Partida Rol por web

New Sydney 2.0

Acto 1 - Toda Luz proyecta Sombra

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Sebastian Task Cargando pj
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08/08/2017, 20:08
Sebastian Task

Y… anzuelo picado. Task sonrió para sí, solamente en su interior. Por fuera mantuvo el rostro impasible que controlaba tan bien. Morrow por fin había caído en el cebo. La sinceridad y rapidez de la oferta de Task no había podido ser evadida con argumentos difusos o con lógicas innegables. No. Además… la oferta de Task, simple, llana y de una pura simbiosis era perfecta para hacer colaborar a alguien como Morrow.

- El orgullo más barato es el orgullo nacional. – Admitió Task sin perturbarse. Los dos eran británicos exiliados… seguramente por propia voluntad en ambos casos. – Delata en quien lo siente la ausencia de cualidades individuales… - Continuó citando a un filósofo alemán del siglo XIX. Aunque a Task tampoco le gustaban los nazis, no englobaba a todos los alemanes en el mismo saco. Giró levemente la cabeza.

- Me alegra comprobar que ni usted ni yo adolecemos de ese… defecto. – Añadió. – Creo que ambos coincidimos en que hace falta un cambio. Hace falta concretar ideas y que ciertos individuos… especiales, con ideas similares, sean los que elijan el rumbo de ese cambio. – Un discurso político manido en algunas ocasiones, pero idóneo para ese momento. Probablemente Hitler en su día habría dicho palabras similares. Probablemente ahora mismo los nazis seguían a un líder con ideas similares. Pero en el caso de Task… lo pensaba en serio, y en su “humilde” opinión, con fundamento. Los Hijos de Dios debían mandar. Eran el paso siguiente, superior a la humanidad, en la escala evolutiva. Y Task no pensaba quedarse al margen… mirando el tiempo pasar.

- Me parecería un insulto a sus capacidades haber sido el primero en intentar colaborar con usted. – Comentó relajando su postura y apoyando bien la espalda en la silla. Usó la palabra colaborar en lugar de reclutar… le pareció más apropiada para alguien del carácter y la personalidad de Morrow. Task podía ver que era un tipo independiente… que adoraba esa independencia. Si se sentía atado… saltaría disparado como un resorte. Un resorte peligroso. – Y me parecería un insulto aún mayor poder pagarle con dinero. – Admitió también. Sabía desde el principio que eso no serviría de nada. – No haría eso jamás con un Hijo de Dios. -

Se humedeció los labios ligeramente.

- Sepa que cuido de los míos. Mucho. – Incidió. – Y que ellos eligen libremente si se consideran de los míos… o no.

Alargó la mano y aceptó la de Morrow. Volvió a estrecharla con firmeza.

- Creo que podemos encontrar intereses comunes… Y creo que ambos, trabajando juntos, podremos lograr grandes beneficios. – Coincidió. Era lo más lejos que había esperado llegar antes de la reunión… pero su objetivo real, el motivo por el que había acudido, aún estaba por llegar. Y Morrow, quizá sin saber que había picado el anzuelo o quizá con un propósito oculto en su retorcida mente, estaba largando información muy interesante para Task.

Sebastian se llevó una mano al mentón mientras escuchaba a Morrow. Pensativo, pero procurando no mostrar ni un atisbo de emoción en su rostro. Un rostro duro de semblante serio… marcado por la edad y haber visto demasiado.

- Ancel Zimmerman… - Murmuró tras unos segundos de silencio post-discurso de Morrow. Claro que Task había oído hablar de Eichmann. Se sentía muy afortunado de no tener que lidiar con alguien capaz de manipular emociones o pensamientos… Afortunado de que Eichmann no estuviera en Australia. De lo contrario sería el primero en su lista personal. Knochenmann era harina de otro costal. Era alguien a quien Task no temía en absoluto. Alguien a quién creía capaz de lidiar… incluso de contener y vencer llegado el caso si tuviera que enfrentarse a él. Por mucho que dijeran los rumores sobre Knochenmann… Sabía de la capacidad de algunos de los Hijos de Dios… y las suyas propias – las de Task – no eran de las más débiles. En cualquier caso, Task no era un suicida ni un loco. Prefería estar siempre bien informado y sólo libraba batallas que sabía que ganaría.

- Así que ese Zimmerman es su némesis. – Apuntó. – Por lo que dice también podría suponer un problema para mis intereses… - Añadió. - ¿Qué está haciendo Zimmerman en New Sydney? – Preguntó mirando a Morrow a los ojos. Quizá había venido siguiendo a una presa. Alguien que había llegado al continente huyendo de los nazis.

Volvió a entrecruzar los dedos de las manos.

- Si dispone de alguna descripción… o sabe por dónde en concreto se mueve ese ser demoníaco… - recitó utilizando las mismas palabras que su interlocutor - O incluso si dispone de algún conocimiento más explícito acerca de sus habilidades… resultaría de suma utilidad. Me encargaré de que mi gente tenga los ojos y oídos abiertos, y le informaré de las novedades. – Indicó dando a entender que no estaría de más que de ahora en adelante tuvieran algún medio de contacto un poco más directo. Tener que tratar a través de asistentes, secretarias o abogados no era el mejor camino para el tipo de negocios que ambos iban a mantener.

La mente de Task ya estaba elucubrando. De hecho, tenía algunas ideas interesantes en mente… pero antes debía organizar una reunión de Avalon. De todo el grupo. Hollow debía estar atento… pues ese tal Zimmerman podría dar con el Purgatorio con facilidad… De ahí no le resultaría complicado acercarse a Hollow… a menos que éste estuviera sobre aviso. Si James sabía que alguien le seguía la pista era imposible alcanzarlo.

Por otro lado estaba Harper. Harper sólo formaba parte del grupo por miedo. Un miedo a Task que podría ser superado si Zimmerman le hacía ver que, de algún modo, podía acabar con Task. En ese caso Sebastian no dudaba de que Roy cambiaría de bando… Era una comadreja. Una comadreja que había salido beneficiada de unirse a Avalon… pero una comadreja en la que ninguno confiaba.

Sebastian debía avisar a todos. Debía ponerles sobre aviso y debían buscar pistas sobre Zimmerman. Los contactos de Harper en los bajos fondos… la tecnología de Nóvak merced al carisma de Sarah y los refugiados Vitalistas del Purgatorio. Todos ellos eran una fuente inestimable de información y recursos para casos como aquel.

Demasiados problemas. Demasiados platos que abarcar, y ante todo Task seguía con el mismo objetivo en mente: desplazar a Omega en su posición de Gran Hermano australiano. Muchos frentes y sabía que si dedicaba demasiada atención a cada uno de ellos no triunfaría en ninguno.

No, Task era un tiburón y debía priorizar. Eliminar a Zimmerman podía ser una buena manera de incluir a Morrow en Avalon. O incluso de usar a Morrow contra Omega.

Debía meditarlo. Quizá un rato de sexo con Sarah le ayudara a relajarse y aclarar sus ideas. En cuanto saliera de la reunión le enviaría un mensaje para que convocara al grupo, y después…

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Ethan McKenzy Cargando pj
29461/15044252
09/08/2017, 20:58
Ethan McKenzy

La cabeza me daba vueltas. Un pulso fuerte a la altura de la sien. El estómago revuelto. Dolor en los riñones y una tremenda y absorbente sed. Hogar dulce hogar.

