Partida Rol por web

Misterios del Antiguo Imperio [+18]

Reunion Real

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14/01/2016, 11:35
Rey Ostgard

Ibrahim se encontraba en los aposentos del Rey Ostgard, soberano de una de las ciudades mas importantes de Molikedar, a menudo se decia que, sin contar a los dragones, solo la Malik, Isela, le superaba en poder político. No iba a ser menos, tratandose del hijo de la mano derecha de Suz'Rain, el grán Nevember.

Los criados trajeron un té y les dejaron a ambos a solas. Se trataba de un hecho histórico, esas ruinas habian sido algo mucho mayor de lo que jamás se habia encontrado en las profundidades del desierto. El rey iba a organizar una expedición para deentrañar los misterios que escondian esas ruinas.

- Supongo que estarás ansioso -dice el medio-dragón- Después de todo, si resulta ser lo que llamais Medina podréis levantaros de nuevo. Tu nombre quedaria grabado por siempre en la historia del Nuevo Imperio, levantado sobre los cimientos del Antiguo, o el nombre que querais darle, despues de todo es vuestro hogar. 

Ostgard da un sorbo al te y continua.

- Y claro... si no es Medina, quizas os conduzca a una pista, nunca se sabe. 

 

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14/01/2016, 14:16
Hakim ibn Tariq ibn Saleh Bani Ibrahim

Hakim llevaba un par de semanas lejos del desierto y su cuerpo lo notaba, su mente y su espíritu. Añoraba la suave brisa del desierto que trae los sonidos de las arenas, su aroma y a su gente. Pero tenía una misión. Había sido elegido para representar a su pueblo, a los Bani Husain, en la búsqueda que el Imperio de Molikedar había iniciado en las ruinas recientemente encontradas. Su caballo le había llevado hasta la ciudad donde regía el Rey Ostgard, uno de los soberanos más poderosos de todo Molikedar, desde donde había sido llamado.

Si los rumores eran ciertos y la ciudad se trataba de Medina, capital del Antiguo Imperio, todo cambiaría para la Gente del Desierto. Volverían a tener una patria, pues el Gran Desierto, pese a haber sido su hogar durante generaciones, no era su lugar. No dudaba de que, si Medina era encontrada y su pueblo se volvía a instalar en la misma, muchos seguirirían viviendo, pese a todo, en el desierto; pero eso era algo que sólo Illah, el misericordioso, nuestro dios, podía cambiar. Después de todo, cada uno llama hogar al lugar que desea.

Se había despertado al alba, como tenía acostumbrado y, tras sus abluciones matutinas, se había vestido con sus mejores galas. No llevaba la ropa del desierto, cómoda y adecuada para la vida en el mismo, si no sus mejores galas; también algo más abrigadas, pese a que no hacía frío (aunque sí mucho menos calor al que estaba acostumbrado). Llevaba sus pantalones más intensamente rojos, como la sangre que fluye por nuestras venas; una camisa de la mejor seda de variados y brillantes colores y un fajín de color turquesa, donde portaba dos dagas ceremoniales, en funda de oro con incrustaciones de piedras preciosas, que habían pertenecido a su familia desde los tiempos de Ibrahim, Illah le tenga en su gloria. Llevaba su turbante naranja y las cómodas babuchas de cuero con filigranas de oro. También había sacado brillo a sus alhajas, con el fin de causar una buena impresión.

Tras desayunar con moderación, especialmente dátiles (cortesía del rey Ostgard, traídos directamente desde el desierto) y té de menta, el hijo de Tariq se había dirigido hacia el palacio real con paso ligero aunque sin mostrar ansiedad.

El camino hacia la residencia del rey había sido tranquilo, después de todo su alojamiento se encontraba en una de las zonas más opulentas de la ciudad y cercana a la zona donde vívia el rey Ostgard. No necesitaba portar armas, y se sentía seguro con sus dos dagas, como si la fuerza de sus ancestros se encontrase concentrada, como un perfume concentra el aroma, en dichas armas.

Cuando llegó a la puerta de palacio, comenzó a extraer el salvoconducto que venía con la carta que le habían mandado, pero los guardias parecieron reconocerle, probablemente por su exótico atuendo (o al menos así imaginaba Hakim que les resultaría su ropa a los guardias), y le invitaron a pasar con grandes aspamientos antes de que terminase su acción. Hakim les devolvió el gesto y les deseó que Illah les bendigese. Hakim siguió adelante, inmerso en sus pensamientos, sin darse cuenta de la cara de sorpresa que habían puesto quienes guardaban la puerta ante su desconocimiento sobre quién era Illah.

Por fin, ya dentro de palacio, el chambelán del rey, un humano algo más alto que Hakim y de piel nívea, que probablemente le triplicaba la edad, le recibió y le acompañó hasta la sala donde el Rey Ostgard le recibió. Tras inclinarse como muestra de respeto y el intercambio protocolario de cumplidos y regalos, ambos se sentaron en sus respectivas sillas. En la mesa, en el medio de la misma, los criados acababan de dejar té, azúcar y algunas pastas para acompañar, mientras los dos hombres se mantenían en silencio esperando a quedarse sólos. Hakim aprovechó el momento para saborear el té. Era té de menta, en vasos de cristal, tal y como era la tradición en el desierto. Hakim sonrío a su anfitrión por la deferencia.

Pero no estaban allí para hablar de té o tomar dulces.

