Partida Rol por web

La Edad de la Inocencia (+18)

• Louis Kindelanver •

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21/01/2016, 19:43
Louis Kindelanver

Cuando las dos damas regresaron Louis ya había abandonado el piano y se encontraba sentado en uno de los sillones, con un vaso en la mano. Apartó su mirada de Lord Preston al verlas llegar y tras escuchar a Lady Wright, sus ojos se detuvieron en Elizabetha a quien le dedicó una leve inclinación de cabeza.

—Le ruego que me disculpe si la pieza que escogí interpretar no fue la más apropiada, señorita Hamilton —dijo, con cierto aire contrito—. Espero que pueda usted perdonarme.

No quiso ahondar más en aquel tema, pues temía que la joven volviese a sentirse afectada y siempre había sentido una cierta impotencia al contemplar a una dama llorar. Así que optó por responder a su amiga a la que George se apresuraba a ofrecer otra copa de vino.

—No ha pasado nada en realidad, Lord Parlow estaba contándonos acerca de la presencia femenina en las expediciones en las que ha participado... 

Dejó la frase en el aire y su mirada volvió a Preston, esperando que él volviese a ser el protagonista y los deleitase a todos con más anécdotas de sus aventuras. Con un poco de suerte el incidente con el piano quedaría olvidado en cuanto la conversación se reanudase.

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21/01/2016, 19:54
z/ Elizabetha Hamilton

Elizabetha regresó junto a Elora. Volvía presentar un porte de serenidad, aunque el brillo de sus ojos la delataban. Aceptó una copa de vino ofrecida por el sirviente y miró a Louis cuando éste se disculpó, curvando sus labios en una tranquilizadora sonrisa para que el viudo no se sintiera culpable por lo sucedido.

-No, mi señor. No tenéis que disculparos- dijo sin titubear -. En tal caso, deberíais sentiros orgulloso de que vuestra melodía fuera capaz de despertar viejos sentimientos en una servidora. Una canción preciosa, nacida, sin duda, del alma.

Dedicó una mirada al resto de los invitados.

-Lamento haberme ido de ese modo, ruego podáis disculparme- miró a Preston, pues aún tenía el pañuelo que le había dado el caballero, mas prefirió esperar para devolvérselo, evitando así ahondar más en lo sucedido. Se llevó la copa de vino a sus labios, sintiendo que el dulce almíbar calmaba su dolor mientras descendía por su garganta. Tomó asiento y guardó silencio, no fuera a interrumpir alguna conversación interesante, pues ya había tenido suficiente protagonismo, para su pesar, en aquella velada.

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21/01/2016, 22:54
z/ Lord Dorset "Bruce Wilkinson"

-No son necesarias vuestras disculpas, señorita Hamilton- Le dije encantado de que las dos damas hubieran vuelto a la sala dejando el incidente como una pequeña anécdota.- Creo que puedo afirmar que ninguno de los presentes nos hayamos sentido molestos. Solamente preocupados.- Aparté la mirada de Elizabetha para mirar a Preston, pues no quería que me hiciera ningún comentario puesto que, por mi parte, quería dejar a un lado aquello que había pasado.

Esbocé una sonrisa por la broma de Preston.- Muy agudo, amigo. Las faldas están prohibidas para las aventuras como las que nos has contado. Pero dudo que pudieras llevarte a una esposa a un viaje de esos. No podrías disfrutarlo del mismo modo ya que estarías preocupado por si le pasa algo.- Me dirigí a Louis y al resto de invitados.-¿Qué opináis?¿Se puede ir a una peligrosa aventura con un ser amado? Bien sea una esposa, un esposo, un hijo o cualquier ser por el que podamos preocuparnos.- A pesar de apartara la mirada de Preston, también quería conocer su opinión, puesto que él era quien había vivido ese tipo de experiencias y conocía de primera mano los peligros a lo que puede verse expuesto un ser amado.

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22/01/2016, 01:06
Lord Preston Ellsworth Parlow

Me tomé el mentón con una mano y luego extendí el brazo para robarle una copa de vino a George. -Les estaba diciendo a los presentes que la que quiera ser mi esposa deberá tener que ir conmigo de viaje y llevar pantalones, pues las faldas no se llevan bien con la selva -expliqué a las recién llegadas, recapitulando. No hice otro comentario por el incidente reciente pues no quería extender la preocupación sobre algo que ya había quedado en el pasado, la señorita Hamilton aún conservaba mi pañuelo y me daba una suave sensación de satisfacción el saber que una prenda de mi propiedad había secado las lágrimas de aquel bello rostro -Respondiendo primero a tu interrogación, estimado Lord Wilkinson, deberé decirte a título personal que consideraría más cruel dejar a alguien amado detrás que llevarlo conmigo, no podría casarme de todos modos con alguien que no comparta mi elección de vida y mi sed de aventura. Preferiría no dejar a merced de la distancia y del tiempo a un ser humano que amo y cuya vida sobre esta tierra es tan finita como la mía -expliqué y unos recuerdos vinieron a mi mente, pero los alejé antes de que pudieran afectarme, encerrándolos de nuevo en ese rincón de mi corazón que pocos veían. -Aunque haría una excepción con los niños pequeños, sería un error trasladarlos a unos parajes tan salvajes, difíciles para los hombres y mujeres ya adultos.
Hice una pausa y bebí otro trago sintiendo cómo las bebidas comenzaban a hacer mella en mí suavemente -Contestando a tu pregunta querido cuñado -sonreí a Louis -Efectivamente, había mujeres en las expediciones aunque su presencia era poco común, hubo una, la baronesa Brückhausen, que era una leyenda en sí misma... Una médica austríaca con más agallas que muchos expedicionarios que haya conocido, era realmente intrépida y su coraje la hacía incluso más hermosa de lo que era -sonreí algo soñador solo recordando su rubio cabello desparramado sobre mi pecho -Estaba en un equipo de expedicionarios de uno de los aprendices del doctor Livingstone que estaba continuado la labor de su maestro -no hacía falta que explicara quién era el doctor Livingstone ya que era considerado un héroe nacional por sus investigaciones de campo en África sobre botánica, zoología y medicina. A pesar de haber fallecido hacía ya diez años sus aprendices continuaban su obra intentando alcanzar la gloria como su mentor -Ella usaba pantalones y más de una vez le salvó la vida, ¡Y la hubieras visto disparar el rifle! Te lo digo Louis el día que las mujeres se lo propongan conquistarán el mundo... -deslicé y bebí otro sorbo del dulce y ambarino líquido.

