Partida Rol por web

La Edad de la Inocencia (+18)

• Prue Lascelles •

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24/02/2016, 07:42
z/ Lady Lydia Blackwood

Todo lo radiante que se había vislumbrado en mi rostro cambió repentinamente a uno atribulado e incluso culpable, cuando vi como Prue se sofocaba ¿ Había sido yo? ¿Es que que me había expresado mal y le había dado a entender que lo que deseaba era llevarme niños para eso? o ¿Que quizás quería lavar mi moral ayudando allí?

-Querida...- Me apresuré a acercarme a ella mientras la escuchaba, pero estaba tan triste, se notaba tanta frustración en su voz. Mi cara cambió a una del mismo dolor porque podía sentirlo, podía notar el sufrimiento que da la impotencia pese a tener energías, la incomprensión pese a ver lo injusto que es todo, y no poderlo cambiar porque a veces la justicia molesta.

Puse mi mano en su hombro y le dejé que terminara de desahogarse, al final ¿ Que podía decir yo?

-Yo no se mucho, y lo lamento, nunca había podido acceder a ver esa cara de la realidad, creía que debían estar contentos de tener un trabajo...- Increiblemente me avergonzaba de mi educación condescendiente.

Solo pude hacer lo que creía era mío, agarrar su brazo y obligarla a mirarme- Se que no podremos cambiar todo el mundo, pero intentaremos hacerlo con un cachito- Así era yo, optimista y positiva hasta el final.

- Lo que haces aquí, lo que piensas, es mas de lo que jamas en visto en nadie hacer. Tu le das una nueva dimensión a la vida, una mucho mas profunda de lo que creía podría vivir y me gusta muchísimo mas que a la que estaba condenada. No podrás salvarlos a todos, pero tu gesto servirá para otros, nos encargaremos de que trascienda, yo usaré el nombre de mi familia para ello-

Lo que prometía era complicado pero ¿Imposible? En ese momento no lo creía

-Quizás venden a sus hijos porque tienen hambre...- Y me salió tan claro que no ví ninguna duda en ello.

Agarré su dos manos entre las mias, como el gesto de unión que hacía falta- Yo estaré a tu lado, si me dejas, y todos los demás que también estan aqui, y los que consigamos. No te desesperes, y si lo haces acuerdate de esas sonrisas-

Me refería a esos niños, que en ese estado aun podían reir entre sus brazos

Solté sus manos para seguir con lo siguiente, cierto era que los libros eran costosos pero para mi y mi familia no, ademas tenía muchos en mi biblioteca y podríamos aprender muchísimas cosas nuevas y originales

-Yo podré costearlo, los libros, mi tiempo. Les enseñaré gratis y además nos divertiremos- Sonreí feliz porque había descubierto que nada te hace mas feliz que ayudar a quien de verdad lo necesita. Junté mis palmas con energía renovada-¡Mas cosas! Benedict, no, rotundamente no. Hasta ahora no me había percatado de que los esclavos no solo están en las colonias y tienen la piel oscura... Pero me hago cargo pese a mi inocencia...Benedict tendrá la oportunidad que el dinero de mi familia le pueda dar, educación, comida, oportunidades...Y a su compañera igual, si te parece bien, Prue. Y aun hay otra cosa..-

Me mordí el labio, mi intervención había ido en aumento de energías y alegría

-¿Que le parece que montáramos una fiesta de recaudación? Pero no una de las típicas de los de nuestra clase, deshumanizada y falsa, una de verdad...Con acceso a los niños, a las labores que se hacen aquí, con oportunidad de conocerlos y adoptarlos.Me gustaría que los de mi clase lo conocieran mejor, que no somos tan diferentes, que ellos no están en un mundo aparte y diferenciado...Se que muchos de los de mi clase se unirían ¿ Que me dices?-

Mi ojos brillaron con ilusión e idealismo.

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24/02/2016, 15:25
Prue Lascelles

El piano emitió un sonido claro y delicado cada vez que sus dedos acariciaron las teclas. Los blancos dedos de ambos se ondularon como las olas del mar y la música que brotó de las teclas de marfil acarició uno a uno los sentidos de Prue, extasiándola. La música lo invadía todo, la envolvía y atravesaba su piel hasta inundar cada órgano, cada hueso, cada sentimiento. Le tocaba el alma y convertía cada nota en algo único y efímero, digno de recordar y sentir.

Existían muchas diferencias entre las personas, pero existían cosas mucho más fuertes capaces de unirlas, de hacerlas reír o llorar por los mismos motivos, y la música era una de ellas. Mientras tocaban aquella melodía las emociones de Prue, al igual que los sonidos, subían y bajaban como las mariposas. Emociones transmitidas en cada nota, una conexión invisible e indescriptible que le permitía hablar a través del piano y recibir la respuesta por medio de la música que entregaba el instrumento cada vez que acariciaban sus teclas.

Cuando la melodía acabó Prue cerró los ojos y sonrió, reteniendo y atesorando ese recuerdo porque nunca había experimentado lo que esa noche al interpretar esa melodía. Abrió los ojos y al girar la cabeza su mirada se encontró con la suya. Henry los aplaudía, sin embargo sus aplausos sonaban lejanos. Sostuvo su mirada, perdiéndose en ella por un instante al tiempo que él le agradecía en un susurro. Sonrió.

-Parece que no ha salido tan mal -musitó desviando los ojos a su primo apenas lo necesario-. Gracias, no hubiera podido hacerlo sola.

La intensidad de su mirada no la apabulló, tampoco la cercanía; sus brazos casi se rozaban y Prue sabía que ese momento no podía ni debía alargarse más. Apartó la vista despacio, se resistía a hacerlo, pero también sabía que no tenía otra opción. Bajó la cabeza y se observó las manos que descansaban sobre el regazo. Suspiró y se puso de pie. Afuera un relámpago iluminó la noche y sus ojos buscaron la ventana, la misma en cuyo alféizar se sentó antes, dispuesta a regresar a ella, sin embargo la voz de Henry atrajo su atención y detuvo su andar.

[color=#03442C]-Prima, deleitanos con una canción[/color] -pidió.

La joven contuvo la respiración y tensó los músculos, miraba fijamente a su primo rogándole con la mirada que no le pidiera cantar -aunque más parecía que le estuviera diciendo "te voy a matar por ésto"-. Pero Henry la ignoró.

[color=#03442C]-Vamos, Prue, no seas tímida [/color]-miró a Louis-[color=#03442C]. Tiene una voz preciosa, pero siempre que le pedimos cantar se niega a hacerlo.[/color]

-Porque no sé cantar, no tengo voz para hacerlo -replicó ella.

[color=#03442C]-Eso es lo que tú dices, pero los que te hemos podido escuchar sabemos que no es así [/color]-Prue abrió la boca para responder pero Henry no le dio tiempo a articular palabra-[color=#03442C]. Canta cuando cree estar sola [/color]-le hablaba a Louis-[color=#03442C], el otro día la oí mientras estaba en la cocina preparando la masa para el pan, me quedé en el pasillo escuchándola[/color] -miró otra vez a Prue-[color=#03442C]. Imagina que le cantas a los niños del orfanato o a mis hijos.[/color]

-¡Unos niños bastante creciditos! -exclamó sin poder ocultar la gracia que le habían hecho sus palabras. Miró entonces a Louis y le pareció ver en su mirada que también la animaba a hacerlo-. De acuerdo, lo haré.

Permaneció de pie junto al piano, se llevó las manos a la cintura y respiró profundo; el aire abandonó sus pulmones despacio y por la boca, sus labios apenas se habían separado al hacerlo. Con las manos superpuestas a la altura del vientre y ejerciendo una ligera presión la una sobre la otra, Prue comenzó a cantar.

