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La Edad de la Inocencia (+18)

• Prue Lascelles •

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17/04/2016, 04:24
Eloise du Villone

Miro a mademoiselle Lascelles con una enorme sonrisa agradecida cuando se le ocurre la idea de la nota. Vale que ella es muy joven también, pero eso no tienen por qué saberlo en la casa donde me alojo y seguro que aparecer con esa nota hará que mi escapada no parezca tan grave. O eso espero. Me muerdo el labio con preocupación por un momento, pero enseguida se me pasa porque la charla de mi nueva amiga es vraiment interesante. 

Aparece otra chica y me levanto para saludarla con quizá demasiada efusividad para lo que están acostumbrados estos ingleses. Le cojo las manos y las aprieto entre las mías con un gesto suave pero firme.

-¡Becky! Es un nombre muy bonito, ne c'est pas? Yo soy Eloise y soy nueva en la ciudad. Estaba buscando una iglesia y terminé aquí, pero no importa porque está siendo una aventura maravillosa. -Miro a Prue y le sonrío a ambas mientras me siento de nuevo. -Y ahora ya sabré venir hasta aquí siempre y podremos ser amigas. -Bueno, eso si me dejan, porque no quiero volver a escaparme, da demasiados disgustos.

Enseguida dejo trabajar a mi segunda nueva amiga de hoy, pero no pierdo ojo de lo que hace y cómo prepara los desayunos, al mismo tiempo que escucho a Prue. Y cuando dice eso de las cartas, mis ojos se iluminan y doy un pequeño respingo. 

-Mais oui! Qué idée magnifique! Compraré un papel inglés que sea bonito y le pondré algún perfume de aquí. -A lo mejor Adeline tiene, o mi anfitrión... Tendré que buscar por la casa cuando consiga regresar. -Y le escribiré mucho a ma mère. En el convento lo hacía una vez al mes, pero ahora que estoy tan lejos tengo ganas de hacerlo más. Además, ahora tengo muchas cosas nuevas que contarle. Merci, Prue -termino, con mi marcado acento.

No llego a entender por qué se disculpa, pero asiento con la cabeza, sonriente, como si sí lo hubiera entendido. Serán cosas de ingleses, supongo. En lugar de eso, me voy bebiendo mi té mientras ella escribe y de tanto en cuando estiro el cuello para intentar leer algo de lo que pone movida por mi curiosidad. 

-Oh, en París el clima es muy templado. Aunque en invierno hace frío, puede usted jurarlo, pero no es muy extremo. Y llueve mucho todo el año, pero el aire no es tan húmedo como el de aquí y no hay tanta niebla. ¡Mire mi pelo! -exclamo, cogiendo un mechón entre los dedos, que se ondula de forma natural por la humedad-. ¿Ve? En París está más liso, pero aquí quiere rizarse un poco.

-Y la tormenta... -me estremezco al recordar la noche pasada-. No me gustan las tormentas. Me dan mucho miedo todos esos rayos y truenos. Es como si el cielo quisiera partirse por la mitad y nos fuese a caer encima un castigo de Dios. ¿No le parece? Soeur Marise siempre me dejaba dormir con ella cuando había tormenta, pero soeur Agnes decía que no podía tener miedo de la naturaleza y la révérende mère que es la mejor mujer del mundo, después de la virgen, claro, decía que lo que tenía que hacer era rezar, para que el Señor me ayudase a superar ese temor. -Arrugo la nariz. -Y yo rezaba, mademoiselle Prue. A montones. ¡Vaya si rezaba! Pero seguía teniendo miedo igual. Así que acababa yendo a la cama de soeur Marise igualmente. Al menos hasta que ella se fue. 

Apuro mi taza de té y la dejo sobre el platillo, sonriendo ampliamente.

-Muchas gracias por el desayuno, Prue. ¿Me llevará a la iglesia ahora?

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18/04/2016, 20:25
z/ Connor Wright

Próspero se detuvo, al escuchar que Shelley hablaba. La miró, aunque ella no pudiera percibirlo, y se acercó a ella, guiando su mano para pasarla en torno a su brazo- No la malinterpretaré. La circunstancia es la que es. Yo también pensé que iría usted más segura de esta manera pero, no quería ofenderla ni hacerla pensar que me estaba propasando. -explicó- Es posible... que deba atraerla un poco hacia mí, o guiarla con mis propias manos, si encontramos obstáculos o pasamos a través de corredores estrechos. ¿Le supone eso algún inconveniente, señorita Shelley?

Preguntó, intentando sonar lo más neutral posible, inspeccionando el terreno para tratar de evitarle cualquier percance a la joven Shelley. Aunque estaba claro que no sufrirían daños reales ni considerables, había dado su palabra de intentar devolverla intacta y compuesta al otro lado del laberinto. 

Y entonces lo vio. Un trozo de tierra, más removida, y con menos vegetación alrededor. Se acercó un poco más, y pudo intuir la oquedad de la trampa de foso, y tiró levemente del brazo de Shelley para que ella no se acercase más de lo recomendable- Buenas noticias. Vamos a superar nuestro primer obstáculo. Hay una trampa de foso frente a nosotros. Agárrese bien a mí... Vamos a rodearla. -anunció, desplazándose hacia un lado para bordearla y no caer en ella. 

- Tiradas (1)
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24/04/2016, 00:33
Prue Lascelles

–Comprendo, sí... –respondió la joven asintiendo con la cabeza cuando él mencionó que era posible que se viera en la necesidad de atraerla hacia él– No alteza, ningún problema, como usted dice la circunstancia es la es y confío en que si lo hace no es por capricho sino necesidad.

Una sonrisa todavía nerviosa bailó en sus labios cuando se tomó del brazo de él. Por supuesto se sintió más segura y aquello se notó en los siguientes pasos. Seguía tanteando el aire con la mano libre tanto adelante como a su costado expuesto, pero salvo las hojas de los abetos que conformaban las paredes del laberinto no palpó nada que la hiciera recular.