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23/01/2016, 17:00
z/ Elora Ann Wright

Elora tomó otra copa de vino, pero apenas bebió. Ya había tomado un par de ellas y prefería no excederse. Pedirlo había sido tan sólo una sutil manera de cambiar de tema para que no preguntaran demasiado a Elizabetha sobre lo acontecido. Por suerte, los hombres fueron todos unos caballeros y no hicieron preguntas impertinentes e inoportunas. 

¿Con que la presencia femenina? La mirada de la baronesa se posó un momento en Lord Parlow. Había sido un tema de la misma índole el que había provocado en él una amarga expresión, mas la viuda prefirió no comentar nada de momento. No era momento para decir nada indebido y aún estaba preocupada por las reacciones de su amiga.

Se sentó al lado de su joven amiga y prestó atención a la conversación, posando la copa en una mesita y apoyando las manos de manera recatada en su regazo. La baronesa quedó sorprendida cuando Lord Parlow habló de las condiciones para ser su esposa. 

- ¿Llevar pantalones una mujer? - la simple idea le parecía fuera de lugar. Había oído de mujeres que los usaban, pero a la viuda no le parecía que fuera algo que debiera llevar una dama - disculpad mis palabras, Lord Parlow, pero considero que los pantalones son prendas de hombres no de una mujer. Puede que algunas mujeres de clase baja no tengan otro remedio, o algunas de esas mujeres que quieren ser como los hombres, pero ninguna dama de bien debería vestir como un hombre. Estoy segura de que hay prendas femeninas adecuadas para esos peligrosos viajes que hacéis. No me malinterpretéis, admiro a las mujeres que puedan hacerlo y no dudo de que esos viajes deben ser apasionantes, pero esas prendas masculinas deben ser de lo más molestas de llevar  - dijo con toda sinceridad. Sus palabras no habían tenido el propósito de ofenderle ni de importunarlo, mas la baronesa juzgaba sus palabras como insensatas al pedir a una mujer vestir una prenda masculina - decidme, Lord Parlow, ¿y si la persona que amaráis no quisiera acompañaros a esos lugares o llevar esas prendas? ¿Valoráis más una prenda de vestir que una persona que amáis? 

Al oírlo entusiasmado hablar de la baronesa Brückhausen sonrió.

- Mi estimado Lord Parlow, no hace falta que las mujeres lleven pantalones y disparen rifles para conquistar el mundo - le dedicó una divertida mirada levantando la copa antes de beber un sorbo - me hubiera gustado conocer a esa baronesa, seguramente ponía a todos los hombres firmes con su sola presencia. Tal vez deberíais haber considerado la posibilidad de hacerla vuestra esposa, si no estaba ya casada, por supuesto.

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24/01/2016, 02:16
Lord Preston Ellsworth Parlow

Sonreí satisfecho, había esperado un comentario de ese tipo porque era el más acorde al pensamiento occidental de Londres.
-My lady, disculpo vuestras palabras por supuesto, vuestro pensamiento refleja las costumbres propias de nuestra cultura y no es eso algo réprobo. No esperaba otra cosa de una dama como vos -asentí inclinando suavemente la cabeza -Sin embargo, habría que recordar que los antiguos griegos y romanos usaban faldas, o togas como los sacerdotes. Hasta hace unos siglos atrás las faldas no escapaban al vestuario masculino -deslicé no dispuesto a ceder tan fácilmente -Los tiempos cambian -afirmé audaz, me gustaba debatir, debía reconocerlo. -¿Quién dice que algún día los pantalones no estarán en el vestuario femenino? -solté la pregunta buscando opiniones en los invitados. -Pero más allá de eso, las faldas de los vestidos actuales son bastante problemáticas para cruzar ríos de piedra en piedra o saltar de un muelle a una canoa -me sonreí pícaramente -La baronesa no parecía molesta en usarlos -me encogí de hombros, rememoré tocándome repetidamente los labios con la punta del dedo índice que le remarcaban las piernas con tanta gracia y elegancia que contemplarla era un poema -Pero creo que si mi compañera demostrara destreza con sus ropas de dama no tendría  reparos -concedí finalmente. -Y respondiendo a su pregunta, lady Wright, jamás valoraría más a una prenda que a la persona amada, pero soy una persona que cree que el matrimonio debe darse con un espíritu afín, afín en sentimiento y en ideas, en deseos y aspiraciones -me terminé mi vino sopesando la idea de no pedir más, pero estaba comenzando a sentir tan a gusto que casi que no me importaba quedar mal.
-Por supuesto que la mujer no necesita pantalones para conquistar el mundo, lady Wright -sostuve mientras caminaba elegantemente hacia ella y hacia Elizabeth -Si por una sola mirada de aceptación, por una sola palabra, muchos han perdido la vida y el alma. Tenéis un poder que muchas de vosotras no sabéis aprovechar, por suerte para nosotros -bromeé nuevamente mientras me llevaba una mano al pecho. -Hubiera considerado hacer a la baronesa mi mujer, si su marido no hubiera estado tan empeñado en estar vivo y junto a ella todo el tiempo -continué la broma, esta vez mirando hacia el resto de los invitados.
Me daba curiosidad la insistencia de esta mujer en hacerme preguntas que rozaban lo personal, aproveché mi poca distancia con ella para observarla mejor. Era bella, muy bella, lástima que fuera tan entrometida... Aunque quizás fuera la manera que tenía de comunicarse en una sociedad que censuraba casi cualquier deseo o aspiración que tuviera una viuda, eso o quizás le atraía.
Pensé en ella y en Louis, qué diferente era la situación de cada uno, él actuaba como debería actuar ella (guardando un luto infinito) y ella había hecho lo que se esperaba de él (casarse nuevamente)...
Solo por no dejarse doblegar ante la adversidad esta dama entrometida se había ganado mi respeto, aunque era evidente que yo todavía no contaba con el suyo.

