Partida Rol por web

Rodarán Cabezas (HLdCn)

*Instinto letal*

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01/10/2014, 22:37
Lailah Boone

Habia pasado tanto tiempo sin verle que ya habia olvidado lo que me hacia sentir cuando estaba viva. Estaba en un lugar donde reinaba la paz. La calma era total. Habian otros como yo, luces tal vez humanos, no se lo que eramos... era capaz de verlo todo desde cualquier angulo, estar en cualquier parte al mismo tiempo. Imposible que siguiera siendo humana. Mi cuerpo ya no era mi cuerpo, era luz, una masa incorporea de algo que no alcanzaba a entender.

En aquel lugar no habian disputas. Todos estabamos alli, felices?. No se si esa era la palabra. Yo no me sentia feliz, no recordaba las increibles emociones que sentí con mi marido cuando estaba viva. Por que me pasaba aquello?. Por que no podia? que cruel destino el mio. Lo habia querido con toda mi alma, habia tenido un hijo con él y era como si nada de eso hubiese existido. Mi niño estaba en otro lado, confiaba en que estuviera bien, confiaba o simplemente era que no me importaba. Cuando mueres parece que toda tu vida se difumina, te cuesta recordar, te cuesta sentir... Me sentia confusa y terriblemente desorientada. Cuando los volveria a ver? Los veria? permaneceria alli, atrapada eternamente?.

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02/10/2014, 00:42
Muerto Seraphim Julien Boone

Abrió los ojos, desorientado. Acababa de recibir un disparo, perdiendo la vida por segunda vez, en esta ocasión por causa de la manipulación descarada de los culpables del desastre que enfrentaba su pequeño y antes querido pueblo. Miró confundido alrededor, pero su mente no logró procesar lo que veía al toparse con la imagen más hermosa que hubiese visto en su vida. Allí, frente a él y dotada de alas blancas, estaba su hermosa esposa, con un porte digno de una divinidad. Como había imaginado que sería, se la habían llevado porque necesitaban un ángel en el cielo, y ella era un ser tan puro y bueno como lleno de amor. 

A pesar de estar muerto, sintió su corazón detenerse y su respiración cortarse. Sus ojos brillaron, inmersos en una alegría que casi le resultaba desconocida, y se apresuró a abrazarla. La tomó entre sus brazos y la giró, elevándola del suelo, cuidando no dañar sus preciosas y delicadas alas, con una enorme sonrisa en el rostro, riendo en voz alta por pura felicidad.

¡Lailah! ¡Amor mío!

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02/10/2014, 16:00
Lailah Boone

De repente lo sentí. No alcancé a verlo pero si pude percibir como se acercaba hasta mi. ¡Lailah amor mio!. Escuché encantada su voz. Las cálidas manos de Seraphim no tardaron en rodearme. Para cuando me quise dar cuenta ya estaba volando en una nube* sostenida por sus fuertes brazos. Miraba sus preciosos ojos verdes incrédula. ¿Era posible?. ¿Me había vuelto humana?.

Muchas preguntas no tenían respuesta. En aquel sitio no había nadie dispuesto a sacarnos de dudas. Estábamos abandonados. Tan solo me limitaba a permanecer en aquel lugar, confundida por no saber que esperar. A veces no me preocupaba por nada, otras añoraba mi anterior vida mortal. Vivir hasta morir siendo una anciana, quizás era demasiado, disfrutar con Seraphim y que menos que ver a mi hijo* crecer. Con eso me hubiese bastado. Poco a poco me iba desligando de los recuerdos. Tal vez era lo mejor. Estaba muerta que importaba ya lo que quisiera...

¿Seraphim, eres tu?. Reaccioné preguntándole un poco confusa. Claro que era él. El contacto de sus manos me hizo recordar las caricias por las que tanto lo amé. Despertó un sentimiento maravilloso que creia tener olvidado. Fui feliz durante unos breves segundos hasta que la alegría dio paso a la angustia cuando por fin comprendí que mi marido había muerto. ¡No! ¡No!. Negué con la cabeza mientras lo acariciaba suavemente por la nuca. ¡No deberías estar aquí!. Por primera vez sentí una inmensa tristeza desde que había llegado al limbo, ubicado en algún punto entre la tierra y el cielo. Empecé a llorar, consciente de que mi marido no estaba vivo y temiendo que tuviera que marcharse otra vez de mi lado. No queria quedarme sola. Lo abracé lo mas fuerte que pude cuando me dejó de vuelta en el suelo. A mi no me correspondía alcanzar la felicidad. Toda mi vida había quedado destruida. ¿Que sentido había tenido vivir, para que luchamos por nuestra familia si al final todos habíamos acabado muertos?.

