Partida Rol por web

Schadenfreude

Portada

Datos de la partida

Schadenfreude

 

Director: Feynn
Reglamento: Hombre Lobo: el Exilio
Sistema: Rol por web
Jugadores: 5
Nivel requerido: Novato: no hace falta ni conocer el juego
Ritmo de juego: Medio: un mensaje cada 2-3 días
Fecha de comienzo: 01/10/2016
Estado: En pausa

Introducción

Esta historia es cierta.

Todo lo que somos y todo lo que fuimos empieza en Pangea. Ya sabes lo que era Pangea, has oído historias del Jardín del Edén; es lo mejor que han conseguido los humanos a la hora de tratar de recordarlo. La atisbas en tus sueños, y a veces hueles algo, quizá un hálito de una planta saludable, o algo en el olor de tu presa... y casi recuerdas. Los olores son lo más difícil de olvidar. Sin embargo, no puedes recordar del todo ¿verdad? Nadie puede. Solo los primeros de entre nuestra raza caminaron por Pangea.

Y ellos fueron los que tuvieron que destruirla.

¿Recuerdas el olor? El mundo era exuberante y lleno de promesas. Los espíritus podían entrar en el reino de la carne con facilidad, y los humanos y animales andaban por el mundo espiritual de la sombra. Pangea no era la invidisión de continentes de la que los geólogos hablan, sino el mundo en su primera forma. Los humanos y los espíritus compartían un lenguaje común, la Primera Lengua. No sabemos si Pangea era un lugar, un tiempo o ambos. Todo lo que rememoramos es su gloria, y que se perdió.

Cuando Pangea estaba en todo su esplendor, su belleza sedujo al corazón de la propia luna. Madre Selene (Amahn Iduth), creció encantada con el mundo que se alzaba bajo ella. Adoptó la forma de una mujer de carne y descendió a la tierra. Caminó por las junglas y nadó por los mares. Era la más bella criatura del mundo, y contaba multitud de pretendientes. El mayor y más galante era Urfarah... conoces ese nombre ¿verdad? Era Padre Lobo.

Pangea era algo glorioso, pero esto no quiere decir que fuera un mundo de paz y galantería. Era un mundo de cazadores. El león acechaba al cordero; el espíritu tomaba lo que requería del mundo de carne. La muerte era parte de este paraíso de cazadores, y el mayor cazador de todos era Padre Lobo. Se trataba de un guerrero del Reino Sombra y el mundo del aire y la tierra. Vagaba por los confines del mundo físico, manteniendo el equilibrio. Los espíritus se internaban en el mundo de la carne, pero no muy lejos ni por mucho tiempo. Urfarah estaba preparado para perseguir a un espíritu que se había demorado demasiado.

Cuando era necesario, sus colmillos y garras devolvían a los mortales y animales a la relativa seguridad del mundo de carne si se adentraban en demasía en el mundo espiritual. Su corazón ardía con fuerza sobrenatural y convicción, una Rabia que lo hacía imparable, pues él era quien dominaba a la Rabia. Fue el primero de nosotros, el más grande de toda nuestra estirpe.

Padre Lobo amaba a Selene cuando se alzaba entre los cielos, y se llenó de gozo y amor cuando se la encontró en los límites del mundo espiritual y el físico. Era correspondido en sus sentimientos. Por su parte, Selene admiraba a Padre Lobo por ser valiente y sabio, fuerte y apuesto, y también lo amaba. Se conocieron el uno al otro, y ella le dio hijos, parte espíritu, parte carne: los primeros hombres lobo. Aunque su cuerpo era humano, Selene alumbró a los primeros hombres lobo en una camada de nueve cachorros, un símbolo de lo que el futuro traería.

De Selene, nuestros ancestros obtuvieron el poder de cambiar de forma, como ella cambia su propia forma cada mes. De Padre Lobo heredaron fuerza, velocidad y unos sentidos más aguzados que los lobos de carne. De ambos padres recibieron parte de su poder espiritual, puesto que Madre Selene era la Reina del Reino de la Sombra, y Padre Lobo era el Señor de los Confines.