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24/01/2016, 07:50
Abigale Forge Rabbit

Como era de suponer, no sabía exactamente cuales eran las óperas a las que se refería el escritor. Se le confundían comúnmente, pero sabía que al menos dos de los tres compositores eran nombres que había escuchado un millón de veces antes. Por otra parte, el comentario sobre la soberbia de los escritores la hace sonreír, un poco intimidada por la cercanía, remojando sus labios en la copa mientras el hablaba y sus mejillas adquirían un suave tono rosado por la galantería del caballero a la que definitivamente no estaba acostumbrada. Por suerte (fuera buena o mala, eso era material de debate), la conversación se ve interrumpida por el regreso de anfitrión e invitada. 

En el rostro de Abigale se dibujó prontamente una alegre sonrisa cuando vio a Louis volver, aunque fuese con un nuevo vaso en la mano. Sin embargo, al ver la melancolía traslucirse en su mirada al buscar el piano, supo que no era lugar para regocijo, y prontamente su boca dibujó una expresión neutra aunque no del todo seria. Era imposible mostrarse tan grave cuando la música que provocaban los hábiles dedos del pianista resultaban en una melodía tan hermosa, y aunque esta fuese una que acongojara el alma para los más sensibles, era tal el nivel de la interpretación que no podía sino darle la bienvenida con un suspiro. 

Cuando Elizabetha escapó del lugar, miró confundida el camino que había seguido hacia la salida, preguntándose si sería ella la insensible, si es que alguien habría hecho algo mal o si la dama estaría pasando por algún problema. Fuera cual fuera el caso, no sentía que hubiese manera en que pudiese reparar o subsanar el daño, y por eso ni siquiera intentó moverse en su dirección, sentándose en un sofá para mirar fijamente a Louis nuevamente cuando Lord Preston salió tras ella tras disculparse educadamente. Por lo mismo, casi no notó cuando la baronesa siguió el mismo camino, y apenas escuchó la voz de Lord Dorset, por lo que les rogaría disculpas si se lo hubiesen remarcado en privado. Tan desadaptada a estas situaciones era como fácil le era abstraerse del mundo cotidiano y volar a su imaginación, pero para alguien que no la conociera, más de alguna vez aquello había sido interpretado como un desaire y ella lo reconocía como su error.

Pero tan pronto las notas cesan la hipnosis llega a su fin, y agradece que en ese momento Lord Preston aparezca con noticias que la salvan de parecer una ignorante desalmada, y Lord Dorset complementa con un comentario que le causa inmensa culpa por dejarle hablando solo, y luego cambian rápidamente el tema de la velada, dejando de lado el sufrir de la dama por algo más liviano como fueran los viajes y pericias del escritor aventurero. Por lo que decía Lord Preston, pudo deducir que todos los padres eran iguales. Ella también tenía un padre preocupado que le repitiera que ya se hacía vieja para contraer matrimonio y como su madre se había casado mucho más joven y a su edad ya estaba embarazada de ella. Suspiró, agotada con solo pensarlo. Siempre debía morderse la lengua y arriesgarse a morir por su propio veneno para no decirle a su padre que quizás el vivir tan rápido fue lo que llevó a su madre tan pronto a la tumba. Por otra parte, temía que su respuesta a ello fuera que lo que la había llevado a la tumba había sido ella, porque sabía que tendría razón. Un nacimiento complicado acortaba la vida de cualquiera.

Se levantó justo al tiempo que las dos mujeres entraban, uniéndose a la conversación, aunque fuera en silencio. Pero su mutismo solo duró hasta el comentario de Lord Dorset sobre la presencia femenina - Claro que podría disfrutarlo, las mujeres podemos cuidarnos solas - murmuró, aunque ligeramente ofendida, pues no se armaba de coraje suficiente para iniciar un debate apasionado e interrumpir una conversación interesante. Pero tampoco podía simplemente ignorar aquello. 

Por supuesto, pronto volvió a perderse con la de nombres que soltaba el escritor ¡Pero vaya memoria que tenían para títulos y apellidos! Al menos la anécdota la mantuvo entretenida y pudo imaginarse a esa austríaca como una heroína idealizada, con su cabello ondeando al viento como una bandera oda a la libertad. ¡Que envidia le daba! Poder recorrer el mundo, que los hombres la vieran con ojos como los que ponía Lord Preston al hablar de ella, y que las mujeres soñaran con seguir el mismo destino ¡Oh, que feliz debía ser esa mujer! No podía siquiera imaginarse un día de tristeza para ella, con la imagen perfecta que le había dado en su mente. ¡Es que hasta disparaba rifles! ¿Cómo se podía competir con una mujer así?

A mí me parece que los pantalones deberían ser bien vistos - afirmó con seguridad esta vez, aprovechando que al menos sabía que tenía el apoyo del escritor. - En los orfanatos no es raro que las niñas los usen, y parecen más cómodos para jugar y correr. Estoy segura que no soy la única que agradecería no tener que levantarme la falda con cuidado cada vez que subo un peldaño, o cuidar extremamente los materiales del vestido. Simplemente no es práctico. Hermoso, pero nada práctico. - aclaró, con las mejillas casi fucsias por el arrebato. Entonces se da cuenta de que está hablando demasiado y busca a Louis con la mirada, algo nerviosa. Pero antes de esperar que la ayude a salir del paso, decide intentar desviar la atención - Por otra parte, Lord Preston, si usted cree que las mujeres no sabemos aprovechar nuestro poder, es que está justamente dónde lo queremos - sonríe, diciendo esta última frase en un tono más divertido, y con muchas menos intenciones de discusión que lo anterior.

Notas de juego

Lamento el tochopost, pero si les da pereza leer, creo que basta con los últimos tres párrafos.

