Justo en este momento su adicción al opio no le estaba jugando en contra, al fin de cuentas descubrió que él podía con esto dentro de lo posible sin perder tanto la cabeza. O quizás, era tan perturbado, oscuro, como lo era aquella mujer que seguro estaría poseída por algo que se le escapaba de su propio conocimiento. Eran tiempos de médiums, tiempo de reuniones dónde la mentira escondía falsas verdades y las sectas, podían esconder en sus entrañas los crímenes más siniestros de la historia.
Por ello es que cómodo y extrañamente en su mundo loco, pudo mantener la conversación. Incluso Jetti se había dignado a responder sus preguntas.
—Ayudar a los perdidos, debo confesar que ambos tenemos el mismo objetivo. Solo que usamos distintos métodos para alcanzarlo—comentó un tanto perdido en aquella mirada felina—. ¿Que opinión tiene sobre mi?
Continuó disfrutando de su pipa calada tras calada y la respuesta llegó sola a sus oídos, eso sí, con un gesto que reveló lo que estaba encima de ella, controlando sus actos. Era inquietante, aterrador y a su vez, un estímulo para saciar su propia curiosidad.
—No todos conocen su propia oscuridad, no los juzgue mi señora. En mi caso siempre he cruzado la línea demasiadas veces, estoy en un camino ya de no retorno—confesó y comprendió que bajo el efecto del opio o de la misma mujer, si cambiaba el foco de visión se perdía, así que se centró en ella—. Prefiero un Heraldo, demasiada locura en mi vida. Cuénteme cómo ha logrado todo esto, hubo sacrificios imagino... ¿Cuál debo hacer yo? Es que me está tentando desde el primer momento que la vi, sé que hablamos el mismo lenguaje.
Quiso enredarla, en parte la mejor arma de George era su conocimiento y su palabra. No tenía más.
Dexter abrió sus ojos como platos. Aquello que estaba viendo en aquella especie de sótano superaba con creces todas las cosas horribles que había tenido que observar en aquel lugar.
El suelo estaba pegajoso a causa de la sangre reseca que cubría cierta parte de este. En el centro se acumulaba la mayor parte de dicha sangre, invitando a pensar que allí alguien había perdido la vida de una forma grotesca y brutal.
Con la sangre pudo observar el dibujo de aquel leopardo humanoide, muy parecido al que había visto en el cuadro del salón principal.
— Tienen… Tienen un cuadro con esa imagen… El Doctor y yo creímos que era un Dios que veneraban… Pero… Pero esto lo confirma, despejando cualquier tipo de duda — con el dedo índice intentaba señalar a Cornelius el dibujo, pero era tanto el tembleque que sufría que bajó rápidamente el brazo.
Se sentía mareado, frustrado y con un fuerte malestar. Dio un par de paso hacia atrás, chocando con Cornelius.
— Joder… Qué puta locura es esta… ¡Qué narices es toda esta puta locura! — alzó algo la voz, frustrado y desquebrajado por dentro. Quería buscar algo que indicara que sus compañeros estaban bien, pero no podía.
Se volteó intentando hacer desaparecer aquella imagen grotesca, pero lo que se encontró fue peor aún.
En una esquina, el cuerpo del señor Learmonth descansaba con una herida mortal en el pecho. Dexter intentó salir de allí, tropezando y cayendo de culo al suelo, manchándose algo de aquella sangre que casi recubría aquella estancia.
Sus ojos iban a salirse de sus orbitas, mientras un dolor punzante golpeaba con fuerza su sien. Aquel cuerpo hacía tiempo que estaba muerto, entonces, ¿Quién narices era el hombre que estaba en aquella casa?
Esa pregunta se repetía una y otra vez en la cabeza del guardabosques, obviando todo su alrededor.
— Esto... Esto... Es el puto infierno, y no vamos a salir... — miró sus manos con restos de sangre seca.
Motivo: Percepción
Tirada: 2d6
Dificultad: 9+
Resultado: 7(+1)=8 (Fracaso) [5, 2]
Nada... Dexter está ya casi OUT... Suerte Cornelius xD
Debido a su trabajo, Cornelius estaba acostumbrado a ver toda clase de atrocidades. Los crímenes más infectos, más macabros, más sangrientos habían pasado bajo sus ojos y, aunque todos le habían removido por dentro, nada que se comparara con la visión que tenía ante él.
Quizás todo se debía a lo debilitado que el inspector se encontraba, aún si recuperarse de lo que fuera que le hubiera ocurrido. O tal vez se sentía sugestionado por todo lo que el guardabosques le había contado así como la incomprensión de cómo había llegado a estar atado a un caballo bajo la tormenta.
Pero fuera lo que fuera aquel espectáculo bajo el granero le causó una tremenda conmoción, hasta el punto que en lugar de tranquilizar a un incontrolado y atemorizado Dexter, él mismo se unió a ese sinsentido que le estaba arrebatando la razón.