Se mantuvo completamente erguida mientras cantaba, la frente en alto. A ratos cerraba los ojos, volcando en cada nota todo el sentimiento que le provocaba la canción. Cuando sus ojos estaban abiertos, mantenía la mirada baja, no queriendo mirar a ninguno y al mismo tiempo sintiendo las miradas de ambos puestas en ella. Al finalizar hubo silencio, un silencio que le resultó eterno y que no fue absoluto únicamente gracias a la lluvia. Alzó la mirada tímidamente, sus manos sudaban así que las separó, apoyando ambas sobre el vientre y deslizándolas despacio hasta su cintura y luego por los costados alisando los pliegues de su falda. Tragó saliva y contuvo la respiración, esperando sus reacciones.

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25/02/2016, 18:57
Louis Kindelanver

Louis se levantó de la butaca del piano cuando Prue lo hizo y, como los de ella, sus ojos se dirigieron hacia la ventana en busca de ese flash de luz que quebró la oscuridad del exterior. Empezó a caminar para sentarse en uno de los sillones cerca del que ocupaba el señor Dashwood mientras escuchaba la conversación entre los dos primos, todavía con esa sonrisa que la música había dejado bailando en sus labios. 

Rió con la exclamación de la joven y levantó ambas manos en un gesto de inocencia, pero aún no había terminado de bajarlas de vuelta hacia su regazo cuando se sumó a la petición de Henry.

Oh, Prue, por favor, denos el gusto —dijo, contemplándola con curiosidad creciente y cierto aire divertido por sus reticencias—. Me encantaría escucharla cantar. 

En cuanto ella cedió y colocó sus manos, Louis se quedó en un silencio expectante, con sus ojos sobre ella y una pequeña sonrisa de anticipación en los labios. Dudaba que la voz de Prue fuese decepcionante como ella parecía pensar y ciertamente en cuanto abrió la boca y liberó la primera nota cualquier duda quedó relegada por completo. 

Escuchó la canción, traspuesto por la dulzura con que la muchacha entonaba, con los ojos brillantes y toda su atención capturada por esa luz que Prue transmitía, llenándose los ojos y los oídos con su presencia. Se sumergió en su canto y durante el tiempo que duró, nada existió para él salvo ella. Y su voz. Cuando terminó y el silencio volvió a llenar el salón, Louis se sintió como si le hubieran arrebatado algo, todavía envuelto por su aura luminosa.

Su estómago se enterneció al ver sus ojos tímidos y sus manos colocando su ropa y aún así, esperó un instante antes de reaccionar. Tomó aire despacio y empezó a chocar sus manos, una contra la otra. 

—Eso ha sido verdaderamente hermoso —dijo finalmente—. Prue, gracias. —Se giró un poco para mirar a Henry y asintió con la cabeza. —Tenía usted razón, señor Dashwood. Prue tiene una voz preciosa.

En aquel momento la puerta se abrió y George les indicó que podían pasar al comedor. El hombre parecía levemente interesado por el hecho inusual de tener invitados, pero no mostraba tanta curiosidad como hacía Daisy. 

Louis guió a los dos primos hacia un comedor no demasiado grande, que estaba anexo al salón. La chimenea estaba encendida y la temperatura era cálida, además de que la mesa parecía haber sido limpiada algunos minutos antes. Se notaba que no era un lugar que se frecuentase en la casa, pero Daisy se había ocupado de prepararlo con rapidez mientras se cocinaba la cena.

La mesa estaba puesta para tres personas, en uno de los extremos, y el resto de su superficie estaba vacío. Los platos, copas y cubertería ya estaban colocados sobre un mantel de lino blanco. 

Louis retiró una de las sillas para ayudar a Prue a sentarse y después esperó a que Henry tomase asiento antes de hacerlo él. Daisy no tardó en traer una fuente y servir una sopa de crema a los tres, comenzando por Prue, para seguir por Henry y terminar en Louis. Después ella y George se irían alternando para retirar platos y traer otros durante la cena. El menú era sencillo, en parte por lo improvisado y en parte porque a Louis no le agradaban las comidas demasiado elaboradas. Tras la sopa de crema vendría pollo asado con una guarnición de verduras también asadas y pan recién horneado. 

Notas de juego

Avanzo un poco el menú por si hace falta para ir narrando, pero dejo la parte del postre en misterio por ahora :P.

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26/02/2016, 01:58
Prue Lascelles

Prue escuchó a Lydia en silencio, todavía desbordada por esas emociones que acaba de experimentar. Sus palabras de apoyo la fueron tranquilizando poco a poco, en especial esa promesa de mantenerse a su lado. Sonrió, lágrimas cayeron otra vez de sus ojos, pero esta vez no era de tristeza o impotencia, eran de felicidad... de esperanza.

Sentía el pecho apretado por la emoción, llevó la mano al delicado crucifijo que pendía de su cuello y se cubrió el rostro emocionada porque veía, porque sabía que gracias a Lydia sus sueños para el orfanato ya no era un inalcanzable. Y llevada por la emoción, por esa cercanía que Lydia le había mostrado, por la calidez que le había transmitido cuando la tomó de las manos, por sus palabras... En fin, por tantas cosas, hizo lo que su corazón le dictó hacer. La abrazó.

-Gracias, milady, gracias -el abrazo de Prue era cálido, apretado y cargado de emoción. Dicen que hay abrazos que reconfortan, que da gusto sentir y paradójicamente su abrazo eso es lo que transmitía.

-Me va a apenar separarme de Benedict y su hermana, ya le dije que son mis consentidos -se pasó las manos por el rostro-, pero espero que me permita visitarlos de vez en cuando, no quisiera perder el contacto con ninguno de ellos -había ruego en su voz.

Llamó a Benedict y Mary Anne, ambos pequeños se acercaron.

-Son hermanos. Mary Anne es la mayor y tiene 4 años -la pequeña hizo una graciosa reverencia, tal y como Prue le había enseñado-, su cumpleaños es el 20 de octubre y Benedict cumplirá 3 años en el mes de julio, el día 7.

Prue acariciaba la cabeza de ambos.

-Ellos -miró a los dos pequeños junto a ella y luego a los demás que jugaban-... todos ellos son mi vida -sus ojos se posaron en los de Lydia-. Le estoy confiando mi vida, milady. Confío en usted y cualquier cosa que necesite no dude en llamarme, no importa si llueve, no importa la hora, yo siempre voy a estar para lo que sea que los niños o usted necesiten.

Prue se agachó e intercambió unas pocas palabras con los niños. Los tres se fundieron en un abrazo emocionado. Prue les susurró al oído y ellos sonrieron, los besó y el amor que había en ese beso sólo podía equipararse al de una madre.

-Sigan jugando, yo los llamaré cuando sea hora -les dijo y volvió a ponerse de pie.

-Una fiesta de recaudación -musitó mordiéndose el labio-. ¿Aquí mismo, en el orfanato? -preguntó algo contrariada- ¿Usted cree que accedan a venir hasta aquí? La idea me parece magnífica, perfecta, pero mi temor es ese, el espacio, el lugar... Whitechapel... ¿Cree que acepten venir hasta aquí?

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26/02/2016, 04:35
Prue Lascelles

-Gracias -musitó torpemente, nerviosa y con las mejillas teñidas de carmesí. Su corazón latía acelerado y es que cantar delante de otros -y todavía más de Louis- le daba el mismo pavor que hablar frente a una audiencia. Le daba pánico quedarse en blanco, no saber que decir, olvidar la letra, desafinar o cualquier cosa que hiciera que lo que se suponía debía ser fácil se transformara en una pesadilla. Era muy diferente cantar en el coro, o acompañada de alguien más, que hacerlo sola, porque no tenía en quién apoyarse, nadie que le brindara seguridad.
 
Los aplausos que ambos le dedicaron fueron un alivio, y todavía más las palabras de Louis. Sonrió y meneó la cabeza.

-No me hagan hacer más ésto -musitó mientras iban camino al comedor-, si quieren que cante entonces canten conmigo, pero por favor nunca más sola. Mis piernas apenas me sostenían.

Henry le tomó la mano y la enlazó a su brazo, dándole un par de palmaditas afectuosas, a la par que tranquilizadoras.