El despertar era el mejor momento del día, mi mente aún dormida no era capaz de percibir su entorno, ignoraba cualquier atisbo de realidad a mi alrededor. Pequeños segundos de verdadera paz mientras me regodeaba en los síntomas de mi resaca. Un segundo más... un poco más... Pensé. Pero mi mente despertó. Percibí mi habitación, oscura y vacía y el parpadeo del teléfono sobre la mesa. La luz entraba por la ventana y podía oír susurros en la distancia, fuera de esta dimensión. A la mierda... Otro puto día en una vida que parecía infinita. 

El mensaje en el contestador me consternó un poco. Ethan... Será bastardo. Extrañamente siempre que alguien me llamaba por mi nombre de pila solía ponerme a la defensiva. Puto Mongoose. ¿Día libre? Era mi día de beber y beber... y ahora me tocará beber y beber y trabajar. Joder, odiaba ese tono parental y la necesidad de contar las cosas las medias. Suspiré. Cogí la botella vacía y lamenté que no quedara ni una gota. Lamí el borde un segundo antes de decidirme a ponerme en pie mientras seguía pensando en Mongoose. Realmente odiaba levantarme.

Miré a mi alrededor, era pronto para que apareciera Charlie, pero aún así, intuitivamente siempre le buscaba, a él, o a cualquiera del más allá que pudiera invadir mi intimidad. Entonces vi el sobre. Allí, debajo de la puerta, esperando por mí. Tras leerlo, lo sostuve en mis manos un segundo percibiendo su tacto con una mezcla de excitación y curiosidad. Me sentí extraño, diferente... vivo. Una media sonrisa apareció en mi cara. Cerré los ojos e inspiré tratando de buscar o sentir algo más, como si fuera mejor que cualquier otra droga, buscando pedazos de la historia de ese trozo de papel. ¿Había alguien como yo ahí fuera? ¿O tal vez otro chalado con ganas de juegos? En fin... ya no tenía nada que perder y... ese olor era tan familiar y... tan desconocido. Mi curiosidad había empezado a sonar como un tic tac dentro de mi cuerpo. 

Me puse en marcha. Encendí la radio dejando las noticias de fondo por si escuchaba algo que me llamara la atención. En quince minutos me lavé la cara, me vestí, le di un trago a un cartón de leche abierto de la nevera y otro a una cerveza abierta con mala pinta. Cogí la chaqueta, salí por la puerta, me tomé un par de analgésicos y me encendí un cigarrillo. Listo. Avancé hacia el coche directo a al comisaría. Hoy prometía ser un día fuera de serie. 

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Walter Mongoose Cargando pj
29461/15045911
10/08/2017, 16:33
Walter Mongoose

En las emisoras de radio las noticias no resultaron ser nada "fuera de lo ordinario"; Una pelea entre la mafia rusa y la local en los suburbios, un cadáver desaparecido en la morgue y un "vigilante" que había empezado a salir con una modelo. Nada que no fuese a repetirse, en la misma línea, durante la semana entrante.

McKenzy entró en su coche e indicó al GPS que fuese a la comisaría. Aunque el vehículo tenía volante, y podía ser conducido manualmente, era muy inusual que se fabricasen coches sin conducción autónoma por aquellos días. Charlie apareció en el asiento del copiloto, incapaz de ponerse el cinturón de seguridad, y se entretuvo hablando con su padre y mirando la ciudad durante el trayecto. New Sydney estaba llena de rascacielos, edificios de corte futurista y alguna que otra zona en obra de más. No era extraño ver drones, o incluso aeronaves, recorriendo la ciudad como avispas.

Una vez en la comisaría, el secretario indicó a Ethan, tratando de ocultar cierto desdén, que Moongose le esperaba en su despacho. Al entrar se encontró al hombre en su uniforme, con una taza de café al lado y un rostro a caballo entre la preocupación y las malas pulgas. A sus 60 años, pensando cada semana en jubilarse, el hombre de color parecía tener un día mucho peor de lo usual, incluso considerando que New Sydney era una ciudad donde la policía no daba a basto y a menudo Omega les quitaba casos de entre las manos.

McKenzy, menos mal que estás aquí— comenzó le hombre, levantándose hacia la cafetera para rellenar su vaso—. ¿Café?— ofreció, indicándole a McKenzy que podía tomar asiento si lo deseaba—. Verás, hijo, no sé muy bien cómo decirlo, pero...— cedió un gesto de frustración con las manos— Kemper— "el asesino de las universitarias"— está muerto. Lo han encontrado esta mañana en su celda con el corazón arrancado del pecho, en la mano, y un mensaje escrito en la pared.

Mongoose volvió a sentarse en su asiento, con su café en la mano, intentando leer la reacción de McKenzy para actuar en consecuencia, aunque él mismo parecía bastante confundido por la situación.

No soy un experto, y la policía forense está investigándolo, pero diría que esto es obra de un Hijo de Dios— confesó en referencia a los Vitalistas, como el propio McKenzy—. No se me ocurre quién sino podría hacer algo así en la prisión federal, y menos sin que nadie se dé cuenta. Sé que era un maníaco, pero dudo que haya podido hacerlo él mismo. Si quieres, puedes ir echar un vistazo tú mismo, hijo.

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John Morrow Cargando pj
29461/15046528
10/08/2017, 20:57
John Morrow

Morrow esbozó una amplia sonrisa, satisfecho de contar con apoyo en su particular empresa.

— Zimmerman es, técnicamente, gemelo de Eichmann— explicó—. Seguro que hay algunas diferencias aquí y allá; pelo, cicatrices, masa muscular... pero son iguales.

Bueno, eso simplificaba mucho las cosas. Eichmann era un individuo extremadamente conocido, por lo que reconocer a Zimmerman no debería suponer un problema.

— Sobre qué está haciendo en New Sydney: desconozco la totalidad de sus planes, pero está cazando almas— como cualquier Vitalista sin escrúpulos, cazar almas suponía una fuente muy... lucrativa de acumular poder—. Tengo entendido que busca a un individuo muy particular, un Vitalista escandinavo al que solían llamar "El Nigromante", pero que aquí llaman "Cotard". Aún no he podido localizarlo, ni sé de qué es capaz, sólo que le toman por algún tipo de espiritista.

El nombre, de todos modos, parecía decir bastante. Si no era capaz de animar a los muertos, al menos sus poderes deberían tener algún tipo de relación con la muerte.

— Zimmerman domina todos los poderes "genéricos"; puede moverse entre dimensiones, drenar a los demás e... improvisar— aunque eran poderes con los que Task no estaba familiarizado, sabía que existían, y que improvisar permitía hacer, en teoría, casi cualquier cosa, pero que el coste de energía era, por lo general, desorbitado, demasiado como para poder hacer prácticamente nada relevante—. Sus capacidades particulares incluyen Telequinesis avanzada, pero seguramente tenga varios trucos más bajo manga. Tiene a un pequeño grupo de alemanes y simpatizantes del nazismo a su servicio, pero por lo que tengo entendido Zimmerman pasa poco tiempo en esta dimensión— nuevamente, Task conocía poco sobre aquello, pero sabía que ciertos Vitalistas podían desaparecer del mundo para ir a... otros sitios—, por lo que encontrarle resulta particularmente complicado, incluso en su terreno.

