Partida Rol por web

La Edad de la Inocencia (+18)

• Primeros encuentros •

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13/12/2015, 15:16
Zona Fleming Howard

Aquel “No le creo señor Thompson” había sido del todo espontáneo acompañado de mi sonrisa, pero él lo toma como algo serio y responde, yo fijo mis ojos en el hombre distraída,  sin pensar que le diera importancia a mi entusiasta comentario. La comisura izquierda de sus labios se eleva y afila, mientras yo los miro, casi sin querer y por primera vez un pensamiento cruza mi mente… “qué labios tan bonitos”, y el propio comentario me lleva a desviar la vista a Emily, que empieza a hablar, cosa que a mí me viene de perlas porque creo que me he sonrojado un poco. Qué tontería, "sorpréndeme de lo que es capaz" es un comentario de broma pero unido a la hermosa sonrisa me ha puesto nerviosa un momento.

Me mantengo en silencio, escuchando las ideas de Emily en las que yo no había pensado, mi querida Emy siempre tan considerada con todo… El señor Thompson intenta resolver con  ambages los entresijos de las objeciones que mi querida amiga ha expuesto. Yo alterno la mirada de uno a otro, sin dejar de pensar: “¡Recórcholis! ¡Emily socializando!” al mirar a mi amiga. Y por otro lado “Victoria, querida mía, tu primo es muy apuesto…” Al mirar a Gary, que no sé por qué, ya no es “el primo de Victoria”, sino “un chico muy apuesto”.

Mi silencio es extraño, o debería parecerle extraño a Emily, por lo general suelo ser yo la que parlotea pero hoy se han invertido las cosas, eso es divertido a veces.

- ¿Demasiado diferentes? ¿En qué sentido? ¿Qué música hay allí? – lo miro, y mis ojos son todo curiosidad, luego paso a Emily, y sonrío entusiasmada  – ¿Entonces decoración africana? Sería todo originalidad ¿Cree que podríamos? – Le pregunto a Gary.

Hombres de alabastro… ¿Tapados? Y en eso estoy preguntándome, cuando le doy un pequeño traguito al te. ¿Ya he mencionado que para mí desgracia soy todo expresión? Pues ahí estoy yo, mirando al primo de Victoria cuando habla de leones. Un fugaz pensamiento cruza mi mente, abro los labios, y lo voy soltando a medida que se va formando.

- Sobre el León… ¿Ha leído usted a Nietzsche, señor Thompson? Creo que le gustaría, eEn su Zarathustra habla del León como… una de las formas interiores del hombre, se parece de alguna manera a lo que usted ha dicho… de leones está hecha la voluntad de querer de los hombres… - y me doy cuenta de que parloteo de nuevo… carraspeo y vuelvo de nuevo a Victoria – yo creo que a Victoria le gustaría, amén de resultar una velada inolvidable para todos. La música, conozco a varios pianistas muy hábiles, ¿Qué orquesta propone, señor? Quizás he oído hablar de ella.

Notas de juego

Yo creo que el señor Thompson es malvado, y no revela a qué señorita miraba para mantener el misterio xDD

*Con lo de Nietzsche me he tomado la licencia de ser un tanto holgada con las fechas de publicación y demás. Espero que no importe ^^U

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13/12/2015, 17:12
Zona Fleming Howard

El capitán guarda silencio, ahí plantado, con el gesto tan adusto… he sido demasiado mordaz, soy consciente de ello, pero no he podido evitarlo. La que si recoge la pequeña cuerdecita de seda que el tiendo es Emily, que gustosa encauza la conversación. Le sonrío con complicidad a Emily, que ya conoce mi gesto, aunque mi sonrisa pasaría por una sonrisa cordial.

- Stevenson, eso es… los nombres no son lo mío… - murmuro, volviendo a sonreír.

Cuando Emily pregunta yo vuelvo a mirar al capitán, que debe haberse sorprendido por mi desvío de tema. Por los gestos de mi querida amiga, parece que la compañía del hombre le agrada, o al menos no le resulta incómoda, eso es toda una hazaña siento ella quien es, no podía marcharme, aunque sus modales lo gritaran a pleno pulmón henchido. Por otra parte… tampoco yo soy ducha en el decoro… Así que en silencio aguardo la respuesta y la atención que el Capitán le debe a Emily.

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13/12/2015, 18:43
Emily Jones

Dosificar, no perder el buen gusto. Su sonrisa afilada y la manera en la que él y mi amada amiga cruzaron miradas me hizo sonrojar. Miré la taza que sostenía entre mis manos y le di un sorbo. Oí a Zona, más bien no lo hice, estaba más callada que de costumbre. Tragué un poco más de té y me limpié la comisura de los labios con una servilleta que coloqué luego sobre mi regazo.

Lo que el señor Thompson contó sobre  la fiera en nuestro interior, era como algo que me daba entre risa, a más nervios. Pero intercambié palabras cuando noté en mi bella acompañante ese aire de ausencia-presencia, si es que podría explicarlo así.

-Los leones son peligrosos, por más bellos que sean. Aunque son animales nobles, claro que…- ahí comenzaba mi etapa de Emily rebelde, lengua larga –dicen que las hembras son las que cazan, el macho solo duerme y se vanagloria.

“Y si osas lastimar a Zona, voy a demostrarte que las hembras tienen garras…”

-Yo no he leído a Nietzche pero la voluntad de querer nos moviliza en la vida, así que todos somos leones. Respecto a la música, me encantaría algo exótico y seguro que a Victoria también.

