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La Edad de la Inocencia (+18)

• Meredith Grace Walker •

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03/01/2017, 13:12
Lord Preston Ellsworth Parlow

Hacía días que los sueños sobre mi amada hermana me asaltaban por las noches en ese momento de inconfundible vulnerabilidad que envuelve a lo onírico; de todos los sueños no lograba recordar más que el rostro de Edith, los detalles se me escapaban como arena entre las manos con la misma facilidad con la que despertaba envuelto en sudor.

Todo esto tenía su origen en aquella visita al cementerio que habíamos hecho con Emily hacía unas semanas para ver la  tumba de su madre, desde aquel día en que ella me expresara su deseo de visitar el lugar de reposo de Edith y yo le confesara que nunca había ido, mi mente no había cesado de trabajar en círculos alrededor de ese pensamiento... De mi deseo de satisfacer su pedido y mi imposibilidad de cumplirlo, de momento.

¿Qué podía decirle? Ella sabía que el hecho mismo de que Edith estuviera enterrada allí me parecía una afrenta, pues sus restos descansaban en un  panteón de ricos cuando al casarse con Louis había abandonado todo aquello del buen nombre. No quería herir la susceptibilidad religiosa de Emily, que debía de existir pues iba a misa... Por mi parte le había insinuado más de una vez que para mí Dios, si es que tal ser supremo existía conscientemente más allá de ser  una fuerza natural implacable, tenía un humor muy negro, el mismo que derribaba iglesias sobre los fieles en misa.

Estaba envuelto en una melancolía pesada, como el ensueño del alcohol. La fotografía que tenía de mi hermana se me había arruinado de tanto mantenerla entre mis pertenencias, necesitaba otra y mi madre me había confesado al fin en dónde había tomado la postmortem  que se le cayó de su biblia el otro día.

Cuando llegué al local en Whitechapel me pareció que hacía honor a su propósito, por fuera era sobrio y algo sombrío, presentaba respeto como las fotografías que se revelaban adentro. Como la máscara de la muerte. Abrí la puerta y una campanilla delató mi presencia antes que mis propios pasos, di unos pocos pasos y comencé a repasar con la vista el lugar  a la espera del dueño o de un  empleado.

Notas de juego

 

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04/01/2017, 21:33
Meredith Grace Walker

El suave sonido de la campana de la puerta anuncia que alguien ha entrado, pues la entrada principal al lugar, efectivamente estaba abierta aunque no lo pareciera. Estoy acostumbrada a ello por lo cual, me levanto en seguida pero sin prisa, dejándole a Thomas con el trabajo por delante. El pequeño toma una lupa que le cedo y no tarda en hundirse en ella para mirar los detalles de la fotografía que tiene entre sus manos.

Camino hacia la entrada para revisar quien ha aparecido y esbozo una suave sonrisa de cordialidad al observar al caballero que hay en la puerta.

- Buenos días, por favor, adelante, pase dentro - Le indico señalando hacia delante con la mano extendida hacia arriba y haciendo una pequeña reverencia con la cabeza. No tardo en girarme y caminar hacia dentro, alejándome del pasillo principal, incómodo y estrecho, esperando que me siguiera.

La casa es tan pequeña como parece serlo desde fuera. Estrecha pero bien acomodada, recibe a la perfección a los clientes con un aire hogareño. Al principio en la entrada, hay un pequeño pasillo estrecho que lleva a tres direcciones: las escaleras al piso de arriba, una puerta a la cocina y otra al salón principal.

A un lado a la derecha, puede verse un pequeño salón con la ventana que da a la calle, y donde se encuentra Thomas sentado revisando una gran cantidad de fotografías con álbumes en el suelo. A la izquierda, una zona de estudio que es el despacho y donde recibo a los clientes. Es ahí donde me detengo para recibir mejor al caballero.

- Soy Meredith Walker, dígame en qué puedo ayudarle - Me presenté debidamente, no le había visto nunca o al menos no le recordaba, además podía ser que el hombre no esperase que le recibiese una mujer, incluso atenderle en el negocio.

Notas de juego

Que preciosidad de post Preston, te felicito me ha encantado <3

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05/01/2017, 21:03
Lord Preston Ellsworth Parlow

El ambiente dentro del local es extrañamente hogareño, sin siquiera notarlo me encuentro cavilando sobre la alfombra oriental que cubre el suelo tratando de identificar en qué otro lugar la he visto. Y la forma en la que el tiempo parece suspendido en los ambientes, en las imágenes que me devuelven los marcos en la pared, los muebles y su caprichosa disposición. Por alguna razón mi mente me dice que hay una escena de mi infancia muy similar, vaya deja vú.

La voz de una mujer me trae al presente sorpresivamente y me giro un tanto para mirarla, la analizo dos segundos y sonrío con los labios cerrados, asintiendo caballerosamente -Buenos días -devuelvo la cortesía -Por supuesto, después de usted -enfatizo y camino detrás de ella. Vaya, esta era una agradable sorpresa, mi madre no había mencionado nada al respecto de una mujer fotógrafa... Una punzada de excitación estética me cruzó el pecho, al igual que cuando descubría un nuevo pintor o escritor. Su rostro me resultaba conocido también... Retuve su imagen en mi mente mientras le veía la espalda, el sedoso cabello derramado sobre la tela de su ropa y el movimiento con el que su caminar dotaba de cadente encanto su figura.

Llegamos a una suerte de despacho -Encantado, señorita Walker -dije algo dubitativo, quizás el niño fuera suyo. De todos modos ya era tarde, ya había hablado -Tengo entendido que es retratista postmortem, tengo entendido también que realizó uno de estos retratos a mi hermana, Edith... Kindelanver -me tocó el labio inferior con un dedo suavemente -O Edith Parlow -digo finalmente, ¿Sabrá Louis de esto? ¿Habrá mi madre sepultado a Edith en el panteón familiar con su nombre de soltera? ¿Habría llegado hasta ese punto su desprecio? No podía saberlo, pero ahora mismo empezaría a averiguarlo.

