Ficha de usuario

Datos básicos

Nombre completo:
Franco Taliercio
Fecha nacimiento:
26/05/1987
Sexo:
Hombre
Procedencia:
Santiago de Chile

Estado en la web

Fecha alta:
13/06/2007
Director de juego:
Último acceso:
24/05/2017, 20:42

Información sobre Darth Tarsk

Notas

Hace un tiempo vi que alguien colgaba acá sus PJs más célebres y me sentí con la obligación de honrar a mis PJs de la misma forma. Pondré aquí a todos los PJs que he llevado y de quienes tengo datos pues hay muchos de los que no queda ni el recuerdo (por desaparición de las partidas). Los numeraré aunque solo para efectos de contarlos pues no recuerdo exactamente cual va a antes ni después.

1.- Soldado de Infantería Ivan Scholokovic

Aliens: Conquest: Partida de Space Opera con reglamento parecido a Exalted dirigida por DarkMaste.

Un soldado de infantería auxiliar de la nave. En realidad, no era más que un extra pues fue mi primer PJ en Comunidad Umbría, como un pequeño Espectro Friki y más encima en una partida masiva.

La Criogenia Termina…y se lleva mi tranquilidad.

Aun no he disparado a nadie, y los blancos del entrenamiento no se pueden considerar un objetivo que requiera más que un dedo y un ojo. Pero los veteranos a los que he oído hablar en los sermones de la instrucción siempre hablaban de agallas y decisión…la decisión puede ser tu peor enemiga, sobre todo si tu última “decisión” fue abordar el Conquest.

Nadie puede negar la emoción del viaje y una misión que de seguro pasará a la historia; mientras me incorporó después del malestar propio de la criogenia recuerdo por que me molesta tanto: Falta de Costumbre. Hay soldados que han pasado siglos entre viaje y viaje durmiendo en ese apacible sueño, pero el viaje hasta Auriga Prime es el primero que hago a través del espacio profundo. Aunque pasaría milenios durmiendo en el frío si con eso lograra olvidar de lo que he escapado, pero que lo llevo conmigo atormentándome: Mi Vida.

Nací en alguna colonia espacial con colonos de características cosmopolitanas, marcado por gran cantidad de inmigrantes refugiados (Darkmaste, solo tu conoces el nombre de este lugar). Mi padre es de ascendencia Rusa, y mi madre de ascendencia Mexicana. Desde mi infancia tuve una vida dura marcada por la pobreza de mi círculo social, y las constantes luchas por surgir en esta cruel galaxia.

La delincuencia y los desordenes sociales de mi colonia natal se cobraron la vida de mis padres a mis 17 años, lo que me instó a entrar en el circulo vicioso de la venganza y la criminalidad, a lo que respondí con un escape de la zona con el fin de olvidar todo y forjar una nueva vida.

Entré a Estudiar para ser un Soldado Profesional a los 19 años, después de 2 tristes años de miseria callejera, más siempre una gran dignidad y una intachable conducta legal, pero incluso los buenos espíritus son perseguidos por la tragedia y mis intentos de olvidar solo han generado recuerdos, de entre los cuales destacan robos y vandalismo callejero que cuando se mezclan con pandillas peligrosas a las que molestan, acaban con lo que mas quieren.

Si, la culpa fue mía, todos en mi hogar: mis padres, mi hermana menor y mi tío, murieron quemados porque yo hice cosas que jamás deba haber hecho, y que ya no podré cambiar. Mi madre me enseño que la felicidad verdadera jamás se forja sobre la infelicidad de alguien más, y que no es bueno el que acaba con los malos, sino el que ayuda a los buenos. Y debía honrar a mi madre, por eso la venganza no fue una opción…de eso no me arrepiento.

Por eso me alisté, aunque tengo un presentimiento de que no será un viaje tranquilo, y todo lo que quiero y siempre he querido es vivir en paz, mientras no salve a alguien, y no tenga a alguien que agradezca mi presencia allí, no me habré redimido, y no habré hecho que mis culpas pesen mas que mis logros, y de esa forma alcanzar la paz interior, sabiendo que mi vida es por un bien mayor, y no solo para causar dolor.

Por eso soy sociable y lo mas simpático posible, ya que mi padre me enseño que cada vez que a alguien le causas una sonrisa, salvas a la humanidad.

Me incorporó siguiendo los procedimientos de Acuartelamiento mientras me digo: “Solo Espero que todo salga Bien”.

No recuerdo haber hecho mucho con él. Creo que estuvo en un tiroteo contra unos terroristas y luego se fue a dormir en criogenia. Aún no despierta.

 

2.- Neomarine Maltesse Falcon

Aliens: Conquest: Partida de Space Opera con reglamento parecido a Exalted dirigida por DarkMaste.

Era un PJ ajeno que utilicé como reemplazo en una batalla, el primer asalto de los enemigos que trajeron el virus Hades a la Conquest. Lo tomé y luché en ese combate hasta que terminó y volvió la seguridad. Luego se fue a dormir su criosueño.

 

3.- Capitán Neomarine Caine Deathsword

Aliens: Conquest: Partida de Space Opera con reglamento parecido a Exalted dirigida por DarkMaste.

Era un Sargento Neomarine que fue descongelado cuando hubo un ataque a la nave en la que viajábamos en busca de un nuevo mundo. El mando decidió destruir el planeta infectado por el virus Hades y envió al Escuadrón 4 para apoyar la operación. Así es como mi PJ bajó al planeta y luchó contra hordas de mutantes hasta el punto de vencer a su propio superior una vez mutado. Así es como se transformó en el Neomarine de mayor rango en todo el universo. Es un tipo muy fuerte, rápido e incomparable en combate, dotado con una espada de última tecnología que utiliza como nadie. Es compasivo, muy obediente y con una falta de desprecio a los civiles pocas veces vista en un Neomarine. En este momento duerme en su criosueño a la espera de ser nuevamente necesitado por la humanidad.

 

4.- Radoslav, el Azote 

Los Dhaeva de Transilvania: Partida crossover de todo el antiguo Mundo de Tinieblas dirigida por DarkMaste.

Bandido lugarteniente del famoso bandido Iakov El Ensartaojos

Nací en Sofía, la capital del Imperio Búlgaro, el 26 de Mayo del 922.

Miembro de una familia de nobles menores, fui criado entre frías damas y salones, ya que los miembros masculinos de mi familia eran todos caballeros, quizás esa crianza es lo que hizo de mí un chico más bien débil. Mi padre tenía tierras en el Imperio y relación con la Guardia del Zar, lo que me aseguró un puesto en esta a los 16 años, sobre todo después de un incidente que tuve en esos tiempos.

Iba con mi padre desde el castillo hacia nuestro hogar, él me había llevado a ser presentado ante el Capitán de la guardia para integrarme a ella, mi estatura, prodigiosa para esa edad, había llamado la atención, mas no tenía el carácter para luchar contra un hombre de verdad.

En el camino de regreso, nuestro carruaje fue atacado por bárbaros magiares, y los criados que nos acompañaban murieron en el primer ataque, mas mi padre era un gran guerrero, y no dudó en enfrentarse al grupo, ya que no era muy numeroso, pero en el enfrentamiento, quedé solo y recuerdo como uno de los bárbaros me atacó, pero estaba la lanza de nuestros criados. La tomé y no dudé en atravesarlo con ella, la fuerza, tanto de mi cuerpo como de mi alma no demoró en brotar, levantando al hombre empalado. Luego lo dejé caer, y fui detrás de otro que estaba en las cercanías, y por la espalda, le atravesé el cuello. Cuando mi padre espantó a los últimos, yo estaba empapado en sangre, y algo había muerto dentro de mis ojos, y había nacido algo mayor, más oscuro y terrible. Eso me cambió para siempre.

- “Ja ja ja, había olvidado eso, la primera vez que maté.”

Me digo mientras acechamos una caravana con monjas y pocos guardias junto a la Banda Sacaojos de Iakov, mi Banda.

Matar a los 16 años, después de jamás haber visto sangre es algo que te marca. Después de ese incidente me recibieron con los brazos abiertos en la Guardia del castillo, me entrenaron en equitación, estrategias de guarnición, tuve largos turnos de guardia que cumplir, recibí bases de medicina, entrenamiento en combate cuerpo a cuerpo, entrenamiento en todo tipo de armas, sin contar el largo y extenuante entrenamiento físico que realicé, y que hizo de mí el hombre que soy.

Miro mi espada, aún tiene la marca familiar, no es fácil de borrar ese tipo de símbolos. Me la regaló mi padre el día que me aceptaron en la guardia. Aún recuerdo lo que dijo:

- “Toma hijo, esta espada es el símbolo de nuestra familia, mientras estés blandiendo este símbolo, serás un Blaaba. Estoy muy orgulloso de ti, quizás esto no sea mucho, pero si Dios te acompaña, algún día serás Caballero, espero estar ahí.”

No quiero ser Caballero, no quiero ser como mi padre, que murió en una incursión bárbara, sin gloria y sin nada más que sangre derramada. Sus funerales fueron tristes, no hubo nada que me inspirara a vivir así, quiero más, siempre lo he querido. Quiero una leyenda.

Atacamos a los Guardias, es reconfortante luchar y ver nuevamente sangre, es… adictivo. Luchar junto a compañeros es divertido, nunca olvidaré la batalla de Constantinopla, aunque en ese momento lo que menos tuvo es diversión.

Recuerdo que llegamos con un gran ejercito, Nuestro aliados Rusos de Kiev lideraban el ataque. Soltando un poco mi sed de combate me ofrecí a mis superiores para participar en esa lucha, de alguna manera nunca quise ser un simple guardia.

Avanzamos por meses hasta llegar a Constantinopla, en el Oriente. A pesar de nuestro numero, la organización dividida en bloques, generó un desorden, uno que nos pesó demasiado.

Los bizantinos eran astutos y organizados, supieron explotar nuestras falencias, y a pesar de que maté más soldados de los que puedo contar, nuestro ejército tuvo que retirarse. Después de todo fue una matanza, y eso me hace recordarla, pero el sabor amargo de la derrota jamás se borró.

Recuerdo que en el grupo que escapé no había oficiales, así que los guié para saquear los poblados cercanos, y hacer más ameno el camino a casa. Aunque no supuso grandes beneficios. No seria la última vez que derramara sangre bizantina.

Volvimos derrotados a casa, aunque no sin nada, los saqueos nos dieron matanzas, tesoros y mujeres.

- “Y que mujeres eran esas, pero tu no estas nada mal, hermana.” - Digo mientras violo a una de las monjas.

Después en casa, volví a ser un simple guardia, como me deprimía eso, hasta que necesitaron gente para atrapar bandas de bárbaros magiares. Los odio, siempre los odié, fui el primero en ofrecerme. Les perseguimos por semanas, cuando llegaban noticias de su presencia en una aldea, partíamos de inmediato, sólo para encontrar cenizas. Sólo me frustraba, y me hacia más idolatrar el momento de abrirlos en dos con mi espada, pero fueron muy escurridizos. Recorrimos toda Bulgaria en su búsqueda, incluso territorios Moravos recorrimos tras su pista, y nada.

Un joven Caballero se unió a nosotros, su apellido era Kruskul, era inteligente, más de lo que yo jamás seré, él dijo algo de anticiparse a ellos. Recuerdo como era de mañana, la niebla aún cubría el suelo del bosque a las afueras de aquel poblado. Yo miraba a mi alrededor, en el más absoluto de los silencios, y aparecieron, con sus ropajes hediondos y sus barbas mal cuidadas. Pobres criaturas, como disfrutaría verlos sangrar.

Caímos sobre ellos antes de que lo supieran, y matamos a la mayoría en la primera oleada, cuando sacamos nuestras armas de la carne de los cadáveres, el resto ya estaba corriendo, pero unos cuantos se quedaron. Fui a por los que corrían, cuando los alcancé, maté a uno, y otro me atacó, pero le maté y quedo uno, que tropezó al intentar arrancar. Le pisé la espalda y le clavé mi espada en un brazo. Luego se la saqué y le estoqué la pierna derecha, pero no le maté, disfrutaba el momento. Él me pregunto que quería, me pidió que lo dejara ir, creo que era joven, no un gran guerrero como otros que había visto antes, vi el miedo en sus ojos, y le dije mis deseos:

- “Quiero oírte gritar.”

Y gritó, pero sólo para que lo dejara. Eso no bastaba, era débil, y mi intención nunca fue dejarlo. Le corté el otro brazo a la altura del codo, y esos gritos si me complacían, pero Kruskul lo escuchó, y fue allí. Intentó detenerme, me sacé de encima de él y me dijo que no permitiría eso en su grupo, que él estaba al mando, que la batalla era una cosa, y la tortura algo muy diferente, y un montón de basura más.

Allí, solos entre esos árboles, sin testigos, le corté la cabeza al caballero cuando me dio la espalda, y su sangre brotaba igual que la del resto de hombres que había matado. Y debo admitir que fue aun más satisfactoria su muerte, porque aparte de lo que significaba por sí sola, me era útil, porque recibiría los elogios que él no. Además, ya no le soportaba, malditos caballeros, ya tuve mucho de ellos, siempre tan correctos, siempre tan nobles, los odio.

Cuando volvimos con las noticias de la muerte de los bárbaros y que el caballero había muerto a manos de ellos en el enfrentamiento, hubo elogios para él, pero para mí no hubo elogios ni premios, sólo más trabajo de guardia.

- “Maldito Kruskul, le maté porque le odiaba, pero a ti te mato porque no puedo llevarte, y eres una carga.” - Digo mientras atravieso a la monja con mi espada.

No fue la ultima vez que matamos bárbaros, pero sí la que mas recordaré, el resto fue sólo trabajo.

