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La Edad de la Inocencia (+18)

• Prue Lascelles •

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01/01/2017, 18:46
Prue Lascelles

El brillo en los ojos de Prue ya no era causado por las lágrimas sino por la alegría que experimentaba. Se sentía como en un sueño en el que no había nada, salvo ellos dos. Permanecía sujeta a su mano, tal vez temiendo que  al soltarla él se desvaneciera en el aire o simplemente despertaría para regresar a una realidad que se antojaba gris. «¿Lo hice bien?», era la pregunta que resonaba en su mente. Quería preguntarle, pero le daba vergüenza hacerlo. ¿Qué iba a pasar si la respuesta era no? Aunque sabía que Louis jamás le diría eso, pero... No podía dejar de sentirse insegura. Había tanto que desconocía y él era un hombre experimentado. ¿Y si se aburría de ella?

La caricia en la barbilla rompió una línea de pensamiento que lo único que iba a conseguir era sumirla otra vez en un mar de tristeza, dudas e inseguridades. Parpadeó y sonrió, dulce e inocente. Siempre se habia sentido segura con él, desde el día que se conocieron y eso no tenía por qué cambiar. Debía dejar las dudas a un lado y no permitir que éstas empañaran algo que ni siquiera había comenzado.

Sostuvo su mirada mientras le hablaba, pudiendo notar en ellas una inseguridad que nunca antes había percibido. Estaba nervioso, ambos lo estaban. Cuando terminó de hablar la sonrisa en el rostro de Prue se había extendido hasta su mirada, un brillo saltarín le bailaba en los ojos. Bajó la cabeza, fijando la vista en las manos de ambos, suavemente con el pulgar acarició la de él para enseguida, y en lo que bien podría interpretarse como un impulso, cogerla suavemente con ambas y acariciarle el dorso.

Soltó el aire de los pulmones, lo había estado conteniendo sin siquiera darse cuenta, y esa expulsión de aire fue acompañada de una suerte de resoplido mezcla del alivio y felicidad contenidas. Cerró los ojos, sonriente, y llevó la mano de Louis a sus labios para besarla afectuosa, emocionada. La sujetaba delicada pero firmemente, ejerciendo una ligera presión al hacerlo y, sin despegar los labios en principio, asintió para luego levantar la cabeza y responderle con una sonrisa que ahora parecía grabada en su rostro.

—Sí... ¡Sí! ¡Por supuesto que sí! —exclamó siéndole imposible disimular lo alegre y emocionada que se sentía.

Notas de juego

La imagen no es muy buena, pero tal que así:

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08/01/2017, 04:25
Louis Kindelanver

La dulzura del gesto de Prue besando el dorso de su mano encandiló la mirada de Louis a medida que sentía algo derretirse en su pecho, como si sus mismos pulmones se hubieran convertido en melaza espesa y dulce. Se quedó inmóvil, contemplando a la muchacha con cuidado, como si sus emociones pudieran derramarse hasta desbordarle. Y cuando ella alzó su rostro, no pudo evitar reír de pura felicidad al ver su expresión y escuchar sus palabras.

Soltó el aire que no era consciente de estar conteniendo y tuvo que reprimir el impulso de buscar sus labios de nuevo. Lo último que deseaba era sobresaltarla. Era tan joven, tan inocente y delicada, que le daba pánico pensar en ensuciarla o asustarla. Sin embargo, sí inclinó su cabeza para besar su frente con delicadeza, conformándose con ir paso a paso, al ritmo que ella marcase. Apenas recordaba muy remotamente haber estado en esa situación antes y sabía lo que diría su tía en cuanto se enterase... Que iban a necesitar una chaperona de ahí en adelante para que el honor de Prue no quedase en entredicho.

Y al darle vueltas a eso, de inmediato su mente empezó a planear ese viaje. Aunque entonces una idea pasó por su mente y su ceño se frunció inquisitivo cuando habló de nuevo.

