acercarme a ella, quisiera tomarle la mano pero no me atrevo y luego de alzarla la dejo a mitad de camino descansando sobre la pana del asiento.

-No te sientas apenada, esto no es tu culpa Zona -comienzo a decirle. En ese momento me doy cuenta de que quizás no he podido avanzar más porque el recuerdo de otra mujer está clavado todavía a mi corazón, tan hundido como están los clavos agarrados a la madera de su ataúd... Y no estoy listo para hablarle de ello aún.

-Solo quiero decirte que hoy he pensado en ti y solo en ti al darte placer, es decir, solo en tu satisfacción si bien yo gocé también con cada beso y con cada caricia... Hoy no se trataba de mí, sino de ti -sostuve esperando que ella me diera su voto de confianza. Finalmente, la certeza de que tal vez era hora de sincerarme un poco frente a ella me asaltó, no quería que el gran paso hacia la liberación personal que había dado ahora se viera amenazado por mi dubitación. -Voy a serte sincero, Zona. En mis viajes, y debido a la vida algo ligera que llevo, he estado con toda clase de mujeres... Estoy... Un tanto hastiado de los excesos y la lujuria, aunque te suene contradictorio -confesé. Luego la miré y sonreí levemente -Tú despiertas en mí deseos y esperanzas que no pensé en volver a experimentar -parpadeé y suspiré -No quiero importunarte más tampoco, te llevaré hasta tu casa si lo deseas, no soy quién para forzarte a una situación que no te agrada... Tengo un estudio en la esquina de Chandos Street y Wigmore, frente a Cavendish Square, puedes visitarme cuando lo desees -deslicé.

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08/05/2016, 04:39
Lord Preston Ellsworth Parlow

Me removí algo inquieto al escuchar a Louis evocar a Edith y a sus recuerdos en casa de mis padres. -Bien, luego te diré fecha y enviaremos invitaciones, tú sabes que estos eventos son populares en Londres, seguramente algunos de nuestros contactos estarán deleitados en asistir, claro, si tú lo crees conveniente... -propuse, luego lo miré -Unos pocos solamente -acoté.

Me detuve a pensar si realmente era sabio que Louis se expusiera así a una aparición de mi hermana, ahora que por fin se estaba recuperando de su pérdida. ¿Y si ella le decía que no le gustaba su nueva relación? Claro, en caso de que apareciera. Un escalofrío me recorrió de pronto, ¿Y si Denali aparecía? Dios me salvara de semejante encuentro de ultratumba porque no sabía cómo podría llegar a reaccionar ante ello.

Llamé al dependiente y le encargué una botella de la mejor champaña de la casa. -Una sabia observación -solté a su comentario sobre beber luego del mediodía y chequeé la hora en mi reloj de bolsillo -Que nos habilita a darnos el gusto, por eso te quiero cuñado -me reí entre dientes.

Sonreí enternecido, aunque tratando de ocultarlo, cuando se refirió a mi futura cuñada y a sus niños del orfanato y asentí a sus comentarios. -Qué muchacha más ejemplar, realmente se esmera en hacer la vida de esos pobres niños más amena en este mundo cruel -solté con algo de dramatismo, algo inevitable para un escritor que se precie.

