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Un asunto de Honor

La Villa y Corte

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08/06/2015, 23:45
Villa y Corte

La Villa y Corte

Según Núñez de Castro, la villa de Madrid tiene cuatrocientas calles, diecisiete plazas, trece parroquias, treinta conventos de religiosos, dieciséis de monjas y veinticuatro hospitales, ermitas y humilladeros. Otros proclaman que tiene catorce mil casas; entendiéndose como tales residencias, apartamentos o pisos en los que viva una familia, que muchos edificios estaban compartimentados como en la actualidad. Datos más fiables hablan de 9.500 edificios en 1620.

Sea como fuere, viven no menos de 130.000 almas en esta metrópoli (que muchos piadosos predicadores no han dudado en llamar “nueva Babilonia” por los muchos pecados que se cometen en ella), famosa por la pureza de sus aguas, que por sí solas son capaces de calmar el hambre, y por el aire, tan limpio que los muertos huelen mejor que los vivos. Este aire tan sutil es propagador de enfermedades y, para espesarlos y hacerlo más saludable, los madrileños no han dudado en convertir su ciudad en una de las más sucias de Europa. En efecto, los rincones de las calles sirven de basureros y retretes, aunque mucha tiene que ser la necesidad para in a aliviarse en uno de ellos, que se han visto ratas más grandes que conejos y más fieras que mastines. Como no hay alcantarillado en la Villa (solamente algunos palacios y conventos tienen pozos negros, depósitos subterráneos donde se depositan las aguas residuales), a partir de las once de la noche está autorizado a tirar por la ventana las basuras e inmundicias, así como vaciar las bacinillas de orines y excrementos, al grito de “¡Agua va!”, aunque no sea precisamente agua de rosas lo que tiren. Y el desafortunado galán que anda con sus mejores ropas paras para ir a rondar a su amada, mejor será que se aparte rápido al oir esa voz, o se le “aguara” la fiesta, si se me permite la expresión. Las ciudades de Europa no son precisamente limpias , pero todos los viajeros, sea por envidia o por simple desesperación, coinciden que Madrid es absolutamente insufrible, sobre todo en verano. Hasta tal punto que Girolamo Magagnati, mediocre poeta que forma parte de la embajada del duque de Módena en la Villa, ha compuesto un poema sobre Madrid que tiene el rotulo de La Merdeira. No creo que se necesite tradición.

 

Topographia de la Villa de Madrid descripta por Don Pedro Texeira. Año 1656

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08/06/2015, 23:49
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Las calles

Las calles principales son anchas y tienen a los lados una estrecha fila de losas sin labrar, a modo de acera. Y menos mal, pues las calzadas están empedradas con guijarros de pedernal puntiagudo, muy incómodo para el que ha de recorrerlas a píe. Por desgracia, estas calzadas suelen estar tan llenas de barro en invierno que, a veces, los carros se atascan en el Iodo. En verano la cosa no es mucho mejor, que el barro se convierte en polvo y, si no sopla el viento de la sierra, se convierte en una especie de bruma, espesa o irrespirable, sobre la que reverbera el pesado sol del mediodía castellano. Las calles secundarias son mucho peores, ya que aparte de ser auténticos estercoleros, como ya se ha dicho, son estrechas y tortuosas, sin terraplenes para aliviar los desniveles, con lo que bajar por una calle empinada da una sensación muy similar a hacerla por una torrentera o cauce de río de montaña, en especial en invierno. Y es que ya lo dice el refrán: “Para nieblas, para cuestas y para lodos, Madrid”.

De noche, la situación es mucho peor. Además del peligro de ser regado por las inmundicias que llueven de las ventanas, está el hecho de que la única iluminación que se encuentra en las calles es, de cuando en cuando, algún farolillo o candela encendidos ante la Imagen de una virgen o santo empotrada en una hornacina en la fachada de una casa, costumbre por suerte muy extendida, aunque triste y escasa es la luz que dan. Con lo que las posibilidades, no ya de caer presa de unos salteadores, sino de tropezar y caer sobre un charco de "lodo", son numerosas. Por ello, los que se lo pueden permitir se hacen preceder por un criado con un farol encendido, que vaya iluminando el camino.

Los diferentes edificios que forman las calles, por supuesto, no están numerados. Si se os amigo de la casa, ya se sabrá éste o aquél detalle en la fachada que permitirán reconocerla. Si se viene con bien, en la calle cualquiera le dará la razón. Pero si se viene de noche o por malas... Bueno, tampoco hay que dar facilidades a la gente de la carda... ¿no?

