Comunidad Umbría :: Partidas (sustitutos, parones) :: [Sustitución] Las Mascaras de Nyarlathotep
Sistema: La llamada de Cthulhu
Ritmo: Medio
Avance de la partida: Recién empezada
Personaje a suplir:

Aurus Lexsilver
Bróker de Wall Street
Al estrecharme la mano, Mister Warring muestra una extrañeza ante mi presencia física. Durante un brevísimo instante, interpreto el gesto de mi —esperemos— futuro empleador como el examen de un investigador.
Mi camisa rosa pálido es un poco atrevida, hay que reconocerlo, pero lo he complementado con una gabardina marrón de Burberry, cuyo elegante corte británico añade autoridad a mi presencia. El alegre contraste lo ofrecen los pantalones azul marino de corte recto. Un conjunto más que apropiado para una entrevista de trabajo en la agencia de bolsa Niebbles&Warring. El segundo toque llamativo son las botas de cuero marrón. Un zapato tipo Oxford hubiera sido más apropiado para el suelo de ese despacho, pero la firmeza sonora de las botas advierte a todos acerca de mi presencia.
—Cuando hablamos por teléfono, usted me comentó que manejaba una motocicleta. ¿Harley-Davidson?
—Así es. —Asiento con seguridad. El enésimo rayo de la tarde parece cegarnos durante un instante, pero para mí supone una luz de revelación. «Le sorprende que no venga empapado»—. Pero como bien ha visto, Mister Warring, la tormenta de hoy no aconsejaba circular al descubierto. Un amigo ha sido tan amable de traerme hasta aquí en su coche; en cuanto zanjemos esta reunión, Mister Warring, me reuniré con él para invitarle a una copa y agradecerle su modesta contribución en asegurar mi nuevo empleo en esta compañía.
—Muy seguro parece usted, señor Lexsilver, de que vayamos a contratarle. ¿Exceso de confianza, tal vez? Peligroso para un agente de bolsa.
Sonrío ante la fingida ofensa de la que Mister Warring pretende imprimar sus palabras.
—No se trata de confianza sino certeza. Mi presencia en este edificio se debe a una invitación suya, no petición mía. —Alzo la muñeca izquierda, donde el Movado de correa de cuero marrón marca el imparable paso del tiempo—. Y que me haya citado después del cierre de la bolsa de valores me indica que su intención es contratarme hoy mismo, para que mi actual agencia no disponga de mis habilidades durante la sesión de apertura de mañana. Una sesión importante, crucial, diría yo, de aquellas que pueden establecer los cimientos de un liderazgo indiscutible en el contestado océano del mundo capitalista. Indiscutible —recalco.
Mister Warring se levanta para servir dos copas de vino. «Me ha investigado. Bien sabe que no soy hombre de licores fuertes». La cantidad que sirve es metódica, ni mucho ni poco, generosa, pero marcada por el autocontrol. El aroma inunda mis fosas nasales tan pronto como me la acerca.
—Francés —le comento.
—Por supuesto —responde él. Sus ojos se posan en mi carpeta de cuero, repleta de papeles—. Como muchos de sus clientes.
—Por supuesto.
—Gente traicionera, históricamente hablando... —menciona Mister Warring. Esta vez sus ojos no son curiosos sino inquisitivos—. Aunque con el suficiente carisma para que otros quieran emularles... en todos los aspectos.
Dejo la copa de vino sobre la mesa y con la mano realizo un vago gesto hacia un edificio específico en el horizonte neoyorquino.
—Mister Warring... Mi actual empleador es un hombre que ha permitido que su avaricia corrompa tan noble virtud como es la ambición. En su pérfido afán por el más, ha desairado a algunos de sus más cercanos colaboradores, como yo, e intentado, sin éxito, debo añadir, arruinar la vida de otros, incluido mi hermano. Un individuo así no inspira lealtad salvo en los necios. Ahora bien —le expongo mientras le ofrezco la pesada carpeta repleta de acciones de algunas de las empresas con más futuro en los gloriosos años que nos ha tocado vivir—, confío en que un simple vistazo a los números que le presento en mi portafolio le convenzan de lo rentable que a usted le resultará mi lealtad, y el tremendo precio que usted deberá pagar si alguna vez se le ocurre perjudicarme a mí o a los míos. Se lo advierto, Mister Warring, un único vistazo al interior de esta carpeta, y seré yo quien ocupe ese espacioso despacho aledaño al suyo.
Tran pronto como Mister Warring posa sus ojos en el interior de la carpeta, sonríe al comprobar que se ha convertido en el codirector de la mayor agencia de bolsa de Nueva York. Con un gesto de la cabeza, indica el despacho adyacente. Sus ojos se posan un instante en mi indumentaria.
—Ordenaremos que cambien el color de las paredes, si prefiere un color más acorde a sus gustos.
Niego con la cabeza.
—El despacho me encaja tal y como está. —Un ruido de tacones coloca una idea en mi mente—. Sin embargo, quisiera elegir como secretaria alguien conforme a cualidades más allá de la belleza. La hermosa muchacha que me ha recibido ha necesitado la asistencia de dos de sus compañeras para localizar mi nombre en su lista de reuniones.