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La Edad de la Inocencia (+18)

• Lord Preston Ellsworth Parlow •

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14/12/2015, 20:13
Lord Preston Ellsworth Parlow

Parlow Manor, 26 de enero de 1880

La nieve había dejado de caer hacía unas horas formando una densa alfombra impoluta que todo lo transformaba con su gélido abrazo. Mientras el coche en el que iban tú y y tu familia transitaba por el camino despejado hacia las puertas de la casa pudiste ver los últimos rayos del sol tiñendo de anaranjado un lado de la mansión. Ya a distancia desde sus ventanas se distinguía una cálida luz ambarina y esa sola imagen daba calor, como si la vista de esos vidrios encendidos tuviera una magia intrínseca e inexplicable.
La familia Parlow había sido muy cálida en la recepción y en la cena, que se había celebrado en el amplio comedor.

La cena había sido deliciosa y delicada con varios platos de cocina francesa, tan en boga. Luego de la comida, mientras los caballeros fumaban y charlaban de negocios la señora Parlow te invitó a recorrer la casa pero antes de emprender tal aventura fue detenida por su nuera y sus nietos que reclamaban su asistencia. Fue entonces que la señora Parlow vio la oportunidad de que su hijo menor, que estaba jugando con sus sobrinos, entablara conversación contigo. Ya habían sido presentados pero no habían cruzado más palabras que las que imponía la más estricta cortesía.
La señora Parlow se alejó hacia sus nietos luego de conversar brevemente con ambos acerca de la bendición que era que ambas familias pudieran encontrar buenos negocios para llevar adelante.

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14/12/2015, 22:24
z/ Elizabetha Hamilton

Había sido una cena maravillosa. Elizabetha, a pesar de ser una dama burguesa, disfrutaba de los placeres de la alta sociedad. Las cortesías, la impecable etiqueta... admiraba esos detalles. Pero lo que más disfrutó, fue la jovialidad infantil de los pequeños. Robert, su sobrino, era demasiado pequeño para jugar con los pequeños de la familia Parlow, pero Elizabetha se deleitaba con sus risas y sus juegos.

Para la ocasión, había elegido un vestido "hourglass", llamado así por su semejanza con un reloj de arena, ya que se estrechaba considerablemente en la cintura, destacando el busto y las caderas con un ceñido corsé, tan de moda en esa época, aunque esta vez había prescindido del polisón. Era de seda y satén, color burdeos, con bordados en hilo de oro y negro, un atuendo apropiado para la ocasión. Se había recogido el cabello en forma de espiga de trigo y había elegido unos pendientes de oro.

Cuando la señora Parlow se disculpó, dejándola con su hijo, Lord Preston, mientras Jaime y Alice acompañaban al señor de la casa, Elizabetha asintió y dirigió su mirada a Preston.

-Mi lord- comenzó a decirl haciendo referencia al título del caballero -, vuestros padres tienen una finca preciosa. 

Curvó sus labios en una sutil sonrisa, esperando que Lord Preston la guiara por la propiedad.

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14/12/2015, 23:27
Lord Preston Ellsworth Parlow

Mi madre, siempre dispuesta a presentarme muchachas casaderas. ¡Si supiera el peligro que era para ellas! Aunque en esta ocasión, en aras de mantener la paz con mi padre quizás me portara bien. -Qué pena que mi cuñada y mi madre se llevaran a mis sobrinos, dicen que soy mala influencia -deslicé con una semi sonrisa algo jocoso -Permítame enseñarle la finca, tanto como la nieve nos lo permita, mi señora -hice una leve inclinación de cabeza pero manteniendo mi vista en sus ojos.
Caminamos hacia la puerta y salimos al pasillo, la habitación más cercana era el despacho de mi padre, el cual mostré desde la puerta, por parecerme una habitación algo personal.

Luego nos dirigimos hacia la biblioteca, que era un lugar más de mi interés mientras caminábamos hice unos comentarios sobre el clima y su benevolencia al permitirnos llevar la velada a cabo.

