Partida Rol por web

La Edad de la Inocencia (+18)

• Meredith Grace Walker •

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09/03/2017, 10:25
Meredith Grace Walker

Ultimamente estoy mas ajetreada que nunca. Trabajar en casa, en el periódico y asistir a eventos era mucho que hacer, pero me ayudaban a mantener la mente ocupada, además de los muchos sucesos que ocurren constantemente en Londres. Sin embargo Gabriel era uno de mis mayores preocupaciones aunque no lo pareciera. Apenas hablo de él cuando amigos me preguntan, no quiero dar una mala impresión de él, pero tengo que callarme muchas cosas para no djar mal a la familia.

Con James siento que mi cuerpo se afloja y puedo relajarme, no pensar en el qué dirán o qué pensará sobre mi o sobre mi familia, me permitía abrirme ante él. Mi expresión de preocupación se agrava y no pierdo vista del muchacho. Como gesticula, como mira y como se posiciona aquí en el despacho de mi casa. Mantengo las manos unidas sin dejar de mirarle.

Cuando se disculpa por no ser cortés, aprieto los labios y niego con la cabeza en un ligero gesto de restarle importancia, mientras sigo escuchándole. Un premio… Gabriel ha ganado un premio y… ¿No se ha enterado? Mis ojos se abren lentamente sorprendida pero asiento a sus palabras mientras poco a poco voy compungiendo el rostro, arqueando las cejas y apretando un poco más los labios a la vez que sujeto los dedos de mi mano alzadas a la altura de mi vientre, sobre el corsé.

Suspiro cuando realiza la primera pregunta y pienso que es mucho tiempo sin contactar con James. Me siento afortunada de ser yo quien parece que tenga mas noticas que nadie de los que mi hermano conoce.

Me acerco a un cajón de la mesa principal, del escritorio y lo abro. Ahí tengo todas sus cartas - Escribe desde algún lugar de Lacock - Digo mientras sujeto su última carta pero la deposito de nuevo en el cajón, acariciándola mientras la observo, pensativa y ahora… más preocupada si cabe. - Aún espero su última carta, creo que ya hace 7 meses que no recibo nada.

Levanto rápidamente la mirada hacia James, mostrándole así la absoluta preocupación de mi rostro - ¿Obsesionado con qué? ¿Crees que estará bien…? Cuétname todo lo que sepas James. Por favor...

La mano que me queda libre sujeta mi ropa con fuerza, mientras que la otra sigue apoyada en la carta con el cajón abierto.

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10/03/2017, 20:21
Lord Preston Ellsworth Parlow

Aspiro suavemente los olores y fragancias de la habitación a mi alrededor, de la persona a pocos metros de mí. Olores distintos, nuevos, con historia. Fragancias delicadas, con una mezcla de lo sublime y lo terrenal, como la persona que las porta; me pregunto internamente cuál será su jabón para asearse, cuál su loción o perfume de las mañanas, qué cremas y ungüentos usará para mantener su piel pálida y cremosa, como un terciopelo compuesto por sutiles copos de nieve.

En una de mis caminatas por el salón espié por el rabillo del ojo su lenguaje corporal, la leve dubitación en su expresión al yo recitar los versos de Víctor Hugo, me permití admirar su perfil, la suave curva algo respingada de su nariz, el color borravino de sus labios, la delicada mata de cabello ensortijado que le caía desde el improvisado rodete. Me pregunté hacía cuánto que nadie amaba a esta mujer cuyo encanto estaba oculto a los ojos de los ignorantes, hacía cuánto que nadie la amaba en cuerpo y alma.

Me acerqué suavemente, sintiendo el aire vibrar extrañamente a nuestro alrededor, dejando que mis pasos me delataran mientras iba a su encuentro. Me detuve a solo unos centímetros nuevamente y ladeé suavemente la cabeza hacia un costado antes de que mi voz volviera a llenar el espacio que nos separaba -¿Sabe por qué quiero esta fotografía, Meredith? -dije tomándome el atrevimiento de llamarla por su nombre, disfrutando del sonido y la métrica de su nombre en mi lengua y de la vertiginosa cercanía que nos daba esta audacia.