Notas de juego

Gracias! yo también estoy muy a gusto con tu escritura ;)

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07/01/2017, 18:51
Meredith Grace Walker

Desde la puerta del salón, apenas en la entrada miro a Thomas levantando ligeramente la cabeza mientras camino junto a Preston al fondo del mismo, hacia el despacho. Thomas es un chico joven de unos 10 años aproximadamente. De él puede apreciarse que no comparte apariencia física conmigo, por lo cual es muy poco deducible que éste fuera mi hijo. Puede apreciarse también la clase baja a la que pertenece, rápidamente clasificado como huérfano tal vez por sus vestimentas, y su descuidada apariencia, puesto que usa algunas capas de ropa que se ven mas nuevas que otras, y tampoco cubren su talla. Su pelo rubio peinado a duras penas pero algo sucio que oculta su color original, además de su dulce rostro, su gesto ligeramente travieso define su juventud y su estatus social.

- Caballero, este es mi ayudante Thomas, espero que no le importune - Le presento aunque no sé el nombre de señor que tengo a mi lado. El pequeño saluda a Lord Preston con un ademán muy educado de su cabeza en forma de reverencia y una sonrisa cordial, a lo que yo correspondo en un asentimiento de cabeza apenas perceptible, y una ligera sonrisa de ojos estrechados que muestra un dulce orgullo por el chico. Un pequeño gesto de aprobación y ternura que procuro que solo Thomas advierta, fueron muchas horas de riñas para que Thomas hiciera caso a mis clases de conducta, para que aprendiese a ser educado cuando mas personas entran el el taller y él está trabajando conmigo.

Desde el salón principal, donde se encuentra Thomas, se puede atisbar un tenue aroma a madera quemada, un claro signo de que la chimenea ha estado encendida durante largo rato y ahora solo queda el olor de la leña calcinada y templada. Además del olor que los propios muebles desprenden, e incluso la fragancia de mi propio perfume, el que puede apreciarse por encima incluso de la chimenea, es un olor algo rancio pero dulce, lejano, producido por los químicos que utilizo para las fotografías, tan característicos del colodión, ya que uso cualquier rincón de la casa para emulsionar y revelar si me es necesario cuando se me acumula el trabajo. Es un olor nuevo para la mayoría de asistentes, e incluso podría decirse que cautivador, algo atrayente.

Me giro hacia Preston y asiento con la cabeza firmemente al mencionar que soy retratista post-mortem - Así es, no se equivoca - Contesto ladeando sutilmente mi cabeza hacia un lado, ahora prestándole así toda mi atención al comenzar a hablar. Me fijo en él, en su apariencia llevada por la curiosidad que me define como artista, registrando sus rasgos como si fueran puros datos que algún día pudiera dibujar de memoria, para asociar rápidamente con alguien de su familia, o simplemente archivando en mi memoria rasgos anatómico que comparte con muchas otras personas, otras que quizá haya dibujado anteriormente que pueda comparar. Se le ve correcto, su porte es firme y su educación es evidente, apuesto tras mi rápida inspección a que es de la nobleza.

A mi se me puede clasificar rápidamente como clase media y no me importa en lo absoluto pues la humildad no me parece precisamente un defecto. Mis ropas son buenas, pero no son nuevas necesariamente, de tintes oscuros y recatados, procuro siempre ser lo más discreta posible aunque comprendo que no puedo aparentar ser mayor de lo que soy; en ocasiones lucho por mostrarlo en un intento de no relacionarme con personas indebidas, a veces incluso, si pudiera, no relacionarme con nadie. Mi cabello está recogido en un peinado rápido, algo despreocupado pues algunos mechones castaños enmarcan mi rostro cayendo hasta mi barbilla rectos, y otros caen por mis hombros desde mi nuca, terminando en unos ligeros bucles oscuros.

Ante las preguntas de Preston, estrecho los ojos pensativa colocándome recta y tuerzo la mandíbula inferior, tratando de pensar... - Edith Kindelanver o Parlow... - Digo en voz alta a modo de ejercicio mental, tratando de recordar su rostro, de asociar el apellido con un tono de cabello, color de ojos o rasgos faciales - Edith Parlow... - Digo de nuevo por fin desviando la mirada hacia mi escritorio, llevándome el dedo índice de mi mano derecha a los labios. No tardo en acudir a un cuaderno que se encuentra ordenado junto a varios de su mismo tamaño, lo abro para revisar si puedo encontrar en el registro de mis trabajos archivados, el nombre que me proporciona. Sin embargo, no lo encuentro - Que extraño... - Digo aún a modo pensativo. ¿Se habrá ocupado Nathaniel de Edith? Es probable... En un intento de que mi marido no haya retratado a la chica, vuelvo a revisar el registro, buscando ambos apellidos y al final niego con la cabeza. - No la tengo registrada pero recuerdo su nombre... - Dije alzando el mismo dedo que llevé a mis labios, dando golpes en el aire con él. Me detengo y mi rostro palidece un instante. Suspiro mirando al techo: tiene que estar en el estudio.

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09/01/2017, 16:28
Lord Preston Ellsworth Parlow

El niño entra al salón y ahora que lo tengo más cerca puedo ver que es de clase baja por sus ropas sobre todo, aunque se lo ve muy compuesto, algo que me agrada sobremanera. -En lo absoluto, no es molestia -musito inclinándome ligeramente hacia él y le extiendo la mano como si fuera un adulto -Un placer conocerle jovencito-.

Una vez que nos saludamos me doy cuenta que no me he presentado -¡Ah! -dejo salir un jadeo -Pero qué modales horribles los míos, no me he presentado -digo mirando al pequeño y a la mujer delante de mí -Mi nombre es Preston Parlow… Lord Parlow -agrego más por formalidad que porque realmente me importe. Me cruzo de brazos y niego con la cabeza -No me tomes como ejemplo niño, lo primero que uno debe hacer es decir su nombre, más cuando una dama se presenta -le digo suspirando contrariado, relajando la postura -Sepa disculparme señorita Walker, la situación en sí es… Dificultosa para mí -traté de justificarme pobremente, según mi punto de vista. Había cuestiones de modales que eran imperdonables más allá de los sentimientos que estuvieran afectando nuestro juicio -Mi hermana y yo éramos muy unidos y ella murió muy joven -aduje mirando hacia un lado, permitiendo que el aroma a leña quemada me remontara a lugares gratos de mi niñez hasta que me topé con un perfume desconocido y me pregunté qué sería mientras soy arrastrado nuevamente al aquí y al ahora.

