Partida Rol por web

Heptálogos

Fin

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14/11/2011, 19:13
Director

Aquí voy a ir subiendo el final de la historia, lo que quedó por jugar, lo voy a hacer de a poco para que no se le haga pesado de leer a quien quiera hacerlo. Una vez finalice dejaré pasar una semana y daré por finalizada la partida.

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14/11/2011, 19:15
Director

Bathory desencadenó el hechizo y los espíritus invadieron las figuras de arcilla y madera que llevaba consigo. Eran mecanismos exquisitos y frágiles que intentaban emular los cuerpos de pequeños roedores y aves. Todavía eran prototipos toscos pero cumplían con su función. Las almas atadas a las figuras comenzaron a moverse siguiendo las órdenes recibidas por Bath. Él decidió sentarse en aquel bosque de bambú y transportar sus sentidos junto con sus criaturas. Resultaba terriblemente turbador recibir simultáneamente tantas sensaciones por lo que el joven niño tuvo que centrar su concentración en una figura. Eligió la de la pequeña golondrina y surcó veloz el cielo, desde lo alto todo se veía diferente, de repente vio un estanque y en él una figura humana, se acercó raudo y se sorprendió a ver a dimas sentado sobre el agua. El muchacho tenía los ojos cerrados y se encontraba sentado en aquella posición que se usaba para meditar, sus piernas estaban cruzadas delante del cuerpo y ambas manos se posaban una en cada rodilla con las palmas hacia arriba.
La golondrina animada descendió hasta la altura de la cabeza de Dimas, el muchacho giró su rostro para mirar sin abrir los ojos directo al ave y dijo.

-Ya he descubierto el sentido y la salida del laberinto. Les daré algo de tiempo para que ustedes también lo comprendan. En tu lugar intentaría aprovechar el tiempo-

Un instante mas tarde el seño de Dimas se frunció por a penas un segundo y entonces todas y cada una de las marionetas de Bathory se detuvieron desposeídas de alma.
¿Cómo era posible que Dimas ya hubiese encontrado la salida? Seguramente estaría alardeando ¿Qué había ocurrido con sus criaturas. Había sido Dimas quien desanimara sus estatuillas? Bathory se sintió abrumado.

Grumman respiró agitado, el esfuerzo que implicaba batir sus nuevas alas lo agotaba, aún así decidió que no se rendiría y que alcanzaría aquella sima sin importar el costo. Aquella era la tenacidad del dragón.
Voló y descansó para volver a volar y descansar durante horas, el ascenso al pico se volvía cada vez más arduo pero él era un dragón y definitivamente podía con aquella tarea. Empujó con fuerzas contrayendo los músculos de sus espalda, esas nuevas formaciones que eran el motor de las membranas que se extendían impulsando el vuelo. Sabía que podía facilitar su tarea si utilizaba la magia pero su orgullo le impedía hacerlo.

-Los dragones no vuelan con magia, vuelan con la fuerza de sus alas- se dijo a si mismo
-Te equivocas- respondió una voz grave y potente en el interior de su cabeza -Los dragones vuelan con la fuerza de su voluntad-

La potencia de aquella voz lo aturdió se sintió sacudido en lo más intimo de su ser pero aún así continuó aleteando hasta llegar a una saliente rocosa. Una tormenta parecía estar avecinándose por lo que Grumman toco tierra y plegó sus alas. Frente a él se erguía una imponente abertura, demasiado grande para ser una puerta, demasiado perfecta para ser natural. Se sintió sobrecogido por la inmensidad de la montaña, la entrada y la tormenta que, salida de la nada, se acercaba veloz a su posición. En un segundo se sintió el ser más pequeño sobre la faz de Feralis.