—Usted me acompañará, ¿no es así, Prue? —preguntó, incómodo con la idea de hacerlo solo. No pudo evitar que acudiese a su mente el momento en que había acudido a los Parlow junto a Edith y durante un brevísimo instante su felicidad se empañó un poco con ese recuerdo. Lo apartó rápidamente para aclarar a qué se refería—. Cuando vaya a visitar a sus padres, quiero decir. Creo que sería apropiado que fuese usted quien nos presentase antes de que yo pueda hablarles de mis intenciones. Estos días estoy bastante atareado con el asunto del periódico, pero digamos... ¿Cree que podríamos viajar en un par de semanas, a finales de este mes? Por desgracia, me temo que no podré ausentarme muchos días de Londres.

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13/01/2017, 04:18
Prue Lascelles

Cerró los ojos al sentir su beso en la frente. Contuvo el impulso de apoyar las manos en su pecho y ponerse de puntillas para sentir el contacto de sus labios otra vez. Deseaba abrazarlo, sentirse rodeada por sus brazos del mismo modo que viera hacer tantas veces al prometido de Ginny, pero se tuvo que conformar con ese beso casi paternal. Sonrió, después de todo hasta hace quince minutos ni siquiera a ese beso creía poder aspirar.

¿Qué iba a decir su prima cuando le contara? ¿Y Emily? ¿¡Y Peter!? En especial Peter. La última vez que tocaron el tema, Prue abrió su corazón e intentó convencerlo ─y convencerse─ de que se conformaba con su amistad. ¡Qué equivocada estaba! A partir de entonces se había ido hundiendo poco a poco, como si estuviera siendo tragada por arenas movedizas. Y ahora todo ese pesar que había experimentado se veía transformado en alegría, mas esa alegría venia acompañada de incertidumbre.

─¿Acompañarlo? ─replicó sin poder ocultar el nerviosismo que la sola idea le provocaba. Pero enseguida pensó que eran sus padres y que ellos eran felices sabiéndola feliz. El verdadero temor era otro, su tía, pero si se detenía a pensar en que de no ser por su intervención tal vez jamás se habrían conocido...

─Sí, claro, yo lo acompaño ─respondió sonriente─. No voy a desaprovechar la oportunidad de ver a mis padres, además a finales de mes es más que perfecto, ya tenía todo organizado para viajar en esa fechas ─intuyendo tal vez lo intimidante que podía resultar esa conversación para él, se apresuró a añadir─. No se preocupe, les escribí de usted a los pocos días de conocerlo y le he mencionado en otras cartas ─confesó y a medida que pronunciaba las palabras el tono de su voz descendía, se sentía avergonzada─... Nunca han dicho nada malo, de hecho hasta saludos le enviaron una vez, pero nunca se los di porque me daba vergüenza decírselo.

Bajó la cabeza un instante, ocultando su rostro que había vuelto a sonrojarse. Cuando volvió a mirarlo, pese a que seguía sintiéndose cohibida por la confesión que acababa de hacer, tenía un brillo especial en los ojos. Estaba ilusionada.

─Estoy segura de que van a estar felices de conocerlo... ─titubeó un instante antes de seguir─ Supongo que también deberá hablar con mi tía, aunque no sea más que una formalidad. Después de todo ella y su tía son las culpables de que nos conociéramos, ellas querían que ésto pasara y seguro que cuando estén a solas harán cabriolas de saber y poder hacerlas.

Rió divertida por la ocurrencia y es que en verdad se las estaba imaginando dándose palmaditas y congratulándose mutuamente por haber tenido la idea de reunirlos. No obstante, conociendo como conocía a su tía, Prue sabía que les recriminaría el haber mantenido su amistad en secreto, mas confiaba en que sabría entender sus razones.

Miró entonces hacia el lugar en que habían dejado las cestas y como si le hubieran arrojado un balde de agua fría, abrió los ojos como platos.

─¡Dios mío, Louis, los libros! ─exclamó─ Espero que no se mojaran... y las cosas de las cestas ─añadió afligida─ ¿Qué va a decir Daisy cuando vea que todo lo que preparó se perdió por la lluvia?

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23/01/2017, 03:13
Louis Kindelanver

Louis contemplaba a Prue como fascinado por cada uno de los pequeños gestos que acudían a su rostro, dotándola de esa vitalidad que había añorado durante los primeros minutos de aquel encuentro y que ahora parecía haber regresado. La sonrisa de la joven se reflejaba en los labios del hombre y sencillamente la escuchó sin llegar a apartarse de ella del todo, como habría sido apropiado.

