Partida Rol por web

Bon sang ne saurait mentir

Chapitre II: Mauvais Sang

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25/08/2018, 03:39
Malabeste

El anfitrión, con su tendencia a escuchar imperturbable, levanta la mano finalmente para detener las intervenciones, cuál director de orquesta. Sus ojos no han dejado de observar a Paul y la frialdad que transmiten bien se sentía en el aire, en la tensión creciente que no parecía haberse reducido en lo más mínimo.

-No seré yo quien me interponga entre un Ventrue y su orgullo. Si no os han educado lo suficientemente bien, no es a mí a quien rendiréis cuentas- comienza diciendo. -Si el orgullo de Monsieur Guilhem es tan frágil, ese es solamente su problema. Y dudo mucho que Madame le Prince sea de su opinión- responde a Raphaëlle. -Ya veremos qué piensa de esta oportunidad en cuanto sea el único enfant cuya audiencia para una presentación sea negada- amenaza.

-Monsieur Guilhem, está usted expulsado de mi refugio y mis dominios. No tiene más mi beneplácito para permanecer en estos terrenos que están bajo mi vigilancia y protección, y si desafía mi palabra, yo mismo aplicaré el castigo que vea justo para quien quebranta con ligereza las tradiciones de nuestra estirpe. Bonne soirée- dice mientras extiende la mano y señala la puerta. Luego observa a Mireille, a Clemence y Raphaëlle. -Y si alguna de vosotras quiere respaldar a monsieur Guilhem, os retiraré igualmente mi aceptación. No toleraré más insolencias, ni siquiera porque vengáis en nombre de Blandine de Lyon y todo su séquito. Est-ce clair?- amenaza con un aire de gravedad.

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29/08/2018, 01:15
Raphaëlle Lefevre

El tamborileo de los dedos de Raphaëlle sobre la enorme mesa señorial traicionaban su nerviosismo ante la situación en la que se encontraban. El sangre azul, en su orgullo, amenazaba con perder a todos; el anfitrión, no menos orgulloso, parecía disfrutar humillando a Paul e, indirectamente, a le Prince.

No es que el resto del grupo estuviera en el medio. Los términos habían sido claros: serían evaluados en su conjunto, de manera que su suerte también dependía de la decisión del ventrue. Pero ella no estaba dispuesta a dejar que un machirulo soberbio arruinase su no - vida.

''Si tan solo tuviese dos dedos de frente, se disculparía y volvería a Lyon silbando bajito'' Sería un triunfo de Malabeste, pero no tenían las fuerzas para enfrentarlo.

Sus dedos continuaron su rítmico patrón: meñique, anular, mayor, indice y, para rematar, pulgar.

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01/09/2018, 01:41
Paul Guilhem

Relajó el ceño, se echó ambas manos a la espalda, agachó levemente la cabeza para despedirse, pegó una última mirada a sus compañeros, severa –quizá preocupada– pero serena y sin decir palabra salió por la puerta que le había indicado el dueño de la casa.

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01/09/2018, 12:27
Mireille Bettencourt-Dumah

Con el desenlace la niña emitió un suspiro. Sus pulmones inertes hicieron más incómodo el gesto, pero lo cierto es que necesitaba ese pequeño punto de encuentro con su propia esencia. No dijo nada, sus ojos azules, bien abiertos, puestos sobre Paul, esperando algún tipo de reacción de su parte, con la remota esperanza de que reculase por el bien de todos. Pero sólo lo contempló levantarse y marchar, obedeciendo al nosferatu a destiempo. 

Se giró un poquito para mirar a Malabeste entonces, valorando hasta qué punto podían suavizar el impacto. Sus pies se balanceaban con cierta inquietud que parecía acomodarse al ritmo de los dedos de Raphaëlle y su mirada buscó a Clemence por un instante. Lo cierto es que Mireille no creía que pudiesen tensar mucho más la cuerda después de lo sucedido en el sótano y que los echasen a todos de allí le parecía, sencillamente, inadmisible. Así que, mientras Paul se marchaba, ella intentó salvar los muebles.

—No discutiría nunca sus órdenes, Monseigneur —dijo, tratando de sonar como lo hacía Anaïs cuando hablaba con su jefe—. La Tradición del Dominio es bien clara, bien sûr, y este es su dominio. Mais... eso que ha dicho, lo de Madame Blandine —aclaró—. Es que nos han dicho que evaluarán nuestro Service en conjunto, no de uno en uno, savez-vous? —Hizo una pausa pequeñita en la que se mordió el interior de la mejilla y sus ojos se volvieron suplicantes al mirar a su anfitrión—. ¿No hay algún modo de que nosotras podamos arreglar con usted la falta de Paul para que su mala educación no nos perjudique?