La grotesca imagen realizada con sangre seca perturbó e inquietó al inspector, a pesar de no saber a qué se refería Dexter al hablar de algún tipo de dios pagano. Pero no hacía falta haber visto el cuadro en la pared para saber que aquella figura dibujada era la representación del terror más absoluto. O al menos así lo sintió Cornelius.
Pero lo que acabó por quebrar por completo la cordura del inspector fue la espantosa imagen del cadáver del señor Learmonth cubierto de moscas, putrefacto y desprendiendo un apestoso olor a descomposición.
—¿Cómo? ¿Cómo puede ser posible? —preguntó, uniendo sus preguntas a las que el guardabosques, ya fuera de sí, también formulaba.
Imágenes terribles, de espíritus grotescos, dioses infames y cuerpos descompuestos bailaron ante él velados por el tono rojo de la sangre. Una risa histérica, enajenada e inquietante se escapó de su boca cuando vio al guardabosques caer. El miedo se había unido a la locura y ya no había diferencia entre uno y otra.
—¡Hemos hablado con un muerto! —exclamó fuera de sí, recordando al tipo que se había hecho pasar por el dueño de la casa. Sus palabras terminaron con otra sonora carcajada que distaba mucho de ser alegre y divertida; al contrario, cualquiera que escuchara esa risa se hubiera estremecido de pavor.
Motivo: Percepción
Tirada: 2d6
Dificultad: 9+
Resultado: 6(+1)=7 (Fracaso) [5, 1]
- Vale, tranquila... ¿quieres que nos vayamos? Nos iremos... no tienes que decirlo dos veces. - Respondí a la muñeca del demonio con el poco valor y cordura que me quedaba. - Volveremos a Boston y nos olvidaremos de la granja, de tu madre y de ti... ¿qué te parece? ¿Eh? - Mi voz comenzó a temblar al ver el candelabro prendido aumentar la llama. Esa maldita muñeca nos lo iba a lanzar por como temblaba.
De ser otra la situación, de haber tenido algo contundente en la mano, le hubiese quebrado la cabeza a la maldita muñeca de porcelana. Pero no había nada que hacer, salvo escapar.
La detective estaba tan pálida como yo. - Blanche, ya escuchó, debemos irnos. - Y tirando de su mano corrí hacia la puerta más cercana* y la abrí para salir de allí y cerrar detrás nuestra, antes de que aquel candelabro nos alcanzase y el fuego nos consumiese entre gritos de dolor.
Mi corazón palpitaba con fuerza y cada vez deseaba más y más estar con mi familia. En ese momento no podía pensar en otra que cosa que reunirme con ellos, era lo único que parecía darme fuerzas. - Y pensar lo idiota que fui sin hacerles caso en este tiempo y ahora... ahora quizás no vuelva a verles nunca más...
*no sé si es la que da al pasillo o al exterior, ahí ya queda en tus manos, jefa o en las de Blanche.
Ambos hombres no tardaron mucho en ser superados por la imagen que habían tenido que enfrentar al bajar por aquello trampilla, causando de inmediato que ambos reaccionarán acorde a la situación tan horrorosa y bizarra qué tenían enfrente de ellos, especialmente cuando se dieron cuenta que él cuerpo putrefacto de lo que era el señor de la casa parecía haber muerto hace semanas. Por supuesto esto causaba un increíble desequilibrio en la mente de ambos hombres, considerando que ambos habían visto al buen y alcohólico señor Learmonth cuando recién habían llegado a aquella granja qué sin duda se había convertido en el infierno mismo para todos.
El impacto psicológico y emocional que habían recibido ambos debido a los que habían descubierto allí abajo no termino allí, y es que pronto comenzaron a sentir un dolor punzante en la cabeza por igual. Sus mentes parecían estarse rompiendo poco a poco gracias a la influencia malévola y oscura qué la propia granja había estado clavándoles posiblemente desde el primer minuto.
La imagen de aquel híbrido con forma de leopardo comenzó a parpadear una y otra vez dentro de sus cabezas, así como las imágenes horribles que habían estado viviendo durante todo ese día y noche. Desde los carteles de desaparecido que habían visto cuando estaban de camino a la granja, hasta la horripilante imagen del pobre vigilante que había muerto achicharrado por un trueno, todas estas cosas estaban siendo reproducidas de golpe para ambos hombres, cómo si sus mentes quisieran encontrar desesperadamente una lógica para todo eso antes de perecer en el intento y caer ante toda aquella influencia que solo traía demencia a ambos.
Afortunadamente para ambos una pequeña luz en el camino se abrió cuando la radio que tenían encima comenzó a sonar nuevamente, la estética que ya habían escuchado anteriormente en la cabaña se fue transformando una vez más en la voz de su jefe, el señor Green parecía estarse contactando una vez mas trayendo cierta cordura a los dos hombres y algo con lo cual distraer sus mentes, al menos por un momento, de todo lo que estaba sucediendo a su alrededor.