-Este es mi lugar en esta casa, aquí suelo pasar horas leyendo y escribiendo -comenté a nuestra invitada -¿Tiene gusto por la lectura, señorita Hamilton?

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15/12/2015, 08:57
z/ Elizabetha Hamilton

-Vuestros sobrinos son encantadores, mi lord- dijo la dama con una sonrisa -. Los niños son una bendición, una chispa de vida que da calor a nuestros corazones- caminó junto al caballero, observando los detalles arquitectónicos y la exquisita decoración, y añadió: -Tengo diez alumnos en una pequeña escuela de Primrose Hill y, en ocasiones, invito a algunos de los hijos de nuestros trabajadores de la fábrica para leerles fábulas y obras de teatro. 

Cuando llegaron a lo que parecía una biblioteca, Elizabetha abrió los ojos de par en par, sorprendida de la cantidad de volúmenes allí contenidos. Miró al lord, complacida por su afición, clavando sus ojos castaños en él.

-Confieso que la lectura es uno de mis placeres, señor mío- dijo -. Siento cierta fijación por la obra de Jean de La Fontaine- desvió la mirada, sintiendo algo de vergüenza, pues el escritor mencionado creaba una poesía que captaba las almas de los hombres con cierta malicia y usaba la comicidad para elaborar sus fábulas y despertar la mente del lector -, aunque también he leído a Dryden y a La Fayette, entre otros- de nuevo miró al caballero -. Tengo debilidad por la poesía y la dramaturgia, mi lord, pero si hay una obra que me encanta, es el Cantar de mio Cid, que narra las gestas de Rodrigo Díaz El Campeador, un caballero castellano que luchó para recuperar las tierras que los moros habían arrebatado a los cristianos en su conquista de España...

Elizabetha se quedó en silencio unos instantes, como ausente, recordando algunos versos del cantar. Sonrió para sí, antes de centrarse de nuevo en el cabellero.

-Ruego disculpéis mi emotividad, mi lord. Los libros y sus relatos, a veces nos aislan de la realidad, abriendo las puertas a otros mundos, sean hechos pasados o reinos de fantasía.

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15/12/2015, 23:40
Lord Preston Ellsworth Parlow

-Le agradezco el cumplido, mi señora. Aunque el hecho de que sean encantadores tiene más que ver con su madre que conmigo. Solo soy la fuente de los regalos exóticos, nada más -solté con sinceridad, caminé serenamente sintiendo de vez en vez la madera lustrada del suelo y la mullida textura de la alfombra -Debo reconocer que la inocencia de los niños es quizás lo único realmente puro que quede en este mundo -tercié con cierta melancolía.
El vestido le sentaba muy bien a mi acompañante que se deslizaba con una elegancia infinita junto a mí, como un cisne que nada apaciblemente sobre la superficie de un lago. Cuando clava sus ojos en mí no puedo evitar fijarme en qué hermosa es esa oscuridad que me envuelve por unos instantes y no dejo de preguntarme qué hogueras alimentan su brillo embriagador, siento que la curiosidad que siempre me empuja al deseo de una mujer comienza a picarme, aunque esta vez prometí a madre que me portaría bien. -Qué noble de su parte al dar a esos niños la llave a las buenas lecturas, las lecturas edificantes -aclaré por si acaso -Muchas veces la fantasía es el único lugar seguro para cuando se es niño -musité con una leve sonrisa, recordando momentos de mi propia niñez en los que los libros eran mi única compañía en medio de mi inmensa soledad.
-Es agradable tener la oportunidad de conversar con una dama sobre lecturas -sostengo dándole una sonrisa -Por favor, no hay nada qué disculpar, la lectura es un buen camino para guiar los sentimientos, sobre todo con la poesía. Debo reconocer que leo demasiado a Lord Byron y a Shelley, grandes lumbreras de nuestra época. ¿Así que le gusta la fantasía?