Llegó el dependiente con la botella y dos copas, haciendo demostración de mi experiencia con las botellas la abrí y llené yo mismo ambas copas, extendiéndole una a mi cuñado y tomando yo la restante -Te deseo la mejor de las suertes, ¡Salud! -expresé con una media sonrisa y choqué mi copa con la de él. Bebí unos sorbos y ladeé mi cabeza, observándolo, había veces en las que parecía que mi cuñado me leía mejor de lo que podía hacerlo yo mismo. Me quedé pensativo unos segundos -La verdad es que hasta ahora no he conocido ninguna señorita que reúna las tres cosas -sostuve -Pero bueno, sí... -dudé un segundo -La señorita Fleming Howard no es la única que ronda mis pensamientos -confesé inclinándome un poco sobre la mesa, acercándome a mi cuñado -Hace dos semanas conocí a una muchacha mientras caminaba por Rose Park, nos chocamos porque yo iba leyendo y ella muy a prisa, charlando con una pareja amiga que la acompañaban -expliqué, volví a beber de la copa mirando hacia un lado, escrutando el sol que entraba por una de las ventanas, contemplando por unos segundos las diminutas partículas que levitaban en el aire, luego volví a mirar a Louis -Como fui yo el que la chocó los invité a tomar el té, a modo de reparación -hice un gesto circular con la mano  -En resumen, no he dejado de pensar en ella, es... -iba a ser más medido en mis declaraciones, mas me fue imposible de contener, antes de que me pudiera percatar las palabras salían de mi boca -Es una mujer inteligente, charlar con ella sobre lecturas y autores es estimulante, y tiene una belleza... Demasiado inocente, pero atractiva -me río por lo bajo -Debo decirte que ese halo de inocencia es el que me ha hecho retrasar nuestro segundo encuentro... -me detuve pensando si hacía bien en contarle todo esto, no hacía otra cosa que alimentar mi fama de picaflor, pero enseguida retomé -Nos hemos estado escribiendo -me bebí el resto de la copa -No sé cuál muchacha me gusta más -finalicé, refiriéndome a Zona y a ella, visiblemente preocupado porque sabía que Louis podía reprenderme, y con razón, por alimentar las esperanzas de Zona sin estar seguro de que era estar con ella lo que deseaba.

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08/05/2016, 11:18
Zona Fleming Howard

Y esto es lo que sucede cuando dejas que un hombre se propase contigo, que ya no quiere más, ya ha tocado lo que quería tocar, ya puede dejarte tirada como un deshecho. Las mujeres pasionales y fervorosas son abochornadas públicamente, porque una mujer no puede tener pasiones y fogosidades, una mujer debe utilizar el sexo solamente para la procreación y para satisfacción de su marido. Sentir placer en el acto sexual es pecado. Me rechaza antes de llegar a nada porque ha visto que soy basura social.

Miro lo ventana, ausente, no vuelvo a mirarle ni un solo instante. Ha convertido este momento en algo bochornoso para mí, algo horrible y despiadado, no a duda ni un instante en humillarme. Y ya van dos rechazos en una noche. Seguramente él y Louis tengan a bien reírse de mí en sus reuniones, intercambien juicios y valores sobre mí, henchidos de ego y de gracia. No sé qué haré después de este mazazo, quizás me marche lejos un tiempo, mi corazón no soportará otro más. ¿Qué tengo yo de malo que tanto repele a todos los hombres? ¿Es mi ímpetu? ¿Mi arrojo? Ya ni siquiera sexualmente me quiere nadie. ¿Ni para vulgar prostituta valdría yo? ¿De veras?

No creo ninguna de sus palabras, pues sus actos reflejan algo diferente, dice que me desea pero no quiere nada, dice que me fuerza pero es él quien me rechaza a mí. Supongo que está vengándose por mi despedida, por haber tenido que volver a por mí, y lo cierto es que lo ha hecho bien. Tampoco quiero volver a saber nada, ni de él ni de ningún otro, mirarlo de nuevo a cara y ver en ella su repulsa… moriría de vergüenza en el acto. No debí mostrarme como soy. Hortence tiene razón, en todo.

- Para el carruaje, por favor, me gustaría irme a casa caminando, apenas quedan un par de calles y adoro caminar. – Ni si quiera lo miro cuando digo eso, quiero salir de aquí.

No responderé a nada de lo que ha dicho, por ser yo misma he obtenido rechazos, repulsa, y engaños, debo empezar a ser como Hortence dice, no puedo seguir siendo yo misma o nadie me querrá, y se supone que la máxima en la vida de una mujer es tener a un hombre que la quiera. Louis nunca me quiso, el hombre que tengo en frente supongo que siente repulsión hacia mis actos e intenta ser cortés, pero la realidad es que me ha rechazado. Estoy sola de nuevo ¿Y si los hombres no son lo mío? ¿Y si mi destino es la lucha? Una vez para el carruaje, bajo, y de nuevo la lluvia.

