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Wahnsinn: Cánticos a los Antiguos Dioses

Portada

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Datos de la partida

Wahnsinn: Cánticos a los Antiguos Dioses

 

Director: Malcador
Reglamento: Genérico
Sistema: IRC/Chat
Jugadores: 3
Nivel requerido: Novato: no hace falta ni conocer el juego
Ritmo de juego: Alto: un mensaje diario al menos
Fecha de comienzo: 26/04/2019
Estado: Abierta

Introducción

Wahnsinn

Como es abajo es arriba

Como son las tinieblas es la luz

Porque aún con el transcurrir de los incontables eones

Y con el cruzar de los insondables abismos

Sabemos que aún la muerte puede morir

La Ruina se abalanza sobre nuestra casa

Recuerda nuestra noble y venerable casa, orgullosa y prestigiosa, que se yergue a través del abismo de los innumerables eones y las profundas simas oscuras.

Cojo nervioso mi pluma y rasgo enérgicamente el papel, derramo pequeñas cantidades de tinta y sangre por igual al escribir esto. Mis nervios me fallan y mi pulso flaquea. Miedo, pánico y desesperanza me han corroído la mente y hacen de mí su presa, susurros e insidiosas sombras me acechan por las noches, por el día, mi sombra y mis latidos me amenazan; hace mucho que empezó esta aflicción en mí. En mí último reducto de cordura te escribo estas líneas…

No siempre fue así, en algún momento fui como tú: impetuoso, curioso e insaciable, con ambición y fuerza desmedida; desde joven me embarqué en grandes viajes de decadencia y lujo, travesías llenas de morbidez y perversión; pero pronto me harté de las extravagancias normales y empecé a indagar en lo arcano, lo olvidado y lo odiado. Mis expediciones iban cada vez más y más lejos, mientras mi curiosidad crecía sin cesar; caminé a la sombra de los tres soles malditos, el salitre de las cavernas de las Nagás y escudriñé bajo el amparo de Morgawr los textos antiguos.

Pronto, la llamada de lo profundo hizo su eco en mí y vagué, buscando, esperando; el tiempo, mi mente y mi cuerpo cambiaron, cada vez más secretos me eran otorgados con el coste de mi cordura. Atraído por susurrantes y esquivos rumores llegué a Nebak, que sugerían que en sus cimientos se encontraba un poder inenarrable e inimaginable; así que con rituales y reliquias nos adentramos en las entrañas de los vastos y arcaicos constructos, cuyos muros jamás habían sido hollados por ser humano alguno.

Gasté lo que mi fortuna familiar me permitió en maquinaria y hombres rudos por el trabajo, durante meses cavamos y extrajimos artefactos de gran poder, pero ninguno era lo que buscaba, cavamos por lo que me pareció una eternidad y cuando la esperanza de encontrar aquel poder inimaginable se escapaba, un grito de uno de los servidores señaló, en los cimientos más profundos y oscuros, la aparición de mi presa: una gran puerta de maldad más allá de nuestro tiempo.

Nuestros pasos trastornaron para siempre aquella tierra y abrimos paso al reino de la locura y la muerte, desatándose de formas nunca imaginadas. Reptando, escurriéndose, repulsiva y obscenamente se filtró en nuestras mentes aquella visión de pesadilla, voces fuera de nuestra comprensión y una carcajada maníaca emanaron de aquella puerta horrenda; yo huí con grandes alaridos y risas. Hasta que mi consciencia me falló…

Las pesadillas, los pensamientos febriles y la imaginaría más obscena se convirtieron en realidad, sangre, pus y hediondez se apoderaron de Nebak, aquellas majestuosas estructuras, silentes a la luz de la luna, se convirtieron en hogar de cosas que atentan contra la mismísima creación. Silbidos y burlas me persiguen desde entonces, cada rincón oculta horrores más allá de mi comprensión; ominosos presagios me persiguen incesantemente en mi vigilia, en mi caminar, en mi pensar.

Sangre, sangre y más sangre inundan mi mente en cuanto cierro los ojos, bestias fuera de mí comprensión me asaltan en cuanto bajo mi guardia, como ratas siento que me acosan en la oscuridad; carne y huesos se juntan para alcanzar formas trémulas y dantescas, olvidados rituales y terribles reliquias son la clave para alcanzar sus objetivos, repiten una y otra vez, el color que es y no es se quedó impregnado por siempre en mis retinas. Se escabullen en mi comprensión los horrores que aquella puerta desató, torturándome, acosándome.