Intercambiaron teléfonos — al menos, si Task estaba de acuerdo con dar el suyo a Morrow —. Finalmente, en vista del discurso dado por Task, Morrow le preguntó directamente si era un Vitalista y, en caso de serlo, cuáles eran sus capacidades. El hombre estaba dispuesto a dar la misma información, pero solo si era algo recíproco.

Una vez finalizada la reunión, Morrow dejó a Task abandonar primero la sala —aunque a efectos prácticos, era lo que debía hacer de todos modos—. El billonario envió el mensaje a su querida para reunir a Avalon y pudo retornar al aparcamiento subterráneo por dónde había entrado —el ascensor— de forma discreta y reunirse con su secretaria, ayudante de prensa y tercer guardapaespaldas en el vehículo blindado de 7 plazas. Task tomó el asiento del copiloto, dejando a uno de los guardaespaldas en el conductor, aunque el vehículo se condujo solo de vuelta al sitio donde había decidido reunirse con el resto de Avalon.

Dos coches más, y un par de pequeños drones cámara, del equipo de seguridad de Task, le siguieron.


En caso de que Task le diga a Morrow cuáles son sus habilidades como Vitalista, Morrow indica:

Spoiler (marca el texto para leerlo):

Capacidades muy avanzadas para Drenar el alma de los demás, capacidad para cambiar entre Dimensiones, y a efectos prácticos, Intangibilidad, manteniendo su consciencia o espíritu en el "mundo real" pero transfiriendo su cuerpo físico y parte de su alma a otra dimensión.
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Bevidiere Lafayette Cargando pj
29461/15047786
11/08/2017, 12:45
Bevidiere Lafayette
Sólo para el director

Mi consejo es que salga a fumar. Otra vez. O tómese su pausa para comer. Preferiría evitar daños colaterales innecesarios.

Aquellas frases, emergiendo del  auricular del teléfono, acabaron por convencerla. Se iba a quedar justo donde estaba. Aquello era extraño, y sin lugar a dudas el asunto olía a mierda. No iba a ser partícipe inconsciente de nada. Después de todo, ¿qué era lo peor que podía pasar si metía las narices donde no la reclamaban? ¿morirse? 

Suspiró, hastiada, cerrando las pantallas del navegador del buscador, habiendo apuntado antes algunas referencias sobre los pormenores de la información encontrada, con letra apretujada y algo deformada por los años de carrera, doblando el papel e introduciéndolo en el bolsillo de su bata. 

Cogió la caja de cigarrillos, y el mechero, dándose tiempo, actuando deliberadamente despacio antes de salir del despacio y dirigirse a la morgue, mirando de soslayo el reloj en su mano, comprobando si habían transcurrido esos cinco minutos. 

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Radoslav Cargando pj
29461/15049375
12/08/2017, 02:15
Radoslav "Rado" Levin

Rado se dejó caer en el sillón, confuso. Disimulándolo, nunca bajaba la guardia, pero confuso. No sabía si había hecho lo correcto, pero su instinto era mantener el secreto siempre. A lo mejor Novák no sabía nada, y lo de las cámaras buscándole era un farol, en cuyo caso había reaccionado bien, porque todo aquello habría sido solo una treta para sonsacarle la verdad. Pero si lo sabía realmente, ¿Había hecho bien en seguir con el paripé?

No creía que, aunque Novák averiguase la verdad, la hiciese pública. No ganaría nada con ella, ¿No? La verdad es que los asuntos políticos y/o empresariales se le escapaban. Aquella gente planeaba sus movimientos como un ajedrecista, a 15 pasos por delante. A Rado le costaba ver las consecuencias de sus acciones directas.

Lo suyo sería hablarlo con Pavel. Pero no podía ir a hablar con él directamente, eso le diría a Novák que había dado en el clavo. Tampoco podía llamarle o usar internet, ese tipo lo sabría.

La única opción que le quedaba era ir a casa a dormir la mona, como el Radoslav Levin publico haría, esperar a que Raleigh llegase y pedirle a él su opinión, o si conocía una forma segura de enviar un mensaje sin que el millonetis Gran Hermano se enterase. Y aun así no estaba seguro de que fuese a funcionar. Bueno, Raleigh era listo, él sabría que hacer.

En cambio, a Radoslav le estaba atrapando la resaca, así que decidió empujar la piedra adelante y ahuyentarla con algo del minibar del señor Novák. No tenía nada pre-WW3, al menos en el que se dejaba abrir sin usar un escáner digital, pero se agenció una botella de Scotch, y algo que no sabía que era, pero tenía hierbas dentro y estaba escrito en chino, o koreano o algo así.

Por suerte, no tenía que conducir hasta casa. El Aeromóvil le llevaría a casa donde podría esperar en la oscuridad de su habitación en su cama tamaño jumbo, a que Raleigh volviese a casa y le ayudase a salir del apuro. Viva la era moderna.

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Narrador Cargando pj
29461/15050193
12/08/2017, 15:07
Narrador

La forense entró de nuevo en la morgue, donde el cuerpo del alemán seguía, aparentemente, enfundado en su bolsa. Todo parecía normal, aunque no había pasado ni un minuto cuando comenzó a escuchar pisadas en el pasillo de fuera. Reconoció el sonido de zapatos de suela dura, siguiendo un ritmo fijo al compás de pasos firmes. El sonido se incrementó hasta llegar a la puerta, donde pararon, proyectando una sombra bajo la rendija, indicando que alguien estaba parado en el umbral.

Se escuchó el sonido de una cremallera deslizarse a espaldas de la doctora. Era la bolsa del cadáver, abriéndose sola, al menos aparentemente. El cuerpo seguía dentro, muerto y quieto. Era de sospechar que la figura plantada en el umbral era quien estaba abriendo la bolsa, probablemente utilizando algún tipo de telequinesis.

El pomo de la puerta giró con un golpe seco, dejando que la puerta se abriese lentamente. En el umbral, erguida, se alzaba la figura de un hombre alto; superaba el metro noventa, tenía hombros anchos, manos pálidas, y complexión atlética bajo el traje negro, a juego con mocasines, corbata y camisa blanca. Sin embargo, parecía plantado en el umbral sin moverse durante unos instantes, -a juzgar por la posición de sus manos, había abierto la puerta sin ellas- con una extraña nebulosa negra alrededor del rostro, bloqueando visión del mismo. Bevidiere podía sentir como aquella masa que lo envolvía estaba hecha de alma, o al menos de su energía. Aquel hombre era, más que probablemente, otro Vitalista.

Tras la doctora, lentamente, el cadáver comenzó a erguirse sobre su pelvis, aunque sin usar las manos como apoyo, y terminó por situarse de pie al lado de la mesa de disección. Aunque aterrador a su manera, resultaba obvio para alguien con amplios conocimientos de anatomía que aquel cuerpo no se estaba moviendo solo, sino que estaba siendo manejado bajo los hilos invisibles de un titiritero. Mantenía los ojos cerrados, y a todas luces parecía inanimado, pero el hombre plantado en la puerta de algún modo estaba "tirando" de él.

Puedo matarte. O puedes venir conmigo. Tú eliges— dijo, con un fuerte acento alemán tras ese pequeño tiempo de reflexión, el hombre plantado en la puerta.