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24/01/2016, 09:07
z/ Elizabetha Hamilton

Elizabetha se mantuvo en silencio, junto a su amiga, aunque no estaba absorta en sus pensamientos como cabía esperar. En realidad, estaba dejando la mente en blanco, aislando sus dudas y recuerdos para guardarlos en aquel viejo baúl que tanto pesaba sobre su alma, mientras se empapaba de la interesante conversación de lord Parlow.

Arqueó una ceja, rompiendo su estoica expresión, al escuchar el debate en ciernes entre Preston y la baronesa. Miró a su amiga y luego al caballero de rubios cabellos y sonrió divertida, aunque se guardó sus conclusiones para compartirlas con lady Wright en privado. 

Cuando Abigale se aventuró a dar su opinión, Elizabetha asintió con la cabeza hacia la joven, conforme con sus palabras. 

-Los pantalones, en realidad son una prenda muy cómoda, aunque no esté bien vista socialmente para una dama que se aprecie- rememoró algunos momentos de su adolescencia, cuando practicaba la esgrima con su hermano y las faldas, aunque fueran simples, le molestaban y entorpecían sus movimientos -. Aunque entiendo ambas posturas- miró a la baronesa y luego al lord -, creo que cada situación requiere un tipo de prenda y dudo que una dama deje de ser una señora de buen ver y con dignos modales por montar a caballo vistiendo pantalones si ha de galopar, aunque puede lucir un vestido si simplemente va de paseo sobre un corcel...- bebió un sorbo de vino, sintiendo el calor subir por sus mejillas, y se humedeció los labios -Así pues, creo que ambos tienen parte de razón. 

Miró a los presentes, especialmente a Elora, que conocía la faceta rebelde de la dama, pero quien sabía que Elizabetha gustaba de los buenos modales y la etiqueta cuando era menester.

-Eso sí, lord Parlow, coincido con vos en que la persona amada sea afín a su pareja, ya sea en aficiones o personalidad, aunque seamos realistas: a veces nuestro corazón elige sin nuestro consentimiento, por no mencionar a la familia, que suele influir considerablemente, sobretodo cuando de la elección de una mujer se trata.

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27/01/2016, 00:41
Louis Kindelanver

Louis asintió con una tenue sonrisa a las primeras palabras de Elizabetha, pero en cuanto Bruce planteó aquella interesante cuestión su atención fue capturada por ella, así como por la respuesta que Preston le dio.

Rió con la broma de su cuñado y después se quedó pensativo, llevando el vaso a sus labios para dar pequeños sorbos. 

—Mi esposa tenía una especie de falda y pantalón al mismo tiempo, que usaba en ocasiones para montar —explicó, bajando un instante la mirada hacia el líquido para mover el vaso y contemplar las ondulaciones de la superficie antes de continuar—. Nos llegó como obsequio junto a un pedido de telas que venía desde América. Se llama bloomer, al parecer. Edith siempre dijo que le resultaban cómodos... Y puedo asegurarles que su aspecto era delicioso y nada inapropiado.

No quiso profundizar en el tema de la independencia femenina delante de aquellas damas que apenas conocía. Tenía la impresión de que Lady Wright se horrorizaría si supiera algunas de las otras cosas que había hecho y dicho Edith cuando estaba en vida. Ni quería pensar en qué opinión se crearía la baronesa si supiera las lecturas a las que se entregaba su esposa. Así que guardó silencio durante algunos instantes, manteniendo la mayor parte de sus opiniones al respecto para sí mismo.

Cuando levantó de nuevo la mirada, buscó a Bruce con ella. —Planteas una cuestión interesante ciertamente. ¿El temor por la seguridad de un ser amado está por encima del deseo de compartir cualquier faceta de nuestra vida con él? —Negó con la cabeza. —Creo que yo no habría sido capaz de separarme de Edith para viajar a la otra punta del mundo. Y puedo asegurar que ella era más osada que yo. Su sed de aventuras me superaba y dudo mucho que nada en el mundo la hubiera podido obligar a permanecer aquí si yo me hubiera marchado. —Hizo una pequeña pausa. —Aunque coincido con Preston, en caso de haber criaturas de por medio, probablemente todo sería diferente.

Notas de juego

Mis disculpas por la tardanza, se me acumularon muchas cosas :(.

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30/01/2016, 21:53
z/ Elora Ann Wright

- Lord Parlow, los antiguos griegos y romanos, a pesar de ser un escalón más en nuestra evolución, carecían de los medios para hilar prendas como las nuestras, es normal que sólo pudieran envolverse en telas para cubrirse - Elora rememoró las lecciones de historia para contestar al avispado caballero - no puedo desmentir vuestras palabras, Lord Parlow, pues no poseo el don de ver el futuro, mas aunque el pantalón pueda formar parte del vestuario femenino en un futuro, probablemente sean esas pocas mujeres con ideas progresistas que quieren cambiar el mundo las que lo usen. El resto de las mujeres seguiremos siendo flores que luzcan sus primorosos atuendos. Nada puede compararse con la gracia y elegancia de un buen vestido. Como una buena maestra mía decía, para lucir hay que sufrir - dijo tomando un sorbo de vino con toda tranquilidad. 

Elora era una mujer de costumbres, la habían educado en pensamientos conservadores y no era de las damas fáciles de convencer. Para ella un vestido era la prenda adecuada para una mujer, punto. Si bien, como había dicho admiraba el valor y la tenacidad de algunas mujeres por sus innovadoras ideas, opinaba que estaban perdiendo el tiempo, pues la sociedad no cambiaría sólo por unas palabras que el viento se llevaba. Si querían llevar prendas de hombre, estaban en su derecho.

- Loables sus palabras, milord, valoráis tanto el amor como vuestros ideales. Encuentro inspirador ese tema, me pregunto que pasaría cuando os encontrarais con el dilema si se os plantearía algún día - sonrió con curiosidad. Después, siguió hablando en contestación a las siguientes palabras de Preston - no sabéis cuanto, mi estimado señor Parlow, no sabéis cuanto. Las mujeres podemos resultar peligrosas de las maneras más inverosímiles - la divertida sonrisa de Elora no tenía nada que ver con la misteriosa mirada de sus ojos ni con el tono malicioso de su voz que quedó flotando en el aire hasta que volvió a hablar.

