Josué 6:20
Entonces el pueblo gritó y {los sacerdotes} tocaron las trompetas; y sucedió que cuando el pueblo oyó el sonido de la trompeta, el pueblo gritó a gran voz y la muralla se vino abajo, y el pueblo subió a la ciudad, cada hombre derecho hacia adelante, y tomaron la ciudad.
Source: https://bible.knowing-jesus.com/Espa%C3%B1al/topic...
La cena no se alargó demasiado, cuando no quedaron ni las sobras, y las conversaciones se fueron apagando, todos se fueron retirando a sus aposentos, y los de Sanguinalia, guiados a un barracón donde podrían descansar con intimidad. Unos sirvientes habían prendido varias antorchas e introducido madera en la chimenea, no habían tenido demasiado tiempo, por lo que la estancia aún estaba fría, y pasarían horas hasta que cogiera temperatura.
Tras indicarles donde habían dejado más leña cortada y preparada para alimentar el fuego. Las instrucciones habían sido claras, partiría al anochecer del día siguiente, por lo que tenían algo de tiempo para compartir sus inquietudes, descansar y prepararse para el viaje que les tocaría realizar.
La puerta de madera se cerró con pesadez y el eco agitó las lamas de las antorchas; estaban solos.
Motivo: clima
Tirada: 1d20
Resultado: 20 [20]
Había pensado avanzar, pero quizás os gustaría tener algunas palabras entre vosotros.
Si alguien en el clibanarii no estaba inquieto por lo que habían descubierto aquel día, ese era Melquíades. Eso, por supuesto, no significaba que su ánimo fuera plácido. La muerte de Arnaldo pesaba en el tirador como en cualquiera de ellos, más lejos de afectar a su tenacidad, la reforzaba: ardía en ganas de montarse en Pío para dar caza a los Guardianes del Paso y a los habitantes de Santa Isabela que se habían alzado en armas contra la orden.
Si algo había descubierto ese día Teodoro, eso era lo amarga que podía saber una victoria. Aquella expedición era la primera en la que tomaba el mando, y también la primera en la que el enemigo se cobraba la vida de uno de los hombres. Arnaldo había vendido su pellejo bien caro y no le olvidaría nunca. Por eso pidió al pater que dirigiera una oración ahora que estaban solos, una más íntima y más sincera que la que habían compartido con los de Anyera… o así lo sentía él. La suspicacia se había instalado en su corazón hasta el punto de que albergaba serias dudas acerca de la pureza y la rectitud de los hombres que dirigía Doña Dávila y, como no quería que sus hombres cuchichearan entre ellos, resolvió ser franco y discutir el asunto con todos, abiertamente. Tenía que ser tajante, pues no quería arriesgarse a que sus desavenencias alejaran a los caballeros de Anyera aun más de la norma de la orden.
Empezó con un largo suspiro, y siguió con unas pocas palabras pronunciadas con firmeza, pero sin alzar la voz.
—Todos habéis sido testigos de cuan lejos la necesidad ha llevado a los guardianes de este fuerte. En los próximos días tendremos que luchar hombro con hombro con ellos… y así lo haremos. Arnaldo ha dado su vida salvando estos muros, y personalmente me niego a dejar que su sacrificio haya sido en vano. Sabed que no es el deber de la mayoría de nosotros juzgar a estos hombres y mujeres —y terminó el discurso mirando a Castelferro, que era quien arrastraba aquella losa.
En cuanto el sirviente cerró la puerta y los dejó solos en la estancia, Cristoval se apostó al lado de esta, cediendo a los demás un hueco cerca de la única fuente de calor, por exigua que fuese por el momento.
Tras la oración de Escribar por Arnaldo, y las palabras de Teodoro sobre lo que les esperaba más adelante, entendió que era su turno, cedido silenciosamente por el caballero al mando — Es de esperar que, con la victoria que ayudemos a obtener en Birhuega y las que la sucedan, la situación de Anyera mejorará y nuestros hermanos abandonaran las terribles prácticas a los que los ha arrojado la necesidad — empezó — No me cabe duda de que, a pesar de las diferencias en la doctrina que han decidido seguir, ninguno de ellos ha abrazado el pecado por propia voluntad, sino por obligación para poder servir mejor a Dios. Este nos ha favorecido durante la Gran Oscuridad, pero el destino de Sanguinalia podría haber sido más aciago si cabe que el de Anyera. Haremos bien en recordarlo.