[color=#03442C]-Hay veces en que la única forma de que reacciones y te des cuenta de tu potencial es poniéndote contra la espada y la pared[/color] -dijo éste besándole el dorso de la mano.

Prue hizo una mueca y apoyó su cabeza en el hombro de su primo, sin dejar de caminar.

Al llegar al comedor la joven admiró los muebles confeccionados en noble madera, el espacio era cálido, austero y le transmitía la sensación de intimidad. No pasó desapercibido a sus ojos que hacía tiempo que no se utilizaba ese lugar y estuvo casi segura de saber cuál era la razón. Seguramente la misma que lo había llevado a descuidar el jardín exterior.

Se acomodó en la silla que Louis apartó para ella, agradeciendo su amabilidad y extendió la servilleta de tela sobre su regazo. Regaló una sonrisa a Daisy cuando le sirvió la sopa y aprovechó mientras ella servía, de sentir el aroma que desprendía. Prue tenía esa costumbre, muchas veces inconsciente, de olerlo todo. Para ella cada aroma, cada textura, acababa inevitablemente unido a sus recuerdos y así, cada vez que los volvía a sentir, era capaz de evocarlos, de revivirlos como si fuera la primera vez.

Con Henry coincidieron en que la sopa estaba deliciosa, y lo cierto es que de haber estado en casa, ignorando los reproches de Mildred Dashwood, ambos se habrían repetido el plato. Daisy era una cocinera excelente, de eso no cabía duda, sus habilidades culinarias no se limitaban a la pastelería.

-Con lo delicioso que cocina Daisy no me explico cómo puede alimentarse tan mal, Louis -soltó el comentario sin pensar.
[color=#03442C]-¡Prue![/color] -el tono cortante de Henry la hizo fruncir el ceño.
-¿Qué? -preguntó con toda la inocencia de la que fue capaz, aunque el brillo de sus ojos dejaba bastante claro que esta vez no estaba dispuesta a que la hicieran callar-. No he dicho nada que no sea cierto, la otra tarde por poco y tuve que rogarle para que se comiera la mitad de un emparedado -al decir esa última frase miró a Louis y sonrió-. De verdad, si Daisy fuera la cocinera de mi primo le aseguro que él sería un señor bastante orondo -bromeó.

Henry no pudo evitar reír ante la ocurrencia de Prue.

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26/02/2016, 07:09
z/ Lady Lydia Blackwood

No me esperaba ese abrazo con el que la chica me obsequió pero enseguida hizo que una enorme sonrisa se dibujara en mi cara de lado a lado, fundiéndome con ella también.Era tan emocional, se notaba en cada poro de su piel como interiorizaba todo lo que pasaba en aquel lugar y con que generosidad se exponía. Nunca había conocido a nadie en el que las emociones estuvieran por fuera de una manera tan evidente, que expusiera asi sus cartas dispuesta a que cualquiera se las robara, y me sentí tremendamente identificada porque yo también era un poco así, aunque quizás en otra magnitud diferente.

Sonreí porque aunque era un abrazo necesitado de calor trasmitía una tremenda fuerza que me animaba a seguir pensando que de verdad podríamos cambiar las cosas.

-No solo le permitiré visitarlo cuando guste sino que los traeré siempre que venga aquí, y siempre que ellos quieran volver, el tiempo que quieran-

No me los llevaba para obligarlo a nada, ni para separarlos o excluirlos, precisamente no era lo que quería, no quería sacarles de esta vida para meterlos en la mía y hacer que se olvidaran de esta, no, quería darles la oportunidad de prosperar cuando lo que te falta es el dinero, no de cambiar su esencia, y sobre todo de no olvidarse de donde venían.

Para mi esto antes era un lugar infernal, donde la gente que vivía dentro era maleducada, ladrona, asesina, prostitutas...Gente de no fiar y sin embargo, ahora lo veía tan diferente, solo gente sin oportunidades.

Cuando los niños se acercaron me reí graciosa con la reverencia de la niña y los ojos tan expresivos de Benedict.Me quité un guante y les tendí la mano

-Lady Lydia Blackwood, sois guapísimos- Les sonreí con gracia infantil, al final tampoco era mas mayor que ellos- Le decía a Prue que no os llevo para trabajar en el servicio, a menos que queraís aprender ese oficio, os llevo para daros la oportunidad de recibir lo que el dinero os puede dar: Educación. Evidentemente vuestra opinión cuenta, y seguireís viniendo aquí siempre que queraís...Ademas me hareís compañía porque podemos ser...Como hermanos!-Oh ,madre no...- ¿Que me decís, os venís?.

Después la miré a ella

-Tranquila Prue, serán felices, o al menos lo intentaremos-

Los niños se fueron a jugar y entonces hablamos del otro tema

-Si...se que parece una locura...- Reí bajito, seguramente lo era, pero hacer otra fiesta mas, igual de falsa y superficial...la gente necesitaba saber que lo que había en Withechapel no eran monstruos con descendencia sino seres humanos como todos nosotros- No se si accederán, se que me costará, mismamente a mi me ha costado venir pero intentaré buscar ayuda en mis amigas, ellas son buenas de corazón. Y estoy segura que muchas mas personas vendrán si alguien como yo les cuenta lo que ha visto, y como lo ha visto...-

Volví a agarrar sus manos entre las mias

-Se que lo podemos conseguir Prue, aunque solo sean una decena de personas, habremos hecho bastante-

Notas de juego

Dust, vete tomando nota del evento ^^

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27/02/2016, 15:41
Louis Kindelanver

Louis agradeció a Daisy cuando sirvió su plato, pero esquivó la mirada de la mujer para evitar los ojos llenos de preguntas y la sonrisa llena de posibles respuestas que sin duda habría encontrado en ella. Daisy lo conocía bien, así que no se molestó en llenar su plato hasta el borde como sí había hecho con los invitados. Y él comió con frugalidad, obligándose a sí mismo a terminar el contenido del plato. 

Cuando llegó el comentario de Prue, Louis soltó una carcajada antes de mirarla entre sorprendido y encantado por su juvenil espontaneidad. Hizo un leve gesto con la mano hacia el señor Dashwood, quitándole importancia a lo que ella había dicho, pero antes de que pudiese responder, Prue continuó y con sus últimas palabras, no pudo menos que reír de buena gana junto a Henry. 

—No la reprenda —pidió al hombre con una sonrisa—. Tiene toda la razón en lo que dice. Nunca he sido un hombre de mucho apetito y la verdad es que en los últimos tiempos mi apetencia por la comida se ha visto reducida a lo imprescindible. Pero es cierto también que mi actitud respecto a la comida es desagradecida para con la cocina de Daisy... —Miró a la mujer que en ese momento traía oportunamente la fuente con el pollo, como si tuviese un radar, y le dedicó una sonrisa antes de terminar la frase. —Que es deliciosa. 

[color=#210B61]—Todo lo deliciosa que quiera, señor Kindelanver, pero no me hace usted ninguna buena publicidad si va por el mundo convertido en un pellejo mal alimentado[/color] —dijo la mujer con familiaridad y buen humor y al recoger el plato de Prue, le guiñó un ojo tan rápidamente que podría haber parecido un espejismo. 

—Ya ve —dijo Louis a Henry, haciendo un gesto de exagerada indefensión con las manos—. Las mujeres siempre se alían en mi contra. Y no seré yo el que les lleve la contraria.

El pollo ya estaba trinchado y cortado en finas láminas regadas por encima con su propia salsa. Venía acompañado de patatas y otras verduras asadas: cebolla, zanahoria y puerros. La mujer dejó allí la bandeja y se llevó los platos siendo Louis quien se puso en pie para servir la carne a sus invitados. Estaba terminando cuando Daisy regresó y dejó sobre la mesa un plato con panecillos recién horneados, tras lo que se marchó de nuevo. 