Sus ojos azules parecían revestirla de una nueva luz, tan brillantes y hermosos que sintió que algo se encogía en su pecho. Sonrió aún más con aquella confesión sobre los saludos de esos padres lejanos que nunca llegaron a sus oídos hasta ese momento y cuando ella volvió a alzar la cabeza, la mano de Louis se escapó sin pedirle permiso para colocar un mechón rebelde de su cabellos detrás de la oreja de Prue. En aquel momento le pareció que nunca la había visto tan preciosa, ni siquiera cuando la rosa unió sus manos la primera vez o cuando habían tocado juntos el piano.

Siguió en silencio, dejándola hablar, cambiando de tema de esa forma que se le antojaba sencillamente adorable y rió con ella al imaginar a sus tías dando saltos por el salón como cabras salvajes. Definitivamente Annabelle iba a alegrarse con aquella noticia. Incluso estaba seguro de que se atribuiría todo el mérito, lo cual sólo lo haría más divertido.

Pero entonces Prue abrió enormes los ojos y Louis estuvo a punto de reír al ver cómo su prudencia se abría camino. Negó suavemente con la cabeza. En aquel momento los libros o los pasteles eran sin duda lo que menos le inquietaba. Sabía que cuando la nube de felicidad lo devolviese a la tierra desearía que los amados libros de Edith estuvieran en perfecto estado, pero justo entonces todavía se sentía flotar. Negó con la cabeza despacio y sus dedos apretaron con suavidad los de Prue.

—Sospecho que a Daisy le importará bien poco lo que haya pasado con la comida cuando se entere de la noticia —dijo, sonriendo divertido antes de que un impulso lo llevase a acercarse al oído de la joven para susurrar unas palabras prestadas que parecían demasiado apropiadas en ese momento como para no ser pronunciadas—. «¡Qué admirable día! El vasto parque desmaya ante la mirada abrasadora del Sol, como la juventud bajo el dominio del Amor. El éxtasis universal de las cosas no se expresa por ruido ninguno; las mismas aguas están como dormidas. Harto diferente de las fiestas humanas, ésta es una orgía silenciosa. Diríase que una luz siempre en aumento da a las cosas un centelleo cada vez mayor; que las flores excitadas arden en deseos de rivalizar con el azul del cielo por la energía de sus colores, y que el calor, haciendo visibles los perfumes, los levanta hacia el astro como humaredas.»

Entonces giró un poco el rostro, lo justo para poder ver los ojos de Prue. Le temblaron las manos por un instante en el que se contuvo antes de ceder. Si realmente iban a decírselo a sus tías no iban a tener un momento a solas como aquel quien sabía durante cuanto tiempo. La mano que no sostenía los dedos de la muchacha se apoyó en su talle y la besó de nuevo con dulzura infinita, sintiéndose rebosante en ese momento de todas las cosas buenas que Prue hacía florecer en su interior.

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20/02/2017, 03:36
Prue Lascelles

Sintió su mano apretando la suya, deteniéndola, reteniéndola y evitando que emprendiese la que a todas luces iba a ser una loca carrera. ¿Sus manos llegaron a separarse alguna vez? No podía afirmarlo, mucho menos negarlo, lo único que sabía era que ese contacto era agradable y que casi podía sentirlo como algo cotidiano. No obstante, por muy cotidiano que le resultara, no podía creer que se mostrara tan indiferente a lo que sucediera con los libros, sus preciados libros. ¿Acaso se había vuelto loco? ¿La lluvia lo había afectado?

Iba a replicar e insistir con el asunto, tirar de él y obligarlo a acompañarla si es que insistía en retenerla, pero su repentino movimiento, cercanía y palabras susurradas a su oído anularon cualquier intención o idea que pudiera tener. Parpadeó, embobada por sus palabras, por esa poesía robada que no sabía a quién pertenecía, pero que oída de su boca le parecía la más hermosa jamás pronunciada.

