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Ayuda con un relato, por favor.

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31/12/2015, 14:30
Editado: 31/12/2015, 14:33

Hola, hace bastante rato no entraba por comunidad y me es un placer regresar.

Como bien saben algunos (tampoco soy tan popular) me gusta mucho escribir pero aún presento muchas falencias, por lo que las veces que he subido relatos he visto que las críticas y comentarios me han ayudado bastante. (Las críticas hechas con conocimiento y por ayudar, no las que son solo por criticar).

Acabo de terminar un relato y no logro hacer que me guste pero tampoco sé por donde trabajarlo, así que si alguno se atreve a leerlo y darme una opinión (para ayudarme) se lo agradezco. (Por ejemplo, las observaciones de Rahel me han parecido lo más de interesante).

Quizás es un poco largo, por lo que pido comprensión.

¿Titulo?

Cuando se despertó tuvo la certeza de que iba a morir, pero terminó de beberse la taza de café y desechó la idea, concluyendo que aquella sensación lacerante en la boca del estómago era consecuencia de una gastritis mal cuidada. 

Desde la muerte de su madre, treinta años atrás, el psicoanalista Marcus Dee había cultivado un corazón misántropo y amargado, incapaz de sentir preocupación alguna hacia la humanidad, a la que culpaba de su desgracia, y a diario se condenaba a sí mismo por tener que pasar horas enteras escuchando el parloteo infinito de violadores, suicidas y psicópatas potenciales. Afortunadamente siempre tenía a la mano el crucigrama del día, el cual resolvía mientras simulaba tomar atenta nota entre fríos «continúe», «interesante» y «vas avanzando». En conclusión, Marcus Dee odiaba su empleo, a sus pacientes y a su propia vida. 

Aquel día, cuando el paciente de las cinco de la tarde abandonó el consultorio, se sirvió una copa del Johnnie Walker que ocultaba bajo el sillón junto a su carnet de alcohólicos anónimos, cerró los ojos y nuevamente tuvo la certeza de que moriría.

?¡Vaya! ?. Dee abrió los ojos sobresaltado al escuchar aquella voz y la copa con el preciado líquido se resbaló entre sus dedos, volviéndose añicos al golpear la baldosa ?¡Creí que no alcanzaría a llegar!

Contuvo la respiración y apretó el cuello de la botella negándose a creer que un extraño hubiese logrado escabullirse dentro de su consultorio sin que la campanilla de la entrada anunciara su presencia. Sin embargo, aquel hombre le observaba sonriente sentado en el diván, como si fuese un paciente más preparado para empezar una sesión cualquiera.

?Perdón ?balbuceó Dee recobrando la compostura, tal como le enseñaron en la academia ?.¿Cuál es su nombre? No… recuerdo haber concretado una cita para después de las cinco… con nadie.

?Nunca lo haces, Marcus ?El intruso era un hombre de ojos pequeños, piel negra y quizás su misma edad. ?Después de las cinco de la tarde te embriagas hasta perder el conocimiento y despiertas el día siguiente sin recordar nada de lo ocurrido. Por cierto, soy Sam y no es la primera vez que nos encontramos.

Dee, de manera inconsciente, dejó la botella a sus pies y por primera vez en diez años como profesional escribió algo en una minilibreta que le regalara un familiar tacaño en algún cumpleaños olvidado: «Sam Acosador».

?Entonces… Sam ¿Qué lo ha traído hoy a mi consultorio? Si desea hablar de algo puede empezar ahora. Soy todo oídos? Se mojó el labio superior y cruzó una pierna sobre la otra bastante incómodo.

?Aquí es donde me toca a mí ¿Verdad? ?Sonrió Sam y se recostó dándole la espalda, pues el sillón del psicoanalista quedaba ubicado a la cabecera del diván, donde los pacientes no podían verlo y en cambio quedaban a su merced, ansiosos de ser escuchados.

Dee supuso que un ataque de pánico impulsó al tal Sam a entrar en su consultorio, por lo que debía ser cauteloso, luego de que Sam se desahogara con seguridad seguiría su camino. Aunque aún le atormentaba la duda sobre el porqué conocía su rutina de las cinco de la tarde siendo algo demasiado personal y un secreto que no compartía con nadie. ?Veamos, por donde empiezo… digamos que soy un amigo que ha venido a salvarte… sí… aunque pensándolo bien eso sonó extraño ¿verdad? ¿Sabes una cosa? Me gusta esto de la psiquiatría… no sé porque te quejas tanto todo el tiempo.

«Síndrome del Mesías» Escribió y añadió «Idiota».

?Interesante… Sam ?susurró y observó como el hombre parecía haberse relajado, jugueteaba con los dedos sobre su abdomen y observaba el sucio cielo raso del consultorio, cubierto de telaraña y de polvo inmemorial. Dee en cambio era un pozo de sentimientos encontrados: miedo, curiosidad, ansiedad y zozobra ?¿Puede ser más conciso sobre de qué y por qué debo ser salvado?