- Lástima, esa baronesa hubiera sido un gran partido para un aventurero de vuestro nivel - se rió jocosa y escuchó las palabras del resto.

Lady Forge Rabbit más que una dama revolucionaria, parecía una niña que no quería estarse quieta con su lindo vestido. Por sus palabras, a la baronesa le pareció que era una de esas chicas que no podían estarse quietas y manchaban su vestido a cada momento. Después de todo, Abigail era aún muy joven. Elizabetha, como siempre, era un punto medio que equilibraba la balanza. Con opiniones favorables para todos quedaba bien a ojos de todos los presentes.

Elora, decidió no discutir más el asunto de los pantalones, pues ya había dejado claro su punto de vista, mas el comentario de Louis sobre una falda parecida a un pantalón, consiguió llamar su atención.

- Interesante concepto, Lord Kindelanver, creo que nunca oí hablar de una prenda parecida. ¿Y cómo era exactamente ese bloomer? Esa sí podría ser una idea revolucionaria.

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02/02/2016, 17:02
Louis Kindelanver

Louis había llevado el vaso a sus labios para dar un nuevo trago de su bebida, escuchando mientras tanto las palabras que Lady Wright le dirigía a su cuñado. Dedicó una mirada a ambos por encima del cristal y sus labios se curvaron en una pequeña sonrisa divertida. Casi podía imaginar los cuchillos invisibles volando de un lado a otro escondidos tras sonrisas y tonos agradables. 

Cuando la dama se dirigió a él, asintió. —Pues verá... —Entrecerró los ojos un poco, buscando las mejores palabras para explicarlo. —Es como si se alargasen las enaguas y se cerrasen en los tobillos. No queda piel a la vista, y la tela cuelga floja, así pues no es nada indecoroso. Y luego por encima de esta tela se superpone una falda normal, pero algo más corta, hasta la altura de las rodillas más o menos. El conjunto es extraño a la vista, pero agradable y sin duda permite más movilidad a las mujeres a la hora de cabalgar o moverse. 

Notas de juego

Bloomers, por si a alguien le interesa saber más :).

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18/02/2016, 00:56
Louis Kindelanver

La velada continuó desarrollándose en el mismo tono. Preston deleitaba los oídos de los invitados con sus aventuras y los demás las comentaban, debatiendo sobre algunas opiniones. 

Para cuando algunos empezaron a retirarse, Louis ya había perdido la cuenta de las veces que había sido rellenado su vaso. Se despidió de Lord Dorset con familiaridad y promesas de volver a verse pronto.

En cuanto a las damas, Louis era consciente de que no había cumplido la promesa que le hizo a Abigale, pero las circunstancias no habían llevado a ello. Aún así, se disculpó cuando la joven anunció que se marchaba y le ofreció que volviese en otra ocasión para solventar aquello que quedaba pendiente. 

Se despidió de las dos amigas reiterando a Elizabetha sus deseos de que los negocios entre ambos continuaran su camino y agradeciendo a Lady Wright por la visita. 

Dejó a su cuñado para el final. Le habría gustado que Preston se quedase un rato más y charlar con él a solas, pero lo cierto era que se había hecho bastante tarde entre unas cosas y otras y quedaron en verse otro día. 

Cuando todos los invitados se marcharon, Louis se quedó en el salón, con el vaso en la mano y la sombra de la ausencia permanentemente a su lado. George entraba a recoger los vasos y copas, pero no le prestaba mucha atención. Tampoco a Daisy que le recriminaba por haber hecho llorar a una de las damas con su melodía. «Le dije que no tocase esas canciones lúgubres», decía la buena mujer, sin que Louis le hiciese el menor caso. 

Se sentía aliviado por haber recuperado la soledad de su hogar, pero al mismo tiempo sentía de repente que esa misma soledad se acusaba aún más después de que todos se fuesen. Tardó algunos minutos en exhalar un largo suspiro que reflejaba todo su sentir sobre aquella noche. Finalmente se levantó y se dirigió a su estudio, cerrando la puerta tras de sí.

 

Fin de la escena

 

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13/03/2016, 00:30
James Reynolds

 Pall Mall. Viernes, 2 de Abril de 1880


James se detuvo frente al  104 de la calle Pall Mall, en el centro de Londres. Alzó la vista y admiró el monumental edificio que se erguía ante él. Observó las columnas de marmol, que flanqueaban la entrada, y la gran puerta de cristal. Por ahora todo parecía igual en el Reform Club.

Se adentró en su interior, donde un portero le facilitó la entrada mientras, a la par, lo observaba de arriba a abajo tratando de recordarlo infructuosamente. Con paso decidido James subió los peldaños hacia la sala refectoria. Un asistente le abordó, preguntándole sobre su intención de darle el sombrero, el abrigo y el maletín para guardarlos en el guardarropa. James accedió de buen grado, confirmando que el personal seguía siendo tan diligente como siempre. Esperó y pronto regresó el hombre entregándole una decorada moneda con un número. Una vez liberado de sus cargas se permitió avanzar hasta el centro del refectorio.

Diversos grupo de hombres, bien trajeados, conversaban ya de pie o sentados en lujosos sillones de cuero.

"Si, parece seguir como yo lo recordaba".

- Buenas tardes, caballero. Tal vez pueda ayudarle - oyó una voz tras el que le sacó de su ensimismamiento. Se trataba del director de recepción que, sin duda, al desconocer quien era James se acercó para verificar si se trataba de alguien invitado por algún socio del prestigioso club.

- Buenas tardes. Creo que no hará falta. Solo estaba.. recordando viejos tiempos - reconoció.

- Ah, pero ¿El señor ha estado antes aquí? - preguntó levemente sorprendido el hombre - ¿Invitado en alguna reunión o gala? - inquirió el recepcionista. James negó.