Noto que me observa disimuladamente de pies a cabeza, espero que lo que ve le sea satisfactorio, sino masculinamente al menos en sentido estético. No, parece una mujer que no se fija en lo físico más que para asegurar una pintura o dibujo luego... De seguro me ha analizado en sentido estético, tiene ese descuidado encanto de los artistas y me hace recordar a mí mismo cuando memorizo a alguien cuya impronta se me ocurre ideal para darle un personaje en mis escritos luego.

Verla hacer memoria y rebuscar entre sus archivos es un regalo de cotidianeidad laboral para el que no estoy preparado, si supiera que me encanta soslayar los momentos más comunes de las personas... Solo allí es cuando son completamente ellas mismas.

-Oh, ¿qué quiere decir con que no la tiene registrada? -pregunto lleno de curiosidad mientras mis ojos azul claro la registran, analizando sus gestos. Llevo mis manos hacia mi espalda y las entrelazo allí, pronto su rostro palidece y la escucho suspirar mientras mira hacia el techo, como si fuera presa de una visión inesperada y lo estuviera disimulando. Me acerco un paso -¿Se siente bien señorita Walker?

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14/01/2017, 09:35
Meredith Grace Walker

Observo al señor Preston azorarse por no presentarse, frunzo el ceño y niego con la cabeza con una sonrisa, en un gesto sutil, de que no me importa el despiste - Es un placer Lord Parlow.

Miro hacia Thomas que agacha la cabeza con mucha formalidad pero no aparta su enorme sonrisa, ya que encuentra divertido lo que dice, y por un instante me mira a mi como en señal de aprobación. Yo le frunzo el ceño y le sonrío un tanto divertida.

En seguida me giro hacia Preston deshaciendo lentamente mi sonrisa y asiento una vez de forma un tanto solemne - Comprendo su situación Lord Parlow… aquí ante todo comprendemos cada una de las situaciones, no es fácil para todo el mundo. - Quería que comprendiese mi empatía hacia la situación por eso me torno con seriedad y me tomo el asunto de forma profesional.

En cuanto revisamos que su querida Edith no está en el registro y yo caigo en cuenta que debe de estar arriba, mi corazón se acelera ante la idea de tener que rebuscar en archivos viejos. Pienso en las fotos que se hicieron cuando estaba Nathaniel, y como el estudio era otro bien distinto sin él.

Regreso de mis pensamientos al oír a Preston y le miro un tanto apurada. Observo como se acerca y su preocupación hacia mi es evidente. Aprieto los labios y le miro abriendo los ojos - Sí… sí… Lo siento Lord Parlow - Cierro los ojos y niego con la cabeza seguidamente - Es... que hay que... - Suspiro y vuelvo a abrirlos - Hay que subir al estudio, hay que revisar los viejos… archivos, puede estar ahí ¿Me acompaña? Así me ayuda a buscar si no le importa a usted... por supuesto - Alcé las cejas.

El estudio es un lugar común, pues acostumbro a realizar fotografías allí, sin embargo procuro no ir sola.

Notas de juego

Siento el retraso!

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21/01/2017, 19:08
Lord Preston Ellsworth Parlow

-Comprendo su situación Lord Parlow… aquí ante todo comprendemos cada una de las situaciones, no es fácil para todo el mundo. 

-Se lo agradezco infinitamente, señorita Walker -inclino la cabeza levemente y mis ojos se encuentran con los de ella por un instante en los que leo a un alma profunda pero esquiva. Para mi sorpresa soy yo el que los aparta primero, quizás porque no puedo evitar sentir una puntada de culpa por no ser más fuerte y sentirme tan vulnerable delante de una extraña, no quiero que vea el dolor que reside en mi interior y que circunda la figura de Edith y su recuerdo: por más que la muerte de mi hermana y yo hayamos hecho las pases eso no quería decir que no doliera igual ni que no la extrañara cada segundo.

Su rostro y sus expresiones me cautivan mientras la veo rebuscar en algún rincón de su mente y encontrarse con algo inesperado, puedo notar su ansiedad y no puedo evitar preguntarme el porqué. Una sinfonía se desata en su faz y la disfruto devorándome cada instante de esos ojos cerrándose, sus cejas alzándose, su boca suspirando; hay una belleza intrínseca en los movimientos más simples del ser humano cuando son reflejo del espíritu o de la determinación.

Abro los ojos y esbozo una sonrisa comprensiva -Por supuesto que la acompañaré si usted lo requiere, no me molesta en lo absoluto ser de ayuda -trato de infundirle una dosis de sosiego, ya que su interior de pronto pareció ser sacudido por una brisa desconocida para mí. -Si usted fuera tan amable de señalarme el camino... -ladeo sutilmente la cabeza para indicarle que espero sus direcciones y le ofrezco el brazo, por si hiciera falta.

Me intriga sobremanera todo este pedido y sus gestos alrededor de la tarea por venir, el ánimo de ver ese estudio crece en mi interior y las preguntas van formándose en mi mente, preguntas que formularé en el momento adecuado.

Notas de juego

Perdona tú, está complicada esta época.

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29/01/2017, 17:11
Meredith Grace Walker

Preston acepta de buena gana acompañarme hasta el estudio. Le observo con toda la serenidad que mi rostro puede ofrecer en estos momentos, hasta que por mera rutina cordial, mis labios esbozan una ligera sonrisa, y hago un asentimiento de la cabeza que mas bien se queda en un gesto un tanto triste, pero fugaz puesto que giro el rostro para mirar directamente hacia la escalera.

Tomo aire y me giro una última vez para dirigirme a Thomas, que sigue sentado en el sillón del salón junto a la ventana - Thomas, voy a al estudio, atiende a los clientes que puedan llegar por favor. - Tras una aceptación del chiquillo, me giro hacia Preston y observo su brazo un instante, para luego subir mi mirada a sus ojos y ahora sí, esbozar una sonrisa algo mas amable que la anterior - Gracias, hay que subir... - Señalo las escaleras. Son estrechas pero lo suficiente como para que pudieran subir a la vez dos personas, si no sería un lugar de trabajo prácticamente imposible. La casa es de clase media, sí, pero está bien acomodada para usarla de vivienda y trabajo a la vez.

No me lo pienso demasiado, y deslizo mi mano por el brazo de Preston al ser él quien me lo ofrece. Mi pulso tiembla un poco al pensar en rebuscar en los archivos y encontrarme fotos que no quisiera ver, pero eso ya es una cuestión personal de la que Lord Parlow no tiene por qué ser partícipe. Es por eso que trato de mostrarme lo más serena posible.