Sus miradas volvieron a cruzarse, tan cerca estaban sus rostros que nuevamente fue capaz de verse reflejada en sus ojos. ─Louis... ─susurró tan despacio, tan tenue que el sonido se lo llevó el viento. Él la sujetó del talle y, de algún modo, ella supo lo que iba a pasar. Alzó el rostro y fue al encuentro de sus labios cerrando en el trayecto los ojos. Tembló, pero ese temblor no tardó en ser reemplazado por una sensación mucho más cálida y reconfortante. Dio un pasito hacia adelante y despacio se deshizo de la mano que sujetaba la suya, se puso de puntillas y lo abrazó por el cuello.

Aquél beso duró considerablemente más que el anterior y la oleada de sensaciones que la embargaron fueron tantas que bien pudieron asustarla, pero era él y estaba entre sus brazos. No había nada ni nadie que la hiciera sentir más segura.

─Si estoy soñando, juro por lo más sagrado que no quiero despertar ─musitó cuando sus bocas se separaron, abrazándolo fuerte y hundiendo el rostro en su cuello.

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01/03/2017, 23:38
Louis Kindelanver

Los ojos de Louis se cerraron cuando la muchacha apoyó el rostro en su cuello. Sentía su aliento acariciarle y la piel se le erizaba en ese lugar con cada una de las respiraciones de ella. El momento se le antojó tan lleno de dulzura que casi temía hablar para no estropearlo. Sin embargo, el susurro de ella le sacó una sonrisa y, aún con los ojos cerrados, inclinó un poco su rostro para acariciar con la mejilla la frente de la joven hasta que sus labios pudieron dejar un beso suave en ella. 

Sería demasiado cruel el sino si esto fuera un sueño —musitó entonces para después alzar una mano y acariciar con la punta de los dedos la mejilla de Prue—. Pero si lo es, diría que prefiero no saberlo. 

Con esa sentencia dejó que sus dedos se deslizasen hasta llegar a la barbilla de la joven y la levantó despacio para besar sus labios, esta vez con un beso breve y leve, casi como el aleteo de un pájaro. Se sentía bien con ella entre sus brazos, más envuelto que nunca en la cálida luz que Prue derramaba en su pecho, y en las comisuras de su boca nació una sonrisa calma. 

—Veamos si esos libros están en buen estado —dijo entonces, mirando hacia abajo para encontrar la mirada de la muchacha—. ¿Le parece? Y tal vez encontremos algo de comida que no se haya echado a perder. 

No se movió a pesar de sus palabras, esperando que fuese ella quien comenzase a caminar. Se sentía en aquel instante liviano, liberado del peso que había cargado durante años, y aunque la cercanía con una mujer que no fuese Edith se le antojaba también extraña, quería creer que ella habría bendecido sus acciones con su preciosa sonrisa. 

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12/03/2017, 22:50
Prue Lascelles

Sonrió divertida, no podía dejar de hacerlo aunque eso implicara parecer una boba. Estaba como entre nubes, sintiéndose flotar, mas era consciente de que esa sensación no iba a durar para siempre... nada era para siempre. Un nuevo beso, suave y breve antecedió a sus palabras, Prue lo miró con infinita ternura y descansó delicadamente ambas manos en el pecho de él, alisándole los pliegues del abrigo en un gesto que se le antojó de lo más natural y familiar, aunque nunca antes lo hubiera tenido con él.

—Sí, vamos —respondió con voz suave y dulce. Si las palabras pudieran acariciar sin duda las suyas lo habrían hecho.

Caminó despacio, reticente a que la distancia se posicionara entre ambos. No sabía qué era lo correcto a partir de entonces, tomarse de su brazo del mismo modo que hacía con Henry, cogerse de su mano tal y como los niños lo hacían con ella o simplemente caminar a su lado. ¿Debía ser ella la que lo hiciera o esperar a que fuera él quién le diera pie a ello? Se sentía algo perdida, no sabía cómo comportarse de ahora en adelante. ¿Debía seguir actuando en público como venía haciendo desde que se conocían o podía permitirse alguna que otra familiaridad? Había tanto que no sabía y lo que menos deseaba era cometer algún error o, lo que es peor, decepcionar de algún modo a Louis.