La joven Elena abandonó la seguridad del agua y se internó con su forma humana en la selva que la circundaba, aquel lugar se tornaba cada vez más lúgubre conforme se alejaba del estanque del que había surgido. Se abrazó a si misma y se estremeció, delante de ella se hallaba el cadáver semidescompuesto de un hombre. El hedor le produjo una arcada que pudo contener e instintivamente se alejó de allí con premura. Comenzó a desesperarse, otra vez actuaba sin pensar, otra vez se volvía víctima de si misma y tras tropezar con un hilo disimulado entre la hojarasca cayó presa de una red que se elevó hacia los árboles.
No supo cuanto tiempo pasó allí, colgada, desarmada e incapaz de abandonar aquella trampa. De repente escuchó movimiento, algo allí abajo hacía crujir las hojas secas, alguien se acercaba a cobrar su presa. Lo que vio la llenó de horror, criaturas de aspecto cánido, similares a Markus pero con un cuerpo corrompido por la sarna y la infección alzaron la vista y sonrieron maliciosamente mostrando grandes colmillos que supuraban una pus amarillenta desde la encía.
Miles de imágenes asaltaron con violencia su mente. Se vio a si misma victima de aquellas criaturas, arrastrada por la selva como si se tratase de un jabalí muerto, se vio presa en una aldea repleta de estas criaturas, torturada mientras la interrogaban e intentaban descubrir la ubicación del templo. Se vio ultrajada cuando uno de los torturadores la colocó boca abajo y montó sobre ella. Aquel sería su fin, un fin indigno, un fin impropio, pero un fin después de todo.
Recordó entonces la cueva submarina, recordó la promesa que se había hecho a si misma y se sintió fortificada, decidida a luchar hasta las últimas consecuencias con sus captores y que entonces, si aquel día, pese a todos sus esfuerzos la alcanzaba la muerte, al menos se iría en paz consigo misma. Ella era Elena, una niña, pero también era Elena, la última Sirena, aquella que había sido elegida por las aguas.
Algo en ella cambió, no sólo había descubierto aquella especie de fuerza interior, aquella energía que la impulsaba y llenaba abrazándola con calidez, no, también había cambiado algo en el interior de su garganta, podía sentirlo. Conservaba la forma humana pero dentro algo había sucedido, de repente y sin pensarlo demasiado comenzó a entonar una dulce melodía. La recordó como la canción con que su madre la acunaba noche tras noche. El canto de la Sirena se elevó y transitó melodioso a través de la jungla, penetró en los oídos de sus captores y embelesó sus almas. El canto se tornó entonces melancólico, lleno de una tristeza infinita y las bestias comenzaron entonces a llorar, incapaces de controlar sus emociones, terriblemente apenados por el sufrimiento que estaban causando a la mujer. Algunos corrieron a socorrerla, a librearla, otro atacaron a sus compañeros que no ofrecieron resistencia alguna. Quienes estaban vivos cuando la mujer dejó de cantar desenvainaron sus espadas o puñales y cercenaron sus gargantas al sentirse indignos de poseer la vida que tenían.

Había decidido refugiarse dentro de la montaña, exhausto como estaba, Grumman se introdujo por aquella enorme cavidad y caminó lenta y agotadamente por el eterno pasillo internándose cada vez más. Comenzó a percibir un calor cada vez más agradable, un resplandor rojizo surgió al fin en el corredor iluminándolo tenuemente. Quizás por un conocimiento ancestral fijado en su ser a través de su alma dracónica, quizás por lo que algunos llamaban instinto, Grumman supo que debía avanzar hacia aquella luz. A medida que avanzaba el fulgor se hacía más y más fuerte, los ojo de Grumman pudieron entonces percibir la textura de las paredes, las examinó con detenimiento pues le llamaban enormemente la atención. Parecía como si hubiesen sido cepilladas con un enorme pincel de pelo de marta. Estiró su mano y rozó los surcos dejados en la pared, continuó caminando hacia la luz, hacia el calor hasta que dio con una formación rocosa a modo de puente que conducía a una plataforma circular que colgaba cientos de metros por sobre un río de lava. Caminó hasta el centro de la misma, se recostó sobre el suelo disfrutando del intenso calor y se durmió.

-¿Piensas dormir mucho más?-

Otra vez aquella voz pesada, grave y pausada sonaba en su cabeza. No, esta vez había algo distinto, esta vez la voz era real, esta vez hacía vibrar la cueva entra provocando pequeños desprendimientos de roca que se precipitaban hacia el magma fundiéndose casi de inmediato por el intenso calor.
Grumman buscó la voz que, producto del eco, parecía venir de todos lados hasta que por fin dió con dos enormes esferas naranjas e iridiscentes. Tardó unos segundos en comprender que aquello era un par de ojos gigantescos. Se encogió contra la roca en busca de protección.