Tomé la mano de Zona y la apreté con suavidad. Era mi amiga, ella y Victoria, mis rosas queridas, mis mentoras, me había puesto a la defensiva contra el caballero sin motivo alguno, excepto su sonrisa y ese aire de…

“¿Peligro? No, estás viendo cosas que no son. Zona es una joven hermosa e inteligente, y solo ha sido una mirada.” 

Notas de juego

xD no sé no sé, yo protejo tu honor, querida mía xDXDXD

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13/12/2015, 23:52
z/ Gary Thompson

Cuando Emilý parecía fruncir el ceño, ofuscada con aquello de los Leones toqué de forma gentil su brazo para por un segundo llamar así su atención, aunque retiré rápidamente mi mano para no romper el decoro.

- ¿Azúcar para el café?. Pregunté en cuanto me miró con gesto interrogativo. Suave, casi sedosa había sentido su piel entre mis dedos en ese instante que rozara su fina muñeca.

Mis ojos buscaron los de Zona de nuevo y en ellos se detuvieron, como si pudieran ver mas allá.

- En la forma de vestir, o mas bien de llevar escasa ropa. Usan sus voces al unísono cual coro mientras saltan y danzan. Tambores y flautas primitivas amenizan sus canciones en unas celebraciones que participa toda la tribu. Sonreí de nuevo mientras llevaba la taza hasta los labios. El te comenzaba a enfriarse, aunque no me importaba, tras la primera taza ya no me apetecía demasiado.

- Ahora me veré obligado a leerlo, intrigado como me ha dejado señorita. Miré a ambas ya que Emily también se había pronunciado.

- No estoy seguro que a mi tio le agrade la visión de esas estatuas, puede que se sienta incómodo de que monopolicemos completamente la fiesta para su hija. ¿Les parece hacerle partícipe y sea el quien escoja la orquesta?. Me imaginaba que el señor quedaría conforme si tenía cierto papel. Pondría el servicio, su casa y escogería la música. El elemento exótico y sorpresa correría a nuestro cargo que ya era mucho.

- Hace un bonito dia..¿les parece seguir charlando en el jardín?. Hay una zona que esta bastante conservada y es ideal. Me levanté y de forma caballerosa tendí mi mano para invitarlas a hacer lo mismo. Y a su vez las guié para que fueran delante pues conocían el camino hasta la entrada. Fue en ese momento que reparé mejor en ella, ya no era solo su mirada la que me atraía, su forma de moverse, femenina y delicada a partes iguales.

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14/12/2015, 11:59
z/ Andrew Comstock

Foster Lane, Residencia de Sir Kirk Levine, febrero de 1880

Andrew miraba a la pareja de damas con cierta intriga, haciéndose al giro en los acontecimientos, pero retraído de nuevo en su actitud distante. Más por cautela que por quererlo, no deseaba contrariar de nuevo a Zona o a Emily.

Sería muy amable de hacerlo, Miss Jones. respondió educado a Emily con un asentimiento. No quisiera importunar.. claro.. añadió luego sintiéndose en arenas movedizas aún.

Sir Levine me ha animado a buscar casa en la propia Londres, pero no estoy del todo conforme. confesó atendiendo a las dos damas. Pero prefiero algo de distancia de la ciudad, no estoy acostumbrado al ajetreo urbano. Supongo que soy un hombre de campo. comentó con cierto humor, algo más distendido si cabe, para suavizar la tensión anterior. 

Incluso me he planteado trasladarme a Gales.. mi familia posee una finca veraniega, pero para mi es.. más que suficiente. sonrió con un deje suave, recordando otros tiempos. Quizá mejores.

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14/12/2015, 15:13
Zona Fleming Howard

Sonrío al escuchar a Emily, y casi puedo verla pensar en las leonas cazando en grupo. Mi sonrisa se ilumina al mirarla de reojo, qué ocurrencias las de mi querida amiga. Pero la sonrisa de torna de repente un gesto serio, una mueca de lo que fue, una ilusión que queda abismada. Volviendo a mi, nada peculiar, gesto serio.

El señor Thompson toma por la muñeca a Emily, sobrepasando su espacio personal y todos los límites sociales que se puede uno saltar cuando termina de conocer a alguien. Yo sonrío de medio lado y desvío la mirada de sus manos. Seré tonta… Y de ahora en adelante rehuiré los ojos verdes del señor, y evitaré mirarlo en todo lo posible. De repente me siento avergonzada, como siempre, y extremadamente incómoda. Como si fuera un estorbo. Sobro aquí en medio, de eso estoy ya segura, aún así, quedan detalles sobre el cumpleaños de Victoria que concretar y en ello me centro.

No vuelvo a mirar al señor Thompson a los ojos. A la que sí miro es a Emily, que toma mi mano y la aprieta, así que mientras Gary comenta los pormenores de las estatuas y la orquesta, yo miro la mano de Emily, y finjo una sonrisa, para que no se preocupe.

Miro hacia la ventana, tan cargada de tiempo como el resto de la casa, y sonrío, pero no digo nada, a penas asiento. Prefiero pasar a un segundo plano, así que me levanto de mi sitio, y espero a mi Emily, nos adelantamos un poco pero apenas hemos avanzado cuando nos paramos y esperamos al señor Thompson. Dejo a Emily en medio de los tres, mientras yo me dedico a mirar por las ventanas. Decididos los motivos exóticos del cumpleaños, mi mente vuela hacia esos extraños hombres oscuros, saltando y danzando.

- Entonces ¿Cómo haremos los adornos con motivos exóticos? - Comento, mirando distraida los cuadros - necesitaremos su guía para ello, y tener a Victoria entretenida fuera de casa esa mañana.