—Dijo que se había comprado un periódico, no recuerdo haberle oído decir que le interesaban esas cosas... me refiero a escribir —ladeó la cabeza, observándolo con infinita curiosidad—. ¿Qué periódico es? Imagino que si lo compró no es sólo para figurar como el dueño de uno, sino que va a hacer cosas. ¿Hará entrevistas, escribir artículos o sólo va a supervisar lo que se publica? ¡Cuénteme! —exclamó casi rogándole. De verdad que tenía mucha curiosidad y no se molestó en disimularla.

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24/03/2017, 22:07
Louis Kindelanver

Y Louis le contó. Largo y tendido habló durante la siguiente hora sobre su nuevo proyecto, sobre cómo había sufrido una suerte de iluminación al ver el anuncio en el que se vendía el periódico y cómo había puesto él a su vez un anuncio para encontrar un socio. Le contó sobre Lord Lakesword y una vez más ambos se sorprendieron de lo pequeño que resultaba aquel mundo en que se movían, a pesar de lo lleno de gente que parecía desde lejos. Louis describió con ojos brillantes sus planes para dar a conocer la realidad social menos favorecida y Prue pudo ver en él una pasión que no había atisbado ni remotamente antes en él. 

El tiempo pasó volando y aunque no pudieron aprovechar la mayor parte de la comida, al menos los libros tan sólo se habían mojado un poco, sin que las tapas llegasen a combarse, y con un rato frente a la chimenea se secarían por completo. 

Para cuando debieron separarse, Louis no se marchó hasta conseguir que acordasen una nueva cita, dos domingos después. Y, con los ojos llenos de promesas, la besó de nuevo antes de irse con una delicadeza tierna, como si temiese que la pequeña mariposa pudiera romperse si la abrazaba con demasiada fuerza. 

Notas de juego

 

≈ Fin de la escena ≈

 

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25/03/2017, 03:03
Louis Kindelanver

 

Kew Gardens, 30 de abril, 1880

La primavera relucía en los jardines del parque botánico cuando Louis sacó su reloj de bolsillo para comprobar que todavía faltaban diez minutos para la hora a la que se había citado allí con Prue. El hombre miró alrededor y sus ojos se perdieron en la superficie del lago por un instante. No había querido enturbiar los bonitos recuerdos de Round Pond con lo que debía decirle a la muchacha y por eso había optado por proponer un lugar distinto. 

Estaba nervioso y antes de comenzar a caminar de nuevo sacó la petaca del bolsillo del chaleco y bebió un largo trago de su contenido. Hacía casi dos semanas desde la última vez que había visto a Prue y no estaba seguro de cómo tendría que comportarse. Había sido muy difícil para él llegar a la conclusión durante los días anteriores de que debía hacer lo más correcto, pero más difícil se le antojaba el momento en que realmente lo hiciese. 

Llevaba uno de sus habituales trajes negros de tres piezas, pero aquella mañana había prescindido del pañuelo en su cuello, sustituyéndolo por un corbatín, y sus pasos le llevaron hacia el enorme invernadero que contenía las flores más delicadas de los jardines. 

Ya en el interior, sus ojos recorrieron el lugar mientras sus pies lo acercaban a un estanque lleno de nenúfares. A su alrededor algunas otras personas paseaban y contemplaban las plantas exóticas. Incluso pudo ver más allá a una pareja almorzando en una mesa de jardín. Apartó rápidamente la mirada de ellos para contemplar el estanque y con un suspiro volvió a llevar la petaca a sus labios. Después la cerró y la guardó de nuevo en el bolsillo con cierto temblor en los dedos. Ya debía ser la hora a la que se había citado con Prue.

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31/03/2017, 04:33
Prue Lascelles

Dos semanas sin tener noticias suyas, ni siquiera una nota, pero lo justificó con que estaba ocupado con sus negocios, en especial con el periódico.  Incluso para el hecho de que aún no le hubiesen informado a su tía encontró una explicación, y así se lo hizo saber a su prima cuando ésta quiso saber por qué todavía no iba a la casa.
 
─Quiere hablar con mis padres primero, tener su permiso, por eso vamos a viajar, para que lo conozcan y hable con ellos.