Y pethau hynny na ddylai llygaid dynol eu gweld, Erchyllterau y tu hwnt i'n realiti; Ofn, anobaith, gwallgofrwydd y tu hwnt i'r trothwy! Rwy'n syrthio mewn trobwll, trobwll didor! Gwrandewch, gwrandewch, fy meddwl, mae fy meddwl yn mynd yn wallgof am y gweledigaethau. Morgawr yn cropian, Morgawr, pwerus ac ofnadwy!

P´SEIDEN FTHANG, P´SEIDEN FTGHATN!                                                                                     

Con temblorosas manos escribo esto, el sudor me impide ver mi trazo, inseguro e irregular, mientras en mi periferia siento el frío tufo de aquella criatura que me vigila, no sé que es, no sé quién es; sólo siento su mirada, clavada cual astilla en mí. Jadeo, mi pulso es irregular y las visiones me poseen, la realidad y la locura se confunden mientras escribo estas líneas…

¡Te lo ruego! ¡Vuelve a casa, reclama mi legado y tú derecho de nacimiento! Restaura el honor y salva a nuestra familia de las sombras acechantes de la locura, de los abismos más oscuros…

Sinopsis

Esta es la historia de la caída en la locura y la decadencia de un estirpe antigua, dónde el último heredero de esta intenta restaurar su antigua gloria, ¿hasta dónde estás dispuesto a seguir a este loco? ¿Resistirás los horrores atemporales que acechan en cada esquina? ¿Dónde está el límite entre lo divino y lo monstruoso? ¿Estás dispuesto a enfrentar criaturas fuera de las tres dimensiones conocidas? Coge con fuerza tu linterna e internate en los laberintos más profundos y profanos...

Notas sobre la partida

La partida será de estilo narrativo con tiradas de dados para los combates -que serán espóradicos- y determinar si el personaje vive o muere. La carta funge como introducción a otras historias que irán conformando las escenas, las cuales se desarrollarán en el Discord de la comunidad y se publicarán en este apartado.
Cada jugador debe tener 3 personajes, ya que en la partida habrá una alta tasa de mortandad.
Se pide a los interesados, que envíen al privado una imagen de su personaje y lo que tienen en mente para que yo les de una lista de posibilidades.

Fäulnis: el Misterio de la Descomposición

Iä! Iä! Makara, Iä! Iä! Makara

La podredumbre y la corrupción, dos características vitales en el ciclo de la vida que son temidas más que respetadas por los humanos, ese miedo a la podredumbre física que te incapacita, el pavor a la corrupción moral que te inhabilita; el terror a perder todo lo que llaman humanidad. Mis indagaciones al respecto de la naturaleza sobrenatural y etérea de la materia me llevaron a los suburbios de Rajput; la enorme y pestilente urbe, señora entre las señoras de la decadencia y corrupción entre los Baharatas, además de ser un masivo mercado de especias, inciensos, esclavos y demás excentricidades, necesarias para el progreso de mis indagaciones que prometía el hallazgo de personas conocedoras de lo oculto y olvidado, además de lugares con un poder indescriptible.

Tras semanas de trasbordes, sobornos y despistar a cualquier autoridad que pudiera seguir mi pista, me dirigí a la pequeña población de Jasdan, cuyo nombre siempre pasaba desapercibido y olvidado entre otras poblaciones de mayor tamaño y esplendor, que rodeaban la purulenta urbe; con sus calles penumbrosas y sus gentes hoscas, ruidosas y desagradables; con su maldito tufo a canela. El pueblucho, pues otra descripción no sería más ajustada al sitio, era decadente y mostraba signos visibles de abandono; a lo largo de la calle principal apenas algunas casas estaban habitadas mientras el resto estaban en un estado avanzado de deterioro y el aire, que estaba cargado de olores los cuales confundían entre sí, soplaba irregularmente mientras avanzaba cubierto por túnicas y mi turbante hacia la posada local.