Tras alumbrar a sus vástagos, Selene regresó a los cielos y Padre Lobo crió a la Primera Manada. Enseñó a los primeros Uratha las sendas del hombre y el lobo, de la carne y el espíritu. Les mostró las sendas del Reino Sombra que conducían a través del bosque, montaña o desierto, al mundo de la carne, donde se hallaban los hogares de las tribus humanas.

Padre Lobo crió a la Primera Manada para que le ayudara en sus deberes como guardián de Señor de los Confines. Ellos le ayudaron a mantener el equilibrio en el mundo espiritual y el mundo de carne. Fueron pastores de la humanidad, de los animales y de los espíritus. Se ocupaban de cualquier rebaño, tribu o manada que iba demasiado lejos o que se convertía en demasiado peligrosa, jugando así el papel de depredadores entre depredadores.

Por supuesto, algunos espíritus y tribus de la humanidad no veían esto con buenos ojos. Algunos se resistían, y a través de la fuerza del número, de la magia o de la fuerza, no eran precisamente presa fácil. Padre Lobo y su manada expulsaron a los peores a los más lejanos baldíos de las tierras espirituales, incluyendo a espíritus poderosos, sirvientes menores de estos, y tribus de hombres que adoraban poderes oscuros y cometían crímenes blasfemos. Otros, como el Rey Pestilente y la Bruja de la rueca, se oponían a Padre Lobo en cualquier oportunidad y huían cuando se daban cuenta de que no podían hacer frente a la manada al completo.

Fuimos señores del mundo del alba. Nuestra gran fuerza y nuestra habilidad para adoptar formas diversas nos permitió dominar cualquier hombre o criatura. Pocos depredadores podían desafiarnos. Ninguna presa podía resistírsenos. Incluso los poderosos mamuts y los más fieros depredadores de la era no podían hacer frente a una manada de hombres lobo. Era una mala época para ser humano, pero para nosotros era una edad de gloria, una edad de oro pintada con la sangre brillante de nuestras presas.

Y como toda edad de oro, estaba condenada.


Empezó con Padre Lobo. Antes de nuestro tiempo, antes de que los humanos se alzaran y cuando la mayoría de los espíritus aún eran jóvenes y débiles, Padre Lobo se bastaba para mantener el equilibrio entre ambos mundos. Ningún espíritu conseguía quedarse en el mundo físico por demasiado tiempo o reunir demasiado poder.  Las habilidades de Padre Lobo disminuían un poco cuando engendraba a su progenia, ya fuera con Madre Selene o con cualquier otro espíritu. Seguía siendo rápido y fuerte ¿pero por cuánto tiempo más?

Tuvieron que pasar muchos, muchos años, más de los que podrían ser contados, pero poco a poco Padre Lobo comenzó a perder su fuerza y su velocidad. Sus colmillos se hicieron romos, y su sabiduría se embotó. Cada vez más espíritus escapaban a su vigilancia, y establecían reinos terribles entre los humanos, hinchándose de poder. Cuando reparó en estos remedos de dioses, dioses de gula y sufrimiento, le costó mucho acabar con ellos.

Algunos incluso escaparon, debilitados por la lucha, pero libres igualmente. Con el paso del tiempo, Pangea se convirtió en un paraíso para los espíritus y para los humanos que aceptaban su gobierno, y un purgatorio para el resto.

Nuestros ancestros eran testigos de todo esto, y la duda comenzaba a hacer mella en ellos. ¿Y qué es lo que ocurre cuando una manada comienza a perder efectividad en la caza porque su alfa es demasiado débil, demasiado lento, demasiado ciego para liderar? Que, o muere la manada, o el alfa ha de ser sustituido. En este caro era lo mismo, salvo porque se decidía el destino del mundo. Lo que ocurrió a continuación fue algo horrible, que no debería haber sido necesario... pero que lo fue.


