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La Edad de la Inocencia (+18)

• Louis Kindelanver •

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14/12/2015, 20:08
Louis Kindelanver

 

Encuentro en Hyde-Regents Park con Abigale (1 de marzo de 1880)

 

Eran alrededor de las diez de la mañana y en los ojos de Louis Kindelanver ya podía verse el brillo ligeramente ausente de quien se esconde de sus propios pensamientos tras una pátina de alcohol. Las sombras en sus párpados parecían indicar que el hombre no había dormido correctamente desde hacía como mínimo varias noches y sin embargo, su aspecto era limpio y pulcro. Traje negro, camisa clara, chaleco negro y un pañuelo verde oscuro sobre éste. 

Caminaba con un aire levemente ausente, dejando que sus pasos le guiaran hacia donde debían ir por pura inercia, con las manos en los bolsillos del abrigo de entretiempo que cubría sus hombros. Sus cabellos se rizaban por la humedad que había en el aire y el cielo gris tamizaba la luz creando un ambiente suave y melancólico que parecía fundirse a la perfección con el ánimo de Louis. Y así fue como terminó atravesando los Kensington Gardens hasta llegar al Round Pond.

El enorme lago se encontraba presidido por el Kensington Palace y rodeado por árboles y setos. Junto al agua algunas sillas de madera permitían el reposo de los visitantes del parque y podían verse algunas personas sentadas, disfrutando de las vistas. 

Un grupo de chiquillos reía ruidosamente al ver que uno de los barquitos que habían fletado en el lago se hundía antes de avanzar un par de brazos y cerca de ellos una madre reñía a otro muchacho por tirarle piedras a los cisnes que surcaban las aguas con su majestuoso plumaje blanco. 

Louis frunció sus labios en una mueca triste cuando una punzada dolorosa atravesó su pecho. Era la tercera vez que acudía a ese parque en esa fecha sin Edith y su ausencia seguía siendo una carencia dolorosa a su lado. 

Sus ojos recorrían la superficie azul verdosa del lago con melancolía mientras los recuerdos atosigaban su mente y su espíritu. Podía rememorar el sonido de su risa y la forma en que un pequeño hoyuelo aparecía en su mejilla derecha cuando alguno de los cisnes se acercaba a ella y comía de su mano pedazos de pan duro. Cada uno de los rincones de ese lugar estaba impregnado de la esencia de Edith y Louis se preguntó por enésima vez por qué se torturaba a sí mismo acudiendo allí cada año. 

Con un gesto cansado se frotó los ojos y tomó aire despacio. Puede que cada año fuese más sencillo que el anterior y que realmente ya no recordase a Edith con la precisión que él creía, pero en aquel momento el humor del hombre era tan gris como las nubes que se movían por el cielo amenazando con liberar una llovizna persistente que duraría varias horas. 

Fue entonces cuando uno de esos barquitos entró en su campo visual y las risas de los niños que hacía tres años le habrían parecido un sonido agradable y melodioso, crisparon sus ánimos enturbiando sus recuerdos. Louis se movió entonces, con cierta brusquedad, al decidir alejarse hacia alguna zona menos concurrida, y en su giro se chocó con una hermosa joven cuya presencia cerca de él no había percibido hasta ese momento.

—¡Ah! —exclamó, sorprendido, mientras movía la mano con rapidez para sostenerla del codo—. Discúlpeme, por favor. No la había visto —continuó, soltándola con premura. Sus ojos tristes se detuvieron un instante en los de Abigale y Louis inclinó brevemente la cabeza, en un gesto educado. —Espero no haberle hecho daño. Le aseguro que no suelo hacer gala de tanta torpeza.

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14/12/2015, 21:01
Abigale Forge Rabbit

Temprano esa mañana Abigale había salido de su casa con "El mercado de los duendes" de Christina Rossetti bajo el brazo, vestida con un vestido verde con blanco, sin detalles ni adornos más que el lazo a su espalda que actuaba como corset. La elección del color tanto de la simpleza, o en realidad la excusa para poder vestirse como gustaba, era que al ir al parque para sentarse en el césped como siempre hacía, aquella sería una pérdida menor o una que podría disimular cualquier mancha debido a la similitud en colores.

Debido a lo alegre del día y al suave clima que invitaba a un paseo, decidió alargar su camino a través del Hyde Park para poder llegar al Regent's Park, dónde ya había encontrado su pequeño refugio a la sombra de un antiguo roble que no parecía ceder ni a los más horribles diluvios ni a las peores sequías. Sin embargo, sus pasos se desaceleraron aún más al encontrarse con el buen ambiente que reinaba ese día, con familias visitantes, personas en distintas bancas, y niños riendo disfrutando de travesuras o de juegos inocentes.

Podría haberse quedado el día entero allí.

Recordaba visitar un parque como este cuando era niña junto a otros de su misma edad, dónde pasaban días enteros jugando a las escondidas o buscando aventuras. Una sonrisa se dibujó inevitablemente en su cara, enternecida por aquel momento de ensoñación que la memoria le había otorgado, sintiendo una nostalgia agradable recorrerle el pecho como una sensación cálida y acogedora a la que aferrarse en el frío invierno.

Distraída entonces no se dio cuenta de que el caballero cerca de ella hacía un cambio de dirección repentino, chocándola de frente y empujándola de tal manera, que de no ser porque él mismo la sostuvo, en su torpeza se habría ido derecho al piso. - Oh, no se preocupe, no hay problema. - dice sonriendo de buen ánimo, mientras se arregla el vestido con la mano libre, sin mirarlo aún - Estas cosas pasan, además yo andaba mirando para cualq- se interrumpe al subir la mirada y ver los ojos de profunda tristeza del hombre, los que sin esfuerzo borran la sonrisa de la joven dama y la hacen abrir ligeramente los labios, buscando las palabras - ¿Está usted bien? - pregunta curvando sus cejas producto de la preocupación, sin complicarse más por decir lo adecuado. La verdad era que rara vez acertaba, así que al menos podía invertir una impertinencia en demostrar empatía por el pobre caballero.