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15/12/2015, 02:19
Emily Jones

El señor Thompson me tocó apenas el brazo y luego la muñeca, un segundo solamente, para preguntarme si necesitaba azúcar en mi bebida. Me puse roja como la rosa más salvaje del jardín y, sin pensarlo. Me paré de golpe.

-Estoy bien, señor.

Dije, casi tirando un poco de té de mi taza. Dándome cuenta de mi exabrupto, volví a tomar asiento aunque imposible era que mis mejillas volvieran a su habitual palidez. El joven volvió su vista a Zona para seguir contando cosas, esta vez sobre las danzas tribales al compás de la música. Habló de leer a Nietzche y sobre hacer partícipe a su tío del planeamiento de la fiesta. Mi amada Zona se levantó, y se alejó hacia la ventana.

Coloqué la taza sobre la mesilla y me paré a su vez. "No sé qué clase de juego está jugando, pero tienes fortuna de que me comporte, porque en este momento me siento llena de enfado, señor." Dijo de seguir la charla en el jardín mientras los ojos preciosos de Zona miraban por la ventana y preguntaban por los motivos exóticos. 

Suspiré.

-Podrí...- me trabé al hablar, estaba nerviosa y confundida. -Zona? -le dije aproximándome a ella. -Mi amada amiga, quieres seguir coordinando la fiesta en el jardín del señor Thompson? ¿Prefieres volver? ¿Estás cansada?

La miré mientras tomaba su brazo.

"Mi querida amiga, si quieres una excusa para retirarte, te la doy. No quiero ver esa mirada, siempre tienes ojos vivaces, y noto algo de tristeza, desencanto o una cosa que no distingo mas no me gusta en tus bellos ojos."

El primo de Victoria era guapo, sí; sin embargo justamente por su belleza desconfiaba de él. Sentía que era un hombre peligroso, aunque fuese quizás un error, viniendo de la India. "Tal vez no sabe comportarse en esos aspectos, y no lo hizo adrede."

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15/12/2015, 02:31
Emily Jones

Zona me había dado pie para continuar la charla con el apuesto capitán. Me sentía algo atraída a él, no como una mujer se siente atraída a un hombre, no todavía al menos; sino era más bien el magnetismo de su aire tranquilo, sereno, de su forma pausada de hablar y su mirada honesta.

-No me importuna, señor -le confesé -le diré a la señora que haga los arreglos pertinentes para organizar una visita a su propiedad en cuanto usted pueda.

Sonreí, me hallaba totalmente tranquila, no sentía ninguna presión. Tampoco, por más de su origen noble, tenía la impresión de no ser una mujer más, no alguien de baja categoría social. Aunque era obvio que lo era, pero el dinero nunca me había importado, sí el carácter.

-Entonces -dije -si me permitís le diré a ella que os escriba.

"O..."

-Lo puedo hacer yo si lo deseáis y acompañaros con Zona a ver la propiedad. Pero cuando podáis por supuesto. Y... y no queriendo importunarlo más, nos retiramos para dejar que siga en paz con sus tareas.

Le sonreí.

-Ha sido un placer -exclamé, haciendo una reverencia. Realmente lo había sido, me había alegrado mucho con esta visita.

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15/12/2015, 22:21
z/ Gary Thompson

- Máscaras trivales, antorchas para iluminar el jardín a mediatarde y la colaboración de mi querido  tio para llevarse casualmente ese dia a Victoria de compras al centro.

Justo cuando se encontraban con intención de abandonar el salón hizo de nuevo aparición quien les abriera la puerta, con intención de recoger la mesilla donde habían quedado la tetera, las tazas y el tentempié de dulces secos.

- ¿Tan pronto y ya ha conseguido asustar a la visita?. Preguntó con ironia a Gary, mas prosiguió. .- Señoritas, no se que haría, pero deben perdonar la falta de modales del señorito. Criado desde pequeño en un lugar rodeado de salvajes y a pesar del empeño de su padre el resultado lo habrán podido observar bien seguro esta mañana. A menudo un bárbaro, alguien que hace y dice lo que se le pasa por la cabeza sin tener en cuenta la etiqueta, el que dirán o el buen gusto. Pero todo corazón eso se lo puedo garantizar.

James no cambiaría, me trataba como si fuera su propio hijo, el que nunca pudo tener, regañandome en público si lo creía oportuno.

Le di una palmada amistosa en el hombro seguido de un leve empujón para que no siguiera dejándome mal frente a las dos damas, antes de que me sacara los colores.

- Vamos, vamos, tan mal no lo habré hecho. A pesar de la intervención de mi criado y amigo me había quedado un poco pensativo, ya que aquellos ojos en los que tanto me gustaba detenerme con su luz me evitaban y no llegaba a entender el motivo. ¿Tal vez James tenía razón?.

No llegué a entender que le decía Emily a Zona pues me había adelantado unos pasos, ya pisando el suelo del pasillo que daba al hall cuando me topé con la silenciosa señora Barnes.

- Eloise, buenos dias, no os escuché llegar. La noté afligida al tomar sus manos entre las mias en mi saludo tan desconcertante como siempre para ella. - ¿Vuestro marido, ¿ha mejorado tras la visita al doctor?. Espero que sea sí. Si necesitais cualquier cosa no dudeis en pedirlo. No hacia demasiado que habían entrado a mi servicio, ella como cocinera y ama de llaves y el como futuro jardinero. Pero habian mostrado ser buena gente, de la que da mas de lo que se pide y s eimplican emocionalmente, algo que me había encantado. Dejé sus manos mientras me contaba las nuevas. No había mucha novedad en la salud de su esposo, aunque una leve mejoría que esperanzaba con hacer reposo y cama varios dias según le habían dicho.. 