Su voz era grave y autoritaria, pero apagada y marchita, como si hablar le pesase, no tanto en un sentido físico como emocional. Para alguien dada a la conducta autolítica era extremadamente fácil reconocer una voz hastiada, cansada de todo lo que le rodea. En cierto modo, la voz de alguien que se cree mejor que los demás, aunque en cierto modo, odia también su propia existencia.

Curiosamente, su voz no parecía sonar como una amenaza, ni como una orden, sino una advertencia. Casi parecía que no quería matarla, aunque a todas luces no parecía tener demasiado reparo en hacerlo si resultaba necesario. Tras el hombre, al fondo del pasillo, llamaba la atención cómo la discreta cámara de seguridad en una esquina también estaba cubierta en sombras, aunque la figura del portal parecía poder ver a través de las presentes sobre su rostro.

Era extremadamente fácil para Bevidiere asumir, finalmente, que aquel hombre era más fuerte que ella, y probablemente tendría más expertos conocimientos de pelea, aunque probablemente no fuese más diestro: quizás tan diestro, pero no más. Aún así, era probable que aquel hombre pudiese tratar de, simplemente, partirle el cuello del mismo modo que había abierto la puerta o "articulado" el cadáver, aunque si ese era el caso, Bediviere debería ser capaz de tratar de resistirse. Si llegaba a darse el momento.

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Narrador Cargando pj
29461/15050853
12/08/2017, 20:46
Narrador

Radoslav dejó que el vehículo lo llevase a casa mientras daba tragos a su botella de licor oriental. El yate de Novák estaba en la zona noreste de la ciudad, relativamente cerca de su propia mansión - rodeada por hectáreas de naturaleza, drones y agua, haciendo el acceso discreto bastante difícil -. Sin embargo, conforme más se alejaba Levin del cabo de Novák, y se acercaba a la urbe de New Sydney, más fácil resultaba ver el cambio. Los árboles se convertían en edificios, el agua en asfalto y todo comenzaba a apretarse, peleando por el espacio, no solo a la altura del suelo, sino a la hora de trepar hacia el cielo. Veía alguna que otra aeronave en la distancia, y pequeños drones recorriendo la ciudad como avispas, pero por lo demás toda la actividad se veía reflejada en el suelo, donde la mayoría de los coches fluían sincronizados en un pequeño baile automatizado.

Una vez Levin llegó a su estudio-duplex y se terminó la botella de Licor, dejó que las sábanas y el colchón se lo tragasen durante unas horas más. Cuando abrió los ojos el sol estaba bajando, en su atardecer, y Levin ya no notaba con tanta violencia los efectos de la resaca, aunque notaba un ligero escozor en la espalda, fruto de las uñas de Faith.

Otra ducha después, y una vez en la planta baja, se encontró con Raleigh. Técnicamente, según el informático, Novák debería ser capaz de hackear o decodificar cualquier tipo de encriptación "premium". En primer lugar, porque él poseía la mayoría de patentes al respecto. No obstante, también porque disponía de Inteligencia Artificial muy avanzada a su servicio, y porque las capacidades de hackeo de sus compañías, y él mismo, eran también líderes. Al fin y al cabo, ese era su negocio principal, la ciberseguridad. Pero lo que lo hacía más difícil por encima de todo es que Novák era un tecnópata, y en el momento en que puedes hacer "magia" con internet, bueno... es el momento en que puedes hacer trampa. Ahora bien, para eso último, Novák tendría que hacer el trabajo él mismo, algo que probablemente no iba a pasar.

Sin embargo, Raleigh era un genio con los ordenadores, a su manera, y tenía todo el tiempo del mundo para pensar, así que se le ocurrió que podía intentar encriptar un anuncio en el móvil de Pavel, uno que se saltase su propio AdBlock premium, mostrando algo así como; "¿Y si tu hermano necesitase verte ahora?". Al no ser comunicación directa con el móvil de pabel o su cuenta de correo, sino "spam" la ip de su móvil,  debería de poder funcionar. En teoría.

* * * *

Al acabar, Raleigh estaba mentalmente exhausto. No solamente por el esfuerzo cognitivo, sino por el uso de sus poderes. Aunque era poco probable, le salió bien la jugada. Fueron casi tres horas de tiempo real -y vete a saber cuantas en su cabeza- escribiendo código, pero al final consiguió lo que quería. Probablemente un programa así podría venderse, ilegalmente, por una cantidad bastante jugosa de dinero -aunque el código estaba algo sucio, y sólo informático podría usarlo-, pero el pobre Raleigh probablemente tendría miedo a que uno de los gigantes -Omega o Novák- le pillasen y le hiciesen pagar una cantidad aún más obscena, o algo peor.

- Tiradas (1)
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Pavel Levin Cargando pj
29461/15050858
12/08/2017, 20:48
Pavel Levin

Dos horas después, el timbre de la puerta sonó. Al abrirla, Radoslav se encontró a Pavel en la puerta, botella de vino en mano y el mando del coche -aparcado en la entrada, tras él- en la otra. Vestía de forma sencilla; vaqueros, zapatillas y camiseta con una cazadora ligera. Sonrió.

 Ey Rado. Eh...— titubeó ligeramente confuso, ojeando el interior del estudio para ver si notaba algo raro—¿querías verme?— preguntó extrañado—. Me llegó un pop-up al móvil: supuse que sería Raleigh, pero no estaba seguro.

Tendió la botella de vino hacia Radoslav. Obviamente, parecía cara, pero también era de las favoritas del diletante. Probablemente era una pequeña excusa para darle a todo aquello un contexto de naturalidad; Pavel era el más cercano a Radoslav de la familia, por diversos motivos, así que no era raro que fuese a visitarlo de tanto en cuando "porque sí". El hecho de que técnicamente Radoslav no le hubiese citado le daba un aire más casual.

— Puedes pasarte por casa si te apetece. Estaba haciendo pirozkí y pelmeni— platos típicos rusos—con Miranda.

Miranda trabajaba mucho, demasiado para su propio bien, como cualquier persona que manejase un negocio al pie del cañón. Cuando estaba en sus días libres el matrimonio disfrutaba de cocinar juntos, aunque Pavel seguía manteniendo su pequeño fetiche por la cocina rusa de tanto en cuando, y seguía midiendo las cantidades como si fuese a cocinar para toda la familia.

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Bevidiere Lafayette Cargando pj
29461/15051280
13/08/2017, 00:53
Bevidiere Lafayette
Sólo para el director

Quedó paralizada, observando al extraño, al cuerpo del ciudadano alemán siendo tironeado por aquella suerte de fuerza telequinésica. Quieta, muy quieta. Como si de hecho, ella también estuviese muerta.