Calló durante un momento, desviando entonces la mirada hacia Tomás. No le habían pasado desapercibidas las miradas de algunos, y no le extrañaba, pues realmente no había hecho por ocultar lo que le rumiaba en la mente. Ahora en confidencia, era el momento de contarlo — Hay otro asunto que debo tratar con vosotros antes de partir. En el bibliotecam del fuerte, encontré información sobre el fuego azul con el que los Guardianes atacaron los muros de Anyera. Había referencias a los tiempos de la fundación de nuestra Orden, cuando un culto herético de brujos conocido como el Cirio Sangrante sembró el terror las tierras de Anyera, Sanguinalia y Fuerte Nuevo, antes de que fueran exterminados. Ese fuego derretía piedra y metal con igual facilidad, y aunque no hacía daño a la carne, cualquiera revestido en metal se cocía dentro del mismo.
>> Huelga mentar la peligrosa semejanza con lo que parecen seguir ahora los Guardianes. Si de alguna forma, ese culto ha logrado resurgir tras mil años... — dejó la frase a medias, que cada quién hiciera las elucubraciones que quisiera con ella, las hipótesis de poco valdrían hasta que no tuvieran más información — Tengo intención de revelar este descubrimiento a Doña Dávila, pues si el enemigo se vale de tales armas, debe conocerse para poder combatirlo con eficacia. Pero primero, quería poneros sobre aviso.
Ordoño escuchó a Teodoro y a Castelferro. 'Qué bien hablan, joder', pensaba al oírles.
—Apestosos herejes...—empezó con desprecio, en referencia al culto del Cirio Sangrante—si los guardianes usan esos métodos viles, mayor motivo para acabar con ellos. Estaría bien saber si existe alguna protección para el fuego del que hablas. Castelferro, ¿has encontrado cómo fueron exterminados esos cultistas?
-No hay vez que el pecado sea la opción adecuada, buen Cristoval-replicó Escribar al escuchar a Castelferro, con una sonrisa en su rostro y un tono cantarín y alegre en su voz-los efectos que dicho pecado han de tener sobre nuestros hermanos solo competen a Dios y sus ministros. Han de hacer propósito de enmienda y, dado que la debilidad de su carne es lo que les ha traicionado, con su carne han de pagar la deuda que han contraído con el Altísimo-afirmó con una contundente simpleza y seguridad.
-En cuanto a ese falso cirio... No es sino otra prueba más de que la oscuridad e iniquidad del corazón de los habitantes de este planeta son la causa última y única de la sombra que se cernió sobre nosotros. Apostasía, idolatría y, desde luego, herejía. Grandes son los sufrimientos a los que debemos someter a este mundo para asegurarnos de que sus almas no se extravíen en la oscuridad de más allá-proclamó, con emoción apenas contenida en la voz-tal es nuestra sagrada tarea. Esas pobres ovejas se han descarriado, y hemos de arrastrarles de vuelta a la luz, incluso aunque tengamos que arrastrarles de los pelos e introducirles las caras en las hogueras para que vean de cerca la iluminación.
-Los textos no mencionaban si los brujos del Cirio Sangriento fueron exterminados. Por lo que sabemos, y vistas las pruebas, sus conocimientos podrían haber pasado a los Guardianes del Paso. Incluso algún antiguo miembro o descendiente del mismo podría encontrarse entre sus dirigentes- contribuyó Tomás, mientras un escalofrío le recorría la espalda -y no conozco ningún material inflamable que afecte a metal y piedra pero deje indemne la carne. Sea lo que sea, no es algo natural.
Lástima que no hubiese supervivientes entre los asediantes, podríamos interrogarlos al respecto. Quizás podamos investigar más en el librarium, si disponemos de tiempo antes de ponernos en marcha hacia Birhuega.
