Partida Rol por web

La Edad de la Inocencia (+18)

• Louis Kindelanver •

Cargando editor
19/12/2015, 04:02
Lord Preston Ellsworth Parlow

Había llegado quizás unos minutos tarde, los suficientes como para que Louis no se lo tomara como ofensa.
Al llegar con mi caballo a la mansión el corazón me dio un vuelco: permanecí unos instantes mirando desde la montura la decadencia de aquella mansión que había solido ser una construcción hermosa e imponente. Los últimos momentos vividos allí, la última vez que había visitado a mi hermana antes de que muriera, vinieron a mi mente sin que pudiera evitarlo.
Pude sentir de manera palpable lo más parecido a un hueco en el corazón, en ese instante caí en la cuenta de cuán terrible debía ser para Louis vivir allí, rememorar a cada instante momentos felices con mi hermana sabiendo que solo tiene eso ahora y el descuido de la fachada no era otra cosa que una muestra de su profunda infelicidad y soledad.
Me apeé y dejé el caballo a cargo de uno de los cocheros de los invitados a cambio de unas monedas. A medida que subía la escalinata repasaba con mi mano la baranda y meditaba, ¿Acaso no había sido la muerte sin sentido de Edith la que me había empujado a viajar, a enfrentar temerariamente la vida?
Accioné la cuerda del llamador y la campana sonó; al instante George me recibió con una sonrisa en los labios y a pesar de las formalidades que pesaban sobre la velada estreché su mano firmemente y le di una palmada en la espalda mientras le contaba el gusto que me daba verlo después de tanto tiempo.
Fui conducido al salón en el que ya habían invitados y visualicé a mi cuñado rodeado por dos señoritas hermosas, ¡Al fin! dije para mí mismo y... Bruce Wilkilson, sonreí al verlos a los dos: era como volver a la infancia de pronto. Pero reconocí a una de las muchachas, era la joven Hamilton, la había cruzado en casa de mis padres antes de partir hacia India a principios de año.
Iba vestido con pantalón, chaleco y chaqueta negros de corte impecable, camisa blanca, foulard de seda azul con un botón de oro y guantes blancos.
Cuando estaba terminando de acercarme dije extendiendo la mano y con mi mejor sonrisa: -Querido Louis...
 

Cargando editor
20/12/2015, 04:10
Louis Kindelanver

Cuando sonó la campana, Louis prestó atención y en cuanto escuchó la voz de Lord Preston saludando a George, una sonrisa de anticipación fue ampliándose en su rostro. En su interior emociones encontradas chocaban al intuir aquella presencia. No había visto a su cuñado desde hacía mucho tiempo, poco después de la muerte de Edith. Sin embargo, habían mantenido el contacto por carta y debía reconocerse a sí mismo que lo había extrañado. La expectación crecía en su estómago por un lado. Y por otro, temía los recuerdos que podrían acosarlo al encontrarse de nuevo con él. 

Lo estudió un instante cuando puso un pie en el salón guiado por George, pero terminó por acortar la distancia que los separaba, caminando también hacia él. 

—Preston, querido amigo —respondió, extendiendo su brazo para estrechar con su mano la de su cuñado y llevando la otra a su hombro en lo más parecido a un abrazo que el decoro le permitía delante de dos damas a las que apenas conocía—. Doy gracias porque hayas llegado sano y salvo, sin que ningún cocodrilo te haya devorado. No las tenía todas conmigo —comentó, con un cierto tono con el que parecía bromear. 

Terminó el camino hasta reunirse con el resto de invitados junto a él y allí cumplió con su deber de anfitrión, haciendo las presentaciones oportunas.

—Señorita Hamilton, Lady Wright, este es mi cuñado y amigo, Lord Preston Ellsworth Parlow. Un insigne aventurero en cuyo honor tiene lugar esta pequeña reunión. —De alguna manera Louis sentía su pecho un poco más ligero en aquel momento en que Lord Preston ya estaba allí. La sonrisa volvió a aparecer cuando movió la mano incluyendo a Lord Wilkinson en ese gesto. —A Bruce ya lo conoces...

Cargando editor
20/12/2015, 05:26
Abigale Forge Rabbit

Había algo que Abigale siempre sería incapaz de negar o discutir, y eso era que su sentido temporal había venido averiado al momento de nacer, al igual que su concentración. Lejos estaba de ser malintencionada respecto a sus ocasionales tardanzas, pero era algo que le resultaba imposible de evitar. Una y otra vez, terminaba enfrascada en algún libro que atrajera su atención para absorberla en un mundo desconocido, y cuando levantara la vista en lo que para ella habían sido cinco minutos, habrían pasado tres horas completas. Y ese mismo hubiese sido el caso de hoy, de no ser porque la sirvienta de su hogar había tenido la consideración de recordarle sus compromisos, ayudándola a prepararse para la ocasión a una velocidad tal que incluso el cochero se había sobresaltado al darse cuenta de que no alcanzaría a terminar su café. 

