SOBRE TORA FEN
Tora Fen se localiza en los márgenes septentrionales del reino de Torakael, cerca de la famosa Montaña sin Nombre y a pocos días de la frontera con Draur. A diferencia de otros asentamientos del reino, nació como un punto de encuentro entre viajeros, cazadores y exploradores, lo que dio paso a una comunidad más abierta de lo que es habitual entre los toraeses: aunque predominan los humanos, la convivencia con otros seres racionales rara vez despierta conflictos abiertos.
El pueblo vive bajo un clima que va de templado a frío, húmedo durante la temporada de lluvias, dependiendo casi por completo de la caza, la recolección y la manufactura artesanal para subsistir y comerciar con el exterior. Con poco más de un centenar de habitantes permanentes, funciona más como una gran familia que como un pueblo; todos se conocen, todos colaboran, y por lo general la supervivencia colectiva pesa más que cualquier ambición individual.
El liderazgo recae en la figura del Sabio. Normalmente la posición es heredada al habitante más experimentado cuando el anterior se retira, aunque a veces surgen excepciones y asciende aquel cuya vida haya demostrado juicio y conocimiento por encima de la media. En cualquier caso el Sabio responde ante las órdenes del Lord regional y se encarga de entregarle los impuestos de manera anual a sus enviados según la ley.
Hace un par de años, bajo la dirección del Sabio actual, el pueblo comenzó a ofrecer refugio temporal a los aventureros atraídos por los misterios de la Montaña sin Nombre, esta decisión impulsó la economía y le dio nueva vida al asentamiento, aunque trajo consigo la necesidad de aumentar las reservas de alimentos y la capacidad para albergar personas.
La gente del exterior suele ver a los habitantes de Tora Fen con algo de extrañeza, ya que a diferencia del resto del reino, donde impera el culto a los Cuatro Creadores, allí la fe es algo más personal y discreto. Por ello no cuentan con templos propios ni con clérigos, aunque sí celebran las fechas religiosas a su modo.
A consecuencia de sus actividades es relativamente común que se crucen en el bosque con los otros habitantes de la zona, los tah' nu kee. Esto ha llevado a una espinosa relación donde ambos grupos suelen competir por presas, recursos y territorio, solo llegando a pequeñas treguas cuando es absolutamente necesario, pero a la vez sin chocar verdaderamente... al menos hasta ahora.
SOBRE LOS TAH' NU KEE
Conocidos fuera de sus territorios como “gente mapache”, los tah’ nu kee son en realidad más cercanos a los perros, algo evidente en sus costumbres sociales y su instinto de manada pese a su apariencia engañosa. Místicos y cazadores por naturaleza, combinan ello con la recolección y prefieren la quietud de los bosques profundos y las cavernas naturales antes que la vida cercana a grandes asentamientos. Teniendo lo anterior en cuenta no es raro que su cultura valore principalmente el equilibrio con el entorno.
Los tah' nu kee vecinos de Tora Fen habitan el bosque ancestral, mismo al que llaman Ra’ Kuen en su dialecto. Ellos lo consideran un territorio sagrado debido a la gran cantidad de energía primordial que fluye libremente entre sus árboles, sus rios y la tierra que rodea a la Montaña sin nombre. Allí varias decenas de individuos conviven organizados en núcleos familiares definidos que cooperan como una manada, repartiendo responsabilidades según aptitudes: los más fuertes se encargan de la caza y de la vigilancia, mientras los más ágiles de mente llevan a cabo los rituales, la enseñanza y el cuidado de los hogares. Todos responden, directa o indirectamente, ante la Señora de la niebla, una mística que se dice es capaz de comunicarse con el "Corazón del bosque" y tejer complejas ilusiones.
Aunque no sienten una enemistad innata hacia los humanos, la competencia constante con los habitantes de Tora Fen ha alimentado una rivalidad específica hacia ellos. En los últimos días, sin embargo, la presencia de la "gente mapache" en las partes accesibles del bosque ha disminuido casi por completo despertando sospechas entre los humanos, pues estos temen que algo se esté gestando en las profundidades de Ra’ Kuen. Lo que los habitantes de Tora Fen no saben es que los propios tah’ nu kee enfrentan un problema que los mantiene aislados y alerta.