Mientras sujeto su brazo, le jalo lentamente hacia las escaleras para empezar a subir, presionando de forma sutil con mi mano hacia la dirección que le indico, mientras que con mi otra mano sujeto la falda de mi vestido para subir cómodamente sin tropezar con la tela. - Es en el último piso, la tercera planta está habilitada al completo para trabajar allí. Espero que le guste. - Añado quizá en un intento rebuscado por mermar mis emociones. No es lo mismo acceder al estudio para realizar unas bellas fotografías, que rebuscar entre los recuerdos.

Subimos con cuidado de no caer y obviamos la segunda planta, a puertas cerradas para los clientes y básicamente, para todo el mundo ya que es la parte personal de la casa y donde solo yo tengo acceso.

Mientras subimos las escaleras, pienso en que tengo que mostrarme profesional: calmada y serena, además de educada, mis sentimientos quedan atrás, ya que por desgracia la mayoría de las fotografías que realizo son post-mortem, y los clientes acuden a mi con sus mejores intenciones pero no son sus mejores ánimos. El caso de Preston no iba a ser menos, ya encontré cierta inquietud en su rostro al llegar al estudio y preguntar por su hermana. Ante todo, muestro respeto hacia los sentimientos que se rebelan ante mi con permiso o no de sus acongojados.

Al llegar arriba suspiro y me detengo junto al caballero que me acompaña, para tomar aire y respirar tras el esfuerzo de subir las escaleras.

 

El estudio está perfectamente adaptado para tomar fotografías, toda la sala está a la vista a excepción de un par de puertas: una de laboratorio, otra de almacén. Hay algunas fotografías enmarcadas y otras sueltas colocadas al azar por el suelo y muebles, como ejemplos de realización en general. En las paredes hay algunas fotografías de Nathaniel y mías, como ejemplo de perfección técnica con respecto a la fotografía, tras haber hecho miles de pruebas con nuestros rostros delante de los objetivos, antes de dar nuestro servicio al público.

 

Notas de juego

Su rostro y sus expresiones me cautivan mientras la veo rebuscar en algún rincón de su mente y encontrarse con algo inesperado, puedo notar su ansiedad y no puedo evitar preguntarme el porqué. Una sinfonía se desata en su faz y la disfruto devorándome cada instante de esos ojos cerrándose, sus cejas alzándose, su boca suspirando; hay una belleza intrínseca en los movimientos más simples del ser humano cuando son reflejo del espíritu o de la determinación.

Que bello <3333 es una delicia leerte.

De nuevo, siento el retraso, a ver si voy asumiendo un ritmo mas normal, igualmente por mi no hay problema, podemos seguir esta escena al ritmo que podamos ambos ^^

He descrito que llegamos arriba y demás, pero si quieres añadir alguna conversación de camino, eres libre, yo te sigo :)

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31/01/2017, 17:11
Meredith Grace Walker

Whitechapel, Taller Walker

Jueves 6 de Mayo, 1880

El taller Walker podría haberse encontrado en otro lugar, uno distinto que no fuera Whitechapel, como podría ser el centro de Londres o en una zona menos problemática de la ciudad, mas rica quizá, culta, transitada o mas importante. Sin embargo, Nathaniel Walker, el difunto marido de Meredith, apenas había comenzado en la ciudad como fotógrafo y lo único que pudo permitirse en su día fue una pequeña casa con una fantástica y fabulosa buhardilla, perfecta como estudio fotográfico para realizar cualquier tipo de fotografías allí.

Por supuesto aquella casa no era el hogar Walker, tan solo su lugar de trabajo, pero el estrecho edificio de tres plantas seguía siendo una casa, y por lo visto el lugar idóneo para que Meredith se refugiase en la actualidad, tras la muerte de Nathaniel, envuelta en papel fotográfico y emulsiones químicas.

La puerta del local era la de una casa normal, a excepción del cartel que arriba podía leerse "Walker Studio" No podía decirse que fuera un sitio al que atrajese a transeúntes interesados en la fotografía, puesto que Meredith no vende cámaras, ni tampoco ofrece al ciudadano de a pie equipo fotográfico al uso; es solo un taller donde realizar fotografías y revelarlas, un lugar perfecto donde tratar su oficio, además de ser un modesto escondite donde poder vivir.

Aquella mañana Meredith se disponía a trabajar junto a Thomas -su pequeño ayudante de fotografía- revisando algunas placas y enmarcando algunas fotografías en unos álbumes en la "zona seca" que es el lugar donde no hay químicos, ni cámaras, y donde revisa cada foto final y prepara los pedidos importantes, dicho lugar no es mas que el salón principal de la casa en la planta baja. Ambos revisan algunas fotografías recién tomadas, para practicar y para enseñar a Thomas lo que podría ser algún día su profesión.

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31/01/2017, 19:09
Lord Preston Ellsworth Parlow

Su sonrisa triste encontró su reflejo literal en la mía. Las palabras de Wordsworth vinieron a mi mente una vez más:

“Porque he aprendido a mirar en la naturaleza,
no como en la hora de mi juventud irreflexiva,
sino escuchando a menudo
la sosegada y triste música de la humanidad,
ni áspera ni disonante, aunque lo bastante poderosa
para castigar y dominar”.

Esa triste música de la humanidad era acaso la más bella de las melodías cuando iba unida al delirio de la melancolía de lo sublime, música que lejos estaba del mundanal ruido, eran más bien sonidos etéreos unidos expresiones de incomparable y secreta belleza, como una sonrisa triste y unos ojos llenos de recuerdos que ahora mismo me habían inundado el espíritu.

La cálida sensación de su mano en mi brazo me conforta, no me había figurado cuánto necesitaba ese simple consuelo humano cuando tantos pensamientos oscuros transitaban mi mente: pensar en Edith era tan dulce como doloroso. La veo recoger parte de su falda para subir y lo hace elegantemente, es satisfactorio ver cómo dota de gracia a algo tan simple como un vestido, para alguien como yo que disfruta con esos pequeños espectáculos privados sus gestos y posturas son exquisitas.

