Partida Rol por web

El Despertar

Primera Búsqueda de Isabella

Cargando editor
16/08/2018, 02:07
Isabella Cavalieri

A pesar de haber librado a las gentes de Monterenzo de la presencia de la malvada hechicera y sus demoníacos esbirros, notas que algo de su presencia aún está imbuido en el lugar. Seguramente la maldita bruja se las arreglaba para enmascarar su presencia, al igual que había confundido vuestras percepciones para enviaros a los bosques.

El día se os antoja duro, explicando a las buenas gentes del pueblo que ya han sido liberados del llugo que los oprimía. Vicenzo el herrero es de gran ayuda en todo ello sin duda y la gente termina por aclamar a los extraños visitantes como héroes... aunque no pueden remediar mirar con recelo la torre de su señor. Se dibuja la duda en sus caras... ¿Quién será ahora su señor? Los Borsa rendían pleitesía al Arzobispo de Bolonia. ¿Cómo se tomaría ahora la gran figura eclesiastica aquel cambio?

Las gentes de la villa insisten en que sus héroes permanezcan en la torre... parece darles más seguridad.

Es curioso pero Isabella se encuentra a gusto con sus nuevos compañeros. Siente el don en ellos, pero de un modo muy diferente al suyo. Algunos se parecen a ella, pero otros... son de lo más extraños como el Bardo o la chica extranjera... El joven castellano parece el único más afín. Ya había oído hablar de los herméticos... en tiempos, buenos compañeros de los Solificati.

Aunque sin duda, Fabia es la que más le llama la atención. Su don es fuerte. Ella misma puede notarlo. Una vez está a solas, le confirma que ella es alumna de Luciano... y a grandes rasgos le narra lo sucedido hasta llegar ahí. Ahora el viejo maestro confía en reunirse con ellos en Venecia.

Cuando Isabella se queda a solas en una alcoba cercana a la de Fabia, la oscura sensación que parece resonar en la torre la incómoda. Se dice así misma que tiene que descansar, pues todo ha sido bastante complicado y difícil... además, la cosa sólo ha empezado.

Cierra los ojos buscando el sueño reparador... pero no lo encuentra... hay algo que no la deja dormir... una sensación... como un ligero zumbido... o susurro.

Isabella vuelve a abrir los ojos y busca con la mirada el origen de la perturbación. Es extraño... la ventana está abierta... ¿el viento? Se levanta y se apresura a cerrar la ventana, pero entonces cree oir una voz en el viento.

-"Arriba... arriba...."

Sacude la cabeza ¿habrá oído bien?

-"Este no es lugar"……. "Asciende"…… "Sube"….."Ve arriba"

Sin duda el curioso viento o la voz que lo trae parecen ascender hasta la cima de la torre...

Lentamente Isabella ascendió por las escaleras de la torre, no sabía muy bien que se encontraría cuando llegara a lo más alto de la torre, mientras subía en su cabeza se hacía unas preguntas ¿Sería una trampa de lo que la anciana furia negra llamaba el Wyrm? ¿Quedaría algo más corrupto aparte de los señores del lugar y sus hombres? Sea lo que fuere, la voz, ese susurro no la parecía portar maldad.

Sin pensarlo demasiado, Isabella comenzó a subir por las escaleras de caracol de la torre. No eran muy anchas y si algo empinadas, de altos peldaños. Tuvo que recogerse parte del camisón

La ascensión se le hizo un poco pesada... casi mareante. Vueltas y vueltas sobre el eje de las escaleras, piso tras piso y no parecía llegar... aquello era muy raro, pero Isabella era demasiado tenaz como para abandonarse al desaliento.

Entonces, casi antes de lo que esperaba, se topó con la trampilla que daba fin a su caminar. Al abrirla, recibió una "bofetada" de aire limpio y fresco.

Lo único que iluminaba la cima de la torre era la luz de la luna llena. A su alrededor, todo parecía un mar de nubes calmo, salvo lo que había alrededor de la torre. Una especie de vórtice eólico que parecía susurrar.

Isabella se asomó a las almenas en busca del significado, entonces le pareció que el susurro venía de su espalda. Al darse la vuelta se topó con el tenue brillo blanco estelar de lo que podrían ser dos ojos y una extraña forma sombría que la miraba detrás de una de dos de las almenas. La luz de la luna no era suficiente para adivinar qué era aquello.

"No había dudado ni por un instante que subirías. Te conozco bien y estoy orgulloso de ti". -era la misma voz que la había guiado hasta allí. Sonaba antigua... y algo paternal... o ¿maternal? Era difícil de saber.