Notas de juego

Vestido

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14/12/2015, 21:03
Louis Kindelanver

Lo cierto fue que a Louis la pregunta de Abigael lo pilló de improviso. Descolocado por la franqueza de la joven dama parpadeó dos veces, antes de responder. Y tal vez fue precisamente por la naturalidad con la que ella se había interesado, tan alejada de las rígidas convenciones sociales que solían regir las conversaciones entre personas de distinto sexo, más siendo dos desconocidos. O quizá también tuvo algo que ver esa desinhibición propia del alcohol, que se sumaba al peso que apretaba su pecho, formando un prieto nudo a la altura del esternón.

Fuese como fuese, Louis ni siquiera se planteó fingir o marcharse sin dar una respuesta a aquella muchacha. Por pura inercia sus labios se abrieron y su cabeza se sacudió una sola vez, en una negación.

—Lo cierto es que no, señorita. No estoy demasiado bien —confesó con una naturalidad que se le antojó inexplicable desde el mismo momento en que esas palabras abandonaron su garganta—. Pero no se preocupe —se apresuró a añadir entonces—. No es algo que se pueda solucionar... Tan sólo es la vida y de eso nadie puede escaparse.

Sus palabras sonaban tan derrotadas y abatidas como lo estaba su mirada, que se desvió durante un breve instante hacia el lago para volver de nuevo a encontrarse con los ojos de Abigael. Y de alguna manera se sintió con la obligación de explicarse mejor, aunque no llegaba a comprender de dónde surgía esa necesidad.

—Este lugar me trae recuerdos en el aniversario de una desgracia —explicó, con voz cansada—. Nada más.

Un suspiro ansiaba abandonar su pecho, aliviando la tensión que mantenía al viudo en un estado continuo de presión. Sin embargo, Louis no lo dejó escapar. En su lugar, inclinó ligeramente la cabeza de nuevo antes de presentarse.

—Disculpe mis modales. Soy Louis Kindelanver, para servirla.

Era extraño, pues en su interior emociones contradictorias chocaban entre sí. Una leve culpabilidad por estar charlando con alguien en aquel día que se había autoimpuesto para torturarse a sí mismo recordando a Edith cada minuto. Un curioso alivio al escuchar una voz desconocida preocupándose de su estado. Y la liberación de haber dicho en voz alta parte de lo que le angustiaba por dentro.

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14/12/2015, 23:47
Abigale Forge Rabbit

Abigale separó ligeramente los labios para suspirar suavemente cuando el hombre contestó de manera negativa. Le alegraba que le concediera aquella confianza a tan solo segundos de conocerla, mas el no saber como ayudarlo la angustiaba agregando cierta tristeza a su expresión, frustrándose al entender que cuando se trataba de un desconocido que parecía resignado a su dolor, por mucho que se empatizara con él sería complicado reconocer la manera precisa de subir su ánimo.

Siguió con sus propios ojos la mirada del hombre que rehuía la suya en busca del lado, con quién pronto logró recuperar el contacto visual. Respiró profundo, buscando las palabras, y esperando que él siguiera hablando. Quizás si escuchaba atentamente sabría que hacer para ayudarlo, además de intentar mantenerlo lejos del alcohol que ya parecía ser el olor característico del aliento del desconocido. Probablemente, de no ver la aflicción en el alma del hombre, su ebriedad habría sido suficiente para espantarla. Pero hoy ese no era el caso.

Aniversario de una desgracia - repitió en su cabeza. ¿Una muerte en la familia? ¿Alguna pérdida material? A juzgar por su atuendo no parecía falto de dinero, así que la segunda podría descartarla. No fue hasta que él pronunció su nombre que cayó en cuenta de que no se habían presentado, lo que la hizo abrir ligeramente los ojos, avergonzada por su torpeza. Inmediatamente, hizo una sutil reverencia, agachando también la cabeza.

Abigale Forge Rabbit, mi señor. Es un placer.

Sin estar muy segura de como continuar, pero sabiendo que debía distraerlo de aquel pensamiento que lo atormentaba, miró alrededor, buscando algo de qué hablar. Entonces sintió la textura áspera del libro en sus manos y una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios, satisfecha por su idea, que aunque simple le parecía perfecta.

¿Es usted aficionado a la lectura? Iba camino al Regent's Park, dónde suelo ir a leer. - le muestra el ejemplar que lleva en las manos - Si quiere podemos caminar juntos, así hablamos un poco de libros o de lo que le parezca y yo le prevengo de chocar contra extrañas. ¿Le parece? - sugiere con una amplia sonrisa.

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14/12/2015, 23:51
Louis Kindelanver

Durante el tiempo que Abigael necesitó para mirar a su alrededor, Louis tuvo un momento para preguntarse a sí mismo por qué permanecía allí en lugar de continuar su camino como había sido su intención, en busca de algún lugar donde seguir torturándose sin el bullicio de los chiquillos. No llegó a responderse, en parte porque no le dio tiempo antes de que la joven hablase de nuevo y en parte porque ciertamente, si era sincero consigo mismo, desconocía cuál era la respuesta.

El ceño del hombre se frunció ligeramente con una pizca de curiosidad cuando Abigael le ofreció que caminase junto a ella. Aquella petición de labios de una joven dama hacia un desconocido era tan inapropiada que Louis tuvo que tomarse un segundo para convencerse de que era eso lo que había dicho. Sin embargo, con la última pequeña broma de Abigael, Louis sintió que sus labios esbozaban la sombra de una sonrisa a pesar del dolor que punzaba en su pecho.

Entonces se giró hacia el lago para dedicarle una última mirada y en el mismo momento en que uno de los cisnes se sacudía haciendo que pequeñas gotitas se desprendiesen de su plumaje, tomó una decisión poco meditada y asintió al volver a contemplar a la muchacha.