El sonido chirriante de las puertas, ventanales abiertos y en ocasiones maderos rotos, amortiguaba el ruido de mis pisadas en el suelo de grava, después de todo y según mí información, mi objetivo estaba en esa pequeña posada, escondida del mundo; así que armado de mi ambición y determinación de adquirir ese saber, finalicé mi marcha al llegar a la decrépita construcción la cual me recibió con sus humos y vapores viciados. Mi presencia, lejos de causar alboroto o curiosidad, no hizo más que volver más cerrados a los asiduos, los cuales me ignoraron con cierto aire amenazante. Tras vagar un momento por los divanes que hacían las veces de antesala, finalmente logré que mi fortuna me abriera el paso hasta la mujer que buscaba y su aspecto más que imponente o sensual, era repulsivo hasta lo obsceno, con su piel arrugada de un color púrpura enfermizo, sus manos callosas llenas de fluidos indescriptibles y sus ojos verdosos que me seguían desde que puse pie dentro de su cuartucho, y de ella emanaba un olor a almizcle.

Con voz rasposa y desagradable me llamó por mi nombre, pero lejos de sorprenderme la llamé por su propio nombre: Devasena. Ambos reímos de forma desganada y empezamos a hablar de lo que me había traído con ella: Der Fäulnis y con palabras crípticas me dio a entender que el rito era la clave para acceder a algo sepultado en las profundidades de Rajput, algo que a pesar que no era extraíble, me proporcionaría las pistas y herramientas necesarias para proseguir con mi búsqueda. Por esto pasé una parte importante de la noche regateando con ella el precio de guiarme hasta el lugar que me describía, hasta que finalmente logré convencerla de que me guiase ella y no un local, de los cuales desconfiaba profundamente pues son gente embustera; pero en su mirada pude deducir que ella quería algo más que el oro que le había ofrecido.

Decliné la invitación a pasar la noche en el pueblo, sabedor de la tradición que les rige en ese ámbito y acampé afuera del pueblo, lejos de sus viciosas y ambiciosas miradas. Pasamos meses intercambiando saberes largamente dormidos y casi olvidados; rememoramos las silentes figuras ciclópeas de Lagdo, las farfullantes estatuas de Hpakan y los enigmáticos glifos de Nkora, mis visitas se hacían cada vez más extensas y satisfactorias, pero también más riesgosas y agotadoras, siempre bajo la silente amenaza de los locales, cuyas enfermizas y pervertidas miradas, negadas de inteligencia racional más allá de hablar limitadamente, me seguían allá donde fuera. De todas formas, correr el riesgo valía la pena debido a los rápidos progresos que hacía para mi causa e indudablemente estábamos más cerca de completar los preparativos del ritual, la fecha indicada se acercaba inexorablemente, por lo que al día siguiente partiríamos en busca de aquel ser cuyo nombre se menciona entre susurros temerosos e invocaciones a lo divino.

Al amanecer siguiente me dirigí al punto de reunión armado con el Cyfriflyfr o'r Dadelfeniad, el fetiche y el Cymorth, además de mi daga y mi pistola, mis fieles compañeras ante lo venidero. El camino que llevaba al lugar era difícil de seguir y recordar, ya que se abría y cerraba entre pendientes, caminos pedregosos, sotobosques los cuales eliminaban cualquier rastro que pudiera dejar, mis temores respecto al cómo volver se aumentaban en cada pequeña vuelta y en cada garganta que dejábamos atrás. Pasó el primer día de caminata y al atardecer detuvimos la marcha a la altura de una caverna a descansar y prepararnos, el viento ululaba como si susurrara arcanas y profanas lenguas, pronto el sol cayó con su ámbar y mortecina luz mientras la temperatura descendía constantemente. Mi compañera de viaje me miraba con un aire ciertamente inquietante mientras salmodiaba por lo bajo sus antiguas mantras, en medio de nosotros el sacrificio esperaba, era un ser escuálido y de ojos grandes con sus cuecas hundidas, sus famélicas piernas y brazos daban verdadera lástima y sus ojos acuosos evocaban en mí pensamientos de repulsa y piedad al mismo tiempo; entre mis cavilaciones tenebrosas e impías me sorprendieron las lunas que se alzaban silentes y frías en el firmamento, señalando la hora del sueño, aunque mi mente gritaba ante lo que podría avecinarse, por lo que entré en comuna con lo indescriptible para evitar cualquier traición, de la misma manera, el tener cerca al sacrificio evitaba cualquier maniobra subrepticia.