La miré esperando que me devolviera la mirada, ya fuera llena de agravio o de aceptación, ambas posibilidades me complacían. En todo caso, hice de cuenta como si el detalle fuera casual -No solo porque es un recuerdo de mi amada hermana y de la innegable mortalidad ligada a aquellos a quienes amamos -expliqué -Si no porque mi cuñado, el viudo de mi querida Edith, y yo vamos a hacer una sesión espiritista -confesé con una sonrisa de lado -Una médium vendrá a mi casa y ayudará a mi querido cuñado a cerrar aquellas puertas que la muerte de mi hermana dejó entreabiertas. Si usted fuera capaz de volver a hablar con un ser amado, ¿Lo haría? -inquirí temiendo ser demasiado invasivo con mi pregunta, por un instante mi corazón pensó en Denali, mi prometida de la India enterrada hacía ya meses en el arcilloso suelo junto al Brahmaputra, y dio un vuelco, me quedé sin habla unos segundos hasta que pude reponerme.

Aunque atrevida e íntima mi pregunta había sido sin malicia, en verdad quería saber la opinión de la dama, una dama que todos los días andaba fotografiando las huellas que la muerte dejaba en el país de los vivos.

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13/03/2017, 20:14
James Reynolds

- ¿Lacock? - preguntó con evidente sorpresa -. ¿No es una pequeña villa camino a Bristol? - inquirió inseguro, no sabiendo donde ubicarla exactamente. Durante unos momentos James se sintió confuso, no comprendiendo qué podía hacer Gabriel en una aldea tan apartada.

Acto seguido se figuró que, tal vez, sí tendría sentido que él quisiera alejarse de las compañías y contactos habituales: así podría trabajar y desarrollar todos aquellos estudios y ensayos que en su día ambos hicieran. Pero de una manera que no pudo hacerlo ante James, por negarse él. Y sin embargo...

- Meredith ¿Sabes por qué querría Gabriel apartarse de todos? ¿Te dijo algo del por qué de su reclusión? - preguntó de nuevo con una mirada que lentamente se movió hacia las cartas, vestigios de que aun se hallaba activo... y ocultándose.

No contestó a la pregunta de la mujer, pues no sabía que decirle exactamente. ¿Sospechas? ¿Conjeturas? ¿Hipótesis?. Él era un hombre de ciencia y por tanto de cosas precisas, a pesar de ciertas vivencias inexplicables. Y aunque podía aventurar lo que él pensaba, tal vez su opinión fuese más acertada en función de lo que respondiera la hermana de su ex-compañero.

Observó la tensión de la joven viuda y comenzó a sentirse culpable por llevarla a un estado de ansiedad, sin embargo parecía que para ambos lo mejor era dar con respuestas a todo esto.

Había venido con la intención de encontrarlo para comunicarle e invitarle a unos galardones. Pero también había venido con la inquietud de hallar a su antiguo amigo inmerso en algo peligroso. Y terrible.

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25/03/2017, 21:43
Meredith Grace Walker

Trato de no distraerme por la mera presencia del señor Parlow, su caballerosidad es digna de ser atendida pero no quería entretenerle de más. Voy pasando las fotografías con rapidez, pero algo parece mover el papel, como si la caja que las contiene cayese hacia mi cuerpo empujada por el peso de las demás que se encuentran detrás, los formatos comienzan a moverse más ágiles que mis dedos. Los rostros de los fallecidos pasan ante mis ojos como impulsados por un zootropo cuyo mecanismo hace girar distintas fotografías en movimiento, unificándolos en uno solo y creando vida donde no la hay. Todos y cada uno de los rasgos faciales los intercepto en mi mente, recuerdo cada uno de los fallecidos donde fueron obligados a posar para la posteridad, para el recuerdo de sus familiares, ahora se unificaban en uno solo y creaban un solo espectro de ojos cerrados y movimientos torpes. El rostro de Nathaniel se me hace visible en aquel pequeño movimiento vertiginoso.

La visión me carga la vista y cierro los ojos, dejando inmediatamente de rebuscar en viejos recuerdos de papel polvorientos. Empujo la caja al final con suavidad, y oigo la voz de Preston cerca, muy cerca de mí, lo cual no espero por lo que giro rápidamente mi rostro hacia él, parpadeando de seguido en un movimiento de pestañas fatigoso. Me llama por mi nombre y me detengo a observar sus ojos. Me siento extraña, algo me apresa, una fuerza que no logro identificar me hace sentir ligera pero pesada a la vez.

Pierdo la noción del tiempo, he olvidado si le he respondido a Preston a su pregunta, así que muevo la cabeza de forma negativa como única respuesta, mientras oigo lo que me dice. Me cuenta algo de una sesión espiritista y entonces, parpadeo aún más rápido, inclinándome hacia él con cierto reparo e impresión. E incluso me pregunta si sería capaz de hablar de nuevo con Nathaniel. Un calor nacido de la idea de volver a comunicarme con mi marido invade mi pecho y elevo una mano hacia el mismo, sujetando los adornos del cuello de mi vestido distraídamente, mientras la otra mano sujeta con fuerza la caja de fotografías - ¿Ha… ha… hablar con… mi marido…? ¿Con Nathaniel? - Suspiro, frunzo el ceño y giro lentamente la cabeza en un intento de volver a responder con una negativa pero… sin llegar a hacerlo, quedando en un gesto olvidado y con reparo de ser realizado.