Cuando estuvo lista apresuró el paso hasta el carruaje que la llevaría a la reunión a la que había sido invitada, una en la que para su desgracia sería más extraña que amiga para todos los presentes. Pero cualquier preocupación al respecto se disipó al ver la casa que la recibía, una que había visto múltiples veces desde la lejanía en sus paseos por los parques y sus alrededores. 

Observó con curiosidad los detalles de la mansión. El hombre que había conocido no parecía alguien que fuese a vivir en un lugar que se caía a pedazos, pero bien podría haber sido que la mala fortuna acechara su tejado, y que el jardín fuese el descuido de un mal servicio. Aunque el cochero le preguntó mil y un veces si estaba segura de la dirección insinuando que por una u otra razón aquel no era lugar para estar, Abigale marchó decidida en dirección al hogar desconocido. No faltaría a sus compromisos con gente amable por miedo a equivocarse.

Se presentó en la puerta con un vestido con manga farol de color entre ocre y crema cuyos estampados florales de diversos tamaños jugaban con la figura de la mujer, siendo pequeños en la gran mayoría de la tela, pero transformándose en enormes flores y hojas cerca de la apertura central delantera que dejaba ver un diseño de encaje sobre una capa de vestido inferior de un color sólido similar al del resto de la prenda. Su cintura estaba perfectamente rodeada y ceñida por una cinta de satén verdosa con una rosita al lado izquierdo, misma tela utilizada para resaltar sutilmente el escote que se mantenía conservador por un borde hecho de tul. 

Buenas noches - saludó con una sonrisa amable al mayordomo, siguiéndolo dónde él la guiara y rechazando amablemente su ofrecimiento de vino o zumo. Al llegar, descubrió un hermoso salón, decorado perfectamente para las visitas, y a un grupo de gente conversando alrededor del anfitrión. Como era costumbre, se acercó a este último y lo saludó con una sonrisa - Señor Kindelanver - hizo una corta reverencia - Lamento mucho la tardanza.

Cargando editor
20/12/2015, 15:46
Lord Preston Ellsworth Parlow

-Louis, querido amigo, gracias a ti por invitarme tan amablemente y organizar, con esa gentileza de carácter que te caracteriza, una reunión para recibirme -agradezco inclinando mi cabeza en reverencia hacia Louis y dándole una cortés sonrisa, la cual extiendo también hacia las damas y hacia Bruce -Es bueno verle Lord Vizconde-le estrecho la mano mientras mi sonrisa se amplía, pues obviamente le estoy haciendo una pequeña broma al tratarlo tan formalmente. Luego miro a las bellas damas sin perder la sonrisa y las saludo, primero a lady Wright, ya que por su posición social es lo que corresponde -Es un placer conocerla, Lady Wright; señorita Hamilton es un gusto volver a verla: Louis, la señorita Hamilton es hermana del honorable señor Jaime Hamilton y su empresa textil proporciona los velámen de los barcos de mi padre -explico a mi cuñado para evitar un malentendido, las saludo con una reverencia y extiendo la mano en primer lugar hacia Lady Wright; como es sabido, no puedo besarles la mano a menos que ellas me las ofrezcan así que me limito a ver qué resuelven en su proceder las hermosas mujeres que tengo frente a mí, dando preferencia a las damas que es lo que debe hacerse en estas situaciones. Mientras tanto una nueva muchacha llega, sola para mi sorpresa.

Cargando editor
20/12/2015, 16:17
Louis Kindelanver

Louis se sorprendió al escuchar que Lord Preston ya conocía a una de las damas y asintió, complacido al enterarse. Eso facilitaría la fluidez de las conversaciones.

—No sabía que conocías al señor Hamilton —comentó—. Precisamente estamos comenzando las negociaciones para incluir su material en el catálogo de la empresa y... —Iba a añadir algo cuando la última de las invitadas llegó y atrajo su atención. Un tenue brillo asomó a su mirada al contemplar a Abigael acercarse y le devolvió una pequeña inclinación como saludo.

—Llega usted justo a tiempo, señorita Forge —respondió con voz suave y haciendo un gesto con la mano que le quitaba importancia a su retraso—. Es un verdadero placer tenerla aquí. Permítame que la presente...

Se giró hacia el resto, permitiendo que la recién llegada se incorporase al pequeño grupo. —Lord Preston Ellsworth Parlow, mi cuñado y amigo. Lord Dorset, amigo de ambos desde la infancia. La señorita Hamilton y su amiga Lady Wright. Les presento a la señorita Forge Rabbit. 

