Erik sintió el beso de April y lo saboreó por un instante, como si en ese simple gesto estuviera leyendo mucho más de lo que ella había querido mostrar. Sus dedos rozaron delicadamente su barbilla y bajaron por su cuello, su toque suave contrastando con la intensidad de su mirada. Mostró una leve sonrisa dirigida a la joven.
- Dime, April - murmuró con voz suave, pero firme. - Después del entrenamiento, ¿qué es lo que deseas hacer ahora?
La pregunta flotó en el aire, cargada de significado. Erik, siempre maestro en controlar las situaciones, ahora parecía querer conocer su respuesta, quizás buscando alguna revelación o aprender sobre ella.
Allí donde Erik tocaba, se creaba una pequeña marca, como si fuese una llama quien acariciase su piel, marcándola de forma invisible. Realmente esa sensación se producía por una mezcla de emociones: atracción, deseo, rabia, asco, miedo. Dependiendo del momento y de aquello que April estuviese pensando, una de estas se marcaba de forma más visible en sus ojos. ¿Le gustaba Erik? No estaba ciega, así que la respuesta era obvia; le había producido mucho placer que, en circunstancias normales, ella habría abrazado sin dudar, pero no podía olvidar que allí ella era una rehén y que la habían secuestrado, apartándola de su vida y su realidad. April era consciente de que ya nada sería como antes: nunca podría regresar a su antigua vida, porque la estarían vigilando.
La pregunta la pilló completamente por sorpresa: él era un hombre al que le gustaba mantener el control -o esa sensación transmitía-, por lo que ofrecerle la opción de hacer lo que deseaba quedaba fuera de su plan mental. Quiero volver a mi vida- es lo que le habría gustado decirle, pero esa respuesta no le aportaba nada más que un mayor conflicto con el que por ahora era su dueño.
-Tú… ¿me hablarías de vosotros? Bueno… de nosotros. ¿Cómo despierta nuestro poder? ¿Por qué lo tenemos? ¿Desde cuándo existe la gente con estas capacidades? Gente… con la capacidad de la Reina... ¿no podrían controlar nuestra sociedad realmente?- se frotó la frente antes de ponerse de pie.
-Estoy algo cansada de los entrenamientos, y aún no me he habituado a todo esto. Me gustaría descansar, pero no me importaría pasar más tiempo…contigo-murmuró. Había estado a punto de decir que podían dar un paseo, pero eso implicaba que había más posibilidades de encontrarse con la Reina y que esta leyese todo el plan, por lo que debía evitarla.
April, al escuchar la pregunta que había formulado, observó a Erik con atención, esperando una respuesta que pudiera arrojar algo de luz sobre el mundo de los mutantes, una sociedad oculta a simple vista pero que había comenzado a revelarse ante ella de manera tan repentina.
Erik se quedó en silencio por unos segundos, su mirada fija en April, como si evaluara qué tanto quería revelar. Era un silencio denso, lleno de información no dicha, en la que revelaba que había mucho de lo que hablar pero no era sencillo, y, de hecho, no reveló demasiado.
- Los mutantes llevan milenios existiendo, aunque al principio eran muy pocos. Pensamos que el primero podría haber nacido en el antiguo egipto. La humanidad no nos reconocía ni comprendía, nos escondíamos en las sombras. Hoy, en este momento, somos bastantes más. Ahora nos seguimos escondiendo, pero la situación está más controlada.
El peso de sus palabras cayó sobre ella, ella comprendió que había mucho más por aprender de este mundo, mucho más de lo que había imaginado. La revelación de los siglos de historia oculta le dejó una sensación de asombro, pero también de inquietud.
Poco después, April, buscando entender aún más a la persona que tenía frente a ella, le confesó un deseo algo más personal. Erik se acercó lentamente. Sus ojos brillaban con un destello de deseo y, sin palabras, sus labios se encontraron con los de ella, envolviéndola en un beso firme y profundo. Sus manos, entonces, acariciaron el cuerpo de la joven, recorrieron zonas sensibles en mitad del apasionado beso, sin alcanzar las zonas íntimas.