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17/12/2015, 09:38
z/ Elizabetha Hamilton

-Creo que la fantasía nos ayuda a pensar de qué es capaz la imaginación, aunque unas personas la tengan más desarrolladas que otras- sentenció. Pocos hombres apreciaban que una mujer fuera dada a la lectura, eso la agradaba -. Irónicamente, también nos hace más consciente de la realidad, ¿no creeis?

Elizabetha caminaba tranquila, tanto como su vestido, más estrecho a la altura de los tobillos, le permitía. La moda de este siglo no está pensada para correr, pensó, ni para respirar...

El corsé la incomodaba, mas era lo que exigía la etiqueta protocolaria, algo muy importante a la hora de tratar con la alta sociedad.

-Mi lord, he escuchado que vos mismo disfrutáis del placer de la escritura, mas no he tenido el placer de leer ninguno de vuestros relatos- dijo, intentando olvidar con la grata conversación la tortura de aquel vestido que le arrebataba el aliento.

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19/12/2015, 17:48
Lord Preston Ellsworth Parlow

Una intensa satisfacción surcó mi rostro, pude notarlo por la sonrisa que dejé escapar de entre mis labios. El decoro decía que no podía tocar ese tema a menos que lo trajeran a colación y tampoco podía extenderme demasiado en él, pero el decoro era algo que no me tomaba muy en cuenta por lo general.
Miré a la mujer y ladeando un tanto la cabeza tercié: -Qué alto honor me hace usted señorita al hacer mención de la pasión que ocupa mis días, mis noches, mis pensamientos y mi vida toda. Pasión que como no podía ser de otra manera, es denostada por mi querida familia -dije esto último no sin ironía -Pero los que amamos la belleza somos muchas veces incomprendidos por los que nos rodean. Con gusto le enviaré por carta uno de mis poemas, si lo cree conveniente.
Le ofrecí cortésmente mi brazo derecho para que prosiguiéramos camino hacia los otros salones de la casa, -¿Y usted posee pasiones que el mundo desapruebe, señorita Hamilton? -sonreí algo descarado, sin embargo recordé al instante las palabras de mi madre y aclaré, para que la muchacha no se ofendiera -Me refiero a que tal vez fuma cigarrillos, es buena con las cartas o cazando... esas cosas que cuando las hace una mujer suelen espantar hasta al más valiente de los hombres -amainé una risa por lo bajo y abrí y entrecerré los ojos. Quizás se fuera espantada, en todo caso, tal vez fuera lo mejor para ella.

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21/12/2015, 01:18
z/ Elizabetha Hamilton

Miss Hamilton sonrió. -Me encantaría, milord- dijo ante el ofrecimiento de Preston de compartir un poema con ella por correspondencia. Tomó el brazo del caballero, enlazando el suyo, para caminar a su lado, mas la pregunta de placeres inapropiados la cogió por sorpresa, haciendo que la dama se ruborizara.

-Bueno, ahora que lo mencionáis, sí que tengo una afición impropia de una dama- dudó un instante, desviando la mirada, abochornada, pero Lord Parlow parecía ser un hombre que no se deja llevar por las habladurías y la apariencia, así que se animó a confesar -. Mi hermano y yo, solemos practicar la esgrima en secreto, desde niños- alzó la vista, mirando a su acompañante a los ojos -. Para mí, es difícil de describir el placer que supone, mas es liberador batirse en duelo y dejar a un lado las quimeras de la vida y las preocupaciones que nos atañen día tras día.

La mirada de Elizabetha se dirigió hacia el frente, como ausente, quizá recordando su niñez, con espadas de madera y, años después, estoques embotados. Ahora, Jaime y ella empleaban espadines de acero, con filo, algo que le daba, sin duda, mucha más emoción en sus escapadas de esgrima.