Subimos en silencio lo cual me agrada, soy partidario de que a veces las palabras son innecesarias. Su pecho se alza y baja al reponerse del ascenso, yo también hago lo mío. Me han dado curiosidad esas habitaciones cerradas de la segunda planta pero sería de muy mala educación preguntar, en lugar de eso me dejo llevar por la vista del estudio de la tercera planta, un escalofrío me recorre: pareciera que ha sido abandonado por sus habitantes, la recreación artificial de una escena cotidiana siempre me causa un impacto estremecedor, enseguida pienso que voy a ver fantasmas, los fantasmas de aquellos cuyas pertenencias yacen en el olvido. Tengo que recordarme que la escena está montada con otros fines y para alejar los pensamientos sombríos me pongo a mirar las fotografías en las paredes.

Me detengo frente a una en la que está mi anfitriona y un hombre joven a su lado, no encuentro parecido entre ellos sin embargo me aventuro a comentar: -Vaya, qué precisión tienen estas fotografías con respecto a usted, a su aspecto -digo con la intención de hacerle un cumplido y hago una breve pausa -¿El joven a su lado es pariente suyo?

Notas de juego

Para mí también es una delicia leerte, me encanta tu expresividad a la hora de escribir :)

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31/01/2017, 19:20
James Reynolds

Whitechapel, Taller Walker

Jueves 6 de Mayo, 1880

Aquella mañana James solo tenía un paciente en The City. Tras terminar, supo que sería una oportunidad idónea para realizar la visita a Whitechapel. Sabiendo la dirección todo debería ser más rápido.

Tomó una calesa en Cornhill y en veinte minutos se plantó en el lugar indicado. Alzó la mirada, observando el deteriorado edificio. Llamaba la atención su falta de horizontalidad, como si amenazara con sacar demasiada barriga y se desplomara hacia atrás. Dudó un instante, hasta que leyó claramente el cartel.

- Walker Studio. Sí, sin duda es aquí - asintió. La entrada era un pequeño portal que daba paso a unas escaleras ascendentes. Subió por ellas y se plantó ante una puerta con un rótulo que repetía el cartel de la calle. Llamó a la puerta y esperó.

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02/02/2017, 21:08
Meredith Grace Walker

La buhardilla que cumple perfectamente su función de estudio, parece un lugar distinto al resto de la estrecha casa Walker, como una puerta secreta a cualquier otro lugar del mundo, lleno de arte y recuerdos. Se reúnen allí la perfecta mezcla entre el trabajo artístico constante, la renovación por nuevos elementos fotográficos y atrezzo que cambia según las modas, junto con objetos viejos que no son mas que recuerdos que se almacenan olvidados, agolpados uno encima de otro para ocupar el menor espacio posible, como si se aglomerasen y se uniesen en una lucha por nunca salir de allí, para nunca ser olvidados; provocando así una fuerte energía que se adueña del lugar. Adornado por un bello silencio y por una luz diáfana procedente de los grandes ventanales del techo, incidiendo directamente en la sala de forma natural, dando una sensación de efecto invernadero digno de un cuento de hadas, solo para quienes consiguen ver magia donde otros solo ven trastos viejos y útiles de fotografía que nadie entiende.

La sala se muestra completamente abierta y ocupa todo el tamaño que la casa ofrece, lo que viene a ser un espacio aprovechado al máximo. Uno de los grandes ventanales está abierto, dando paso aire fresco a la estancia, a la vez que renueva el ambiente que está cargado de un potente olor a químicos de laboratorio.

Comienzo a caminar, rompiendo el majestuoso silencio, clavando mis zapatos en la madera del suelo en pasos sosegados. Me alejo de Preston manteniendo una distancia prudente, pero soltándome así de su brazo, liberándole para que pueda curiosear a su antojo. Llevo mis manos a mis brazos para frotarlos suavemente al sentir una brisa fría, inapropiada para la temperatura general pero muy común aquí arriba en el estudio.

No tardo en acudir hacia la ventana abierta, cojo una de las sillas que hay, me subo con cuidado de no tropezar con mis ropajes, y me encargo de cerrar la ventana. Cuando termino bajo de nuevo al suelo y me detengo en mi posición, allí en medio del estudio, observo al caballero que mira las fotografías de las paredes, en concreto la mía junto a Nathaniel. Una sonrisa triste se asoma nuevamente en mi rostro al oír su halago hacia mí y la pregunta del señor Parlow, inocente e interesado.

Tomo aire buscando una respuesta adecuada en mi mente, mientras hincho el pecho para en seguida exhalar con paciencia – No, no es pariente mío. Él es Nathaniel Walker, dueño de todo el estudio y mi marido… mi difunto marido – Aclaro al final recogiendo la mirada, girándome hacia una pila de cajas que descansan en la pared. Camino de nuevo hasta llegar a ellas, llevando una mano a mi cabello para recogerlo en mi peinado en un intento de mostrar normalidad en la inquietud que me acoge al hablar de nuevo de Nathaniel.

Tengo mucha curiosidad por ver el rostro de Preston y conocer lo que piensa en una sola mirada, sin embargo no lo hago, mato la curiosidad atendiendo una de las cajas que contiene fotografías viejas que un día Nathaniel guardó y que yo jamás volví a abrir.

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02/02/2017, 21:19
Meredith Grace Walker

La puerta de la casa está cerrada, es por eso que me levanto pero con calma pues estoy acostumbrada, dejándole a Thomas con el trabajo por delante. El pequeño toma una lupa que le cedo y no tarda en hundirse en ella para mirar los detalles de la fotografía que tiene entre sus manos. Cuando llego al recibidor, giro el pomo de la puerta y se oye el suave sonido de la campana que anuncia la llegada de alguien cuando suelo dejar la puerta abierta en horas puntas.

Mi gesto es sereno, tranquilo al abrir la puerta de la entrada, sin embargo se torna casi de inmediato a uno lleno de sorpresa al ver la figura de James delante de mí. Abro los labios dudosa y al final estrecho los ojos, observándole, buscando su imagen en mi memoria. - ¿James? ¿Eres... tú? - Al final frunzo el ceño y ladeo la cabeza. Hasta que toda la extrañeza da paso a la nostalgia y no me queda mas remedio que esbozar una sonrisa. - Por dios, pasa… pasa dentro - Me hago a un lado y dejo que entre por tal no recibirle en medio de la puerta principal.

 

La casa es tan pequeña como parece serlo desde fuera. Estrecha pero bien acomodada, recibe a la perfección a los clientes con un aire hogareño. Al principio en la entrada, hay un pequeño pasillo estrecho que lleva a tres direcciones: las escaleras al piso de arriba, una puerta a la cocina y otra al salón principal.