—Ciertamente encuentro un gran placer en la lectura, aunque reconozco que en los últimos tiempos he dejado esa afición un poco de lado —respondió, dando un pequeño paso para colocarse junto a la dama. Estuvo tentado de ofrecerle el brazo para caminar, a sabiendas de que el suelo del parque podía resultar traicionero para los finos tobillos femeninos, pero no lo hizo en aras de la cortesía y la educación.

—Caminemos entonces —dijo, comenzando a andar antes de que su lengua se soltase por sí sola y continuase hablando sin pedirle permiso. Y cuando lo hizo, su tono dejaba traslucir una pequeña broma en el fondo de la melancolía que dominaba la voz del hombre—. Las mujeres que hayan decidido pasear esta mañana le agradecerán sin duda que las mantenga a salvo apartándome de su camino.

Echó un breve vistazo al libro que ella portaba en las manos y con un susurro empezó a recitar algunos versos sin dejar de caminar.

—Recuérdame después de haberme ido
cuando, bajo la tierra silenciosa
no me alcance tu mano temblorosa
ni pueda desandar lo recorrido.

No se le ocurrían palabras más certeras para aquel día. Bajó la mirada y contempló sus propios pasos durante algunos segundos y entonces sí, suspiró quedamente antes de levantar los ojos de nuevo y ladear un poco el rostro para mirar a su acompañante.

—¿Le agrada Christina Rosetti, señorita Forge?

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15/12/2015, 00:03
Abigale Forge Rabbit

Verlo sonreír, aunque levemente, fue todo lo que Abigale necesitó para convencerse que, aunque fuera de lugar, había hecho lo correcto. Podía dudar de si la acompañaría por la demora en su respuesta, pero incluso así estaba tranquila. Arrancarle un gesto de alegría sincero a un hombre atormentado y borracho, aunque esta mueca fuera ínfima y fugaz, era un logro que ni había esperado ni al que le quitaría valor. Si podía hacerlo sonreír aunque fuera con la comisura de los labios, quizás podría hacerlo olvidar, aunque fuera por un momento, el pesar que se había apoderado de su alma.

Contenta con el progreso comenzó a caminar a un lado del caballero, y al escuchar el comentario que hacía en respuesta a su broma anterior, una amplia sonrisa se dibujó en los labios de la joven dama. - Supongo que entonces ya puedo decir que hice mi buena acción del día - responde, victoriosa.

Sin embargo su sonrisa se vuelve ligeramente triste, por respeto más que cualquier otra cosa, al escuchar al hombre recitar ese poema en particular. Preocupada, lo observa en silencio mientras él se pierde durante algunos segundos, suspirando justo antes de volver a mirarla.

Prefiero que me olvides si contento estás a que me evoques y estés triste. - recitó mirándolo a los ojos con una sonrisa cariñosa antes de contestar, aunque se saltase algunos versos. - Me gusta bastante... No es mi escritora favorita, pero me gusta mucho. Mi favorito debe ser Victor Hugo, adoro su obra "Nuestra Señora de París". ¿Cuál es el suyo?

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15/12/2015, 00:10
Louis Kindelanver

Louis recibió con una pequeña mueca los versos que brotaron de los labios de Abigael y negó suavemente con la cabeza, sosteniendo la mirada de la joven.

—Si hay algo más triste que recordar, eso debe ser sin duda olvidar. Pues el olvido también se llevaría una inmensa felicidad como si nunca hubiera existido. —Hizo una pequeña pausa, todavía con los ojos prendidos de los de ella y continuó explicándose. —¿De qué serviría vivir en una mediocre sequía de emociones? Pues eso no es vivir, sino tan sólo existir como un crisantemo o una roca. —Poco a poco su tono teñido de melancolía había ido adquiriendo un toque apasionado para terminar con un gesto de la mano. —Si debo sufrir ahora para equilibrar toda la felicidad que tuve, que así sea, pues no cambiaría ni un minuto de lo vivido por un futuro de calmo olvido.

Louis se quedó callado un instante, sorprendido de sí mismo mostrando tal elocuencia con aquella muchacha desconocida y volvió a negar levemente, recuperando su tono anterior al hablar, suave y triste.

—Discúlpeme, me temo que estoy divagando y no querría aburrirla. —Miró entonces hacia el cielo gris antes de seguir hablando. —Victor Hugo es ciertamente de mi agrado, Los miserables es una obra exquisita en ejecución y en contenido, sin duda. Sin embargo, creo que si tuviera que escoger un favorito entre todos, ese sería Baudelaire. ¿Lo conoce?

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15/12/2015, 00:17
Abigale Forge Rabbit

La respuesta del viudo al fragmento recitado la cautivó a tal punto que no dio importancia a que no fuera ese el resultado que buscaba. Tan solo le quedaba soñar que alguien la viera con esos ojos alguna vez, que algún caballero estuviese dispuesto a condenar su alma al más amargo tormento por un momento de efímera felicidad junto a ella. La mera idea le parecía tan fascinante que, incapaz de rebatirle algo de lo que decía, lo admiró encandilada, perdida en ese sueño que cada joven romántica guardaba en algún lugar de su corazón.

Sería incapaz de aburrirme mostrando tan puros sentimientos. Por favor, siéntase en libertad de expresarlos en mi presencia. No creo que haya mejor manera de conocer a una persona que por medio de la transparencia - aclaró antes de continuar, pues lo creía necesario - Baudelaire no es uno de mis favoritos, pero me gusta bastante. De alguna manera, la oscuridad en obras como las de Victor Hugo o Baudelaire me llaman muchísimo la atención. - admitió, con una mirada algo culpable - A mi padre no le parece demasiado, por supuesto, así que solo puedo leerlos en bibliotecas a escondidas y luego devolverlos. Si él me viera un ejemplar no me dejaría volver a tomar un libro en mi vida. - finaliza con absoluta certeza. Entonces se da cuenta de lo tiránico que podría sonar su padre y se corrige - Aunque por supuesto, sólo quiere lo mejor para mí. Jamás me prohibiría algo sin un argumento detrás.