Pero, como nacido del poco instinto de supervivencia que podía quedarle intacto, de pronto un escalofrío recorrió su espina dorsal, y se vio impelida a remover los hombros, parpadeando, una, dos veces, hasta fijar el rostro en la cara velada del extraño. De aquel hombre hastiado. Aquella alma igual de desgastada que la suya propia- ¿Matarme? ¿Crees que sería fácil?- suspiró, con las manos temblorosas, encendiéndose un cigarro, dando una profunda calada, exhalando el aire, despacio, como si aquello la ayudase a pensar- ¿También me dirás eso a mí?- preguntó, mirando hacia el cadáver, con las pupilas perdidas- "Normalmente intentaría redimirte de algún modo, llevarte dentro de mí para que siguieses un propósito que sirviese a algún tipo de ética"- profirió, ladeando ligeramente la cabeza, como si le pesase- ¿En qué consistiría tal cosa, exactamente? Tengo curiosidad. ¿Cómo me llevarías dentro de ti? ¿Me consumirás? ¿Es eso? Sería... Irónico.  

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Narrador Cargando pj
29461/15051332
13/08/2017, 01:27
Narrador

El hombre, ante la primera respuesta de Bediviere, rio. Genuinamente parecía haberle hecho gracia, concretamente la parte de "¿Crees que sería tan fácil?". Fue una carcajada glaciar, helada, algo macabra, pero aún así sincera. Era como si aquel fuese su tipo de humor y nunca lo escuchase. Considerando lo fácil que era para Lafayette leer a las personas, parecía lógico pensar que no estaba acostumbrado a ser desafiado, menos aún con tal entereza en semejante escenario, y aquello le provocaba algún tipo de placer morboso.

Sin embargo, aquel efímero regocijo se convirtió en ansia antes las próximas palabras de Bediviere. De ningún modo algo exacerbado, sino sutil, elegante, pero visible a los ojos expertos de Bevidiere. El hombre se inclinó muy levemente hacia adelante, exhaló algo de aire de forma entrecortada, y reveló cierto interés.

¿Quién dijo eso?— preguntó demasiado rápido, cambiando su entereza un suave fervor—, ¿John?— sugirió con curiosidad.

Se recompuso rápido, recuperando rápidamente la pose erguida y un trozo de voz menos delator de sus intereses.

 Y... ¿cómo sabes tú eso?— preguntó con cierto interés, al tiempo que la puerta de la morgue se cerraba tras de si, sola, y el hombre tomaba asiento en la mesa de operaciones, apoyando una rodilla sobre el regulador de altura de la misma y poniendo ambas manos sobre la misma—. ¿Conoces a John, o eres una Hija de Dios? Porque pareces más una Hija del Diablo...— comentó señalando levemente a Lafayette con una de sus pálidas manos, tendida hacia arriba, antes de volverla a poner sobre la otra. Parecía más una observación que una broma, extrañamente.

Lo que sí resultaba evidente para Lafayette era que aquel hombre pocas veces se interesaba por algo, al menos últimamente. Aunque al principio aquel hombre parecía intimidante con semejante puesta en escena, y ciertamente sus capacidades lo convertían en un sujeto peligroso, parecía fuera de papel. Seguía siendo un personaje exótico, con aquellas sombras en el rostro y el porte, combinado con el cadáver y su control del entorno, pero ya no parecía hostil, sino un niño que ha encontrado un juguete nuevo y, con ello, ganado cierto carisma.

Claramente él, fuese quien fuese, no era John Morrow, o al menos su discurso no hubiese tenido sentido alguno en dicho caso, pero parecía interesado en él. También parecía expectante a ver la respuesta de Lafayette, casi como si estuviese tanteando su personalidad, pero no parecía que tras la misma fuese a terminar sin más. Acababa de sentarse en la mesa de operaciones, y parecía guardar cierto interés por la situación.

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Bevidiere Lafayette Cargando pj
29461/15051362
13/08/2017, 02:34
Bevidiere Lafayette
Sólo para el director

Dio otra calada, y otra más, sintiendo cómo le ardían los pulmones. De algún modo, lo necesitaba. Sentirse viva. Despierta, para no palidecer, para no amilanarse, aunque ciertamente estaba asustada. 

No, no conozco a John. Y ahora yo también sé que tú lo sabes. Y yo lo sé... Bueno, porque lo sé. -dijo, encogiéndose de hombros.- Hay cosas que saltan a la vista, si uno sabe cómo verlas.-añadió, exhalando el humo- Al igual que hay maneras de mover los hilos, diferentes a las que cualquiera se imagina, si uno sabe cómo.-miró de nuevo al cadáver- ¿Cómo planeas, o planeabas matarme? ¿Por qué me llamas Hija del Diablo? -preguntó, ofreciéndole la cajetilla de tabaco- Yo me considero más bien... Una Hija de la Muerte. -expresó, temblándole ahora la voz- No me da miedo morir. Sólo... La posibilidad de sentir demasiado dolor. Como todo ser humano. Al fin y al cabo, estoy viva. O eso creo. 

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Narrador Cargando pj
29461/15051386
13/08/2017, 02:53
Narrador

El hombre escuchó, paciente, y cogió un cigarrillo al terminar, haciendo un pequeño gesto de agradecimiento con la mano.

Oh— exclamó con elegancia, casi poético, mostrando cierta sorpresa—. Así que es eso— comenzó con satisfacción—. No me digas más— señaló brevemente al cadáver que esperaba de pie a su lado—: tu corazón dejó de latir, volviste, y tu alma se fundió con el más allá por el camino.

El hombre ladeó la cabeza, mostrando cierta empatía con la situación. Empatía quizás no fuese la palabra exacta para definirlo, pero quizá la más cercana. Simplemente lo entendía, y anotaba lo jodido de la situación. Justo después, las sombras desaparecieron de su rostro. Era como esperar de un alemán con la capacidad de mover a los muertos como muñecos; cabello rubio, ojos azules, tez blanca y, en este caso particular, una simetría envidiable, con un rostro limpio, aseado y envidiablemente atractivo para el ciudadano medio.

Habías visto ese rostro antes, en la televisión. Correspondía a Viktor Eichmann, conocido como la mano derecha del Cuarto Reich, pero aquel hombre no era él. Simplemente era igual que él. Era difícil tener la certeza, pero Eichmann era conocido por un imparable e irrefrenable carisma sobrenatural sin límites, capaz de doblegar la voluntad de cualquiera a su alrededor hasta locura cual protagonista de El Perfume. Si Lafayette estuviese frente a Eichmann probablemente su cabeza se obsesionaría con la idea de agradarlo, hacerse notar frente a él y servirlo. En cambio, aquel hombre, aunque notable, no parecía ostentar un poder tan desorbitado. Al menos no en ese área.

Te llamé Hija del Diablo porque todo tú parece gritar que le preferirías si pudieses elegir— comentó con una amplia sonrisa, encendiéndose el cigarrillo con una leve llama surgida de su pulgar, cual mechero—, pero era más que nada una expresión poética— confesó con una calada, soltando el humo al aire—. Probablemente. Habría que ver de qué eres capaz primero— apuntó señalándola con el cigarro, aunque parecía honesto en su referencia bíblica—. Si insistes, al principio planeaba partirte el cuello, pero tras tu comentario sobre robarte el alma pensé en cogerte de ese bífido pelo tuyo —comentó en referencia a los mechones decolorados—, estamparte la cabeza contra la mesa de operaciones y drenarte hasta dejarte como ellos.

Hizo un movió horizontal con el brazo, señalando las paredes de la morgue, donde sólo había compartimentos cerrados, vacíos o con cuerpos dentro. Aunque trató de ocultarlo, Lafayette pudo notar un cierto placer en el acto que había descrito; a todas luces el placer de absorber el alma de otros, pero sospechaba que también en la violencia cuando denotaba dominación, probablemente con una connotación sexual a nivel inconsciente.