-M... me... chan?- La voz del jefe Green parecía estarse entre-cortando una vez más, entre estática y otros ruidos que ninguno de los dos podía identificar en esos momentos -¿E... chan?... ¿Me escuchan? ¡Maldita sea la tormenta jode las comunicaciones!- Finalmente pudieran escuchar la voz completa del jefe de policía, la cuál sería sonando un poco estática tal y como había sucedido cuando estaban ambos hombres en aquella cabaña.
-¡Estamos en camino! Si estan escuchando esto, trataremos de estar por allí lo mas pronto posible... No se separen de la casa de los Learmonth- El jefe de policía claramente no estaba al tanto de todo lo que estaba sucediendo, y suponía qué lugar más seguro para estar en esos momentos era la casa de aquellos granjeros -Que la señora Learmonth les de lo necesario para atender a los heridos ¿Que demonios estaba haciendo Gregory cuando todo eso paso? Recriminó el hombre a través de la radio.
Pronto, las palabras del señor Green volvieron a entre-cortarse cada vez más y más, ambos hombres comenzaron a escuchar que aquel sonido que en un principio no podían distinguir comenzó a adquirir más fuerza, causando aquella interferencia -Ne... tamos saber q... ta pasando...-
Poco a poco, La voz del jefe de policía se fue desvaneciendo, dejando paso a una pequeña risa infantil qué se escuchaba a través de la radio, cada vez adquiriendo más fuerza y por supuesto confusión tanto para el guardabosques como el inspector de policía que se encontraban ahí.
-Nunca escaparán...- Aquellas palabras sonaban tan infantiles como la propia risa que estaban escuchando a través de la radio, y ante todo pronóstico ambos presentes podían decir sin temor a equivocarse de qué se trataba aquella advertencia... La voz de Pennelope, que aunque Cornelius no había visto aquella muñeca en absoluto, el propio testimonio de su compañero era suficiente para saber qué se trataba de aquel ente demoníaco.
Pronto aquellas risas comenzaron a intensificarse cada vez más, hasta el punto de invadir aquella habitación en la que se encontraban y de la cual tenían que salir cuanto antes si querían mantener la poca cordura que les quedaba -Deben quedarse para seguir jugando... Papi no puede jugar mas con nosotros- La voz volvió a salir de la radio, cómo si esta estuviera jugando con ambos hombres y burlándose de lo que habían visto y sentido en esa habitación.
Lista su actualización, las consecuencias a su demencia pronto seguirán saliendo a flote pero por el momento, como no mencionaron que salían de la habitación en la que se encuentran lo dejo asi <33
La mujer volvió a soltar aquella carcajada tétrica y bizarra mientras miraba el alienista con aquellos ojos felinos que solo añadían más locura el asunto. -Sin duda es usted alguién bastante fascinante señor Russell ¿Que pienso de usted? Realmente valoro mas esa capacidad cerebral que su persona en si misma...- Respondió con sinceridad a la pregunta que le había hecho el hombre, dando una pequeña pista al alienista de qué ella parecía estar mucho más versada de lo que aparentaba en los temas de la mente, algo sin duda casi imposible para alguien qué se había criado en aquel pueblo alejado de la mano de dios y que en esos momentos parecía ser el infierno mismo no solo para él sino también para todo el equipo de rescate.
-La oscuridad no es mala... En realidad puede sacar lo mejor de cualquier ser humano, lo entendí despues de años de estudio- Comentó a continuación con una pequeña y claramente malévola sonrisa, su mirada sin duda parecía estar clavándose no en el alienista sino en su propia alma y estaba más que claro qué a comparación de otros pacientes, la señora Learmonth parecía estar con sus cinco sentidos intactos -¿Como lo he logrado? Porque no mejor nos quitamos de esta charla sin sentido... ¿Y le muestro? ¿Verdad que es mejor mi niña?- Esta última pregunta la hizo mirando justo a un lado de dónde se encontraba el alienista sentado, causando por supuesto qué la propia mirada del nombre fuera invitada a mirar hacia hacia su lado... mirando que tenía dos muñecas de porcelana justo junto a él, y causando por supuesto que su sentido salir tarán de inmediato ¿Aquellas cosas siempre habían estado allí? ¿Habia dejado pasar algo tan evidente?
Aquella muñeca que habían encontrado sus compañeros en el pantano era la que estaba más próxima al hombre, la cual casi estaba tocando el muslo del alienista. George no pudo evitar recordar lo que algunos de sus compañeros le habían comentado anteriormente cuando se encontraba en el granero, como el señor y la señora Learmonth se referían a aquella muñeca desgastada y tétrica como si fuera su propia hija e incluso más bizarro que todo eso, sus propios compañeros habían expresado haber visto como se movía cómo si en efecto tuviera vida propia aquella cosa del demonio. Sin embargo dejando de lado el susto qué el alienista había recibido al encontrarse con la sorpresa de que estas dos muñecas de porcelana se encontraban a un lado de él, el verdadero golpe vino después, justo cuando su mirada pasó de lo que se suponía era Pennelope, a la otra muñeca que la acompañaba en esos momentos...