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25/12/2015, 20:54
Lord Preston Ellsworth Parlow

Alcé una ceja y la observé curioso por su confesión y su respuesta, ¡Al fin algo que no sea coser, tocar el piano o hablar de la iglesia! Pues tal parecía ser lo único que sabían hacer las mujeres inglesas, o quizás era que después de probar las mujeres indias pocas sorpresas quedaban para mí.
No pude disimular mi sorpresa y mi placer al escuchar sus palabras -Con que esgrima -señalé pensando en ella, figurándomela en pleno choque de floretes con otro oponente, vestida como hombre quizás, con su largo cabello oscuro suelto como una seda al viento -No puedo reprimir el pensar cómo sería ello -reconocí mirándola de lado, transmitiéndole mi interés, mi calidez, y por sobre todo, mi completo deleite con su confesión -Me parece un detalle que la torna infinitamente interesante a mis ojos, las damas convencionales, las que cosen, tejen y se pasean como actividad principal, me resultan terriblemente sosas -deslicé y rocé casualmente mi mano con la suya y luego la llevé hacia una cortina, haciendo un parate para mostrarle los campos nevados -Las quimeras de la vida -suspiré -Cuánta razón tiene, señorita Hamilton -tercié -Usted se bate a duelo, yo me embarco hacia India -sonreí de lado y la miré con mis ojos azules -Acaso esta vida común y corriente sea demasiado aburrida para unos espíritus inquietos como los nuestros, ¿no cree?

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26/12/2015, 09:34
z/ Elizabetha Hamilton

Elizabetha desvió brevemente la mirada, ruborizada, ante lo que pudiera imaginar su acompañante a cerca de sus duelos de esgrima. -Reconozco que es una afición peculiar para una dama...

Miró de nuevo al caballero, con una expresión entre orgullo y vergüenza, difícil de describir. Siguieron caminando y Elizabetha sintió un hormigueo allí donde la mano de Preston rozó accidentalmente la suya. La mujer no dijo nada, convencida de que había sido un hecho casual.

Acompañó a Lord Parlow hasta la ventana y se deleitó con las vistas invernales. Miró al hombre mientras éste hablaba. Un atisbo de sonrisa se dibujó en los labios de ella, quien giró la cabeza hacia el cristal antes de responder: -Interesante pregunta... Nunca me lo había planteado como una escapatoria del aburrimiento o la rutina, sino más bien, como un... desahogo- frunció el ceño, no muy segura de haber acertado con as palabras, entonces miró a Lord Parlow -. Quiero decir, que ayuda a despejar la mente y ver los problemas de otra forma, apartándolos brevemente mientras los aceros arrancan esquirlas de metal y recordándolos luego, con el cuerpo relajado y la cabeza en calma.

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28/12/2015, 17:28
Lord Preston Ellsworth Parlow

Yo conocía una actividad que me dejaba en igual estado, pero a ella le estaba vedada por cuestiones morales. Sonreí con la mente volando hacia otras costas más sensuales y regresando a mi compañía me pregunté si ya que le gustaba realizar actividades en secreto que estarían mal vistas gustaría también en romper otras reglas, en pos de conseguir "el cuerpo relajado y la cabeza en calma". Pero todavía era muy pronto para saberlo y tenía un viaje por delante que me alejaría inevitablemente de ella. Aunque no por carta y en las cartas podían las fantasías insinuarse de manera tan sutil que no causaban culpa ni arrepentimiento.
-Sin duda este es un rasgo interesante en una dama -susurré aprovechando nuestra proximidad para analizarla con mi mirada azul y en que notara la cercanía física que teníamos -Aunque personalmente no soy un modelo de gustos socialmente correctos, estimada señorita -me incliné sutilmente hacia ella solo para ver cómo reaccionaba y le señalé un camino de arbustos que bordeaba la entrada a la propiedad apoyando mi dedo índice contra el vidrio, dándole el respiro de mirar hacia otro lado -¿Ve esa hilera de arbustos desnudos allí? Son rosales, en primavera suelen estar llenos de flores que mi querida madre cuida con absoluta dedicación -susurré cerca de ella -Me gustaría que nos visitara y pudiera verlos.

 

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29/12/2015, 11:08
z/ Elizabetha Hamilton

Elizabetha se ruborizó al escuchar el sutil descaro del lord y desvió el rostro suavemente cuando él se inclinó hacia ella, llevándose una mano a los labios, disimulando.