–¡Oh! –exclamó apegándose más a Próspero y apoyando la mano libre en su brazo. Siguió con total docilidad sus indicaciones, dejándose guiar. Cuando él le confirmó que habían salvado el foso, la joven exhaló el aire de sus pulmones en una clara muestra de alivio.– Espero que no nos encontremos con más fosos... ¿Habrá sido muy profundo? ¿Qué cree usted?

A ratos se sentía tentada de hacer trampa y levantar un poco la venda para ver por dónde es que caminaba, pero enseguida su vocecita interior, esa que la empujaba a hacer siempre lo correcto, se imponía con un rotundo no.

–No voy a negar que esto de ir vendada sin saber hacia dónde voy ni lo que nos espera más adelante me tiene el pulso acelerado. Imagino que según cuan fructífera sea la imaginación de cada una de las participantes, es lo divertido o frustrante que le resulte este juego –Mary estaba hablando un poco más rápido de lo normal, quizás fuera efecto del alcohol que ya había terminado de subírsele a la cabeza o por efecto de la adrenalina, ya que hasta cierto punto no dejaba de ser emocionante estar en constante expectativa–... ¿Pero para ustedes, los hombres, cuál es la real diversión?

Tal vez su pregunta pudiera resultar extraña, pero ella se había preguntado si, de ser él quien llevaba la venda y ella quien le guiaba, si le resultaría igual de divertido el juego y la respuesta fue no. ¿Qué de divertido podía tener ir guiando a un desconocido? Mary gustosamente hubiera optado por quitarse la venda y retado a Próspero a una carrera, aunque supiera que llevaba todas las de perder.

–Bueno, alteza, si es que está permitido preguntar –se animó a decir dejando aflorar su curiosidad– En el día a día, cuando no es el Príncipe Próspero ¿a qué se dedica? 

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24/04/2016, 12:59
Director

Notas de juego

Lanzad todas las tiradas que os faltan porfi así hago los cálculos que toque y ya estoy desocupada y vosotros también. Si no os da tiempo a rolear todo no os preocupéis ^^

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24/04/2016, 17:23
Prue Lascelles

Puff la primera tirada no la desglosé pero hubo éxito, eso seguro. Y en la segunda hay dos éxitos... no sé si cuenta y mejor no hacer caso a mis tiradas y que tire Próspero xD

Y con el atajo fracaso rotundo.

No tiro más porque no sé si deba seguir. 

- Tiradas (3)
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06/05/2016, 03:04
Prue Lascelles

Prue terminó de escribir la nota, la metió en un sobre que no selló y escribió en éste, con correcta y cuidada caligrafía, el nombre del destinatario.
 
[color=#0B3B17]–Puede llamarme Becky o Becka, señorita[/color] –respondió ella con una afable sonrisa–[color=#0B3B17], cualquier amiga de Prue es mi amiga también.[/color]
 
Becky terminó de preparar las bandejas y tras intercambiar unas breves palabras con Prue, en las que ésta le informaba que se ausentaría un rato para acompañar a su invitada a la iglesia, abandonó nuevamente la cocina, no sin antes asegurar a Eloise que estaría encantada de volver a verla y que las visitara cuando quisiera. Becky, a diferencia de Prue, estaba todos los días en el orfanato.
 
–Se acostumbrará a este clima, Eloise, no es tan terrible como parece y su pelo se ve hermoso con esas ondas –dijo con toda sinceridad–. Y no tema a las tormentas, no tiene por qué, piense que así como nosotros gustamos de bailar, pasear o sentimos la necesidad de gritar para desahogarnos o simplemente sentirnos libres –sonrió divertida–... porque admito que cuando visito a mis padres me gusta internarme en el bosque y gritar con todas mis fuerzas, resulta liberador ¿sabe? –meneó la cabeza–. Pero bueno, me estoy desviando del tema, lo que quiero decir es que así como nosotros necesitamos liberar energía o tensiones, la tierra también necesita hacerlo. No hay nada por lo que temer, el cielo no se caerá a pedazos ni mucho menos se acabará el mundo. Las fuerzas de la naturaleza se han manifestado siempre, desde el momento mismo de la Creación y aquí seguimos, y seguiremos estando.
 
Cuando Eloise terminó de desayunar y preguntó si ya podía llevarla a la iglesia, Prue asintió. La joven Lascelles desocupó la mesa, dejándola limpia y ordenada, mientras que la vajilla sucia la depositaba en el fregadero para enseguida ir por los abrigos de ambas.
 
–Ya podemos irnos –repuso una vez ambas se hubieron puesto los abrigos.
 
Abandonaron el orfanato, las calles no parecían tan desiertas como antes haciendo posible ver con toda claridad las miserables vidas que muchas de esas personas tenían. Y pese a todo, era posible oír las risas de los niños cargadas de esperanza.
 
No tardaron en llegar a la iglesia, el primer servicio de la mañana estaba por terminar y ambas jóvenes esperaron en la parte de atrás, al final de las bancas, para no interrumpir. Jeremy fue el primero que la vio y Prue sonrió, acompañó a Eloise hasta el confesionario antes que los otros feligreses interesados en confesarse comenzaran a hacer la fila.
 
–Padre Quinn, Padre Field, les presento a la señorita Eloise du Villon...
 
Prue puso a ambos en conocimiento de lo sucedido con la joven y les pidió encarecidamente que se aseguraran que regresara con bien a casa, comprometiéndolos a que uno de ellos la acompañaría hasta la puerta de su casa.
 
–Bueno Eloise, ha sido un placer conocerla y espero que nos volvamos a ver más pronto que tarde. Que Dios la bendiga y queda usted en excelentes manos.
 
Se despidió con una última sonrisa y regresó rauda al orfanato. Los niños ya debían encontrarse en el salón y ella tenía una clase que dar.
 

Notas de juego

Disculpa la demora y lo pobre de la respuesta. La que perdí era mucho mejor, pero no he tenido/tengo mucha cabeza para escribir. Me he cogido algún bicho y traigo un dolor de cabeza y garganta insoportable, encima he estado afiebrada el dia entero, pero no quería hacerte esperar más, que ya bastante abusé de tu paciencia.