A un lado a la derecha, puede verse un pequeño salón con la ventana que da a la calle, y donde se encuentra Thomas sentado revisando una gran cantidad de fotografías con álbumes en el suelo. A la izquierda, una zona de estudio que es el despacho y donde recibo a los clientes. Es ahí donde me detengo para recibir mejor al caballero.

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06/02/2017, 03:22
Lord Preston Ellsworth Parlow

La dama se suelta de mi brazo y la brisa fría me hace echar culposamente de menos ese calor, sus pasos realizan una extraña música disonante pero intensa como toda percusión, en el suelo de madera y ese sonido se mezcla por un instante mágico con el de mi propio latido en mis oídos y con el de mi respiración, que de pronto se me hace tan inconfundible y distintivo.

Como mujer acostumbrada a arreglárselas sola, se sube a una silla y cierra ella misma la fuente de frescura que se desliza por la ventana abierta. O por lo menos eso deduzco de sus palabras: es viuda. Me muerdo el labio inferior lamentando mi indiscreción, pero jamás lo hubiera adivinado... Aunque sí me parecía sumamente inusual que una mujer de esa belleza estuviera sola... No porque estuviera a punto de comprometerme estaba ciego, esta mujer poseía un encanto más terrenal y más experimentado que mi Emily, como conocedor y amante de la belleza que era me resultaba imposible ignorarla, más si era porque unas meras normas sociales me lo indicaban. Si había algo que sabía hacer era saltarme reglas sociales... y morales.

Me acerco a ella hasta ponerme a su lado mientras revisa la caja, ni muy cerca como para incomodarla ni muy lejos como para que no me note, ladeo mi cabeza y mantengo mis manos en la espalda, mientras la miro trabajar murmuro -Lo siento mucho, debe ser duro para usted -me lo pienso dos veces antes de proseguir porque la norma dice que no es decente hurgar en esa clase de conversación, sin embargo veo más necesario hacerle ver a ella que siento empatía por su persona. De nuevo, no soy el rey de la convención social. -No lo digo por la muerte en sí, sino por la ausencia del ser amado -me explico, dejando a un lado que no lo digo por su condición de mujer aunque lo estoy pensando -La muerte es algo inexorable y aún así tan extraño al ser humano -hago una mueca con los labios -O por lo menos lo es para mí -sostengo mientras espero a que me exponga su punto de vista, si le place.

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10/02/2017, 18:06
James Reynolds

James la observó detenidamente, juzgando que, a excepción de unas ojeras, la joven Meredith no había cambiado en todo ese tiempo. Se quitó el sombrero y entró en la casa.

- Hola Meredith - la saludó con un tono grave y una sonrisa forzada que hacía ver lo embarazoso del encuentro -. Lamento mucho lo de tu esposo. No lo supe hasta que Matthew, hace unos días, me lo comunicó. Fue él donde me dijo donde poder encontrarte - confesó el hombre mientras lanzó pequeñas miradas al entorno y al pequeño ayudante que tenía. Meredith le indicó que pasara al interior y comenzó a conducirle a un lugar distingo. Observó el lugar, tan estrecho como podría intuirse por fuera, pero muy bien acondicionado. El estudio que su marido compró ahora regentado por su viuda. Siguió a la joven mujer hacia un despacho, donde retomó la conversación.

- He vuelto recientemente a Londres, después de seis años en las colonias - prosiguió -. Han cambiado muchas cosas desde que me ausenté - admitió cariacontecido -. Espero que el negocio te vaya bien. Veo que tienes montado un buen estudio - reconoció intentando imprimir algo positivo en la conversación.

- El caso es que... vengo a preguntarte si sabes algo sobre Gabriel - soltó definitivamente el motivo esencial de su visita.

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19/02/2017, 10:29
Meredith Grace Walker

Mis dedos se mueven dentro de la caja, pasando papeles de todos los tamaños, placas varias y fotografías. En dicho recuento visual llevado por mis manos, me doy cuenta de que ni siquiera estoy prestando atención a las imágenes que pasan deprisa ante mis ojos, mi mente se ha ido lejos durante unos segundos, todos los rostros que se me presentan en fotografías viejas amontonadas, me recuerdan a Nathaniel; sin querer veo su color de pelo y sus ojos mirándome.

Pero se esfuma, justo en el momento en el que oigo la voz de Preston cerca. Es como mi salvación pues en otras circunstancias, que se dan mas a menudo de lo que quisiera, podría pasar así horas, al estar sola y no tener ningún tipo de distracción.

Detengo mis manos sobre la caja y subo mi mirada a Preston, un tanto dispersa pero no tardo en prestar atención a sus palabras.

Miro sus ojos, alterno mi mirada por la suya y mi expresión se compunge ligeramente guiada por una sutil sonrisa, nuevamente triste pero apenas apreciable. Tomo aire por la nariz al sentir una emoción recorrerme. El caballero no solo se para a pensar en mi situación y mi condición, si no que empatiza conmigo, me muestra sus pensamientos y eso me mueve por dentro. Me siento tan sumamente comprendida que no tengo palabras, nunca suelen decir algo como lo que Preston me dice, y tardo un poco en reaccionar.

- Muchísimas gracias Lord Parlow… Es usted… muy… muy amable. No todos comprenden cuan doloroso puede ser para los vivos - Alargo mi sonrisa que a pesar de querer ser cordial, está llena de emociones. - Para mi la muerte era extraña, ahora me ha hecho ser una persona distinta a como era antes, ahora la muerte es demasiado común, vivo entre rostros que han fallecido. La muerte es mi vida…

Me quedo mirándole fijamente a sus ojos, buscando mas palabras para completar mis frases pero parece que lo último que he mencionado me ha robado cualquier idea que se me rondase por la cabeza. Espiro el aire que había retenido en mis pulmones con calma y me humedezco los labios mientras levanto algunos dedos de las manos que aún se sostienen en los bordes de la caja que inspecciono, expresando así lo que no pueden mis labios. Al final, arqueo las cejas y dejo de mirar a Preston para bajar de nuevo a la caja, aunque me quedo rígida, sin hacer nada.

Finalmente cierro los ojos con fuerza unos segundos y cambio de postura con mis pies cambiando el peso de mi cuerpo, removiendo ligeramente - Lo siento… - Me disculpo sin mirarle, y vuelvo a mover las fotografías en busca de la señorita Parlow. Estoy trabajando y eso me impide hablar más de lo necesario sobre mi misma, o sobre mis sentimientos, siempre tengo que guardar la compostura, ya que los clientes son la prioridad, los que están mas dolidos y tengo que ser mas fuerte que ellos.