Louis se sentó cuando terminó de servir su propio plato y se llevó a la boca un pedazo de pollo para masticarlo con cuidado antes de hablar de nuevo, llevando su mirada hacia Prue y rescatando en su mente un tema que había quedado perdido un rato atrás.

—Me preguntó antes si había leído a Goethe y ciertamente debo decirle que sí —Estiró la mano para tomar un sorbo de su copa—. Su Fausto me parece una obra excepcional, ambas partes, y he leído en varias ocasiones las Desventuras del joven Werther. Aunque si hablamos de filosofía, creo que disfruto más de la lectura de Schopenhauer. ¿A ustedes les agrada Goethe? —preguntó finalmente, incluyendo también a Henry en la cuestión.

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28/02/2016, 01:49
Prue Lascelles

Las palabras de Lydia tranquilizaron a Prue y sonrió, sonrió como no lo había hecho parecía que en mucho tiempo. Sonrió porque sabía que la vida les deparaba algo mucho mejor a Mary Anne y Benedict Hale. Lydia tenía razón, incluso Emily se lo había dicho antes, poco a poco, paso a paso irían logrando cosas, generando un cambio. Tal vez no pudiera hacer lo mismo por todos aquellos niños que veía en las calles, sólo podía enfocarse a los que ahora estaban a cargo del orfanato, pero aunque fueran pocos, aunque fuese sólo uno, ella estaba dando todo de sí para que sus vidas cambiaran y gracias a la ayuda de personas como Lydia y tantas otras a las que había ido conociendo a lo largo de esos escasos dos años, llevaría esperanza a la vida de muchos más.

-Sí que lo parece, pero querer es poder -sonrió-. Tenemos que hablar con Peter... el Padre Peter quiero decir, Peter Field. Él es sacerdote de la iglesia de St Mary... St Mary Matfelon. Está a cargo del coro de niños, el coro de voces blancas... Tiene que oírlo, le va a encantar, se lo aseguro, pero no sólo eso, el padre Peter nuestro guía y es el responsable de las obras de caridad. No hay nadie mejor que él para ayudarnos -miró la hora en el reloj de broche que llevaba antes de proseguir-. Si quiere, y tiene tiempo, podemos ir ahora mismo a la iglesia y así damos tiempo a Becky de preparar las cosas de los niños, y damos tiempo también a que los niños se despidan.

Notas de juego

Me quedó algo escueto, pero es que me ha parecido la ocasión propicia para hacer que Lydia y Peter se conozcan :-P

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28/02/2016, 12:12
z/ Lady Lydia Blackwood

Aunque las dos sabíamos de sobra lo dificil que sería cualquier evento a lo grande, teníamos una cosa que mueve montañas y voluntades: Fe. Y con ella las cosas parecían mucho mas al alcance de las manos, además, su compañía y la mía nos haría fuertes.

Me habló de un alguien mas que podía ayudarnos, un padre de la iglesia de enfrente que podría echarnos una mano. El que maneja la fe normalmente seguro que nos entendería a la perfección y quizás nos insuflalría aun mas fuerza.

-Me encantan los coros, de hecho, no veo porque no podríamos intentar sacar alguno de aqui- Dije en mi renovado entusiasmo- Claro, vayamos a conocerle, le preguntaremos sobre su impresión de la idea que acabamos de tener-

Hacía tanto que no veía un cura distinto a los que suelen visitar las mansiones de los ricos, no hablan de cuestiones espirituales, mas bien materiales, de tierras y dinero, y negocios y hablan tan poco de Dios o la fe o los demás...

Le ofrecí el brazo a la joven, suponía que lo mejor sería cruzar antes de que anocheciera.

-Parece que tiene familiaridad con él ¿Le conoce profundamente?-

Era una pregunta sin maldad, pero a nadie se le hubiera escapado ese Peter...Padre Peter, quiero decir...

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29/02/2016, 00:14
Prue Lascelles

La joven, aunque comedida, se unió a sus risas. Verlos a ambos reír de ese modo, en especial a Louis, inexplicablemente la alegraba. El comentario de Daisy por poco le arranca una carcajada, misma que alcanzó a contener porque justo se había llevado la servilleta a la boca para limpiarse los labios antes de beber de su copa. Ahogó la risita y bajó la mirada cerrando los ojos un momento, divertida. Y es que Daisy había dicho pellejo mal alimentado y lo que cruzó inmediatamente por su mente fue la frase "pellejo con patas" acompañada de la imagen de unas patas de pollo... realmente le costó mucho, sino es que demasiado, no reírse a carcajadas, algo por lo demás del todo impropio para una señorita que se preciara de tal.
 
Disimuladamente observó a ambos mientras comían y un par de hoyuelos se dibujaron a cada lado de su boca ya que evitaba sonreír sin razón aparente, pero  sí existía una razón, más de una en realidad. Se sentía cómoda en esa mesa, pese a ser la única mujer que la ocupaba; su primo y Louis parecían llevarse bien y estaba segura que más temprano que tarde los oiría tratándose de tú. Debía admitirlo, le agradaba esa idea ya que por una razón todavía desconocida, le resultaba importante que ambos congeniaran.

Las palabras de Louis la sorprendieron con un bocado recién llevado a la boca, por lo que se limitó a asentir ante la mención de las obras de Goethe, ambas por lo demás de su completo agrado. Y fue mientras los oía intercambiar impresiones acerca de Schopenhauer, que Prue se dio cuenta que ambos compartían el gusto no sólo por la poesía sino también por la filosofía.

-Dios los cría y el Diablo los junta -pensó divertida-... aunque en este caso el Diablo sea yo.

[color=#03442C]-... De Goethe creo que sólo he leído Fausto, mi mujer seguro ha leído muchísimo más, al igual que Prue. A menudo están intercambiándose libros.[/color]-comentaba Henry.

-Más que tú eso es seguro, pero nunca más que Effie -repuso y enseguida miró a Louis-. Pese a su misoginia, sí, me agrada Goethe, calculo que debo haber leído una decena de sus libros. Me parece un autor muy versátil y aunque las dos obras que menciona son excelentes, de hecho me parece que son las más conocidas, creo que Las Afinidades Selectivas no tiene nada que envidiar a ninguna de las dos.

[color=#03442C]-¿¡Tantos has leído!?[/color] -preguntó asombrado- [color=#03442C]Vaya, teniendo en cuenta que no es el tipo de libros que te gusta leer, habría jurado que más de dos o tres no habían pasado por tus manos.[/color]

La joven sonrió divertida. Henry tenía razón, era mucho más fácil verla leyendo a Julio Verne o Charles Dickens que a otros autores.

-Por la forma en que lo dices parece que fuera un bicho raro -repuso-, pero como la memoria es frágil cuando quiere, me veo en la necesidad de recordarte que fuiste tú quién fomentó en mí el gusto por el terror y la aventura.

Henry rió.

[color=#03442C]-Es verdad, me declaro culpable[/color] -habló dirigiéndose a Louis-[color=#03442C] En mi favor podría decir que les contaba historias de terror para asustarlas, pero de las dos la única que se asustaba era mi hermana, hasta el día de hoy se asusta, mientras que Prue disfruta con ellas.[/color]

La cena prosiguió con una plática afable y distendida. Cuando los tres terminaron de comer y dejaron los cubiertos en el plato, éstos fueron retirados y Daisy no tardó en aparecer con la bandeja de los postres. Afuera, en tanto, los truenos habían dejado de sonar y el sonido de la lluvia al caer ya no era tan intenso.

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29/02/2016, 00:23
Prue Lascelles

Entretenida como estaba conversando con Lydia, que ni cuenta se dio cuando ya estaban frente a la puerta. La idea de formar un coro con los niños del orfanato le agradaba mucho y la entusiasmaba todavía más porque estaba segura que a los niños les iba a encantar. 

