Partida Rol por web

Historias Secretas: El Niño

I. Los visitantes

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27/03/2014, 20:28
El Maligno

 

Mouromorto (Galicia), Febrero de 1358

Entrábais ya en Mouromorto, aquella pequeña aldeíta, y le contabas a Xacomete, tu joven siervo, cómo Bernal de Castro, párroco en la actualidad de dicha aldeíta, te había enseñado años atrás cuando tus padres ya no estaban. Le contabas las experiencias que viviste en su compañía, y cómo se convirtió un referente para tí durante un tipo. Sin duda alguna que hacía mucho tiempo que no regresabas a Mouromorto, y ciertamente no había cambiado nada: casas por aquí, por allá, alguna nueva construcción... Pero su esencia era la misma.

No obstante, debido a su corta edad, le omitías a Xacome cómo Bernal, el clérigo de la aldea, era un ser jovial y bonachón, pero a la vez golfo (en realidad muy parecido a tí): le gustaba el "buen amar" y estar con jóvenes en secreto, pues, a fin de cuentas ("cura es cura, pero hombre hasta la sepultura"). El Padre Bernal tampoco era de desdeñar un buen el buen beber y los buenos vinos; y de hecho tenía una de las más selectas bodegas personales de la comarca... Y en cuestiones culinarias tampoco se privaba tu amigo: que el buen comer era y estaba entre sus aficiones favoritas, sobre todo en eso de chorizos y jamones...

 

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27/03/2014, 20:35
Xacome de Tui

Entonces... es un buen hombre, mi señor... -decía Xacome asintiendo a tus explicaciones-. Y tan bello paraje sólo debe albergar buenos hombres... -decía en alto, animado el joven asistente en aquel viaje-.

Notas de juego

Empezamos.

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27/03/2014, 20:50
Gabriel Soto De Queiroga

 Asentí, mientras cabalgábamos:

 - Si que lo es... Y válgame el cielo lo mucho que deseo verlo, muy buen amigo... - Le respondí a mi siervo, sonriendo.

 A continuación, observé el paisaje, admirando la belleza del lugar.

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29/03/2014, 09:24
Bernal de Castro

La casa de don Bernal era contigua a la iglesia ("pared con pared", "muro con muro"), la cual, en su interior tenía acceso a ésta a través de la sacristía. Una vez delante de su entrada, Xacome, avisado por tu mandato, llamó a la misma, y en cuestión de segundos abrió la puerta un hombre ataviado con un hábito parduzco, un marrón ya oscurecido.

¡¡Don Gabriel!! -dijo mirando más allá de Xacome y observando la magnanimidad de tu porte aún subido en tu caballo-. ¡Habéis venido!

Entonces salió a la puerta, se te acercó a la montura, te extendió la mano, y tu, al dársela, notaste que se la llevaba a la frente en señan de respeto. Al mirarte, notaste claramente los ojos del Padre Bernal muy enrojecidos, como llorosos: parecía haber estado llorando.

Pero... por favor... ¡bajad! Podéisle decir a vuestro siervo que lleve vuestra montura al molinero que tiene una buena cuadra -el párroco señalaba, muy cerquita de allí, un pequeño molino en medio del pueblo, con una buena estructura que daba sombra suficiente como para albergar, efectivamente, caballería-. ¡Pasad! ¡Pasad! ¡Estaréis cansado del viaje, don Gabriel!

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29/03/2014, 09:49
Xacome de Tui

¿Doile cabida a vuestro animal donde dice su amigo, mi señor? -preguntaba Xacome antes de que entraras en pos de llevar al animal a aquella cuadra-. Ciertamente, el párroco no tenía lugar para albergar animales.

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29/03/2014, 10:04
Gabriel Soto De Queiroga

 Miré a mi criado y asentí de manera afirmativa con la cabeza, ante su pregunta:

 - Si, hazlo, y luego vuelve inmediatamente, con nuestras cosas...

 Luego seguí al eclesiástico al interior de su vivienda, mientras me preguntaba, preocupado, la causa por la cual parecía haber estado llorando.