La actitud y la cercanía de Lord Parlow, la ponían nerviosa, mas Elizabetha mantuvo la compostura tanto como pudo, desviando su mirada desde los ojos azules del lord, hacia los rosales deshojados. 

-Me encantaría verlos florecidos, Milord- dijo, serena. Tragó saliva, mirando su propio reflejo en el cristal, y discretamente el de su acompañante. Estaba allí, en parte, por negocios, aunque sabía que su cuñada no dejaba escapar cualquier oportunidad para enlazarla con algún hombre y ver si a fin, Elizabetha se desposa. La dama burguesa sacudió la cabeza de un lado a otro.

-La familia... a veces presiona demasiado, ¿no creéis?- preguntó, de pronto. Giró el rostro para mirar a Preston.

 

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30/12/2015, 18:55
Lord Preston Ellsworth Parlow

Sonreí maléficamente, mirándola de perfil de modo que nuestros rostros quedaron cercanos -La familia siempre presiona, igual que la sociedad -me tomé la libertad de clavar mis ojos en los suyos, luego los bajé a sus labios por un segundo apenas, pues tenía unos labios hermosos y gentiles, pero no quería que se ofendiera; volví a mirarla hundiendo mi mirada azul en la suya -No deje que la obliguen a nada, señorita Hamilton, nunca -dije aventurándome a adivinar la intención de su comentario -Piense que solo tenemos esta vida para vivirla, no vale la pena ir tras de alguien que no nos interesa totalmente, alguien que sea capaz de hacernos tener los sueños y deseos más locos, de llenar completamente nuestros pensamientos con su imagen y sus palabras -miré hacia afuera solo para mitigar el dolor que me provocaba que mis recuerdos me llevaran a una persona en concreto, ya muy lejos de mí y de esta vida -No vale la pena gastar años en quien no nos merece.

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30/12/2015, 21:07
z/ Elizabetha Hamilton

La cercanía de Lord Parlow, la inquietaba, mas ella mantuvo la compostura tanto como su cuerpo le permitía. La intensa mirada que le dedicó el caballero, hizo que tragara saliva, denotando parte de su nerviosismo, pero Preston no se había sobrepasado todavía, y Elizabetha no vio alarma alguna de que sucediera, menos cuando el lord habló. 

La dama burguesa, frunció suavemente el ceño. Sin duda, aquellas palabras escondían un doloroso recuerdo. Elizabetha abrió los labios para decir algo, quizá preguntar, mas optó por el silencio. Los pensamientos y los recuerdos del lord, estarían a salvo mientras él así lo quisiera.

No obstante, al intante, ella se aventuró en el tema de conversación, orientándose más a otras cuestiones: -Entiendo... mas yo me refería a la insistencia de la familia para contraer matrimonio- miró por la ventana -Ojalá hubiera una persona para cada uno, alguien que complete nuestra existencia, mas el amor es una ilusión para muchos, y las familias, dan prioridad al estatus, antes que a la dicha- de nuevo, sus ojos marrones se volvieron hacia el lord -. Cierto es, que el matrimonio concertado, propiamente dicho, casi ha desaparecido, pero la importancia de la clase, de la influencia, sigue siendo demasiado importante a día de hoy para las familias.

Se percibía cierta frustración en sus palabras.

-Quizá os resulte absurdo que una mujer piense de ese modo- sonrió a modo de disculpa -, pero hasta ahora, no he logrado escandalizaros con mis falta de decoro.

Era broma, y Elizabetha no pudo reprimir su encantadora risa. Obviamente, hacía referencia a su pasión por la esgrima y a la aceptación de Lord Parlow por las cosas, y comportamientos, poco convencionales.

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02/01/2016, 13:25
Lord Preston Ellsworth Parlow

Lancé una carcajada medida -Lejos está de escandalizarme, todavía -enfaticé -Coincido con usted, quizás se le da demasiada relevancia al dinero y la posición, aunque no se puede negar que juntas esas dos características abren muchas puertas -susurré concediéndole la razón -Quizás algún día las parejas se formen  por la elección personal, sin la influencia sofocante de la familia, y cada uno pueda hacer su propio destino en la sociedad por sus méritos... Bueno, creo que en cierta forma nos dirigimos a ello -sostuve -¿Retornamos al salón? Ya deben estar pensando que la he secuestrado... -lancé una sonrisa galante.