-¿Está segura que quiere ir caminando hasta a la iglesia? -preguntó ya estando afuera y luego que Miss Adams le entregara un pequeño saco con galletas, aunque en realidad no era más que un trozo de tela con sus cuatro extremos anudados entre sí- La iglesia no está precisamente al frente sino que allá -le señaló la dirección-... son pocas calles, no deberíamos demorar más de diez minutos caminando.

Se quedó de pie esperando a ver si ella había cambiado de opinión respecto a caminar y prefería ir en su coche. No obstante, respondió a la pregunta que ella le hizo sobre Peter.

-No se equivoca, el padre Peter y yo somos cercanos. Él, además de mi confesor, es mi amigo. Somos muy buenos amigos la verdad, los mejores me atrevería a decir -se encogió de hombros, para ella esa amistad no tenía nada de extraordinario-. El mismo trabajo en el orfanato y las obras de caridad nos fueron acercando, siempre coincidimos en algo, además él está muy implicado con los niños, siempre está pendiente de nosotros y de todo lo que pasa en Whitechapel. No sé bien a qué se refiere con profundamente, pero si sé que lo conozco bien, con sólo mirarlo puedo saber si algo le molesta o preocupa, y a él le pasa igual conmigo... como un libro abierto. Cuando lo conozca me va entender, porque eso que dicen que los ojos son los espejos del alma queda de manifiesto en él y cuando uno mira su alma lo que ve es a Dios -sonrió, convencida de sus palabras.

Notas de juego

Dust nos va a abrir la escena del Padre Peter, así que la visita a la iglesia la vamos a narrar en su escena.

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29/02/2016, 09:32
z/ Lady Lydia Blackwood

Estaba tan eufórica por seguir dibujando un entramado que ayudara a construir los cimientos de esa nueva casa llena de todos, que no caí en lo que mi acompañante me sugería

-Oh..pues..- No sabía que contestar, por alguna razón había pesando que todo estaría junto , pego y que podríamos acercarnos andado. Mi mirada inocente se entretuvo un instante entre mis reflexiones- Si, iremos andando-

Era arriesgado seguro pero ¿ Que tipo de hipócrita sería si ahora no me enfrentaba a caminar entre ellos, si ahora los tenia miedo? Además yendo con ella, seria diferente ¿no? Tiré de su brazo

-Mejores amigos...- Hasta ahora nunca había contemplado la idea de que un hombre pudiera ser mejor amigo de una mujer ni siquiera aunque tuviera hábitos- Suena increíble. Mi mejor amiga es Victoria Thompson...- Pero en seguida ensombrecí mi rostro y no seguí hablando mas, aun deje pasar unos segundos para recuperarme.

- Ha hecho una descripción que trasmite mucho, Miss Lascelles, creo que solo con ella puedo imaginármelo, y si en él esta dios no concerle seria un gran error- Desvié la mirada- Perdóneme por la palabra " profundamente", quizás ha sonado grosera, aunque si veo que son estrechos-

Que bonito es saber lo que le pasa a quien quieres con tan solo mirarle. No había mentido, en esos diez minutos habíamos llegado a la puerta de esa modesta pero destacable iglesia.

- Tengo ganas de conocerle-

Sonrei a mi acompañnate, antes de subir juntas los ecalonres

Notas de juego

Vale, entonces supongo que pongo este post y ya seguimos ahi.

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01/03/2016, 03:33
Louis Kindelanver

El postre principal que trajo Daisy consistía en un crumble de grosellas espinosas, regado con un poco de jugo de lima, pero al mismo tiempo también depositó sobre la mesa una bandeja con los pastelitos que había preparado Prue. La joven podría reconocerlos fácilmente, pero la mujer no dijo nada al respecto, aunque su sonrisa era elocuente. 

 

Y no era difícil ver que Louis estaba disfrutando de la conversación. El señor Dashwood le estaba cayendo verdaderamente bien y la presencia de Prue daba, a sus ojos, un brillo especial a aquella estancia que tan en desuso estaba. 

Rió al imaginar al hombre intentando asustar a las dos niñas con tan escaso resultado por parte de una de ellas y cuando ya los postres estuvieron servidos, retomó parte de la conversación.

—Lo cierto es que la misoginia es un mal que afecta a gran número de escritores en estos días —dijo, frunciendo levemente el ceño al mismo tiempo que algo en su interior se rebelaba ante ello—. Por mi parte, disfruto sus obras igualmente, pero creo que es importante que los libros escritos por mujeres lleguen también a los hombres, hasta que esa concepción se diluya. 

Tomó la cuchara y probó un poco del crumble antes de seguir hablando.

—Hay quien cree que las mujeres sólo pueden escribir obras románticas, pero no veo por qué habría de ser así. Hay libros maravillosos escritos por escritoras y tampoco veo ningún problema en que un hombre lea sobre romance. Pero ahí tenemos a la señorita Mary Shelley... ¿Han leído su obra Frankenstein? Es una verdadera maravilla que trasciende la literatura de terror para internarse en las oscuridades del alma humana y sumergirse de lleno en la metafísica. Me parece un libro delicioso y no me avergüenzo al decir que lo disfruté sobremanera todas las veces que lo he leído. 

Se quedó pensativo un instante y entonces sonrió levemente al recordar algo. Y con naturalidad empezó a contar una anécdota, gesticulando suavemente con la mano.

—Por cierto que hace poco y precisamente a cuentas de esa obra pude conocer a una escritora en persona en una librería, cuando estaba buscando el libro que le obsequié, Prue. Y desde entonces he podido leer algún fragmento de la novela que está escribiendo ella y creo que puede ser francamente buena. Tiene una frescura especial en su estilo. Se llama Emily Jones y pienso que todos deberíamos recordar su nombre porque si sigue escribiendo como lo hace ahora, no me cabe duda de que sus obras serán famosas. 

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06/03/2016, 03:53
Prue Lascelles

Cuando Prue vio la bandeja con los pasteles que había preparado, su mirada se posó sorprendida sobre Daisy y al ver la sonrisa en sus labios, pasó de la sorpresa a la diversión. Volvió la vista al frente, mirando de soslayo los pastelitos y al mismo tiempo tratando que ninguno de los comensales se percatara de su desconcierto.

-Bueno, supongo que si los ha traído a la mesa es porque mal no quedaron... -se dijo y bebió de su copa, sintiendo que le costaba un poco que el líquido pasara por la garganta- Que sea lo que Dios quiera -suspiró casi imperceptiblemente y procuró centrarse en la conversación.

-No sólo a escritores, a la sociedad en general. Y esa es la razón por la que muchas escritoras firman con seudónimo masculino, porque parece ser el único modo de que las tomen en serio y que sus escritos sean valorados en sí mismos, en lugar de ser catalogados de textos inferiores sólo por haber sido escritos por una mujer. Todavía no se nos permite escribir lo que sabemos y sentimos, mucho menos decirlo. No dejan pasar nunca la ocasión de decirnos que las mujeres deben dejar la pluma y repasar los calcetines de sus maridos. Y esos prejuicios no son exclusivos de la literatura, porque también los vemos en las artes... en realidad los vemos en todo -y con ese todo no se refería sólo a las bellas artes, sino a todas esas profesiones o actividades consideradas como exclusivas de los hombres.

Frente a la pregunta de Louis, Prue esbozó una sonrisa y asintió, pero fue Henry el que respondió. Hacía poco más de un mes, él había obsequiado con ese libro tanto a Effie como a Prue y bromeó con el hecho que, estaba seguro, ambas aprovecharían esos días juntas para comentarlo.

-Tal vez -repuso ella con voz queda, dando a entender que tal vez tuviesen otros planes que no le habían comentado. Probó el crumble.

Escuchó la anécdota de Louis interesada, sin dejar de disfrutar del postre mientras lo hacía, pero sobre todo sin sospechar la identidad de la escritora. La mención del nombre de su amiga la sorprendió con la cuchara a mitad de camino hacia su boca.

-¡Oh! -exclamó y su mirada se cruzó con la de Henry.