El calor de mi pecho contrasta con un frío repentino que siento en mis pies, eso me hace dejar de pensar en lo que estoy haciendo y dejar de mirar a Preston. Llevo mi mirada hacia la ventana, está cerrada, no me explico esta cantidad de sensaciones que estoy experimentando ¿Serán imaginaciones mías? ¿Estoy sufriendo de delirios delante del señor Parlow? ¿Tan grave es mi depresión?

De pronto, una ráfaga gélida recorre la habitación y cierra de golpe la puerta del laboratorio, que hasta ahora se encontraba entreabierta. A su vez, la caja que sujeto es tirada con fuerza por una energía no visible, no tangible, que no procede ni de mi, ni del caballero que me acompaña. Somos los únicos en la estancia, al menos los únicos en cuerpo presente. Me muevo hacia delante empujada por dicha fuerza y me veo obligada a soltar la caja, la cual se desparrama yendo a una esquina del estudio en un golpe ruidoso, desplegando en un abanico perfecto las fotografías que estaban ordenadas en su interior a su paso, extendiendo hacia el centro de la habitación un solo papel. Una sola fotografía. La fotografía de Edith Ellsworth Parlow.

El desconcierto y la estupefacción se apoderan de todo mi ser y abro los labios para intentar emitir lo que siento, mientras mis rodillas tiemblan y desciendo en un movimiento entrecortado hasta el suelo. Mis manos se tiritan, mi cuerpo convulsiona ligeramente debido al pavor que siento en este instante y mis ojos se desvían un instante de la fotografía para dirigirlos hacia Preston. - Nathaniel… - Consigo decir en un hilo de voz que mi garganta permite, con los ojos desencajados. Menciono el nombre del tercer asistente a este encuentro en un susurro casi terrorífico.

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31/03/2017, 18:39
Lord Preston Ellsworth Parlow

-Entiendo -murmuro ante la innegable presencia del difunto esposo entre nosotros y la vocalización de ello que ha hecho la señora Walker. Parpadeo varias veces porque mis ojos no dan crédito de cuanto sucede a nuestro alrededor, el frío que irrumpe en la habitación de pronto y sin causa aparente me eriza los vellos del brazo bajo la camisa. Es increíble que la sola mención del fallecido señor de la casa provoque este revuelo, debe ser un espíritu muy inquieto y jamás lo hubiera pensado posible si no lo hubiera visto con mis propios ojos. ¿O será mi presencia?

Sí, creía en las almas y en aquellas que no encuentran descanso, sin embargo, era difícil imaginar que algo tan... perturbador pudiera tener lugar con solo pronunciar unas pocas palabras. Las fotografías y sus rostros pasan rápidos delante de la pobre Meredith que apenas puede con su alma y frente a mis ojos que contemplan con muda y temerosa fascinación tal despliegue de vehemencia en alguien sin cuerpo; observo a mi anfitriona y me observo a mí mismo como si fuera un mero espectador y no un protagonista de una postal de terror digna de Poe.

Por alguna razón tengo la certeza de que el espíritu del famoso Nathaniel no puede hacerme nada físico más que arrojar cajas y manifestarse claramente por medio de cambios de temperatura, camino hasta donde yace la fotografía de mi hermana y la recojo del suelo sosteniéndola entre mis dedos pulgar e índice, luego retrocedo y paso mi brazo por la cintura de Meredith levantándola del suelo, contra mí, no es tan difícil teniendo en cuenta su contextura y el estado en el que está.

-Señor Walker, gracias por su invaluable ayuda, esta es sin duda la fotografía de mi hermana -digo mirándola con tristeza, tratando de ocultar cuánto me afecta -Ahora si no le molesta voy a llevarme a Meredith abajo para que se reponga del susto que le ha dado -afirmo, como si estuviera hablando con alguien tangible, siento por instante que estoy loco y me pregunto cómo ha hecho esta mujer para mantener su cordura durante este tiempo. Miro a la mujer directo a los ojos y le doy al orden -Usted viene conmigo -no hay derecho a réplica, deseo que entienda que no podemos quedarnos allí por su propio bien.