- Tranquilo, no pasa nada… no hace falta que te excuses… lo entiendo perfectamente… Adiós, Preston, espero que encuentres a una mujer grácil y dulce, sin esas pulsiones que te hastían, una que no esté enferma. La velada ha sido divertida.  Buenas noches.

Y ahora sí, me alejo del carruaje, con ese pequeño rayito, no me importa que nadie me quiera, tengo una lucha a la dedicar mi vida, y mi tiempo, ellos me repudiarán, me rechazarán, jugarán vilmente con mis sentimientos y esperanzas. Pero nunca podrán aplastarme, soy una mujer, una persona, una luchadora, una guerrera. ¿Será muy costoso ese pequeño aparatito que sirve para calmar la histeria?

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09/05/2016, 02:35
Louis Kindelanver

Louis asintió, aceptando la presencia de otros invitados en la sesión espiritista. No sabía bien cómo iría la cosa, pero tenía la sensación de que hacían falta varias personas para que ese tipo de asuntos funcionasen, tal vez por haberlo leído en algún periódico o novela. Y confiaba ciegamente en que Preston no invitaría a nadie que pudiera incomodarlo, así que con un nuevo asentimiento dejó el tema en sus manos.

Y mientras su cuñado servía ambas copas, Louis sonrió con la imagen de unos ojos increíblemente azules prendida de sus pupilas.

—Vaya si lo hace —convino—. Se entrega con una decisión apasionada a todo lo que hace. Ya sea cuidar de esos niños, o ayudarme a revisar las cuentas de la empresa... —Un brillo de admiración se instaló en su mirada. Sabía que tal vez Preston consideraba que sólo exageraba, pero a Louis no le cabía duda de que cuando por fin conociese a Prue, también pensaría como él. —Te lo digo, cuñado. Es una joven increíble y con una determinación excepcional para su edad.

Levantó la copa y la chocó con la del otro hombre. Mientras Preston respondía a su última pregunta, metiendo a otra muchacha en la ecuación, Louis bebió un par de sorbos de su copa, paladeando el champán. Recibió sentimientos encontrados con aquello que su cuñado le contaba, pues si bien se alegraba de verlo entretenido encandilando a las jóvenes como siempre había hecho, por otro lado le daba miedo que la señorita Fleming Howard saliese herida de aquella situación, más después de saber que él mismo le había hecho más daño del que habría creído.

Bebió un nuevo sorbo y después sacudió un poco la cabeza, mirando a su cuñado como si creyese que no tenía remedio. No podía, sin embargo, enfadarse con él. Sabía que no había mala intención en su actuación. Quizá era un poco veleta, pero era parte de su forma de ser y siempre lo había apreciado tal y como era sin juzgarlo, no iba a ponerse entonces a hacerlo.

—¿Y quién es esa otra joven? Háblame de ella, cuñado —pidió con curiosidad—. Parece que tienes una buena disyuntiva entre manos. La inocencia de una o la locura apasionada de otra —añadió, esbozando una sonrisa levemente divertida—. Espero que no planees quedarte con las dos.

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13/05/2016, 22:40
Lord Preston Ellsworth Parlow

Nuevamente me veo contrariado por sus palabras, pero no es solo por esa tendencia suya a interpretar las peores intenciones de cada cosa que digo o hago como si hubiera una doble faz a ser descubierta, lo que más me molesta es que no muestra empatía  hacia mí, solo puede ver su dolor, su culpa, y mis supuestos prejuicios. Ni siquiera hace el esfuerzo de preguntarse por qué actúo así y prefiere creer que es porque aborrezco sus pulsiones, cuando fueron estas mismas las que me llevaron a ella.