-No temas pequeño. Pese a lo que digan de nosotros, no solemos comernos a los cachorros de ninguna especie- una risa profunda retumbó luego de finalizadas las palabras y aquella figura serpentina que viese cruzar veloz el cielo se desprendió de las alturas y se deslizó suavemente sobre el suelo.
La bestia estaba cubierta de extensos pelos dorados, livianos pero extremadamente duros que además de dotarla de belleza y gracia le proporcionaba una excelente protección. Su cuerpo estaba cubierto de escamas también del color del oro, grandes, pero a su vez más pequeñas que las placas que cubrían todo el vientre del animal. Tenía cuatro patas tan alejadas las delanteras de las traseras que de pararse en ellas su cuerpo debería elevarse en una curva para poder mantener el equilibrio. Su cabeza astada se hallaba adornada con dos finos y largos bigotes, uno a cada lado del morro, poseía enormes colmillos y un aspecto feroz.

-¿Qué es lo que buscas en mis dominios? Pequeño-

Instintivamente Grumman adoptó su forma dracónica y rugió. La criatura rió con ganas verdaderamente divertida.

-Vaya. Un dragón de Gaia- dijo una vez que el acceso de risa se había detenido -Hace milenios que no veo a uno de los tuyos por aquí- atento a la reacción de Grumman y percatándose de cuanto lo intimidaba decidió cambiar su aspecto.
De repente una fuerte luz dorada que cubrió por completo al dragón lo encegueció. Al abrir los ojos el dragón había desaparecido y en su lugar una hermosa mujer se erguía briosa enfundada en un fino vestido de seda. Su cabellera era lacia y negra y sus ojos sesgados con iris color oro se fijaron en él.
Grumman comenzaba a comprender qué era el laberinto.

-¿Todavía por aquí?- dijo Dimas divertido –El dragón está a punto de entender y tú todavía sigues aquí parado. Te recomiendo que resuelvas el... Laberinto antes de que otro lo haga-
Bathory bufó e inconcientemente adquirió su forma taurina, bramó, pisó sobre el suelo y salió corriendo. Se perdió en el bosque de bambú enceguecido por la ira. ¿Cómo era posible que nada más entrar Dimas ya hubiese comprendido lo que los maestros decían? Debía de estar mintiendo, burlándose de él. Así, perdido entre aquellos pensamientos, preocupado siempre por ser el mejor, el más poderoso, el más fuerte, el más, el más, el más, corrió y corrió hasta que todo se hubo desvanecido y los maestros formaban nuevamente ante él.

Elena se acarició la garganta pensativa.
Aquel poder había surgido desde lo más hondo de su ser, desde una profundidad tan abismal que sólo Las Aguas podían igualar. Comenzó a tener una conciencia diferente acerca de ella y del mundo que la rodeaba, se sentía sobre todo unida al agua, todavía más de lo que se había sentido antes.
El ruido de pasos sobre la hojarasca distrajo su atención, hacia ella se acercaba un joven completamente desnudo, llevaba en su mano diestra un tridente y era dueño de una belleza que obnubilaba el pensamiento de Elena. Se ruborizó y recorrió con la vista el cuerpo del muchacho. Este abrió la boca y cantó una melodía sin palabras que caló en el alma de la mujer, ella se unió a su canto, esta vez alegre y conmovedor y casi al mismo tiempo que el dragón comprendió que era el laberinto.

Miriel y Zib se habían adentrado en el obscuro templo, ambos presentían que algo había cambiado pero no podían precisar exactamente qué. De repente las antorchas que moraban en las paredes se encendieron todas al mismo tiempo, en el centro de la inmensa habitación en la que se encontraban aparecieron dos figuras. La una era un hermoso tigre blanco, de enorme tamaño y largos colmillo, la otra un oso azul erguido sobre sus patas traseras, este llevaba una maza en la mano izquierda y una coraza cubría su pecho, cabeza y antebrazos.

-Ven pequeña- llamó el tigre inspirando una confianza ciega en Miriel.