Aquella segunda muñeca causó que de golpe la mente del alienista se desubicará por un momento ¿Cómo podría ser eso posible? ¿Se trataría acaso de una malévola y desquiciada forma de burlarse de él? Y aún así nada de esto tendría sentido considerando que la mujer que tenía enfrente no sabía absolutamente nada de su vida; lo cierto era que aquella segunda muñeca era como si estuviera viendo a su propia madre, la cual se había suicidado y en esos momentos se encontraba justo allí. Por supuesto el impacto qué el alienista recibió gracias a esto se vio intensificado en gran manera en cuanto sus sentidos volvieron a recordar de golpe aquella tormenta tan extrema y brutal que estaba sucediendo y azotando en esos momentos la desgastada casa de los Learmonth.
Está pequeña interrupción en la charla que estaba teniendo con la señora de la casa, estaba marcando sin duda un antes y un después para el alienista, quién de entre todos sus demás compañeros era el que se había mantenido mucho más sereno incluso después de haber visto aquella horrible escena justo debajo del granero y es que parecía ser que esta vez aquella mujer y esa granja qué era el infierno mismo, habían puesto frente a él un desencadenante personal, uno que seguramente causaba dolor en el pobre hombre debido a sus recuerdos.
Lista tu actualización <33
Cómo puedes ver y al igual que en otras ocasiones, tendrás que hacerme una tirada de percepción para ver si tu demencia aumenta o se queda tal como esta (Que llevas 2 de demencía, nada mal x3) debido a que estás enfrentando algo personal y relacionado con tus fobias directamente, la dificultad será a 10+
Mucha suerte <3
—¿Años de estudio? ¿Qué ha estudiado?—preguntó inquieto.
George siempre había recurrido a un montón de recursos para mantenerse entero en apariencia mientras ocultaba detrás de esa fachada de Alienista erudito, todos sus pecados y traumas del pasado. No era una buena persona, jamás lo había sido porque lo que hacía con sus pacientes en verdad, podía ser cuestionado, juzgado e incluso catalogarse de cruel. Más que nada por su egoísmo, por esa obsesión que tenía con la mente humana y todos sus laberintos internos. Quizás podía decir que lo hacía por el conocimiento, el saber mismo, pero bien sabía él que era por puro placer malsano.
Y bajo esa premisa, es que se mantuvo allí delante de una mujer en medio de un infierno. Por una milésima de segundos, imaginó que se lo merecía, el mismo karma dándole una buena bofetada de crueldad. La misma que le había dado a todas aquellas jóvenes con las cuales se acostó, abusó e incluso rompió mentalmente. Pero como todo tenía que pagar y ahora mismo bajo este tétrico escenario y gracias a la anticipación de la misma Jetti, no sólo su risa le provocó un escalofrío desagradable sino que al seguir la mirada de la mujer se encontró con aquellas muñecas.
Todo junto sucedió, el trauma de su niñez, el abandono, la falta de explicaciones y el vacío de una vida lejos del afecto. Todo eso representaban esas niñas con su presencia, un choque directo con lo que más lo perseguía, inquietaba, esos mismos demonios que toda la vida mantuvo a raya gracias al opio y ahora, bajo una tormenta que solo le recordó lo vulnerable que era, se encontró por primera vez atrapado en una red que él solía tender. Podía ser consciente, tener la certeza de que estaba manipulando su mente, que el mismo opio lo hacía alucinar. ¡Mil excusas!
Daba igual, George estaba aterrado porque lo que menos quería era recordar lo de su madre y por ello, exasperado, miedoso, quizás en un mero llamado o pedido de auxilio mientras el sudor le acarició la frente y sus manos le temblaron, preguntó.
—¿Qué quieres de mi? ¿De nosotros? Dame una maldita razón Jetti, una maldita razón para vivir esto—dijo serio—. ¡Dímelo! ¡DÍMELO!
No quería desequilibrar su mente, era un abismo, corrupto, malsano. Era su perdición.
Motivo: Percepción
Tirada: 2d6
Resultado: 7(+2)=9 [2, 5]
Por 1 casi me salvo!
Dexter no pudo aguantar más, de su estómago se abrió paso lo poco que tenía en su interior. Entre arcadas, lanzó un pequeño vomito, notando que su cuerpo se volvía a entumecer a causa de los nervios.
Aun en el suelo, comenzó a gatear en busca de las escaleras que segundos antes habían bajado descubriendo aquel horror que tan difícil sería de olvidar. Tocó el primer peldaño con su mano aun manchada cuando escuchó la radio.
El jefe Green había podido contactar con ellos, informando por radio que estaban de camino y que intentaran permanecer cerca de la casa Learmonth. Aquellas palabras hicieron que el guardabosques sintiera, de nuevo, una leve euforia en su interior.