Estaba contenta e ilusionada. Él sólo le había pedido permiso para cortejarla, no era más que eso y Ginny se lo recordaba cada vez que la veía soñando despierta. La de veces que se había jactado de no tener pájaros en la cabeza y ahora estaba igual o peor que esas muchachas a las que más de una vez observó pensando: "pobrecitas, no aspiran a más"

Las horas del día se hacían pocas para todo lo que tenía que hacer. Las responsabilidades en el orfanato, incluidas las clases que impartía a los niños, sus estudios y las clases con el doctor Reynolds, a quien acompañaba casi a diario en sus visitas médicas aunque haciéndose pasar como enfermera asistente. James había sido uno de los primeros en percibir el cambio que se produjo en ella, se habían hecho cercanos y para la joven era más que su maestro, se había convertido en un amigo. El tiempo pasaba volando cuando estaban juntos y eso ayudaba a que los días sin ver a Louis no se convirtieran e una eternidad. No pudo decir lo mismo de ese domingo.

La misa pareció durar una eternidad, era como si el párroco hubiera escogido precísamente esa mañana para hablar más pausado que nunca y alargar las palabras al punto de la exasperación. Cada vez que oía el sonido de pasos o el crujir de la madera, miraba por encima de su hombro esperando encontrarse a Louis en mitad del pasillo. Si bien habían acordado reunirse en otro lugar, ella albergaba la secreta esperanza de que él, ansioso de verla también, no soportaría la espera e iría a buscarla, pero obviamente eso jamás ocurrió. La misa terminó y Prue, con la complicidad de su prima que le cubrió las espaldas, se escabulló de la mirada vigilante de su tía y corrió al lugar en el que se habían citado.

Él la esperaba ya en el invernadero, de pie junto al estanque de nenúfares, pudo ver que guardaba algo en uno de los bolsillos, aunque no alcanzó a distinguir qué, pero su mente febril e inocente la hizo pensar que podría tratarse de algún obsequio. 

─Buenas tardes, Louis ─saludó sonriente y con las mejillas todavía sonrosadas, sin poder o querer disimular lo contenta que estaba de verlo─. ¿Llegó hace mucho? Espero que no se aburriera mientras me esperaba, me tuve que escabullir porque mi tía quiso quedarse conversando con algunas personas, menos mal que estaba mi prima y ella me ayudó a distraerla para que no me viera marchar o si no habría querido saber dónde iba y con quién iba a estar... No es por quejarme ─añadió bajando un poco la voz─, pero no me siento cómoda mintiéndole.
 
La verdad es que más que eso, lo que le incomodaba era ni haber cumplido con la promesa que hiciera a Peter, el párroco de St. Mary de Whitechapel. Le había pedido un plazo de dos semanas para contar a su tía que estaba en contacto con Louis y que eran amigos, pero el plazo estaba más que cumplido y seguía sin hablar con ella.

─No me gustaría que se enterase que nos estamos viendo por alguien más. Conociéndola no sólo se va a sentir ofendida sino también dolida por no confiar en ella.

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04/04/2017, 03:02
Louis Kindelanver

El hombre giró sobre sí mismo al escuchar la voz de Prue, aunque en un primer instante no respondió a su saludo, tan sólo la contempló. Estaba preciosa, tan dulce, inocente y delicada como la mariposa que Louis la consideraba. Sus ojos observaron sus rasgos suaves como si necesitase aprendérselos y tal vez fuese exactamente eso lo que estaba haciendo. Los rayos del sol ya caían algo laterales, alargando las sombras en el suelo pero iluminando con un tono dorado las mejillas de Prue a través de la cristalera del invernadero. Y durante ese instante en que el tiempo pareció contener el aliento y la belleza juvenil llenó sus pupilas, Louis dudó. Dudó de sus decisiones, dudó de sus sentimientos, dudó de nuevo sobre lo que creía que debía hacer aquella tarde. 

Tomó aire por la nariz y despacio se llevó dos dedos a la mejilla, acariciando en ella el punto exacto en el que había sentido a Edith hacía casi dos meses. Y de ese gesto pareció sacar fuerzas para dejar las dudas atrás y encontrar algo de voz en su garganta. 