Miro el cuerpo de uno de los guardias que asesiné, de una raza hermana, similar. No es como cuando matas bizantinos, pero el sabor de la muerte de los miembros de países vecinos también es bien apreciada por mi espada.

Recuerdo que en el 944 la alianza con los Rusos de Kiev se rompió, y aunque había luchado a su lado en Constantinopla, me bañé en su sangre sin ninguna contemplación, las pequeñas incursiones a sus aldeas, a pesar de no ser gloriosas, me daban placer, sobre todo violar rusas, eso era vida.

Pero los saqueos menores terminaron cuando me llamaron a realizar saqueos en la frontera de Constantinopla. Algo de una guerra contra Musulmanes y que tenían bajas sus defensas, y que más se yo. El hecho es que era nuestra oportunidad de realizar saqueos. Pasé hasta finales del 944 realizando saqueos en la frontera Occidente del Imperio Bizantino. Ahí me hice de renombre, alguien me vio luchando y me llamó: “El Azote de Bizancio”, pero se comentaron algunas de mis otras luchas, y el apodo se redujo a simplemente “El Azote”. Debo reconocer que me gustó, tenía estilo, era amedrentador, y sobre todo, me hacia popular. Me daba el pie para comenzar mi Leyenda, pero entonces descubrí por que ésta nunca llegó.

Ahora que veo a Iakov marchar hacia el campamento, me ratifico lo que pensé en el momento de conocerlo, fue en nuestra última incursión:

Mi grupo se acercaba a un poblado, era un poblado que ostentaba a todas luces tener gran cantidad de riquezas, cosa que sólo después de la caída me daría cuenta de lo antinatural de eso. Le asaltamos de noche, ya que creíamos habernos acercado sin ser percibidos, cuando llegamos a las calles, nadie estaba ahí, pero bastó que pateáramos una puerta, para que un destacamento completo de soldados bizantinos nos emboscara.

Todo había sido un truco para atrapar a los búlgaros saqueadores. Caímos completamente, la mayoría de mis hombres murieron, el resto se dispersó, y si no es por la suerte de estar cerca de un establo cuando llegaron los enemigos, yo tampoco podría haberme salvado de aquella matanza.

Vagué solo por semanas, para cuando llegue a Bulgaria, todos sabían de nuestra derrota. Mi superior, el que siempre me dejo ir a las incursiones por mis capacidades demostradas, me dijo que le había fallado y decepcionado, que por mas hábil que fuera con la espada, no tenia la inteligencia, la astucia y la estrategia para ser un verdadero líder, mi arrogancia me cegaba y no me dejaba ver claramente que era mejor, no lo suficiente para guiar a mis hombres a la gloria, y que por mi culpa buenos hombres habían perdido la vida.

Pero dijo que aún me necesitaba, y como compensación me dejaría seguir en la guardia, pero me dijo, como amigo, que olvidara las incursiones, para siempre.

Eso me destrozó, no podía soportar la idea de ser un miserable guardia en un castillo al que ya siquiera respeto profesaba, hombres que jamás serian lo fuertes que yo era, me mandaban. Era incluso peor que haber muerto en la batalla.

Pero por eso Iakov tiene mi vida a su servicio, por que ya la salvó.

No pasó una semana cuando me llegó el rumor de que en las mazmorras estaba encerrado el Audaz Iakov “El Ensartaojos”, cuando lo escuché, ni siquiera supe quien era, había estado fuera mucho tiempo. Pero no demoré mucho en enterarme de sus hazañas, y todo lo que hizo mientras yo estaba fuera, y de su captura mientras yo cazaba bárbaros. Entonces pensé, esta es mi oportunidad, él tiene la astucia que yo no tengo, si nos uniéramos, nuestra leyenda seria inolvidable.

La idea de la traición me era tan tentadora, como indiferente me era la causa de los búlgaros. Años de matanza lograron hacer que mi única causa fuera el botín de la matanza, sin despreciar el placer de la misma. Probar mi poderoso puño es algo que jamás podría hacer como guardia, y ese no era el destino de “El Azote”.

Pero Iakov llevaba mucho tiempo encerrado y esperando morir, no seria fácil una huida, entonces basé mi plan en mis conocimientos médicos, necesitaba varias semanas, incluso meses para recuperar el estado de un hombre, dependiendo de su situación actual. Tenia que actuar con rapidez.

Por suerte conocía al guardia de las mazmorras, quien tenia el turno nocturno, luchó conmigo en el 941, en Constantinopla, y saqueamos por varios pueblos juntos, Capresku se llamaba, era Caballero, pero una lesión lo tenia haciendo turnos de carcelero. Le hable de algunas historias, y recobre lazos con él, bebimos unas botellas juntos, recuerdo lo bueno que era para la bebida. Le emborraché y le convencí de que durmiera, que yo seguiría con la guardia, y mientras dormía. Tome las llaves y fui en busca de Iakov hacia su mazmorra.

Iakov nos da felicitaciones por el trabajo, y nos habla de los que quedan por venir, nos da esperanzas de que vamos a un buen destino, esperanza, ja ja ja, es lo que menos tenía el día que le conocí, si debe agradecer a alguien, a ese es a mi, yo le di esperanzas, a la vez que él me las daba a mí.

Al entrar en la celda, un fétido olor me golpeo en la cara, recuerdo que pensé que ya estaba muerto, pero al verlo con vida supe que si hubiera muerto, en esa celda habría mejor olor.

- “¡Estas Vivo!, sabia que un tipo como tú no podía haber muerto solo en este agujero.”

Le dije que era una leyenda, pero que todos le daban por muerto, y él me respondió con su voz famélica, pero aun a través de su lastimada garganta, se oía el sonido de la soberbia. Ese tono lo conocía muy bien.

- “¡Soy Radoslav, “El Azote”! ¡He matado a muchos!”. - Cuanto me enorgullecía decirlo, sobre todo a alguien que seguramente lo apreciaría.

Le dije que me enviaron a matarlo si aún no lo estaba, pensé que eso le mantendría atento a las posibilidades, luego le presenté la opción de liberarse, pero no antes de que prometiera llevarme, si era tan astuto como cuentan los rumores, podría dejarme en cualquier lugar para que me atraparan, y no me daría cuenta hasta estar en una mazmorra.

Le cambie de celda, y puse un cadáver en la suya, eso distraería la atención, ya que le haría creer al resto que ya esta muerto. Le alimenté todos los días con comida muy nutritiva, todas las noches embriagaba a Capresku, yo aguantaba mucho mas que él, y mientras él dormía, llevaba cosas e instrucciones para Iakov.

Así paso un año, y mientras él se recuperaba, se acercaba la hora de nuestro escape, debía ser perfecto, y necesitaba un disfraz para Iakov. Así que mi cercanía con Capresku me sirvió perfectamente, debía matarlo y robar su armadura para Iakov, pero sabía que Iakov necesitaría lo mismo que yo necesitaba para encender su alma… sangre. Así que le lleve a Capresku borracho a su celda, y se lo preparé, para que viera su sangre brotar.

Con la armadura de Capresku, el escape debería ser más sencillo.

Iakov Tiene la espada en su mano, la misma espada que le di de un guardia durmiente, recuerdo cuando le di esa espada, apenas podía tomarla, ni pensar en blandirla. Esa noche escapamos del Castillo, caminamos, mientras Iakov se hacía pasar por Capresku, tomamos caballos y nos fuimos hacia el portón, pero el rastrillo estaba abajo, no seria fácil conseguir que lo abrieran.

Dejé a Iakov en el patio, y fui solo a la barbacana, dentro había un guardia, le dije que iríamos al pueblo por mujeres con Capresku, pero él me dijo que Capresku estaba de guardia y que no podía abandonarla. Recuerdo lo nervioso que me puse, le dije que uno de los nuevos lo había suplido, porque estaba demasiado ebrio como para cuidar, pero no me creyó, quizás pensó que sólo queríamos salir para festejar. No creo que haya sabido la verdad hasta que termino asfixiado por mis manos. Era la única forma de que no emitiera ruido. Entonces empecé a subir el rastrillo, pero los guardias de los muros comenzaron a gritar, entonces me aseguré de que el rastrillo quedará en una altura suficiente para que pasaran los caballos y Iakov.

- “Vamos Iakov, sal de las Murallas, Vamos. ¿Por qué tardas tanto?”

Me decía a mi mismo al sentir la demora de Iakov, pero cuando cruzó el rastrillo, me apresure en cortar la cuerda del mecanismo, cortarle el otro extremo y correr por las escaleras hacia el muro. Los soldados no sabían qué pasaba, y no me atacaron hasta que me lancé con la cuerda amarrada en un bloque del muro para descender la muralla.

Cuando llevábamos varios kilómetros, me di cuenta que Iakov estaba malherido con una flecha en su espalda y otra en su pierna. Temí por su vida, pero más temí por mi futuro, un prófugo sin lugar donde ir.

En esa noche llegamos a las afueras de una granja, vi que tenía establo, y era perfecta para esconderse, al fin y al cabo, yo conocía los procedimientos de búsqueda búlgaros, sabia por donde buscarían primero.

Destrocé la puerta de una patada, había una familia dentro, habría violado a las mujeres, pero estaba preocupado, no estaba de humor para eso, así que les pregunté donde tenían agua y fuego, me dijeron lo que necesitaba y luego les maté.

Calenté agua y preparé vendas, necesitaba a Iakov vivo, así que me esforcé por ayudarlo, dejé a los caballos escondidos en el establo y los alimenté. Pasó una semana antes de que Iakov despertara, y aun así después de ese tiempo me sorprendió que despertara y no simplemente muriera, era alguien fuerte en verdad.

Después huimos hacia el Oeste, fue una persecución cruel e implacable, pero logramos huir hacia Moravia, después hasta Polonia y luego a Cracovia, pero no fuimos más que fugitivos. A pesar de estar siempre ocupados huyendo, fueron tiempos muy aburridos. Nos quedamos un tiempo en tierras germanas, donde Iakov se recuperé completamente.

Iakov ha terminado su discurso, pero veo en sus ojos que algo le falta, ya le conozco bien, y esa expresión ya la había visto antes.

Tuvo la misma expresión en sus ojos por más de un año. Estuvimos en Baviera y Sajonia, y nos labramos gran reputación como bandoleros, incluso aprendí el hermoso arte de sacar ojos, a manos de Iakov, pero él mostraba esa expresión de insuficiencia en sus ojos. Hasta su mente atacó, hablaba con los ojos sacados.

Un día le dije que parecía un loco, y me dijo que debíamos volver a Transilvania. Le dije que estaba más loco de lo que creía, y me dijo que volvería con o sin mí. No sé si fueron mis ganas de seguir con él en nuestra aventura, o si aun algo de noble quedaba en mi, que no quería romper un juramento, ya había traicionado por él y lo había perdido todo. No quería hacerlo otra vez.

Varios meses después entrábamos en tierras Transilvanas, llegamos a un poblado llamado Satu Mare, donde nos expulsaron violentamente, ya que no creyeron que fuéramos nobles. No sé por qué, yo soy noble, y Iakov actúa muy bien. Ese maldito Conde Tiberiu Bratovich manchará mi espada con su sangre algún día. Pero nos desquitamos bien de él saqueando y quemando una iglesia de su condado, lo mejor de eso es que la quemamos con mucha gente dentro, ja ja ja. Fue lo mejor de todo.

Desconozco los alcances de la percepción de Iakov, recuerdo que una vez llegamos a un pueblo llamado Klausenburg, donde un hombre nos hizo ofrecimiento de trabajo, algo que a mí me sonaba bien, o sea, él era el dueño del pueblo, sabia quienes éramos y nos quería contratar para hacer su trabajo sucio. Pero Iakov le hablaba con desconfianza, como si supiera algo que yo no, insistieron en su conversación. Yo en verdad no sabía qué hacer, yo habría aceptado la invitación gustoso, pero confiaba en el instinto de Iakov, dejé que él decidiera. Nos marchamos del pueblo ese mismo día.

Miro a mi alrededor, esta banda de niños jugando a ser malos, no es lo mejor que he visto, pero de lejos es lo único que tenemos, con Iakov. Solos no había mucho futuro.

Recuerdo cuando escuchamos de este lugar. Estábamos en Tirgu Mures robándole ganado a su caudillo, cuando escuchamos el rumor de que en Sighisoara había muerto su gobernante, y que el entupido de su heredero se fue de viaje.

Yo no entiendo mucho de política, pero Iakov decía que era un lugar sin gobierno, perfecto para asentarse, así que marchamos hacia ahí.

Tomamos la Tirsa, porque no tenía más que criados, pero el pueblo esta protegido por un bastardo de sangre noble, y tiene varios hombres. Esta considerablemente bien protegido.

Estamos en el camino cuando aparecen los bandidos, intentan asaltarnos, pero su líder reconoce a Iakov, y no sé como, pero en instantes estamos en este campamento, que ahora es nuestro campamento, el de la Banda Sacaojos.

Pronto tenemos espías que nos dan chivatazos, como el de las monjas que acabamos de hacer.

Pasan los días, tenemos enfrentamientos con los hombre del pueblo, y su noble, Gregory Bratovich, comienza a preocupar a Iakov, que se da cuenta que representa una amenaza mayor de lo que pensábamos.

Encontró la muerte en el asalto a una caravana de la familia Basarab, de un flechazo que le mandó Stepan, hijo de Nikolai el Robusto, que le atravesó la nuca y le salió por la boca.

 

5.- Shigraat, el Portador del Odio

Los Dhaeva de Transilvania: Partida crossover de todo el antiguo Mundo de Tinieblas dirigida por DarkMaste.

Un hada Inanimae de la Corte del Otoño, un troll de madera de tres metros con garras como enormes zarpas y ojos rojos, capaz de transformar a las personas en arbustos con solo tocarlos y casi invencible en el combate cuerpo a cuerpo.