Cómoda con su compañía, sus pasos eran tranquilos aunque gráciles, y su atención ya casi no se desviaba del misterioso hombre a su lado. No quería tocar ninguna herida, así que se le hacía difícil elegir temas de conversación. Quizás la respuesta sería seguir en el mismo, con apenas pequeñas desviaciones, hasta que él decidiera buscar uno con el que se sintiera cómodo.

¿Usted también es de la creencia que solo algunos libros pertenecen a las manos de una señorita?

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15/12/2015, 00:30
Louis Kindelanver

Louis detuvo su mirada en la joven mientras ella realizaba esa pequeña confesión sobre sus aficiones literarias. Había un brillo curioso entre la tristeza de sus ojos, aunque el hombre bajó la mirada con una leve mueca cuando ella mencionó a su padre. Y la pregunta que ella le hizo, provocó en su interior una honda reflexión.

Los recuerdos acudieron entonces a su mente pues en cierta manera aquella joven le recordaba en algunas cosas a su Edith. Aunque justo era reconocer que en días como aquel no le costaba verla en todas partes. El calor de la chimenea, el suave aroma a jazmín de sus cabellos, su voz dulce hablando del futuro que querría para las hijas de ambos y compartiendo con él sus ideas sobre aquellos derechos para las mujeres que todavía no se atrevía a confesar en público. Podía intuir en esta joven parte de aquel espíritu luchador que añoraba.

—He conocido padres sobreprotectores, y padres que perdieron la compostura en su necesidad de controlar lo que les rodeaba —comenzó, pensando en su suegro y en su propio padre—. Y he conocido también jóvenes damas más fuertes en espíritu que muchos hombres, que me han hecho tener una visión más... digamos progresista del asunto.

Hizo una pequeña pausa y levantó la mirada, ladeando un poco la cabeza para poder contemplar los ojos de Abigale mientras hablaba. —Creo que puedo decirle que considero que ese tipo de mujer es perfectamente capaz de pensar por sí misma y tomar sus propias decisiones. Cierto es que no todas las señoritas tienen esa fortaleza en su interior y estas necesitan ser guiadas, no sólo en sus lecturas, sino en sus vidas. Pero si una joven tiene inquietudes que los libros más femeninos no son capaces de calmar, debe tener la posibilidad de explorar en la oscuridad de otros hasta encontrarse a sí misma.

Llevó entonces sus manos hacia atrás mientras caminaba y elevó su mirada hacia las nubes grises. —Su padre probablemente tan sólo desea lo mejor para usted, pero no permita que le corten las alas sólo por pertenecer al sexo débil, señorita Forge.

Entonces bajó la mirada para contemplarla a ella de nuevo y decidió devolverle aquella pregunta. Poco a poco su mente se había despejado un poco con aquel ejercicio dialéctico y su mirada se veía más centrada. —¿Y qué opina usted? ¿Permitiría que su joven hija, si la tuviese, indagase en libros sobre la oscuridad más profunda del alma?

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15/12/2015, 02:01
Abigale Forge Rabbit

Abigale escuchó con atención la experiencia y opinión de Louis, mirándolo a los ojos con la curiosidad insaciable que la caracterizaba cuando él había levantado la mirada. No todos los días se encontraba con alguien que reconociera la fortaleza del llamado sexo débil y la inteligencia que podía ocultar su género tras sonrisas y maquillaje. El arte de vestir la percepción del resto con colores claros y telas suaves, de disfrazar con un poco de inocencia una mente perfectamente sana y ambiciosa, como sería la de cualquier joven del sexo opuesto con ambos pies bien puestos en la tierra. No todos los días se conocía a alguien que pudiese dejar las convenciones atrás y mirar a los ojos realmente, sin prejuicios, sabiendo que una mujer puede ser tan débil o fuerte como cualquier ser humano.

Sonrió con dulzura al ver que no era subestimada, mirando hacia el suelo cuando él apartó su mirada hacia el cielo, pensativa. Fue recién cuando él le habló que volvió a mirarlo, aún con aquella mueca alegre, aunque ahora expresada de manera bastante más sutil. Sin embargo, al escuchar la segunda pregunta, su expresión cambio por una de confusión, dejando de sonreír y frunciendo el ceño y los labios mientras miraba hacia un lado.

Jamás lo había pensado - suspira, mirando hacia el camino - No me había planteado antes la crianza de un hijo o hija... Pero supongo que lo permitiría. Me gustaría que se conocieran lo suficiente para poder tomar decisiones de las que no se arrepintieran luego, y para eso no solo deben entender sus virtudes, sino sus defectos. - asiente, como confirmándose a sí misma, antes de relajar la expresión -  Sin embargo, haría lo imposible porque aquella oscuridad no inundara el alma de mis descendientes. Todos tenemos una sombra dentro, el problema viene cuando esta supera la luz.

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15/12/2015, 04:18
Louis Kindelanver

Louis no pudo evitar que una pequeña sonrisa se esbozase en sus labios al ver la encantadora confusión de la joven ante su pregunta. De alguna manera extraña se sintió victorioso por haberla desarmado, aún a sabiendas de que aquella conversación no era una competición.

El hombre no estaba seguro de en qué momento había empezado a arrastrarse desde la autocomplacencia que encontraba en torturarse con sus recuerdos hacia una lucidez más luminosa y probablemente si se hubiera parado a pensar en ello detenidamente, la culpabilidad habría aguijoneado en su pecho. Habría abandonado aquella charla para volver sobre sus pasos y se habría deslizado de nuevo hacia la oscuridad tormentosa que invadía su espíritu al llegar al parque.