Vi comos se alejaba cabizbaja hacia las cocinas y con el gesto algo mas serio me forcé en sonreir recordando que estaba acompañado.

- Ahm..¿ Y bien, seguimos?

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15/12/2015, 23:04
Zona Fleming Howard

Escucho la voz de Gary, aunque hago por no mirarlo disimuladamente ¿qué carambolas hago yo pensando todas esas tonterías? Estaba claro que no se iba a fijar en mí ¿Quién estaría tan loco?

Soy una torpe… no sé disimular nada, y menos a Emily, supongo que no le ha pasado nada desapercibido, es muy observadora. Y se preocupa demasiado por mí… mi querida amiga… Sonrío ligeramente cuando me toma de su brazo y la miro de reojo, pero vuelvo a la ventana cuando murmuro.

- Tranquila… estoy bien… - farfullo, vamos Zona… inventa una excusa… - ehm…. Anoche casi no pude dormir, terminando aquel libro que empecé hace unos días… ¿Lo recuerdas? Los mosqueteros, me tenía tan intrigada que se me ha echado el sol encima de la ventana y… pero estoy bien – la miro, intentando parecer más vivaracha - ¡Sigamos!

Y en esas estoy, intentando convencer a Emily de que soy todo felicidad y entusiasmo, como siempre, no va a creerme pero al menos creo que he disimulado bien. En esas estamos cuando aparece el señor que nos abrió. Yo sonrío con ternura cuando habla del pequeño Gary, e imagino a un pequeño niño pálido, con cabello rizado, rodeado de gente negra, bailando desnudo alrededor de un enorme fuego, y cantando esas extrañas vocales que creo que cantan. El pequeño Gary cantando la danza de la lluvia para las cosechas. Río, de repente, mirando al suelo ante la imagen mental que se ha creado en mi mente, luego me tapo los labios, y sin mirar a nadie murmuro un recatado “perdón”.

- No se preocupe, no ha asustado a nadie – y soy sincera, no me he asustado, sólo qué… creo que les estorbo y me siento idiota – salíamos al jardín a dar un paseo para seguir charlando.

Lo que el hombre cuenta no hace más que acrecentar mi imaginación sobre el primo de Victoria, le preguntaría tantas cosas, me gustaría saber tanto sobre ese lejano mundo. Suspiro, un poco apesadumbrada, recordando la mano sobre la muñeca, y me obligo a recordar que no puedo, que no es para mí. Aunque… quizás… No… o… lo miro un momento, sólo cuando él no se de cuenta. Gary le da un par de palmadas al hombre, tan familiar, lo trata tan bien… que no puedo más que mirarlos y sonreír sin darme cuenta.

Decide adelantarse unos pasos hacia la puerta, supongo que para abrírnosla, momento que aprovecho para volver mis ojos a Emily, que debe estar extremadamente preocupada por mi comportamiento y los gestos que ella puede leer a la perfección. Y fuerzo una sonrisa, que creo que me ha salido bien. Una sonrisa que dice “no me mires así, tontita, ya hablamos luego, tú calla y sigue. ¡Que sí! Estoy bien, ya deja de mirarme así”.

Una mujer entra, él la toma de las manos, ella se sorprende ¿Será algún familiar de Victoria que yo no conozca? Oh… no… ¿es del servicio? ¿Y la trata así? Tan… tan cercano… Suspiro de nuevo, y miro al suelo. Maldito seáis Gary ¿Por qué tenéis que ser tan apuesto? Y tan encantador ¡No es justo! Frunzo el ceño un instante, luego recuerdo que Emily me mira. Está bien, Zona… calma… decoro… compórtate como Reuben te ha dicho millones de veces, deja de poner caras raras o pasarás por una loca de atar.

- Aunque no le guste a vuestro tío, sí podríamos colocar alguna estatua de algún nativo… una al menos… será divertido poder escandalizar a todo el mundo. - Maldición, he soltado lo primero que me ha venido a la mente… como siempre… - Veo que ha encontrado algo de servicio, señor Thompson, parece estar en buenas manos, me alegra mucho ver que va acomodándose, aunque parece que queda mucho que hacer es un buen comienzo – lo digo mirando distraída el jardín, - ya que quizás no diera lugar un elefante… ¿Y un leoncito? Pequeño… un cachorrito… - el tono de mi voz es todo ternura… - uno que no haya sufrido nunca.

Y sí, sigo evitando los ojos verdes de Gary. Lo miro sólo cuando él no se da cuenta.

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15/12/2015, 23:28
Zona Fleming Howard

Miro al capitán y a Emily alternativamente mientras hablan, y ahora sí sonrío, sí… querida amiga, te veo… te veo muy bien… enarco una ceja sin poder evitarlo. En un gesto que Hortence tilda siempre de vulgar y masculino, pero que yo suelo hacer. Suelto darme cuenta tarde, yo y la represión no nos llevamos bien.

- ¿Cómo que en cuánto usted pueda? - suelto, sin pensar... ehm... ups...- ¿Por qué no fijamos una fecha? Por si acaso…  le llega una oferta mejor… y os perdéis la casa – le sonrío al capitán, con alegría – es muy bonita, Gales está muy lejos… no podremos disfrutar de su compañía… será una pena. – Mis palabras y mis gestos son cordiales.

Emily se ofrece a acompañarlo, y de paso me ofrece a mí también… de lo que deduzco que no me he equivocado, y la compañía del hombre le agrada. Yo lo veo… algo… ¿Cómo decirlo? ¿Aburrido? Tan sereno como parece ser… y mi amiga se despide sorprendiéndome, miro al Capitán.