En cuanto al contenido de la nota, no lo he especificado, supongo que podrá darse por hecho que ésta es satisfactoria para Adeline.

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07/05/2016, 21:48
Eloise du Villone

Me quedo pensativa después de que Prue explica todo eso de las tormentas y la tierra. Tal vez tenga razón, intentaré pensarlo con fuerza en la siguiente tormenta, pero sospecho que cuando el trueno retumbe mi corazón volverá a agitarse como siempre. Pero eso que ha dicho del bosque... Voy ayudándola a recoger la mesa, dejando las cosas donde ella lo haga, y mientras le doy algunas vueltas, para terminar mirándola con curiosidad infinita.

-Gritar en medio del bosque... Oh, la la, nunca se me habría ocurrido hacer algo así -afirmo, con un brillo en la mirada que es sencillo interpretar como que me muero de ganas de probarlo. Aunque no me atrevería a ir sola a un bosque, eso es mucho más peligroso que ir por la ciudad... Supongo. De todas formas tampoco sé dónde habrá un bosque por aquí. Y si lo pienso bien a lo mejor nunca he visto uno fuera de los cuadros y los libros. Así que très bien, ya tengo una nueva aventura en mente gracias a mi nueva amiga.

El camino es corto, pero hay tanta gente y tantas cosas que me voy distrayendo con todo. En algunos momentos me detengo a mirar algo o un sonido me atrae hasta que asomo la cabeza por algún callejón. Y después me toca correr para volver al lado de mademoiselle Lascelles, con los ojos bien abiertos como platos y las mejillas sonrosadas. Admiro la serenidad con la que se mueve ella, tan inglesa y elegante, con esos cabellos que parecen de seda y sus bonitos ojos. Sé que tal vez estaré en un lío cuando regrese, pero no puedo preocuparme por ello cuando hay tantas cosas para ver. Cada segundo en esta nueva ciudad es tan emocionante que me parece que se me va a escapar el corazón del pecho. Además, tengo la nota que me ha dado Prue en el bolsillo del abrigo y cada pocos pasos meto la mano para tocarla y asegurarme de que sigue ahí y no se ha ido volando como una paloma.

Al llegar a la iglesia también se me van los ojos a todas partes. Es diferente a la del convento, pero al mismo tiempo se parecen. Debe ser por la presencia de Dios, que está en todas sus casas y eso se nota en el ambiente. Se me hace muy extraño al oído escuchar la misa en inglés, en lugar de francés, pero más o menos voy entendiendo todo y es lo mismo, sólo que distinto. Es todo tan nuevo...

-Ay, mon dieu -suspiro entre dientes y por un momento parece que voy a añadir algo más, pero finalmente me quedo en silencio, respetando el servicio y contemplando al sacerdote que lo imparte con mirada fervorosa.

Sigo a Prue hasta el confesionario y le sonrío a los dos sacerdotes. Probablemente no sea apropiado que les sonría tanto, pero es que estoy tan feliz de haber llegado por fin a una iglesia. ¡Es el final de mi aventura y ha salido magnifique! O no... A lo mejor es sólo el principio de la siguiente, lo cual sería aún mejor. Les saludo con expresión radiante y una breve inclinación de cabeza.

Pero cuando mi nueva amiga se despide y anuncia que se va, de repente me pongo un poco triste. Espero volver a verla, pero... ¿y si no pasa? ¿Si no consigo encontrar el camino al orfanato o si se enfadan conmigo a pesar de su nota y me encierran para siempre? Así que antes de que se vaya, sigo un impulso y la rodeo con mis brazos, apretándola fuerte contra mí.

-La voy a echar de menos, mademoiselle Prue -digo, con mi marcado acento. Bien sé que a lo mejor la espanto, ya me han dicho que los ingleses no se tocan mucho entre ellos. Y también sé que probablemente a ella le parecerá exagerado. Pero es la primera vez en toda mi vida que hago una amiga que es más o menos de mi edad, aunque ella parece un poquito mayor y se me desgarra el corazón de pensar en no verla más -. S'il vous plait... Prométame que volveremos a vernos alguna vez.

Por suerte la tristeza me dura poco porque si algo soy además de curiosa eso es optimista. Seguro que Dios me guiará de nuevo hacia ella cuando busque el camino, igual que me ha traído esta mañana. Y si me encierran, no podrá ser para siempre. ¡O me escaparé! Ahora soy toda una aventurera.

Cuando Prue se marcha, me giro hacia los sacerdotes con una amplia sonrisa, dispuesta a vivir nuevos periplos.

-Bon jour, prêtres. Necesito confesarme.
 

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09/05/2016, 20:38
z/ Connor Wright

No creo que fuere demasiado profundo. Después de todo esto es un divertimento, no creo que el conde desease daño alguno para nosotros.-explicó, convencido, llevándola aún del brazo, sonriendo mientras la escuchaba hablar, nerviosa.

Vaya, ¿no se lo figura, mi querida Mary Shelley?-dijo, ensanchando su sonrisa- La verdadera diversión para un caballero es, precísamente, esta. Asistiros mientras os observamos, a vosotras, damas privadas de su zona de confort, perder la calma en este asunto. -rió entonces- Aunque debemos ser observadores cautos y respetuosos, por supuesto.

Suspiró- ¿Cuando no soy Próspero? Bien... Digamos que cuando no soy Próspero soy igualmente una figura de autoridad. Represento la justicia, el orden y la ley. -añadió, considerando que explicar sencillamente su trabajo le quitaba magia al momento- Y usted, ¿a qué se dedica Mary Shelley cuando no es Mary Shelley?

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13/05/2016, 10:03
Prue Lascelles

–Tiene razón –exclamó con tono jocoso–, es un divertimento y el humor del Conde debería ser extremadamente retorcido como para buscar provocarnos daño en lugar de risas.

Escuchó lo que para él, según sus propias palabras, constituía la verdadera diversión de ese juego y sonrió de medio lado.

–Ya veo, así que la diversión está en vernos hacer el ridículo –comentó falsamente ofendida y sin pensar ni por un instante en soltar su brazo.