"Te has separado de Soraya, pero eso no quiere decir que estés sola. Yo estoy aquí y lo sabes desde mucho tiempo ha..." -dijo de nuevo la voz desde aquellos brillantes ojos de estrella.

Isabella trataba de descubrir que era la forma que le estaba hablando, intento indagar sobre sus enigmáticas palabras, mientras el suave viento hacia bailar su pelo de ébano.

"No puedo ignorar tu llamada, mas mencionas a Soraya, criatura si bien dices que nos hemos separado, ella siempre está conmigo" dijo a la forma mientras tocaba su colgante.

"Dices que siempre has estado conmigo y creo adivinar quién eres, mas nunca había oído tu voz, por lo que me sugiere una pregunta, ¿qué quieres de mí? ¿Cómo es que ahora te oigo por encima de cualquier sonido?"

"En la hora de necesidad, en el tiempo en el que estás sola..." -los ojos parecieron subir por la almena- "... es ahí cuando un despertado conoce su poder. Cuando se enfrenta con lo desconocido, cuando la oscuridad le acecha".

Isabella se fue acercando y entonces la figura pareció adelantarse y hacerse más visible a la luz de la luna. Era muy grande y medio borrosa, pero podía jurar que la forma con la que hablaba parecía un ¿grifo mitológico?

Era extraño... a pesar de su tamaño, su figura apenas definida y su extraña y aparente intangibilidad le daban un aspecto de "aparición". Era irreal.

"Tú ya sabes quién soy yo y también ya sabes a qué he venido y qué quiero de ti. Sólo falta saber una cosa. ¿Estás preparada?" -mientras hablaba con aquellos ojos como estrellas (lo único aparentemente real) se acercó de nuevo a otra de las almenas vislumbrando el vacío... como invitando a Isabella a que contemplara la altura...

Isabella escuchó extasiada a la criatura, realmente en la ausencia de Soraya se sentía sola, sin vida, pero la compañía de sus nuevos compañeros de viaje y tras las palabras del grifo, supo que no estaba tan sola como se podría imaginar.

La joven maga levantó la cabeza y con lágrimas en los ojos miró a los ojos brillantes del grifo y dibujando una sonrisa dijo "Gracias criatura, tus palabras calientan mi corazón, estaré preparada para lo que desees, amigo mío".

"¿Estás preparada?" -el grifo parecía dudar mínimamente de Isabella- "Mira a tu alrededor: siente el aire y el viento, el frío y la humedad. Pero aquí estás asentada en el suelo, protegida... a salvo."

La criatura lanzó un vistazo a la inmensidad y luego lanzó otra hacia la torre y hacia Isabella. "Si, es fuerte y tú podrías hacerla aún más fuerte, o incluso tornarla blanda como la arcilla pero... ¿es eso todo lo que quieres? Los dos sabemos que no es así. Debes dejar la seguridad. ¡Lánzate pequeña! ¡Salta! ¡Ha llegado la hora de dejar el nido. Tienes buenas alas polluela!" -terminó diciendo el grifo mientras se levantaba sobre sus cuartos traseros y parecía rugir.

Isabella siguió con la mirada todo lo que decía el grifo, "dejar la seguridad, saltar, enfrentarse a sus miedos" brevemente pensó en su pasado, su desaparecida familia, en su protectora madre, en Soraya, agachó su cabeza y miro sus pies descalzos cerrando sus ojos, sintió la fría y dura piedra, el cómo su melena bailaba con el viento...

"Tienes razón, siempre he estado protegida por los míos, incluido tú me has dado tu protección... pero ahora...."

 Isabella alargo su mano intentando acariciar a la criatura, pero sus dedos lo atravesaron, removiendo el aire que daba forma a la criatura,  tras acariciar sus dedos con su pulgar sintió algo distinto en su interior, comenzó a recorrer con su mano su camisón y lentamente se lo quitó, dejando que su piel sintiese el aire que la rodeaba noto como su corazón empezó a latir con fuerza,

-"Ahora es tiempo de crear yo mi seguridad, y de volar a tu lado".

Isabella comenzó a correr, de un impulso se subió en el muro y saltó al vacío...

 

Casi en el instante en el que iba lanzarse al vacío hubo una pequeña duda o miedo, pero aquello fue sustituido por la adrenalina de lanzarse hacia lo desconocido.

Comenzó a caer envuelta en el viento y sin demasiado control. Caía, y caía hacía algo oscuro...