- No dudéis en avisar cuando os hayáis acomodado mejor a la ciudad, sin duda no es tan verde como Gales, pero la niebla matutina en los jardines es muy hermosa, tenemos algunos rincones pintorescos y lleno de paz que seguro que os enamoran, señor Comstock.

Sonrío, ahora sí, sinceramente, pasado el traspiés que ya he olvidado, incluso he olvidado la invitación a la que veníamos. Ilusionada como estoy en que mi querida Emily disfrute de compañía y conversación más allá de la que le ofrecemos Victoria y una servidora.

- Un gusto volver a veros, señor – reverencio, siguiendo a Emily, tocandome distraida uno de los tirabuzones de mi cabello.

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16/12/2015, 02:03
Emily Jones

Mientras me encontraba intentando descifrar a Zona, entraba el criado del señor Thompson, disculpándose por su comportamiento. Entonces fue que caí en la cuenta: “realmente no es un maleducado, o un galán. Solamente me ha tocado sin querer, no sabiendo las normas inglesas. Pero en la reacción de mi amiga siento un dolor, algo que trata de ocultarme pero develaré a su tiempo. ¿Acaso le gusta, tiene inclinación hacia este joven exótico? Podría ser. Zona y él, si es un hombre respetable, harían buena pareja”.

En eso viene una mujer, alguien del servicio, y el señor Thompson le pregunta, con genuino tono de cariño, por la salud de su marido. “Tiene buen corazón, eso gana en puntos.”

Mi amiga me asegura que está bien, dice que es que se ha quedado tarde leyendo. No le creo nada, la conozco demasiado bien aunque no puedo asegurar lo que pasa aquí. Me siento intrigada. Aprieto su brazo con suavidad y una sonrisa aflora a mi rostro. –Bien, es que los libros son… misteriosos. Pero tú sabes que amo develar misterios, mi amada Zona.

Eso fue un “me lo contarás cuando sea el momento.”

-Está bien, señor Thompson. Continuemos en el jardín. La estatua para escandalizar a todo el mundo seguramente gustará a Victoria –reí, mientras comenzaba a caminar junto a mi amiga. Pensé sobre el león.

-Oh, pobrecillo. Es que… Zona, ¿no se sentirá asustado un pequeño león sin su madr…- iba a decir madre pero me contuve cuando mi propia necesidad de una madre me golpeó. “La perdí hace tanto y la añoro todavía. No, Emy, no. Ve por otros derroteros.”

-Voto por la estatua, y bien… quizás un león bebé. Pero solo si no le hace daño a la pequeña criatura. Música exótica, estatuas, animales salvajes. De seguro no habrá otro cumpleaños igual en millas a la redonda, ¿verdad?

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16/12/2015, 23:27
z/ Gary Thompson

La idea de usar alguna que otra estatua parecía haber cobrado fuerza pues Emily y Zona se mostraban conformes en que fuera así.

- Entonces tendremos que conseguir una. Me sumé a la iniciativa sonriendo al ver el entusiasmo de ambas. Me preguntaba si mi tio, o el resto de invitados estarían igual de encantados con semejante visión frente a ellos.

Caminaba unos pasos por delante de ellas para guiarlas por el jardín, a la parte mas conservada en la que la maleza dejaba pasear sin que los pies se vieran atrapados.

- Esperemos sea así, y para bien. Lo mas importante es que todo sea del agrado de Victoria y sepa ver el esfuerzo y el cariño con que se planeo todo.

Con paso tranquilo, avanzando por el sendero de tierra mientras la agradable luz de esa soleada mañana nos arropaba seguimos conversando.

Me sentía mas cómodo y suelto ahora que comenzaba a conocerlas, ahora que me hacía una idea de que clase de personas eran.

Me detuve de repente en un punto del camino donde me incliné levemente, flexionando sobre mis botas altas de montar. Recogí un poco de tierra en mi mano y la acerqué a mi para oler la humedad que contenía, esa mezcla de fragancias tan conocidas mientras los pequeños granos se escurrían entre mis dedos al caer de nuevo.

Levantando la mirada hacia ellas, ya volviendo a mi realidad fui consciente de que Zona seguía como ausente, quizás distraida con las flores que poblaban esa parte de la vegetación.

- Hermosas....Dije a ambas. - Las moreras, son hermosas, ¿no creeis?. Avancé hasta situarme entre ellas, frente a la planta que estaba cargada de flor .

- Hay una historia asociada a ellas, la de una pareja de amantes cuyas familias estaban enfrentadas. Estas no concedían su bendición a tal amor, de hecho hacían todo lo posible por separarles, así que la pareja decidió escapar de todo, de la vida que llevaban, de las ataduras que tenían que soportar para juntos intentar ser felices en otro lugar.

No continué mi relato, permanecí unos segundos como si mi mente y mi persona se hubiera trasladado a otro lugar, hasta que desperté de esa melancólica sensación para arrebatar dos de las flores mas llamativas de sus tallos.

- Una flor para otra flor. Dije sonriendo de nuevo, tendiendo y entregando cada una de ellas. A Emily primero, y luego a Zona, mirando fijamente a cada una de ellas a sus ojos con gesto risueño.

 - Lamento los derroteos y las historias aburridas acerca de plantas, espero no haber sido cansino. El tema de la celebración...¿ que nos falta?