?No lo recuerdas ¿Verdad? ?Sam levantó el cuello, giró la cabeza hacia él y esbozó una mueca parecida a una sonrisa nerviosa ?De Calisto, el demonio.

Sam volvió a recostarse y Dee asintió ante un caso típico de psicosis religiosa paranoide.

?A ver, como hago para que no suene tan loco. Aunque ya debes estar acostumbrado a pacientes delirantes y esas cosas. Solo te pido no me juzgues ni saques una conclusión hasta que haya terminado ¿Vale? Bien. Va a ser un poco fuerte, prepárate. Todo empezó antes de que nacieras, cuando tus padres se separaron. Tu madre lloró mucho, no sabes lo triste que fue para mí verla sufrir así. A pesar de que tus tíos se ofrecieron a ayudarla ella se negó y cada vez se fue internando más y más en la soledad y el dolor. ?Sam exhaló ?Sabes a qué me refiero, tu mente se va llenando de ideas oscuras, pensamientos negativos… esas cosas, luego un día cualquiera explotas. Con tu madre no fue así, justo cuando pensó en quitarse la vida apareció Calisto. Es muy astuto, no creas. Él se encargó de engañarla y ofrecerle nuevas oportunidades. Todas mentiras. Finalmente tuvo sexo con ella y fuiste concebido.

El lápiz rebotó en el suelo y permaneció flotando junto al whisky derramado y los trozos de vidrio mientras que Dee, ahora de pie, temblaba de manera incontrolada. Sintió que la cabeza le hervía y apretó los puños, sospechando que Sam estaba allí para mofarse de su desgracia.

?¡Mi madre era una buena mujer! ¡Murió de cáncer hace años y no voy a permitir que usted ni nadie humille su nombre con esas historias! ?Exhaló tratando de contenerse y señaló con la mano abierta la entrada ?Le solicito, señor Sam, que abandone ahora mismo mi consultorio o llamaré a la policía.

?Sí. Entiendo que te pongas así ?respondió Sam poniéndose en pie en un estado de tranquilidad que molestó aún más a Dee ?Por eso quiero que lo veas por ti mismo.

La pared derecha del salón, adaptado como consultorio, fue adquiriendo de repente un extraño resplandor que lo cegó y le obligó a cubrirse con la mano, completamente perplejo.

De pronto una habitación oscura y sucia se dibujó en ella con una nitidez fascinante. Era una imagen deprimente, con una cómoda, un par de mesas de madera recubiertas de moho y una montaña de platos sucios a los pies de una cama en la que alguien dormía. No tuvo dificultad en reconocer la habitación de su madre y recordó cuanto odiaba aquella cama, pues le recordaba los peores años de su vida. El saco de huesos que era su madre apenas respiraba entre sabanas viejas.

?Dios… ?dijo sin poder quitar la vista del frágil niño que entraba en escena, tendría escasos diez años, quizás. ?Lo recuerdo… Recuerdo ese día, fue cuando mamá murió… Llevaba varios días alimentándola… pero no parecía mejorar, nos habíamos quedado sin un peso y nos iban a echar a la calle.

?¿Estás seguro de que recuerdas ese día? ?La voz de Sam parecía cruzar todo un túnel antes de llegar a él. La percibía lejana y distante. Por un momento olvidó que era un intruso, un loco, un paciente. Ahora solo eran él y su recuerdo. Estiró la mano hacia la pared intentando acariciar a su madre una última vez.

El pequeño Marcus del pasado llevaba un plato en las manos, se acercó a la cama y lo dejó sobre una de las mesas, derramando un poco. Se sorprendió de lo enclenque y sucio que se veía, como los indigentes en la calle. Con sumo cuidado, el niño extrajo una botella de debajo del colchón y con la misma precaución dejó caer un poco de su contenido en el plato. Luego, en un acto que llegó a durar una eternidad, se encargó de alimentar a la mujer, que apenas podía abrir la boca y recibir el alimento.

?No… no… no recuerdo eso ?tartamudeó lanzando una mirada de súplica a Sam, cuyo rostro emanaba calidez. ?Qué… sucede.

?Calisto se ha encargado de borrar ese recuerdo ?respondió Sam ?El cáncer no mató a tu madre, Marcus Dee. Fuiste tú. Sufrías al verla así por lo que decidiste acelerar su partida vertiendo veneno en su alimento. Así es el poder de Calisto. Él es maldad pura.

?¿Está loco? ?gritó retrocediendo hasta sentir el sillón en el que se sentaba a diario, mientras la pared repetía una y otra vez la misma escena: el hijo asesinando a la madre. ?¡Cómo puede decir que yo asesiné a mi propia madre! ¡Es una maldita locura! ¡Está enfermo! ¡Lárguese de aquí!