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19/02/2017, 10:42
Meredith Grace Walker

James entra y me siento emocionada, hacia mucho tiempo que no le veía y su presencia no hace más que recordarme a tiempos mejores. A días que ahora me llenan de nostalgia.

Me giro para mirarle tras hacerle pasar, y cierro la puerta con cuidado. Las primeras palabras de James me conmueven pero aún así muestro una suave sonrisa, agradecida por sus palabras, mostrándoselo así sin necesidad de decir nada. - Matthew… claro, él siempre tan responsable - Amplio mi sonrisa y estrecho mis ojos, solo recordar a mi hermano me llena de alegría.

Salimos de la entrada y caminamos hacia dentro. Le dedico una mirada al pequeño para que siga trabajando, mientras caminando James y yo llegamos al despacho. Me detengo frente a James y oigo lo que me dice.

Al decir lo de las colonias levanto las cejas sorprendida y abro los labios - Me alegra que tras las batallas estés aquí, de nuevo en Londres - Menciono como detalle, pues es una suerte su regreso. Luego echo un vistazo a la sala en general de nuevo con una sonrisa cordial ante el halago del lugar donde trabajo - Gracias James, me permite vivir bien.

Pero la conversación cambia. Otro caso distinto sería que viniese a preguntarme por mi, que me pidiese hacerle una fotografía, que hablasemos de cosas pasadas o que incluso me diese la noticia de que se casa… ¡por ejemplo! Pero en cambio me habla de Gabriel y mi rostro cambia, se ensombrece casi de inmediato y cualquier atisbo de felicidad acompaña a mi lúgubre atuendo.

Desvío la mirada hacia el escritorio y paso una mano por la madera. No me lo pienso demasiado, retiro la silla y tomo asiento, procurando calmar mis sentimientos frente a James que estará tan preocupado como yo - No… no sé nada de Gabriel… llevo un tiempo esperando sus cartas, estoy verdaderamente preocupada - Levanto la mirada, esperando que no sea él quien venga a darme una mala noticia - ¿Tu…sabes algo? - Pregunto con la esperanza de que me diga que sabe tan poco como yo.

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21/02/2017, 17:50
James Reynolds

James enarcó una ceja, relativamente sorprendido ante el comportamiento de la joven viuda. Ya desde la facultad supo que Gabriel no tenía gran contacto con Matthew, no así Meredith. Por ello encontró normal que días atrás, cuando encontró al primogénito de la familia, este le refiriera a su hermana como principal contacto de su antiguo compañero. Lo que no se esperaba era encontrarse a un Gabriel en paradero desconocido, angustiando a los suyos.

El cirujano parpadeó, mientras recuerdos e ideas se arremolinaban en su mente, mientras una intuición comenzaba a despertar en él. Sabía que el último año de facultad y durante su tesis, Gabriel se había ido tornando más y más renuente. Más esquivo y oculto. Más huraño, tal vez. James sospechaba el por qué, y en cierto modo entendía que lo practicara con otros colegas de profesión. Lo que no se esperaba era que se aislara de su propia familia. Aquello no pintaba nada bien cuando se ocultaba incluso de los suyos.

Meditó por momentos que posiblemente había sido demasiado brusco y repentino el hablar sobre su hermano, lo cual conllevaba también su extravagante comportamiento, ya patente hace cinco años. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que se vieran, posiblemente en su boda, y tras la pérdida de su marido y la evocación de viejos recuerdos debió ser más cortés e interesarse más por ella... Pero el caso es que James no había venido a eso.

Tal vez su formación marcial, de fijar un objetivo y cumplirlo para luego pasar al siguiente, dictaminaban algunos de sus comportamientos, algo bruscos e insensibles dependiendo de la situación.

- Lo siento Meredith, no ha sido cortés por mi parte. No deseaba alterarte, pero tampoco mentirte si te dijera que esta era una visita de placer - explicó abiertamente -. Vengo en busca de Gabriel o su paradero. Por dos motivos: uno, para comunicarle que el trabajo de investigación que realizamos como tesis ha sido galardonado por el Real Colegio de Médicos de Inglaterra y una celebración en los próximos días se hará, esperando que se personen los investigadores. Como su compañero más cercano me han pedido que lo encuentre, ya que nadie logra contactar con él. Dos, por motivos personales. La última vez que hablé con él, hará cinco años, estaba muy alterado y su comportamiento me resultó preocupante - confesó a su hermana -. Estaba... no sé, es difícil de explicarlo, Meredith. Obsesionado, yo diría - terminó de definir sin explicar el por qué.

- Por tanto, no. No sé de él pero deseo encontrarlo a toda costa - dijo con cierta decepción al comprender que ella tampoco sabía últimamente nada sobre su hermano -. ¿Contacto solo por carta? Caramba... su aislamiento es cada vez mayor. Y eso no es bueno, Meredith - dijo con tono grave negando con la cabeza - ¿Y desde donde escribe? - preguntó, pensando que eso sí sabría su hermana, ya fuera porque Gabriel se lo comunicó en alguna ocasión o lo pondría en el remitente de las cartas.

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21/02/2017, 19:56
Lord Preston Ellsworth Parlow

Mi sonrisa refleja la suya, ambas son tristes pero con un brillo especial. Es un deleite para mí, que soy un vampiro de lo sublime, de lo bello de este mundo, observar cada leve expresión de su rostro, la forma en que sus facciones delatan que su mente está por quién sabe dónde, con su esposo difunto, me atrevo a conjeturar, pero definitivamente no en lo que está buscando.

Me agradece que la comprenda y me pregunto una vez más qué clase de sociedad es esta en la que vivimos que se agradecen las emociones más simples y bellas del ser humano, inclino la cabeza pensativo y muevo las cejas que se fruncen y luego se distienden, acompañando mi pensamiento mientras mis ojos descansan en las fotografías que la señora Walker pasa con sus manos. Me detengo en ellas, en sus finos dedos y en la textura de su piel, trato de traerla a mi memoria nuevamente en el recuerdo de cuando le di la mano en la estancia de abajo, es difícil no sentir el suave perfume que se desprende de sus ropas y de sus cabellos a esta distancia, que sería demasiado cercana si no nos separara la inevitable realidad de los rostros muertos que nos miran, juzgándonos.