- Me agrada que quieras compartir tiempo conmigo. Ve a ducharte, April. Entonces ven a mi, desnuda, y arrodíllate de nuevo.
Le dijo con voz autoritaria, su mirada y su voz eran hipnotizantes.
Los segundos le pasaron más lentos de lo normal mientras Erik preparaba su respuesta. ¿No confiaba en ella para contárselo? ¿Estaba midiendo hasta qué punto podía contárselo? Quizá era eso, o eso intuyó por la forma en la que la miraba. ¿Hacía bien al guardarse esa información para él? April pretendía traicionarlo abandonando el lugar, pero no buscaba ningún tipo de venganza contra él, tan solo ser libre.
-Ah… entiendo, Amo-respondió lentamente, como si ella también meditase las palabras. Dentro de su alma de periodista, April quería saber mucho más sobre ese tema. ¿Hasta qué punto eran influyentes? Con gente como la Reina, podían dominar el mundo, pero si lo hacían era desde las sombras, porque no era algo de lo que se hablase. -Mantener el secreto a lo largo de tantos siglos ha debido ser una ardua tarea-como él no había querido entregarle más, ella tampoco entró más al trapo. Quizá Lobezno podría hablarle de esa sociedad, o quizá la investigaría por su cuenta cuando fuese libre.
Instantes después, el beso de Erik le provocó un rubor en las mejillas y un calor que se extendía hacia otras zonas de su cuerpo. ¿Podía desear a su captor? Había leído suficientes libros de dark romance como para creérselo, y como en los mismos, ella buscaba la forma de escapar. Solo esperaba que en este el final fuese diferente y ella no acabase atrapada en su red.
Al romper el contacto de sus bocas y recibir la orden, April asintió. -Así lo haré, Amo. Ahora regreso- le hizo una pequeña reverencia mientras se ponía de pie y luego se marchó con la intención de llegar hasta las duchas para seguir las órdenes de Erik.
Cuando April regresó de las duchas, aún con el cabello húmedo y la piel ligeramente enrojecida por el agua caliente, Erik la esperaba. Su presencia era inconfundible, irradiaba autoridad incluso cuando permanecía en silencio. Sus ojos la recorrieron de pies a cabeza, evaluándola con ese aire de análisis frío que siempre lo acompañaba.
Se acercó a ella con una calma inquietante, sus movimientos medidos, como si cada gesto tuviera un propósito. Sus manos, firmes pero cuidadosas, comenzaron a recorrer su piel, deslizando los dedos con una suavidad que contrastaba con la intensidad de su mirada. Era como si estuviera inspeccionándola no solo físicamente, sino también intentando descifrar algo en su interior.
Cuando sus manos alcanzaron la entrepierna de April, el aire entre ambos pareció tensarse. Su toque no era brusco, pero tampoco carente de intención. La situación tenía un peso que ella no podía ignorar y aunque su cuerpo reaccionaba de manera instintiva, su mente estaba inundada de preguntas y emociones contradictorias. Comenzó a acariciar con cuidado las zonas erógenas de la joven, provocando reacciones placenteras.
Erik levantó la vista, fijando su mirada en los ojos de April mientras la recorría con sus manos la cintura, los pechos, el cuello, incluso su flor. Su expresión era indescifrable, una mezcla de control absoluto y una curiosidad que parecía profundamente personal.
Se demoró en la ducha lo justo y lo necesario. De haber permanecido más tiempo bajo el agua, probablemente los pensamientos le hubieran amargado la existencia, y Erik lo habría notado: prefería fingir que todo era lo más normal posible teniendo en cuenta su situación. Se quitó el exceso de humedad del cabello con una toalla y también secó todo su cuerpo, pero avanzó hacia él completamente desnuda como él le había ordenado.