No, no me molestan su deseo ni su espíritu salvaje, soy yo el que está dudando de todas sus relaciones con las mujeres hasta el día de hoy, en cómo se ha comportado y qué ha obtenido. Pero no tengo forma de probárselo porque no hace algo tan sencillo como confiar en cuanto le digo, el pilar de toda relación: la confianza, una relación que acabó antes de nacer por cuanto me ha dicho. Quiero decirle que no me hastía ella, que deseo que me ayude a explorar senderos del cortejo, de las relaciones, que nunca he transitado, pero no va a escucharme. Lo veo en su actitud, se ha cerrado completamente.

-Espero que ambos encontremos un igual que nos dé aquello que esperamos y nos comprenda -solté parado en el escalón del carruaje.

No tengo más remedio que verla marchar, he vuelto atrás por ella una vez y le he mostrado de mí más que a ninguna otra dama y ella no ha sabido apreciar eso... Porque no le he dado la respuesta que ella hubiera esperado de un hombre hecho y derecho según la sociedad: como si por ser hombre no pudiera rechazar una ocasión sexual. En cambio yo no he hecho otra cosa que alentar una respuesta no convencional de su parte, pensando que me comprendería cuando yo también le diera una respuesta fuera de lo establecido.

Cierro la puerta del carruaje y le hago un gesto al cochero, que me mira sorprendido, para que continúe camino mientras no puedo hacer otra cosa que saborear el regusto amargo que me ha dejado el encuentro.

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13/05/2016, 23:08
Zona Fleming Howard

Notas de juego

Ha sido muy divertido!! Muchísimas gracias por tu tiempo :) Doy la escena por cerrada. Un verdadero placer.

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13/05/2016, 23:15
Lord Preston Ellsworth Parlow

Notas de juego

Igualmente, suerte con tus proyectos!

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18/05/2016, 03:53
Lord Preston Ellsworth Parlow

Brindamos alegremente con Louis, estaba feliz por el camino que estaba tomando su vida y la manera en que sus ojos brillaban cuando hablaba de la misteriosa Prue, a la que ya estaba deseando conocer. Me pregunté si yo mismo tendría la oportunidad algún día de que alguien suscitara esa felicidad en mí, no solo el vívido y vasto temblor del anhelo, sino ese dulce devaneo del sosiego y la satisfacción que calman el espíritu cuando los pensamientos se transportan hacia la persona amada.

Me vi en la duda de confesar lo que había pasado la noche pasada en la que Zona y yo nos habíamos encontrado pero no podía dejar la reputación de la muchacha por el suelo, y eso sería lo que sucedería si le contaba a Louis cuanto había ocurrido. Hice un rictus con la boca y suspiré, el encuentro había terminado de manera extraña y apresurada y los detalles me perturbaron y me llevaron lejos de la conversación mientras pasaba la yema de mi dedo índice por el borde de la copa en mi mano. La verdad es que no tenía la certeza de si volvería a verla o no, dependía de ella, para ser sincero.

-La otra muchacha se llama Emily, Emily Jones -su nombre se desliza por mis labios y siento que su presencia vuelve a mí como un dulce aroma de la infancia -Un espíritu tan etéreo, una mente brillante y unas lecturas increíbles, podría haber seguido hablando con ella toda la tarde sino fuera porque teníamos adosados a sus amigos -me reí por lo bajo -Y quisiera verla de nuevo, pero ahora que me he encontrado con Zona... -me aprieto las manos la una con la otra, luego solté una risa porque no pude evitarlo cuando escuché su comentario -No, no planeo quedarme con las dos -dije todavía con una sonrisa y luego mi mirada se puso seria pero manteniendo la sonrisa -Porque no puedo, pero si pudiera... -bebí lo que quedaba en la copa sin inmutarme -Sí, tendré que decidirme por una, dios, si existe, me ayude a elegir la adecuada.

Notas de juego

Perdón, sé que debería escribirte más en compensación pero estos días han sido agotadores...