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02/01/2016, 14:20
z/ Elizabetha Hamilton

Agradeció que Preston se tomara a bien su broma. Sabía que era poco común hablar con tal libertad respetando los límites de la educación que se esperaba de una dama, pero se alegraba cada vez que podía mostrarse como era sin ofender o causar mala impresión.

Ladeó la cabeza, mirando hacia arriba de soslayo, pensando en las palabras del lord.

-Cierto que una posición de poder abre muchas puertas, pero también exige el cumplimiento de unas normas más exhaustivo- miró al caballero, aunque mantuvo su mirada el tiempo suficiente para cumplir con lo dictado por esas reglas sociales impuestas -. Sería algo digno de ver, que las personas pudieran encontrar el amor sin mirar su posición o sus arcas, expresar lo que sienten sin temor a dañar su imagen o reputación- frunció levemente el ceño -. Me pregunto si en otros lugares será diferente...

Asintió ante la sugerencia de regresar al salón y sonrió. Preston era divertido y elocuente, eso no podía negarlo. 

-Sí, mejor regresemos, pues mi hermano es bastante protector conmigo... removería cada piedra de Londres si yo desapareciera- contuvo una carcajada, llevándose la mano a la boca, para suavizar su risa.

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02/01/2016, 14:41
Lord Preston Ellsworth Parlow

The Picky Reader es una de las librerías más antiguas de Londres, su actividad se remontaba a la época de Shakespeare y desde entonces tenía fama de poseer la mayor parte de los libros impresos hasta 1789. Actualmente gozaba de la presencia de títulos nuevos también pero entre sus anaqueles de castaño de la India lustrado se puede encontrar prácticamente cualquier ejemplar si se busca con paciencia.

Al entrar sus molduras exquisitas y el aroma arrebatador a papel y tinta lanza un hechizo sobre los que desprevenidamente entran al local atraídos por los finos detalles de su arquitectura y los engulle al punto de soltar a las pobres víctimas al cierre del lugar.
Personalmente gustaba de ir a esta librería y hablar con el dueño, la 6ta generación de aquellos fundadores, y conseguir nuevas adquisiciones para mi biblioteca personal. Aquella tarde, aprovechando el buen clima, me había aventurado al primer piso por medio de aquella voluptuosa escalera de alfombra roja en busca de la sección de libros prohibidos; sabía que estaban ocultos aquí y allá, pero que si uno era lo suficientemente tenaz se los encontraba.

Comencé mi búsqueda casi sin fijarme si tenía alguien alrededor, debo reconocer que muchos autores me llamaban la atención y algunos títulos sugerentes me distraían; mi objetivo era claro: había oído la leyenda de que un primer ejemplar del Marqués de Sade reposaba escondido entre los estantes, y estaba dispuesto a encontrarlo.

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02/01/2016, 14:48
Lord Preston Ellsworth Parlow

-Oh, bueno, no queremos hacer enfadar a su hermano el espadachín- bromeé un poco, retornando a la conversación dije -Lamento decir que en India tampoco es demasiado diferente, tienen un sistema de castas rígido que no permite casarse a los de una casta con la otra. En nuestra sociedad, aunque menos frecuente, uno podría llegar a contradecir a su familia y a su posición casándose con alguien que otros podrían considerar como inadecuado según aquellos estándares, allí es imposible, al punto de pagar con la vida o el desprecio de por vida -reconocí con algo de indignación -Es francamente indignante cómo todo el mundo puede decidir qué es lo mejor para uno, menos uno mismo.
Volvimos por los corredores hacia la sala en la que estaba mi familia y dije cortésmente -Espero que haya disfrutado de la conversación, puedo asegurarle que yo sí lo hice -hice una leve inclinación para saludarla.