Vista del Monasterio de Santo Domingo el Real, en la plaza homónima, según un grabado del siglo XVII (Fuente: El antiguo Madrid de D. Ramón De Mesonero Romanos)

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08/06/2015, 23:57
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Las casas

Sorprende al viajero la gran cantidad de casas bajas, de una sola planta, que hay en la capital del Imperio. La costumbre de construir así se debe a la picardía de los madrileños, ya que los edificios de más de una planta están obligados, por ley llamada Regalía de Aposento a hospedar gratuitamente a los funcionarios de la Corte; que, con la impunidad que les concede su caigo, hacen uso y abuso de la hospitalidad forzosa de que son objeto. Por ello se conoce a las casas bajas con el nombre de "casas a la malicia", ya que están construidas con burla a la ley, y se calcula que suman más de dos tercios del total de edificios de viviendas que tiene Madrid. Esta costumbre provoca que el suelo edificable sea muy caro y los alquileres altísimos. La gente ha de vivir donde pueda, sea en míseras buhardillas llenas de goteras, en las que apenas se puede andar erguido, sea en "cuevas", nombre que reciben los sótanos convertidos en vivienda. Tal costumbre madrileña provoca no poca sorpresa, y aun desprecio, en el visitante, por ser novedad que no se practica en otras regiones del globo. Por el contrario, en los viejos caserones de la antigua nobleza, ruinosos y semiabandonados, se hacinan las gentes, a veces hasta una familia por cada habitación. Y la convivencia no siempre es fácil, que ya lo dice Tirso de Molina en La celosa de si misma:

«Aquí en una casa tal vez

suelen vivir ocho o diez

vecinos como yo vi

y pasarse todo un año

sin hablarse ni saber

unos de otros...».

Por fuera, las casas son de aspecto mediocre, de adobe recubierto con ladrillo. Solamente son de piedra los cimientos y alguna balconada o arco en las casas nobles (en ocasiones, si se es familia realmente principal toda la fachada). Las ventanas son pequeñas, casi siempre guarnecidas con rejas de hierro. En cambio, muy pocas tienen cristales, que es lujo caro; siendo éstos sustituidos por hojas de pergamino, que tamizan la luz dejando la estancia, en el mejor de los casos, en una suave penumbra.

En el interior de los palacios (aunque casi sería mejor decir "caserones") de los poderosos la situación cambia. Aunque está de moda la sobriedad, ésta no está reñida con el buen gusto: muebles de primera calidad, espejos, alfombras y tapices para aliviar el frío invierno madrileño y, sobre todo, cuadros. Pues al ser nuestro Felipe IV gran coleccionista de obras de arte, en especial pinturas, la nobleza y hasta la burguesía que se lo puede permitir lo imitan.

Detalle del Pano de Don Pedro Texeira. Año 1656

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09/06/2015, 00:02
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Paseando por la Villa

Lugar digno de ver para el extranjero curioso es, para empezar bien, el Alcázar Real, residencia de la monarquía. En origen era una fortaleza árabe, a la que los diferentes reyes cristianos fueron añadiendo cambios, sobre todo Carlos I y su hijo Felipe II. Es un edificio macizo, rectangular, con dos patios interiores a la manera castellana, es decir, bordeados de columnas y rodeados de habitaciones y salas, llamados "Patio del Rey" y "Parto de la Reina". Las habitaciones que rodean el primero se usan como residencia de la familia real. La zona del Patio de la Reina, en cambio, está destinada a fines administrativos: allí tienen sus despachos y secretarlas los diferentes consejos del reino, y en sus semisótanos se afanan los secretarios y burócratas, llamados con propiedad "cuevachuelistas", pues en míseros recintos subterráneos trababan.

Es un edificio sombrío, al que la sucesivas reformas han llenado de rincones y recovecos, escaleras en desuso, puertas escondidas tras los tapices e Incluso de pasillos desconocidos por los que más. Según rumor muy extendido está encantado por duendes y fantasmas, y en verdad, como todo edificio viejo que se precie, abundan en él los crujidos, los ruidos extraños y los silbidos del viento, pero que más de un crédulo criado torna por suspiros de almas en pena.