La noche me acompañó con sueños demenciales, en los cuales los límites entre la realidad, lo onírico y algo más allá de ambas se mezclaron profanamente: en los mismos veía enormes olas que se abatían sobre las rocas, tronando cual rayos mientras la espuma se esparcía por la tierra primigenia y caótica, vi como la esa tierra mutaba de forma mientras las eras pasaban y como si de un adelanto de cinta se tratase, transcurrieron eones hasta que la tierra primigenia se convirtiese en algo habitable y empezara a florecer la vida. Entonces vi a seres de extrañas formas y lenguajes bajar de las estrellas, el tiempo, cuya calidad en el sueño era inestable, transcurrió a gran velocidad mientras la civilización de estos seres crecía sin parangón, grandes ciudades se alzaban a los cielos cual montañas en las cordilleras, pero en mi mente se agolparon terribles y confusas visiones de fuego consumidor el cual destruía todo a su paso…

Sus otrora enormes y orgullosas urbes yacían ahora hechas ruinas humeantes y descarnadas, de los primeros seres no quedaba nada, pues en mi febril visión divisé como eran exterminados y las sombras del tiempo sepultaban sus obras en el silente olvido. Indudablemente más tiempo pasó del que puedo precisar, pues mi mente era limitada en ese entonces, pero vi la llegada de grandes números de lo que sin duda eran humanos: vastas e ingentes mareas de seres humanos empezaron a poblar el mundo, edificando sus ciudades en donde antaño aquellos primeros moradores habían hecho las suyas.

Cuando eso pasó, me despertó el tiritar del sacrificio, el cual se debatía en feroces espasmos, parcialmente causados por el frío y parcialmente causados por su sino, era un poco antes del amanecer cuando sus lastimosos quejidos me despertaron y poco después Devasena me siguió; al cabo de un tiempo, cuando el sol empezaba a calentar la tierra, partimos de nuestro refugio con un buen paso. El camino, por su parte, se hacía cada vez más inescrutable a medida que nos internábamos más y más en aquel lugar, hacia la segunda jornada de marcha alcanzamos un peñasco donde paramos a hacer una breve pausa de la agotadora marcha, pues el calor aumentaba sin parar; mi mirada distraída se vio prontamente atrapada por una serie de inscripciones en la roca, cuyo idioma podía comprender, de forma imperfecta, rezaban lo siguiente:

මැකරා බලාගෙන ඉන්නවා […] කැඳවනු ලැබේ ඔහුගේ බොහෝ එසේ වුවද, ඔහු නිදා හිඳියි ඔහුගේ පළිගැනීම සහ කෝපය සිහි කරමින්

Makara duerme, esperando, soñando, […] recordando su furia y aguardando el llamado de sus muchos él, espera entre las sombras, silente en su tumba hirviente.

Mi ensoñación acabó con bastante prontitud puesto que se había encendido la hoguera para pasar el resto del día, ya que según Devasena era una tontería intentar seguir de día a través de las gargantas y lechos secos de los riachuelos, pues el calor no era solar, si no que provenía de las entrañas de él, por lo que nos detuvimos a comer las viandas que con nosotros traíamos. La parada con el sol en lo alto me develó más inscripciones votivas las cuales eran en su mayoría, repeticiones de la primera que leyese, por lo que me dediqué a vaguear por el lugar, siempre seguido por el sacrificio al cual guiaba atado de una correa en su cuello; el lugar estaba repleto de conchas y estatuillas de piedra las cuales estaban grabadas con motivos marinos, pese a que el mar quedara a miles de kilómetros de allí, muchas de las inscripciones variaban en su caligrafía, cadencia o visibilidad, siendo algunas casi ininteligibles por la acción del tiempo y otras muy recientes, como si hubieran sido talladas unos días atrás.

Tras mis investigaciones precoces volví donde Devasena y  no pude reprimir el murmurar de forma casi imperceptible un rito de purificación, pues la anciana tenía todo el aspecto de haber envenenado mi comida, ella por su parte nos recibió con su típica sonrisa desdentada y babeante, anunciando que cuando la luna alcanzase el cielo, saldríamos, por lo que decidí que era el momento apropiado para dormitar.