Hakim se mantuvo callado, dejando que el Rey Ostgard hablase primero. Sólo se permitió asentir ligeramente cuando el rey supuso que estaba nervioso por el acontecimiento. Hakim no creía que algún Bani Husain hubiese estado relajado en las últimas semanas desde el anuncio. Su rostro no se movió cuando el rey le recordó que su nombre podría quedar grabado en la historia. Al hombre del desierto eso no le importaba, sólo era un hombre, después de todo. Tampoco hizo gesto alguno que revelase nada sobre la posible vuelva de su pueblo a Medina. Después de todo, los Bani Husain habían jurado lealtad a Suz'Rain por lo que su nación seguiría siendo vasalla de los dragones en cualquier caso.

Así es, majestad. Pero en mi pueblo somos optimistas. Después de todo, sólo volveremos a Medina cuando Illah así lo desee, que la gloria esté con él.

Bebió un nuevo trago de té, muy dulce, tal y como se tomaba en el desierto, esperando a que el Rey volviese a hablar.

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16/01/2016, 23:20
Rey Ostgard

El Rey Ostgard tioma un sorbo de te y se toma su tiempo para hablar.

- Uno de mis mejores amigos dice a menudo "Aunque hoy no alcances tu meta, cada vez que te levantas y luchas por ella das un paso hacia delante". Mi padre me habló hace tiempo de los antiguos días de la isla, el Gran Desierto existia como tal, pero era una tierra mas fertil y llena de oasis, mucho menos arida que ahora. Me habló de como nuestras naciones fueron hermanas durante unos años, de tiempos que todos deseamos recuperar.

Sinceramente creo que Medina es el primer paso en un largo camino que lleva al destierro de los demonios de nuestra isla. Cuando eso ocurra, probablemente el Gran Desierto vuelva a ser como antaño.

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18/01/2016, 14:44
Hakim ibn Tariq ibn Saleh Bani Ibrahim

Inshillah; si Dios así lo quiere. Dijo Hakim contestando a lo que el Rey Ostgard le estaba diciendo. Sí, desde luego que sería hermoso recuperar todo lo que el tiempo y, sobre todo los demonios, le habían quitado a la isla-continente donde vivían, pero los Bani Husain preferían vivir en la realidad; pese a que como todo el mundo tenían sus deseos, la gente del desierto era, ante todo, pragmática.

Hakim dió algo más de tiempo al semidragón para que siguiese hablando, pero viendo que éste se mantenía en silencio decidió continuar él mismo.

Me alegra saber que todos tenemos un objetivo común, pero estoy seguro de, y le suplico que no me malinterprete,  que no me habéis hecho llamar sólo para compartir deseos. Molikedar necesita darme instrucciones y aquí me hallo para cumplirlas. Decidme, mi gran señor, ¿qué debo hacer? Dijo Hakim con cierto atrevimiento, pero con respeto en sus ojos mientras hacía una genuflexión ante el gran rey.

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18/01/2016, 14:59
Rey Ostgard

- Es una busqueda importante, por ello he pensado en mandar a mis mejores expertos a examinar las ruinas... pero es bien sabido que el Gran Desierto es peligroso y los lugares antiguos a veces son frecuentados por demonios. No quiero arriesgarme a perder a los sabios que voy a enviar, por ello, pienso enviar a hombres fuertes y valientes que sepan luchar y puedan proteger a los sabios. Hombres como tu. He reunido un grupo de valientes para una mision tan arriesgada, vosotros, junto a los sabios, os adentrareis en las ruinas y examinareis los misterios que ocultan, entre otras cosas, confirmando o desmintiendo si se trata de Medina o si hay indicios de Medina.

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20/01/2016, 19:58
Hakim ibn Tariq ibn Saleh Bani Ibrahim

Hakim atendía a todo lo que decía el rey Ostgard, haciendo gestos de asentimiento periódicamente para dar a entender al monarca que entendía todo lo que le estaba diciendo y que lo estaba de acuerdo. Un grupo parecía que se había montado y él sería parte del mismo. A Hakim le hubiese parecido mejor explorar las ruinas junto a sus Los Hijos de Husain, pero el rey había dado una orden y él tendría que cumplirla.

Así se hará si tal es vuestra voluntad, majestad. ¿Cuándo podré conocer a mis nuevos compañeros? ¿Y cuándo partiremos? Según hizo la última pregunta, Hakim se arrepintió. Había mostrado cierto nerviosismo y ansiedad y eso le mortificaba. Decidió no decir más.

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20/01/2016, 21:04
Rey Ostgard

El Rey Ostgard sonrie de medio lado, le parece divertido como Hakim intenta disimular su arrojo.

- En su debido momento, el maestro del saber de la casa Hannes en la ciudad y el instructor real desean presentarme sus recomendaciones en unas horas, no me han dicho sus nombres porque desean que estos elijan libremente si desean participar en la misión. -toma un sorbo- Mi posición tiene un gran poder aunque yo no lo este ejerciendo directamente, prefiero que decidan venir de corazón en vez de que se sientan obligados porque se lo ha ordenado su rey. De todos modos, no te preocupes, partireis antes de mañana.

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21/01/2016, 13:29
Hakim ibn Tariq ibn Saleh Bani Ibrahim

Hakim hizo una genuflexión ligera desde su posición sentada, cerrando los ojos y llevando su mano derecha al corazón, cruzando el pecho con su brazo. No había mucho más que decir, así que hizo lo único que podía hacer ya:

Mi deseo es ir a las ruinas, mi señor. Dijo mirándo al rey a los ojos con gesto serio. Permiso para retirarme.