El peso de la petaca llena de licor en el bolsillo interior de su abrigo era un recordatorio constante, a cada paso, de que podía dejarse caer cuando quisiera. Cuando lo necesitase. Sin embargo, en aquel momento, por primera vez en mucho tiempo su atención no estaba en el pasado, sino en aquella joven desconocida que mostraba una curiosidad propia de su juventud, pero no habitual en su sexo.

Asintió con la cabeza a las palabras de ella, sin dejar de caminar con las manos en la espalda. —Créame que en ocasiones es difícil no sucumbir a esa oscuridad, señorita Forge —respondió mientras esa tenue sonrisa se volvía un tanto amarga y ese suspiro volvía a apretar un nudo en su pecho—. Algunos la tenemos más presente que otros y los tentáculos de esa sombra se aferran a nuestra piel y presentan una ardua batalla. 

—Tiene usted las ideas claras a pesar de no haber pensado antes sobre ello —alabó, con otro pequeño asentimiento—. Será sin duda una buena madre cuando llegue su momento. 

Poco a poco los pasos de los dos les habían llevado hasta Regent's Park y Louis dejó que fuese ella la que guiase su camino, ya que sabía hacia dónde se dirigía. El hombre se daba cuenta de que cuando llegasen, lo más lógico sería que aquel paseo y aquella conversación terminasen y ni siquiera estaba seguro de si deseaba que fuese así, o ansiaba lo contrario.

Dedicó entonces una mirada a la joven mientras una pequeña posibilidad empezaba a abrirse camino en su mente.

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17/12/2015, 04:26
Abigale Forge Rabbit

Estoy segura que siempre que haya un poco de luz, toda alma puede anclarse a ella - sonríe ante la primera aseveración del hombre, la cual se negaba a creer. Sin importar lo presente que estuviera aquella oscuridad o lo extensos que fueran sus tentáculos, Abigale tenía la férrea creencia de que todos podían ser salvados, sin importar el pecado que albergara su corazón o la tragedia que hubiese sufrido en el pasado. Incluso cuando alguien no albergaba esperanza, era el deber de quienes lo estimaban, tener esperanza por él, asegurando su bienestar aunque no fuera inmediato.

Ambos cumplidos no pasaron desapercibidos, y un leve color rosado inundó las mejillas de la joven dama, quien apreciaba el ser halagada por sus ideas antes que por su belleza, y quien jamás se había imaginado a sí misma como madre de nadie. Le alegraba, si embargo, que aquel caballero de obvia alta cuna e intelecto superior que saltaba a la vista considerara que así fuera, pues pacificaba una inseguridad que hasta el momento, no sabía que tenía.

Por lo mismo, atrapada en una conversación que deseaba jamás terminara, ignorando la ebriedad de su acompañante y su aparente mal día, su rostro reflejó una evidente decepción al ver a lo lejos el Regent's Park. Aunque sus pasos no se detuvieron, reducieron su velocidad, quizás imperceptiblemente, con la excusa de adentrarse en un parque menos apto para la caminata. 

Como siempre, caminó hacia aquel viejo árbol bajo el cual siempre se refugiaba, donde mil mundos de fantasía se habían abierto a sus ojos y mente. Aún a la distancia, lo que parecería un simple roble inglés para cualquier transeúnte a ella la atraía como un imán, la puerta a sus sueños y distracciones. 

No fue hasta que sintió la mirada del hombre que volvió a hacer contacto visual, observándolo con curiosidad. - ¿Pasa algo, señor Kindelanver?

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17/12/2015, 05:07
Louis Kindelanver

Louis contempló de lejos el lugar al que la joven parecía dirigirse y pensó que era un buen lugar. Las ramas de aquel árbol parecían lo suficientemente frondosas como para resguardar a quien se encontrase debajo de la lluvia que el cielo amenazaba con liberar pronto. 

La perspicaz pregunta de la muchacha lo pilló por sorpresa y en un primer momento apartó la mirada, sin estar seguro de por qué se había sentido pillado en falta, como cuando de niño Daisy lo descubría dentro de la despensa antes de la hora de la merienda. —Oh, yo... —titubeó, sin saber si realmente lo que le pasaba por la cabeza era una buena idea, o si tan sólo se lo parecía por la falta de sueño y el exceso de alcohol. Sin embargo, sentía su mente más lúcida en aquel momento, tras la charla con la joven dama, que en los últimos días y probablemente fue eso lo que terminó por decidirlo.

—Si le soy sincero, debo reconocerle que su conversación me ha ayudado en una mañana en la que esa oscuridad de la que hablamos amenazaba con hacerme a un lado y tomar el control. Buscaba en mi mente la forma de agradecérselo.

—Y estaba pensando en que le agradaría visitar mi biblioteca, señorita Forge. Tengo varios volúmenes de esos que su padre consideraría demasiado oscuros para una jovencita y también algunos tomos que pertenecían a mi difunta esposa —su mirada se volvió sombría al mencionar a Edith y su mente viajó de vuelta a Hyde Park, con la culpabilidad de saber que precisamente en ese día era allí donde debía estar—, que seguramente su padre querría quemar en la chimenea. —Se permitió una tenue sonrisa con sus últimas palabras, una que evidenciaba que estaba bromeando a pesar de que su tono no lo indicase.

—Evidentemente no dudo de que usted no puede visitar a un hombre viudo a solas, eso despertaría habladurías y nada más lejos de mi intención... —aclaró, soltando las manos que llevaba a la espalda y frotando su sien con los dedos de una de ellas antes de continuar, algo inseguro—. Pero dentro de unos días voy a ofrecer una pequeña recepción en honor de un amigo que acaba de regresar de la India y me preguntaba si me permitiría enviarle una invitación. Una que incluya a su padre o a alguna otra persona de su elección, si así lo considera oportuno. Puedo decirle que acudirán otras damas, no será una reunión únicamente de caballeros.