La conversación finalizó, y el sueño los abrazó a todos con total displicencia, pues, los sueños que los acosaron, los dejaron turbados, preocupados e incluso coléricos. Viejas heridas de la orden parecían haberse abierto de nuevo, mostrando el pus de una lucha emponzoñada que no conocía el fin. La eterna cruzada había empezado milenios atrás de su nacimiento, y por seguro que continuaría durante cientos de años más, cuando sus huesos no fueran más que polvo. Jamás habría descanso.
Las campanas tañeron con solemnidad a la mañana siguiente, despertando a los de Sanguinalia con el ánimo bajo y el cuerpo algo fatigado. En la capilla los esperaron todos los de Anyera, solicitando al Pater Escribar que oficiara la misa matutina. Fue en ese momento, con el "sol" despuntando por entre las montañas, calentando la capilla a través de sus ventanales estratégicamente colocados para aprovechar esos primeros rayos de luz, en el que sintieron algo de regocijo en sus corazones, que el desánimo de la noche se fue sustituyendo por una sensación de plenitud ante los salmos recitados por Escribar.
Les siguió un frugal desayuno, que consistió en agua y galletas rancias. Se palpaba una mezcla de tensión y expectación desbordantes en la fortaleza, y no era para menos, se había dispuesto su primera salida en años. Los sirvientes habían preparado todo, los asturcones esperaban en el patio que daba a la salida del fuerte, pertrechos, las escasas viandas que pudieron preparar para los de Anyera y forraje para las bestias. Los asturcones de Anyera estaban también en mal estado comparados con los de Sanguinalia, pero su porte digno y resiliente, conocido por todos, no dejaba duda de que darían la cara.
El resto del día se invirtió en rezar, entrenar, y preparar el equipo. Dávila había ordenado que se quedaran en el fuerte, vigilándolo, seis caballeros junto a Arjona, el resto, partirían.
Treinta y nueve caballeros, contando a los de Sanguinalia, partieron bajo el abrigo de la noche del fuerte. Arjona no había dicho nada, pero le afecto sobremanera tener que quedarse, sin embargo, como un buen Caballero de la Ceniza, cumpliría su cometido hasta las últimas consecuencias.
El camino iba a ser tortuoso a falta de una palabra mejor, con la intención de no ser vistos, atravesaron las escarpadas montañas, rodeando la fortaleza y evitando los caminos. Descendieron por caminos de cabras hasta que llegaron al llano. Una vez en él, Cristoval aprovechó el descanso nocturno para contar a Dávila lo que llegó a averiguar junto con Tomás; la reacción de la Maestre no fue muy buena, aquella información la dejó bastante preocupada y consternada, sobre todo porque Arjona era quien podría dar más información y lo había dejado atrás. Agradeció lo contado y se mantuvo alerta, era lo único que podía hacer a falta de su máximo consejero. En media jornada arribaron hasta la linde del bosque y, nuevamente, evitaron los caminos, atravesando la arboleda hasta que Birhuega se vislumbró en el horizonte. Un tiempo estable los acompañó todo el trayecto, facilitando el avance.
Rodearon la villa sin abandonar el abrigo de la floresta hasta que pudieron acampar relativamente cerca. No se habían cruzado con patrulla alguna ni visto mucha actividad por las afueras de Birhuega. Los de Anyera estaban ansiosos por lanzarse a la lucha, a pesar de no haber visto Guardian del Paso alguno por las inmediaciones.

La noche, nuevamente, los cobijaba, y el frío los atenazaba, estaba prohibido encender cualquier hoguera para calentarse, por lo que se arrebujaban unos con otros, junto a los asturcones buscando el calor entre hermanos y bestias.
