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Spira

Crónicas

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06/03/2017, 14:28
- Narradora -

Capítulo I

Isla Besaid

No eran pocas las personas que acudían a la Isla Besaid por diversos motivos. Algunos iban con la esperanza de poder servir a un novicio durante sus pruebas e iniciar juntos el peregrinaje, aunque la mayoría tan solo quería desear suerte a los nuevos invocadores. Para ellos iba a ser un viaje de no retorno, pues sabían que Sinh les arrebataría la vida al acabar con él, si es que llegaban tan lejos. Con ellos viajaba la esperanza de todo el pueblo de Spira.
Una de esas novicias era una joven proveniente de la Isla Kilika, Tami. Se acercó a ella un hombre en cuyos cabellos comenzaban a asomar canas, Kilian. Se ofreció a ser su guardián, ya que su intuición le decía que tal vez ella era la indicada. Cerca de ellos se hallaba Ankalli, quien se hallaba frente a la tienda de la Legión, pues uno de sus miembros estaba haciendo un listado de posibles guardianes para servir de apoyo a los novicios que buscaran uno. A él se acercaron la novicia y su guardián, y tras una charla el trío partió hacia el templo. Allí, tras informarse de lo que debían hacer, se dirigieron hacia el Recinto de la prueba, donde se tantearían sus habilidades e ingenio y se decidiría si Tami estaba lista para convertirse en invocadora.

El Recinto de la prueba

Sin saber qué les deparaba, la invocadora y sus guardianes se adentraron en el Recinto de la prueba. La puerta tras ellos se cerró, y pudieron percibir que el aire allí era más frío que la sala principal del templo. Un fuerte olor a incienso impregnó sus fosas nasales, indicándoles que era un lugar cerrado. Se trataba de un pasillo, y cerca de su final, en la pared derecha, hallaron un símbolo con cuatro flechas, una de ellas brillando de manera parpadeante. Al tocarlo, una adivinanza se presentó frente a ellos. Soy el principio y el fin, ¿qué soy? El debate sobre cuál sería la respuesta no duró mucho, pues Kilian la pronunció barajando posibilidades. Como había expuesto a sus compañeros, Yu Yevon se escribía a veces con una A y una Z, el símbolo de Sinh, representando así el principio y el fin de las cosas. La pared frente a ellos se convirtió en una puerta invisible a primera vista que les abrió el camino, unas escaleras que descendían a un nivel aún más frío, y al acabar, dos caminos: izquierda y derecha.
No había indicaciones de ningún tipo ni tampoco en los dos pudieron percibir nada que les dijera cuál era el camino que debían tomar, pero Tami eligió el de la derecha, llevándoles por otro pasillo que se iluminó con antorchas en cuanto caminaron por él. No tardaron en llegar a su final, en el cual había un pedestal con cuatro esferas de diferente color y cuatro huecos en la pared. La mujer cogió la blanca y la roja, situándolas a izquierda y derecha. Después, azul y amarilla en los otros dos huecos. Nada. Cambió la combinación, colocando las horizontales en los huecos verticales y viceversa, y una puerta en la pared se abrió, dando paso a la antecámara de la Sala del orador.

La Sala del orador

Tami, acompañada por sus guardianes, accedió a la antecámara. Killian le cedió un pequeño objeto a modo de amuleto, transimiténdole fuerza con sus palabras de ánimo, y la novicia entró en la Sala del orador. Mientras los guardianes aguardaban junto a Siwar, el mono medroso que acompañaba a Ankalli, Tami se enfrentaba a la auténtica prueba. La oradora de Besaid apareció frente a ella. Indagó en su pasado, en lo que realmente le movía para convertirse en invocadora y si estaba o no dispuesta a realizar el sacrificio que aquello requería. Finalmente, accedió a brindarle su poder cuando fuera necesario, dejando así el título de novicia. Cuando salieron del Recinto de la Prueba, la gente se había reunido para ver a quien cargaría sobre sus hombros con la esperanza de todos los pueblos de Spira.

Antes de partir

Al salir del templo, el gentío se reunió para ver a la nueva invocadora y sus guardianes. Todos deseaban ver a aquellos que tal vez derrotarían a Sinh. Ankalli pronto se dirigió hacia una tienda de armadura para comprar una pechera de cuero, llevándose de regalo unos brazales tras encandilar a la joven dependienta tras vendarle unas heridas. Kilian habló con un par de personas de la Legión para conseguir pertrechos y munición, ya que esto último sería algo difícil de conseguir. Tami, por su parte, había ido a dejar sus cosas para descansar en el espacio que les había reservado el grupo militar, conociendo así a otro invocador y su guardiana.
Finalmente el grupo se reunió para comer. Tami fue la primera en acabar, y aprovechó para ir a comprar provisiones para el día siguiente. Sin embargo, la conversación de los guardianes con el invocador de Besaid no fue demasiado bien, y Kilian marchó a la taberna del lugar a ahogar sus penas en el alcohol, deseando que cada trago le hiciera más llevadera la existencia sin su familia. Aquello hizo que Tami se enfrentara a él y le dejara allí.