Rápidamente buscó a su compañero con la vista para cerciorarse que había escuchado las palabras de Green.
— Esto es una locura — apretó con fuerza el botón de la radio para hablar. — Hemos… Hemos encontrado una especie de… parece que han sacrificado a alguien… —en ese momento soltó el botón y se dirigió a Cornelius. — Tenemos que encontrar al resto, tenemos que ir a la casa… — apretó de nuevo el botón para comunicarse con Green. —También hemos encontrado el cuerpo del señor Learmonth… Parece que hace semanas que…
Y en ese momento escuchó esa risa, haciendo que enmudeciera por completo.
Sus ojos nerviosos comenzaron a mirar a Cornelius. Era esa muñeca de nuevo, aquella risa volvía a perseguir a Dexter. Con la palma de su mano derecha se golpeó un par de veces su cabeza, intentando así acallar a esa muñeca.
— ¡QUÉ QUIERES DE NOSOTROS MALDITA PUTA! — chilló como si la muñeca se encontrara allí mismo.
Su mandíbula no paraba de apretarse, haciendo que sus dientes rechinaran una y otra vez. Instintivamente soltó la radio en el suelo y comenzó a subir las escaleras a gatas. Necesitaba aire fresco. Necesitaba salir de allí para no terminar de volverse loco.
Esto no podía ser verdad. No podía estar pasándole a ella. Estaba aterrada, toda la emoción sentida momentos antes por el descubrimiento no existía ya, solo tenía la sensación de terror por todo el cuerpo y el impulso de correr y escapar. La muñeca gritó que debieron escapar y bueno, ella también había querido eso en lo que notó que los Learmonth estaban volviéndose locos por si solos. Así que tuvo el impulso de gritarle que si, que se quería ir, pero su voz se había ido por completo cuando intentó usarla. Seguía recordando lo que sintió en aquel lugar de rituales.
Así que solo pudo asentir a lo que decía Gregory cuando este dijo que ya se iban, sobre todo porque si, realmente quería irse. Así que cuando el doctor se comenzó a mover a la salida, no tardó nada y lo siguió de inmediato, sin dejar de ver a la muñeca, no fuera a intentar matarlos o algo, pero apresurándose para escapar con él.
El inspector cayó de rodillas apretando con fuerza sus sienes; intentando arrancar de su cabeza la vorágine de imágenes, a cada una de ellas más esperpéntica y horrible, que invadieron su mente. Se sintió atraído por un remolino que lo arrastraba hasta las profundidades de la locura sin nada a lo que aferrarse; todo a su alrededor daba vueltas trasladándolo a un espacio desconocido donde hasta su compañero había desaparecido.
Pero el sonido de la radio poco a poco lo fue trayendo de vuelta a la realidad y una leve luz de esperanza se fue abriendo paso en su mente. Con el valor propio de la desesperación, consiguió llegar a la radio justo después que Dexter, el cual ya estaba intentando comunicar con el jefe Green.
Asintió en silencio mientras el guardabosques hablaba, confiando en su superior y en la ayuda que estaba pronta a llegar. Ahora solo tenían que reunirse con el resto de sus compañeros y esperar a que esa ayuda prometida llegase. Esa simple comunicación le hizo mantener un optimismo que pronto sería cortado de raíz.
Dio un paso hacia atrás cuando aquella risa infantil, y las palabras que pronunció, le arrastraron de nuevo al centro de aquella espiral de locura que, ahora que había encontrado a su dueño, no lo iba a soltar con facilidad.
—No, no, no... No puede ser verdad... No... —musitó, al darse cuenta que aquella voz infantil correspondía a la muñeca de la que Dexter le había hablado.
Se llevó un buen susto, dando varios pasos más hacia atrás, cuando escuchó el grito desesperado del guardabosques. Tenían que escapar de aquella voz, tenían que salir de allí cuanto antes...
Agarró a Dexter del brazo y, tirando de él sin demasiado tacto, lo arrastró consigo mientras buscaba la salida de aquel lugar. Seguro que la lluvia fresca sobre sus rostros les devolvería a ambos la razón... Sí, seguro que la lluvia los purificaba como si de un bautismo se tratase.
Una vez más, Cornelius empezó a reírse. Primero de manera suave para terminar en una pavorosa carcajada que competía con la cantarina risa infantil de la niña resonando a sus espaldas.
A pesar de la imagen qué tenían ambos presentes con aquella muñeca del demonio, tanto la detective como el médico del grupo lograron reaccionar rápidamente para así salir corriendo de aquella habitación en la que se encontraban y dar con el segundo salón que tenía aquella casa. Mientras ambos trataban de hacerle caso a las palabras de aquella muñeca y salir lo más pronto posible de aquel lugar, los dos presentes pudieron ver como el candelabro qué se había manifestado como una Clara amenaza para los dos, no salía volando ante todo pronóstico más sin embargo sí que el movimiento que esté había adquirido de un momento a otro causó que el mismo cayera desde su lugar hacia el suelo de tal forma qué la pequeña llama comenzó a alimentarse de la pútrida y mohosa madera con la que estaba conformada casi toda la casa; Lo cuál por supuesto era el combustible perfecto.