 

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17/12/2015, 16:02
Zona Fleming Howard

Miro a Emily, compartiendo su dolor, pues las dos tenemos en el corazón una brecha parecida, y un vació voraz, las dos lo compartimos y mi mirada se hace cómplice de la suya, en silencio. “Lo sé, querida, lo sé”… Pongo mi mano sobre la suya en el brazo que enhebró al mío. Y poco a poco nos vamos poniendo de acuerdo.

Río ilusionada ante su comentario.

- ¿A la redonda? Querida, no habrá otro cumpleaños igual en Londres, nunca. – murmuro con grandilocuencia.

Paseábamos por el jardín cuando el señor decide contarnos una historia, y arrancar unas flores de morera, que estoy segura que entregará a Emily y para mi sorpresa decide repartir.

- Me temo que el señor que nos servía el té tiene razón en algunas cosas, debe acomodarse a las costumbres de Londres, una flor, para una dama. No son necesarias dos flores, aunque se ve que es todo corazón, no hay ninguna duda. Gracias de todos modos.

Fuerzo una sonrisa, pensaba evitar sus ojos pero ésta vez lo miro desafiante, sin pretenderlo, no soy yo, es mi carácter apasionado el que habla ahora; pues me siento algo abochornada, a ninguna mujer le agradaría ser el segundo plato, ni recibir algo por lástima o pena, o sencillamente porque está en el momento equivocado y en el lugar equivocado, estorbando.  Yo no tomo las flores.

- Su historia… en ella la joven pareja que se ama acaba trágicamente.... los dos sepultados bajo tierra, uno en brazos del otro. Pues la rosa, de tener otro nombre, seguiría siendo una rosa... con sus espinas – parafraseo el lamento de Julieta en su jardín.

Ahora sí, desvío la mirada de sus ojos verdes, y vuelvo a perderla por entre las estatuas, intentando aplacar mi carácter, he perdido el decoro, lo sé.

- La celebración… creo que ya lo tenemos todo, en la medida de lo posible, entre lo hablado y lo que podamos buenamente llevar a cabo… algo hermoso saldrá sin duda. Victoria será feliz. – sonrío sinceramente, pensativa, mi querida Victoria tendrá un cumpleaños muy hermoso - si no queda más, podemos marcharnos ya.

Y pongo mis pasos en pos de la puerta de la entrada. Adelantándome a ellos dos un poco, para dejar de sentirme un estorbo, yo no seré el segundo plato de nadie.

- Ah… seré yo la que se lleve a Victoria el día de la fiesta… así ustedes podrán preparar la ambientación tranquilamente, yo prefiero entretener a mi querida Vi, si no les importa. Podremos ir ultimando detalles por correspondencia, pues nos queda mucho por encontrar.

Cuando lleguemos a la puerta, haré una pequeña reverencia, sonreiré y murmuraré.

- Ha sido un placer, señor Thompson. Que paséis un buen día.

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17/12/2015, 23:58
Emily Jones

El jardín era precioso: amplio y lleno de verdor. La mano de Zona sosteniendo la mía me confortaba enormemente. No tenía ya a mi madre, y era la única hija de mi familia, pero poseía dos amigas de lo mejor del mundo, y su afecto valía toda pérdida.

Él nos seguía hablando de la fiesta, caminando delante de nosotros, ultimando detalles. Lo de la estatua era algo que se haría, me la imaginé y me ruboricé un poco, recordando algo que había leído en un libro sobre tierras salvajes. Le parecía lo más importante, al señor Thompson, que Victoria disfrutase la fiesta.

-Es verdad –comenté –es todo por ella.

Entonces vi cómo tomaba un poco de tierra entre sus dedos y la dejaba deslizarse por ellos mientras nombraba sobre la belleza de las moreras. Se inclinó y cogió dos flores. Eran blancas como el corazón de una doncella. Nos habló de una historia relacionada con ellas, la de dos amantes. Me puse nerviosa. Miré de reojo a Zona para ver cómo reaccionaba ella a eso, quería adivinar el efecto del guapo caballero sobre ella. Además, sentía esa necesidad de protegerla sin inmiscuirme, solo de estar tranquila.

Entonces recibí una de las flores con un comentario que no supe cómo tomar.

-Gracias.

Tomé la mía y vi que a Zona le entregaba la segunda.

-Sé que hay una historia también sobre el significado del color de las flores, señor Thompson. Si son rosas, y mi memoria no me engaña, cuando un caballero regala unas de este color, indica sentimientos puros.

“No Emily, cierra la boca. No es Zona una niña tonta que no sepa calcular los intereses de un hombre”

Pero veo a mi amiga, y leo en sus ojos un dolor. No me siento bien con esto.

-Espero que usted tenga un corazón puro, señor Thompson –termino diciendo. Mi ceño se frunce y me siento enfadada con él. Una parte de mí cree de verdad que hay un interés en seducir a cualquier chica, que es el típico joven que por su belleza y fortuna, cree que tiene el mundo a sus pies. La otra quiere darle el beneficio de la duda.

Zona habla, hace un comentario, de la historia de los amantes y luego comienza a alejarse. Me apuro a estar junto a ella. Cuando estoy a su lado presiono su brazo con mi mano, mi alma se siente triste, pesada.

-Nos retiramos, señor. Gracias por la hospitalidad. Permítame un último consejo: aprenda los hábitos de la sociedad en la que se maneja, no sea que haga algo desagradable sin querer.

 

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18/12/2015, 23:20
z/ Gary Thompson

 Inesperada sería la palabra. Por esa flor aún en mi mano y ante su rechazo de aceptarla, mas no la tiré, con delicadeza encontré un lugar para ella en la solapa de la chaqueta de mi traje.