Trastabilló al dar un mal paso y torció el gesto un tanto molesta por su torpeza al andar.

–¿Cuándo no soy Mary Shelley? –musitó tras oír su respuesta. Un representante de la justicia, el orden y la ley, eso sólo le dejaba tres posibles alternativas: abogado, juez o policía. No obstante, antes de indagar un poco más, respondió a su pregunta– Cuando no soy Mary Shelley vuelvo a ser una persona común y corriente, a confundirme entre la multitud y pasar desapercibida. Lo prefiero y me siento a gusto en mi anonimato. Soy una persona sencilla que disfruta con cosas todavía más sencillas y que dedica la mayor parte de su tiempo y esfuerzos en hacer felices a otros. Y no, no piense que es un sacrificio, porque no lo es. Me llena de orgullo y felicidad hacerlo, y no lo hago para recibir el reconocimiento de nadie, porque no lo necesito.

Se sentía demasiado extraña conversando sin poder mirar a la cara a su interlocutor y en lo que bien podría calificarse como un acto de rebeldía, se quitó la venda.

–Le ha tocado una pésima compañera de juego, carezco de espíritu competitivo y me disculpo por ello, pero prefiero conversar mirando a la cara.

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21/11/2016, 02:03
Louis Kindelanver

Round Pond, Hyde Park, 7 de Abril de 1880.

El dolor de cabeza que siguió de forma natural a aquel baile de máscaras al que Louis había acudido con Preston se había prolongado a lo largo de todo el domingo y el lunes siguientes, meciéndolo en un sopor quejoso inducido en parte por el dolor que pulsaba en sus sienes y en parte por el laúdano que había ingerido para atenuar las punzadas.

El martes, sin embargo, había amanecido cuando el sol comenzaba a colarse por las ventanas, acariciando con sus rayos oblicuos los volúmenes de la mansión Kindelanver. Los dos días perdidos entre sueños habían servido para revitalizarlo de alguna manera y aclarar algunas partes de su mente. De repente, sentía ganas de hacer cosas, de mantenerse en movimiento y comenzar proyectos.

Así que cuando el miércoles salió por la puerta, con una cesta bajo el brazo bien surtida de pastelillos gracias a Daisy, sus ojos estaban más despejados de lo habitual. Seguía llevando la petaca en el bolsillo del chaleco, pero no había sentido el impulso de sacarla en toda la mañana. Lo que iba de ella, al menos.

Iba vestido aquella mañana con uno de sus habituales trajes negros. Ni siquiera recordaba a esas alturas si en algún momento de su vida los había usado de otro color. Sin embargo, el pañuelo que lucía en el cuello en esa ocasión era de un verde pálido que daba otro tono menos lúgubre a su aspecto. Su rostro seguía siendo pálido a la luz que se colaba entre las nubes que se arremolinaban sobre Londres. Olía a lluvia y por ello llevaba un enorme paraguas colgado del brazo. A él no le importaba mojarse, pero no quería que su encuentro con Prue se viese enturbiado si finalmente comenzaba a llover.

Con cada paso que daba hacia Round Pond a través de los Kensington Gardens, las palabras de Prue en el baile resonaban en sus oídos una y otra vez. «Y todavía no sé cuándo regrese», había dicho la joven. Y parecía que esa incertidumbre apretaba algo en su esternón, dificultándole respirar con normalidad. Tan sólo hacía un mes que la conocía, pero ya sabía con certeza que la iba a echar de menos. Iba a extrañar su forma de revolotear de un tema a otro como una pequeña mariposa, pero sobre todo iba añoraría su luz, esa luz capaz de encender una llama trémula en su pecho.

Sus pies lo llevaron a la orilla del lago y allí depositó la cesta sobre un banco antes de dar un par de pasos hacia el agua. Los reflejos de su superficie seguían estando teñidos de recuerdos de Edith, pero ya no le resultaba tan doloroso pensar en ella y su sonrisa al pensar en los ojos de su esposa fue dulce y cálida. Finalmente la había dejado marchar y con eso había descubierto que ella siempre permanecería a su lado.

Contempló a unos niños jugando con una cometa mientras las que debían ser sus institutrices charlaban animosamente sentadas en un banco y su sonrisa se volvió incierta mientras dos ojos azules se proyectaban en su mente. ¿De verdad iba a marcharse?, se preguntó una vez más en el momento en que el reloj de un campanario cercano comenzaba a dar las doce.

 

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30/11/2016, 17:26
Prue Lascelles

Despertó en mitad de la noche y no volvió a conciliar el sueño. No pudo. La mala alimentación de los últimos días sumada a las escasas horas de sueño, la tenían ojerosa y demacrada. Estaba triste y aunque se esforzaba por ocultarlo tras una careta de falsa alegría, bastaba con observarla a los ojos para saber que no era verdad, porque las máscaras jamás logran ocultar el sentimiento de una mirada, menos de una tan límpida como la suya.

Cargando con los libros que debía devolver y que había envuelto cuidadosamente, junto a una pequeña canasta con comida para un picnic que sabía no iba a disfrutar, abandonó el orfanato y se despidió de los niños. Fue sola, la amenaza de lluvia era inminente y prefirió no correr riesgos innecesarios, bastaba que uno enfermara para que los demás cayeran como piezas de un dominó.

Vestía en tonos grises y de modo bastante sencillo, el único toque de color se lo daban los ribetes de los lazos de puño y cuello del vestido. No llevaba paraguas, tal vez por olvido o porque sencillamente no le gustaba usarlos. La única protección que tenía contra el frío y la posible lluvia eran el abrigo y bonnet que traía puestos, los mismos que usaba el día que se conocieron.

A medida que sus pasos la acercaban al punto de encuentro, su corazón se apretaba más. Aminoró el ritmo más de una vez, en un vano intento por retrasar lo que bien sabía era inevitable. Todavía no escribía a sus padres para contarles del viaje, tampoco lo había hablado con su tía ni con nadie. Los únicos que estaban al tanto de sus planes eran Ginny, Dwight, el capitán Reynolds ─aunque en su caso lo supo porque la joven se vio obligada a hacerlo─ y él. Él, la razón de todo.