La miró entonces con una expectación inesperada naciendo en su estómago. ¿Cuánto hacía que no sentía algo así? Ni siquiera recordaba cuándo había sido la última vez y, sin embargo, ahí estaba. Haciendo que Louis se sintiese culpable, sí, pero también vivo.

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18/12/2015, 02:10
Abigale Forge Rabbit

La primera mirada tímida y confundida de Louis la hizo tener que disimular una risita, pero recobró la compostura rápidamente antes de que volviera a mirarla. La manera en que había titubeado era atípica en un hombre de su edad y clase, y aunque no quería herir su orgullo con que la viera sonreír, no había podido evitarlo, producto del enternecimiento y la sorpresa por aquella reacción tan infantil. 

El escuchar en un inicio que su conversación había ayudado de alguna manera la hizo respirar profundo en señal de satisfacción, mas la mención a la oscuridad tomando control no hizo más que preocuparla. Su ceño se frunció ligeramente mientras la preocupación invadía su rostro, negando levemente cuando el hombre mencionó agradecérselo de alguna manera. La verdad era que parecía un buen hombre, y quería hacerlo sentir bien. No esperaba que le agradeciera algo así, cuando una conversación era solo cortesía humana.

Pero por supuesto, apenas oyó la palabra "biblioteca", cambió de opinión radicalmente. ¡Claro que quería visitar esa biblioteca! Sonaba increíble, y prohibida, y - ¿Había dicho difunta esposa? - el punto era que sonaba genial. Y el que su padre quisiera quemar esos libros era la mejor señal de lo buenos que sería esos ejemplares para su desarrollo intelectual. De alguna manera, él pretendía mantenerla ignorante, leyendo cuentos para niños o, como era el caso del libro que llevaba, historias que parecían de niños. Y probablemente, de no ser porque el caballero se lo mencionaba, habría cometido un gran error, porque habría dicho que sí sin más. Así que, intentando contener un poco la sonrisa de oreja a oreja que delataba lo entusiasmada que estaba, presto atención y respiró profundo antes de contestar. 

Me encantaría recibir esa invitación, señor Kindelanver - responde sonriendo aún, aunque ahora de una manera menos efusiva, para no parecer demasiado ansiosa - Mi padre se encuentra de viaje y no tengo como contactarlo, así que una solo para mí estará bien. A menos que eso le cause problema y quiera poner su nombre de todas formas en la invitación. - se apresura en aclarar - De cualquier manera, me sentiría honrada de ver esa colección de la que habla. Y...  - mira hacia abajo tímidamente, sonriendo un poco más - de compartir un momento más junto a usted.

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18/12/2015, 02:53
Louis Kindelanver

A Louis no se le escapó el cambio en la expresión de la joven al mencionar la biblioteca y contemplando cómo ella trataba de moderar su sonrisa, supo que había dado en el clavo. El hombre esbozó una pequeña sonrisa con su aceptación y se extrañó cuando ella mencionó que su padre no estaba. Sentía curiosidad por saber si existía una madre o si ese hombre que tanto controlaba la educación de su hija se había marchado sin dejar a nadie al cargo. Sin embargo, no le parecía prudente ni decoroso indagar más en su vida personal, así que se limitó a asentir con la cabeza.

La timidez de Abigael con sus últimas palabras provocó que el cosquilleo de su estómago aumentase y no supo si sentirse azorado también él o complacido. Llevaba tanto tiempo con sus emociones adormecidas que tal vez había olvidado cómo gestionarlas. 

—Será un placer contar con su presencia —dijo, tratando de que no rostro no mostrase demasiado—. Debo despedirme ahora, señorita Forge. Pero le aseguro que recibirá pronto esa invitación —añadió, inclinándose levemente ante ella—. Y nada me agradará más que poder compartir ese momento con usted.

Al elevar de nuevo la mirada sus ojos se prendaron una última vez de los de la joven y las comisuras de sus labios se estiraron en una sonrisa más amplia. —Nos veremos pronto entonces—dijo a modo de despedida para después darse la vuelta y comenzar a caminar hacia Hyde Park. 

La culpabilidad empezó a aguijonear su pecho en el mismo momento en que dio el primer paso que lo alejaba de aquella joven y su roble. Pero antes de que se adueñase por completo de su espíritu y lo llevase a echar mano de la petaca del bolsillo interior de la chaqueta, Louis se giró una última vez, para dedicar una última mirada por encima del hombro a la figura de Abigael.

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18/12/2015, 13:54
Louis Kindelanver

 

La Reunión de Louis Kindelanver (6 de marzo de 1880)

 

Los rayos dorados del sol caían laterales sobre la mansión que se elevaba en una pequeña colina al final de Kensington High Street, junto a Hyde Park. Las sombras se alargaban a esa hora en que la tarde está a punto de dar paso a la noche y a pesar de que algunas lámparas de gas iluminaban el camino desde la calle hasta el porche de la casa, el aspecto de la mansión no dejaba de ser algo lúgubre.

Tras la pequeña verja había varios tramos de escaleras que recorrían un jardín enmarañado, con todo el aspecto de llevar años sin que nadie podase sus arbustos o arrancase las malas hierbas. Algunas zarzas se enredaban tortuosamente con los parterres de las escasas flores que todavía trataban de respirar entre tanto descuido. 

Y al avanzar hacia la puerta de la mansión podía apreciarse que ese descuido no afectaba solamente al jardín, pues en algunos lugares el tejado parecía no estar en buen estado. Ciertamente no iba a derrumbarse por el momento, pero tenía todo el aspecto de sufrir algunos problemas de goteras. A pesar de todo, la casa de tres plantas que había construido algún antepasado lejano, debió ser imponente en algún tiempo. 