El crepúsculo se cierne sobre la colina al momento que las nieblas se arremolinan en torno a la floresta. El otoño esta avanzado y la hojarasca es espesa entre los bosques. Pero en ningún lugar el otoño es tan claro y dominante como en estos bosques, donde el misticismo de los hombres han infundido una mística capa de miedo y leyenda, donde la ampliedad de la zona genera una inseguridad insoportable a los desprotegidos. En este bosque, el Bosque Otoñal, es donde he nacido.

Miro a mi alrededor y sé lo que soy. Soy una criatura nacida del bosque, un ser que nació de la madera de un roble, que es un roble, pero diferente.

En ese momento no sabía las costumbres del mundo que se alzaba ante mi mirada, pero dentro de poco aprendí, cuando fui acogido, todo lo que debía saber del mundo y de lo que yo era, Un Hada.

Cuando abrí mis ojos al bosque, era el atardecer, el ocaso del cielo abrazo y acogió mi nacimiento. Nací a partir de un roble mágico en el corazón mismo del Bosque Otoñal y lo ocupé como hogar durante ese tiempo. Era un territorio olvidado por el mundo, donde viví solo, descubriendo lo que para mi era el mundo. Disfrute de la vida y del aire con la libertad absoluta de la soledad. Disfrutaba entre los árboles de un bosque como este de la forma que solo un niño puede, con ojos que se sorprenden por todo, descubriendo las cosas y dándole nombres. La vida fue tranquila durante 100 años. Cuando uno es inmortal la vida es mas lenta que de costumbre, se disfrutan de las esperas con paciencia que solo la eternidad otorga. Así fue como mi vida fue tranquila, me desarrolle y crecí en la libertad de la naturaleza a la que pertenezco. Hasta que los invasores llegaron.

Humanos fueron los primeros, llegaron para quedarse. Eran colonos, veían mi hogar como un posible hogar para ellos, pero sus conceptos de hogar incluían la destrucción y la incineración de mi amado bosque. Escuché el llanto de mis hermanos árboles, que despertó una sensación nueva para mí hasta ese entonces… Ira.

Cuando les encontré, no sabían que el bosque ocultaba guardianes. Me acerque a uno de ellos, y le ataque, pero el mal me toco. Un eco nacía en mi interior y se agitaba dentro de mi alma, atormentándome. Le maté, pero jamás podré olvidar el sonido de las hachas que usaban, me pone enfermo. Los odio a todos ellos.

Descubrí que usando las nieblas podía dotar a los humanos de la Sagacidad necesaria para no crear más ecos. Así que los ataque ya no fueron abiertos, sino pequeñas escaramuzas en las que hacia correr la sangre de los mortales. El miedo a lo desconocido, producido por las constantes matanzas a manos de algo completamente oculto fue lo que les hizo abandonar el bosque, pero no me contente con que se fueran. Ninguno de ellos alcanzo el limite del bosque, todos ellos, hasta el ultimo de sus niños duerme hoy en la tierra de este hermoso lugar.

La paz no duró mucho, pero esta vez no eran simples hombres los que querían tomar el lugar.

El frío se sintió una noche con especial tenacidad. Yo descansaba entre los robles cuando me di cuenta que el aire se hacia cada vez mas helado. Las sombras se volvían mas espesas a medida que el frío se hacia mas intenso. Entonces me percaté que el invierno acechaba, pero aun no era tiempo de que el otoño retrocediera. Me alarmé y me puse alerta, entonces les sentí. En el limite del bosque, hadas horribles de semblante oscuro y abrigados por el frío gélido entraban en mi territorio. Era maravilloso ver seres nacidos de la naturaleza como yo, pero entonces note la diferencia. El helado peso de sus pasos profanaba el suelo, marchitaba a las plantas y dañaba el equilibrio del bosque, sumiéndolo en un invierno cruel.

El Odio volvió a apoderarse de mí como hizo frente a los humanos, pero este odio era un peligro también para mí, imaginé que no era lo mismo matar criaturas feericas que matar simples mortales. Mis movimientos fueron sigilosos y cuidadosos, pero no por eso menos letales. La sangre feerica fue derramada por mis garras con la furia de un guardián inquebrantable y con el peso del bosque. Los Inanimaes de la Corte del Invierno sintieron el gélido aliento de la muerte portado por mi puño y sus primonatos no fueron capaces de desatar sus nieblas antes de alimentar el suelo con sus vidas. Mis escaramuzas fueron sistemáticas y letales, no había testigos y la muerte silenciaba a las hadas que me lograban ver antes de que pudieran contar lo que sucedía. Fue un periodo oscuro para mí, pero aun más oscuro para los invasores.

Un ocaso distante marcó mi encuentro con los afines. Llegaron con pompas y cantos, atacando y matando a los invernales. Eran de aspecto agradable a pesar de la guerra que se reflejaba en sus ojos. Estaban en paz con el bosque y le defendían del frío letal, eran amigos de la hojarasca y del crepúsculo. Eran mis amigos.

Participe en la lucha como cualquiera de los defensores del otoño y combatí con odio hacia los invasores, un odio que hizo que hasta los defensores temieran mi furia. Cuando la lucha terminó, ellos preguntaron por mí e incluso se me nombró en sus cantos de victoria, mas aún no tenía un nombre, puesto que jamás había necesitado uno. Se me nombro Shigraat, el Portador del Odio, y ese nombre llegó hasta el trono de la Selva Negra.

Recuerdo los ojos de mi Señor y veo en lo profundo de ellos el dolor y otras emociones tristes, que despiertan en él la melancolía de la que los inmortales no podemos escapar. ¿Como podríamos escapar de lo que nos atormenta, cuando somos tan eternos como el mundo mismo? Yo mismo cargo con pesares que no puedo evadir, pesares que me acompañan desde épocas pasadas, y que vienen constantemente a mi memoria.

Abandoné mi bosque para presentarme ante el trono de la Selva Negra, era la hora de mi acogida. Fui feliz al ser acogido y me sentí por primera vez un hada real, comprendía el valor de la vida feerica y de cuan poderosos éramos los eternos nacidos de lo primordial del mundo.

Pasaron años de aprendizaje, supe de los orígenes y las cortes, de nieblas y tejido, y de todo lo que un hada debe saber. Mis rasgos horribles me jugaron momentos desagradables que eran compensados solo por mi poder y mi carácter, temido por su furia y templado por las leyendas.

Las décadas fueron como suspiros y las hojarascas cayeron una y cien veces en la Selva Negra mientras yo me educaba y me templaba como el guardián que debía ser para algún Marqués. La idea no me agradaba, me encantaba saber que defendería el otoño ante cualquier invasor, pero sentía que los jóvenes Marqueses no eran más que niños mimados  destinados a mandar sobre los verdaderos guerreros como yo.

Llego el momento de mi Bautizo. Me sentí infinitamente orgulloso cuando se me nombró miembro de la Corte del Otoño. Se me destinó a defender el bosque del cual provenía. Sabían de mis capacidades y sabían que nada defendería de forma similar a la tierra que amaba y en la que había nacido. Así fue como volví a mi hogar.

La guerra contra el Invierno fue dura, más dura de lo que jamás habría imaginado. Las vidas de muchas hadas se perdieron en los enfrentamientos y los enemigos invernales no dudaban en atacar sin piedad. La carne de los invernales salpicó su fluido vital una y otra vez, manchando mi corteza y mis garras rajaron incontables veces el cuerpo del enemigo invasor, mostrando el interior de los difuntos.

Los años de lucha transcurrieron muy lentamente  hasta que un día en que el Marqués hizo arribo al bosque. Era un joven primonato, ambicioso y criado en la dura ley de los Marqueses fronterizos. Se le miro con desconfianza por haber sido instruido en los dominios del enemigo, mas cuando llegó, demostró que era el líder y cuan dispuesto estaba a ganarse con hechos un lugar digno en la Corte.

Luche con él, a su lado, hombro con hombro. Los años de guerra demostraron que era un líder fuerte y sabio, mas su ambición no tenia limites y su odio hacia la Selva Negra crecía como el mío hacia los invasores.

Me gané un lugar a su lado con honores después de luchar como los valientes. Las voces feericas se amedrentaban en apagados gritos ante mi figura y sus espíritus temían ser arrancados de sus carcasas materiales por mi mano furiosa. Las campañas desgastaron la solidez del puesto, se lucho tanto que ya se había olvidado como era la paz y por lo tanto, el  único motivo para seguir luchando era destruir al enemigo. Era un motivo débil y por lo tanto no tardo en ser un vago consuelo a no saber por qué se luchaba. Las hadas luchaban cada vez con menos pasión, pero yo seguía siendo una llama inapagable en medio de la tormenta, y conforme los enemigos caían abatidos a los pies del roble, el odio se hacia más intenso y más energía tenía para matar y acrecentarlo en un infinito circulo de odio y destrucción.

El Marqués se fascinaba de ver la destrucción y muerte causadas por mi ira y mi odio irracional. El azote efectuado a las filas enemigas tornaba la lenta, desgastadora y al parecer inútil lucha en una guerra con significado, una victoria más para la corte ante enemigos débiles y desmoralizados. Pero los vientos del invierno engañaban y las apariencias no eran más que la imagen retorcida de la realidad reflejada sobre el hielo eterno.

El Marqués Noderoth Sdersath sentía una fascinación por los humanos que yo no podía explicar. Me desagradaban esas criaturas pequeñas y con limitadas capacidades. Su incapacidad de sentir las nieblas y sus cortas vidas marcadas por la condena y el sufrimiento siquiera me inspiraban la lastima que surgía en algunos de mis camaradas, sino solo desprecio. Un profundo y oscuro desprecio. Gastó su tiempo en obtener niños impuros, cambiados, mitad hada y mitad basura mortal. Me desagradaban por su sangre humana, pero respetaba los designios del señor, que los veía como instrumentos útiles, indispensables en el camino a la gloria de nuestro santuario. Las brujas del otoño prosperaron y alimentaron con regalos y ofrendas el ego del Marqués, mas en el momento de nacer los cambiados, estos lo abandonaron y se mostraron desdeñosos de no tener un padre como conocían. Con el tiempo fueron llamados a la corte y acogidos, pero la mancha del humano jamás se disolvería entre lo hada de cada uno de ellos, y la traición renacería.

La guerra contra el invierno siguió siendo solo un lejano rumor. Ya no había ataques como los de antes y las incursiones de nuestra parte estaban limitadas ya que no conocíamos el reino del enemigo.

Incluso los gustos extravagantes de nuestro señor contaminaron nuestro baluarte con sucia presencia humana. Un mago persa que conocía de las hadas, pedía auxilio ya que era asediado en su tierra. Trajo como presente una daga del hielo de la reina invernal. Lo odie, lo odie más que a muchos humanos. Su conocimiento arrogante, sus modales refinados que intentaban hacerlo menos burdo ante nuestros ojos feericos. Era una burla, un insulto.

Tiempo después la Selva Negra llamó al Marqués a ayudarles en la marca oriental contra unas bestias que asediaban el reino y que eran tan terribles como un troll. El Marqués aceptó el llamado y mando parte de sus tropas en busca de la tan valiosa información. Le rogué que me dejara ir, quería matar a esas criaturas, quería verlas sangrar como a los mortales que ensuciaban los dominios, mas mi señor se negó y me dijo que debía quedarme cuidando nuestro hogar junto a él. Que yo era uno de los pocos en los que confiaba y que me quería a su lado. Acepte a regañadientes.

Durante un buen tiempo no recibimos noticias, pero luego vino la triste verdad. La mitad murió en esos combates despiadados, con su sangre brotando por garras de infectos híbridos mitad-hombres y mitad-bestia. La otra mitad abandonó a nuestro señor, uniéndose a la Corte de la Selva Negra. Malditos sean sus cuerpos por abandonar al Marqués y a su grandeza. Los bastardos de la Selva Negra, con su corte engrandecida a base de mentiras y basura, lograron acertar un duro golpe a nuestro señor, quien solo les profesaba amor a sus tropas. Más de una vez me gané su amor con mi servicio fiel y desinteresado, pero los ambiciosos estúpidos que se unieron a la selva negra, solo vivirán para verse transformados en marionetas, tristes copias reflejadas en la escarcha del noble servicio que ejercían acá.

No lo permitiría, no dejaría que se fueran de al lado de mi señor sin sufrir por sus consecuencias. Partí sin que siquiera mi señor lo supiera hacia el corazón mismo de la Corte de la Selva Negra. Entré en los dominios, y busque a los desertores. Durante años los perseguí. Todos y cada uno de ellos murió de forma misteriosa y terrible mientras se encontraban solos, muchas veces sus cuerpos fueron encontrados desgarrados y completamente seccionados. Pase mucho tiempo matando a los traidores al Marqués.

Después de años de cacería dentro de la Selva Negra, me di cuenta que había perdido mi camino. No era un guardaespaldas, no era un asesino ni un sicario. Era un guardián, y no era guarda de mi territorio lo que llevaba haciendo, mas mi trabajo había empezado y mientras no fuese terminado, tanto yo como el Marqués corríamos peligros. No abandoné el centro de la corte de la Selva Negra hasta que el último desertor hubo sido eliminado. Bueno, casi todos.

Uno de los precursores de la deserción, especialmente quien llevó al resto a unirse a la Selva Negra, se había ido a otro extremo de la corte para defenderla. Por alguna razón, los nobles de la Selva Negra no lo aceptaron en el centro de la corte. Así que después de seguir su pista por mucho tiempo, me enteré de que se me había escapado de las manos. Mi trabajo, aunque no era mío por encomienda sino por vocación, aun no había sido completado y el más infame de los desertores aun respiraba el aire de la estación. Debía morir.