Cuando llegó al Round Pond, Louis ya la esperaba y las campanadas del reloj ya habían anunciado el término de una hora y el inicio de la siguiente, mas no se acercó de inmediato, lo observó desde la distancia mientras se armaba del valor y serenidad necesarias para estar en su presencia sin que sus emociones la delataran. Un par de minutos más tarde, dejó la pequeña cesta que llevaba junto a la de Louis y caminó directo hasta el lugar en el que él se encontraba.

─Lamento llegar tarde ─dijo parándose a su lado y antes que preguntara le hizo saber que estaba sola y las razones por las que no quiso llevar a los niños. ─Le traje sus libros...

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01/12/2016, 14:56
Louis Kindelanver

La última imagen del rostro de Prue que Louis había tenido delante se mantenía en su mente semi-borrosa, enturbiada por la nebulosa que el exceso de alcohol había ido dejando en su memoria. La recordaba luminosa tras su máscara de mariposa, con sus enormes ojos azules brillantes y límpidos como único punto definido en la imagen. Los mismos ojos que encontró cuando al escuchar la voz de la joven giró sobre sí mismo.

Le resultaba tan sencillo envolverse de la paz que le transmitía su mirada que durante unos instantes tan sólo permaneció así, contemplándola, mientras ella explicaba por qué había llegado sola. Fue consciente en algún momento de que su mirada sobre ella era más que probablemente inapropiada, pero de pronto sentía la necesidad de memorizar sus rasgos y hasta la más ínfima variación en el azul de sus dos lagos. Si ella verdaderamente se marchaba... necesitaría ese recuerdo cuando las sombras volvieran a extender sus tentáculos por su pecho, le haría falta para poder alimentar la pequeña llamita que mantenía la oscuridad a raya.

Hizo un leve gesto con la cabeza ante la mención de los libros. De repente los libros de Edith habían pasado a ocupar un segundo plano y eran la menor de sus preocupaciones. Pestañeó, apartando sus ojos de los de Prue y conteniendo las ganas de acariciar su mejilla, y en lugar de eso hizo un ademán con el brazo, invitándola a ponerse en movimiento junto a él.

—¿Quiere que caminemos un poco, Prue? ¿O prefiere que nos sentemos sobre el césped para almorzar? ¿Es cierto que va a marcharse? —preguntó, casi sin darse cuenta de que la duda que acicateaba su mente se había escurrido entre las otras. Por un momento pensó en retirarla, pues no estaba seguro de que fuera conveniente hurgar en ello, pero no lo hizo. Si esa iba a ser la última vez que se vieran, no iba a dejarse nada en el tintero para arrepentirse después.

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06/12/2016, 02:39
Prue Lascelles

Ante su ademán bajó la mirada, asintiendo con un casi imperceptible movimiento de cabeza a su invitación. Sin necesidad alguna reacomodó sus guantes y, manteniendo la mirada baja, respondió.

─Preferiría caminar ─dijo con voz queda─, mi apetito no ha sido el mejor estos días, pero si a usted no le molesta que yo lo mire, podemos sentarnos en el césped ─añadió no muy animada ante la idea. Suspiró y se forzó a esbozar una sonrisa─... En cuanto a mi partida, no entiendo por qué lo pone en duda. ¿Cree que sería capaz de bromear con algo así? ─su voz tembló al preguntar y tragó saliva, apartando la mirada en dirección al lago─. Necesito hacer este viaje, no sólo por mí sino también porque quiero iniciar las conversaciones para vincular el orfanato de mi pueblo al Foundling.

Después de todo no mentía, esa era una idea que rondaba hace tiempo en su cabeza y aunque las verdaderas razones del viaje eran otras, sabía que el mejor modo de mantener la cabeza ocupada y no pensar en él, era dedicándole todo su tiempo a los huérfanos y cuanta obra de caridad pudiera.

─Si le preocupan los libros de su empresa, pierda cuidado ─comentó volviendo la vista al frente y armándose de valor para mirarlo─. Mi familia todavía no sabe de este viaje, pero estoy segura que Henry querrá seguir ayudándolo independiente de si yo estoy o no ─lo miró y aunque sonrió, se notaba triste─, lo tiene en muy alta estima, me atrevo a decir que le ve como a un amigo.

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09/12/2016, 00:52
Louis Kindelanver

Louis comenzó a caminar con paso lento en cuanto Prue manifestó que lo prefería. Tras él, sobre el banco donde la había dejado, quedó la cesta con los pastelitos. No esperaba que se alejasen demasiado y ciertamente en aquel momento tampoco le importaba demasiado si alguien echaba mano de ella: la tristeza en la voz y en los ojos de la joven atenazaba algo en su estómago y esa sensación tan sólo se incrementó cuando ella confirmó su viaje con tanta seguridad. Negó despacio con la cabeza cuando ella terminó de hablar y bajó sus ojos hasta la puntera de sus propios zapatos, algo meditabundo.

—No, no es eso lo que me preocupa, a decir verdad —dijo con un tono algo apagado. Infinidad de dudas rondaban su espíritu y con cada paso que los alejaba del lugar donde se habían encontrado, más difícil le parecía escoger las palabras adecuadas—. Me preocupa más lo que voy a echarla de menos, si le soy sincero.

Alzó la mirada y dejó que sus ojos se perdieran por un momento en la superficie del lago y en las nubes que reflejaba como un espejo. El aire olía a humedad y por algún motivo le parecía el aroma perfecto para el momento, como si Londres supiera exactamente con qué clima aderezarse para encajar con su estado de ánimo. Negó de nuevo con la cabeza, dubitativo. Ella estaba tan segura de sus palabras, de su marcha, que de repente no podía evitar pensar que tal vez se había equivocado en alguna de sus impresiones.

—No estoy seguro de que lo que esperaba poder decirle cuando la cité aquí la semana pasada siga teniendo sentido si usted está tan decidida a marcharse, Prue —confesó con suavidad, devolviendo su mirada hacia el rostro de la joven—. Pero espero que sepa disculparme si se lo digo igualmente pues una vez he reunido la entereza para ello, no podría perdonarme si no lo hiciese.