 

En la puerta un mayordomo se encargaba de recibir a los invitados a la pequeña recepción, llevándolos hacia uno de los salones de la planta baja, en el que un piano tomaba protagonismo junto a un ventanal y pequeños ambientes separados permitirían mantener varias conversaciones al mismo tiempo de ser necesario.

El interior de la casa estaba ciertamente más limpio y cuidado que el exterior. Las luces estaban encendidas, aunque esos rayos dorados entraban por la ventana, acariciando unos muebles que a pesar de no ser ya el último grito, todavía no estaban pasados de moda. No del todo. Las alfombras no parecían tener mucho uso y en las paredes colgaban algunos retratos, probablemente de familiares y antepasados.

El mayordomo ofrecía un refrigerio a cada uno de los invitados que llegaban, vino dulce o zumo de frutas para las damas y algún licor algo más fuerte para los caballeros. Sobre las mesas del salón había algunas bandejas con pastelitos caseros de limón o cereza y hojaldre.

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18/12/2015, 16:55
z/ Elizabetha Hamilton

Elizabetha estaba algo nerviosa por la recepción en casa del señor Kindelanver, pues, de su papel en dicha reunión, dependía el futuro de la fábrica textil Hamilton. Por suerte, para ella, Lady Wright había aceptado acompañarla en ausencia de su hermano, Jaime.

Dada tan importante ocasión, la dama burguesa había optado por un vestido de satén azul cobalto, con bordados en hilo de plata y guantes de seda blancos. El vestido, conocido entre la damas como "reloj de arena",  se ceñía en la cintura con un ajustado corsé, resaltando el busto y las caderas, de ahí su apelativo. La falda se abría por delante, en forma de cortina, dejando visible la enagua de seda blanca, a juego con los guantes. El cabello, recogido cuidadosamente, dejando sólo una cascada de bucles hasta media espalda, lo cubría con un sombrero de ala corta, de color azul oscuro, coronado con tres plumas blancas.

Alguien le había dicho que el color azul, daba seguridad. Elizabeta esperaba que esa persona tuviera razón. 

Conversó alegremente con Elora Ann durante el trayecto, algo que la ayudó a relajarse, mas al llegar a la mansión, volvió a sucumbir a los nervios. Descendió del vehículo y observó la propiedad desde la calle. Parecía abandonada y lúgubre. Elizabetha tomó tanto aire como le pemitía el corsé, lo soltó lentamente y emprendió el  camino con decisión, encerrando sus nervios bajo llave.

Le brindó su abrigo al mayordomo, con educación, y sin un ápice de arrogancia. 

La hicieron pasar a un salón cuyo interior, en contrate con la fachada de la casa, la agradó. No había un exceso de lujo y decoración y, el piano, atrajo en seguida a atención de Elizabetha. Sintió el deseo de cariciar sus teclas, mas no sería apropiado, por lo que se limitó a aceptar una copa de vino dulce, deleitándose primero con su aroma, antes de probar un sorbo.

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18/12/2015, 21:08
z/ Lord Dorset "Bruce Wilkinson"

Ese día me había despertado nervioso. Volvería a reencontrarme con Louis y Preston. Desde aquella aciaga tragedia que no volvíamos a estar juntos en la misma sala.

Con Louis nunca tuve problema. Bien es cierto que los últimos años no nos habíamos visto, pero acepté su invitación sin dudarlo. Con Preston es diferente, la muerte de nuestro amigo nos distanció tomando caminos muy diferentes. Aunque desde su regreso de la India, gracias a una cena volvemos a tener relación.

Llegué puntual a la mansión. Estaba bastante descuidada. El aspecto de la fachada era un reflejo del dolor que había sufrido Louis tras la muerte de Edith. A pesar de eso, tenía mucho encanto lo que también era un reflejo del atractivo innato de Louis.

Llamé a la puerta y me abrió George, mayordomo de los Kindelanver desde… ni lo recuerdo. Cuando iba a ver a Gideon ya les prestaba servicios.

Me ofreció un cóctel. Tenía la opción de elegir entre una amplia gama de licores. Pero yo no bebo alcohol. No me sentí avergonzado de pedir un zumo de frutas, reservado para las damas.

Ya habían llegado dos bellas damas, las cuáles no tenía el placer de conocer. Así que como buen caballero me presenté.

-Buenas tardes señoritas. Soy Bruce Wilkinson, vizconde de Dorset. Será un placer disfrutar de su compañía en esta hermosa velada.-

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18/12/2015, 22:03
z/ Elora Ann Wright

Elora Ann era una mujer que se enorgullecía de llegar puntual a todos los eventos y fiestas a los que era invitada, aunque se tratara de un simple paseo por la orilla del río o una ociosa tarde charlando con alguna amiga mientras tomaban el té en el porche. La puntualidad era signo de respeto hacia la persona que la invitaba y revelaba una personalidad ordenada y diligente. O al menos era lo que la joven opinaba.

Una hora antes de la recepción había dejado a su retoño a cargo de la señorita Mills, quien siempre vigilaba con estricto celo al pequeño Anthony. Vestida de forma sencilla pero elegante de acuerdo a la ocasión, subió en el carruaje de oscura madera tras dar un cariñoso beso a su hijo. 

Poco después, el carruaje la dejaba en la morada de su buena amiga Elizabetha, quien había tenido la amabilidad de invitarla a acompañarla a la recepción de un ilustre caballero cuyo nombre conocía pero no había tenido el honor de conocer. Su amiga ya la esperaba, y juntas, emprendieron camino a la mansión de Louis Kindelaver. Durante el camino, ambas muchachas conversaron animadamente. Elora, sentada con cuidado en su asiento para evitar que su vestido de roja seda se estropeara, reía suavemente cuando la conversación tomaba un tinte jocoso y ladeaba el rostro cuando no entendía alguna cosa, haciendo que sus cabellos peinados en un elegante recogido y coronados con un fino tocado de plumas se movieran delicadamente.