Cargando editor
20/12/2015, 21:43
z/ Lord Dorset "Bruce Wilkinson"

Estreché la mano de Louis. Su aspecto se había degradado, pero era mejor del que vaticinaba el aspecto de la vivienda. Es más asequible y breve arreglar el aspecto de un hombre que el de una construcción. A lo largo de la velada descubriría si su interior se asemejaba más a la apariencia de su físico o al de la mansión. –Es un placer volver a verte Louis. Me alegra ver que tú también tienes buen aspecto.-

Volver a estrechar la mano de Preston, así como la broma que me brindó, me produjo una grata satisfacción –El placer es mío, Milord- Le agradecí su predisposición con otra gracia, inclinando levemente la cabeza y con una suave sonrisa de complicidad.

Me quedé escuchando la conversación. Me interesaba conocer más a las damas. Pero por diplomacia, prefiero escuchar a Louis y Preston que preguntar sin discreción.

Una tercera señorita llego a la casa. Louis, en grupo nos la presentó. Le hice una tímida reverencia y continué observando y escuchando desde mi posición.

No conocía a ninguna de las tres damas. Pero previsiblemente eran recatadas. Su presencia contribuiría a que Preston, Louis y yo no recordáramos capítulos de nuestra vida en los que el dolor mancho nuestra relación. Me empecé a sentir cómodo y a olvidar los nervios al levantarme esa misma mañana.

Cargando editor
20/12/2015, 22:45
z/ Elizabetha Hamilton

Sin duda, la compañía de Lady Wright la tranquilizaba. 

Elizabetha sonrió a la dama y, en un instante, vio aparecer a un caballero de alta cuna, dado su atuendo y buenos modales. Ella hizo una leve inclinación de cabeza hacia el vizconde, a modo de saludo respetuoso -Es un placer, milord- dijo con una suave pero encantadora sonrisa -? Soy Elizabetha Hamilton.

Poco después, apareció el anfitrión. Elizabetha tomó aire muy despacio, y dio un paso adelante cuando el Louis se acercó a ella, saludando al viudo con educación y una sutil curva dibujada en sus labios -Os agradezco con creces vuestra invitación, señor Kindelanver- comenzó a decir -. Ruego disculpéis la ausencia de mi querido hermano. Le ha surgido un viaje con motivos de trabajo y estará ausente unos días, por lo que me envía a mí en representación suya y de la fábrica Hamilton.

Esperó a que el caballero saludase a Lady Wright y al vizconde, y dijo: -Debo reconocer que me encanta la decoración interior de vuestra casa, señor mío, y el piano... es verdaderamente hermoso.

Otro invitado hizo acto de presencia, pero Elizabetha tenía el placer de conocerlo previamente. Era Lord Parlow, con quien había tratado a principios de año. Poco después, una dama, que miss Hamilton no conocía, apareció a su vez.

-En efecto, señor Kindelanver. Lord Parlow y yo compartimos una conversación agradable sobre literatura en una de las residencias de su familia. Nuestra sociedad con el astillero Parlow, ha sido muy fructífera para la fábrica- sonrío al ver al escritor, recordando el intercambio de preferencias literarias -. Estoy encantada de volver a veros, milord- lo saludó.

Luego, el anfitrión, culminó las presentaciones y, Elizabetha, se acercó a la señorita Forge -Un placer, miss Forge. 

Terminadas las presentaciones, a entender de Elizabetha, la parte más tediosa de las reuniones de sociedad, aunque no por ello menos enriquecedora; se llevó la copa de vino a sus labios y aprovechó el gesto para observar a los presentes, mientras intercambiaban frases e cortesía entre sí.

Notas de juego

Perdonad, he intentado responder a todos... espero no aburriros

Cargando editor
22/12/2015, 03:23
Lord Preston Ellsworth Parlow

-Encantado de conocerla señorita Forge Rabbit -dije al tiempo que hacía una leve inclinación de cabeza, luego me dirigí a mi cuñado -Querido Louis, si hubiera tratado de comerme un cocodrilo no me tendrías aquí parado, te lo aseguro -afirmé y tomé una copa de licor aromático que me ofrecía el servicio -Esas criaturas son astutas y muy inteligentes, ¡Si vieras cómo cazaban a los hombres de nuestra compañía de expedicionarios! -solté entre jocoso y algo turbado por el recuerdo -Quizás podrías acompañarme la próxima vez que viaje -le dije en broma sabiendo que mi cuñado prefería ir a acompañar a mi hermana al sepulcro antes que enfrentarse a tigres y cocodrilos.