Su presencia en ese lugar era intimidante y cuando se quedó examinando su cuerpo, se sintió desnuda en un sentido diferente. ¿Qué era lo que Erik buscaba en ella? ¿Un reemplazo o algo original? No se quedaría a averiguarlo, pero esa duda le nacía cada vez que estaba junto a él. April no se negó al contacto entre ambos, y sus mejillas se sonrojaron cuando los dedos recorrieron su piel provocando que esta se pusiera de gallina.
April contuvo la respiración cuando alcanzó su zona más íntima. Sus ojos vibraron y soltó un jadeo, próximo a un gemido, cuando la suave masturbación prosiguió. Se permitió gemir ante la atenta mirada del que decía ser su dueño, y sus ojos intentaron ver a través de él del mismo modo en el que él lo hacía con ella.
-Aaah… ¿Ocurre algo, Amo? ¿Quieres… que te toque? - preguntó. Ella no iba a empezar un contacto íntimo sin su permiso, más cuando le habían repetido más veces de las que le gustaría las normas del sitio.
Magneto se acercó a April con la seguridad que lo caracterizaba, sus movimientos fluidos y precisos, como si el mundo mismo se ajustara a su presencia. La tomó suavemente del mentón, inclinándose para rozar sus labios con los de ella en un beso breve pero cargado de intención.
—Eres perfecta, April —dijo con una voz baja, casi un susurro, que resonó como una verdad ineludible en el espacio entre ambos. Había en su tono un matiz de admiración y algo más oscuro, un deseo de comprender lo que la hacía tan excepcional.
Se apartó lo justo para observarla de cerca, sus ojos grises buscando algo más allá de lo que era visible. Había en su rostro una mezcla de fascinación y cálculo, como si intentara ensamblar las piezas de un rompecabezas imposible.
—Esta noche exploraremos tu mente —continuó con una calma casi solemne—. Quiero entender por qué eres idéntica a alguien que conocí hace tiempo, a Mística.
Hizo una pausa, dejando que sus palabras calaran en April. Sus manos permanecían sobre ella, no en un gesto posesivo, sino más bien en un acto de contención, como si el misterio que ella representaba le exigiera mantenerse cerca.
—Sé que no eres ella —dijo finalmente, con un destello de certeza en su voz—. Pero tu existencia es un enigma que necesito desentrañar. Hay algo en ti que va más allá de las coincidencias. Con el tiempo, te convertirás en parte de este grupo. Tal vez incluso en una de mis tenientes más importantes.
Sus palabras eran tanto una promesa como una advertencia. La implicación de que ella tenía un lugar asegurado en su visión del futuro era halagadora, pero la intensidad de su atención resultaba igualmente inquietante.
Con sus manos, volvió a recorrer la piel de la joven, buscando el sexo para acariciarlo con delicadeza. En lugar de pedirle que ella le satisfaciera, parecía dispuesto a concentrarse en April. Los dedos jugando con los labios vaginales, mientras él respiraba cerca de su cuello, dejando numerosos besos. Pronto, sus movimientos fueron tomando velocidad, decididos a transmitirle el deseo que debían de compartir.
A April le brillaron los ojos cuando Erik dijo que era perfecta: claramente no estaba acostumbrada a un halago como ese. Aunque él no la conocía como para poder garantizar que eso fuese verdad, su tono parecía mostrar que no se equivocaba, pero los Wachtell se habían encargado de enseñarle que para lo que realmente valía era para buscarse un buen marido que asegurara su posición en la alta sociedad. ¿Por qué el la veía así? No es a ti. Es a su recuerdo- se autoconvenció.
-No lo soy, Amo- no solo quería decirle que no era perfecta, sino que tampoco era esa chica de la que todo el mundo hablaba.
April hizo todo lo posible por contener sus emociones cuando dijo que esa noche explorarían su mente, y se mordió el labio inferior como hacía cada vez que estaba nerviosa. ¿Cómo podía librarse de esa tarea?