El Real Alcázar hacia 1710 (Fuente: wikipedia)

La calle más ancha de la Villa se llama, con propiedad, Calle Mayor. Por ella gustan de pasear los nobles con sus coches de caballos, para ver y ser vistos, y los mejores comercios se encuentran allí: joyeros, paneros, sederos, zapateros... En general, artículos de lujo, solamente al alcance de las escasas bolsas que estén lo bastante llenas para permitirse tal sangría. En la Calle Mayor hay también la mejor y más famosa mancebía de Madrid, la de la Solera, berreadero no precisamente barato, y discúlpenme las damas. Para los que quieran distraer sus ocios de manera menos pecaminosa, cercano está el Convento de San Felipe el Real, en cuyas gradas se encuentra el mentidero más popular la Villa, muy frecuentado por soldados. Aunque hay otros dos (el mentidero de los cómicos en la calle Atocha y de las Losas de Palacio, frente al Alcázar, favorito de cuevachuelistas y donde se habla, sobre todo, de política), el de San Felipe es, con mucho, el mayor de los tres.

Las gradas de San Felipe

En la Calle Mayor, en especial en las cercanías del Alcázar, se encuentran numerosos palacios, pues nobles se apiñan entorno a la cercanía del rey como lebreles que gimotean para llamar la atención de su amo. El mayor entre ellos quizá sea el Palacio del duque Uceda, adosado al Convento del Sacramento, de las mojas bernardas cistercienses.

Cercana está la Plaza Mayor, gran plaza porticada auténtico corazón de la Villa. Se trata de un gran espacio de 120 m por 100 (bueno, en realidad 94), rodeado de edificios de seis pisos de ladrillo rojo. Es una plaza dedicada exclusivamente a la vida ciudadana: bajo sus soportales está situado el mercado los días corrientes y, en la plaza se celebran mil y un espectáculos populares los días festivos, desde lanceo de toros hasta juego de cañas, pasan por ejecuciones o autos de fe.

Otra plaza que conviene recordar, aunque no es con mucho tan importante como la anterior, es la Plaza de los Herradores, ya que allí se reúnen los desocupados, tanto picaros como honrados, y es por lo tanto lugar obligado de paso para todo aquel que desee contratar un criado. En esa plaza también se pueden alquilar sillas de manos e incluso carruajes o coches.

la Capilla del Obispo

De edificios piadosos cabe destacar la Capilla del Obispo, llamada así no porque la Villa sea sede episcopal (que no lo es, pues depende del obispo de Toledo), sino por el prelado de Plasencia don Gutierre de Vargas, que mandó edificar una capilla para albergar el cuerpo incorrupto de San Isidro, patrón de la villa de Madrid. Pe no busquen el cuerpo milagrero del santo en ella, pues fue llevado en 1544 a la iglesia de San Andrés, su sepultura desde tiempos medievales, que se encuentra muy cerca a la anterior. Se quiere construir (y de hecho, en 1622 y se han puesto los cimientos) una iglesia dedicada a San Isidro, que se alzará en la calle Toledo. Se tratará de templo de jesuíta, inspirado en el templo madre de orden, el Gesú, que está en Roma. Se encarga de las obras el arquitecto Pedro Sánchez, pero bien es verdad que éstas avanzan muy lentamente...

Los madrileños, como ya se ha dicho, son amigos del paseo, tanto para ver como para ser vistos. En invierno se rúa por la calle Mayor, pero en verano el calor y el polvo hace preferir ir a lugares más despejados: el Paseo del Prado, espesa alameda que tiene un estanque de quinientos pies de largo donde a veces se realizan repre­sentaciones navales; la Fuente del Acero, al otro lado del Manzanares, manantial cuyas aguas curan la melancolía en las mujeres. También es no poco frecuentada la Huerta de Juan Fernández, junto al prado de Recoletos, buen lugar para fiestas campestres, meriendas y bailes popu­lares. Estos lugares solitarios y umbríos, además de para realizar el ocio solaz del paseo, son excelentes para citas galantes de amados... y para limpiar honras manchadas, pues es fácil, de noche, encontrar en ellos un lugar discre­to donde realizar duelos.

El Manzanares durante la fiesta de San Juan

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11/06/2015, 13:43
Director

 

Notas de juego

La información ha sido obtenida del libro: El juego de rol del capitán Alatriste

Mas cosas interesantes:

* Vocabulario del Habla de Germanía, enla partida Un encargo de andar por casa

* Ambientación completa y detallada de la Villa y Corte de Madrid, en la partida El misterioso alfarero (Aporte de orthanc)