Cargando editor
23/12/2015, 01:11
Abigale Forge Rabbit

La sonrisa de Abigale se tornó suave y dulce al escuchar la bienvenida del anfitrión, un poco menos nerviosa por aquella compañía tan desconocida como intimidante y halagada por el cálido recibimiento. Sin demora se integró al grupo de gente en aquella reunión, prestando atención a las presentaciones que el caballero tenía la educación de darle. Por supuesto, el escuchar que presentaba al primero como su cuñado le recordó al día en que lo había conocido y en como había visto a través de su dolor la devoción que había sentido por su difunta esposa, pero no dejó que aquella memoria se apropiara de la situación y sonrió, con una leve inclinación de cabeza hacia el caballero, agradeciendo sus palabras. Lo mismo hizo con Lord Dorset y ambas mujeres, la última de las cuales parecía especialmente inquietante desde su punto de vista y con la cual temía relacionarse.

El placer es mío, señorita Hamilton - contestó, con un pánico interno, sin saber si realmente era esa la respuesta esperable o si debía hacer o decir algo más. 

Miró alrededor, pensando en qué tema en común podría encontrar con gente que no conocía. Pero si algo había aprendido de sus amistades fugaces con extraños, era que cualquier tema, siempre que fuera abordado con suficiente entusiasmo, podía dar paso a una conversación o al menos a unas risas. Así que, justo cuando iba a armarse de valor para comentar lo primero que se le viniera a la cabeza -lo que no siempre era la mejor de las ideas- Lord Preston habló. ¡Por supuesto! ¡El viaje a la India!

¡Oh, expediciones! ¡Eso suena maravilloso! - interviene, entretenida con el tema de conversación - Debe haber sido terrible enfrentarse a criaturas con fauces como esas. Pero de seguro vio algún animal que compensara el miedo anterior con belleza, ¿no?

Cargando editor
23/12/2015, 04:08
Louis Kindelanver

Louis estaba llevándose el vaso a los labios cuando Preston retomó el tema de los cocodrilos. Dio un pequeño sorbo y sintió la calidez del licor deslizarse por su garganta, como si de un viejo amigo se tratase. Una calma suave empezó a extenderse desde su estómago mientras el mundo a su alrededor perdía una pizca de intensidad. Sonrió a las últimas palabras de su cuñado y negó con la cabeza. 

—Envidio tu coraje para lanzarte a tales aventuras, Preston. Mas no me verás jamás a mí combatiendo contra esos cocodrilos. Prefiero esperarte a salvo aquí, en Londres. Además, si te acompañase... No tendríamos nada de qué hablar a tu regreso. 

La voz de Abigael atrajo de inmediato la mirada de Louis hacia la joven y asintió con la cabeza a sus palabras, devolviendo sus ojos hacia Lord Preston. —Seguro que tienes miles de anécdotas interesantes que relatar. Y puedo asegurar que no sólo las damas disfrutarán de escucharlas. ¿Por qué no nos deleitas con algunas? —pidió, dispuesto a deleitarse con las narraciones de su cuñado pues bien sabía que si había alguien capaz de contar buenas historias, ese era Lord Preston.

Volvió a tomar un trago corto del licor y entonces recordó algo que había dicho Elizabetha y se giró hacia ella, dedicándole una sonrisa cortés. —Le agradezco el cumplido, aunque ciertamente no soy yo el responsable de la decoración. —Su mirada buscó durante un segundo el instrumento presente en la sala antes de volver a la joven. —Si le apetece deleitarnos con alguna melodía en cualquier momento, el piano es todo suyo, señorita Hamilton. 

Sus ojos recorrieron entonces a los presentes, deslizándose desde ella hacia su amiga, Lady Wright, después a Lord Dorset y Lord Preston, al que contempló durante un instante con expectación, para terminar en la señorita Forge. Entonces sonrió levemente. Todo parecía estar saliendo bien por el momento. Cierto era que extrañaba la presencia de Edith a su lado y que se sentía extraño recibiendo visitas después de tanto tiempo. Tan cierto como que no se vería capaz de afrontar la situación sin ese vaso en su mano. Sin embargo, de alguna manera los gestos y las palabras iban fluyendo como por instinto. Quizás no le sería tan difícil sobrevivir a aquella reunión social después de todo.

Cargando editor
23/12/2015, 18:52
z/ Elizabetha Hamilton

Disimuladamente, Elizabetha se ajustó uno de los guantes. Alzó la vista y vio a Abigale animando a Lord Parlow a narrar sus anécdotas y experiencias. La dama se acercó un poco más al grupo, esperando oír las historias del escritor, cuando escuchó a Louis dirigirse a ella.