 Tranquila, no tengo interés en matarte. Podría ser un desperdicio.— comentó de forma fría aunque muy levemente tranquilizadora. Por el cariz de sus palabras parecía indicar más la utilidad o autenticidad de Lafayette que cualquier otra cosa.

Sonrió levemente, aunque había algo de compasión mezcla con pena en ella, si bien parecía más bien teatral: Aquel hombre no parecía sentir verdaderamente dichas emociones, sólo la capacidad de recrearlas, como un buen sociópata o psicópata que se precie.

Se levantó de la mesa de disección y abrió la puerta de la morgue. Nuevamente, el pomo giró solo, y nuevamente, las sombras aparecieron en su rostro y en la cámara de seguridad al fondo del pasillo, en la esquina.

¿Vamos?— preguntó mirando a Lafayette, aunque era imposible adivinar su rostro tras las sombras—. Todavía puedes elegir la opción número dos, sin demasiado dolor— el énfasis en la palabra demasiado parecía hablar por si misma—, pero te la desaconsejo profundamente.

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Sebastian Task Cargando pj
29461/15054181
14/08/2017, 14:00
Sebastian Task

Task tomó buena nota mental de los detalles. Zimmerman y Eichmann. Al menos podría ofrecer una foto o imagen visual al resto de Avalon. Lo que no le hacía tanta gracia era ni los poderes de Zimmerman ni su objetivo en New Sydney. ¿Cazar almas? ¿Otro Vitalista llamado el Nigromante? La proliferación de individuos con habilidades excepcionales por un lado era una oportunidad excelente, y por otro… un problema.

A Task no le gustaba nada el hecho de que algunos de esos individuos fueran capaces de drenar los poderes de otros. Y peor aún, que se dedicaran a cazar a otros para matarlos y absorber sus poderes. Era malo para los negocios.

Tras la explicación recíproca acerca de las habilidades de cada uno, Task estrechó la mano de Morrow. Uno de sus mejores… “poderes” era acoger bajo su ala a todos los vitalistas que creyese que podrían serle de utilidad algún día. Pero claro, eso no era un poder especial, ni algo que Morrow tuviera que saber. La existencia de Avalon, sus miembros y las capacidades de cada uno, era algo que Task mantenía en el más absoluto de los secretos.

Con mucho en mente salió de aquella sala de reuniones. No estaba seguro de si había ganado o perdido tras esa larga conversación, pero de seguro que había obtenido una ingente cantidad de información. El cómo la manejara ahora dictaría lo fructífera que habría sido la reunión.

Envió un sms a Sarah. Breve, escueto. Donde solicitaba la reunión. No era algo urgente así que no utilizó la palabra clave. Eso se lo reservaba para cuando fuera realmente necesario. En cualquier caso, en el breve lapso de tiempo que le llevó llegar con su vehículo al Purgatorio, el resto de miembros de Avalon ya estaban allí.

Task entró sin secretaria ni equipo de seguridad hasta la sala vip que reservaba en ocasiones en el local de moda de la ciudad. Una vez dentro de la sala vip esperó a que Hollow apareciera de la nada y le teleportara al sótano donde mantenían sus reuniones.

Todos los miembros de Avalon sabían que Task no quería nada de tecnología en aquella sala vacía. Dejaron los móviles esperando en silencio encima de una mesita en el interior de la sala vip del piso superior. Sólo cuando Hollow les fuera sacando uno a uno, podrían irlos recogiendo.

Además, sólo un par de sofás, una mesa y una pizarra eran el único mobiliario de la sala subterránea que permanecía cerrada a cal y canto desde hacía más de un año. Al menos habían tenido la inteligencia de no cortar la luz, y una bombilla en el centro del techo era la única iluminación y fuente de energía. Estaban todos allí.

La mirada de Task era severa. Para las otras tres personas de la habitación, que de un modo u otro le conocían más o menos a fondo, era visible que no estaba contento. De hecho, su enfado podía acrecentarse en breve con una mala contestación.

Se aclaró la garganta y esperó a que todos tuvieran sus ojos centrados en él. Harper se mantenía estoico, lamiendo sus labios con su lengua, en un gesto muy característico de él. Si Task hubiera sido otra persona le habría puesto nervioso.

- Tenemos problemas… y trabajo. – Comenzó. – He tanteado a Morrow para un posible reclutamiento… Por supuesto no sabe nada de la existencia de Avalon ni de ninguno de vosotros. - Aclaró.

- Hasta ahora nos ha ido bien juntos. Pero si queremos sobrevivir… Si queremos hacernos un hueco en esta ciudad, y en el mundo… – La ambición de Task estaba clara, no tenía límites. – Debemos estar abiertos a crecer.

Alzó una mano para que nadie preguntara todavía. No le gustaban las interrupciones.

- Quiero que estéis atentos. – Continuó. – Todos conocéis a Viktor Eichmann. Buscadlo luego, cuando salgáis de aquí, para tener clara una imagen de su rostro. Una especie de… hermano gemelo suyo está aquí, en New Sydney. Será muy parecido a Eichmann, aunque con algunas diferencias. – Explicó. – Se llama Ancel Zimmerman. Es un Vitalista peligroso… no intentéis hacerle frente. Ubicadlo, que no sepa que sabéis quién es… y avisad al resto del grupo si alguno tiene una pista sobre su paradero. – Pidió. Bueno, más bien ordenó pues eso es lo que eran… órdenes. – Está… cazando. Busca otros Vitalistas para apoderarse de sus almas… de ahí que sea tan peligroso. Es además una amenaza a nuestro grupo, por lo que dar con él es de suma importancia para nosotros. Morrow le teme… pero colaborará encantado en acabar con ese tipo cuando lo encontremos… Y posiblemente eso le haga querer unirse a nosotros. Y creedme, es un activo muy útil para nuestra empresa.

Alzó un dedo de la mano para continuar añadiendo detalles. – Zimmerman parece buscar a un Vitalista en concreto: Alguien que se hace llamar el Nigromante… o Cotard. – Comentó. Miró a Harper principalmente. – Con tus contactos y el mundillo en el que te mueves es posible que tengas pronto noticias de alguno de los dos. Entérate de lo que puedas y avísanos. – Luego su mirada se dirigió a Hollow. – Vigila tu local. Puede que Zimmerman se pase por aquí si se entera de que refugias a Vitalistas… Tened cuidado.

Y por último miró a Sarah. – No te la juegues, seguimos necesitando que vigiles de cerca a Nóvak… pero si tienes la oportunidad quizá usar su tecnología para localizar a Zimmerman… cámaras de vigilancia, tráfico, aeropuertos, etc… Cualquier cosilla puede ser útil. Pero eres la que menos debe exponerse.

Lo tenía claro. Sarah podía conseguirles mucha información, pero a un precio muy alto. Prefería no enterarse de algo, pero no sacrificar la valiosa posición que Sarah tenía en esos momentos, tan cerca de Nóvak.

Por fin cruzó ambas manos a la espalda, poniéndose firme.

- Nuestra prioridad sigue siendo Omega y hacernos con el control en esta ciudad. Pero es mejor asegurarse de que los alemanes no metan sus narices aquí… y conseguir aliados. – Explicó.