- No. Como miembro del club - aseveró, levemente molesto de que aquel hombre no lo considerara como hipotético socio del lugar. El recepcionista lo miró de arriba a abajo, suspicaz, y terminó negando con la cabeza.

- Lamento contradecirle. Me precio de conocer a todos los miembros del Reform Club. A eso me dedico. Y a usted no lo recuerdo en absoluto - afirmó severamente.

- Eso se debe a que, quizá, he estado ausente durante varios años y en la actualidad ya no soy miembro del lugar. Pretendía, si fuera posible, hacer una visita al lugar. Por los viejos tiempos - replicó. El recepcionista calló unos instantes antes de volver a hablar.

- ¿Antiguo socio? ¿Podría decirme vuestro nombre, caballero?

- James Henry Reynolds - se identificó con tono cansado.

- ¿Reynolds?

- Si. Hijo del Doctor Arthur Reynolds. Él sigue siendo miembro, si mal no me equivoco.

- Sí.. sí - el hombre asintió cabeceando levemente, recordando - El doctor Reynolds es un prestigioso miembro de este club - afirmó - Y usted.. entonces, sois el Teniente Reynolds, destacado en África - dijo el recepcionista dubitativo, esperando confirmación. James se sorprendió de la capacidad de memoria del hombre, que debía retener algo de información de cada socio del Reform Club. Todo un profesional.

- Capitán - corrigió, mientras el hombre asintió almacenando en su memoria un nuevo dato - Y es totalmente correcto - reconoció con tono elogioso la capacidad del recepcionista.

- Lamento mucho lo de su padre. Todos lo hemos sentido y esperamos su pronta recuperación - deseó el hombre haciendo gala de estar al día. James lo agradeció -. No obstante.. - continuó - .. decís que erais miembro, ¿No es así? Tal vez.. tal vez estéis equivocado. Dadme un segundo, por favor - dijo el hombre mientras se retiraba con premura al mostrador y hablaba con un ayudante. Este desapareció bajo el mostrador para volver a aparecer en breve con varios tomos de libros. Durante unos segundos buscaron uno en concreto y el recepcionista se hizo con él, abriéndolo. Pasó con rapidez varias hojas, hasta que por fin asintió con una gran sonrisa de satisfacción, acercándose a James.

- Arthur D. Reynolds, en esta entrada - señaló una casilla donde con hermosa letra cursiva aparecía el nombre del padre de James - Miembro en activo - añadió.

- Y debajo... James H. Reynolds - volvió a señalar otra entrada - Miembro en activo - concluyó satisfecho cerrando el libro y dejando a James enormemente sorprendido. Durante todos estos años, al parecer, el doctor Reynolds había mantenido el costoso pago de membresía de su hijo. Sin duda con la ilusión de que algún día volvería.

- Bienvenido de nuevo al Reform Club, Sr. Reynolds - dijo solemnemente el recepcionista. James, emocionado con su nuevo descubrimiento, asintió con escasa voz.

- Gracias... - comenzó a la que se volvió y miró fijamente al hombre.

- Theodore - se identificó el recepcionista.

- Gracias, Theodore. Creo que subiré a la Morning Room a tomar algo, porque, allí sigue ¿No?

- Así es Sr. Reynolds. Bienvenido a su casa - finalizó Theodore con una inclinación de cabeza antes de girarse a atender a nuevos invitados.

James tomó las escaleras que ascendían a la planta superior, mientras contemplaba las coloridas columnas de estilo jónico. Caminó por la balaustrada y contempló la perspectiva de la planta baja, los diversos grupos de "gentlemen" y a Theodore haciendo de su trabajo de manera impecable. Buena parte de la élite social londinense se encontraba en ese edificio, a esas horas.

Por fin llegó a la Morning Room. Era amplia y enormemente decorada con pinturas y bustos esculpidos. Poseía diversos sillones donde sentarse haciendo grupos y varios mueble-licorera. Tal y como la recordaba.

La habitación no estaba muy concurrida. Apenas tres hombres en la zona de en medio, así que, tras servirse un wishky, se permitió el irse a un rincón vacío y dejarse caer sobre un sillón. Saboreó el excelente licor mientras dejó que diversos recuerdos inundaran su mente. Recuerdos más amenos en compañía de su padre. En compañía de Timothy.

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17/03/2016, 20:30
James Reynolds

Mucho "señorito" pidiendo iniciar una linea de posts entre "caballeros", hago el inicio.. ¡Y no postea ni el tato! Pues menos mal que yo era el reticente...

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17/03/2016, 23:33
Lord Preston Ellsworth Parlow

Preferí postear primero en otras escenas que debía, hoy espero poder ponerme aquí.

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18/03/2016, 02:00
Lord Preston Ellsworth Parlow

Habíamos llegado temprano Louis y yo al Reform Club para tomar un aperitivo y charlar, estaba decidido a sacarlo de esa casa que como un súcubo le consumía el alma y la vida, a alejarlo de aquellos recuerdos que a esta altura solo producían dolor. Aquel salón era de lo más bello que había en Londres con sus alfombras persas, sus sillones lujosos de pana y sus muebles de ébano lustrado.

Muchos pensamientos atravesaban mi mente en aquellos momentos, casi todos circundantes a las féminas que habían aparecido recientemente en mi vida (y qué hacer con ellas), mis viajes a la India y el baile de Lord Arrow. Había una quietud, una mesura inherente a todas las cosas en aquel salón que por momentos me sofocaba, sería acaso esa manía occidental de simular orden en el caos que es la vida de todo hombre, forzar a las arenas del tiempo a discurrir por el corazón de un reloj de bolsillo o someter los acontecimientos de la vida diaria a las formas arbitrarias de las buenas costumbres. Por un instante deseé ponerme en pie y subirme al próximo barco que partiera a la India, a esa tierra aparentemente civilizada pero de corazón salvaje.