-Es… ¿Es necesario que sea esta noche, Amo? - preguntó, intentando mantener la calma. Aún no termino de adaptarme a este lugar, y estoy cansada. ¿Habría alguna posibilidad de dejarlo para mañana por la mañana? - sabía que no podía negarse a hacerlo porque levantaría sospechas, pero quizá posponerlo sería plausible.
-Yo… no lo soy- April movió su mano lentamente para conectarla con una de las que él tenía sobre ella. Le asustaba la idea de que tuviera tan claro que seguiría allí para él, porque Erik tenía claro con su discurso que ella ya pertenecía a ese lugar. ¿Qué la hacía tan especial para que os interese tanto nuestra semejanza? – preguntó de un modo directo.
Los dedos de su amo pasaron a acariciar su zona más íntima mientras ella se quedaba quieta en el sitio, permitiéndose disfrutar de las caricias. Su vagina empezó a lubricar con bastante rapidez, dejando húmedos los dedos que Erik usaba para estimularla, y pequeños gemidos y respiraciones algo aceleradas empezaron a brotar de la boca de la chica. -Aaah… uhm…Amo… uff… ¿quieres que… yo también… te toque? – preguntó al hombre mientras se concentraba en esas sensaciones tan placenteras.
Erik habló con una calma que, aunque reconfortante en apariencia, llevaba consigo una firmeza inquebrantable. Sus palabras eran como un mandato suave, una promesa de control absoluto.
—Esta noche será el examen mental, no hay razones para demorarlo —dijo, mientras su mirada se fijaba en los ojos de April, transmitiéndole una seguridad fría y calculada—. No temas, estaré cerca para asegurarme de que la Reina Blanca no haga nada que no deba durante la exploración. Ella es poderosa, pero sabe que yo la vigilo.
Se tomó un momento, inclinando la cabeza como si meditara sobre un recuerdo distante.
—Mística… —pronunció el nombre con una mezcla de respeto y desencanto—. Fue una figura central para los mutantes en su tiempo, una fuerza vital que podía inspirar o desafiar incluso a los más poderosos. Pero su naturaleza rebelde la llevó a no adaptarse, incluso cuando las cosas parecían estar finalmente en su lugar.
Erik guardó silencio por un instante, dejando que sus palabras flotaran en el aire. Luego, su mirada cambió, suavizándose de una manera que resultaba desconcertante por la intensidad que lo caracterizaba.
—Quiero tenerte, April. No por lo que representas, sino por lo que eres —dijo, con una sinceridad que podría desarmar incluso a la persona más cautelosa.
Levantó una mano, haciendo un ligero gesto que le otorgó el control de la sala. De inmediato, el entorno cambió. La frialdad metálica de las paredes se desvaneció, sustituida por un paisaje natural de una belleza casi imposible. Había un cielo al atardecer, con tonos cálidos que bañaban un campo verde lleno de flores silvestres. En el centro, bajo un dosel improvisado de ramas y hojas, había una cama sencilla pero acogedora, con sábanas blancas que parecían moverse con la brisa artificial.
—Mucho mejor así —añadió, mirándola con una intensidad que no podía disimular—. Aquí no hay prisa, ni obligaciones. Sólo nosotros.
El contraste entre el ambiente idílico y la naturaleza poderosa de Erik hacía que la escena fuera tan desconcertante como atractiva.
—Ve a la cama y prepárate para satisfacerme. —dijo dejando claro que en todo momento él debía de controlar la situación. Fue tras ella y la ayudó a deslizarse en el colchón, tocándola, sus manos recorriendo su piel. Le hizo un gesto para que le desvistiera y le complaciera también.
April no tenía ninguna intención de someterse a ese examen mental; pese a la seguridad que Erik presentaba, ella lo único que quería era escapar de esa prueba y de ese lugar. No me queda más remedio que aceptarlo, Amo, pero si lo que deseas es que yo acabe sintiéndome parte de este lugar, no estáis siguiendo el camino correcto. No soy un peligro, no busqué entrar en este lugar y no siento que sea necesario que empleéis esos recursos hoy mismo en hurgar en mi mente. Me hace sentir incómoda, Amo- intentó probar por otra vía el escapar de esa situación, o de lo contrario tendría que acelerar la fuga.