—Prue —pronunció su nombre con cuidado, pero su voz estaba algo más ronca de lo habitual—. Por favor, camine conmigo —pidió, con la necesidad repentina de estar en movimiento—. Tengo que hablar con usted. 

Su ceño estaba marcado por dos pequeñas arruguitas que delataban que algo le preocupaba más allá de él mismo, y sus ojos parecían mirar más lejos de lo que podían realmente ver, dándole al hombre cierto aire ausente, como si los pensamientos que lo envolvían lo mantuvieran alejado en cierta forma de la realidad. 

—Prue, no quiero andarme por las ramas, no con usted —dijo entonces, comenzando a caminar despacio, con la esperanza de que ella le acompañase—. Si no hubiera sido por su luz todavía seguiría enredado en los zarcillos oscuros de mi dolor, quién sabe si habría podido liberarme de ellos alguna vez o si habrían terminado por asfixiarme... Usted me salvó, Prue —dijo con intensidad, alzando la mirada para buscar la de la joven con expresión seria—. Nunca podré agradecerle lo suficiente lo que hizo por mí. Cogió a un hombre que no era más que una sombra y le hizo reír hasta que las grietas se llenaron de luz. 

Hizo una pausa y tomó aire lentamente pero siguió hablando antes de que ella pudiera intervenir, bajando la mirada de nuevo. 

—Pero ahora que empiezo a ver con claridad... Temo que su luz me cegó y me confundió. Temo que confundí mis sentimientos hacia usted, Prue, y sólo ahora soy capaz de verlo —confesó, con el dolor por sus propias palabras frunciendo sus labios—. Pero lo veo con claridad. La aprecio muchísimo. Me gustaría tenerla en mi vida... Pero no sería justo que siguiera cortejándola, o que intentase comprometerme con usted. No sería justo para usted, porque ahora soy capaz de distinguir que no estoy enamorado. La quiero, Prue, pero como a una grandísima amiga.

»Y sé que mi confusión seguramente le habrá hecho daño, que probablemente ahora me odiará... Y no la culpo, me merezco todos los improperios que desee dedicarme. Yo mismo me odio por dañar a mi salvadora. —En ese momento levantó de nuevo los ojos, teñidos de tristeza—. Supongo que no deseará mi amistad después de esto, pero le juro que si le estoy diciendo esto ahora mismo es porque no quiero herirla más. Usted se merece a alguien que la ame con locura, que beba los vientos por usted y que no vea más allá de sus ojos. Y yo no puedo amarla, Prue. No así como debería y se merece. No como deseo que usted sea amada. 

Escrutó la mirada de la joven, tratando de anticipar su reacción a su discurso, pero todavía sus labios se movieron una vez más, con un susurro.

—Lo lamento muchísimo. 

Le temblaban los dedos con la necesidad de sacar la petaca del bolsillo del chaleco y tomar fuerzas de licor, incluso su mano comenzó a moverse hacia allí para acariciar la tela por fuera. Pero detuvo ese movimiento y bajó la mano apretando los dedos en un puño, negándose a sí mismo el camino más sencillo.

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08/04/2017, 19:13
Prue Lascelles

El modo en que la saludó fue diferente y eso la confundió. La última vez que se habían visto, dos semanas atrás, tanto en el saludo como en la despedida, él la había besado, pero ahora ni siquiera un beso en la frente o una sonrisa le había obsequiado como bienvenida, sólo las arrugas de preocupación que tenía dibujadas en la frente, mismas que se dibujaron en la suya apenas percibir el tono distante en su voz y verle caminar sin siquiera ofrecerle el brazo. Imaginó un sinfín de razones para explicar el por qué de su comportamiento, pero lo que nunca imaginó, ni con todo lo vivaz que era su mente, fue oírle decir alguna vez esas palabras. Tal vez sí antes, pero no ahora ni mucho menos así.

Lo escuchó en silencio, incapaz de decir nada, mucho menos pensar. Cada palabra que él pronunciaba era una nueva aguja clavada en su corazón que le causaba un dolor agudo, punzante y a ratos explosivo, un dolor que no sólo le atravesaba el pecho y el corazón, sino que hacía sangrar a éste último por múltiples lugares.