[color=#03442C]-¿Emily Jones?[/color] -preguntó frunciendo el ceño- [color=#03442C]Prue, ¿pero ella no es...?[/color]

-¡Sí que lo es! -exclamó la joven interrumpiendo a su primo. Su rostro se había iluminado y sus ojos brillaban como luceros. Miró a Louis sintiendo el pecho henchido a causa de las palabras que él había dedicado a su amiga- El mundo es un pañuelo ¿recuerda que se lo dije cuando mencionó a Lord Kelvin?... ¿Y recuerda también que le mencioné que tengo dos grandes amigas y que una de ellas tardó por lo menos un mes en conseguir que yo hilara más de tres frases seguidas? -sonrió ampliamente- Bueno, pues esa amiga es Emily Jones, mi querida Emy, ella es la escritora de la que habla. ¿Tiene idea de lo feliz que me hace oírle decir esas cosas de ella? -se notaba entusiasmada a la par que emocionada y no lo ocultaba.

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07/03/2016, 05:19
Louis Kindelanver

Louis detuvo la cuchara a medio camino al darse cuenta de que su anécdota parecía contener algo que despertaba un interés especial en sus invitados. Los contempló expectante, hasta que Prue empezó a desvelar el misterio. Entonces bajó la cuchara, dejándola de nuevo en su cuenco y asintió a sus dos primeras preguntas para terminar soltando una carcajada al descubrir a qué se debía la sorpresa de ambos.

—Vaya, eso sí que no me lo esperaba —confesó, con una amplia sonrisa—. ¡Qué maravillosa casualidad! No se equivoca cuando dice que el mundo es un pañuelo. Pues Prue, debo decirle que su amiga es una joven muy talentosa. Cada mañana tengo la esperanza de que el cartero me traiga algún nuevo fragmento de esa novela que está escribiendo para saber qué sucede después. 

Entonces sí, levantó de nuevo la cuchara y saboreó un pedazo del crumble antes de hablar de nuevo, mirando a Prue con curiosidad.

—¿Usted la ha leído? Sospecho que le caería en gracia la protagonista. —Con un gesto incluyó también a Henry al continuar. —Trata de una joven de sociedad que huye de un matrimonio concertado con un hombre veinte años mayor que ella y se embarca hacia el nuevo mundo. Aunque eso es sólo el comienzo, a partir de ahí empiezan sus aventuras.

Estiró la mano entonces para tomar uno de los pastelitos de limón y se lo llevó a los labios. Un brillo de extrañeza cruzó sus ojos al notar el sabor algo diferente. Estaba igualmente sabroso, pero tenía... un toque, algo que no era capaz de identificar. ¿Tal vez canela? ¿Qué era? Comió otro bocado, saboreándolo y finalmente miró a Daisy y creyó comprender lo que sucedía al ver su expresión. Así que después su mirada se dirigió hacia Prue con una sonrisa bailando en sus labios. 

—Prueben los pastelitos —dijo, ampliando su sonrisa y fingiendo que no se había dado cuenta—. Tienen... un toque especial. Están verdaderamente deliciosos. 

Y con sus últimas palabras bebió un sorbo de su copa y sin dejar de sonreír, cogió otro, abandonando el crumble. 

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09/03/2016, 03:39
Prue Lascelles

–Una maravillosa y feliz casualidad -respondió sonriente-. Estoy segura que ella va a estar muy feliz de saber la excelente opinión que le merecen sus escritos... si es que ya no lo sabe -añadió. 

Pero la pregunta de él la hizo torcer el gesto y fruncir un poco el ceño. Negó con la cabeza, no muy contenta por la respuesta que habría de dar.

–Muy a mi pesar, la respuesta es no. Emy es muy reservada con lo que escribe, algunas veces me ha leído un poco, pero de ahí a pasarme uno de sus manuscritos -suspiró algo decepcionada-... eso no lo ha hecho y en cuanto a este último ni siquiera me ha hablado.

Miró a Louis entornando los ojos y de no haber sido porque estaban cenando, además de la presencia de Henry, se habría cruzado de brazos en actitud rebelde.

–Debe saber, Louis, que en este minuto lo que me siento es celosa, celosísima, porque usted ha tenido acceso a algo que se supondría yo debería tener antes que nadie -Henry carraspeó y Prue puso los ojos en blanco-. Sí, ya sé -dijo a éste en respuesta a ese sonido con el que pretendía llamarle la atención. Respiró profundo e hizo un mohín-... Estoy siendo infantil y pecando de envidiosa -negó con la cabeza y volvió a mirar a Louis-. No me haga caso, estoy quejándome por quejarme, además que si me pongo en los zapatos de Emily, y conociéndola como la conozco, sé que si ha preferido enseñarle a usted sus escritos es porque quiere una opinión imparcial y objetiva -se encogió de hombros-, que su obra sea criticada o elogiada desde la distancia de los sentimientos que yo o cualquiera de sus cercanos podamos sentir hacia ella. Imagino que pensará que no seremos del todo honestos y objetivos al valorarla -esbozó una sonrisa y tanto su expresión como su voz volvieron a suavizarse. Al observar bien a Louis tuvo la sensación de que sus palabras lo habían incomodado y se apresuró a quitar yerro al asunto-. No se preocupe Louis, las nubes de la tormenta están afuera y allí se quedarán porque fuera están infinitamente mejor, campando a sus anchas, que ciñéndose sobre mi testa -bromeó-. Y pierda cuidado, cuando hable con Emy no le voy a mencionar que sé de la existencia de esta nueva obra ni mucho menos le diré que me enteré por usted -arrugó la nariz-, además que tendría que dar explicaciones que no quiero dar.

Hundió la cuchara nuevamente en el crumble y se disponía a llevarla a su boca cuando notó que Louis estiraba la mano para tomar uno de los pastelitos. Abrió mucho los ojos, su expresión era una extraña mezcla de sorpresa y susto. Contuvo la respiración cuando lo vio acercárselo a la boca y entrecerró los ojos al percatarse de la expresión de extrañeza en su rostro. Se preparó para, en cualquier minuto, oír sus quejas -incluso gritos-, pero al ver que éstas no llegaban y que incluso daba un segundo bocado, aguardó expectante.

–¡Gracias a Dios! -exclamó soltando el aire que había estado reteniendo una vez que él hubo roto el silencio y dejando la cuchara en el plato- Le juro que estuve a nada de esconderme bajo la mesa -dijo tapándose el rostro con las manos, pero sin llegar a cubrirse los ojos-. Son los pastelitos que hice antes, cuando Daisy me enseñaba a prepararlos, pero jamás pensé que los traería a la mesa -miró a Daisy con expresión compungida; ganas de sacarle la lengua no le faltaron-... La próxima vez avíseme, casi me infarto al verlos en la mesa -esbozó una sonrisa y volvió a mirar a Louis-. Les añadí canela y anís, estaba experimentando, quería darle mi toque, pero ya le digo que jamás pensé que alguno de ustedes los probaría. 

Henry reía con ganas y aunque al principio ella lo miró arrugando el ceño y pidiéndole que no se burlara, los hoyuelos en sus mejillas dejaban claro que se estaba aguantando la risa. Cuando finalmente cedió a ésta, cogió también uno de los pasteles.

[color=#03442C]–Vas a tener que preparar una buena cantidad, no sólo para que les lleves a los chicos del orfanato sino también para tu familia, en especial tus sobrinos. Como ha dicho el señor Kindelanver, están verdaderamente deliciosos.[/color] -miró a Daisy- [color=#03442C]La felicito señora, es usted una excelente maestra y su receta es magnífica.[/color]

El cucú del reloj que había sobre la chimenea, les anunció el término de una hora y el inicio de la siguiente.