La muchacha se acercó al felino y pronto ambos abandonaron el lugar dejando a Zib sólo con el oso.

-Tengo mucho que enseñarte- agregó el tigre mientras abandonaban el templo. –Debes saber que eres una Cazadora de espíritus y quizás puede que la mejor de todas-

-¡Eres una vergüenza para los tuyos!- bramó furioso el oso clavando sus ojos iracundos en Zib –¡Un fracaso, eso es lo que eres! Siempre holgazaneando irresponsablemente, más preocupado por comer y dormir que por tus deberes.-

El animal volvió a bramar, Zib casi pudo palpar la ira mientras la bestia cargaba contra el con la maza en alto. El golpe alcanzo al joven muchacho en el brazo derecho y lo lanzó varios metros hacia el costado.
Zib pudo ver horrorizado como el arma de su enemigo lo golpeaba con fuerza, escuchó el ruido que hizo el hueso de su brazo al quebrase, gritó y lloró por el dolor y se acurrucó mientras su cuerpo comenzaba a cubrirse de un bello marrón.

-¡Levántate y pelea!- gruñó el oso mientras le propinaba una patada en el estómago -¡Eres un cobarde! ¡Pelea, pelea o morirás aquí y ahora!- volvió a decir mientras seguía golpeándolo cada vez con más fuerza.

La puerta a la que la guió el tigre los condujo a la nevada ladera de una montaña. Conocía el lugar, lo había visto antes, cuando era más pequeña, aquel sitio era el monte Lutz.

-Este fue el hogar de los Cazadores de espíritus- comenzó su acompañante. –Aquí se iniciaron los más grandes guerreros de Feralis. Incluso el gran Volen comenzó su entrenamiento en estas tierras-

Había escuchado de Volen en las clases del templo y había leído sobre el en antiguos volúmenes. Volen había sido un licántropo poderoso, un Cazador de espíritus y la mano derecha de Ngué en las batallas que se libraran antaño. El gran felino había sido admirado por su valor en combate, por su fuerza y destreza, pero también por su inteligencia y astucia. Las trovas en honor a sus gestas eran miles y narraban sus más impresionantes victorias.

-Tú tienes mucho de Volen- continuó el tigre –Y es por eso que llegarás a ser grande. Pero primero tienes que entender tu verdadera naturaleza. Tienes que comprender qué y quién eres para poder aprovechar al máximo tu potencial, y debes hacerlo porque aquel que no es lo que debe, muere siendo nada.-

La charla con el tigre fue larga y poco a poco Miriel fue comprendiendo qué era ella, quién era ella y cual era el sentido del laberinto.

Los tres habían llegado al entendimiento al mismo tiempo. Dragón, Sirena y Cazadora de espíritus regresaban distintos de aquella prueba. A diferencia de Markus, Bathory y Zib se habían comprendido a si mismos.
Se encontraban en aquel estado de elevación cuando se percataron del cuerpo peludo y marrón que se sacudía presa de mil espasmos a pocos metros de allí. Era Zib, su brazo derecho se hallaba en una ángulo imposible, tenía varios cortes en su cuerpo, un colmillo quebrado y el hocico arañado, su pelambre se había teñido de rojo y se encontraba apelmazada allí donde la sangre la había invadido. Instintivamente Elena comenzó a elaborar una curación mágica pero fue detenida por Dimas.

-No debes involucrarte en esto- le susurró mientras colocaba una mano en su hombro -¿Acaso no entiendes lo que esta pasando?- Elena lo miró sorprendida, luego desvió la vista hacia Zib y comprendió.