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10/12/2016, 01:40
Prue Lascelles

Parpadeó despacio y alzó la cabeza para mirarlo, su andar se había ralentizado hasta casi detenerse. Lo observó incrédula, tal vez intentando convencerse de haber oído mal.

─¿Me va a echar de menos? ─preguntó sin poder ocultar la incredulidad que acompañaba a sus palabras─ No pareció importarle mucho cuando le conté ─se encogió de hombros y negó con la cabeza─, no dijo nada... no creí que le importara.
 
Se alejó unos pasos, acercándose a la orilla del lago y por unos minutos pareció abstraerse observando sus aguas. Cuando se hizo otra vez el silencio entre ambos, volvió a mirarlo y esta vez sostuvo su mirada.

—De seguro ninguno de los dos pensó en una despedida ─sonrió de medio lado e intentó, sin éxito, no sonar desanimada─, pero siempre están las cartas y si alguna vez desea visitar mi pueblo, sepa que será bienvenido en casa de mis padres.

Volvió a bajar la mirada y suspiró.

─Es un hasta pronto no es un adiós... volveré cuando el tiempo sane lo que tenga que sanar y el olvido haga lo suyo ─musitó en un tono apenas audible, dando voz a unos pensamientos que no la habían abandonado desde la noche del baile.

Cerró los ojos y respiró profundo, intentando mantener a raya sus emociones. Al volver a abrirlos pudo percatarse de las primeras gotas de lluvia que comenzaron a caer formando ondas sobre la superficie del lago. Levantó el rostro, dejando que la lluvia lo humedeciera, permitiendo con ello que la lágrima rebelde que rodó por su mejilla pasara desapercibida.

─Reciprocidad y confianza, ¿recuerda?. Puede decirme cualquier cosa, pero si para decirlo requiere de mi disculpa primero, entonces la tiene.

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14/12/2016, 00:16
Louis Kindelanver

«¡Demonios si la voy a echar de menos!», quiso decir Louis para contrariar la incredulidad de la muchacha. Sin embargo, no lo hizo. Permaneció en silencio, contemplando su rostro mientras ella mencionaba su reacción al escuchar la noticia por primera vez y después, mientras ella se alejaba un poco, bajó la mirada a sus pies, avergonzado. Bien sabía que aquella noche no había sido capaz de decir nada. Dos días le había costado digerir la noticia y recuperarse de la embriaguez que había inundado su cuerpo y su espíritu. La magia de la mascarada sólo le había dejado un intenso dolor de cabeza, dudas y preocupaciones.

Su ceño se frunció cuando levantó la mirada y la vio, de espaldas a él, contemplando el lago. Era una imagen hermosa que trató también de archivar en su mente para poder recordar cuando Prue ya no estuviese. Cuando ella volvió a mirarlo, caminó un par de pasos acercándose hasta quedar a su lado y dejó que sus ojos se perdiesen también en la superficie del agua.

La notaba apagada y triste y una punzada atravesaba su pecho con la ausencia de esa vivacidad que le encandilaba. Añoró por un instante escucharla cambiar de uno a otro tema sin orden ni concierto, añoró su risa y su sonrisa, añoró su forma de reprenderlo como si fuese otro más de sus niños. Louis ni siquiera estaba seguro de qué era lo que sucedía, o qué podía haberla cambiado, pero la tristeza que percibía en la joven se le antojaba espesa y pegajosa. Podía sentir cómo la luz que había nacido en su pecho tras un pinchazo en el dedo tremolaba con cada una de las palabras con sabor a despedida que ella pronunciaba, amenazando con apagarse y dejarlo sumido una vez más en sus propias tinieblas.

Cuando ella calló, él dejó que el silencio se adueñase del espacio entre ellos haciéndose pesado y denso. Algunos segundos pasaron sin que Louis se detuviese a contarlos. Sentimientos contrarios se enfrentaban en su pecho y se reflejaban en su mirada perdida en el agua. —Las elecciones nos definen —pensó. Y él no podía evitar sentirse en un punto de inflexión que podría definir su futuro, al mismo tiempo que sentía que ya había perdido, que ni siquiera valía la pena tratar de estirar algo que sólo había existido en su imaginación.

Suspiró. Y tras su suspiro giró un poco su cuerpo para contemplar a Prue. Mirarla sabiendo que se iría le resultaba casi doloroso. Contemplar su rostro, sus ojos tristes, sus labios o sus mejillas pálidas, le provocaba ganas de doblar el mundo con sus propias manos hasta conseguir que ella volviese a reír como había hecho en el jardín de Annabelle o en aquel mismo parque. Como había hecho incluso en su casa. —¿Dónde está, Prue? —. Elevó un poco su mano en un gesto que murió a pocos milímetros de haber nacido, sin llegar a acercarse siquiera a su destino por temor a espantarla si la tocaba.

Usted lo cambió todo para mí, Prue —confesó finalmente, en un susurro tenue, sin estar seguro de cuándo su lengua había decidido comenzar a moverse—. Estaba sumido en mi propia oscuridad hasta que la conocí y la luz de su mirada se coló por los resquicios de mi coraza hasta que se hizo un hueco en mi pecho. Cuando nos conocimos le dije que mi corazón estaba desgajado en dos, sangrante y herido para siempre. Pero gracias a su luz las heridas han comenzado a cicatrizar y el temor a olvidar se ha convertido en aceptación.

Volvió a mirar hacia el lago y sus dedos acariciaron con cierta nostalgia el exterior del bolsillo del chaleco donde llevaba la petaca. Cada vez era menos doloroso mantenerla guardada, aunque las manos le seguían temblando por las mañanas.