En cuánto salieron de la tesorería pudieron sentir como de golpe la puerta se cerraba detrás de ellos por sí sola, así como un grito infantil y lleno de locura llegó a sus oídos, uno que solo podía explicarse sí pensaban que había salido de la muñeca, dejando ese sentimiento de que habían escapado casi por los pelos de una muerte posiblemente horrorosa y llena de fuego. Tanto Blanche como Gregory podían sentirse un poco aliviados ahora que estaban fuera de aquella habitación, teniendo el pergamino con la confesión del señor Learmonth en su poder.
Sin embargo esta situación que tenían entre manos abría las puertas para una nueva problemática que tarde o temprano tendrían que afrontar; El potencial incendio que podría generar aquella pequeña llama dentro de la tesorería y es que regresar allí para tratar de ver qué es lo que había sucedido realmente no estaba entre las opciones que tenían en esos momentos, pues incluso aún con todo lo que ya habían visto, sus mentes trataban de encontrar una lógica, una explicación qué no involucrara algo paranormal y que pudiera darles ese alivio de saber que no estaban completamente locos, Aunque por dónde lo miraran aquella explicación no llegaba ¿Como habían visto a la muñeca aparecer de la nada? ¿Como el candelabro había adquirido vida propia sin más? Estaba más que claro que ese lugar parecía estar haciendo todo lo posible para enterrarlos en la locura más profunda, si es que era posible...
Tan solo tuvieron un minuto de respiro antes de que empezarán a escuchar cómo la puerta de la tesorería comenzaba a ser azotada por lo que parecía ser alguna entidad claramente malévola, y tras unos cuantos golpes todo quedó en silencio, dejando la tormenta de fondo y una sensación en los cuerpo de ambos presentes que era imposible explicar sin perder la razón.
Aunque el grito del guardabosques había estado cargado de una clara desesperación y deseos de conocer porque razón estaban viviendo ese infierno en carne propia, la respuesta que salió de aquella radio poseída fue una carcajada nuevamente, una que parecía estarse incluso burlando de ambos presentes quienes no podían para ese punto identificar que era real y que era una simple imaginativa de sus mentes. Por supuesto también escucharon como aquella risa se iba mezclando malévolamente con la voz del señor Green que parecía estarse tratando de comunicar sin éxito alguno; Estaba claro que aquello era un caso perdido y pronto ambos hombres terminaron haciendo lo más lógico en aquella situación, corriendo hacía la trampilla para salir de aquella habitación del demonio mismo y la cual sería posiblemente la tumba eterna del señor Learmonth, una tumba llena de pecados que solamente él conocía y nunca saldrían a la luz.
Tan prontó como estuvieran de vuelta en el granero, tanto Dexter como Cornelius pudieron respirar mas tranquilos, el maltrecho techo que tenía esa edificación logró que las gotas de lluvia cayeran un poco sobre de ellos dando un pequeño placer despues de todo lo que habían experimentado antes. Aunque todo esto sin duda no lograba solucionar el lío mental que ambos presentes tenían en esos instantes; Parecía que su razón y su lógica estaban peleando contra la oscuridad y demencia que ese lugar alentaba cada vez mas a consumirlos.
El sónido de la tormenta indicó que afortunadamente el granero seguía abierto, dejando un acceso y vista del exterior ante ambos. Tenían el diario del pobre vigilante aun en manos, del cual solo quedaba su cadáver a pocos metros de la entrada principal de la casa de los Learmonth y el cual indicaba que aun no estaban a salvo... Tenían que soportar, encontrar a sus compañeros y soportar hasta que la ayuda que ya iba en camino llegara. Sin embargo aquella granja era terreno de Jettie Learmonth, aquella que parecía ser la responsable de todo lo malo y que ante todo pronóstico, cualquiera podría decir que aquello era falso después de ver a tan hermosa y adorable mujer.
Por un momento, tan pronto como Dexter estuvo de vuelta en el granero, el robusto hombre pensó ver que fuera de aquella maltrecha y vieja edificación no se encontraba la granja y mas bien, la zona estaba rodeada de hermosos árboles que él mismo podía identificarlos sin grandes problemas: Era su hogar, aquella zona boscosa donde se había críado y pasado explorando tantas veces ya.
El solo pensamiento de que se encontraba lejos de aquella asquerosa granja invitaba a salir corriendo del granero, correr y perderse en las vistas que ya tantas veces había visto y recorrido el hombre al derecho y al revéz... Sin embargo prontó todo cayó en pedazos cuando un fuerte trueno cayó a la distancia, causando que su mente regresara a la normalidad y se enfocará mejor, la hermosa zona boscosa fue desapareciendo ante su vista, dejando aquellas hectareas lodosas y muertas nuevamente.