Claro que, me estaba vedado de momento. No podía volver porque ahora aquellas costas esmeraldas, ese río dorado que subía hacia la selva frondosa y exuberante, estaban teñidos con el sinsentido de la pérdida. Mi boca dibujó un rictus sin proponérmelo, enterrando aquel recuerdo en lo más profundo de mi negro corazón. La vida no se detenía y yo, como un trompo en su máximo impulso, tampoco estaba dispuesto a hacerlo.

El hecho de poder hablar libremente de cuanto se nos antojara, cuidando las formas claro, hacía de aquellas paredes un sancto sanctorum. Mantenía en mi mano un vaso de gin que apuraba mientras me quejaba con mi cuñado de las noticias que leía en el periódico -Te digo, estimado Louis, que estos diarios son cada vez más sensacionalistas; en lugar de cubrir las noticias que importan, como qué ocurre en nuestras colonias por ejemplo, se limitan a poner noticias sobre las familias pudientes de la ciudad... Es que no logro comprenderlo -repito negando con la cabeza.

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18/03/2016, 02:55
Louis Kindelanver

Louis se había dejado arrastrar por Preston a aquel club de caballeros con la promesa de que al día siguiente sería su cuñado el que lo acompañaría a su cita en los Kew Gardens. Así que ahí estaba, con una copa en la mano y un periódico en la otra, sin que prestase verdadera atención a las noticias que ojeaba. 

En ocasiones alzaba la vista del papel para echar un vistazo al lugar. Nunca había sido socio de uno de esos lugares y las veces que había acudido lo había hecho tal y como hacía ahora, en calidad de invitado de Preston. No podía evitar sentirse algo fuera de lugar, pero al mismo tiempo agradecía a su cuñado sus esfuerzos por sacarlo de su casa y apartarlo de los pensamientos sombríos que allí se pegaban a su piel. 

Dio un sorbo de su vaso que contenía un líquido ambarino y asintió con la cabeza, mostrando en ese gesto su conformidad con la queja que expresaba Preston. 

—A la gente le interesa más saber con quién se ha visto pasear a la hija de cualquier lord que conocer lo que sucede fuera de las fronteras. —Hizo una pausa y frunció levemente el ceño al mismo tiempo que una tenue sonrisa quería asomar a sus labios, creando una conjunción extraña como resultado en su expresión. —O, mismamente, lo que sucede en las fábricas de nuestro país. Es pura hipocresía, cuñado, te lo digo. Es más satisfactorio leer sobre casamientos que sobre explotación laboral, manifestaciones o guerra. Y al final, lo único que quieren es vender más ejemplares. 

Mientras hablaba, sus ojos volvían a echar un vistazo a los caballeros allí presentes. Era un día tranquilo y no había demasiadas personas. Tal vez por ello, los contemplaba con más curiosidad.

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28/03/2016, 23:13
z/ Connor Wright

Connor no pudo evitar escuchar la conversación que estaba teniendo lugar entre los dos caballeros que parecían acudir juntos al club, al igual que observar al tercero que parecía conocido por el personal. Éste le resultaba vagamente familiar, y los otros dos símplemente, desconocidos.

Con el brandy en la mano, mientras se consumía lentamente, hizo una seña al camarero, que tomó una botella de brandy de buena etiqueta y sirvió una copa, para ofrecérsela al capitán Reynolds- Invita el señor Wright, capitán. - le susurró, añadiendo una disimulada seña, ante la cual Connor saludaba al susodicho, con un gesto cordial, prestando entonces atención de nuevo a quienes hablaban del periódico- Si me permiten opinar sobre el tema, señores, diré que lo que se monetiza hoy en día en la prensa es la envidia. Eso es lo que mueve el negocio a día de hoy. Envidia de la vida ajena, y aspiración a poseer lo que otro tiene. Las colonias, los problemas en las fábricas... Son temas sin duda importantes, pero la persona de a pie desea evadirse y soñar con un futuro mejor. Y no conviene tener a las masas enfurecidas por los posibles problemas del imperio. Pan y circo, señores. -comentó, tras lo cual, añadió un leve cabeceo- Perdonen mi intromisión y mis modales. No me he presentado. Soy el inspector Connor Wright, de la Policía Metropolitana de Londres. -dijo, alzando su copa- Pero en estos momentos símplemente puedo ser el señor Wright, el cual disfruta ahora mismo de su copa sin pensar en la marabunta que abunda en las calles del west end de Londres. 

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05/04/2016, 00:56
Narradora

El Juego del Laberinto - Mansión Arrow

(3 de Abril de 1880)

La cena de gala se sirve a las siete en punto. La carta ofrece todo tipo de vinos, licores fuertes y como no varias opciones a elegir entre platos entrantes, segundos y postres. Bandejas de plata pulcras y brillantes, rebosantes de comida se sirven con pericia por manos expertas. Manteles de chantilly con finos brocados de oro decoran las mesas sacadas como de un cuento de hadas. Un ramo de rosas blancas adorna el centro de cada una de ellas. La cubertería de plata, la vajilla de porcelana, los impresionantes candelabros y las sillas aterciopeladas suman a los invitados en un elegante y sofisticado entorno.

La cena transcurre sin incidentes ni alborotos. Durante hora y media los invitados tienen tiempo para saborear tranquilamente los ricos platos y charlar entre ellos sin olvidar el estricto protocolo.

Antes de que los invitados abandonen el gran salón, los mayordomos pasan discretamente por todas las mesas portando un misterioso mensaje. -"El juego del laberinto". Murmuran en voz baja. ¿Desea jugar señor?. Tan solo ha de escribir en un papel su seudónimo. Su identidad se mantendrá oculta.

Los mas atrevidos y curiosos se lanzan al vacío y escriben su nombre. Nadie sabe a ciencia cierta en que consiste ese juego ni cuales son las reglas. Los laberintos siempre han sido fuente de inspiración, escenario de intrigas y romances. Quizás esa idea es la que anima a algunos a correr el riesgo de aventurarse hacia lo desconocido.

-Debe acudir a las 20:45h a la puerta principal de la mansión. Allí la anfitriona Marie Antoniette guiará al grupo de concursantes hasta la entrada del laberinto.