—Ahora sé que Edith me acompaña sin necesidad de que la mantenga atada a mi lado. He podido dejarla ir... Y ha sido gracias a usted. —Hizo una pausa breve y sus ojos buscaron los de Prue para perderse en su calma. —Cuando le pedí que nos viésemos hoy lo hice para confesarle que usted apacigua mi alma, que su luz me hace sentir en paz, que es usted el faro que necesito para seguir dando un paso más cada día... Me he comprado un periódico, ¿sabe? Finalmente decidí hacer algo que verdaderamente me gustase y gracias a la absorción de la fábrica Hamilton por parte de la Kindelanver Co. he podido adquirir la mitad de éste. Y eso, Prue, es gracias a usted.

Se quedó callado apenas un instante, lo justo para memorizar en su mente cada pequeño matiz en el azul de la mirada de la joven. Sentía la lluvia que había comenzado a caer sobre ellos, pero no le prestó atención. Y su mano terminó el movimiento que había dejado a medias unos segundos antes, llegando a tomar la mano de Prue con delicadeza.

—Lo que quiero decirle es que soy un hombre mejor cuando la tengo cerca. Hoy quería pedirle permiso para empezar a cortejarla. —Sus labios se fruncieron en una leve mueca. —Sé que apenas hace un mes que nos conocemos. Sé que soy mayor que usted y que tal vez me verá como un viejo. No me importaba arriesgarme a escuchar una negativa de sus labios mientras quisiera seguir siendo mi amiga. Pero ahora... Usted va a marcharse sin saber cuándo regresará. Y de repente todo eso da igual.

Sus siguientes palabras fueron apenas un hilo de voz, tan húmedo como la lluvia que empezaba a empapar sus cabellos y sus hombros.

—Claro que la voy a echar de menos, Prue. No tengo ni idea de cómo voy a seguir adelante cuando se vaya.

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19/12/2016, 06:59
Prue Lascelles

A medida que Louis hablaba los parpadeos de la joven aumentaban en frecuencia. Quería pedirle que no siguiera hablando, gritarle que se callara. No quería oírlo porque estaba dolorosamente segura que sus palabras la iban a destrozar.

─Me va a dar las gracias por los consejos, me va a decir que conoció a alguien... que se enamoró ─se decía preparándose para recibir el golpe mortal─. ¿Cómo voy a poder seguir escuchándolo sin echarme a llorar cuando me cuente? Tengo que estar feliz por él... tengo que... ─las lágrimas ya comenzaban a agolparse en sus ojos y en cualquier minuto comenzarían a rodar sin control por sus mejillas─. Me equivoqué, creí que podía ser su amiga, pero no puedo... ¡No puedo!

El corazón le latía tan rápido y fuerte, que si no fuera porque sabía el lugar en el que se encontraba, casi podría haber jurado que lo tenía en la cabeza. Se sentía mareada, tenía la vista empañada... una tormenta se desataba en su interior y no tenía forma de calmarla.

─¡Qué bueno, lo felicito! Ahora ir a trabajar no le resultará una tortura ─dijo en un paupérrimo intento por sonar animada y entusiasmada con la noticia del periódico. Y aunque de verdad se alegraba, esa alegría no conseguía verse reflejada en sus palabras.

Ambos se quedaron callados, y por primera vez desde que lo conocía, ese silencio resultó incómodo. La lluvia caía con mayor insistencia y había comenzado a mojarle el rostro, y pensó que la tarde estaba llorando del mismo modo que lo hacía su corazón.

Y entonces algo que no esperaba sucedió: Louis la tomó de la mano. Sus ojos, que hasta hacía unos segundos miraban el suelo, se posaron en sus manos, sintiendo un contacto que pese a los guantes que cubrían la suya, resultaba lacerante. Pero no hizo amago de apartar la mano. No hizo nada, estaba como petrificada esperando que él soltara la bomba que la acabaría de destrozar. Contuvo la respiración, repitiéndose una y otra vez que debía permanecer serena.

Nada de lo que él dijo fue lo esperado y toda la tensión y miedo que había estado sintiendo hasta ese momento se transformó en sorpresa. Alzó la mirada, boquiabierta, sin dar crédito a lo que estaba oyendo. Se sentía confundida, cada gesto de su rostro, cada parpadeo daba cuenta de ello. Las lágrimas, hasta ahora contenidas, comenzaron a rodar copiosas por su cara. Se llevó la mano libre al pecho y sujetó con la otra la de Louis, como si temiera caer o que en cualquier momento él desapareciera. Pero no, era real y no se lo estaba imaginando.

Liberó el aire de sus pulmones, aliviada. El mentón le temblaba pero reía, ahora sí reía y su risa no era forzada; lloraba pero su llanto no era de tristeza.

─Me iba a ir por usted ─musitó cuando por fin fue capaz de articular palabra─... me iba porque jamás creí que podría verme más que como a una amiga. Porque creí que para usted no era más que una cría... que jamás iba a fijarse en alguien tan insignificante.

Prue no podía parar de llorar y toda la angustia contenida a lo largo de esos días encontraba por fin una vía de escape.

─Cuando supe que era usted en el baile y lo alegre que se había visto durante toda la noche, en especial cuando le vi con esa mujer de cabellos rojos ─apretó los ojos, avergonzada─... sentí celos y estuve segura que yo jamás iba a conseguir que se viera así de feliz. Me di cuenta de que era una necia, que me había convencido de que podía ser su amiga y conformarme con ello, pero no podía. Decidí irme, no volver a verlo y no regresar hasta estar segura de haberlo olvidado. ¿Puede imaginar lo terrible que han sido para mi estos días? No dijo nada cuando le conté que me iba y eso me destrozó, porque lo entendí como que yo no le importaba ni siquiera como amiga. ¿Tiene idea de cuánto he llorado?

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19/12/2016, 15:53
Louis Kindelanver

Louis se quedó en silencio cuando terminó de hablar, liberado su pecho de parte del peso que lo que le oprimía, pero con un poso agridulce por lo inútil que sentía sus confesiones en ese momento. Pero entonces Prue comenzó a reír y a llorar al mismo tiempo y él contempló su rostro confuso.