Aunque a pesar de esta vuelta a la realidad, los sentidos de Dexter comenzarón a pelearse, tal vez se trataba del shock por todo lo que había visto pero una parte de él quería que regresara ese bosque, quería regresar a su hogar aun sabiendo que no estaba allí... Mientrás que su contraparte trataba de enfocarse de nuevo en la realidad, al final aun tenía una esperanza y una parte de él lucharía para poder salir de allí sin dejar que la oscuridad de ese lugar le consumiera completamente, debía actuar, mientrás todavía tenía esa pequeña luz en sí mismo.
Lista tu consecuencia por tener demencia 4
Como puedes ver estarás experimentando alucinaciones del hogar de Dexter, sientete libre de usar esta pequeña guerra interna para tus narrativas. Si en algún momento estas llevan a algo mas importante te lo indicare yo asi que tampoco tienes que estar todo el tiempo tomando en cuenta esto <33. Recuerda que aun existe un poco de lucidez en ti y se debe aprovechar ;)
La mujer de la casa respondió con una risa sonora ante las palabras de Russell, el cual debido al conjunto de emociones que le estaban atacando en esos momentos podría interpretar esta misma risa como un ataque mas personal, casi como si se estuviera burlando del estado vulnerable en el que había quedado despues de ver a aquellas muñecas. Posterior a esto, la mujer terminó moviendo una de sus manos al cuadro que tenía detrás de ella, acariciando con una delicadeza tal, que parecía que estuviera tocando el oro mas puro con sus dedos.
-Señor Russell... Creo que para estas alturas esta al tanto que este fino ser se llama Ose ¿Cierto?- Comenzó a explicar con una sonrisa imposiblemente grande en su rostro, sus ojos parecidos a felinos clavandose aun en la mirada del alienista -Vera, en la catedral siempre fue evidente el gran amor que le tienen a Dios, como en todos lados ¿No es asi? Tanto amor... ¡Tanto que no les importaba hacer cualquier cosa en su nombre! Si... el humano es cruel y mas en un pequeño pueblo como este mi buen señor. Incluso se ocultan nombres de otras deidades tan puras como el mismo padre en los cielos, les llaman demonios ¡No es una locura!- Comenzó a reir de nuevo, por supuesto que con estas palabras dejo en claro que todo había nacido en la catedral de aquel lugar, sin embargo el estado alterado de Russell causaba que su mente estuviera dividida ¿Ose era un demonio?
-Ose es el... "demonio" de la sabiduría, se dice que es capaz de dar un entendimiento perfecto ¿No es precioso? ¿Un Dios que te da el entendimiento de todas las cosas? El me habló mi buen señor, me habló hace ya muchos años con la forma de una pequeña y dulce muñeca justo como ni niña aquí presente- Suspiró al decir esto, mirando con una sonrisa de lo mas orgullosa a la muñeca diabolica que estaba aun a un lado del alienista -Me enseño como adquirir la inmortalidad ¡La inmortalidad real! No esa basura de vida eterna que nos enseñan de niños... No, ese estado se debe conseguir terrenalmente, traté de contarles a los demás, de enseñarles e instruirles como la nueva voz de Ose, el me había elegido ¿No? Mi esposo, John Nisbet, el pobre hombre quienes ustedes asesinaron- Y tras estas palabras apunto uno de sus dedos al hombre, causando un pequeño Flashback en él, justo el momento cuando aquel vigilante caía frito por un relámpago.
-Pero por supuesto esto les volvió locos... El conocimiento no siempre es soportado despues de todo, aun asi les ayude y les amé, en realidad todo fue perfecto de no ser... ¡Por ustedes! ¿Quien diría que mi pequeña Pennelope llegaría mas allá de este pueblo?- Su mirada se tornó mas agresiva, como si él llamado de ayuda que les había llegado en su momento fuera cosa de los pueblerinos y no de los Learmonth -¿Qué quiero de ustedes? Nada por supuesto, son solo... ¿Victimas de guerra? Si, una guerra intelectual donde no tenían nada que ver, pero fueron ustedes quienes quisieron llegar mas allá ¿No?- Terminó de decir, hablando como si el alienista y sus compañeros no importaran en absoluto para ella, una clara indiferencía podía sentirse aunque estaba claro que también les culpaba de sus propios males ¿Sería esto real? ¿Su busqueda por saber que es lo que había pasado en ese lugar les estaba sacando factura o era todo un plan de la propia Jettie? Las palabras de la mujer contestaban muchas preguntas, pero sin duda dejaba muchas mas al aire...