Y mis manos, permanecen en mi espalda para evitar cualquier desliz, porque me conozco.

-No, no soy amable -le aseguro con total sinceridad, ella puede tomarlo como un rapto de humildad pero yo sé que mi amabilidad forma parte de una escultura moldeada con materiales de los más diversos y está fragmentada en las más variadas probabilidades, incluyendo ser amable cuando nalgueo a mis amantes o cuando las hago sufrir un poco antes de tomarlas, llegados a ese punto, no creo que pueda llamarse a ello amabilidad, quizá tenga otro nombre que ignoro, un nombre que está más cerca de lo que sociedad llama perversidad.

Dejo escapar una pequeña risa de satisfacción cuando me dice que la muerte es vida -Ahh, usted se hubiera llevado de maravillas con el poeta Percy Shelley y con Víctor Hugo -asevero mientras busco en mi memoria algunos versos que demuestren mi teoría. Nuestras miradas se encuentran por unos instantes, el silencio nos envuelve, no extraño ni frío, no ajeno ni lejano, sino perturbadoramente íntimo, como estas impresiones que compartimos a solas sobre aquellos a quienes amamos y amaremos, siempre.

Ella desvía la mirada para continuar su trabajo pero no yo, que me bebo cada una de sus expresiones. -No tiene por qué disculparse -digo sin saber bien qué ha motivado que diga esas palabras.

No quiero que mi cercanía la inquiete o distraiga, si es que acaso eso es lo que he logrado. Me separo de ella un poco, camino a su alrededor recorriendo con mis pupilas azules las vigas del techo, los ojos que nos miran desde los cuadros. Por un instante pienso que me gustaría robarle un beso justo aquí, en esta habitación en la que está su marido mirándonos desde la pared y sonrío con malevolencia al pensarlo, pero claro no puedo, porque no podría hacerle daño a Emily. Mentira, sí podría, pero no quiero.

Luego recuerdo por fin un poema -Escribió una vez Víctor Hugo:

La belleza y la muerte son dos cosas profundas,
con tal parte de sombra y de azul que diríanse
dos hermanas terribles a la par que fecundas,
con el mismo secreto, con idéntico enigma.

Mis pasos caminan por detrás de ella observándola buscar y rebuscar, a esta altura la visita se ha pagado sola y hasta prefiriera que la fotografía no apareciera, así podría volver. -Si quiere puedo regresar otro día -deslicé la posibilidad con gentileza.

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22/02/2017, 16:58
Meredith Grace Walker

En el preciso momento en el que comento que está siendo amable conmigo por las palabras que me dedica, Preston lo niega y eso en cierto modo me extraña. Frunzo ligeramente el ceño y elevo la mirada apenas unos centímetros de la caja, tomándome unos segundos para asimilar su respuesta y pensar por qué lo ha dicho.

Ahora siento un pudor muy común en mi, uno que se asoma cuando revelo algo personal ante un cliente o en el ambiente de trabajo. Pero siento que tengo que decirlo, en un acto desesperado por hacerle saber al resto del mundo que estoy aquí, que sigo aún viva entre recuerdos, diciendo cosas como "la muerte es mi vida" y dejar fluir la pasión que me invade, dejar salir quien soy y como me siento en una sola frase. Me arrepiento casi al instante, es por eso que me disculpo. Siempre me pasa, no aprendo. Demasiado tiempo sola, demasiado tiempo sin que nadie me arrope, escupo mi naturaleza por la boca como si al decirlo fuera mi última oportunidad de seguir siendo humana, y no un fantasma más como los rostros que me acompañan día tras día.

Me ha bastado unos minutos para conocer un poco a Preston, al menos el Preston que se muestra aquí y ahora. Un caballero distinguido, de renombre seguro porque su educación es extrema y su tacto en la interacción conmigo es incomparable. Me respeta… o eso pienso pues en ningún momento ha intentado ayudarme en ninguna de las tareas que he realizado hasta ahora y eso lo agradezco porque seguramente sepa que puedo valerme bien sola. Sin contar el acompañamiento de la subida de las escaleras al último piso, esa es otra clase de educación. Lo huelo en su perfume, lo veo en sus ojos y sus gestos y lo siento en el tacto de su ropa la cual apenas he podido percibir en una caricia hace escasos minutos. Un hombre comprometido si es que no está ya casado y con hijos, a hombres como él hay que cazarlos pronto. Veo parte de quien puede ser él, como ahora, que me revela que me hubiera llevado divinamente con el poeta Victor Hugo o Percy Shelley.

Mis ojos vuelven a la caja y mis manos al trabajo, en busca de la señorita, muevo las fotografías mas deprisa mientras leo la ficha que las acompaña en busca del apellido Parlow. Una sonrisa muy suave se asoma por mis labios, efímera, al decirme que no tengo por qué disculparme. Decido no decir nada, por no replicar y aceptar con gusto su amabilidad. O su no-amabilidad como bien apunta.

Termino de revisar la caja, la empujo con cuidado a su sitio de origen y saco otra, volviendo a mover mis manos al mismo ritmo, rápido pero concentrada. Sin embargo me distraigo ligeramente al ver de soslayo como Preston se mueve a mi alrededor mientras recita el poema de Victor Hugo.

Es un artista… un artista de la palabra escrita, no cabe ninguna duda. Me detengo y sonrío para mi misma ante tan bellas palabras. Tomo aire con profundidad y trato de disimular mi sonrisa emocionada antes de girarme y dedicarle una mas comedida. 

Con las manos apoyadas en la caja, me giro un poco, quedando de lado hacia él - Que bellas palabras Lord Parlow, prometo leer a Victor Hugo mas a partir de ahora.

Le miro con cierta emoción concentrada en mis ojos que poco a poco se evapora al oír como trata de liberarme trabajo diciéndome que puede volver otro día. Parpadeo seguidamente y niego con la cabeza - Oh… no no - Me giro regresando a la caja, volviendo a mirar con rapidez - No… No quisiera hacerle regresar solo por buscar una fotografía… Aunque… si no la encuentro… - Frunzo mas el ceño y agacho la cabeza tratando de leer unas letras de unos apuntes ilegibles de Nathaniel, mostrando mi nuca que se abre paso entre mi cabello y el cuello alto de mi vestido.