Crucé toda la corte, pisé suelo de diferentes Marqueses y mis garras mataron criaturas extrañas varias veces antes de encontrar a mi presa. De todos modos mi presa, estaba fuera de mi vista, yo no sabia donde estaba ni donde encontrarlo.

En su búsqueda me encontré con criaturas de diferentes tipos. A los extraños hombres lobos, de los que todos temían, su carne raje y despedacé. Sus garras hirieron mi piel y debo reconocer la furia y el arrojo con el que luchan. Son criaturas fascinantes y guerreros admirables. Les mate con orgullo y reconozco su honor. Les sentí en uno de los bosques que recorrí y les aceché. Las nieblas me sirvieron bien para mezclarme en el bosque, y con el tejido mantuve toda la situación bajo mi control. Finalmente cuando ataqué a los Lobos, la estación me brindó su apoyo para obtener mi victoria definitiva en nombre del ocaso. Mi sangre feerica se derramó en partes de mi maltrecho cuerpo, desgarrado por sus devastadores golpes, pero un hijo de la naturaleza no se rinde con facilidad ante aberraciones advenedizas. Mi cuerpo maltratado encontró sanación en el abrazo dulce del bosque, y después de una jornada, este roble se levantaba listo para buscar a su victima.

Después de la batalla contra los Lobos, sentí humanos en mi camino. Rezaban y adoraban a un extraño Dios entre llamas, clavado a una cruz de madera y coronado de espinas. Para mí no eran más que basuras mortales esperando el fin de sus latidos. Como emisario del odio de las estaciones a su impureza y debilidad, gustoso les presentaría a su Dios.

Hice lo que sabía hacer desde hace mucho tiempo. Me escondí entre ellos asimilando su sucia forma mortal. Una vez dentro de su aldea, cerqué los límites con muros de espinas. Cuando los mortales se dieron cuenta de que estaban atrapados, y comenzaron a dispersarse dentro de su aldea para buscar una salida, aproveche el caos para transformar a muchos de ellos en arbustos. Era simple, solo bastaba con llegar a su lado mientras no te veía, y tocarlo hasta que se transformase completamente. Me maravilló mi nueva habilidad, era una hermosura dotada por el otoño para reciclar a los bastardos humanos hacia organismos de la floresta. Pero luego de las desapariciones iniciales, se reunieron junto a una pira en el centro y comenzaron a rezar. No entendía que era todo eso, y sentí curiosidad de saber que era. Me acerqué a la pira y comencé a escucharlos. Sonaban tan patéticos y débiles que no merecían ni el placer que les otorgaba al darles forma arbórea. Pero había algo ahí que me llamaba la atención, el fuego. Nunca me había dado el tiempo de mirarlo bien. Era fascinante, sus colores, su calor, el caos y el determinismo que encerraban aquellas siluetas siempre móviles. Luego entendí que era un enemigo terrible, pero yo no temía a ningún enemigo. Intenté tocarlo y me quemé, fue una sensación horrible. Me descontrolé y tome mi forma feerica en medio del horror y los gritos de los humanos presentes. Entonces sentí al mal nuevamente atacando mi alma. No pude evitar que entrase, y el dolor causado por la flama dejo un eco irreversible en mi alma. Corrí del lugar, y el atravesar los muros de espinas me ayudaron a escapar. Descansé convertido en árbol, pero cuando desperté tenia claro que no abandonaría esa zona hasta eliminar a esos hombres, sus cruces y sus antorchas. Al anochecer, doté de sagacidad a un pequeño grupo de caza de los hombres y luego les desgarré la carne con furia. Al día siguiente hice lo mismo con un grupo de recolectoras, después con uno que otro perdido. Me aseguraba de rodear la aldea de espinas en esa interminable tarea de destrucción selectiva. Para cuando no quedaron más que unos pocos refugiados dentro de la aldea. Dividí la aldea con muros y entre a cada una de las casas y destruí a sus habitantes con odio sin comparación. Extraje la piel de la carne de los humanos sin distinguir si eran hombres, mujeres o niños. Todos fueron cadáveres para cuando ese día llego a su fin.

Desde ese momento, odié el cristianismo más que cualquier otra religión mortal. Debí haber tenido más cuidado con ellos cuando muchos años después me volví a encontrar con ellos, pero esta vez en las tierras que yo cuidaba. Desde ese momento me llame “Azote de Humanos”, ya había matado a muchos de ellos y no dudaría en volver a aniquilarlos.

Busque al desertor por toda la Selva Negra y aun por lugares más lejanos. Pero después de mucho buscar, mucho tiempo incluso para un inmortal, le encontré. En el extremo más occidental de la corte. Cuando supe que estaba en ese lugar, preparé mi ataque con calma, mas cuando le vi, no pude evitar matarlo sin ninguna contemplación. Su poder era grande, mas no era rival para mi odio. Le destrocé y frente a sus restos irreconocibles me di cuenta de que esto era honor, pero que había sido una gran perdida de tiempo. Pensaba en como estaría en esos momentos mi señor y como le había abandonado. Sabía que nadie le apoyaba, sabía que no le creían más que un advenedizo de la Selva Negra. Pero yo le amaba, porque en la intimidad que genera la sangre derramada en batalla, él me había demostrado que era digno de su titulo, no porque fuese un gran guerrero, mi poder no era igualado por él, pero aparte de su gran poder mágico, tenia el fuego interior de quien lucha con un propósito, el valor sin limites de quien no conoce el miedo y el arrojo de quien nació para ser grande. Había demostrado ser mi señor.

Comencé mi camino de vuelta al bosque otoñal. El viaje de décadas que hice al salir de ahí se redujo a muy poco tiempo cuando mi fin era respirar el aire del otoño imperecedero, mas cuando llegué, no fue a mi señor a quien encontré.

El bosque estaba invadido por las aborrecidas hadas invernales, una batalla se había librado y a pesar de las evidencias de que varias hadas lucharon por mi señor, ninguna vida estaba en ese paraje. Por lo que vi, incluso la misma reina frígida había pisado ese suelo sagrado, congelando hadas a su paso. Maldije el día en que me separé de mi señor por culpa del odio y el rencor. Pero ya nada había que hacer, creí que todos habían muerto y que ese paraje era tierra invernal para siempre, mas aún así, moriría antes de dejar ese bosque en las garras del  hielo frío.

Comencé a acechar a los efectivos invernales, les acechaba como una enorme sombra hasta que los golpes del roble destrozaban sus cuerpos. El misterioso asesino sombrío ataco a diestra y siniestra y desmoralizo las tropas invernales del lugar. El mito de que el otoño mismo estaba destruyendo a las hadas invernales se propagó más rápido que el fuego en la hojarasca. Algunos decían que el Marqués había vuelto, fue ahí cuando supe que el Marqués seguía con vida. Con más razones debía limpiar ese bosque para su regreso.

Maté sin ninguna piedad, con más odio del que se puede sentir sin deformar el rostro, mas mi rostro ya era deforme y solo reflejaba la ira indescriptible que sentía el defensor de la tierra invadida. Además del compromiso de quien había fallado a quien le necesitaba, quien estaba en deuda. Me llamé a mi mismo “Daño de Invasores”.

Las escaramuzas y emboscadas ocasionales se volvieron más terribles para las hadas invernales que ya temían más al bosque que a la furia de su reina de hielo. La muerte se escondía detrás de cada árbol. Pero un día el rumor de una batalla llego a mí, cantando su inspirada canción en el viento otoñal.

Corrí con toda mi pasión hacia el ruido, y entonces le vi, mi señor, el Marqués. Estaba luchando codo a codo con sus hadas para recobrar su reino. Me inflame de alegría y descargué la emoción en el combate que resulto con el Marqués nuevamente sentado en su trono del Equinoccio y conmigo a su lado. Rogándole me perdonase.

 - “Oh mi Señor, Marqués Noderoth Sdersath. Le he fallado. Seguí a las hadas que le abandonaron, por orgullo y honor de usted, pero aun más por odio y rencor. Les maté Señor, les maté a todos. No me arrepiento Señor mío, pero pido tu perdón. Jamás debí abandonarte a tu suerte, entre hadas pusilánimes y desleales. Cuando te abandonaron mas que nunca debí permanecer a tu lado, mas mis impulsos me vencieron y no pude evitarlo. Me arrepiento, oh Señor Mío.”

Pero mi señor me perdonó, no me pidió que me matase ni me dio castigo alguno. Me confesó que cuando me fui, el había pensado que le había dejado por su debilidad. También me dijo que cuando me volvió a ver en la batalla, pensaba que era un regalo del Crepúsculo para con él por haber demostrado valor y fuerza. Le dije que jamás le dejaría a menos que él me lo ordenara. Que le Crepúsculo esta a su favor porque nadie tiene mas de él que el Marqués Noderoth Sdersath. El me sonrió.

El tiempo pasó en relativa calma. Los caminos se abrieron y el Bosque Otoñal fue nuevamente un gran reino. Por esos años apareció Korkasse, llamó mucho la atención del Marqués y por mucho tiempo compartieron conocimiento. Le mostró lo débil que eran los limites del bosque y como había sido de fácil destruir todo los nuestro con semejante falta de defensas. Juntos todos reforzamos el reino, sus defensas y dejamos el Bosque Otoñal como un lugar mucho mas seguro. Las personas del bosque se sintieron más a gusto, se transitó más por los caminos e incluso llegaron más humanos para pedir la protección que el bosque brindaba en contraste con el triste e inseguro mundo exterior.

Pasaban jornadas enteras conversando y mi señor lo amaba. Así que yo también comencé a amarlo, claro que yo no entendía nada de lo que hablaban, jamás entendí mucho más de lo que estaba a mi alcance. Se trataban de igual a igual y yo notaba en el rostro un agrado inmenso en esa forma que a mi parecer era un poco vulgar de referirse hacia un señor. Me habría gustado causar esa felicidad en él, mas yo jamás podría tratar a mi señor de una forma que no fuera la de un humilde sirviente.

Después de un tiempo, Korkasse se encerró en su laboratorio para algo que no sabia de que se trataba. Todo lo que supe es que era referente a la guerra contra el invierno. Al cabo de un tiempo no tardo en llegar el susurro del frío invernal, abrigado por la noche. Fue una lucha increíblemente ventajosa para nosotros. Los artefactos de Korkasse eliminaban a los invasores de forma insuperable, marcaron una diferencia táctica que los invernales no podían superar. Maté gran cantidad de hadas invernales y una victoria fue lo que se impuso esa noche. Una gran victoria para la Corte del Otoño del Marqués Noderoth Sdersath.

Después de esa batalla, Korkasse se volvió muy popular y admirado, pero no lo aprovecho. En vez de eso se recluyo cada vez más en su laboratorio de forma aislada e incomunicada. Imagino que su gran mente despegaba de este mundo de vez en cuando. Aun así mas de una ocasión defendí su imagen de los sin respetos que pregonaban habladurías en su contra lejos de sus oídos y los de su señor. La paz pasó por muchos años, mi señor se preocupaba mucho por Korkasse y por el invierno, Korkasse no daba señales de vida y el tiempo era prospero. Los informantes de mi señor le contaron que era imposible entrar en el Bosque Invernal debido a un campo mágico, fue solo entonces cuando tuve la premonición de lo que se venia. Se invadiría el Bosque Invernal como incontables veces lo intentaron y lo lograron las hadas invernales contra este lugar.

Un día Korkasse reapareció en la Corte, el salón se impacto al verle. Se veía radiante y alegre. Hablaba de cosas que no entendí, hasta que hablo de la Reina Safne y su trono. Mis púas se erizaron y mis garras palpaban su camino hacia la superficie, el odio intenso que sentía hacia la Corte Invernal después de años y años de cruda guerra era más grande que cualquier otra emoción presente dentro de este cascarón de madera. Las palabras que hablaban de acabar con el enemigo me inflamaron en pecho y era imposible apaciguar mi emoción de destruir a la Reina con un garrazo certero que destrozara su fría y mil veces maldita existencia. Volvió a trabajar en su plan, y al rumor común de su locura se unió una admiración y la ilusión de acabar con el frío de una vez por todas.

Korkasse desapareció nuevamente, mi señor pregunto por el con una desesperación palpable. Vi angustia en sus ojos, a pesar de que disimulaba su preocupación, así que organice muchos grupos de búsqueda. Se le buscó por todos lados y no se le encontró. Pasaron muchos años antes de que mi Señor aceptase que quizás Korkasse se había ido. El gran proyecto nadie lo toco por orden expresa de él. Nadie quería tocarlo tampoco, pues nadie entendía lo mas mínimo de él. El abandono de Korkasse fue un golpe terrible en mi Señor, estuve a punto de partir a buscarle para darle fin a su vida, pero me había prometido a mi mismo que jamás volvería a salir de ese bosque si no era de la mano de mi Señor o con sus ordenes expresas de que lo haga.

Un día estábamos todos en una audiencia en el salón del trono, cuando Korkasse apareció. Era diferente, era digno y orgulloso portando el crepúsculo en su aura. Mi señor bajo de su trono y le saludo, él se fue de inmediato a trabajar. Todos estábamos sorprendidos, incluso pensé que mi señor sabia que regresaría. No dudo de las capacidades del Marqués, pero esto era extraño. Aunque no más extraño de lo que era Korkasse siempre.

El proyecto de Korkasse fue más extraño que nunca, pero aun así se le pensaba como un gran hada, el heraldo de nuestra victoria contra el invierno. Todos teníamos la ilusión de poder penetrar las defensas de la Reina Frígida, pero aun más inspiradora era la idea de vencer a la Corte del Invierno de forma definitiva para siempre.