-Os agradezco el ofrecimiento, mas, me temo, que he de rechazarlo. No he sido bendecida con el don de la música, señor mío, aunque la adoro y admiro a aquellos cuyas manos son capaces de atrapar una melodía mediante una caricia y proyectarla con dulzura hacia el alma de los afortunados que se hayen presentes.

Se sentía algo avergonzada, sin duda por haber invitado a error a su anfitrion, al pensar éste que Elizabetha sabía tocar el piano. No es que no lo hubiera intentado, incluso una vez recibió lecciones, pero más que una melodía, lo que arrancaba del instrumento se asemejaba más a un gato atropeyado por los cascos de un caballo.

Cargando editor
23/12/2015, 19:26
z/ Elora Ann Wright

Tras la presentación del vizconde, el anfitrión no se hizo esperar mucho y se presentó con exquisita educación. Elora devolvió su cortés saludo con un comedida sonrisa. Una pequeña reverencia y un aleteo de sus pestañas cuando bajó la mirada con gesto sutil.

- Encantada de conocerlo, señor Kindelanver, le agradezco que haya tenido a bien invitarme a esta recepción - respondió la baronesa con voz suave, antes de echar sus pasos atrás para que Lord Louis Kindelanver pudiera hablar tranquilamente con el otro huésped, quien parecía ser un amigo.

Llegó entonces un tercer caballero, menos versado en el protocolo de rigor. Elora frunció el ceño al ver como el recién llegado saludaba al anfitrión con tan poca educación. Si bien estaba claro que eran compañeros de años atrás, las reglas de cortesía aprendidas por la joven establecían que primero debía saludar a todos los presentes, especialmente las damas, antes de afanarse en sus joviales saludos para con sus viejos compañeros.

- Lord Parlow - saludó la joven viuda con un deje de frialdad en su voz, que intentó suavizar con una afable sonrisa -, un honor conocerle.

Para sorpresa de Elora, el invitado de honor terminó haciendo gala de buena educación al hacer ademán de tomar su mano. Con cierta reticencia pero con amable gesto, posó su mano con sutileza en la de Lord Preston. Sin embargo, antes de que llegara a hacer un sólo gesto, asomó por la puerta una joven dama a la que Elora no había visto nunca. Viendo que la atención se centraba en la muchacha, retiró su mano con presteza y se posicionó en un segundo plano sin perder presencia en la sala.

- Encantada de conocerla, Lady Forge Rabbit - saludó a la última invitada de la fiesta.

La joven Abigale parecía una muchacha muy alegre y vivaz, llena de una natural curiosidad. No era un detalle que preocupara o llamara la atención de la baronesa, al contrario, le recordaba años atrás en su vida, pero al menos sería un toque alegre a las formalidades propias de aquellas reuniones. Su mirada se encontró con Lord Preston. Bueno, para ser justos, sería la otra parte entretenida de la velada.

- Será un placer escuchar anécdotas del señor Parlow - tomó un sorbo de vino dulce antes de dedicarle un afable sonrisa a su amiga y después a Lord Kindelanver.

Elora había aprendido también a tocar el piano en su infancia, mas había dejado las lecciones años atrás y su maña en las teclas se limitaba a sencillas melodías que podía tocar para entretener a visitas inesperadas en su mansión. Era tan sólo una aficionada a la que gustaba tocar para pasar el tiempo, por lo que se limitó a sonreír ante el comentario de su amiga.

Cargando editor
24/12/2015, 01:14
z/ Lord Dorset "Bruce Wilkinson"

Observaba como Preston había acaparado el  interés de todos los asistentes con sus historias sobre fieros animales con los que se había encontrado en sus expediciones. Las damas imaginaban a mi apuesto amigo enfrentándose a las susodichas bestias en los paisajes exóticos de la India. La verdad es que era un buen tema para empezar la noche. Tengo que reconocer que no solo era de interés para las damas. Yo apenas había viajado y le envidiaba por las fantásticas experiencias de las que alardeaba.

Louis le ofreció a la señorita Hamilton sentarse en la butaca del piano para deleitarnos con una melodía. Pero Elizabetha carecía de dichosa destreza. A lo largo de mi infancia, yo sí que cursé lecciones de piano como parte de la completa educación que recibí. Por alguna extraña razón, me vi capaz de recoger la oferta que Elizabetha había rechazado –Louis, no me había fijado. Secundo la apreciación de Elizabetha. ¡Qué hermoso piano! Si no es mucho descaro y ante el rehúso de tu oferta por parte de esta dama, me animo yo a intentar amenizar la velada.-

Sin esperar respuesta, me dirigí al piano. Me senté en la butaca y pose mis dedos sobre las teclas. Sin lugar a dudas, la teoría no se me había olvidado. Pero otra cosa es la técnica. Y tras los primeros acordes ejecutados me di cuenta que con los años mi capacidad había menguado.