-Pero esta puede ser una buena oportunidad, si ¿Sería mi señor Ose quien les puso aquí? Oh ¡Cuan maravilloso! Ahora podría extender su palabra, su sabiduría... Y usted señor Russell es perfecto para este entendimiento ¿No lo cree? Cuantas personas salvaría, si tan solo pudiera otorgarles vida eterna, no mas suicidios ni mentes dañadas, solo almas en gozo por alcanzar el máximo don que Dios nos puede dar- Y con esto, señaló con una mano a las muñecas, aquellas que seguían perturbando de gran manera al alienista y en especial aquella que tenía un claro y bizarro parecido con su madre, un pensamiento que tan solo se intensificó con las palabras de aquella mujer que sin duda parecía ser el mal reencarnado en esos instantes.
Se olvidó de un detalle importante Jetti, los dioses y demonios eran muy caprichosos, en todas las culturas, religiones siempre se habló de ellos bajo esa característica única. Pero de momento estaba demasiado turbado con toda esa tormenta que lo inquietaba y la presencia de aquellas muñecas, tan tétricas en apariencia. Todas aquellas palabras fueron un eco lejano para el alienista, no había demasiado que analizar cuando ya la mente estaba manipulada y perdida por una creencia ridícula de inmortalidad, pagando imaginó, un precio demasiado alto para ello.
Así que por esa razón es que se mantuvo inquieto, expectante y tenso de la misma manera cuando esa mujer continuó aferrándose a las palabras y a una explicación que tenía sus focos ausentes. Pero solo hasta que habló de su esposo, George no había emitido sonido y se aclaró.
—Ustedes no, yo no asesiné a su esposo. Es más, no quería hacerlo—comentó serio—. Nunca creí que la muerte era la solución a los problemas, yo opero de otra manera.
Tiró tierra a la detective y su errática acción, todavía sintió él un ligero resquemor por ello. Después cuando se escuchó aquella oferta, suspiró por lo bajo.
—¿Y qué debo hacer para obtenerlo?
Las gotas que se filtraban por las maderas mohosas del techo de aquel granero comenzaron a caer encima del rostro de Dexter. El guardabosques permanecía tumbado boca arriba mirando un punto indeterminado de aquel malogrado techo.
Su boca pasaba de estar apretada, a esbozar una gran sonrisa al notar como una gota recorría su mejilla. Era como si su mente estuviera dividida en dos, una parte quería levantarse y buscar a sus compañeros, y la otra disfrutar de aquellos segundos tirado en el barro de aquel granero.
Instintivamente se comenzó a incorporar, manchando sus ropas aun más de barro, mirando al exterior.
— Cuatro abedules, siete carpes, cinco robles nativos, un alcornoque… — murmuró al observar el exterior de aquel granero. — Sí, ahí está la cuerda que coloqué para indicar el camino… Así no te perderás… Siii, en el alcornoque… — miró a Cornelius pero sin llegar a focalizar en él, con una sonrisa amplia y señalando al exterior del granero. — Aquella tarde estuviste cazando ranas en el riachuelo — lanzó una fuerte carcajada. — ¡Que divertido!
En aquel momento un fuerte trueno rompió cerca del granero, haciendo que la imagen proyectada en el exterior volviera a la granja de los Learmonth.
Su pecho subía y bajaba, incluso haciendo estremecerse del fuerte pinchazo que sentía en cada bocanada de aire. Miró a Cornelius, con un ictus asustado y en claro estado de shock. Su frente brillante a causa de las gotas de la lluvia mezcladas con las de su sudor.
— Tenemos que encontrar al resto y salir de este infierno… Antes de volvernos completamente locos. Tenemos que volver al interior del hogar de los Learmonth. Prepare su pistola...
- Si alguien me contase esto en una consulta lo remitiría sin dudarlo al doctor Russell. No me creo lo que está pasando. Es... imposible de creer. - Dije con mi voz temblando ya no solo por la muñeca o las llamas, sino porque la puerta se cerrase sola y sentir que aquella cosa, fuese lo que fuese, quería entrar detrás nuestra me llevó al límite de mis nervios.
- Necesito opio. - Pensé para mí y miré el lugar donde estábamos. Lo conocía, claro... era el salón donde encontré la llave de la caja fuerte. Miré hacia la salida con ganas de salir de allí cuando vi otra puerta (la que da al almacén) y me acerqué a ella más tranquilo.
- Parece que en cada sitio hay algo nuevo... una pista sobre lo que ha pasado aquí... quizás si descubrimos todo a tiempo logremos detener esta locura. - Le dije a la detective poniendo mi mano sobre el picaporte de la puerta. - Veamos que encontramos aquí...
Con suerte algo de opio para colocarme y al menos calmar mis nervios. Mi adicción y la situación iban a terminar conmigo y sabía que no tardaría en tener el mono y eso en aquel lugar era peligroso. Podía inyectarme un poco de morfina, lo malo es que si me pasaba con la dosis lo mismo caía sedado... el opio era más seguro, pero la morfina era una buena opción... al menos el mono sería más débil.
Y abrí la puerta dispuesto a cruzar a la otra sala y ver que encontrábamos en ella.