Notas de juego

*Cursi a full xD me parto

*No me acuerdo del nombre del niño :/

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03/10/2014, 02:13
Muerto Seraphim Julien Boone

En ese preciso momento sintió que ambas muertes habían válido la pena. Ya había perdido la esperanza de volver a encontrarse con su ángel mucho antes de saber por cierto que era uno, y ahora sentía su cálido cuerpo y su diminuta cintura tan cerca de él que parecía ser un sueño cruel como los que tuvo durante tantos años. Atesoró su olor y su voz al escucharla, y sintió un horrible pesar al darse cuenta de que ya no los recordaba. 

Claro que soy yo, cariño mio. - contestó sin bajarla aún, pero dejando de girarla. La miró a los ojos, memorizando la imagen de la beldad frente a él, sonriendo aún.

Supo exactamente que pasaba cuando la escuchó gritar, y aunque su sonrisa desapareció su rostro parecía dulce y calmado. Muy confusa podía estar Lailah, pero siempre había sido una mujer inteligente e increíblemente desinteresada. No estaba gritando así por ella. Lo hacía por él. Y probablemente, incluso cuando supiera lo feliz que era ahora su lado, no disminuiría su aflicción. De seguro renunciaría a él y a su recuerdo sin pensarlo si eso le asegurara a su esposo una vida larga y feliz, una vida próspera, pero poco sabía que eso era imposible sin ella junto a él.

Sintió las caricias en su nuca, recordando las tardes frente al atardecer donde ella jugaba con su cabello echados en el pasto, o los grandiosos días de campo en que él llenaba su piel de besos, para luego salir a cabalgar juntos en dirección al lago. Distraído de la situación actual, sonrió al recordar el miedo que sentía la chica cuando él la invitó a subir a su caballo por primera vez, aterrorizada por la bestia y su nula experiencia sobre ellas, y como luego, sujetada a su torso fuertemente, había pasado de los gritos de terror por el caballo a galope a risas y felicidad. Jamás había dejado de sacarle en cara lo desconsiderado que había sido con ella, pero había valido la pena. Le había quitado un miedo y la había hecho reír como nunca antes.

La profunda tristeza de los llantos de su amada lo trajeron de vuelta a ella, y lentamente la bajo al suelo. Recibió su abrazo y se lo devolvió con suavidad, intentando consolarla besando sus mejillas y acariciando su oscuro cabello.

Está bien, mi vida. No sufrí en vida ni muerte, ni lamento estar aquí. Eres todo lo que quiero.

No era cierto, por supuesto. Desde que la había perdido su vida no había sido más que una fiesta de autocompasión, que había empezado de manera muy solitaria. No había pasado un día sin pensar en ella, y el criar a su hijo se le habría hecho imposible de no ser por los sirvientes que lo habían ayudado en el camino. Una vez que Galahad lo había dejado, la fiesta había empezado a ser celebrada con putas, drogas y barriles de alcohol. Y ninguna de sus muertes había sido agradable, aunque ambas fueron rápidas, agregándole el perfecto final dramático a sus atípicas y lastimeras memorias. Y, aunque le dolía admitirlo, Lailah ya no era todo lo que quería. Galahad tampoco. Había alguien, viva no por mucho tiempo más, que era la única razón para lamentar estar aquí, mintiéndole a su difunta esposa.

Notas de juego

Lo ultra busqué, y no encontré por ninguna parte el nombre del hijo, así que lo nombro Galahad, por su significado.

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11/10/2014, 20:42
Lailah Boone

No lo entiendo mi amor. ¿Qué ha pasado?. Cuéntame…  Preguntó todavía llorosa. Lailah se moría por saber el motivo por el cual había llegado hasta allí. ¿Se habría echado a perder bebiendo alcohol después de su muerte?. ¿Quizás fue una terrible enfermedad lo que se lo llevó?. La misma enfermedad que la alejó a ella de todo lo quería en la vida. Porque no, no podía ser lo otro. Seraphim no se había quitado la vida.

Acarició su rostro con ternura, recreándose en cada caricia. Después llego un pequeño beso suave en los labios. Esperó impaciente la respuesta de su todavía esposo. Lailah no sospechaba que dentro de su corazón, antes completamente suyo, ahora habia espacio para otra. En su interior se agolpaban unos fuertes sentimientos por otra mujer que no era ella. Su corazón ya no latía con la misma fuerza que antes cuando la tenía cerca, piel con piel, carne con carne. Una dulce jovencita tenía la culpa. Primero fue la muerte la que se lo arrebató todo, después iba a ser ella.