Intentó correr pero resbaló con el whisky y cayó golpeándose en la frente contra el suelo. Se dio cuenta de que estaba llorando y plañía como nunca antes lo había hecho por lo que los mocos se mezclaban con sus lágrimas y resbalaban por su cuello. Dio varios puños a la baldosa y se puso en cuatro patas sin lograr controlar sus pensamientos. Sentía frustración, impotencia, deseaba regresar en el tiempo y cambiarlo todo.

?Estoy aquí para remediar eso, Marcus. No puedo revivir a tu madre pero sí puedo liberarte de la carga que llevas. Haz hecho cosas malas. Muchas más de las que puedes recordar, pero no lo sabes, pues Calisto siempre está allí para protegerte, hacerte sentir inocente. A fin de cuentas… eres su hijo.

El consultorio giró a su alrededor y Dee sintió que su estómago se revolvía, como si se hubiese bebido toda la botella de Whisky de un solo golpe y sin respirar.

?Mira la pared, Marcus.

 Levantó la cabeza y reconoció a Calisto de pie junto a la cama de su madre, pero a diferencia de lo que hubiera imaginado no sintió miedo. Su espectral figura, que permaneció entre las sombras de la habitación, tan oculta y a la vez tan obvia, le resultó familiar, como si le conociera de toda la vida.

?Dices que estabas allí ?gimoteó bajando la cabeza y su mente pareció aclararse en un pestañeo. Sam tenía razón, había ocasionado mucho daño, y en todos esos momentos su padre estuvo allí, sonriendo complacido y aprobando su vil actuar. ?¿Por qué no hiciste nada? ¡Por qué permitiste que matara a mi madre!

?Claro que estuve allí, siempre lo he hecho. No es la primera vez que hablamos y en cada una de ella te he dado la opción de escoger entre el bien y el mal ?La proyección se detuvo y la pared regresó a su estado natural sin dejar rastro alguno ?Ya te imaginarás que camino decidiste.

Dee ya no lloraba, intentó ponerse en píe pero observó que entre sus manos ahora llevaba un revólver. Titubeó y la apretó contra su cuerpo sin detenerse a pensar de quién era o por qué mágica razón la portaba.

?Piensa bien lo que vas a hacer, Marcus.

Marcus Dee, psicoanalista y voyerista en sus tiempos libres, por primera vez en su vida tuvo muy claro lo que debía hacer: dejar de sufrir.

El eco del disparo retumbó por el consultorio y las paredes se cubrieron de sangre y sesos en un macabro collage. Finalmente Dee abrió los ojos y espantado lanzó a un lado el revolver humeante, que rebotó hasta quedar debajo del diván. Le ardían las manos como si las hubiera introducido en una olla de agua hirviendo. Escuchó pasos a su espalda.

?Qué ha sucedido ?Era Alexei, su vecino, un psicoanalista ruso pensionado y lo más cercano a un amigo, con quien compartían además el mismo tiempo de estar viviendo en el edificio. ?Escuché un disparo y vine lo más pronto posible. La puerta estaba abierta.

?No… no lo sé… ?Observó el cuerpo de un hombre con el cráneo destrozado e intentó ponerse en pie pero trastabilló. Alexei rodeó el diván y le ayudó a levantarse con cuidado. ?Alexei… eres mi amigo… ¡Sabes que no sería capaz de hacer algo tan horrible! ¡No sé qué sucedió!

Dee estaba asustado y no lograba entrelazar sus recuerdos. Si no hubiese un muerto en su consultorio habría jurado que todo era un sueño.

?No te preocupes, compañero. Cuando la policía aparezca le diremos que un paciente inestable intentó atacarte y te has defendido. Si es necesario atestiguaré a tu favor. ?susurró Sam con su marcado acento y una amabilidad que le hizo sentirse mejor, se apoyó contra su cuerpo para poder avanzar.

?¿Harías eso por mí, Alexei?

?Eso y mucho más, mi amigo. Sabes que siempre estaré para ti. ?respondió Calisto cruzando su garra alrededor de la espalda de Marcus para guiarlo como quien enseña a un niño a caminar ?Siempre.

31/12/2015, 14:30
Editado: 31/12/2015, 14:34

No sé porque los guiones largos son reemplazados por signos de interrogación, cuando en word aparecen correctamente. Pido disculpas por ello y si alguien sabe qué debo hacer para mejorar la presentación del texto se lo agradezco.

Auri
 
06/01/2016, 02:44

Para lo de los guiones, ¿has probado a pegarlo aquí con el botoncico de la carpeta con una W, el que se llama "Pegar desde Word"? igual eso te lo soluciona^^

Me gusta mucho ayudar a la gente a corregir y retocar relatos, estos días no tengo tiempo, pero en cuanto pasen las fiestas, actualice a todos mis másters y jugadores y saque un rato, me lo leo y te comento! ^^

06/01/2016, 14:07

Lo mismo te digo, Maldad. Estoy liada con mil cosas y no me he podido pasar por aquí.

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