Zib había intentado incorporarse y defenderse pero el poder del oso azul era avasallante, sus ataques se sucedían con una rudeza y velocidad imposibles para Zib. Se hallaba exhausto tendido hocico arriba sobre el suelo, incapaz de moverse, apenas si podía respirar. Giró su cabeza hacia su enemigo y la vista nublada le llevó una visión escalofriante. La criatura preparaba el golpe definitivo. Intentó con todas sus fueras escapar pero no pudo mover un solo músculo. La maza se proyectó sobre la cabeza del osezno y acabó con él.
Zib abrió un ojo y vio a su compañeros parados delante suyo, Bath lo miraba con horror y preocupación, Markus parecía algo indiferente, El resto de sus compañeros y los maestros lo miraban con profunda pena y tristeza.
La pelambre marrón desapareció junto con los rasgos osunos al tiempo que la traslúcida figura de un oso azul se formaba a su costado, se erguía en dos patas para luego inclinarse en una profunda reverencia ante los maestros y se desvanecía en el aire al tiempo que una voz colmada de pena decía –Nos es digno de la Lágrima-

Fueron cuatro las semanas que Zib permaneció inconciente, su cuerpo se había debilitado y sus heridas tardaron en sanar. Su brazo no volvió a ser el mismo y aunque el hueso se había regenerado y soldado ya no tenía la misma movilidad y el dolor se hacía presente entumeciéndolo y provocando que fuera incapaz de sostener aquello que estuviese cargando. El combatir con armas pesadas, esas de las que debía hacerse uso de ambas manos, se había vuelto ya una tarea imposible. Además su energía sagrada, su Numen, se había debilitado aún más que su cuerpo y carecía por completo de la habilidad para cambiar de forma.
Bath se acercó a él constantemente y fue a visitarlo todos y cada uno de los días que estuvo postrado, lo invitó a entrenar en cuanto se hubo recuperado pero las cosas ya no eran como antes. Sin el poder que le otorgaba su tótem Zib era muy inferior a sus antiguos compañeros aún si estos utilizaban sólo su forma humana.
Pasaron lo años y Zibwreof se volvió un hombre amargado, no celaba el poder que tenían sus compañeros, esa no era su naturaleza, mas se sentía incompleto y de algún modo vacío.
Mucho tiempo después de la prueba del laberinto los maestros volvieron a reunir a los siete jóvenes y les plantearon una nueva misión. Esta vez la recompensa no sería espiritual o intelectual, en cambio se les otorgaría un objeto de gran poder que les ayudaría a cumplir su cometido.
Ngué extrajo un mapa que tendió a Grumman para que este lo revisara con sus compañeros, en el se hallaban marcadas cinco locaciones.

-En este mapa que les entrego encontraran los materiales que el maestro armero necesita para forjar los objetos que les serán regalados.- Habló el Maestro destructor –Tres de los materiales son minerales, los otros se extraen de peligrosas criaturas. El maestro necesita se hagan de una Piedra Lunar, un Cristal de Hielo y una Roca de Fuego, también necesitará el cráneo completo y dos costillas de Colo Colo, la piel de una Gárgola y una escama y diente de Dragón- Grumman se tensó al escuchar los últimos ingredientes. ¿Cómo podía ser posible que los Maestros lo estuviesen enviando a matar a uno de los suyos? –No saques conclusiones antes de tiempo Grumman- dijo con tono severo el maestro –No tienen porque matar a ningún animal, en el mapa están marcados los lugares más comunes donde encontrar los minerales así como también donde suelen habitar las especies que les mencionamos. Si te fijas una de las marcas se encuentra mar adentro, allí es donde encontraras los restos de un dragón pudiendo tomar uno de sus colmillos y escama. Respecto a las Gárgolas y el Colo Colo tampoco es necesario que los maten, pero tampoco duden en defenderse si se ven atacados. Todo en esta misión que les encomendamos implica un riesgo, demorarán lo que resta del ciclo en cumplir con su cometido pues los ingredientes crecen muy lejos unos de otros. No vamos a imponerles un orden ni a obligarlos a trabajar juntos, en equipos o separados. La elección ese suya. Partirán mañana antes del amanecer- Zib agachó la cabeza apenado, sería una molestia para sus compañeros, un retraso. No tenía la misma resistencia, fuerza o capacidades que ellos. –Zibwreof Shataer- dijo la voz profunda de Ngué –Levanta la cabeza. Aunque tu seas un humano común y corriente y carezcas ya de Tótem debes acompañar a tus compañeros hasta las últimas consecuencias- hizo un silencio incómodo –A menos que también quieras perder tu honor- los ojos del Maestro se tornaron amarillos mientras que sus pupilas se alargaron horizontalmente, Zib no se atrevió a responder.