Pero un mal amenazaba los movimientos de mi Señor entre el mundo mortal. Unas extrañas criaturas que parecían humanos pero no lo eran, causaban terror entre los mortales. Después de investigar, se nos informo que eran sus cadáveres que los atacaban, pero con conciencia libre y mucho más poderosos de lo que eran en vida, además de eso, eran inmortales. Eso fue desmentido después de unas cuantas incursiones entre las aldeas donde se sabia de movimientos de estos “Vástagos” de no se quien. Se revelaron y murieron, representaron más amenaza que los humanos, pero no eran nada comparados con los Lobos con los que ya me había enfrentado. A diferencia de estos últimos, mi Señor se preocupaba mucho de ellos por los hilos que movían en las sociedades mortales, a él le preocupaba el control de los hombres, y estos cadáveres amenazaban su poder en estos círculos.

Fue por esos días que el portal de Korkasse comenzó a mostrar actividad. Primero fue una tenue luz roja que trajo consigo a unos insignificantes hombres. Matamos a la mayoría sin mayor esfuerzo, con unas pequeñas perdidas. Incluso capturamos a algunos con vida para enterarnos de que venían de oriente, muy lejos hacia oriente. Después de eso, Korkasse volvió a trabajar en él hasta que un día una brisa gélida soplo a través del portal, en mi interior imagine que el camino estaba listo, pues esa brisa ya muchas veces la había sentido, acompañada de muerte y dolor. Era la brisa del invierno, pero esta vez, la acompañaba un canto. Era bello pero nada acogedor, era la voz de la persona que tanto sufrimiento y dolor había causado, haciendo que el otoño retrocediese asustado para cubrirse de un hielo invasor, era la voz de la muerte fría, era la voz de la Reina Safne. Mas mi Señor no permitiría que aquella canción de muerte manchará aquel otoño eterno, y con su arpa entono la belleza de sus notas sublimes y con acordes tan maravillosos como los tonos de los rayos del sol muriendo en el atardecer, acallo la voz fría de la reina y se impuso con la calidez de la hojarasca y el canto del ocaso. Ese canto se torno en muerte y en el otoño venciendo al frío. Era el réquiem para la Reina Frígida, y para nosotros, sus enemigos letales, determinados por la eterna lucha incansable de las estaciones, era la música de muerte más bella que podía sonar. El destino de la Reina había sido sellado con música y miel.

Para la tarde del Equinoccio Autumnal, día en el que el portal alcanzaría su objetivo y todos podrían por fin, asaltar el Bosque del Invierno. Pero mi Señor me hablo, me dijo que debía quedarme cuidando el bosque, como lo había hecho desde antes que él llegara. Yo le dije que no podía, que no era lo mismo, que no era capaz de cuidar un reino, incluso le rogué que me llevara, que no me alejara de luchar a su lado, mas él se negó y me dijo que debía quedarme. Mi odio se agito en mi interior, no podría obtener mi venganza. Korkasse invoco el poder del crepúsculo y con una brisa el portal se abrió, dejando a la vista un páramo invernal, corrió a la cabeza del ataque, mi Señor y sus tropas tras el. El portal no tardo en cerrarse y dejarnos solos.

Me sentí solo y desamparado ante los cambiados que me miraban, mas no le fallaría a mi señor y guardaría la gloria del Bosque Otoñal hasta su regreso. Al principio todo fue bien, pero no tardo en sentirse el hambre. El otoño no me obedecía como lo hacia con mi señor, y mi poder era la lucha, no el reinado. Me esforcé y las hadas se esforzaron, nos sobre esforzamos tanto que no tardamos en agotarnos. El bosque aun se veía bien y proveía a sus habitantes cuando los invasores llegaron. Los cambiados estaban agotados, el tejido era una amante celosa que nos obligaba a usarla. Los humanos llegaron con sus cánticos, sus hachas y su fuego. Nosotros ya estábamos bloqueados y la lucha más nos bloqueo.

No habíamos siquiera comenzado la lucha cuando los Cambiados me abandonaron, dijeron que no debían quedarse, que debían volver con los mortales y abandonar las nieblas. Los maldije mil veces por su abandono.

Aun quedaba yo, lo sabia y no podía dejar de pensar que yo era lo único que tenia el bosque. Hable con mis hermanos árboles y les pedí consejo, pero solo me decían que debía unirme a ellos. No los escuche y maté humanos, levante muros de espinas y transforme a algunos en animales y plantas, y a cada día de lucha, la ley mas me reclamaba. Luché contra los espíritus para que me obedecieran, pero no pude. Finalmente me devolví al centro del Bosque Otoñal, me posicione en el lugar desde el que por primera vez vi el mundo y me dispuse a dormir.

Y aquí estoy ahora, encerrado en esta corteza. Tarde me doy cuenta que los árboles solo ven pasar el tiempo a través de una nube y nada pueden hacer para alterar los hechos. Escucho los gritos de los árboles que mueren bajo hacha y fuego, claman para que les ayude, claman para que evite su destrucción, claman por la venganza que exige la floresta, pero yo no puedo vengar a nadie, solo soy un viejo roble que soñó con ser alguien. Ese sueño ya termino y ahora debo dormir, debo descansar, debo olvidar. La noche esta cayendo.

Sirviente del Señor de los Tempanos, quien al marcharse del Bosque Invernal lo dejó a cargo. Su poder mágico no fue capaz de detener el hielo que congeló el bosque y tuvo que marchar con todo su pueblo por Transilvania en busca de su hogar ancestral. El viaje tuvo penurias y alegrías, donde conoció a gente y forjó lazos pero también tuvo muchas pérdidas. Venció a un líder Garou en combate singular y logró llegar con unos pocos al Bosque del Otoño pero este había sido profanado por los cristianos y ahora ya no les daría cobijo. Marchó con los suyos fuera de Transilvania en busca de un lugar mejor al que ir.

 

6.- Alexander Giovani

Sangre para todos: Partida de Vampiro la Mascarada dirigida por Jdm.

Un Giovanni de 11º Generación, experto en Dominación y buen luchador, megalómano y seductor, enviado junto a su hermana para encontrar a un científico Malkavian perdido. El sujeto había dicho encontrar una fórmula para la creación de sangre artificial que podría cambiar el destino de la Estirpe pero desapareció poco después. Los Giovanni habían financiado su investigación pues sabían que si no hacían ellos, otros lo harían y reportarían los beneficios, pero el Malkavian fue secuestrado y la fórmula robada. Viajó junto a su hermana, con quien tenía una relación incestuosa, para encontrar al sujeto. Ella era la experta en investigación y en Nigromancia. Pasaron por muchas penurias y ella fue asesinada en una rebelión de los Nosferatu provocada por el Sabbat en fauces de un cocodrilo ghoul. Se obsesionó y buscó la forma de obtener el poder necesario para un asalto a la fortaleza de la Sociedad de Leopoldo, donde tenían al objetivo. Juntó aliados de varios tipos diversos y planeaba atacar con todo cuando la partida se cerró por problemas del Director. Le faltó un final épico pero le tomé mucho cariño pues fueron muchas las situaciones que viví con él en más de 2 años de partida.

 

7.- Alatos

Crónicas de la Sangre I: La Flor del Amaranto: Partida de Vampiro el Requiem dirigida por Shovel, Nomak y Psicomante.

Un Nosferatu guerrero, cargado con dos grandes hachas en la espalda, agresivo y sediento de sangre.

Nací en el año 1046 en la ciudad de York, Inglaterra. Hijo de una familia pobre, me crie en las calles donde aprendi la dureza de la vida. Mis padres se volvieron mendigos cuando ya no pudieron trabajar y yo robaba para que poder sobrevivir, pero entonces noté que mis padres eran un estorbo para mi, asi que con 15 años, les abandoné y me fuí a Londres por un futuro mas prometedor.

Cuando llegué a la ciudad, comence a robar para comer, e incluso me vi envuelto en la lucha contra unas bandas y conoci el color de la sangre humana. Mi vida era miserable y violenta, pero veia la gloria de los soldados, quienes eran respetados y vivian de la corona. Deseaba tener su poder y verme como ellos, inspirando miedo y respeto a todos los ciudadanos, asi que logre entrar a la guardia y ser entrenado en el ejercito.

Durante años servi como soldado y guardia del castillo, incluso desarrolle mis habilidades entrenando. Pero en el año 1066, la muerte del Rey Eduardo subio al Rey Harold Godwinson al trono, lo que no seria muy bien recibido por los otros posibles herederos. En septiembre de ese mismo año, el norte comenzó a ser atacado por los Noruegos, que eran unos barbaros vikingos, incluso se decia que un hermano del propio Rey Harold acompañaba al Rey Noruego en su marcha. Yo fui llamado para marchar hacia mi ciudad natal y detener el avance vikingo.

En tan solo cinco dias llegamos al rio Derwent y cuando nos preparamos para atacar, el Rey dio su discurso: "En la batalla nunca debemos escondernos detras de los escudos... Mi armadura dice: Alza la cabeza, donde la espada encuentra al craneo..." entre otras cosas. Lo encontre una verdadera estupidez, pues no queria morir y si para vencer debia esconderme y apuñalar por la espalda, estaria encantado de hacerlo.

Cuando intentamos cruzar el rio, un enorme vikingo sin armadura y con una enorme hacha custodiaba el puente. Sin ayuda alguna, elimino a treinta hombres sin gran dificultad. Era un enemigo increible, pero desobedeciendo la orden de mi superior, tome un tronco del agua y cruce el rio silenciosamente, hasta llegar al otro lado y esconderme. Cuando estuve seguro de que el gigante de mas de dos metros estaba concentrado en el ejercito, rapidamente me puse tras de él y le atravese con mi lanza. Fui aclamado por ello Luché contra los Noruegos y di muerte a muchos de ellos antes de terminar victorioso.

Poco menos de un mes desde mi primera batalla, Guillermo, el Conde de Normandia ataco Inglaterra para conquistarla. Fui enviado a Hastings para detener a los Normandos. Cuando la batalla ya habia empezado, me mantuve en mi posicion y rechace a la infanteria, pero cuando ella retrocedio, insté a mis compañeros a que les persiguieramos, pues estaba euforico con la batalla y solo pensaba en revivir la gloria obtenida en el puente del Rio Derwent. Corri por el campo con toda mi division, hacia el suroeste, donde matamos a tantos como pudimos, pero entonces, la caballeria nos rodeo y comenzo a destruirnos. Si no fuera porque soy rapido y fuerte, hubiese muerto ahi, incluso recibi un fuerte golpe de un mayal me llego en la cara, dejandome una cicatriz de por vida, pero logré refugiarme en unos arboles laterales y me escondi, para poder volver al frente. Mis movimientos fueron indetectables en medio de la batalla, pero cuando llegue a mi ejercito, este estaba siendo masacrado. Desde los arboles vi como a mi Rey le atravesaban la cabeza con una flecha y supe que debia huir. Corri hacia el sur y me arranque mi tabardo y mi armadura, haciendo desaparecer cualquier rasgo de mi procedencia.

Por semanas recorri el sur, dirigiendome hacia el canal de la mancha. Sabia que debia cruzar para alejarme de las matanzas, pero no sabia hablar otro idioma que ingles. Una noche, encontré unas tierras de labranza en medio del bosque y encontre una gran mansion ahi. Parecia un palacio, me acerque y llame por caridad. Una hermosa mujer rubia me recibio y me dijo que no habia nadie mas ahi, que su amo llegaria a la noche. Sabiendo que era mi oportunidad, con golpes en la cara de la mujer logré entrar y desgarrando sus ropas la violé para luego asesinarla con mi espada. Entre en el lugar y comi todo cuanto pude, esperando la noche para asi interrogar al noble por sus objetos de valor, los que planeaba llevarme despues de robarlos y matarle.

Mi sorpresa fue inmensa cuando aquel hombre aparecio desde el sotano y no desde el exterior como esperaba. Era un hombre extraño de cabello oscuro. Hacia extraños gestos como los de un animal depredador. Me causo miedo su sola presencia. Antes de que me diese cuenta de lo que hacia, estaba en un rincon, paralizado de miedo y contaba mi historia. El hombre se rió de mi y me alabo por mi fortaleza y mi frialdad. Me dijo que por episodios como el causado por mi es que necesitaba un fuerte aliado.

Fui transformado en mayo del 1070, despues de mas de tres años de ser su Ghoul. Su nombre era Armus y era miembro del clan Nosferatu. Me enseño como vivir en las sombras, me enseño a leer y me entreno duramente en el combate con armas para ser su guardian, un guerrero perfecto, pero pronto notamos las diferencias entre nosotros. Mientras él disfrutaba de la soledad y su aislamiento, yo deseaba conocer a otros como yo y disfrutar de mi don. Queria unirme a causas y ser grande, como habia llegado a ser cuando seguia al Rey Harold Godwinson. Con su permiso lo abandoné el año 1095 y vagué por Europa sin ningun destino hasta que escuché de la Cruzada del Principe Nosferatu en Jerusalem y ahi supe, que ese era el hombre que debia seguir y que es a su servicio donde yo obtendré la grandeza que merezco.

Acudió a una fiesta y salió de cacería para matar a unos diabolistas que estaban acechando en la ciudad. No fue mucho lo que pasó con él pues la partida se detuvo mucho tiempo y cuando se retomó, fue cerrada al poco tiempo. A pesar de ello, le tengo cariño al PJ pues decidí con él hacerme el guerrero más letal posible y creo que lo conseguí, aunque nunca pude interpretarlo mucho.

 

8.- Sargón III Hamsum

Dranthia: Partida de Canción de Hielo y Fuego ambientada en el mundo de Dranthia dirigida por HadorDorLomin.

Una partida táctica donde habían múltiples casas con sus propios reinos y se enfrentarían alrededor de una trama principal. La partida nunca llegó realmente a empezar pero gracias a este PJ conocí el reglamento, que me gustó mucho. Lo hice para ser un gran guerrero y, a pesar de no haberlo probado nunca en batalla, creo que lo era.