Intenté levantarme de la butaca y hacer ver que nada había pasado. Pero creo que había dejado cara de asombro en algún invitado.

Cargando editor
24/12/2015, 04:39
Lord Preston Ellsworth Parlow

Estuve a punto de besar la mano de lady Wright pero luego ella la apartó suavemente de entre mis dedos al entrar la señorita Forge Rabbit, dejé ir con cierto pesar el suave y cálido contacto de los dedos que se sentían por fuera del guante tan delicados y finos como deberían ser por dentro.
Las presentaciones prosiguieron y me alegré internamente de que hubieran acabado, viajar a la India me hacía convertirme en un hombre más taciturno y menos riguroso con las formas de lo que me convenía en ese momento. Le dediqué una mirada de lado a lady Wright aprovechando que tenía sus pupilas sobre mí y le sonreí cortésmente, era una mujer realmente hermosa y podía apreciarse a simple vista una templanza de carácter que suscitaba mi curiosidad y mi admiración.
Mi mirada fue centrándose en los presentes a medida que hablaban, noté que Louis estaba jovial y relajado, lo que me produjo tranquilidad. -Exactamente, señorita Forge Rabbit -asentí mientras apreciaba los rasgos tan bellos y la mirada tan llena de inocencia de mi interlocutora -A pesar del miedo que, con justicia, estas terribles criaturas inspiraban en los hombres que me acompañaban eran a su vez poseedoras de una elegancia, de una majestuosa belleza, de una salvaje dignidad, que subyugaba -manifesté recordando las miradas de algunos animales que habían cruzado mi camino; esbocé una suave sonrisa ante las palabras de Louis -No estoy seguro de que tu envidia esté justificada, querido Louis, cuando mis motivos no son nobles ni enaltecen el poder del hombre sobre la naturaleza, disfruto del peligro, pero es fácil amarlo cuando se tiene poco que perder, no creo en verdad tener mérito de nada pero agradezco tus opiniones tan altas sobre mi persona -asiento con gentileza -Y sí, claro que tengo anécdotas -aseguro y bebo un poco de licor.
No pude reprimir una semi sonrisa ante el intento de Bruce, pero al mismo tiempo quise que las miradas no se concentraran en su intento fallido.
-Puedo contarles de la vez que estuve a punto de morir en las fauces de un tigre...

Cargando editor
24/12/2015, 06:57
Abigale Forge Rabbit

La sonrisa de Abigale se acrecentó ligeramente al escuchar a Louis y Lady Wright unirse a sus peticiones, siendo estos dos los que más presión ocasionaban en su mente inquieta, por una o por otra razón. Cuando Lord Preston contesto, sin embargo, se mordió levemente el labio inferior, ansiosa por la historia que bien podría ser sacada de uno de los libros que le robaban el sueños. Lugares exóticos y anécdotas fantásticas, de seguro lo suficientemente espectaculares para mantener entretenido a alguien durante años completos. Perdida en el relato, aunque este fuera expresado de manera meramente conversacional, dejo volar su imaginación por los extraños parajes donde imaginaba convivían aquellas criaturas de las que hablaba, decorando con colores figuras sin formar en el afán por poder replicar dentro de su mente la magnificencia que el hombre aseguraba haber visto. Aunque no pudiese verlas o siquiera imaginarlas del todo bien, podía sentir en su pecho lo que provocaba esa mezcla hipnótica de belleza indomable, ese miedo que bien se podría confundir con amor. 

Pero se vio obligada a despertar de su sueño cuando la conversación se desvió al piano. Su sonrisa se fue esfumando de a poco, mirando a Louis algo preocupada. ¿Que haría si le pedían tocar el piano a ella? ¡No tenía la menor idea! Pero no había que desgastarse demasiado en ello. Una de las mujeres se había negado y todo había estado bien. Además, de alguna manera, la suerte casi siempre parecía estar del lado de la joven Abigale, y si no podía improvisar, encontraba una manera de convertir todo mal en algo bueno. Quizás solo se debía a que era una persona intrínsecamente optimista.

Cuando Lord Dorset se puso a tocar el piano, se giró a escucharlo, mas pronto notó que él sabía casi tanto como ella. Bueno, no, ella sabía nada, y él sabía al menos un poco. Pero por lo inseguro se veía, él no creía lo mismo. Miró alrededor, para ver que hacían los demás al respecto, pero todos parecían considerar mejor pasar de tema. Ella probablemente se habría reído y le habría dicho que no se preocupara, pero le preocupaba tanto echarlo a perder todo que tuvo que morderse la lengua para no hacerlo. 