Por encima, creyó ver una silueta familiar que le chillaba: "¡¡Vamos polluela, usa tus alas o caerás!!"

Mientras Isabella caía a la oscuridad, se repetía una y otra vez "¿En que estaría yo pensando? ¿Volar? Si yo no puedo hacer lo que me pide esta criatura, si al menos tuviese a alguien que me ayudase, a Soraya a mi lado, si… Dios mío, no debo pensar así, es justamente lo que me ha dicho la criatura, Soraya se ha ido, ahora debo valerme por mi misma, ¡debo reaccionar!"

Fue entonces, cuando le pareció ver a ella misma con Soraya, en una de sus charlas mientras estaban en la toscana, "Isabella, recuerda que por mucho poder que tengamos, no somos nada si no tenemos una fuerte fuerza de voluntad, la magia no es para pusilánimes, se que tienes una gran voluntad en ti, que te ayudara a elevarte cuando todo lo demás se caiga".

Isabella se aferró a su colgante y se centró en las palabras que le dijo la criatura y en lo que le dijo Soraya... "Tienes buenas alas" "Podrás elevarte mientras todo lo demás se caiga", "Usa tus alas"... "tus alas",

"Mis alas... mi magia... debo usar mi magia, mi fuerza de voluntad, no es un acto de fe... debo centrarme... "

Fue entonces cuando recordó la sensación que tuvo al tocar a la criatura, una sensación de paz, de sosiego. Se centró en que su voluntad no decayera, en que poder alcanzar la otra torre es posible, en que estaba preparada para realizar el reto que le había puesto el grifo...

Sintió algo en su interior, algo ardía en su interior, la dolía hasta límites que no podía sospechar...

Isabella recordó la primera lección de la alquimia. No se cambia algo externo sin cambiar internamente. Su voluntad podía ver y manipular los patrones, pero cambiar sus esencias... Entonces, al caer reflexionó sobre la lección: "cambiar uno mismo"... eso era.

No estaba preparada para dominar al viento, pero si podía convertirse en él. Dejó que aquello que ardía en su interior se liberara. Cerró  los ojos, debía ser viento... entonces notó como la caída se iba frenando, poco a poco, poco a poco... y entonces quedó suspendida en medio de la nada... y de pronto sintió su cuerpo desnudo sobre algo mullido, suave... pero al mismo tiempo fuerte.

Abrió los ojos y se dio cuenta que se encontraba sobre el Grifo. De alguna forma él o quizá ella se habían transformado. Quizá ella se había vuelto de la misma materia etérea que había visto, o quizá era el grifo quien se había vuelto más sólido, pero ahora, abrazada a la espalda de la gran bestia se notaba suspendida entre las nubes.

“¡Lo has entendido!” -chilló el grifo y entonces comenzó a hacer cabriolas con júbilo, que era el mismo jubilo que la inundaba a ella- “¡Sabía que estabas preparada para dar el siguiente paso!”

Al sentirse uno con aquella mística criatura, se sentía poderosa, con renovada fuerza y voluntad. Obedeciendo a su instinto, el grifo batió las alas y comenzó a ganar movimiento a través del cielo nocturno, hasta alcanzar una velocidad vertiginosa.

La sensación de volar era extática, una catarsis de los sentidos. Las nubes se diluyeron para mostrar la superficie de la tierra. Montañas, bosques, ciudades, gentes, animales... la creación en su conjunto y más allá. Era tan hermoso y enorme, pero allí estaba, dispuesta a recorrerlo, descubrirlo.

Esta es la inmensidad del tapiz. Tú has aprendido a verlo como pocos, a manipular sus fuerzas, y ahora, habiendo descubierto el secreto de la transformación podrás cambiarlo. Has dado un nuevo gran paso, y no te preocupes, seguiré aquí contigo... siempre, mientras tú quieras...

Isabella y el grifo, el grifo e Isabella, continuaron surcando el cielo como uno sólo hasta que la luz del amanecer comenzó a filtrarse entre las montañas.

Se dejó acariciar por su calor y volvió a cerrar los ojos.

Cuando volvió a abrir los ojos le invadió la confusión. Estaba tumbada en la cama y la luz entraba por la ventana que continuaba abierta, dejando entrar la fresca brisa de la mañana y el canto del gallo.

¿Lo había soñado? Pero todo había sido tan real... se notaba más fuerte... renovada, con una nueva comprensión. Soraya le había prevenido de aquello... ¿Una búsqueda? Desde luego había sido terrible verse caer en la nada, pero la recompensa había superado con creces el coste.

FIN.