 

9.- Sir Elmore Dutyer

Expedición al Castillo Ravenloft: Partida de D&D 3.5 ambientada en Raveloft y dirigida por Clint.

Un Paladín de Torm transportado al semiplano del Pavor.

Una sola vez en mi vida he visto esas terribles brumas, pero ha bastado con esa unica ocasion, para volver mi vida una pesadilla de la que jamas despertaré.

Nací en una acomodada familia noble de Amn, la casa Dutyer, famosa por tener muchos integrantes en la Orden del Corazon Radiante. Mis parientes pertenecen a la Corte y son una familia muy respetada dentro de los circulos acomodados. Es por esto que siempre fue mi deseo convertirme en un Paladin, al igual que mi padre, sus hermanos y su propio padre.

Tenia yo 18 años recien cumplidos cuando fuí nombrado Cabellero de la Orden del Corazon Radiante de Amn, en Faerûn. Fue el momento mas feliz de mi vida, pues todas mis aspiraciones a luchar por la justicia y llevar mi vida por un camino de gloria y rectitud estaban haciendose reales como recompensa por tantos años de entrenamiento, estudio y servicio.

A partir de entonces, comence a ejercer funciones de conciliador, negociador y combatiente, siempre bajo el estandarte y los ideales de la Orden. Luché en las tierras de la Costa de la Espada contra mercenarios y bandidos, luché en las tierras del interior contra orcos y ogros, incluso acabamos con un Dragon en una sangrienta lucha en que muchos de mis compañeros encontraron su final. Aun asi, siempre me mantuve en el camino de la Orden, pues el bien era mi sendero y la justicia la luz que me guiaba.

Cuatro años de intenso servicio por el bien llevaba cuando me sorprendio la desgracia. Era una tarde, nos habiamos adentrado en un pantano para acabar con una bruja que azotaba a un pequeño poblado. Iba encabezando la marcha mi superior, Sir Arnold Whenstend, seguido por mi compañero Sir Uther Armington y yo. El pantano era un fetido de oscuridad y muerte, en el que avanzamos protegidos de la divina luz que emitian nuestros puros corazones. Era el anochecer cuando encontramos a las brujas, eran tres sagas que formaban una terrible triada. Luchamos contra ellas como campeones celotes del bien, pero su poder era inmenso. Sir Uther Armington fue el primero en sucumbir ante sus golpes y hechizos malignos, y yo continue mi lucha lado a lado con Sir Arnold Whenstend, pero él cayo ante la ultima saga. En un momento de desesperacion, me inunde con el poder de la justicia y castigue al mal presente en ella, matandola con un certero golpe que separó su cabeza de su cuello.

Me quede ahi un momento, pasmado ante la muerte de mis cercanos compañeros de armas. Mis heridas tambien eran profundas y sabia que no podria vencer a nadie en ese momento si era atacado, pero entonces, las brumas aparecieron. Fue rapido y sin embargo, parecio una eternidad en medio de sombras, entre las cuales no distinguia nada. Primero me sorprendio la densidad de estas, pero luego noté la oscuridad creciente e incluso deje de notar el pantano a mi alrededor. Camine desesperado entre ellas, pero cuando por fin logré salir, ya no estaba en el pantano, siquiera estaba en Faerûn... ahora era un habitante del semiplano del pavor.

Durante unos meses he vagado en estas tierras, buscando mi lugar e intentando hacer el bien por donde puedo. He encontrado compañeros en armas hace unos pocos meses, parecen confiables y me han apoyado en estos tiempos, los peores momentos en los que camino por esta tierra maldita.

Se juntó con un grupo por petición de un pueblo para ir a rescatar a sus hijas que habían sido raptadas. Nunca llegó a hacer mucho pues la partida terminó en el primer combate. Le tengo cariño pues lo hice para ser el cliché paladín de origen noble, educado y caballeresco. Fue mi primer y único personaje de Ravenloft.

 

10.- Ilesor

La ciudad de la Reina Araña: Partida de D&D 3.5 ambientada en Faerun dirigida por Clint.

A este PJ lo quiero mucho pues me esforcé mucho en hacer una historia.

Nací en el seno de una familia acomodada de Aguas Profundas. La posición social de mis parientes más la inmensa cantidad de riquezas que atesoraba una familia noble en ese status me mantuvieron alejado de los trabajos fisicos durante toda mi vida. Como muchos nobles sin grandes ocupaciones, descubrí pasatiempos no muy elevados.

Antes de cumplir los 20 años ya formaba parte de una secta secreta que adoraba al dios oscuro Velsharún de los muertos vivientes. Habia pasado a ser un Nigromante mas en sus filas. Iba a diversos lugares profanando tumbas. Asi comenzó para mi, pero en pocos meses ya estaba levantando a mis propios muertos vivientes, luego cuando ya no habian cadaveres cerca, matabamos inocentes para conseguirlos. Incluso oscuros rituales y pactos demoniacos eran parte de mis obligaciones, las que hacia con fervor y orgullo.

Solo habia una cosa que yo amaba en el mundo. Mi pequeña hermana Circe, era una energetica niña y me amaba como yo a ella. Eramos los unicos que se atendian en medio de una fria familia donde las apariencias significaban mas que la vida misma. Quizas es por eso que en la muerte encontré algo aun mejor que la vida. Pero el amor por el unico ser que me buscaba para abrazarme era algo que jamas cambiaría e incluso mi fervor religioso podia ser insignificante frente eso.

Los Nigromantes no son gente conforme, y a mi me toco descubrir el porqué de que habiendo tantos, jamas logran prosperar. Era una noche cualquiera cuando comenzó la revolución. El segundo al mando, un Nigromante Autentico llamado Razier Drazen, atacó la secta con todos los que se le unieron. A mi tambien intentó, pero yo pensé que el actual Señor Grabdaron Inmercus, seria mas poderoso y vencería. Me equivoqué y estuve a punto de ser asesinado con los otros cuando el Señor se transportó junto a mi y a los ultimos que quedaban a un bosque lejano en las tierras aledañas. Pero la lucha se prolongó incluso ahi, pues el atacante tambien dominaba la magia arcana. La matanza inundó aquellos bosques y la sangre de los defensores era quemada con los conjuros.

El Señor Gabdaron necesitaba mi ayuda, pero una herida en mi costado me inundó de miedo. Corrí, dejando a todos mis compañeros atras, corrí por el bosque hasta perder a mis atacantes. No me importaban, no me importaba nadie, como siempre habia sido. Caí inconsciente por mis heridas y cuando desperté, lo hice en una cama.

Estaba en un extraño lugar dentro del bosque y los druidas se congregaban a mi alrededor. Habian curado mis heridas y me habian atendido. Yo no sentia aprecio por ellos, pero un sentimiento de agradecimiento era mas fuerte que las frias barreras de mi corazon. La idea de que alguien me ayudase sin pedir nada a cambio y sin ninguna intencion maligna me desconcertaba. Pero debía volver, debia organizar un contraataque. Antes de partir, tuve una entrevista con el Archidruida, quien queria conocerme.

Me esperó en una estancia hecha de roble vivo y con una fuente de agua apacible fluyendo a un lado. Era un tipo de baja estatura, pero de él irradiaba una grandeza enorme y un respeto sin igual era lo unico que uno podia sentir al contemplarlo. Cuando me vió, me pidio que me sentase frente a él y comenzó a hablarme:

 - "Sé de la mancha oscura en tu alma. Sé de los motivos oscuros que te han movido durante toda tu vida vacia. En este lugar solo tendras paz y calor. Te ofrezco una redención. Te ofrezco la oportunidad de arrepentirte, pero esa es una opcion que tu debes querer. Nadie puede imponertela y yo no lo haria aunque pudiese."

La colera me inundo como muchas veces en mi vida lo habia hecho:

 - "¿Acaso cree que le haré caso y lanzaré mi vida por el balcon porque un hombre pobre sentado en madera me lo dice? No soy tan estupido, soy mas poderoso que muchos de los que estan aqui, y algun dia con mis filas de no muertos será aun mas poderoso que usted y conquistaré un gran reino. ¿Acaso piensa que quiero quedarme en la miseria abrazando arboles? Nada vale el poder al que puedo acceder. ¡Nada!"

Entonces él me miró con calma y hablo con parsimonia sin igual:

 - "Muy pronto descubriras que hay cosas mas sutiles en esta vida que valen mas que el poder de un mundo entero. Pero hasta entonces te dejaré ir en paz y para entonces te recibiré con alegria."

Viaje a Aguas Profundas con la ayuda que los Druidas me dieron y despues de dias de camino, llegué por fin. Fuí a mi casa y entonces me dí cuenta del horror que habia sucedido. Los Nigromantes habían atacado las propiedades de todos los que se resistieron a la revuelta. El cadaver de mi hermana aun estaba en algun lugar bajo los escombros. La restauracion del lugar tardó semanas y la guardia de la ciudad ayudó en todo lo que pudó. Toda una familia noble habia sido asesinada y mi hermana, a sus escasos 9 años, habia sido violada reiteradas veces y ofrecida en sacrificio sanguinario a Velsharun. Su simbolo aun estaba marcado en sangre en el pecho de la niña.

Lloré y maldije mil veces al Dios Oscuro por hacerle esto a los suyos. Pero entonces me dí cuenta que la violencia solo lleva a mas violencia y que la suciedad y la podredumbre de los muertos vivientes de la zona era identica a matanzas que yo mismo habia efectuado. Habia violado, asesinado e incendiado de esa forma antes. Ahora me arrepentía y estaba muriendo de verguenza, dolor y hedor.

Vagué noches enteras bajo la lluvia sin rumbo, ocultando mi apellido para evitar que los Nigromantes me encontraran, ademas ya no me orgullecia cargarlo. Las calles de Aguas Profundas se burlaban de mi dolor y el carnaval del mundo gozaba y se reia. Yo en cambio, solo podia pensar en su carita y sus ojos llorozos pidiendome ayuda, preguntandome por qué le habia llevado tanto dolor. una noche entendí que apenas lloraba por la muerte de ella y por el dolor que le habia causado, sino que lo que mas me hacia sufrir era mi propio dolor de no tenerla. Me sentí egoista y la verguenza me rebalsaba.

Cuando dejé de lamentarme de mi mismo, viaje a los bosques. Dejé aquella ciudad de tumbas frias para encontrar el unico calor que conocia en el mundo. Cuando llegué, parecí que me esperacen. El Archidruida me recibió de inmediato en sus estancias:

 - "¿Que debo hacer para dejar de sentir este dolor? Por favor, ayudeme. Se lo suplico"

Mis palabras terminaron de sonar mientras yo yacia en el suelo llorando desconsolado. Él se me acercó y me toco el hombro. Su mano calida drenaba el dolor y me hacia olvidar. En minutos, ya no lloraba de dolor, sino de arrepentimiento e impotencia.

 - "Ya has botado la mancha en tu interior, acabas de partir de cero. Ahora, debes encontrar tu propio camino para seguir. Yo te ofrezco uno aqui. No puedes ser un Druida como nosotros, pues es demasiado el daño que has hecho para ser admitido. Pero la luz de Silvanus nos ilumina a todos y estoy seguro de que él ya te ha perdonado."

Me tomo con sus manos calidas y me ayudó a levantarme:

 - "Ahora, hijo de la naturaleza, levantate y adora a los que te dan amor, deja de adorar a los que solo traen dolor y sufrimiento. Abraza la compasion y la vida. Ahora hijo mio, olvida a la muerte para siempre"

Las semanas entre ellos me fueron como toda una vida. Aprendí del gran Silvanus y de como la vida vence. De como el equilibrio de la naturaleza es el regente y su estabilidad mantiene a la vida. Me uní a sus seguidores y le acepté como mi deidad, renegando de las antiguas creencias. Pronto aprendí a adorar la luz que siempre se impone ante las sombras y el sol, como luz de la vida. Amé a la naturaleza como solo un Druida puede hacerlo, aun sin ser uno.

Pero mi ciclo no habia terminado. Aun habia algo que debia hacer para completar mi redencion. Esta vez, los Druidas me acompañaron. Asaltamos la base de la secta, para asegurarnos que nadie mas volviese a sufrir y a desviar su camino por uno que solo le traeria dolor. Mi odio hacia los muertos vivientes y mi devocion hacia el resplandor de lo natural me transformaron el justiciero que debia ser para enmendar los pecados pasados.

Cuando estuvimos frente al Autentico Nigromante, mis ataques no bastaron para derrotarle, pues era mucho el poder que ostentaba. Pero fue el amor y la amistad lo que venció, porque en conjunto con el Archidruida, nos impusimos y el mal encontró su final.

Dias despues en la arboleda le hablé al Archidruida de lo que sentia en mi interior:

 - "Maestro, debo partir. No puedo adorar al gran Silvanus aqui sin hacer algo que enmende todas las atrocidades que he hecho. Debo viajar por el mundo, destruyendo a las aberraciones no muertas que asolan el mundo por los pecados del hombre. Debo ayudar al que lo necesite y decirle a la inmundicia, ahi donde se encuentre que la naturaleza no descansa hasta purificar al mundo de la suciedad que le mancilla."

Una vez mas el Archidruida me miró con sus calidos ojos y respondió:

 - "Pues ve en paz, hijo de la naturaleza." 

Luego se unió al grupo para ir a la Infraoscuridad a detener a las hordas de la Infraoscuridad que atacaban el valle de la Daga. Avanzamos mucho y vivimos muchas cosas. Mi PJ era el epítome de un Clérigo de soporte, curación y cuando se encabronaba, se transformaba en Super Saiyajin para destrozar a los muertos vivientes. La partida no vio fin pero tuvimos mucha acción y fue sumamente divertido.

 

11.- Amon Erhmantraut

Aventuras de la Legión del Trueno I: Partida de Dragon Age dirigida por HadorDorLomin.

