- No se preocupe amigo.- dijo Benz poniendo amablemente una mano en el hombro de Eric mientras señalaba con la cabeza a la mujer muerta - Que la hayamos matado no variará el comportamiento de nuestros captores con respecto a nosotros. Porque por si todavía lo dudaba estamos atrapados y probablemente nos espera algo peor que la muerte.
Si eso le afectaba anímicamente no lo demostraba.
- Señor,- dijo dirigiéndose a Rundestedt - si me permite la sugerencia diría que lo prioritario sería echarle un ojo a esa radio y tratar a todos los efectos la situación como una zona de combate. Dialogando sólo vamos a darle una ventaja táctica a nuestros enemigos.
Eric contuvo el temblor que le invadió ante el contacto con la mano de Benz. Sin duda, era el más inestable del grupo y por tanto el más peligroso, pero también era alguien a cuyo destino estaba ligado, le gustase o no.
Además, era un gesto amistoso por su parte y aunque sólo fuera por educación, no le iba a responder con una grosería, de manera que le devolvió una sonrisa, que se trocó en mueca al oír el final de la frase.
La proposición de ir a por la radio le parecía de lo más razonable. Quizás podrían solicitar refuerzos - una cosa razonable, como tres o cuatro divisiones blindadas y algo de apoyo aéreo, pensó - y enfrentarse a lo que allí ocurría desde una posición de fuerza.
Se quedó a la espera de la respuesta del superior.
- Antes de suicidarnos tendríamos que ver opciones. A la radio trataremos de llegar en un rato. Dicho sea de paso al patio esta infestado de estos "soldados" y aún no hemos comprobado si lo que dicen los papeles es cierto. Por otro lado también es peligroso. Supongamos que venga una división. No entraran a investigar, entraran por la fuerza. Y asi asi probablemente nuestro amigo obtenga la violenta muerte que busca. Ahora quisiera terminar de explorar esta torre. Dejen el cuerpo aqui dentro. Vamos.
Salió de la habitación dispuesto a explorar el resto de la torre.
El comandante había hablado y no había más que añadir. Eric acomodó el cuerpo de la fallecida en el suelo, con el respeto debido y se dispuso a salir en pos de su superior.
- Por cierto ¿que decir papeles, algo interesante? - interpeló a Benz.
- Al parecer un tiro certero los mataría.
Se señaló la nuca mientras salía.
Una campana resonó en el exterior, como el reloj de alguna iglesia. Un instante después tañó otra vez. Y una vez más. Cada tañido parecía clavar un delgado punzón el la espalda de los soldados. Dolía, dolía mucho. Otro tañido, ya eran cuatro, y el dolor era ya insoportable. Radka gritó y unas lágrimas comenzaron a manar de sus ojos.
Las cinco y el dolor cesó como si nunca hubiera estado ahí. Un rugido proveniente del mismo lugar que la invisible campaña atormentó el alma de todos los soldados... de todos salvo de uno. Gerard Benz también se había retorcido de dolor pero ahora parecía disfrutar de la calma.
El silencio permitía oír un cántico en el exterior y después varias decenas de personas caminando a paso rítmico, desfilando quizá.
No hubo más campanadas y de nuevo el frío invadió cada uno de los cuerpos de los soldados.
El oficial alemán dejó escapar un gemido de dolor. Hubiera rodado al piso de no haberse apoyado en su rifle. Cuadro cuchillazos, un dolor insoportable, que de repente desapareció.
- Que demonios... que ha sido eso? Están todos bien?
- Nuevamente nos movemos al son de las campanas que marcan los otros.- sentenció Benz - ¿Todavía quiere explorar esta torre? Me temo que la emoción está ahí fuera.
Benz se dirigió hacia el exterior sin comprobar si sus compañeros lo seguían o preferían quedarse en la torre. No pensaba perder más tiempo dando vueltas en círculos, ignorando todo lo que pasaba. En su mano brillaba el filo del cuchillo que había aparecido como por arte de magia nuevamente y en sus ojos se leía una determinación clara: si tuviera que morir que fuera matando. Y por demencial que pareciera aquello hizo que se dibujara una sonrisa en su rostro.
Mi PJ tira para fuera buscando algún punto donde ocultarse a ver quien está de paseo a estas horas. No se detendrá aunque Rundestedt se lo ordene.
Becks, que permanecía hasta el momento oculto en las sombrías esquinas de la estancia en silencio pero alerta, se sacudió grotescamente con cada nueva campanada.
Escuchó a sus compañeros pero no dijo nada. Se reincorporó algo aturdido pero recobró pronto la compostura. ¿Qué diablos habría sido aquello? - pensó el joven comando inglés, intranquilo ante el nuevo hecho. Se volvió hacia donde se encontraba el esquizofrénico Haas y procuró hablarle con serenidad.
- El libro, sabes dónde se encuentra? Vamos chico, dímelo.
El tañir de la campana pilló totalmente por sorpresa a Eric y lo único que pudo hacer es taparse los oídos. Vano esfuerzo, a cada repique su cuerpo se estremecía de dolor hasta que todo terminó tan repentinamente como había empezado.