Miró a todos y cada uno de ellos… esperando ver si alguno tenía algo que añadir. Task no solía estar acostumbrado a que le interrumpieran, pero dejaba hablar a los que consideraba sus subordinados para escuchar opiniones y tener otros puntos de vista en cuenta. Además, quería aprovechar esa reunión para que le comentaran sus avances en los respectivos puntos. Sarah tenía un objetivo: Nóvak. Harper debía consolidar su control de parte del hampa en la ciudad, y Hollow debía seguir ofreciendo medio en secreto un refugio para Vitalistas en el Purgatorio. Un lugar donde podían buscar trabajo y una existencia anónima. O relativamente anónima. Quizá Hollow hubiera descubierto a una futura promesa para Avalon.

Juntos eran fuertes…. Juntos Task consideraba a su grupo invencible. Pero tenían que remar todos en la misma dirección.

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Bevidiere Lafayette Cargando pj
29461/15054234
14/08/2017, 14:20
Bevidiere Lafayette
Sólo para el director

Frunció el ceño, al escuchar aquella presunción acertada sobre el origen de sus...Problemas. Dio otra calada, sin tener ganas ni encontrar conveniente desmentir o confirmar su teoría, por mucho que fuese cierta. Después de todo, ¿quién cojones se creía que era para hablar de ella de ese modo? Apagó finalmente el cigarro en la esquina de la mesa de autopsias vacía, notando cómo la presión, la neblina de las sombras se retiraba en aquel instante. 

Vio entonces su rostro. O el rostro que decidió mostrarle, y tras un primer suspiro entrecortado, se quedó mirándolo fijamente y bufó- Oh, qué sorpresa, el propio Viktor Eichmann ha venido a verme...-dijo, con ironía amarga- No es que no pueda elegir. Es que no he querido hacerlo. ¿Para qué?- preguntó, encogiéndose de hombros- Al final, nadie es hijo de Dios, o del Diablo. Símplemente... Es más o menos gris. -expresó, casi con hastío, escuchando con cierta aprehensión cómo hablaba de partirle el cuello, de agarrar su pelo, estampar su cabeza, drenarla... ¿Era cierto placer, cierta excitación, lo que percibía en el tono de sus palabras, en su expresión? 

Y me lo cuentas así, como si eso te pusiera a tono, ¿para impresionarme? ¿O realmente te gusta la idea? -miró entonces hacia la camilla metálica, notando un escalofrío descender por su espina dorsal, erizando momentáneamente su piel, haciéndola sentir un frío extraño e incómodo bajo la bata de trabajo. La puerta se abría de nuevo, a continuación. Y una vez más, aquella disyuntiva se presentaba ante ella. 

Pensó en confrontarlo. Pero en seguida sintió una profunda pereza al pensar en aquello. Después de todo, ¿por qué iba a luchar, qué la motivaba a hacerlo? Y un hombre que no era capaz de mostrar su propio rostro, o que quizá ni siquiera poseía uno... ¿Qué clase de amenaza suponía realmente para ella? Un hombre igual de hastiado que ella, al parecer.

Supongo que podemos dejar eso de partirme el cuello y dejarme seca para más adelante. Cuando me harte de ti o tú te aburras de mí, si es que pretendes retenerme durante mucho tiempo.-expresó, sintiendo cierta punzada de náuseas, de ansiedad, en la boca de su estómago, a pesar de que sus palabras brotaban con suma tranquilidad. 

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Sarah Clover Cargando pj
29461/15054892
14/08/2017, 19:43
Sarah Clover

Sarah Clover exhaló profundamente, cogiendo aire de nuevo antes de volver a hablar. Iba vestida de forma sobria, con un abrigo de color azul oscuro y una robopulsera1 - una mezcla entre ordenador y teléfono móvil, de un material flexible y acoplado al brazo como un brazalete, desde el cual se proyectaba un teclado y pantalla holográficos -.

¿Morrow?— preguntó la mujer en tono cuidadoso, a sabiendas de que, tras Task, ella era la Vitalista más "poderosa" de la sala—. De acuerdo— aceptó ladeando algo la cabeza.

No lo decía como si dudase el juicio de Sebastian, ni mucho menos. Parecía aceptarlo. Simplemente daba la impresión de reflexionarlo consigo misma, pero en voz alta, como en señal de referencia para con los demás dada su telepatía.

Veré que puedo hacer con Zimmerman— afirmó, complaciente, antes de pasar a su propio "trabajo"—. Respecto a Novák: aún no he podido coincidir mucho con él, pero hay algo raro. Cuando he intentado "echar un vistazo"— entrecomilló los dedos al decir esas tres palabras— a su mente, algo es distinto. No estoy segura de qué es, pero creo que Novák puede haberse implantado nanobots.

Los nanobots eran una biotecnología de lo más peligrosa, y todavía en fase experimental. Constituían el primer paso transhumanista real de la humanidad, hibridando tecnología y biología a un nivel muy íntimo; Task había oído a Novák y otros dar discursos sobre la posibilidad de crear una nueva capa cerebral por encima de las demás, aportando inteligencia adicional, o de vincular el cerebro humano con un ordenador, siendo capaz de crear, a tiempo real, una copia de seguridad del cerebro, o incluso "conducir" un cuerpo humano de forma remota. También sobre la posibilidad de cargar o descargar información, cumpliendo ideas antes consideradas ciencia ficción, tales como "descargar" la teoría y memoria muscular de un experto en Kung Fu, cual Neo de Matrix.

Aún así, siempre se había hablado de dichos logros como una posibilidad a medio plazo — 10, 15, 20, 30 años —, y era prácticamente imposible que algo así pudiese ser posible por aquel entonces.

Es como si algo más estuviese en su cabeza, pero no es nada que pueda sentir; no es doble personalidad, no es otro Vitalista en su cabeza. Es como si algo, ajeno a su cerebro, interactuase con él— Clover alzó las manos, antes de que nadie más pudiese tener nada—. He tenido cuidado al hacerlo; siempre a distancia, sin que él supiese que estaba ahí, y sin que ninguna cámara fuese a reconocer un patrón. Pero he visto a Novák navegar por internet sin ningún dispositivo.

Probablemente eso fuese todo, pero era bastante de por sí; Era aceptable pensar que Kurt podría, con los poderes tecnópatas de un Novák, ser capaz de tener nanobots implantados capaces de conectarlo a internet, y a sus otras creaciones, potencialmente incluso sus drones, robots y sistemas de seguridad, quizás incluso mejorar su cuerpo, pero dudaba mucho que pudiese haber conseguido nada de lo citado anteriormente.


1* Simplemente es más cómodo para personas que viven pegadas al ordenador por la naturaleza de su trabajo. Los teléfonos para entonces ya tienen todas las funciones de un ordenador portátil.

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James Hollow Cargando pj
29461/15054894
14/08/2017, 19:43
James Hollow

James Hollow fue directo y simple, como de costumbre.