A pesar de sus esfuerzos, lo que no pudo evitar fue mirar a Lord Dorset con una mirada empática y una leve sonrisa cómplice, de aquellas que te dan a entender que han estado antes en tu lugar y que estaba bien. Sentía que era lo menos que podía hacer. Eso y luego volver a las historias de la India, algo que no le molestaba en lo más absoluto. 

¡Un tigre! Por favor, cuéntenos esa historia. Teniéndolo a usted sano y salvo estoy segura de que podremos divertirnos sin culpa alguna. - asiente, quizás a un pensamiento más que a lo dicho, para luego volver a sonreír con tanta alegría como al principio. - Aunque, primero, ¿Es cierto que no atacan si uno los mira de frente? - se interrumpió, para luego negar con la cabeza - No, no sé, como quiera usted. ¡Soy toda oídos!

Cargando editor
24/12/2015, 09:16
z/ Elizabetha Hamilton

Elizabetha ladeó la cabeza sutilmente y media sonrisa se dibujó en su rostro al escuchar la propuesta de Lord Dorset. La mujer, que se disponía a deleitar sus oídos con las historias de Lord Parlow, giró su cabeza para seguir conla mirada al vizconde. Si el caballero iba a tocar el piano,, ella querría escucharlo.

Miss Hamilton sintió cómo algo guardaba silencio en su pecho, como esa pausa que se sucede segundos antes de que arranque la melodía, tan habitual en los conciertos y en el teatro. No obstante, esa emoción de vacío, en vez de dar paso a la mágica sensación que produce la música en el alma, dio paso al desconcierto, al despertar y cómo nos percatamos, entonces, de la realidad.

Lord Dorset no parecía tener mucha práctica, Elizabetha cerró fuertemente los ojos en un par de notas desafinadas, incluso llegó a sentir vergüenza ajena. No obstante, cuando terminó, no hubo en su rostro mueca alguna de burla. La mujer se mostraba serena, e hizo un leve gesto de asentimiento, un gesto tranquilizador. Ella, si hubiera tocado el piano, lo habría hecho muchísimo peor, de eso estaba segura, y quiso transmitírselo al vizconde, mirada mediante.

 

Cargando editor
25/12/2015, 21:35
Louis Kindelanver

Louis había hecho un leve ademán con la mano, quitándole importancia a la disculpa de Elizabetha sobre el malentendido sobre el piano, pero no llegó a ponerlo en palabras antes de que Lord Dorset se animara a amenizar él mismo la velada. Lo siguió con la mirada con cierta expectación, pensando en Daisy, que probablemente estaría en la habitación de al lado, echando miradas de tanto en tanto para comprobar que Louis no hiciera nada indebido que espantase a los invitados. La mujer había manifestado en varias ocasiones las ganas que sentía de que algo de música alegre resonase en el salón y debía tener el oído atento para enterarse si sucedía, no le cabía duda.

Sin embargo, lo que salió del piano no fue precisamente una tonada armónica y melodiosa. De la garganta de Louis brotó una carcajada breve con una naturalidad inusitada incluso para él mismo. Escondió la risa en el vaso, bebiendo un pequeño sorbo con una sonrisa apretada y contenida. Y mientras su amigo se apartaba del instrumento no podía evitar sentir diversión al imaginar la expresión que debía haber puesto el ama de llaves en aquel momento.

Se sentía, a pesar del fracaso de su amigo, agradecido por su intento y cuando se reunió de nuevo con el grupo, le dedicó una sonrisa de medio lado. —Siempre es complicado tocar un piano ajeno —comentó, dándole una vía para que saliese más o menos airoso si lo necesitaba—. Pero te agradezco tu disposición, Bruce. 

Escuchó entonces la oferta de Lord Preston y ladeó un poco su rostro para contemplar el entusiasmo de Abigael. Llevó el vaso de nuevo a sus labios y apuró su contenido, buscando a George con la mirada para que le trajese otro. El mayordomo no necesitó más que ese pequeño gesto para comprenderlo y si sus labios se apretaron un poco más al traer el segundo vaso para Louis en tan poco tiempo, este no notó nada.

Ya con él en la mano, su atención se centró en Lord Preston y se unió al énfasis de la joven con un asentimiento, dispuesto a escuchar las aventuras de su cuñado y agradeciendo mentalmente que fuese él el protagonista de la reunión para poder mantenerse en un discreto y cómodo segundo plano. —Así que un tigre... No escatimes en detalles, Preston. Cuéntanoslo todo tal y como lo viviste, por favor. 