Siempre le había angustiado ver llorar a otras personas, sobre todo si se trataba de una dama, y sencillamente no sabía cómo reaccionar a ello. En ese instante lo único que deseaba era que ella parase, pero no sabía cómo conseguirlo, así que sus ojos la miraron en silencio mientras un nudo nervioso se iba apretando en su estómago. ¿Sufriría ella de histeria, esa enfermedad de la que tanto se hablaba en los últimos tiempos? O quizá sus palabras le habían causado gracia mientras que sentía lástima por tener que marcharse... Las dudas lo hacían contemplarla con los labios apretados y los ojos bien abiertos, tratando de comprender una situación que se le escapaba.

Cuando Prue volvió a hablar, Louis dejó salir el aire que contenía, aliviando la tensión en su espalda. Y la miró extrañado cuando sus palabras calaron en su mente. Iba a irse... ¿por él? Bajó la mirada por un momento con una leve risa de alivio escapando por su nariz y de repente todas las preocupaciones lo abandonaron haciendo que se sintiese liviano, como si el aire que llenaba el espacio entre las gotas de lluvia fuese suficiente para que sus pies se elevaran del suelo.

Negó con la cabeza cuando ella siguió hablando y una sonrisa llena de dulzura asomó a sus labios.

—Prue, mi querida Prue... No estaba alegre, estaba completamente ebrio —confesó—. Y no dije nada porque no fui capaz de reaccionar al impacto de la noticia. He tardado dos días en asimilarlo y... Ah, Prue... —dejó la frase en el aire, sin estar siquiera seguro de qué era lo que quería decir, totalmente encandilado por el azul de su mirada.

Dio un paso más entonces, acercándose a ella, y movió la mano hasta colocar dos dedos con ternura bajo su barbilla, alzándole el rostro para mirarla a los ojos, en un gesto similar a aquel que había provocado un malentendido en el pasado. Así permaneció un segundo, maravillado con el rostro de Prue bajo la lluvia que cada vez caía con más fuerza sobre ellos.

Pero en esa ocasión no se retiró al sentir la suave calidez de su piel, sino que inclinó despacio la cabeza, dándole a la joven la oportunidad de apartarse si lo deseaba, y posó con delicadeza sus labios sobre los de ella. No había premura en sus movimientos, sino un infinito cuidado, como si temiese dañar a la pequeña mariposa sólo por tocarla. 

Notas de juego

Me paro aquí por si quieres darme una guantada :P.

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26/12/2016, 06:03
Prue Lascelles

Las emociones la habían traicionado al permitir que la racionalidad tomara pasaje hacia el silencio y dejado que el corazón hablara, gritara y se hiciera presente, y aunque todo careciera de lógica, el que eso ocurriera había liberado toda la presión y angustia que llevaba días conteniendo en su pecho.

Con el dorso de la mano que se había llevado al pecho, enjugó las lágrimas y el agua que le humedecían el rostro. «No estaba alegre, estaba completamente ebrio. Y no dije nada porque no fui capaz de reaccionar al impacto de la noticia» Darse cuenta de la simpleza de las cosas y el cómo todo se había torcido y retorcido por apresurarse a sacar conclusiones sin conocer todos los hechos, la hizo sentir avergonzada. No tuvo tiempo de profundizar más en ese pensamiento, su mente repentinamente quedó en blanco al sentir en la barbilla el cálido contacto de sus dedos.

Alzó la mirada y notó cómo la corta distancia que separaba sus rostros disminuía. No intentó apartarse, y en el hipotético caso que hubiera querido hacerlo no lo habría conseguido porque su corazón llevaba demasiado tiempo anhelando que eso ocurriera. Cerró los ojos, la distancia entre ambos era casi inexistente y compartían la respiración.

Al notar el suave contacto de sus labios se estremeció y una sensación dulce y cálida que se originó en su pecho, rebalsó para mezclarse con la sangre de sus venas y llegar a cada rincón de su cuerpo. Nunca antes la habían besado ni mucho menos ella había besado, pero sin saber cómo supo lo que debía hacer y separó ligeramente los labios para corresponder a un beso que hasta entonces sólo creyó posible en sueños.

Cuando sus bocas se separaron, tenía las mejillas teñidas de arrebol y la lluvia había cesado; era como si el cielo se hubiera contagiado de la alegría que la joven sentía y decidido dispersar las pesadas nubes, permitiendo que los rayos del sol las cruzaran. Prue permaneció en silencio, no podía evitar sentir algo de incomodidad, pero esa incomodidad no era por él, o tal vez sí. No sabía qué hacer o decir a partir de ahora, mucho menos si estuvo bien o mal lo que hizo, lo único que sabía era que se sentía contenta y liviana, increiblemente liviana... como si caminara entre nubes.

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30/12/2016, 21:22
Louis Kindelanver

Louis contuvo el aliento en cuanto sus labios rozaron los de Prue. Había pasado tantas veces esa idea por su mente y tantas veces había sido desechada que le costaba creer que en esa ocasión era real. Pero lo era. La luz titilante que bailaba en su pecho se inflamó con fuerza, llenando su interior con una calidez dorada que parecía nacer en la unión de sus labios y extenderse por sus mismas venas. Y aún con los ojos cerrados, sintió cómo ella respondía y sonrió. 

No fue un beso apasionado, sino dulce y cuidadoso, y, sin embargo, a Louis se le hizo corto. Cuando sus rostros se separaron, por un instante sintió ganas de volver a unir sus labios, de permanecer así bañándose en su luz para siempre. Abrió los ojos y al contemplar las mejillas arreboladas de Prue su sonrisa se amplió con ternura infinita. Sus dedos acariciaron la barbilla de la joven antes de abandonar su piel con cierta renuencia, pero no dio el paso atrás que debería dejar aire suficiente entre ellos. 

Todavía tardó algunos segundos en hablar, consciente sólo a medias de que había dejado de llover, y cuando lo hizo su voz sonó grave y feliz, pero también algo insegura por la reacción que Prue pudiera tener.

—Entonces —dijo, buceando en la limpieza de sus pupilas—, entonces, Prue... ¿Me permitiría cortejarla? Tendría que viajar a Littleham, por supuesto, para pedir permiso a sus padres. —Apretó con suavidad los dedos de la joven, que todavía sostenía en su mano. —Pero para eso antes necesito el suyo.