Retrocedo con ella caminando cautelosamente, esquivando algunos muebles que amenazan con cambiar de posición y papeles y cortinas que siguen agitándose. Llegamos a la puerta y me veo obligado a forcejear un poco antes de abrirla, cruzamos el umbral como si fuera un pasaje secreto a otro mundo, cierro la puerta e intercambio una mirada con ella, miles de preguntas vibrando en mi mente, chocando unas con otras. Estamos afuera, pareciera que ahora todo se ha calmado.

-Su esposo es un fantasma celoso -me permito deslizar mientras todavía la mantengo contra mí, -No lo culpo; esa demostración es la más fuerte que he visto hasta ahora, había leído al respecto pero no visto, sí intuido, pero no confirmado -verbalicé y luego pensé "Por eso sé que es un espíritu y no un demonio, ahí sí que estaría en problemas señora Walker".

Suspiro, quiero que vea que no está loca, que yo he presenciado lo mismo que ella, y quiero que se reponga -Ahora dígame dónde está su recámara, necesita descansar. No discuta conmigo -apenas murmuro con su rostro cerca del mío -Solo dígamelo, Meredith, este será nuestro secreto.

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19/04/2017, 21:03
Meredith Grace Walker

La reacción de Preston ante la situación me revuelve. Me hace entender que trata con temas como este con frecuencia o que está lo suficientemente acostumbrado a presenciar este tipo de situaciones. Parece imperturbable ante la presencia de Nathaniel. Lo parece, por supuesto ya que puede alojar en él un sin fin de sensaciones que no exterioriza y que no soy capaz de ver.

Intento recuperarme aunque temo a realizar un movimiento brusco, no quisiera espantar a Nathaniel, el hecho de que haya querido venir a verme ahora era en cierto modo, un regalo.

Preston comienza a comunicarse con mi marido y ahora fijo mi mirada llena de terror en el caballero, que se toma la situación con bastante temple y calma, lo cual admiro. Se disculpa ante Nathaniel muy educado y cordial, no puedo apartar la mirada de él. Se acerca a mí y toma la iniciativa, me rodea con sus brazos para levantarme y me sostiene en el aire con facilidad.

En el momento en el que me alza, llevo mis manos a sus hombros pero mi mirada ahora se clava en la habitación, buscando a Nathaniel de algún modo, quisiera verle y sentirle una vez más… En cambio… es Preston el que está aquí ahora. Me inclino hacia la puerta aferrándome al cuello de Preston -y mi pecho al suyo- bsucando con la mirada a mi marido por algún lugar de la habitación - Nathaniel… - Le llamo casi en un susurro agotado.

Me siento confusa y horrorizada. En cuanto Preston cierra la puerta del estudio exhalo un suspiro proveniente de lo mas profundo de mi pecho. Elevo la mirada a los ojos del hombre, nuestros rostros se encuentran cerca pero no pienso en nada, tan solo le escucho hablar. Una mezcla muy intensa de sensaciones me alborotan y le miro fijamente con una expresión angustiosa en mi rostro, sobre todo en mi mirada. Mientras me lleva hacia las escaleras, en busca de mi habitación.

Pienso en Nathaniel pero sobre todo ahora me centro en Preston y su fuerte intención de hacerme sentir dentro de este plano astral. Su imposición hacia mí me sobrecoge, me pide que no discuta con él acerca de llevarme a mi habitación y que además será nuestro secreto.

Cojo aire lentamente y lo retengo en mi pecho mientras le miro así, sujetándome fuertemente a sus ropajes, agarrando su ropa en mi puño. - Nuestro secreto... - Niego con la cabeza abriendo los labios, quise negarme pero su forma de mirarme me impone y me obliga a aceptar.

Bajo la mirada hacia las escaleras - Está en el segundo piso - Estamos en el tercero y último - Es la puerta que hay al fondo del pasillo…

Contesto, me abandono a su decisión. Espero que la situación no le haya asustado, uno de mis pocos acercamientos a alguien desconocido y un vago intento de hacer amistad y… se esfuman como el viento. Con ese pensamiento observo de nuevo sus ojos en busca de un vestigio de repulsión ante mí y lo ocurrido.

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11/05/2017, 11:16
Lord Preston Ellsworth Parlow

Mis ojos escrutan a Meredith con una mezcla de malsana curiosidad y fascinación, parece la protagonista de un cuento de terror, puedo ver mientras la hago caminar con gentileza hacia su recámara, su cuerpo pegado al mío, sus manos en mis hombros tan cálidas, que se debate entre negarse a mi pedido y dejarse hacer, por suerte decide ceder ante mí. Necesito que esa parte de su voluntad que quiere esfumarse junto con su incorpóreo partenaire decida quedarse conmigo en el aquí y ahora.