- Vaya, no pensaba que estuviera tan mal visto obsequiar con unas flores a mis invitadas. Pero si os ha molestado mi gesto os pido disculpas a ambas. Aunque mis escusas eran para las dos atendí en primer lugar a Zona, pues era quien se mostraba perturbada, incluso diría que agitada. Y al hacerlo me encontré con esos ojos que ahora relucían desafiantes a los que miré con una sombra de tristeza planeando sobre mi persona.

- Si, era una historía sin futuro, una muerte trágica y anunciada para algo tan hermoso. Añadí  a sus palabras ya volviendo mi atención en en Emily mientras mi rostro recobraba poco a poco ese semblante tranquilo y sobre todo risueño. 

- Eso es interesante, y si, algo había escuchado acerca de los colores. El blanco de estas, las moreras, que poco tienen que ver con las rosas, simboliza la pureza y la inocencia. 

- Yo tambien lo espero señorita. Ante su extraña frase acabo enarcando una ceja y sonriendo mas abiertamente ya con mejor humor, aunque pronto me doy cuenta que se ha creado cierta tensión entre ellas como si me hubieran malinterpterado .

El resto del paseo, corto ya hacia la salida de los jardines permanezco mas silencioso de lo habitual, aunque es Zona quien se adelanta así que mi paso se situa a la par que el de Emily. 

Me daba cuenta que me costaría adaptarme a los entresijos de las normas sociales y que para lo que a mi se antojaba algo nimio y sin importancia podía considerarse un gran agravio para otros.

- Agradezco su consejo, créame que pensaré en ello. Gracias a ambas por la visita. Fue una respuesta sincera aunque comedida y parca en palabras.

 

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18/12/2015, 22:53
z/ Andrew Comstock

Foster Lane, Residencia de Sir Kirk Levine, febrero de 1880

La súbita propuesta de Emily tomó de improviso a Andrew, la miró perplejo con los ojos abiertos por la sorpresa, pero nada que pudiera considerarse como el gesto de una persona molesta. Carraspeó antes de arrancar a hablar.

Será un honor que me acompañen en la visita, misses. respondió con gesto cortés. No pretendía ser una molestia que.. alzó ligeramente la mirada para ver las miradas de las damas, no pudo más sino sonreír divertido por la actitud que mostraban en aquella danza de disculpas y pareceres. Aceptaré su compañía con gozo, misses. 

La reflexión sobre la belleza de Gales pareció tocar algo melancólico y profundo en el capitán, más si cabe en su perenne estado de nostalgia. Aunque pudo arrancar la sonrisa sincera que se había alojado en esos últimos minutos.

El país de Gales guarda buenos recuerdos para mi, miss Howard. dijo con tempo lento, aunque luego asintió con una leve sonrisa. Pero como viene siendo habitual, poseéis una semilla de verdad en cada una de vuestras intervenciones. Recluirme en Gales no sería lo más adecuado, amen de que no podría gozar de tan agradable compañía.

Comstock se puso en pie, temblando ligeramente por la falta de apoyo, pero enseguida hizo acopio de su bastón de cedro. Las damas parecían decididas a partir ya, supuso que era apropiado, al menos una conversación que no empezó bien se había salvado.

El placer ha sido totalmente mío. asintió con sinceridad, las acompañó a la puerta al ritmo lento y seco de su cojera. Fue él mismo quien les abrió la puerta, no parecía acostumbrado al servicio o prefería hacer las cosas por su propio pie. Gracias por su visita. asintió una vez más. Espero poder coincidir pronto, en otra ocasión, con ambas.

Se quedó junto al umbral de la puerta mientras se despedía de las damas besando protocolario los dorsos de sus manos, en ese punto no distinguió actitud por ninguna de las dos, salvo por Zona que era de mayor estatus que Emily y el capitán se adhirió, no sin poca torpeza, a las convenciones sociales que exigían tales asunto. Despedidas, cerró la puerta tras asegurarse de que su marcha era adecuada.

No pasaron cinco minutos, cuando el capitán salió por la puerta, apurando el paso por su cojera. Llamó la atención de las damas algo torpemente.

Miss Howard. llamó a Zona con una actitud que denotaba.. ¿apuro? ¿vergüenza? He pensado más detenidamente.. la propuesta de su padre. carraspeó a modo de disculpa. He sido grosero con la amabilidad y hospitalidad de Mister Howard, por favor.. dejad resarcir esta actitud echada a perder durante tantos años en el extranjero.. y permitid que acepte su invitación. no parecía del todo cómodo con esa situación, pero no parecía que aquello surgiera de haber rectificado. Había algo más, algo que volvía a ensombrecer el ánimo del capitán, pero no había falsedad en las intenciones del mismo. Bajó de nuevo la cabeza, un claro gesto de disculpa. Yo.. lo lamento.

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19/12/2015, 01:43
Emily Jones

 Cuando termino de preguntarle sobre ese asunto al señor, veo la mirada que Zona me echa, y la conozco demasiado bien para saber, o tener alguna especie de idea, de lo que significa. Me quedo un poco roja, a mi pesar, así que la respuesta del capitán me sobresalta. No era una mala respuesta, todo lo contrario, pero mi cabeza estaba divagando justo cuando la dio.

Asentí a sus palabras y dije.

-Os agradezco.

Zona había dicho lo de fijar la fecha y le miré como diciendo que no presionara, aunque me divertía mi amiga. Era una chica llena de decisión y eso no se lo quitaba nadie. El capitán no dijo fecha pero sí habló de Gales y se veía transportado a otro mundo cuando lo nombraba.