Un Mago del Círculo nada típico. Entrenado en él solo para no ser asesinado por los Templarios pero siempre ambicioso de poder y rebelde.

Nací en el este del Bannorn, hijo de un Bann de la zona, viví tranquilamente mientras mi padre era respetado por su capacidad de combate y la forma en que protegía a la población local, único modo de ganarse el nombre en Ferelden. Mi madre era una Maga del Circulo muy poderosa, que había luchado junto a mi padre contra los DarkSpawn que amenazaban nuestro hogar. Yo estaba recién nacido casi cuando el Rey Maric llamó a los guerreros a expulsar al Imperio de Orlais, fueron a la batalla sin dudarlo. Fui criado en mi infancia temprana por comadronas que nunca me dieron cariño real. Mi padres lucharon juntos, espada y rayo, hombro con hombro, pero en la batalla final, mi madre fue alcanzada por una ráfaga de poder mágico que la acabó al instante. Solo mi padre volvió a mi hogar y nunca fue el mismo.

A los cuatro años de vida comencé a mostrar rasgos de poder mágico, drenándole la vida al perro de la familia. Mi padre se enteró y se disgustó. Jamás superó que la magia hubiese llevado a su mujer a la batalla y que esa misma magia la hubiese matado, por lo que prohibió nombrar siquiera esa palabra. Me dio una oportunidad más, pero yo siquiera sabía de qué hablaba.

Cuando cumplí 5 años, el pueblo decidió que mi padre debía dejar de ser Bann y eligió a otro noble. Mi padre quedó devastado, pues decía que había dado todo por este país, incluyendo la vida de su amada y así le pagaban. Se quitó la vida a la semana.

El mayordomo del castillo decidió que yo debía ser llevado donde un tío paterno para ser criado, por lo que partí en una caravana hacía Denerim, donde tengo algo de familia. La caravana estaba compuesta por dos sirvientes, cuatro guardias y yo. Viajamos en paz hasta la frontera del bosque de Brecilia, pero ahí fuimos atacados por unos DarkSpawn. Los guardias lucharon valientemente, derrotándolos excepto por uno que atacó por la espalda al ultimo de los guardias frente a mi. El monstruo mató a los sirvientes y cuando se prestaba a acabarme, un extraño rayo de energía lo fulminó por la espalda.

Un hombre apareció, era quien había lanzado la magia. Parecía un vagabundo y cuando examinó los cadáveres, me miro con una sonrisa en el rostro. Me tomo y me llevó a lo profundo del bosque, a una pequeña cabaña que tenía y donde se escondía. Su nombre era Ericus, era un apostata practicante de magia. Un temido Mago de la Sangre.

Vio en mi potencial y quiso enseñarme los caminos de la magia, especialmente de la sangre. También era un idealista que no estaba dispuesto a someterse a la Capilla y al Circulo de Magos. Por eso se escondía en el bosque maldito del reino, para que no lo siguieran los Templarios. Tenía una colección inmensa de libros de magia y me enseñó a controlar mi poder. Me dijo que tengo un poder innato considerable, pero que debo saber controlarlo para no causar muerte y destrucción involuntaria. Viví en el bosque de Brecilia con él, sin mayor problema, en un constante estudio de magia y el tratamiento de heridas, algo muy necesario cuando se vive en un bosque tan hostil como ese.

Aprendí de él hasta que cumplí 9 años, pero jamás me gustó su filosofía. Siempre creí que si el Circulo de Magos podía darme el poder que quiero, no me importa someterme a ellos. De hecho, sabía que mi padre servía al Rey Maric, por lo que me veía algún día como un Mago sirviendo al Rey. Un día llegaron los Templarios. La verdad es que lo utilicé, pues viví de él, protegido y aprendiendo lo que él me enseñaba y lo que obtenía de sus libros, pero nunca tuve planteado unirme a su estúpida y fantástica cruzada contra la Capilla.

Jamás supe como se enteraron de nuestro escondite, pero siempre he creído que mi poder más el suyo era demasiado para disimular. Lo mataron antes de que pudiera defenderse y a mi me miraron con suspicacia. Les dije que quería entrar al Circulo, que era hijo de un Bann muerto y que él me había cuidado, pero que yo quería servir al bien. Les juré que no sabía nada de Magia de la Sangre y que estaba dichoso de ser rescatado y enviado a la Torre del Circulo.

No sé si fue porque solo era un niño o porque vieron que mis palabras eran sinceras en parte, pero me llevaron a la Torre del Circulo, donde he sido entrenado como Mago desde entonces, continuando con mis estudios ya comenzados y complementándolos con lo que solo puede aprenderse en la Torre. Aquí he aprendido mucho, expandiendo mi poder y destacándome como un buen hechicero, mostrando interés en todos los tipos de magia.

Allí destaqué desde el primer momento, pero siempre se me reprochó que a pesar de mi talento, no tenía el temple y la dedicación necesarias. Estaba acostumbrado a abandonar cuando perdía el interés (Cosa que sucedía fácilmente), por lo que no tenia las calificaciones que podría haber obtenido, todo por falta de voluntad. La verdad es que pensaba que nada merecía tanto sacrificio, estaba acostumbrado a la vida fácil.

Cuando oí de la Legión del Trueno y de los beneficios que reportaba pertenecer a ella, vi la solución al problema. No tendría que oír a más instructores reprocharme mi temperamento caprichoso y soberbio y podría lucir mis capacidades sin estar días meditando las posibles consecuencias entre los pergaminos. A pesar de todos mis dones, soy un hombre de acción y por eso, esta es una oportunidad que no puedo rechazar.

Se unió al grupo pues sabía que habían muchos beneficios de pertenecer a él, incluyendo protección ante la Capilla si decidía irse por los caminos de la Magia de Sangre. El PJ fue diseñado para ser desagradable y creo haberlo conseguido. Ambicioso y egoísta, siempre en búsqueda de poder, acompañó al grupo hasta completar la misión. Fue una entretenida partida.

 

12.- Peregrino

La Compañía Negra: El Dios del Dolor: Partida de La Compañía Negra d20 dirigida por DarkMaste.

Un guerrero Nyueng Bao (algo así como una mezcla entre Samurai y Monje), pobre y extranjero con el fin de mantener a su pueblo a salvo.

Los vientos de la noche en la Gran Sabana azotan de manera distinta que en el día. Los días son templados en invierno, pero en la noche sus vientos gélidos calan los huesos y su humedad asfixiante es como una inmensa e inmaterial mano sobre nuestras narices, impidiendo respirar con facilidad mientras el cielo se oscurece rápidamente con nubes que anuncian una lluvia torrencial de la que estamos cada vez más acostumbrados, pero que parece que en esta fecha son cada vez más escasas. Debe de acercarse la primavera.

Las gotas comienzan a caer sobre mi cabeza  y levanto la vista por debajo de mi capucha para mirar al cielo desatar su furia sobre la mancha negra que somos y que oscurece esta tierra salvaje como tinta derramada sobre un papel.

Ya seis meses han pasado desde que llegué a la Compañía número 12 que salió desde Khatovar hace ya 200 años. He pasado por la instrucción básica a la que me han sometido sin mayores problemas, pues aunque son tipos muy exigentes, mi disciplina había sido forjada en la lejanía de mis tierras, entre el olor de los pantanos y la humedad de mi hogar, donde la espada es la única vía para una vida de honor.

Aun recuerdo las chozas de nuestras tierras, los campos donde se planta el arroz en el agua que movemos del pantano, los animales que encerramos en el lodo para criar y el humo saliendo de los braseros al interior de nuestros hogares, brindando calor y permitiendo cocinar nuestros alimentos. La vida es dura, es cierto, pero también hermosa, pues nadie nos molesta, ya que nuestras tierras están tan al sur que son hostiles y no tienen nada que ofrecerles a los visitantes. Nosotros tampoco se lo hacemos fácil, pues ignoramos a los extranjeros y no les ofrecemos hospitalidad alguna hasta que se vayan. No nos gustan los toscos extranjeros y sus costumbres deshonrosas.

Yo fui entrenado en las artes de la espada desde muy pequeño al igual que lo habían sido varios miembros de mi linaje. Mi padre me llevó donde un respetado Maestro cuando yo solo tenia cinco años. Le serví como criado y ayudante mientras me enseñaba el poder del silencio y de la introspección. Luego de unos años, comenzó a entrenarme duramente en el combate y a mejorar mis capacidades físicas más allá de lo que los hombres normales pueden soñar. Aprendí de la importancia de la espada y lo que esta representa, del deber, del honor, del sacrificio, de la imposición y la férrea defensa de lo que se ama y se tiene. A pesar de que mi maestro era aun más silencioso que el común de los Nyueng Bao, aprendí de él como es que nos mantenemos con vida a pesar de nuestro oscuro pasado y que no llamar la atención es mejor defensa que una fortaleza. Aprendí a explotar la ingenuidad y la tendencia a menospreciar que tienen los bárbaros.

Leía los pergaminos que ocultaban los sacerdotes, solo para la instrucción de los nuevos como yo y así aprendí de nuestra historia, nuestro legado y como habíamos sobrevivido a nuestro éxodo y como debíamos mantenernos. Los pergaminos a veces también hablaban de cómo la espada había mantenido a nuestro pueblo con Fe y con la moral para existir y sobreponerse a cualquier adversidad.

Durante muchos años se prolongó mi entrenamiento físico, mental y espiritual, hasta que finalmente fui investido como sacerdote de la espada, un maestro en armas que vive por la espada, siempre actuando conforme a su deber, su honor y el orgullo de su pueblo. La ceremonia fue una silenciosa entrega de mi espada, una katana forjada especialmente para mí por los herreros más hábiles de mi pueblo. Las pocas palabras que se dijeron fueron las que yo pronuncié como juramento de mi investidura. Desde ese momento, el entrenamiento pasó a ser una filosofía de vida en vez de una obligación y aprender el camino de la espada era mi vida entera. Renuncié a los placeres de cualquier tipo y solo me centré en llevar cada vez más lejos el arte de la lucha, pues es así como la espada nos enseña la trascendencia del cuerpo y del espíritu.

Tenía 24 años de vida cuando decidí que debía partir. El año de los Cráneos estaba escrito en los pergaminos, así como que las doce compañías que salieron de Khatovar antes que mi pueblo estaban encargadas de provocarlo. Nadie sabia a ciencia cierta qué es, pero tiene que ver con la terrible Diosa y probablemente con la extinción de cualquier traidor a su culto, como es mi pueblo. El peligro se tornó real cuando escuché los rumores de que la última de aquellas compañías aun vagaba por el norte. No sabemos que se propone y no sabemos como planea lograr sus objetivos, pero claramente es un peligro que logré el cometido con el que hace doscientos años antes les motivo a salir de las tierras al sur ya hace tanto olvidadas. No podía permitir que aquel suceso ocurriese, debía investigarlo y evitarlo con todos mis medios.

Una mañana fría y húmeda me acerqué a los ancianos y les dije que iría al norte a unirme a la duodécima compañía. Ellos asintieron a mis palabras y partí. Mi equipaje eran mis ropas harapientas, mi arma y más harapos para ocultarla. Llevaba un poco de comida envuelta para el viaje, algo que durase para cuando la pesca, la recolección o la caza no me bastase. Me encaminé río arriba junto a su cauce, durante días avancé hasta que llegué a la primera división de este, donde comienza el delta. A ratos me detenía para pescar algo, lo asaba rápidamente en un improvisado fuego y continuaba mi camino mientras me lo comía.

A veces me topaba con extranjeros, mujeres pobres y de morenas pieles lavando sus ropas en el río. Nadie me miraba y yo sabía que era porque mi pueblo había logrado pasar desapercibido por muchos años como los entupidos mendigos del pantano. A veces un hombre me miraba extraño, pero me veía inofensivo y no me molestaba. A veces un grupo de hombres se acercaban ruidosamente y yo al presentir peligro, me escondía con rapidez y habilidad. Nunca me vio quien yo no quise que lo hiciera.

Así pasaron semanas antes de divisar a lo lejos los primeros lugares más habitados, como Asharan o Praiphurbed, a los que no entré. Solo seguí mi camino por el río, ignorando al mundo a mí alrededor, pues mi objetivo era solo uno.

A veces pasaba hambre y me la aguantaba por días antes de encontrar algo que comer, a veces las mujeres Gunni me tiraban algún resto para que comiera. Sea como fuese, siempre encontraría el modo de sobrevivir. A veces pasaba frío, pero me cubría con mis harapos, y todas las hojas secas que pudiera encontrar, o simplemente me enterraba. Durante meses caminé y sobreviví como pude antes de llegar a Taglios. Era una ciudad terrible, pues sus calles abarrotadas de gente y la suciedad inundaban un paisaje que era como poco aborrecible para mi. Solo estuve una noche ahí, comiendo con otros de mi pueblo que estaban en un peregrinaje. Fue la primera vez que comí bien y dormí en paz desde hace muchos meses. A la mañana siguiente me despedí con una reverencia de agradecimiento y continué mi camino hacia el norte.

Cuando comenzaba el sexto mes de camino, entré en la Gran Sabana. Imaginaba que era un lugar caluroso, pero había llegado a mitad del invierno y las torrenciales lluvias fueron el calido recibimiento que aquella hostil región me brindaba. Su agua me caía y golpeaba cual balde de liquido hediondo lanzan contra los indeseables para que se alejen. Así fue como aquel paraje me recibía, mojándome y enfriándome en una noche tan fría como el hielo y la oscuridad. Era una prueba, mi voluntad se ponía en juicio una vez más, pero yo había entrenado mi voluntad como sacerdote y las inclemencias de un clima caprichoso no provocarían la capitulación de un hombre de convicción y Fe como yo. Mi deber tenía que realizarse y recaía en mí la responsabilidad de ejecutarlo.