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29/03/2014, 10:48
Bernal de Castro

El muchacho asintió, y cogido de las riendas encaminóse hacia el molino que había indicado el Padre Bernal. Tu te internaste en la casa del párroco. La recordabas tal y como ahora la veías tal cual recordabas, pues poco había cambiado: Un amplio comedor con una pequeña mesa de escritura junto a una gran chimenea y varias sillas de cuero bordadas; también un par de habitaciones (ambas con crucifijos y rosarios suficientes como para entregar a una mesnada entera), y una cocinilla bien dispuesta, con alacena, en la cual aguardaba su buena cosecha de vino en pequeños barrilillos y también mayores; no obstante, don Bernal poco cocinaba, pues solía ser invitado regularmente por algún vecino, o tal vez las mujeres de las villas donde daba la misa le ofrecían algo de comida.

La causa... mi señor, como bien sabe* es..., hoy hace cuatro años que la buena de María se nos marchó -sabías que María era la villana que, en secreto, se veía con el párroco, puesto que no eras tú el único "galán" ahora mismo presente. Tu incluso le guardabas ese secreto, puesto que el cura quería verdaderamente a esa mujer-. Quizá esa fue la causa de que le invitara, don Gabriel, aparte de su magnífica presencia cuando nos la ofrece; y es que en en éste mes suelo estar algo abatido por ello...

Poco a poco se iba haciendo de noche. Xacome volvió un rato después, alegando que el molinero no quería darle cobijo al caballo, por ser de forastero. Et que tuvo que explicar que ese "forasteros" no era ni más ni menos que don Gabriel de Queiroga, duque de Torrenegra. Entonces, que la cosa (y también su cara) cambió, palideciéndose el molinero, pues eras conocido en esas tierras y esa aldea por tu relación de amistad con don Bernal, párroco de Mouromorto.

Una vez que estábais los tres, don Bernal hizo legumbres con caldo, acompañadas de hortalizas, queso, uvas y buen vino. Mientras cenábais, el cura se tomó la licencia de mandar a Xacome a preparar una de las dos habitaciones para él y su señor, lugar donde dormiríais. Tras la cena, el muchacho se acostó pronto, acusado de cansancio por el viaje, mientras don Bernal y tú os sentábais en las sills de cuero bordadas con precisión, con una buena copa de vino en la mano (de su propia reserva), la cual salida del mejor barril de su cosecha, que te lo había guardado hasta tu llegada.

Y bien, don Gabriel, contadme...: ¿Qué es de vuestra vida? ¿Muchos asuntos en el Marquesado? Esperad... -dijo con solemnidad y respeto-: ¿Puedo preguntar cómo está vuetro primo, Su Majestad?

Notas de juego

*Efectivamente, Bernal y tú os conocéis desde que eras pequeño.

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29/03/2014, 11:13
Gabriel Soto De Queiroga

 Le dediqué a mi amigo una sonrisa amistosa, feliz de ayudarle de alejar los pensamientos lúgubres de su mente:

 - Él está bien, o tan bien como se puede estar en la corte, rodeado de intrigas. Las cosas en mis tierras y feudos van bien, no puedo quejarme...

 A continuación añadí, con una gran sonrisa:

 - Ya sabéis que siempre habrá un sitio allí para vos, puedo mover algunos hilos para que os destinen allí y podáis vivir en paz el resto de vuestra vida, sin ninguna preoupación...

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29/03/2014, 13:06
Bernal de Castro

¿Rodeado de intrigas Su Majestad? ¡Válgame el Señor! -y don Bernal se santiguó mientras un ronquido oíais desde la habitación, fruto del sueño de Xacome-. Mmm..., pues me alegro de su fortuna y buen sino, don Gabriel, ¡Ay! ¡Que no era vos ni tan siquiera el apenas pequeño cuando ya intentaba coger esas espadas! ¡Cómo pasa el tiempo!

Tomásteis la copa, y la jarra de arcilla que había en la mesa albergaba más vino. Ésta estaba asida por Bernal, que, zarandeándola mientras hablaba justo antes de echar la siguiente copa, continuaba hablando, y el vino tardaba en caer a la copa.

No crea Vuaced que no me importaría ir a sus tierras a predicar la palabra, mas aquí me necesitan igual, en Mouromorto y en el resto de aldeas cercanas. La Palabra de Dios no se predica sola -y te guiñó un ojo-. Además, tengo suficiente menesteres de divertimento por aquí: tanto las nuevas mozas que van creciendo tras ser niñas -Bernal no tenía pudor en hablar contigo de cómo se saltaba los votos y la obediencia que un sacerdote ha de cumplir, pues en realidad tú hacias lo mismo y tenías su confianza-; et que por otro lado tengo las viñas de la campiña a las afueras de la aldea, y pagar a alguien que vele por ellas mientras estoy fuera me arruinaría. Además... -entonces se levantó-: Venga, ¡venga, don Gabriel! Le enseñaré algo.