Reconozco - empezó Dávila, que se había mostrado taciturna desde que vieron las siluetas de las casas de Birhuega en la distancia - que no estoy en mis cabales, Caballeros - mencionaba sobre todo a Cristoval, Ordoño y Teodoro, pero como cabría de esperar, era extensible al resto de Sanguinalia - ¿cuál sería vuestro curso de acción? Porque por lo que a mí respecta, lanzaba una carga directa y erradicaba toda vida que se interpusiera en mi camino - sonrió mostrando los dientes, y ese comentario fue celebrado por los suyos, pues, era compartido entre todos, ese deseo de venganza que les estaba costando mucho dominar - ¿Su explorador podría reconocer el terreno desde aquí? No quiero que se exponga a ser visto
3 - Fuerte Anyera - Birhuega
| Climatología | Despejado |
| Duración total del viaje | 7.5 días |
| Jornadas completadas | 20.5 días |
| Viandas consumidas por viaje | 7.5 días |
| Viandas consumidas totales | 20.5 días |
| Viandas restantes | 9.5 días |
Teodoro cabalgaba como todos, con la anticipación de la batalla que estaba por venir royéndole las tripas. Se había esforzado en dejar en el barracón las reservas que la noche anterior habían estado a punto de quitarle el sueño, y la visión de la aldea de Birhuega en el horizonte terminó por desalojarlas de su corazón. Rodeándola como lobos al acecho, decidieron aguardar en la distancia mientras se decidía el proceder.
—Sí, Melquíades y Abelino pueden acercarse a pie y regresar con la mención de cuanto sean capaces de ver, pero la noche es muy negra y no sé si alcanzarán a ver nada. Sea como sea, miseñora Dávila, el ataque ha de ajustarse a las normas de nuestra orden. A saber, castigando al impío con la determinación que merecen, más sin caer en indignidades —por algún motivo, miró a Melquíades al decir esto último—. Melquíades, ya has oído. Marcha sin tus asturcones. Si el enemigo arremete contra tí, aguanta tu posición sabiendo que nosotros arremeteremos contra él.
Y con un gesto de la mano, indicó a Ordoño* que guiara las riendas de los asturcones del caballero y su adiutor hasta que volvieran a reunirse con ellos.
Motivo: Inspiración
Tirada: 1d100
Dificultad: 63-
Resultado: 65 (Fracaso) [65]
Tiro inspiración y ffffffuuuu, no la paso por los pelos.
*¿Ordoño era el encargado de los caballos? Me quiere sonar algo así, si hay otro con esa profesión se lo encargo a él
Melquíades asintió a Teodoro y se apeó de Pío, su asturcón. Tomó de la funda de la silla sus armas, se las echó al hombro y empezó a caminar en la dirección que llevaba al pueblo. Enseguida desapareció, al abrigo de la espesura.
Motivo: Sigilo +30
Tirada: 1d100
Dificultad: 70-
Resultado: 45 (Exito) [45]
Motivo: Perspicacia -30
Tirada: 1d100
Dificultad: 10-
Resultado: 61 (Fracaso) [61]
Motivo: Perspicacia -30 (PD)
Tirada: 1d100
Dificultad: 10-
Resultado: 11 (Fracaso) [11]
Gasto 1 PD en repetir la tirada de Perspicacia y me quedo a nada :(
PD: 3/4
Aunque fue plenamente consciente de que avanzaron bien, en sigilo y al abrigo de los árboles, cuando llegaron al linde del bosque, no pudo ver mucho. Algunas casas tenían luz, pero poco más. Un giro de viento había levantado la fina nieve de la superficie y provocado una perdida de visibilidad justo cuando llegó a creer que había podido ver algo.
Si decides avanzar.
+20 sigilo
-20 pers
Abelino dio una palmada en la espalda a Melquíades para que retrocedieran, y este se la devolvió en la forma de una mirada rebosante de reprobación. ¿Quién era el caballero, y quién el adiutor? Espoleado tanto por su propia temeridad como por el desdén que le provocaba el muchacho, el freire avanzó, silencioso como siempre.
Motivo: Sigilo +20
Tirada: 1d100
Dificultad: 60-
Resultado: 25 (Exito) [25]
Motivo: Perspicacia -20
Tirada: 1d100
Dificultad: 21-
Resultado: 9 (Exito) [9]
Sigo avanzando y paso las dos tiradas, oh yeah
Ordoño estuvo voluntarioso durante el viaje. Sin duda, la muerte de Arnaldo le había afectado más de lo que esperaba y prefería ocupar sus manos y su mente en algo más que escudriñar en busca de un ataque. Que lo hagan los jóvenes, que ven mejor, pensó. De esta forma, el tiempo que duró el trayecto se hizo cargo de las tareas del joven, compaginando las labores de armero y caballerizo*. Para su desgracia, el cariño que le tenía a los animales no era suficiente para tratarlos y se tuvo que afanar tanto sacar las labores adelante que cada noche requería de los ungüentos de Remedios para descansar decentemente.