Estaré atento a mis chicos— dijo sin más, esbozando una leve sonrisa—. Si averiguo algo, probablemente sea sobre ese tal Nigromante, o Cotard, o lo que sea— informó, algo extrañado por el sobrenombre del Vitalista—. La mayoría de mis empleados y clientes son bastante... mediocres— informó: y tenía sentido, considerando que un Vitalista con suficiente poder típicamente conseguiría dinero por otros medios, y se mantendría al margen de ese tipo de locales—, pero hay un par de excepciones. Si veo que alguna tiene potencial real te lo haré saber, Sebastian— ladeó la cabeza—. Aunque si es el caso, quizás sí escuche algo sobre ese Zimmerman después de todo.

El grueso de los Vitalistas, es cierto, tenía poderes moderados. Sus poderes eran tan variados y atractivos como los de los ahí presentes, pero si tardaban demasiado tiempo en poder hacer uso de ellos y la magnitud de los efectos era reducida, eran a efectos prácticos... inútiles. El 99% de la población mataría -metafóricamente- por poder calentar un café con las manos, pero agotarse tras crear una bola de fuego en la palma de la mano, sin poder siquiera aguantarla el tiempo suficiente como para lanzarla... era algo increíble para el humano medio, pero no lo bastante bueno como para pertenecer a un grupo elitista.

Y la mayoría de Vitalistas, por desgracia, entraban en dicha categoría; otros, por supuesto, aún demasiado mediocres como para formar parte de alguna "facción sobrenatural secreta", como la de Task, pero lo suficientemente poderosos como para poder algo verdaderamente práctico con sus capacidades, típicamente acaban convirtiéndose en delincuentes, vigilantes, o "héroes" al servicio de Sydney -y Omega-.

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Roy Harper Cargando pj
29461/15054896
14/08/2017, 19:43
Roy Harper

Encontraré a ese nazi de mierda— aseguró Roy Harper, asumiendo que Zimmerman era nazi, quizás por su parecido con Eichmann. La rabia en su voz, aunque velada, era notable, algo razonable considerando su pasado—. Dime que no es otro príncipe azul pederasta como la rata de Eichmann— Sarah Clover se quedó pálida, mirando en dirección al arsenal biológico andante—. ¿Qué? Que se folle a modelos no significa que no esté enfermo de la puta cabeza. Me lo dijo un Coronel mientras me... no importa.

Harper se revolvió en el asiento, incómodo.

¿Sabemos algo sobre sus poderes? También veré que puedo hacer con el Nigromante— asintió—. Aprovecho para decir que estamos un poco más cerca de controlar el submundo de la ciudad. Sólo quedan los rusos. Podrían ser un problema si siguen llegando refugiados políticos de ahí, pero espero terminar de aplastarlos antes de que los nazis ganen esa guerra— carraspeó.

Ciertamente, los nazis ahora estaban ocupados peleando con los rusos, pero cuando ganasen, y tenía pinta de que así sería, era de esperar un número significativo de rusos huyendo a Australia. Rusos que, presumiblemente, Omega recibiría con los brazos abiertos

 Y creo que, quizás, deberíamos prepararnos para qué viene entonces. Morrow sería un buen comienzo, pero quizás debamos considerar reclutar a alguien capaz de enseñarnos a devorar almas. Al final, nuestra supervivencia depende no sólo de cuantos seamos, sino de poder a frente a potencias como esa troceada de carne que tienen los nazis— Knochenmann, por supuesto, aunque Task sabía que los Vitalistas más peligrosos, al menos en lo que a él respecta, eran aquellos que no atacaban el cuerpo, sino la mente o el alma.

En el fondo, Task sabía a lo que se refería: a incrementar el poder de sus almas a base de devorar a otros. Knochenmann era más poderoso que hace décadas, y al menos una de las razones, probablemente, sería esa, aunque lo mismo se aplicaba a otros Vitalistas con un potencial abrumador.

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Ancel Zimmerman Cargando pj
29461/15054907
14/08/2017, 19:45
Ancel Zimmerman

Un par de minutos después, Zimmerman se encontraba en el aparcamiento subterráneo del hospital, subido en un todoterreno negro con los cristales pintados, con Bevidiere en el asiento del copiloto y el cadáver desplomado en un asiento trasero, sentado con la cabeza hacia atrás y la mandíbula abierta. Como si fuese lo más normal.

El alemán se quitó entonces las sombras del rostro, encendiendo el vehículo y dándole instrucciones para que fuese a una dirección situada en el barrio industrial. El coche comenzó a conducirse solo -no con los poderes de Zimmerman, sino el piloto automático-, aunque era importante remarcar que los cierres de seguridad no estaban activados por dentro, por lo que Bevidiere podía abrir la puerta del copiloto en cualquier momento.

Me gustaba la idea— confesó el hombre para romper el hielo, tras unos minutos de silencio camino del garaje, en referencia a devorar el alma de la joven contra la mesa de operaciones—. Y tenías razón al decir que los humanos son una... escala de grises. Pero yo no soy humano. Si hay algo demoníaco caminando en este mundo, soy yo— tendió una de sus manos hacia Lafayette—. Ancel, Ancel Zimmerman. No confundir con mi... hermano, supongo.

Sonrió. Naturalmente, esperaba que ella estrechase la mano y dijese su nombre.

Zimmerman era atractivo, y tenía cierto magnetismo, pero su presencia seguía siendo demasiado escalofriante como para que eso pudiese brillar. Lo que llamaba la atención de aquel hombre seguía siendo esa sensación de falta de humanidad, como si bajo aquel traje de modelo de lencería vestido de empresario se escondiese el hombre del saco.

No pasó desapercibido para Lafayette el hecho de que Ancel había llamado a Eichmann su "hermano, supongo", tras un leve titubeo. Viktor Eichmann era hijo único, al menos hasta donde ella sabía. Era una idea cogida con muchas pinzas, pero era posible que, considerando lo "demoníaco" que Ancel se consideraba, fuese algún tipo de experimento genético, especialmente considerando que su físico era el del ario ideal.

Era ilegal utilizar edición genética con fines genéticos, o clonar humanos, pero las tecnologías como CRISPR ya no se usaban solo para tratar enfermedades monogénicas, sino también para tratamientos poligénicos, y era posible crecer órganos para autotransplantes a partir del ADN del paciente -si este podía pagar seis cifras por dicho servicio, claro-.

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Bevidiere Lafayette Cargando pj
29461/15055827
15/08/2017, 01:31
Bevidiere Lafayette
Sólo para el director

Aquel si era su rostro. Su verdadero rostro, pensó, al verlo ahora sentado en el coche, con aquel perfil de perfecto ario, estirando la mano con cautela, para estrechársela, preparándose para defenderse en caso de que intentase... Drenarla. Le gustaba, al fin y al cabo. Podía intentarlo. 

- Puedes llamarle Lafayette.-dijo, con cierta suspicacia- Curioso que las presentaciones lleguen después de las declaraciones de intenciones y de las amenazas.- suspiró, entrecerrando ligeramente los ojos al escucharlo hablar- ¿Tu hermano?- preguntó, observándolo más de cerca, con mayor atención- La verdad es que puedo encontrar la similitud, pero hasta donde yo sé, Eichmann no tiene hermanos. ¿Eres entonces un bastardo? ¿O un producto de sus migajas genéticas? ¿Por eso te llamas a ti mismo no humano? - preguntó, sin mostrarse contenida. Al fin y al cabo, él había hecho exactamente lo mismo. Y si quisiera matarla, al menos en ese momento, no habría dado opción a que saliese de la morgue. O al menos eso pensaba.