[...]


La joven anfitriona ha cambiado su vestido pomposo por uno mas cómodo y funcional, aunque igualmente bonito y elegante. En su mano derecha porta el reloj de bolsillo que le ha regalado el Señor Cordel. Preocupada por la ausencia de su primo ha preguntado por su estado, no lo ha visto en la cena ni tampoco afuera con el grupo que la espera. Es incomprensible que un anfitrión abandone a sus invitados. Niega con la cabeza encogiéndose de hombros. En ese momento avisa a dos mayordomos para que la acompañen. Los hombres se posicionan al lado y encienden dos faros, el camino hacia el laberinto está oscuro. Sabes como llegar hasta el centro. Recuerda las palabras de Sherlock. Por si acaso guarda un mapa en el bolsillo de su capa. Suspira e intenta relajarse.

-Por favor tengan cuidado de no tropezar con nada. Tenemos poca luz pero la suficiente como para no caer, a menos que Selene nos ponga la zancadilla. Bromea y pide amablemente a los invitados que la acompañen.

Atraviesan los jardines imponentes bajo la luz de luna.

-El laberinto tiene una superficie de 1,30 hectáreas y cerca de un kilometro de caminos. Los puentes colgantes de madera ayudan a acortar las distancias y sortear algunas de las rutas equivocadas. Los mira con intriga. Las que no tienen salida. Apunta. No solo hay atajos y pasadizos secretos, también trampas y no querrán caer en una de ellas. Mantengan los ojos bien abiertos y no se separaren de sus parejas. Las paredes de setos son altas no permiten una visión clara, tampoco la vegetación que en algunos tramos se vuelve frondosa e incómoda.

Marie Antoniette calla un momento y alza el brazo señalando a lo lejos el laberinto. Una mesa con cuerdas, candados, cadenas y vendas está dispuesta justo a la entrada del mismo.

-Para participar en el juego lo harán por parejas mixtas. Tienen dos opciones para ir atados con su pareja. Una fina cuerda unida en el centro por un candado que habrán de abrir para soltarse o... Una cadena unida por grilletes que habrán de colocarse en las muñecas y también abrir con unas llaves. El laberinto está lleno de fuentes. Tres fuentes son las importantes y las que ocultan en el fondo de sus aguas las llaves de su libertad. Para ganar este juego han de liberarse de su acompañante, además deben encontrar diversas figuras diminutas de piedra ocultas a lo largo del laberinto. La joven muestra algunas de esas figuritas a los concursantes. -La pareja que no consiga llegar al centro del laberinto en un máximo de una hora y veinte minutos será descalificada y... Probablemente hayamos de ir a buscarles. Una risa inocente se escapa de sus labios. -¿Tienen alguna pregunta?. Parece que no.

En ese momento uno de los caballeros pregunta por las vendas que hay dispuestas sobre la mesa. Marie Antoniette se pone roja de vergüenza. ¡Que despiste el mío!. -Por supuesto señor. Las vendas son para las damas. Ustedes los caballeros son los que han de ubicarse y saber orientarse para guiarlas por el laberinto. Amandine mira su reloj. -No hay tiempo, casi son las nueve. Se gira hacia uno de los mayordomos para pedirle que le entregue el sobre con las parejas que se han formado mediante sorteo. Una a una las nombra en alto. -Esta experiencia será recompensada con un bonito regalo para la pareja ganadora, la más rápida, audaz e intrépida. Les esperaré en el centro del laberinto. ¡Elijan la opción preferida para ir atados y buena suerte!.

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05/04/2016, 00:57
Director

REGLAS DEL JUEGO

Evento

Descripción Tipos Tiradas Dificultad Resultados
Búsqueda de figuritas Hay pequeñas figuritas escondidas en el laberinto, por detrás de la vegetación, en algún recoveco...

Hada:

5d10 7 Hay que obtener 3 éxitos en la tirada (encontrar 3/5 figuritas)

Rana:

Hombrecillo:

Niños:

Duende:

Trampas

Obligatoriamente a elegir entre una de las dos opciones.

Trampas en el suelo. Un foso donde pueda caer la pareja. Habría una red debajo claro y una escalera para subir.

1d10 para esquivarlas 7 Si se supera la tirada no se suma tiempo. Si se falla se suman 5 minutos base.
Si se cae en la trampa se hacen tiradas de 1d10 a dificultad 7, cada una fallida suma 5 minutos, hasta superar una de ellas o llegar a 20 minutos.

Ruta equivocada sin salida. Habria que dar la vuelta y encontrar otra ruta.

1d10 para esquivarlas 7 Si se supera la tirada no se suma tiempo. Si se falla se suman 5 minutos base.
Si se llega a una ruta sin salida se hacen tiradas de 1d10 a dificultad 7, cada una fallida suma 5 minutos, hasta superar una de ellas o llegar a 20 minutos.
Atajos Se pueden coger los dos.

Puentes colgantes de madera.

1d10 por cada miembro de la pareja (2d10 en total) 7 Por cada éxito se restan 5 minutos.

Pasadizo secreto entre la vegetación.

1d10 por cada miembro de la pareja (2d10 en total)

7 Por cada éxito se restan 5 minutos.
Fuentes llenas de llaves

Las cadenas tendrán una cerradura en los grilletes, las cuerdas un candado en el medio que hay que abrir para separarlas en dos.

Cada pareja podrá ir a una fuente con el fondo lleno de llaves en el que hay que encontrar la adecuada.

5d10 8

Hay que obtener 3 éxitos en la tirada.

Si se supera la tirada, no se suma tiempo y se consigue la prueba.

Si se falla la tirada se suman 10 minutos base y hay que pasar por la estatua de Medusa como castigo.
Estatua de Medusa

Sólo van los que han fracasado en la fuente.

La estatua está llena de pinchos y tiene entre el pelo la llave que abre el candado/grilletes.

Sin tiradas

Los pinchazos y cortes dan mucho juego y son a gusto del consumidor.

Sólo por tener que ir a la estatua ya se han sumado 10 minutos, así que no hay más penalización.