Mis pesadillas, pues otra cosa no podía ser, a diferencia de los sueños anteriores me revelaron la llegada de Makara aunque de forma inconexa: fuego, humo, azufre, vapor, alaridos y una estela en el cielo cuya cola anunciaba su arribo, sin embargo, las siguientes imágenes, más nítidas, me develaron que lejos de erradicar a los humanos, este se dejó adorar como la más poderosa deidad que existiera durante eones e incluso en el momento actual, pues íbamos a rendirle invariablemente culto, la criatura se mantuvo y se mantiene en estado silente, inmóvil en su reposo, más no muerta. Su vida pulsa al ritmo de las estrellas y de sus otros yo.

Mi sueño fue interrumpido por el sacrificio, el cual me agitaba con suavidad, en gran parte motivada con el terror y otra parte porque tampoco quería despertar primero a nuestro guía; con enorme pesar me desperté y revisé que todas mis cosas estuvieran en su sitio, aunque prudentemente siempre cargaba conmigo mi daga y mi pistola contra cualquier riesgo físico que pudiera surgir durante la expedición, tras verificar que todo estaba en su sitio, el sacrificio despertó a Devasena, la cual… Era un espectáculo simplemente deplorable y asqueroso de ver sin duda alguna, su saliva cayendo de la comisura de sus labios, las lagañas que cubrían sus ojos y esa piel casi pútrida que tenía, aunque con horror me di cuenta que dormía con los ojos abiertos de par en par.

Las lunas estaban en lo alto cuando nos pusimos nuevamente en marcha y su silente faz de la luna intermedia nos siguió en el recorrido que hicimos, pude notar de reojo que las sombras cambiaban y se retorcían, a pesar que no llevábamos ninguna fuente de luz, ya que… De repente en caí en la cuenta de que Devasena no había contemplado el viaje nocturno, ¿acaso realmente no pensaba en viajar así? ¿Me mintió cuando dijo que siempre había hecho este recorrido? ¿Qué motivos tendría no usar uno de los leños para hacer luz artificial? ¿Porque no hablaba, ni salmodiaba como cuando viajábamos de día? Las dudas se agolpaban en mi mente a mayor velocidad de la que podía procesar y me descubrí asiendo con fuerza mi daga, lista para golpear.

Aunque la duda me carcomía, algo en mí me instaba a no hacer preguntas de esa índole, por básicas que parecieran y empecé a urdir un plan para librarme de cualquier calamidad, aún así, nuestra marcha fue más rápida y mucho menos cansada bajo las luces mortecinas de las lunas, las cuales mezclaban sus colores para dar una coloración amarillenta al entorno, me parecía en extremo extraño el paisaje, el cual a medida que avanzábamos iba perdiendo… Algo, no supe en su momento precisar el qué, pero siempre había algo subyacentemente mal en el mismo ya que no había sonidos de animales nocturnos, los colores estaban ligeramente invertidos, las sombras que no correspondían al tamaño de las cosas de donde surgían y finalmente lo más inquietante de todo: casi no se oían nuestros pasos, pese que debían ser un estrepito no se oían más que pisadas apagadas, como si caminásemos con telas en los pies.

Cuando intenté echar de mi los pensamientos febriles que me asaltaban por medio de ritos, sentí la mano del sacrificio en mi brazo y para cuando bajé a mirarla, me di cuenta que en sus ojos había un ruego y aprensión enorme para que no hiciese ningún sonido articulado, sin cruzar palabra respiré y exhalé hondamente para asentir finalmente mientras seguíamos avanzando. El camino a momentos se hacía cada vez más pesado indicando la pronta salida del sol, por lo que Devasena con una gesticulación ordenó pararnos a la sombra de un árbol grande cuyo follaje era de un color verde casi fosforescente y su tronco era de textura gomosa, allí paramos para descansar de la marcha. Cuando el sol salió, Devasena empezó a salmodiar en su lengua profana por lo que entendía yo como una suerte de dádiva o agradecimiento, desinteresado de lo que ella murmurase o no, decidí dar inicio a mi plan, pues nos acercábamos más al sitio, con un gesto quedo, jalé la correa del sacrificio para indicarle que me acompañase a explorar el lugar.