Finalmente llegaron a la mansión antes de la hora estipulada, y entraron por las puertas de madera. El caminar de Elora era el de una distinguida dama, seguro y lleno de gracia, mirando hacia delante con una tranquila expresión en el rostro. Intentó sonreír a Elizabetha, quien parecía estar nerviosa, para intentar tranquilizarla. La baronesa estaba acostumbrada a fiestas y recepciones, pero por la actitud de su amiga, sospechó que ella no lo estaba.

Tomó una copa de vino dulce y agarró a Elizabetha suavemente del brazo, para intentar tranquilizarla - mi querida Elizabetha, tranquilízate, nuestro anfitrión parece ser un caballero de buena reputación, si eres tu misma todo irá muy bien la susurró amablemente.

Mientras conversaban, una voz llamó su atención, y al darse la vuelta pudieron contemplar como un caballero hacía su aparición por la puerta y se presentaba formalmente. Elora se inclinó levemente para hacer una elegante reverencia con una encantadora sonrisa para responder al saludo del recién llegado.

- El honor es nuestro, Milord. Soy Lady Elora Ann Wright, esposa del difundo Barón Byron Wright.

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18/12/2015, 23:08
Louis Kindelanver

Louis había estado encerrado en su estudio desde que había despertado en la misma butaca en la que el sueño lo había alcanzado la noche anterior. Sus dedos laxos rozaban el borde de la copa que descansaba en una mesita justo a su lado y al notar el tacto del cristal, no pudo evitar pensar que al menos había tenido el tino de depositar la copa en la mesa antes de dejarse invadir por el sopor. 

Se desperezó en el mismo sillón, estirando su espalda dolorida por la mala postura en que había dormido y miró a su alrededor entrecerrando los ojos, molesto por la luz que entraba desde la calle. Sentía la cabeza pesada y espesa, aunque ciertamente eso hacía mucho que había dejado de ser una novedad. Y en cuanto puso un pie en el pasillo y se cruzó con Daisy haciendo aspavientos, volvió a meterse en el estudio haciendo una mueca y cerrando la puerta tras de sí. 

El ama de llaves estaba verdaderamente excitada con la posibilidad de tener invitados. No en balde había pasado tres años presionando a Louis para que aceptase alguna de las invitaciones que paulatinamente habían dejado de llegar a la mansión, tras ser ignoradas una tras otra sin excepción. No había conseguido que el señor hiciera vida social fuera de la casa, pero al menos había logrado que aceptase traer esa vida social al interior. "Algo es algo", había dicho la mujer, disponiéndose a preparar la casa para aquella recepción que a pesar de ser pequeña y poco relevante, era un primer paso para Louis hacia el exterior de la oscuridad en que había estado recluido.

Daisy, Mina y George habían pasado varios días dejando el salón impecable, preparando los pastelitos perfectos y consiguiendo las bebidas más apropiadas. La buena mujer incluso se había encargado de que un afinador pusiera a punto el piano, con la esperanza de que la mansión se llenase de una música más alegre que las sombrías tonadas que Louis se había dedicado a tocar en los últimos años.

Louis había eludido conscientemente todos estos preparativos, recluyéndose en su estudio a solas, y eso había sido precisamente a lo que había dedicado también aquel día. Una hora antes de que llegasen los invitados, había salido de allí, con los ojos brillantes y el gesto más sereno, dispuesto a asearse y vestirse para la recepción. 

Cuando George se acercó a su cuarto para avisarle de que ya habían llegado las primeras damas, Louis tomó aire despacio y se repitió una vez más mentalmente que aquello era lo mejor. Que por muy difícil que resultase, no podía quedarse encerrado para siempre.

...

Se permitió ese minuto para sí mismo y cuando entró en el salón llevaba un traje negro, limpio y bien planchado, combinado con una camisa blanca y, anudado al cuello, un pañuelo verde botella que hacía juego con sus ojos. Su mirada tenía ese poso de melancolía del que parecía incapaz de liberarse por completo, pero al menos estaba centrada y lúcida.

Louis se acercó al lugar donde las dos damas y Lord Dorset conversaban con paso seguro y al llegar allí sus labios esbozaron una pequeña sonrisa cordial. 

—Señorita Hamilton —saludó en primer lugar con voz suave, haciendo una venia en su dirección y acompañándola con un ademán educado con su mano derecha—. Estoy verdaderamente encantado de que haya podido asistir a esta reunión. ¿Cómo se encuentra su hermano? —preguntó con un tono cortés. Se giró entonces hacia la otra mujer y saludó con el mismo gesto. —Y usted debe ser Lady Wright. Es un placer conocerla. —Desconocía si la dama estaba casada, así que por si acaso no tomó su mano para besarla y en lugar de eso terminó encarando su cuerpo hacia el joven caballero. 

—Bruce... —lo tuteó mientras su sonrisa se ampliaba al reencontrarse con alguien a quien apreciaba a pesar de lo que habían pasado hacía tiempo—. Me alegro mucho de verte. —Estiró la mano para estrechar la del otro hombre con firmeza y familiaridad. —Tienes buen aspecto.

Podía sin embargo Lord Dorset notar fácilmente en el rostro de Louis más cambios desde la última vez que se habían visto aparte de la tristeza que acompañaba su mirada. Había perdido peso, estaba más pálido que entonces y las sombras bajo sus ojos revelaban que hacía tiempo que no dormía bien. 

Hizo un gesto entonces hacia George, que no necesitó palabras para comprender lo que Louis pedía, y poco después el hombre ya tenía en la mano un vaso con dos dedos de un licor ambarino. 

—Espero que todo sea de su agrado, si desean tomar alguna otra cosa, sólo tienen que pedírselo a George —dijo entonces, dirigiéndose principalmente a las damas. 

Notas de juego

Perdón por el tocho, me he emocionado un poco XD. Si no os apetece leerlo entero, podéis empezar a partir de los puntos, que es cuando entro en el salón.