Llegados a Birhuega, a Ordoño le extrañó la quietud pero, dada la larga noche de la que salían todos, pareciera que todos hubieran cambiado y lo que antes era normal ahora era extraño y viceversa. Así que lo tomó con prudencia simplemente.
Doña Ávila, algo estúpidamente para Ordoño, dijo de cargar. Así no se sobrevive, jovencita, estuvo a punto de decir, pero se contuvo. Por suerte, Teodoro demostró más temple y cordura y envió a Melquíades a explorar. Ordoño se acercó para coger los asturcones del ronzal.
—Eh, mozos, vas solo. Ten cuidado que te quiero de vuelta, ¿vale?—dijo a Melquíades poniéndole un brazo en el hombro— Así que nada de heroicidades o te arreo un sopapo que te volteo la almendra. Ya habrá tiempo de luchar. Suerte y ve con Dios.
Y Ordoño se volvió con los demás mientras ataba a los caballos en el borrén de la montura. Al girarse, ya no vio a Melquíades y rezó una plegaria por él.
*Ordoño es el armero y el caballerizo era Arnaldo pero, como ha muerto, Ordoño se hará cargo de los animales, si nadie está en desacuerdo. Al viejo le gustan los animales más que las personas xD
Un poco más cerca, aprovechando una granja abandonada y destartalada, que solo mantenía en pie tres paredes y medio techo, el freire se movió entre las sombras, apoyado por la oscuridad de la noche y se apostó por entre los retos de una ventana ampliada por el abandono.
Desde esa nueva posición, y con la calma que llegó, Melquíades fue capaz de ver que en esa villa había bastante vida. A pesar de ser de noche, se veían bastantes civiles yendo de un lado para otro por la avenida principal y el centro del pueblo. No tenían mal aspecto, al menos en la distancia. Varios canes olisquearon el aire en su dirección, pero el viento, para fortuna del freire, soplaba en dirección opuesta, por lo que el olor no les llegó. Las bestias siguieron su camino, buscando comida y algo que pudo constatar, no había señal alguna de Guardianes del Paso, ¿es posible que estuviera desguarnecido?
Tirada oculta
Motivo: pers
Tirada: 1d100
Dificultad: 20-
Resultado: 34 (Fracaso) [34]
Remedios aun andaba preocupada por el hecho de que viejas herejias fueran desenterradas, azotando de nuevo la tierra; habría que purgarlos a todos, reinstaurar la fe requeria siempre sacrificios…
Al no poder hacer fuegos para no delatar su posición, habían tenido que darse calor los unos a los otros, era la clase de cosas que unía a la gente, aunque no se sentía del todo a gusto con los de Anyera. No pudo evitar quedarse mirando a los dientes de Dávila cuando esta los mostro, algo la decía en su mente que habían probado carne humana, y solo hacía que Remedios estuviera más pensativa y silenciosa de lo habitual, aunque cumplió con las tareas de mantener al menos a Ordoño en forma con los ungüentos y preocuparse de la salud de todos los demás, o al menos, de todos los de Sanguinalia. Suponía que los de Dávila llevarían algún encargado de la salud de los demás.
Le hizo un gesto a Melquiades cuando este partió, sus labios se movieron susurrando un “buena suerte”.
El desconcierto arrugó la frente de Melquíades al ver que no había rastro alguno de los Guardianes del Paso. A su lado, Abelino volvió a tirar de su hombro hacia atrás, y esta vez el freire se dejó hacer. No podía penetrar más allá sin atraer sobre sí mismo la atención de los villanos, y si el enemigo se escondía entre esas gentes, entonces haría bien en no alertarles sobre su presencia. Los dos retrocedieron, siguiendo el rastro que ellos mismos habían creado, y cuidándose de borrar sus huellas.
¿Vuelvo ya? ¿O me devuelves tú al inicio del siguiente turno?
DM: Vuelve ya, por agilizar
Pasado un tiempo, Melquíades y Abelino regresaron por el mismo punto por el que había desaparecido. El freire de armas hizo una serie de gestos al muchacho, que no les hizo mucho caso, pues sus ojos habían visto lo mismo que los del taciturno caballero.