Tras alejarnos prudencialmente de nuestro guía, empecé a reflexionar sobre las implicaciones de la noche anterior, ya que la clave de todo era mantener a ambos seres que me acompañaban con vida, hasta llegar donde Makara para poder entender Der Fäule y controlarla. Abstraído como estaba en mis preocupaciones, el tiempo pasó mientras caminaba por ahí hasta que sentí como el sacrificio jalaba suavemente de la correa indicándome que era hora de marchar, pues el sol ya estaba bajando del firmamento y el calor se hacía más soportable. Reunidos con Devasena, volvimos a marchar, mi mente ahora estaba demasiado alterada: podía percibir las voces de Makara llamándome, mis preocupaciones se amontonaban como tierra en una tumba y ahora Devasena salmodiaba una melodía macabra, demasiado incluso para mí, aún así la ambición que me impelía mantenía mis nervios relativamente templados, listos para ejecutar mi plan.

Cuando las lunas alcanzaron su cénit llegamos al lugar: una gigantesca caverna natural… O no tanto, pues se veía la acción de incontables generaciones labrando la roca, además de que los escritos votivos, altorrelieves y bajorrelieves llenaban el espacio al completo, siendo que muchos de estos me eran en extremo familiares ya que los nombres de P´seiden, Morgawr y Neptonemeo acompañaban al de Makara. El suelo y las paredes estaban manchados de sangre, generalmente vieja y pestilente la cual atraía un sinfín de molestos tábanos, moscas y gusanos con su ensordecedor zumbido, el espectáculo era en extremo vomitivo al grado de darme arcadas; pero mi determinación se antepuso a la visceral visión y avancé dentro de la galería.

A medida que nos internábamos me di cuenta que la caverna iba haciéndose más natural, más húmeda, con grandes cuerpos de agua. Tras caminar por lo que me pareció una eternidad entre las paredes de la galería, llegamos al corazón de la caverna en donde las paredes palpitaban al ritmo de sus latidos, era sobrecogedoramente opresiva la atmósfera reinante, sentía como mi respiración y reflejos se veían entorpecidos por una sensación de peso anormal; para mí fortuna, Devasena mostraba los mismos signos, pues apenas abría la boca y sus pasos eran cortos y torpes, pero con la ayuda de ritos, salterios y encantamientos, pudimos zafarnos de tal opresión. Nuestros cánticos empezaron lento, hasta que alcanzamos el terrible crescendo en lengua arcaica y terrible:

¡Rydym yn canu i'r un sy'n ofnadwy ac yn bwerus, ef sy'n adnabod y ffieidd-dra rydym yn talu'r gwaed! ¡I'r rhai sy'n gwybod y dyfnderoedd rydym yn eu defnyddio yn ein defodau rydym yn galw! ¡Gwrandewch ar ein gweddi, o'r pwerus Makara! ¡Iä, Iä, Makara! ¡Iä, Iä, Makara!

Devasena con sus ojos en blanco, avanzó hasta el sacrificio a gran velocidad y con gesto hábil la redujo mientras presionaba suavemente la daga en su cuello expuesto a la par que recitaba:

¡Mama obaṭa mēka denna siyalu balavatya Makara! Rudhirayayi…

Su oración quedó incompleta por la acción de mi daga en su nuca, clavada profundamente antes de que pudiera siquiera parpadear, le propiné una brutal parata en su espalda y la arrojé al acuoso e infinito vacío tenebroso. Casi de inmediato, el lugar se transformó en una masa carnosa y purulenta, fluidos hediondos y pestilentes bilis copaban mis sentidos al completo al grado de darme vueltas la cabeza e innumerables e infestas imágenes invadieron mi mente con violencia inusitada e inextricable, cada una perforaba mi cordura a mayor profundidad y solamente pude exclamar en mi desesperación y terror:

Ja, ja, ja, ja, die Fäulnis verzehrt mich völlig und erreicht mich ohne unterbrechung aus den tiefen meines darms! HAHAHAHAHAHAHAHAHAHA, IÄ, IÄ, MAKARA! IÄ, IÄ MAKARA!

En la vorágine en la que mi mente estaba, me di cuenta con horror creciente que estaba siendo presa del pavor a lo innombrable, cuyas zarpas hacía de mí su presa, el miedo enquistado en la mente hacía que todo dibujase un enloquecedor grado de amenaza; y finalmente terminé por murmurar incoherencias mientras lo alternaba con profundos jadeos, como un demente cuya cordura lucha por salir desesperadamente de la sima en la que está sellada. En ese momento, finalmente Makara se reveló ante mí y mi acompañante…

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