Cada espíritu tiene sus propios tabúes: leyes incuestionables que gobiernan su propia naturaleza. Un espíritu del dolor tiene prohibido sanar a una criatura viviente; un espíritu tiburón no puede descansar. Padre Lobo era uno de los más poderosos espíritus de la Creación, pero incluso él tenía un tabú. Sentía una fuerte conexión con sus deberes, por lo que no podía cerrar los ojos hasta que alguien ocupara su lugar. La fuerza de su tabú era tal, que si alguien capaz de continuar con su tarea se alzara contra él, no podría defenderse.

Por supuesto, los mejor situados para ocupar su lugar eran sus propios hijos.

Las historias que han llegado hasta nuestro tiempo aseguran que Padre Lobo no era reacio a utilizar sus garras y colmillos en sus luchar por el dominio. Aunque el deseo de la manada fuera acabar con él, su propia naturaleza le obligaría a no defenderse. No sería capaz de defenderse ante tal traición, y su gruesa piel y músculos enormes no le servirían más que el viento y la lluvia. Así que la única forma de derrocar a Padre Lobo era matarlo.

Y nosotros lo hicimos.

Con su último aliento, Padre Lobo emitió un aullido que sacudió ambos mundos. Los humanos rompieron a llorar ante un sonido que hacía rebosar de miedo sus corazones. Los espíritus se acurrucaron en sus refugios, muertos de terror ante la idea de que algo había asesinado al gran y misericordioso espíritu-lobo. Dicen que el hombre lobo que lanzó el golpe mortal fue asesinado de inmediato por la fuerza bruta y el peso emocional del aullido. Tras oírlo, Selene lloró de angustia y traición, y maldijo a todos los hijos que había dado a luz. Esta maldición nunca sería levantada.

Se dice que el alma del mismo planeta se conmovió. Según las criaturas mortales del reino físico se sumían en el terror, los dos mundos se separaron. La tierra se agitó y las tormentas barrieron la tierra. El hielo se liberó de su prisión del norte, y las islas se hundieron en el océano. Pangea había desaparecido.

Después de la Caída, el paraíso de los cazadores dejó de existir.


Esta es la razón de que seamos lo que somos. Esta es la razón de que seamos hombres y lobos. Esta es la razón de que seamos hijos del Reino Sombra, pero Exiliados por espíritu. Los espíritus nos han temido y odiado desde entonces.

Temen y odian el hecho de que criaturas parte carne y parte efímera tengan el poder de vigilarlos, y que una vez fuimos capaces de destruir el único espíritu que todos ellos temían. Los humanos se volverían locos si supieran que no somos solo iconos de películas, sino criaturas reales que caminan entre ellos.

Tuvimos que hacer lo que hicimos porque no quedaba más remedio. Mantenemos a raya el mundo espiritual, y los espíritus no nos soportan por ello.

Intentamos evitar que los humanos dañen el mundo espiritual, y los humanos nos despreciarían si lo supieran. Nuestros propios hermanos se han vuelto contra nosotros, puesto que nos odian por que ellos carecieron del coraje y la compasión de hacer lo que nosotros hicimos. Solo Madre Selene y Nuestros tótems lobo están a nuestro lado, pero eso es suficiente. Somos el Pueblo. Somos Uratha. Somos los lobos que cazan en ambos mundos.

Somos los Exiliados, y que el cielo ayude a cualquiera que atraiga nuestra furia.

Sinopsis

Campaña de iniciación de Hombre Lobo: El Exilio

Notas sobre la partida

El ritmo es medio, salvo en peleas y momentos de tensión donde pasará a ser rápido.

Existen pocos filtros morales, por no decir ninguno, en mundo de tinieblas, Hombre Lobo: El Exilio no es una excepción, por lo tanto la partida es 18+.