Lo siguió en silencio, despacio, notando que cada vez se le dificultaba más el respirar, y del mismo modo que las fuerzas la abandonaban haciéndola sentir que en cualquier momento sus piernas serían incapaces de sostenerla, su luz y alegría naturales se fueron consumiendo como la llama de una vela.

De pronto se detuvo. Tenía la cabeza gacha y se observaba las manos que tenía tomadas a la altura de la cintura. Si Louis hubiera podido ver a través de sus guantes, se habría dado cuenta de la fuerza con que las sujetaba porque no solo sus nudillos estaban blancos sino todos y cada uno de los puntos en que ejercía presión. Parpadeó despacio y alzó la vista para mirarlo. Su semblante había perdido por completo el brillo y sus ojos estaban vidriosos. Miró a Louis fijamente, sin parpadear ni respirar, o al menos así se percibía. La figura del viudo fue transformándose ante sus ojos en algo monstruoso, grotesco, irreconocible, incluso su voz parecía no ser la misma. Pese a que de los ojos de Prue caían lágrimas, no dijo nada. No hizo nada. Sólo lo observaba incrédula, dolida... decepcionada. Su príncipe azul se había convertido en una pesadilla y el tenso y cruel silencio que se había instalado entre los dos sólo era roto por la respiración de ella, una respiración que se antojaba igualmente difícil y dolorosa.

─¿Por qué? No lo entiendo... Louis ─dijo tras largos segundos de silencio, tan largos que parecieron ser minutos. Acabó susurrando su nombre, como si decirlo le causara un profundo dolor. Su voz se oía contenida y era evidente el esfuerzo que hacía para no quebrarse, pero no podía hacer lo mismo con las lágrimas que le desbordaban los ojos.

─¿Por qué no dejó que sólo me fuera? ¿Por qué me hizo ésto? ¿Por qué me ilusionó? ─la voz de la joven estaba cargada de sentimientos. La rabia y el dolor eran palpables. Louis consiguió, con esa confesión, con esa ruptura, hacer aflorar la peor parte de la joven, una que ni siquiera ella conocía y que le pedía a gritos no callar, no contenerse y sencillamente hablar sin detenerse a pensar si lo que decía estaba bien o mal.

─¿Confundido? ¿Mi luz lo cegó? ─sacudió la cabeza y una risa que era más bien un rictus de dolor se le dibujó en el rostro─ ¡Ahora resulta que la culpa es mía! ─exclamó casi entre dientes y con el mentón temblando─  Usted es cruel, señor Kindelanver, es un hombre cruel y ruin. Al final las cosas que se cuentan de usted resultaron ser ciertas, es usted un vampiro que se alimenta de muchachitas tontas e inocentes como yo. Un parásito que para sobrevivir consume la vida de otros y cuando éstos dejan de serle útiles o ya obtuvo de ellos lo que necesitaba, les deja solos y a la deriva para ir en busca de uno nuevo del que alimentarse; o como el flautista de Hamelín, encantando a los niños con su música para conducirlos hasta su muerte. ¡Eso hizo usted conmigo! ─se pasó las manos por el rostro enjugándose unas lágrimas que estaba claro no quería derramar, pero que corrían copiosas por sus mejillas─ Me drenó el corazón para conseguir que el suyo latiera otra vez. Me usó para encender la llama en su pecho pero apagando la que existía en el mío. Desearía jamás haberlo conocido, señor Kindelanver y con Dios como testigo, deseo que la vida no decida castigarlo devolviéndole con el doble de fuerza el daño que me ha hecho, porque a diferencia suya, señor, no necesito destruir a nadie para salir del fango. Adiós.

Se dio media y se alejó de él. Las lágrimas la cegaban y el dolor resultaba agónico, pero sacando fuerzas de donde no las tenía evitó correr y se marchó caminando con la frente en alto y los guantes empapados en unas lágrimas que sólo Dios sabía cuándo dejarían de correr. ¿Conseguiría perdonarlo alguna vez y olvidar el daño, el dolor y la decepción que le había causado? ¿Podrían, cuando las heridas sanaran, retomar lo que en un principio les unió y ser amigos?... La respuesta a esas preguntas sólo el tiempo las daría. 

Notas de juego

≈ Fin de la escena ≈