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11/03/2016, 14:36
Louis Kindelanver

A Louis se le fue deslizando en los labios una sonrisa tierna a medida que Prue iba mostrando su rebeldía. Era precisamente esa frescura juvenil la que había atraído su atención en el jardín de Annabelle. La forma que tenía la joven de ser una deliciosa suma de contrastes. Soñadora, pero práctica. Dulce, pero luchadora. Era imposible no contemplarla con cierta fascinación cuando mostraba en cada pequeño gesto un escaparate de emociones que tal vez en otra persona resultarían incoherentes, pero que en ella parecían encajar con la precisión de las piezas de un puzzle. 

Y al ver cómo escondía el rostro entre sus manos una risa brotó con naturalidad de su pecho, sumándose a una cuenta de carcajadas que había aumentado en aquellas semanas y que precisamente le debía en su mayor parte a ella. 

Daisy, cerca de la puerta, no perdía detalle de lo que sucedía en la mesa y contemplaba la escena con una sonrisa de oreja a oreja. Cuando la mirada de la joven se dirigió a ella, la mujer puso una expresión de circunstancias que podría resultar neutra si no fuese por el brillo divertido de su mirada. Agradeció el cumplido de Henry con un asentimiento de cabeza, pero al mismo tiempo hizo un leve gesto con la mano.

[color=#210B61]—Se lo agradezco señor Dashwood. Pero el mérito es todo de la señorita Lascelles. Tiene muy buenas manos y ese toque que le ha dado revela que además tiene buen gusto para la cocina.[/color]

—Y es que le han quedado realmente buenos, Prue —convino Louis entonces, limpiándose los dedos con la servilleta después de terminarse el segundo. Normalmente con uno habría estado más que saciado, pero por algún motivo que no iba a detenerse en pensar en ese momento, tenía la sensación de que podría comerse incluso un tercero.

—Le agradezco que me cubra con la señorita Jones —dijo, recuperando el tema anterior—. No me gustaría disgustarla. Su amiga es una joven de lo más amable y... —Su sonrisa se volvió un poco traviesa cuando completó la frase. —... La verdad, quiero saber cómo continúa la historia. Me ha dejado con la miel en los labios.

»Además —continuó—, estoy seguro de que tiene razón y si me ha enseñado su texto a mí y no a usted es sólo por tener una opinión externa. Tal vez cuando la señorita Jones se sienta segura de su obra, se la muestre.

George pasó por allí para ofrecer algún tipo de licor digestivo, infusión o cigarro a los comensales y entonces Louis dejó la servilleta sobre la mesa y se echó un poco hacia atrás, apoyando la espalda en el respaldo de su asiento. Miró al mayordomo, con una sonrisa.

—George... ¿Recuerda ese licor de cerezas que envió Sylvia desde Escocia y que debe estar en algún lugar de la alacena? Tráigalo, por favor. —El mayordomo lo miró con cierta curiosidad, pero no preguntó nada antes de marchar a buscarlo. Mientras, Louis se dirigió a sus invitados. —¿Les apetece? Estaba esperando a tener alguna ocasión especial para abrir esa botella y creo que ahora sería un momento perfecto. 

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13/03/2016, 22:26
Prue Lascelles

Whitechapel, 31 de marzo de 1880

Mientras más se penetraba en Whitechapel, más se hundían los corazones. ¿Se trataba de Londres? Ni siquiera en Rusia o en los peores tugurios de Nueva York podía verse tal pobreza como la que existía en el Londres de la década de 1880. Cuando inmigrantes y habitantes de los pueblos llegaron a Londres imaginaban algo distinto. Habían dejado atrás la mediocridad y la pobreza del pueblo en que se habían criado, ya fuera en la costa de Cornualles, en Irlanda o en otra parte del mundo. Habían viajado hacia la promesa de una vida mejor, con fábricas para trabajar, avenidas grandes, rodeado de gente cosmopolita, a un mundo de posibilidades que se abrían ante sus ojos y que les ofrecían una vida mejor.

Pero entonces descubrieron que no era así y se vieron pobres, incluso más que antes. Aquellos con suerte se convirtieron en un obrero explotado, pero de todas formas no eran más que un animal más en la jungla del East End. Las pequeñas calles oscuras y ramificadas de Whitechapel concentraban la mayor parte de la suciedad y la delincuencia. Llegaba el olor de los mataderos, del pescado frito rancio que vendían en las esquinas, el del sudor de las mujeres que el perfume de violetas no conseguía disfrazar, el del alcohol. El del miedo y el abandono.

Y en medio de toda esa podredumbre y decadencia existían quienes se esforzaban por brindar un rayo de esperanza, una luz en medio de tanta oscuridad. El  Hospital Foundling era uno de ellos. Una modesta vivienda de dos plantas y una buhardilla que albergaba entre sus desgastados muros a un pequeño grupo de niños y niñas cuyas edades oscilaban entre los dos y trece años, brindándoles alimento y cobijo, pero sobre todo cariño.

La abnegada y desinteresada obra Georgiana Adams había conseguido, a lo largo de los casi diez años que el lugar llevaba funcionando, conseguir el respeto y ayuda de los habitantes de Whitechapel, trascendiendo su labor las fronteras del East End. El orfanato se mantenía gracias a la caridad que recibían, además de los trabajos de costura que Miss Adams con la ayuda de las voluntarias hacían. Los fondos de que disponía habían mejorado bastante el último tiempo, recientes donativos, muchos de ellos de carácter anónimo, les estaban permitiendo mejorar considerablemente las condiciones del lugar, pudiendo permitirse incluso el recibir a más niños. Prue se había convertido en la mano derecha de la mujer y dedicaba gran parte de su tiempo libre a conseguir más fondos. No siempre tenía éxito, pero últimamente la suerte parecía sonreírle.

En el pequeño antejardín, una joven de nívea piel cortaba algunas flores y aprovechaba de deshacerse de la mala hierba que había comenzado a crecer. Aún era temprano y las calles se veían algo desiertas por lo que los pasos y conversaciones de los hombres y mujeres que se dirigían a sus trabajos resonaban cual eco por las calles mezclándose con el ladrido de los perros. El inconfundible sonido de un silbato hizo que la joven levantara la cabeza.

-Ya viene el lechero -se dijo y se apresuró a terminar con lo que hacía. Con cuidado recogió las flores que acababa de cortar, se pasó las manos por el delantal que protegía su vestido y abandonó el pequeño jardín, cerrando la maltrecha puerta tras de sí. Ingresó nuevamente a la casa y cuando volvió a salir, sus manos venían limpias y traía consigo dos canastos de metal, cada uno conteniendo seis botellas de vidrio vacías. Las dejó junto a la puerta y oteó en la dirección habitual esperando ver en cualquier momento la carreta del señor Forsyte, pero en su lugar lo que vio fue a una joven a la que nunca antes había visto por esas calles. Observó a su alrededor, esperando ver en cualquier momento a la persona que la acompañaba, pero al darse cuenta que estaba sola, lo que sumado a la forma en que lo miraba todo con una perfecta mezcla de fascinación y temor, además de la calidad de las ropas que vestía, comprendió que debía estar perdida.

Prue no lo pensó dos veces y fue a su encuentro.

-Buenos días -saludó con amabilidad, dándose cuenta que era apenas una chiquilla-. ¿Necesita ayuda, señorita? -preguntó con voz afable- No he podido evitar reparar que está sola y que estas calles no le son familiares. No es mi intención parecer una entrometida, pero nunca antes la había visto por aquí y puedo presumir de conocer no a todos, pero sí a la gran mayoría de habitantes de los alrededores -esbozó una sonrisa, no quería asustarla-. Mi nombre es Prudence Lascelles, trabajo aquí, en el orfanato -le señaló la dirección de éste-. Este no es lugar ni horas para que una señorita deambule sola y no me perdonaría que le ocurriera algo sabiendo que en mi mano estaba el poder ayudarla.