—No hay rastro de tropa alguna, sus señorías —el tono con el que Abelino se refería a los caballeros denotaba más que deferencia un cierto desdén, pero no tanto como para ganarse una reprimenda—. El pueblo bulle con esos estúpidos villanos, y no hay ningún Guardián del Paso a la vista. Me sorprendería que no fueran todos ciegos y sordos, pues nos hemos arrimado hasta una granja abandonada y ni siquiera allí nos han visto. Lo más peligroso que podemos encontrar ahí abajo son un puñado de perros.
Y con eso y una sonrisa un tanto desagradable, zanjó su intervención. Melquíades, por su parte, se mantuvo en su sitio, sin contradecir con ningún gesto las palabras de su intérprete.
Escribar había tarareado himnos sagrados durante todo el viaje hasta el lugar, más para sí mismo que para nadie más, mientras recorría el paisaje con la mirada. Contrariamente a lo que cabría esperar, incluso a pesar de los perturbadores sueños, el capellán no parecía especialmente preocupado. Desde que la Oscuridad llegó había estado convencido de que eran los pecados de Santa Isabela los que la habían convocado. Aquella herejía renacida no era más que la confirmación de todo ello. Todos los habitantes de aquel planeta eran pecadores, ya fuera por acción o por omisión, y sería necesario purgar duramente la corrupción para devolver a todos a Su Luz.
¿Estarían dispuestos sus hermanos a hacer lo que debía hacerse? No estaba seguro. Como ya había dicho, la carne era débil, y la empatía por otros seres humanos o el aprecio a sus compañeros podría desviarles del camino que debía seguirse. Por su parte, él había guardado silencio ante las palabras de Doña Dávila, pues las tácticas no le correspondían a él. Cuando el dúo de exploradores volvió, fulminó con la mirada a Abelino ante aquella falta de decoro. Si no fuera necesario para ser la lengua de Melquiades, él mismo ya le habría arrancado la misma hace tiempo. En cualquier caso, las noticias eran buenas.
-Si realmente no hay guardianes, como todo parece indicar, son grandes noticias. Podremos proceder al Auto de Fe que Birhuega necesita, sin interrupciones externas o prisa alguna-dijo con alegría.
Como esperaba, el descubrimiento no sentó bien a Doña Dávila, y dejó en sus manos la decisión de su revelarlo entre sus hombres o no, puesto que él ya había cumplido con su deber para con los suyos, a su criterio. Por lo demás, el viaje fue tranquilo y sin más contratiempos que el frío y los accidentes del terreno, que no les impidieron alcanzar la aldea de Birhuega en lo previsto. No había ni rastro del enemigo, por extraño que aquello fuera, ya que en teoría el asentamiento había caido en manos de los Guardianes, y era lo suficientemente importante como para que interesara su defensa.
Soportando el frio nocturno, Cristoval esperó junto a los demás a que Melquíades y Abelino regresaran de su cometido, pudiendo decidir qué hacer una vez tuvieran más claro que les esperaba en la aldea. Sabiendo que, en apariencia no había enemigo alguno, propuso otro curso de acción menos hostil, en pos de evitar matanzas innecesarias que resarcieran el honor de los de Anyera. Ya tendrían tiempo de derramar la sangre adecuada — Siendo así la cosa, yo esperaría a que despuntara la primera luz del alba. Un tercio de los caballeros avanzarían hasta el linde de la aldea, demostrando a los aldeanos que los Caballeros de la Ceniza han vuelto y exigen sumisión, y a ver qué recibimiento les dan. Los otros dos tercios esperarían ocultos en reserva, por si hubiera problemas. De ese modo, podremos comprobar la verdadera lealtad de Birhuega sin arriesgar demasiado por un ataque antes de hora... y podremos luego separar mejor el grano de la paja — fue cuanto dijo respecto a la efusividad de la propuesta del Pater. Aquella era sin duda una labor necesaria, pues una manzana podrida acababa corrompiendo al resto, pero no era ninguna de la que se debiera disfrutar, como bien parecía hacerlo Escribar.