Sin tiempo a recuperarse, aquél rugido lo atormentó hasta lo más profundo de su ser, haciendo que temblase con un terror que jamás había conocido.
- si señor... - apenas si pudo contestar al requerimiento de su superior, cuando se percató de que a su compatriota se le había acabado la paciencia y estaba interrogando al infortunado Haas. Por otra parte, Benz se lanzó fuera, cuchillo en mano y a todo esto el comandante no había ordenado nada, de manera que esperó a la respuesta de Haas antes de moverse y salir a apoyar a Benz.
Heinz dejó que Benz se alejase sin obstaculizarlo. Si alguien podría defenderse solo, obviamente era quel singular sujeto.
-Heer Haas. Que mas hay en la torre? Algo que valga la pena intentar antes de salir al condenado patio a tratar de cargarnos a estos bichos?
Gerard Benz se perdió en la oscuridad de los subterráneos mientras el grupo volvía a intentar interrogar al temeroso Haas.
Gerard Benz pasa a La noche de los muertos
Gunther tomó aire profundamente, quizá meditando cada palabra que fuera a decir. Definitivamente asintió y se dispuso a responder al soldado inglés.
—Aquí abajo sólo están los laboratorios de Thadeus... no encontrarán el maldito libro aquí —casi al momento de maldecir el libro el hombre escondió la cabeza entre sus hombros arrepentido.
Durante unos instantes miró a su alrededor como esperando la aprobación de un inexistente tutor.
—Sólo Carl tiene acceso a él... arriba, en su habitación, pero nunca podrán entrar, está vigilada por varios de sus guardias.
Movió la cabeza negativo, apesadumbrado quizá.
Bueno, por lo menos ya sabemos donde ir - se atrevió a decir el médico inglés, mientras aferraba con fuerza su fusil. Evidentemente, no les esperaría un portero para abrirles la puerta y cogerles los abrigos. Tendrían que luchar para alcanzar su objetivo, pero sus órdenes eran claras.
Miró a su superior en busca de una indicación - ¿Salimos con el señor Benz?
Parecía que la suerte ya estaba planificada. No había mucho por hacer.
- Señorita Radka, péguese al doctor Fleming. Dr Hass usted irá con el Becks. Preparen sus armas. Trataremos de cargarnos un par lo mas silenciosamente que podamos antes de que se vuelva una zona de guerra. No sabemos cuantos hay allí afuera, ni que tan rápidos son. Nos desplegaremos no tan separados. Trateremos de limpiar el patio y hacer que salgan los que estan aqui dentro. Destrocen sus cabezas.
Heinz, revisó su rifle por última vez, y su Luger. El Mauser porfín entraría en combate. Se acercó hasta la puerta dispuesto a salir.
- Alea Jacta Est...
Master, habíamos traido un Panzerfaust... Lo tenemos a mano? Quisiera ver fuegos artificiales!
Nervioso ante lo que se avecinaba, Eric comprobó por última vez su fusil, asegurándose que el cargador estuviese completo y que el cerrojo corriese bien. Aquellos mauser eran de lo mejor en rifles, pero siempre temía que se le encasquillase en el peor momento.
- Póngase detrás de mi y trataré de cubrirla lo mejor que pueda, señorita.
Sin más dilación, se dispuso a seguir al comandante al exterior.
El comando británico torció su rostro en una mueca incomprensiva tras escuchar el plan del que debía ser su superior en aquel maldecido lugar. Becks ya había estado en una zona de ardua batalla, había perdido compañeros mutilados por la metralla... y había visto el poder de esas espantosas criaturas del infierno. El plan de Von Rundstedt era demasiado impredecible, y ni siquiera se había preocupado de asegurarse un transporte para la huída. Al parecer, el muy loco pretendía purificar el lugar deshaciéndose de todo muerto viviente.
- Señor. - dijo fríamente en un perfecto alemán - Sugiero que seamos lo más cautos posible, y tracemos una ruta de escape hacia algún vehículo seguro, y al ser posible, con un conductor esperando. Nuestra munición es limitada, y ya ha visto cuantas de esas criaturas hay en este lugar.
Por no decir el siniestro poder que parece albergar nuestro anfitrión... pensó Becks para sí, con un profundo suspiro.
Heinz sonrió. Los únicos vehículos disponibles eran los camiones en el centro de la guarida de las criaturas. Y ni siquiera sabían si estaban en condiciones de andar.
- Es tarde para eso. No podemos irnos y darle tiempo a Thadeuz para que termine su ritual. Lucharemos hasta el último hombre. Quien sabe? Hasta quizás alguno logre el milagro de salir vivo. Vamos!
Bajo las decididas ordenes de Von Rundstedt el grupo se dirigió hacia el exterior.
@Panda: Considero que no es práctico llevar un "bazooka" de aquí para allá por el monasterio. Entiendo que le tenéis en vuestras celdas, al otro lado del patio.
Pasáis todos a "La noche de los muertos"