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15/03/2016, 03:57
Eloise du Villone

No me puedo creer que esté caminando sola por una ciudad desconocida. ¡Sola! Creo que es la primera vez en toda mi vida que estoy sola en la calle. Es tan excitante que me da vueltas el estómago. No estoy nada segura de que haya sido una buena idea salir así a la calle yo sola cuando todavía no había amanecido, pero ay, es que sentí de repente esa necesidad imperiosa de confesarme y no pensé que fuese tan difícil encontrar una iglesia en esta ciudad de locos. ¡Si hasta el aire es diferente, tan húmedo y con este olor tan raro! Llevo el pelo semirecogido en la parte superior y suelto por detrás y si me toco las puntas de los cabellos rubios puedo notar que están como más ondulados de lo normal. Todo por esa humedad.

Si me viera soeur Agnes le daría un infarto. Pero por suerte no puede verme y eso hace que un brillo travieso asome a mi mirada. Sé que estoy sucumbiendo al pecado de la curiosidad otra vez y que a lo mejor termino metiéndome en líos, pero... Es tan tentadora. La révérende mère se sentiría sin duda decepcionada de mí. Es tan admirable y abnegada... Ojalá yo pudiera ser un poco más como ella, pero siempre que creo que voy a conseguirlo... ¡Zas! Vuelvo a caer en la curiosidad.

Por un lado me daba muchísimo miedo salir de casa de mi anfitrión. Bien que me han explicado toda mi vida los peligros que campan por el mundo guiados de la mano del diablo. Pero por otro... Hay tantas cosas que me gustaría ver y conocer... Hace un rato pasé por encima de un puente y ver cómo se reflejan las luces en el agua del río fue vraiment magnifique y quiero beberme todo lo que hay ante mis ojos para poder recordarlo bien cuando los cierre antes de dormir esta noche. 

Desde que empecé a caminar he visto por lo menos dos enormes jardines, he vuelto a pasar por encima de otro puente y poco a poco las casas han dejado de ser grandes y bien encaladas para pasar a tener peor aspecto. ¿Cuánto tiempo debo llevar caminando? Las campanas han sonado dos veces ¡y hasta se ha hecho de día del todo! Ay, mon Dieu, ¿cómo voy a regresar después? Cada vez estoy más segura de que sí que me estoy metiendo en un buen lío.

Pero... Es que no lo puedo evitar. Miro a mi alrededor y todo me atrapa. Cada nueva calle atrae mi curiosidad y aunque sé que debería darme la vuelta, termino girando una esquina más. Todo el rato rastreando los edificios en busca de alguna cruz que me indique que he encontrado lo que buscaba. Aunque la gente que he visto por esta zona me da un poco de respeto, tengo que reconocerlo. Todos van como muy mal vestidos comparando con mi vestido azul claro y mi abrigo azul oscuro y eso me da congoja y me atemoriza a partes iguales. Aunque también me fascina. Esta es sin duda la mayor aventura que he vivido en toda mi vida.

Sólo espero salir sana y salva de ella. 

Y en eso estoy pensando justo cuando veo que una chica se me acerca. Pestañeo sorprendida y cuando me habla, en un primer momento miro a mi alrededor como un cervatillo asustado. ¡Pero vaya tontería tener miedo de una joven que casi parece de mi edad! Así que tomo aire despacio y me quedo donde estoy, empezando a mordisquearme el labio inferior de puros nervios, de esa forma que soeur Agnes odia porque total, ella no está aquí para decirme nada.

-Bonjour -digo, para corregirme de inmediato-. Buenos días -Eso está mejor, aunque el marcado acento francés no me lo quita nadie, al menos por ahora. Pero bueno, para eso estoy aquí, ne c'est pas?

-Quelle affaire, mademoiselle Lascelles! -exclamo, contemplando con los ojos muy abiertos la piel de porcelana de la chica. Es muy bonita y sus ojos son como dos zafiros. -La verdad es que sí, estoy un poco perdida. No conozco la ciudad y estaba buscando una iglesia para poder confesarme, pero empecé a caminar y caminar y ¡Ay, mon Dieu! Esta ciudad es enorme y no se acaba nunca. -Me la quedo mirando un segundo y sus ojos me hacen sonreír. -Oh, là là! ¡Pero qué ojos más bonitos tiene usted! ¿Y podría decirme dónde encontrar una iglesia? 

Notas de juego

¡Qué buena intro! Felicidades *-*

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15/03/2016, 05:52
Prue Lascelles

Con la humildad que la caracterizaba, agradeció los cumplidos que le dedicaron, pese a no creer merecerlos ya que estaba convencida que de no haber contado con la supervisión de Daisy el resultado habría sido otro.

-No tiene nada que agradecerme, Louis -respondió bajando discretamente la mirada-, no veo por qué le estaría cubriendo las espaldas si no ha hecho nada malo. Yo no sabía que usted la conocía ni mucho menos usted sabía que somos amigas.

Las palabras que Louis dijo después, habían hecho que una dulce sonrisa se dibujara en los labios de ella. Prue lo miró y reafirmó la promesa de no decirle nada a su amiga. Esperaría hasta que ella se sintiera lista para enseñarle su obra o simplemente esperaría el día de su publicación para adquirirla.

La joven no podía evitar sentir una creciente sensación de alegría y satisfacción al ver que las personas a su alrededor reían. Había llegado al punto de que le daba casi lo mismo si se reían con ella o de ella, lo importante era que rieran. No le gustaba ver caras tristes y procuraba dar lo mejor de sí para revertir esa situación, aunque implicara hacer caso omiso de sus propias tristezas, porque las tenía y muchas, pero aun así se esforzaba a diario por rescatar lo mejor de cada situación y que lo malo no fuese tan malo. Para ella cada nuevo día ofrecía la oportunidad de un nuevo aprendizaje y la posibilidad de ser mejor.

Fue Henry quien respondió aceptando el ofrecimiento del bajativo, mientras que la joven se limitó a mirar a Louis y asentir. No sabía mucho de licores, pero supuso que si el licor era de cerezas habría de ser dulce y se preguntó si sería como el Cherry que tanto gustaba beber su padre. Y el recuerdo de su padre trajo consigo otro que la hizo sonreír divertida, recordando la anécdota vivida la última vez que visitara su hogar.

-Acabo de recordar algo que me pasó en casa de mis padres. Henry, ¿te acuerdas que el invierno pasado viajé para cuidar a mi madre porque había enfermado? -su primo asintió. Prue meneó la cabeza, de sólo acordarse se tentaba de la risa- Bueno, pues resulta que como mamá estaba en cama, papá me pidió que lo ayudara a alistar todo para la escuela dominical -sus ojos inconscientemente buscaron los de Louis-. Una vez tuve todo listo, y como hacía frío, se me ocurrió la genial idea de encender la salamandra. No tenía la menor idea de cómo funcionaba, pensé que sería igual que una chimenea. Poner la leña y encender el fuego. Para mí no tenía más ciencia, pero no tardé mucho en darme cuenta de mi error. La salamandra empezó a humear tanto que me asusté, la sala de clases se estaba llenando de humo y yo me estaba ahogando -Prue gesticulaba con las manos y pugnaba porque la risa no le ganara antes de haber terminado su relato-. Como no dejaba de salir humo cogí un jarro con agua y se lo arrojé para que se apagara. Ese fue mi error. Papá justo entró y aunque me advirtió que no lo hiciera, su advertencia llegó tarde porque ya se lo había lanzado. ¡La ceniza hizo combustión y yo acabé llena de hollín! -se cubrió la boca riendo divertida- Papá empezó a abrir las ventanas para que la sala se ventilara y de pronto, al verme, comenzó a reír de una manera que les juro me hizo enfadar, pero cuando me tomó del brazo y me llevó frente a un espejo para que me mirara, reímos juntos hasta las lágrimas. ¡Mi cara estaba negra y mi vestido había pasado de ser blanco a gris!

Henry a esas alturas reía a carcajadas imaginándola convertida en un perfecto desastre y la joven reía con él.

-Lo bueno es que nadie más me vio porque de lo contrario no sé dónde me habría escondido. -Se llevó la mano a la frente y negó con la cabeza- Eso sí, ahora soy una experta encendiendo salamandras, porque hasta de los errores se aprende.