No pienso dejar que sea arrastrada por esa corriente del inframundo que nos rodea, ¿Cómo puedo explicarle que no le espera nada bueno al ir tras algo de este talante? ¿Que aquellos que bien nos aman no nos hacen daño? ¿O es ella la que no lo deja ir?

Hundo mi mirada azul en la suya y la dejo reposar unos instantes, como si el ejercicio me diera una revelación al cabo de un tiempo. El silencio nos rodea, un pequeño ruido a madera crujiendo desde la habitación que acabamos de dejar atrás nos despierta del ensueño, doy un respingo suave y cierro los ojos solo para volver a abrirlos y continuar con mi tarea antes de que sucumba al estrés de su cuerpo.

Es extraño tomar consciencia, por un breve instante, de la cercanía de su cuerpo, de su calor, de la forma en la que las puntas de su cabello rozan mi mano; siento el impulso de retenerla entre mis brazos, sin embargo, me obligo a caminar y a separarme levemente de su cuerpo... No puedo creer que en una situación así mi mente y mis instintos tengan espacio todavía para pensar en lo sensual y reprimo todo el conjunto de imágenes que insisten en llenar mi cabeza, las empujo a un lado sin mirarlas como quien se evade en un museo de alguna pintura que sabe que le hará daño, que tocará partes que no es necesario que sean azuzadas en ese momento.

No quiero que se desvanezca y no puedo arriesgarme a que lo haga conmigo aferrado a ella, me inclino y paso mis manos delicada pero rápidamente por el hueco detrás de sus rodillas, la levanto en brazos, su cuerpo nuevamente contra mí pero de lado.

Bajo las escaleras raudamente, su peso ligero entre mis brazos, su perfume intoxicándome. Mis pasos la llevan en un instante a la puerta de su habitación y una extraña sensación me invade en cuanto la abro: me siento a partes iguales como un héroe y como un villano. Como un héroe porque en mi interior creo que la he salvado, en cuerpo y alma, de algo que ella no puede manejar. Como villano porque una parte de mí quiere poseerla, en cuerpo y alma, y tiene todas las chances ahora que estamos solos en este, su recinto sagrado.

Ahora mi vista se ha vuelto hacia los cuadros de los que antes había huido en mi museo interior y los mira, los contempla con el mismo sensual temor con el que los venecianos miraban los cuadros de Leda y el cisne y no se inmutaban ante la cópula de una mujer casada con un dios transformado en ave, porque los dioses son caprichosos y siempre obtienen lo que desean. Es el erotismo de lo prohibido, la sensualidad de lo transgresor en su máxima expresión.

Pienso en Emily, pienso en aquellas cosas de mí que nunca sabrá y que nunca conocerá, pero que para otros son las únicas que ven cuando me ven, y me pregunto si Meredith, en esta conjunción de extraños sucesos que nos ha acercado, no será acaso la única que vislumbre las dos partes de mi mismo yo.

La ironía me hace sonreír. Mantengo esa sonrisa mientras la recuesto en su cama y me siento a su lado; debería comprobar si se encuentra medianamente bien, como me había enseñado aquel doctor bengalí en el barco carguero que nos transportaba a Delhi río arriba, pero dominado por cierto impulso malévolo poso mi mano en su pecho y busco su corazón con los ojos cerrados, luego muevo la yema de mis dedos a su cuello y chequeo que está latiendo muy rápido.

Una realidad me golpea en ese instante: no quiero separarme de ella. Su trágica belleza mueve sensaciones en mi espíritu de poeta que me hacen al mismo tiempo estremecerme y suspirar, anhelar y contemplar, tomar y preservar.

Los poetas no somos almas sensibles que buscan capturar lo efímero con su pluma, no. Los poetas somos almas sensibles que pueden mirar con un ojo cerrado y el otro abierto lo maravilloso y lo terrible de este mundo y amar a ambos.
Mi mano sube a su mentón, rozo sus labios sin pedir permiso con mi pulgar, mis ojos se diluyen en su cabello desparramado sobre la almohada, un poema y una condena, tan sublime que es una invitación a lo profano. Luego languidecen en su rostro, en su piel pálida.

De pronto me doy cuenta de que estoy inclinado sobre ella, quizás demasiado, y me obligo a tomar distancia: no ha llegado aún el día en el que mis manos den placer a pieles y cuerpos que no lo deseen.

-¿Tiene algo fuerte para beber? -le pregunto en un suspiro, evidentemente acalorado. Chasqueo la lengua -Necesita tranquilizarse -explico mientras espero que me indique -Y yo también.