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02/01/2016, 15:43
z/ Elizabetha Hamilton

Una expresión de tristeza arrugó el ceño de la mujer ante las palabras del lord -Siento escuchar eso... es muy triste- ejecutar a alguien por querer desposarse con quien quiera, le parecía un castigo desproporcionado. Entendía que se concertaran matrimonios, pues no era muy distinto allí, en Inglaterra, donde las familias solían maquinar para desposar a sus hijos con personas influyentes, por salvaguardar su propio estatus, o mejorarlo -. Aún así, puedo llegar a comprender que es otra cultura diferente. Quizá ellos consideren algunos de nuestros hábitos inconcebibles, ¿no creéis?

Cuando llegaron al salón, Elizabetha inclinó la cabeza hacia el caballero, con una elegancia y serenidad, que apenas dejaba entrever la ligera curva de sus labios.

-En efecto, Milord, ha sido una charla enriquecedora. Vuestra elocuencia es digna de admiración- dijo, dando por terminada la visita guiada por la mansión, para regresar con el resto de invitados y los anfitriones. Entonces el sobrino de Elizabetha comenzó a llorar en manos de su madre y Alice le pidió que lo sostuviera mientras buscaba su mantita de dormir. Miss Hamilton, acudió sonriente y tomó al pequeño Robert entre sus brazos, murmurándo palabras llenas de dulzura y mirando el suave rostro de su sobrino con fascinación.

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02/01/2016, 17:17
Zona Fleming Howard

The Picky Reader, eso rezaba el letrero de la puerta. Había encontrado aquel sitio callejeando un poco por Londres, no era la librería habitual a la que solía acudir, pero aquella mañana, desangelada de hermanas regias y la vara de decoro, desprovista del brazo de mi hermana, me había sentido alada para revolotear por las calles de Londres, en busca de algo más. Y allí estaba yo, frente a la puerta de una librería, qué novedad.

Suspiro mirando el letrero justo cuando un caballero sale por la puerta, el olor a libros de segunda mano, a polvo, a tinta… definitivamente quedo enamorada y sin pensarlo decido entrar. Mis dedos corretean por los primeros títulos, aunque debo confesar que mis ojos, inquietos, ávidos de lectura por lo general, acaban yendo de aquí para allá, entre los grabados de madera y los lomos de los libros, sin terminar de leer ningún título.

Hipnotizada, mis pasos van adentrándose más y más. Termino pasando la mano derecha, de entre los lomos de los libros a la madera fina de la escalera, y subo, como quien está en un ensueño, qué lugar tan hermoso. No es la librería fría y adusta de siempre, éste lugar tiene magia, es un cementerio de libros que alguien no quiso, libros con el corazón roto por sus dueños.

Río, pensativa, perdiéndome entre otro de los pasillos. Veo de refilón a un caballero rubio, buscando en la estantería, y sonrío de medio lado ¿Me veo así yo mientras reviso los títulos?

La pregunta pasa fugaz por mi mente, porque enseguida termino rezando lomos, musitando títulos. Hasta que uno me sorprende.

- ¡Les Cent Vingt Journées de Sodome! – exclamo en un perfecto francés ¡Ups! - ou l'École du libertinage – termino el título murmurando, quizás me he excedido en mi emoción.

Confieso que había leído aquel libro y me había perturbado terriblemente, era tal el desasosiego y el calor me infundieron las primeras páginas, así como el terror y el miedo que llegó después, que tiré el libro cuando terminé a la lumbre de leerlo. Aquellas páginas me obsesionaron, y eso que las había leído en inglés, en francés debían ser aún más arrebatadoras, el idioma facilitaba la sutileza de algunos movimientos y la brusquedad de otros. Las descripciones en francés debían ser aún más demoledoras.

Entre mis manos, el libro tiempla. Abro las páginas, ensimismada, dispuesta a leer cualquier frase. Lo quiero, aunque el dependiente seguro que me mira de forma extraña al comprarlo ¡Pero no me importa!

Notas de juego

He sido más rápida =P

xDDD