Es normal que se fuese- April tenía la suerte de que Erik no podía leer su mente, porque ese pensamiento no le habría gustado. ¿Cómo iba a adaptarse alguien a convertirse en la mascota de otros? Aun así, no dijo nada sobre esa mujer, porque desconocía las consecuencias de decir algo en contra o a favor de ella.
La rubia se quedó atenta a los cambios del entorno cuando Erik manipuló el lugar, y desde luego prefería ese ambiente a la frialdad de la sala del peligro. –Está bien, Amo- respondió de forma obediente, marchando a la cama para cumplir con sus órdenes.
Al llegar hasta el colchón y obedeciendo su gesto, April utilizó sus manos para desvestirlo lentamente. Se encargó primero de quitarle toda la parte superior antes de empezar con la inferior, tomándose su tiempo para evaluar qué pasaría en las siguientes horas, aunque intentó no parecer distraída en el proceso.
Erik se acercó a la cama con la elegancia contenida de un depredador que mide cada uno de sus movimientos. Se sentó junto a April, su presencia dominando el espacio y la miró con una intensidad que hacía que el resto del mundo se desvaneciera. La tocó, al principio con delicadeza, dejando que sus dedos recorrieran su piel como si estuviera descifrando un enigma solo visible para él. Pero su suavidad no tardó en transformarse en algo más apasionado.
La besó, y en sus labios había un hambre que lo hacía parecer menos un hombre y más una fuerza elemental. A medida que retiraba la ropa de April, lo hacía con una mezcla de fervor y control, como si cada prenda fuera una barrera que se interponía entre él y su deseo. Había algo casi hipnótico en la manera en que sus manos se movían, siempre firmes, siempre seguras.
Pero incluso en la calidez de ese momento, la mente de Erik parecía trabajar en un plano diferente, ocupado por pensamientos que nunca estaban del todo ausentes. A medida que sus labios viajaban por la piel de April, sus palabras surgieron como un eco de esas reflexiones.
— Sé que la Reina Blanca puede parecerte temible — murmuró entre besos, susurrando cerca de su oído con un tono que era casi un consuelo, pero que llevaba consigo la fuerza de una advertencia—. Pero tenemos que ser fuertes. No debemos dejar que nada ni nadie nos doblegue, ni siquiera ella.
Había algo curioso en la manera en que mencionaba a Emma Frost, como si entre ellos hubiera una tensión subyacente, un conflicto latente que se insinuaba en el peso de sus palabras. Tal vez alguna vez hubo una alianza más sólida, una confianza mutua que ahora parecía desgastada por el tiempo o las circunstancias.
— Yo te ayudaré a ser fuerte —continuó, su voz adquiriendo un tono más grave, más cargado de propósito—. No quiero que seas una esclava débil. Quiero que seas alguien capaz de resistir cualquier tormenta.
Mientras hablaba, su pasión fue cediendo espacio a algo más meditado. Se apartó ligeramente, lo suficiente para mirarla a los ojos, y en su mirada había una mezcla de promesa y exigencia.
— Sólo podrás descansar esta noche con una condición clara — añadió, su tono dejando claro que esto no era una oferta que pudiera repetirse—. Pero después de esto, tendrás que comprometerte por completo. Te dedicarás a tu entrenamiento, tanto físico como mental. No habrá margen para dudas, no habrá espacio para la resistencia o el cansancio.
Erik hizo una pausa, dejando que el peso de sus palabras calara en April. Luego, con una seguridad absoluta que solo él podía transmitir, concluyó:
— Si me obedeces en todo, haré que seas feliz.
Había en su declaración una dualidad desconcertante, como si la felicidad que prometía no fuera un regalo, sino algo que debía ganarse a través de una entrega total a su voluntad. Su figura, imponente bajo la luz tenue del ambiente, parecía encarnar tanto la protección como el peligro.