Acto seguido, te levantaste, aún con copa en la mano, y le seguistes por una de las habitciones. Era la suya, y ciertamente tenía una segunda puerta: el acceso que daba a la sacristía de la iglesia. Tras internaros en ella (y por ende en Casa de Dios), te sorprendiste al ver que, en dicha sacristía... ¡Don Bernal tenía tres jamones colgando de un gancho!

¿Ve? Si marchara no podrían curarse bien mis productos... Tras enseñarte ese otro pequeño secreto, volvísteis al comedor, os sentásteis en la mesa, y volvísteis a hablar durante unos minutos de vuestras vidas. Tras unos momentos, en plena anochecida, tocaron dos veces a la puerta de entrada. El párroco Bernal se levantó ipso facto, mumurándote una disculpa, y se dirigió a abrir. La puerta se entreabrió un poquitín, y comenzaste a oir que hablaba con alguien.

Notas de juego

Puedes tirar, voluntariamente, una tirada de Escuchar (PER). Es decir, tirar por tu competencia "Escuchar", y si no la posees, por tu Característica "PERCEPCIÓN".

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29/03/2014, 13:57
Gabriel Soto De Queiroga

 Intenté escuchar de lo que hablaba párroco Bernal, desde donde estaba, con el desconocido...

- Tiradas (1)
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29/03/2014, 14:30
Bernal de Castro

Intentaste pegar el oído, pero nada te llevó a comprender qué estaría hablando tu amigo Bernal y con quién. Tras un par de minutos, la puerta se cerró y aparecio en el comedor de nuevo el párroco, con el semblante lívido. Tras carraspear un poco a modo de disimulo, Bernal te habló.

Verá, don Gabriel... sintiéndolo mucho, Vuaced tendrá que perdonarme pero... -te dijo evitando cruzar demasiado la vista contigo- he de partir enseguida: una campesina ignorante quiere llevar a cabo un rito pagano con su hijo recién nacido, en el curso del cual lo más probable es que lo mate. Hay que impedirlo, antes de que sea demasiado tarde. Esto... no tardaré mucho en volver, puede vos quedarse a merced del fuego y ese buen vino, o descansar si quiere.

Lo cierto es que no sabía muy bien cómo explicarte ésto, aunque acabó haciéndolo. En el comedor, a la derecha de la chimenea y la mesa donde estábais apoyados se encontraba un arcón de madera, y Bernal se fue hacia él. Tras abrilo, sacó una espada que enseguida se ciñó el mismo a la cintura.

Por si acaso... -dijo sonriendo pálidamente en una breve interrupción en la que se percató que le observabas estupefacto-.

Acto seguido, sacó también de allí una grues capa de pieles, y abandonó el salón, dirigiéndose hacia la puerta. Tomó su pomo con la mano, fue a salir, y enseguida se detuvo, antes de hacerlo. Se volvió a medias hacia tí.

No debería preguntárselo, pero ¿Le gustaría acompañarnos, don Gabriel? Cuantos más seamos, mejor.

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29/03/2014, 14:42
Gabriel Soto De Queiroga

 Asentí, mientras me disponía a seguirle:

 - Por supuesto, amigo mío. Iré a avisar a mi criado, para que nos acompañe también, pues bien podríamos necesitar su ayuda...

 La verdad es que todo esto pintaba muy grave, y más valía que el cura contara con toda la ayuda posible...

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29/03/2014, 15:23
El Maligno

Al párroco se le iluminó el semblante al saber que le acompañabas, y tuvo a bien que fueras a avisar a Xacome. Tu sirviente ya dormia plácidamente desde hacía una hora o algo más, y le causó gran impresion el ser despertado por tí. No obstante, lo que más pesar le dio en su corazón fue el tener que volver a salir de viaje (o más bien en batida), ¡y encima de noche! ¡Con lo cansado que estaba! Y es que Gabriel había ido a caballo en todo el trayecto, mas éste no.

Sin embargo, el joven Xacome dispuso todo lo necesario para salir de viaje: su daga, su mana, y las raciones de su señor, aparte del yesquero y pedernal en su zurrón. En cuestión de diez minutos, estuvísteis listos para salir junto a Bernal.

- Tiradas (1)

Notas de juego

Escena cerrada.