Cargando editor
26/12/2015, 22:58
z/ Lord Dorset "Bruce Wilkinson"

Fue una de esas ideas que su ejecución mental es perfecta pero que las variables de la realidad, que el subconsciente desconoce, hacen que sea un desastre. Al fin y al cabo no fue tan mal. Tuve la aprobación del resto de invitados, así como del anfitrión. Valoraron la valentía de mi acto más que los turbados sonidos que provoqué con el piano. A pesar de ello, estaba un poco sofocado.

Me levante de la butaca sin un objetivo claro. Descarte quedarme al margen del grupo y estar callado. Tenía que olvidar aquel mal trago y si no entablaba o me integraba en una conversación, seguiría en mi cabeza ese maldito piano.

De los gestos de los asistentes, el más conciliador fue el de la señorita Elizabetha. Quizá porque se percató de la que se había librado. Inconscientemente, y con el rubor aún asentado, me dirigí hacia ella mientras me acababa el zumo de un trago.

No me vi en ningún espejo, pero seguro que con el rostro algo sonrojado le dediqué una sonrisa nerviosa y busque justificación de mi acto. –Hacía tiempo que no tocaba el piano. Recibí una completa educación de niño, y una  de las materias era tocar el piano. Pero por lo visto, estas ya no eran aquellas manos- Las levante y le mostré las palmas mientras simulaba una ola con mis dedos -Han olvidado pulsar las teclas del piano para sostener el florete y las riendas de mi caballo. Seguro que usted lo habría hecho mucho mejor.-

Cargando editor
26/12/2015, 23:16
z/ Elizabetha Hamilton

Mientras esperaba expectante el relato de Lord Parlow sobre el félido, Elizabetha vio que el vizconde se acercaba a ella. Educada, la mujer se giró, de forma que pudiera hablar con el aristócrata sin dar la espalda al resto de los presentes. Media sonrisa se dibujó en sus labios al percibir el rubor de Wilkinson.

-No, Milord, no me sobrestiméis- hizo un gesto con la mano, bajó la mirada y se le escapó una sutil carcajada por la risa contenida -. Nunca he aprendido a tocar tan bello y melodioso instrumento, y no sea porque mi padre no lo intentase- parecía divertirse con una imagen proyectada sólo en su mente, una imagen de ella, con 9 años, sentada junto a su padre y éste frotándose las sienes, impaciente -. La última vez, recuerdo que los perros del vecindario comenzaron a aullar desconsolados mientras recorría con dedos infantiles las teclas del piano de mi padre.

Se cubrió la boca con la mano, intentando menguar su risa. Poco a poco, recuperó su serena espresión aunque su mirada conservaba aquel brillo divertido. Se llevó la copa a los labios, y añadió:

-Lord Dorset, si me permitís el atrevimiento, creo que habéis demostrado mucha seguridad y valentía al sentaros frente al instrumento, mas llevando tantos años sin tocar, como afirmáis.

Cargando editor
26/12/2015, 23:56
z/ Elora Ann Wright

La mirada de Elora se cruzó con la de Lord Parlow al fijar su atención en él, quien le dedicó una cortés sonrisa. Le devolvió la sonrisa un poco incómoda, pero sin dar muestras de ello. La primera impresión que había tenido del invitado de honor no había sido favorecedora, mas empezaba a replantearse su imagen inicial. Debía reconocer que aunque carecía de ciertas normas etiqueta, sabía como ser encantador.

Volviendo su atención al resto de personajes allí reunidos, la baronesa apenas pudo mantener el gesto impasible mientras Lord Dorset tocaba el piano. Sus dedos se crispaban con cada nota de manera imperceptible para todo el mundo, salvo para los más observadores. Incluso ella, con sus básicas melodías habría amenizado la velada con mayor satisfacción.

Cuando terminó, aplaudió con una forzada sonrisa  mientras aplaudía con suaves palmadas de cortesía. Lo que hay que hacer para mantener la compostura y el porte de una dama - pensaba la pobre mujer, mientras la conversación iba pasando hacía otros temas, como las anécdotas de Lord Parlow.

El noble hablaba apasionadamente de sus aventuras y de las exóticas criaturas que había hallado en sus viajes. Aunque Elora encontraba más entusiasmada a la joven Abigale Forge Rabbit, quien con actitud impaciente hacía preguntas inocentes. Con una sonrisa, caminó despacio, sin hacer ruido pero con paso firme, hacia una silla cercana, para acto seguido sentarse con actitud lánguida. Tomó otro sorbo del exquisito vino dulce, antes de entrar en la conversación de forma sutil pero haciéndose notar.

- Y dígame, Lord Parlow, ¿qué clase de creencias y civilización tienen por esos lugares? He leído que sus ropas son diferentes y sus pueblos no cuentan con todas nuestras comodidades.