Y ahora que el estaba ahí después de tanto tiempo… ¿Volveria la felicidad a darle la espalda?. ¿Que sucederia?. Era imposible echar el tiempo atrás y reconstruir el pasado. Los cuentos de hadas no existían en realidad. Su hijo Galahad no estaba junto a ellos. ¿Quién cuidaría de él?. Lailah se lamentaba por no poder acordarse ni siquiera de su rostro.

La bruja blanca, conmovida por la desgracia de esa madre, decidió intervinir para que no se sintiera mas desdichada. Su dulce y aterciopelada voz resonó en su cabeza dándole un claro mensaje: Mira en tu bolsillo Lailah. No entendía de donde provenía aquel sonido angelical pero sin duda no podía ser malo. Hizo lo que le ordeno la voz. Metió la mano en su bolsillo y sacó un colgante de plata. Al verlo Seraphim lo reconoció inmediatamente. Detrás figuraba una pequeña inscripción, Galahad Boone 3-5-1783. Dentro habia una fotografía del niño. Dios mio. Se llevo la mano a la boca y rompió a llorar tras contemplar el rostro de su hijo. Mi pequeño... hemos de encontrarlo Seraphim, por favor. Y se abrazó a él nuevamente, dejando caer todo el peso de su angustia sobre su cuerpo. No podia controlar sus emociones, las fuerzas le estaban fallando. Por suerte él estaba allí para protegerla, al menos hasta que decidiera irse...

Notas de juego

Pobre Lailah :___(

Siento la tardanza pero entre unas cosas y otras... además no siempre me inspiro :p

Tomátelo con tranquilidad no hay prisa^^

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12/10/2014, 00:17
Muerto Seraphim Julien Boone

Disfrutó de las caricias y ese dulce beso que aún le costaba creer fuese real mientras se tomaba unos minutos para pensar que responderle. Se preguntaba que respuesta sería la que le traería más consuelo, pero más importante, la menos alejada de la verdad que no le causara tanto dolor. 

Mi tiempo en ese mundo se acabó y por fin puedo volver a ti. Eso es todo lo que necesitas saber sobre mi muerte, y lo único que te diré al respecto. - dijo en el tono más suave que podía permitirse sin perder firmeza en sus palabras.

¿Que bien le haría saber sobre el infortunio que aquejaba aquella tierra que alguna vez había albergado recuerdos tan felices? Si le dijera lo que realmente había ocurrido su preciado ángel se desharía en llanto y rabia, y no quería que sufriera o se preocupara por eventos que ya no tenían vuelta atrás. Se preguntaba si siquiera recordaría a alguno de los protagonistas de la historia... 

Observó el colgante de plata con una sonrisa. ¿Lo había traído para entregárselo, antes de ver al pequeño? Si había algo que alegraba su corazón era la idea de que su esposa hubiese podido conocer y criar a su hijo después que este hubiese abandonado su lado. El haber muerto como consecuencia del parto la había privado de su maternidad, una experiencia que parecía entusiasmarla enormemente durante su embarazo. Pero cuando la vio llorar desconsolada, todo se volvió confusión una vez más, y notó como sus más grandes temores se materializaban. Galahad no solo no estaba allí en ese momento, sino que jamás había llegado a los brazos de Lailah. Su rostro palideció y un nudo se formó en su garganta. Su primogénito, su heredero, su único hijo, estaba atrapado en algún plano desconocido, perdido y sin el consuelo de sus padres, abandonado desde hacía años sin tener idea de lo que pasaba pero sintiendo la angustia y el dolor que cualquier niño pasaría al creer que sus padres lo han dejado atrás para no volver. 

No respondió esta vez. Por supuesto que haría lo imposible por encontrarlo, pero buscar a alguien por varios planos que desconocía y a los que no sabía como acceder era una tarea era bastante más complejo que buscar a alguien por el mundo entero, y no sabía a quién ni como recurrir por ayuda. La sostuvo firmemente por unos minutos, pero podía sentir su propia fuerza flaquear.  Quería dejarse caer, derrumbarse como sentía que su espíritu había hecho, sin embargo no se podía permitir tal muestra de debilidad cuando alguien a quien amaba tanto dependía de su estoicismo.

Presionó la cabeza de la mujer contra su pecho, consolándola, y así evitando que ella pudiese ver las lágrimas silenciosas que corrían por sus propias mejillas a pesar de que su rostro se mantenía serio e imperturbable. Tomó sus manos entre las de él, tapando el colgante cuya pura visión hacía empeorar su dolor y respiró, intentando recobrar la compostura que se requería de él.