“Debe ser un sitio lleno de magia, no puedo imaginarlo totalmente pero sí pensar en un paraje en donde podría vivir con elfos.”

Comenzamos a marcharnos, él antes nos saludó con un beso en el dorso de la mano. Zona fue saludada con distinto gesto, en el sentido de las normas de cortesía en su beso. Ella tenía un rango social superior al mío. No me acordaba a veces, menos cuando estábamos solas, pero era verdad y el señor se sabía los protocolos.

Luego de eso me aproximé a Zona y cogí su brazo para empezar a caminar. Cuando a los pocos pasos, él nos detuvo para aceptar la invitación del padre de Zona, tuve una grata sorpresa. Suponía que se sentiría cómodo con su padre. Zona tenía una familia encantadora, y me alegraba que el capitán hubiese aceptado no encerrarse en su mundo. Le haría bien salir, seguro.

“Mira quién habla”, pensé “yo amo vivir en mi mundo. Mis libros, mis paseos, mi libertad…” Miré a mi amiga y esperé la respuesta al capitán. No dije palabra, no miré hacia atrás. Temía algún gesto de mi amiga o mi propio atropello al hablar. Preferiría solamente escuchar sus palabras y luego volver a casa, ya había salido demasiado siendo yo.

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20/12/2015, 17:33
Zona Fleming Howard

El capitán me mira perplejo, ups… creo que he sido demasiado entusiasta, no es propio de una dama hablar así, pero a veces se me va de las manos, t en eso estoy pensando, con gesto resignadamente apaciguado, pues no está bien que una joven hable de manera tan despedida, pero a veces es tan aburrido ser una dama con decoro, que se me olvida. A veces digo… y miento… siempre se me olvida. El hombre sonríe finalmente, hablando de Gales, aunque ciertamente creo que embriagado por la nostalgia. Se despide con cortesía y se marcha.

Ciertamente me ruborizo ligeramente cuando besa mi mano, no estoy acostumbrada a que se tenga tan en cuenta mi estatus, puyes como no lo aparento, se suele tomar a la ligera, eso y el contacto de la piel de un hombre, que siempre resulta algo… sofocante. Su mano resulta algo áspera.

Suspiro, cuando Emily se enhebra a mí y ambas emprendemos la marcha hacia casa, abro los labios para decirle algo, pero… escucho mi nombre.

Pestañeo varias veces, sorprendida por sus palabras, no parece cómodo con el decoro, y las normas sociales tan estrictas de las que somos todos esclavos, tampoco parece ilusionado con la idea de aceptar la invitación de padre. Como tantas otras veces, he sido una niña tonta, ahora me doy cuenta, veníamos a dar la invitación de padre, a mí tampoco me hacía ilusión venir pero padre insistió, y lo cierto es que he sido muy dura con él al principio, tan es así que olvidé lo mucho que yo odio el decoro también.

- Capitán, no lo lamentéis, no os preocupéis, probablemente mi padre sólo deseaba mantener con vos alguna conversación animada sobre el orgullo patrio, y sacaros un poco de vuestra comprensible reclusión. Lo entenderá si no os sentís animado. – suspiro y me inclino yo también un poco - disculpad vos mis palabras, como habréis visto, mi actitud tampoco suele ser la que dictan los regios pilares del decoro... es dificil para mí también a veces. Más venid si os place de verdad, Emily vendrá también – sonrío con alegría – y quizás algún caballero más y así podamos tomar el té animadamente.

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20/12/2015, 18:06
Zona Fleming Howard

- No os preocupéis, no es molestia alguna, supongo que regalar flores a una mujer, en Londres, significa algo muy diferente a hacerlo en otros puntos del mundo – sonrío, mirando los árboles – por ello no podría molestarme nunca por vuestro noble gesto hacia mí también, pero miradla, está mucho más hermosa en su nuevo destino.

Sonrío mirando la flor en la solapa y vuelvo a desviar la mirada, es joven, y creo que se ha contrariado por mi rechazo, aunque eso no tenga mucho sentido, dado que la ha aceptado quien debía aceptarla. Regalar flores a una dama es un símbolo de coqueteo, claramente.Y justo al hablar del color de las flores, y el amor trágico, tomo yo la palabra un instante, casi sin quererlo, susurrando algo pensativa cuanto a penas.

- ¿Y qué hay más hermoso que una trágica historia de amor? Inundada del rojo pa… de las rosas… - suspiro - hace muchos, muchos años, en un país muy lejano y triste existió una enorme montaña de piedra negra y áspera. Al caer la tarde en la cima de esa montaña, florecía todas las noches la rosa más hermosa que jamás hubiera podido existir, sin embargo nadie se atrevía acercarse a ella, pues sus numerosas espinas estaban envenenadas. Entre los hombres solo se hablaba del miedo a la muerte y al dolor. Y todas las tardes la rosa se marchitaba sin poder otorgar sus dones a persona alguna, olvidada y perdida en aquella cima de la montaña de piedra fría, sola hasta el fin de los tiempos.

Suspiro largamente en un gesto demasiado indecoroso, pues el corsé me ajusta demasiado y suspirar así es un acto demasiado fresco. Pero no me he dado cuenta, adoro contar esta historia, ya no recuerdo dónde la leí, pero me cautivó la idea de que el amor, que es lo más hermoso que existe en el mundo, fuera tortuoso, estuviera lleno de miedos, cercado por espinas.

Me he ensimismado… Y cuando me quiero dar cuenta, nos estamos despidiendo. No añadio nada, el caballero se despide parco en palabras, yo sonrío, vuelvo a inclinarme levemente, y espero a Emily para emprender el camino a casa.