Aun recae, pues después de nueve meses de salir de mi aldea, aun arde en mi corazón la responsabilidad de ejecutar mi misión y evitar a toda costa el año de los cráneos. Después de un buscando en la Gran Sabana, encontré a la duodécima compañía. Era mucha gente para mí, acostumbrado a ver grupos de pocas personas. Claramente era una fuerza capaz de enfrentarse a cualquier enemigo. Había hombres blancos, descendientes de Khatovar, negros de las llanuras y otras etnias más. Jamás había visto algo igual, pero de inmediato supe que me equivocaba. Aquel grupo no estaba regido por sacerdotes adoradores de la sanguinaria Diosa. Era otro tipo de unión, algo distinto y único a esa escala. Busqué la tienda donde se reclutaba gente. Justo estaban en eso, pues según los rumores y fragmentos de conversaciones que logré fisgonear y entender, hace poco habían sufrido grandes bajas, y necesitaban reponer tropas.

El hombre enfrente era un tal Gulp, Sargento le decían, y recibía a los aspirantes para entrenarlos y elegir a los mejores. Me quede parado frente a él en silencio, inofensivo y perdido. Debe haber pensado que quería mendigar, pero me preguntó si quería ser aspirante, a lo que respondí con una reverencia. Ya iban a echarme a patadas cuando él los detuvo. Riéndose me preguntó mi nombre, a lo que contesté en su idioma un poco forzado “Peregrino”. Ese es mi nombre en la compañía y quizás por desesperación o como una humorada, pero me recibieron y me permitieron entrenar.

La instrucción no era tan dura como pensaba. Unos pocos combates, unas cuantas pruebas, nada que un hombre disciplinado como yo no pudiera superar. A veces los ejercicios eran duros hasta para mí, pero con voluntad y concentración, todo se puede lograr. El Sargento era un tipo duro, pero no una mala persona. Si uno le demostraba buena disposición, humildad y la boca cerrada, no había nada que temer. Mantengo mi arma en secreto hasta que sea un juramentado, pues eso es lo único que garantizará que no cedan a sus impulsos de quitármela. Por el momento está segura, pues parece que a los miembros les da asco tocar los harapos entre los que la escondo.

Ahora miro la lluvia en la noche de este lugar tan lejano de mi pueblo con un poco de satisfacción. Estoy entre los reclutas, pues después de tres meses de entrenamiento, fui aceptado como uno. No fue difícil, pero me sirvió para aprender acerca de los métodos de ingreso a la compañía. Ya veo que cualquiera con aptitudes puede ingresar en ella, lo que ya es distinto de lo que se suponía hacían las compañías en la antigüedad. Quizás sea una señal de los cambios de fondo que he notado, quizás solo sea un acto de desesperación, el hecho es que estoy dentro y cada vez lo estaré más.

Este es uno de mis PJs más querido pues fue un desafío desde el principio. La partida era de un grupo de mercenarios, donde se podía ganar respeto y hacerse un nombre pero mi PJ ni siquiera habla el mismo idioma que el resto, además de ser un PJ muy reservado que casi no habla. De a poco se comprobó como el guerrero más letal del grupo, disciplinado y frío. Luchó muchas batallas y se ganó su lugar de respeto. Perdió su espada en una derrota contra un enemigo, lo que fue un duro golpe pero la recuperó antes del final, completando el círculo. Me encantó llevarlo y disfruté mucho la partida.

Lamentablemente, con el comienzo de la segunda parte de la saga, mi PJ murió en circunstancias que no me dejaron conforme. El relato final fue el siguiente:

Viento. Sangre y viento. Es todo lo que estas tierras me han ofrecido. Un viento más es el que produce la espada de Segadora y es mi sangre la que salpica todo el lugar. Mis rodillas se azotan contra el suelo mientras veo que un corte más se dirige hacia mí. El olor de mi propia sangre inunda mi nariz y el frío se apodera velozmente de mi cuerpo a pesar del sofocante calor ambiente. Sé que es por la sangre que abandona mi cuerpo y no por los huracanados vientos que se acercan por este y oeste a gran velocidad, formando columnas tormentosas de gran violencia.

Desde que tomamos el Fuerte Chuda, la vida en el campamento ha sido monótona y aburrida. Mañanas de entrenamiento, ración, tardes de entrenamiento y noche de sueño. Así por interminables jornadas. Solo me sacaron de mi monotonía los combates que tuve con hermanos. Luché con Campaña, luché con Lombriz y con Odio. A todos vencí sin más que unos pocos golpes. Es irónico pues ahora Campaña quien lucha a mi lado y que al parecer sobrevivirá después de que yo fallezca.

Cada uno de estos combates fueron instancias donde dos combatientes midieron su capacidad de dañar, de resistir y su estrategia, logrando así comparar cual de los dos es mejor guerrero. Esta comparación es sumamente burda e irreal pero sirve a los miembros para guiarse. Gracias a eso, sumado con mi desempeño en las batallas, obtuve el título del más letal de entre los Hostigadores, título que siempre intenté mantener. No por mí ni por mi reputación, sino porque siéndolo, acerco más la victoria a nuestra lucha. Siempre intenté ser el mejor en lo que hago.

Esa clase de pensamiento es típico de mi pueblo, donde se entrena con disciplina a diario para así conseguir la mayor perfección en todo campo de actividad. Nuestro silencio y nuestra disciplina son el sello de los Nyueng Bao, aunque el mundo solo nos conozca por el primero de ellos.

Probablemente mi destino se selló en el momento en que acepté salir de patrulla al Llano de Galdan para así cumplir con mi deber. No me arrepiento de eso pues de nada me serviría ser un soldado si me quedo refugiado en el campamento. De nada sirve un guerrero cobarde. No soy uno, soy un guerrero que no teme a la muerte y así es como he actuado siempre. Además, ya tendría la oportunidad de quedarme pues se necesitaba gente para escoltar al Capitán mientras se recuperaba. Me ofrecí pues la alternativa era viajar a Cho'n Delor. Odio a los hechiceros malignos y el hedor de la brujería nauseabunda es imperante en esa ciudad. Nuestro patrón no es más que un autoproclamado Dios que ha surgido ejerciendo la más vil de las magias negras, a costa de sangre y depravación. No deseo involucrarme con ellos ni tener nada que ver con sus prácticas. Ni ahora ni nunca, por lo que la idea de evitar verlos aun sea quedándome solo en el campamento, era mi mejor plan. Pero nada de eso alcanzó a darse, pues antes tuve otra asignación.

Ponzoña me envió junto con Campaña para dirigirnos hacia el este, para vigilar desde el Campamento hasta las inmediaciones del Fuerte Escoria. Todos sabíamos que eran misiones con una cantidad no despreciable de riesgo, en la que podíamos encontrarnos con peligros propios de la llanura y de la cercanía del enemigo. ¿Si pensé que podría morir en un enfrentamiento así? Por supuesto que si. ¿Pero qué más iba a hacer?

La idea de salir en una misión era la única forma que tenía de romper la monotonía del campamento. Mis días transcurrían con asquerosa apatía mientras entrenaba, comía y seguía entrenando. Nada de mi rutina cambia nunca. A veces cuando estaba dentro de mi tienda pensaba en Akatsuki. Era una bella arquera Nyueng Bao que conocí, de mi propia etnia y que falleció hace semanas. Podría haber sido mi pareja en esta tierra extraña y rodeados de extranjeros. Me imaginaba casándome con ella en un matrimonio típico de nuestra raza y teniendo hijos a los que enseñarles el Camino de la Espada. A veces terminaba masturbándome pensando en ella para terminar sintiendo una terrible culpa por faltarle el respeto a una honorable difunta, sintiéndome vil y repugnante.

Cuando la conocí y noté que era compatriota, sentí por primera vez que la vida en La Compañía podría conllevar un futuro para mí, que no sería solo una vida de sacrificio y dolor. Sentí que podría tener algo, que podría pertenecer finalmente pero ella falleció y yo volví a ser el extraño extranjero en tierras desconocidas, sin hogar y sin motivo, sin lugar al que pertenecer. Un guerrero de paso que solo no sabe donde ir ahora. El que miran de forma lejana y que jamás sentirán como uno de los suyos. Cuando ella murió me di cuenta de lo increíblemente solo que estoy, con líderes y compañeros pero sin nadie que me quiera y sin nadie a quien le importe por la persona que soy. Hasta el día de hoy, con el filo acerado de la muerte directo a mí, sigo totalmente solo.

Una lágrima cae por mi mejilla mientras el insoportable dolor del corte comienza a disiparse lentamente. No es una lágrima de dolor, mucho menos de alegría. Es la terrible frustración lo que me atormenta. Saber que hay tanto por hacer, que hay tanto que debía lograr, tanto que debía vivir pero que jamás conseguiré pues ahora, que este nuevo corte se dirige directamente a mi brazo. Siento como la arteria de mi axila se corta y comienza a sangrar a chorros pero casi no siento dolor. Solo rabia y frustración mientras mis ojos se cierran.

La oscuridad llega rápidamente a mí a pesar de mis intentos por mantenerme consciente y vivo. No lo consigo y mi vista se eleva del sanguinolento charco en el que se empapa mi cuerpo. Veo como Campaña acaba con Segadora y sonrío satisfecho al saber que mi muerte será vengada por un hermano. Recorro por aire todo el camino hacia el campamento y veo al grupo completo. Después de unos minutos sigo mi camino pues nada me queda ahí. Sobrevuelo el Fuerte Chuda y sigo hacia el sur, pasando por la Gran Sabana y llegando sobre Tres Castores. Los fantasmas de los niños que asesiné bailan burlescos al ver que me he unido a ellos. Intento ignorarles pero su canto chillón se incrusta en mis oídos, imposible de ignorar.

Bajo por el río y paso por toda Taglios hasta llegar al delta, donde mi pueblo habita. Aprecio los paisajes y veo a jóvenes entrenando con sus armas para ser algún Maestros de la Espada. Son bellos de ver pues hablan de la esperanza de mi gente, de una pequeña luz que aún queda en mi pueblo. Busco a mi padre y le encuentro, junto con otros ancianos, meditando. Me siento al lado de ellos pero sé que no tengo el derecho. No soy un Maestro de la Espada, nunca logré serlo pues fui derrotado antes. Me elevo fuera de la choza y por fin lo veo. El camino a seguir está frente a mis ojos, una puerta, una vía para lo que viene. Es momento de dejar el dolor y la pena atrás y continuar adelante. Me acerco, esperando que mis ancestros y alguien más me reciban en la entrada a otro mundo pero nadie lo hace. Solo hay soledad y sombras en mi muerte, tantas como las hubo en mi vida, solo que ahora me acompañarán para siempre.

Y ese fue el fin del gran Peregrino, un PJ que prometía mucho y que perdió todo.

 

13.- Fendor Ferendil

Midnight: El Pozo de la Rebelión: Partida de Midnight dirigida por GatoNegro.

Un Erunsil (algo así como un Elfo de las Nieves) arquero, guerrero y con ciertas dotes arcanas, al más estilo Tolkien.

Nací en las montañas de Veraaden, en el frío norte de Erethor, pues soy un Erunsil, también conocidos como Elfos de las Nieves. Desde pequeño conocí lo que es vivir en el frío y lo que es la crueldad del invierno eterno. En las montañas y los bosques del sur de estas, donde nuestro hogar ancestral se encuentra, entrené desde pequeño para el único fin que los Erunsil conocemos desde hace muchos años: Detener el avance de la sombra.

El poder de nuestra Gran Reina Aradil es enorme y nos protege a todos, pero somos nosotros quienes detenemos a las huestes de orcos que se adentran en nuestras tierras, desoyendo el sentido común que ya deberían tener los secuaces de Izrador.

Me entrené en el uso de los cuchillos de batalla, en el uso de los arcos de MaderaHelada y en como luchar contra los enemigos, anteponiendo la propia vida, pues el guerrero prefiere perecer a ver sufrir a los suyos.

El clima es cruel y cuando estuve en edad de entrenarme contra la naturaleza, aprendí a moverme por los bosques y a sobrevivir en el terrible clima del norte de Erethor, donde aprendí a cazar y recolectar para comer. Pero también siempre existió en mí un poco del poderoso don de la magia, que muchos de mis hermanos desarrollan. Mi madre es una canalizadora de poder mágico muy poderosa, mientras que mi padre fue un cazador que murió en una emboscada en contra de unos orcos que invadieron el bosque del norte. Murió como un valiente guerrero cuando yo aun no hablaba.

Desde el inicio me decanté por seguir el camino del sacrificio valeroso de mi padre, donde mi vida y mi fuerza defenderían a mi pueblo de la mano de la oscuridad, pero mi madre siempre intentó de enseñarme algo de vieja magia. Todos los elfos tienen magia, lo mío es solo un poco más, la que he entrenado para ayudarme en mi labor de vigilar y cazar en la inhóspita espesura que nos separa del mal.

Para quienes conocen Midnight, entienden que es un mundo muy similar a la primera edad de la Tierra Media. Bueno, me hice un PJ muy al estilo de la Tierra Media, inspirado en Beleg Arcofirme del Silmarillion. Un Guerrero con arco largo, dos cuchillos de combate y la capacidad de sanar con magia. ¡¿Qué más Tolkien que eso?! Lo disfruté mucho. Lo único malo es que la partida era solo de iniciación y fue cortita. Espero que por algún lugar vuelva Fendor a demostrar su valor.

 

14.- Soldado IM. Maltesse Falcon

Phase World - Space Odisey: Partida Crossover de Phase World con Robotech dirigida por DarkMaste.

Soldado híbrido Humano Zentraedi, piloto de Valkyrie Fighter, transportado por un evento dimensional junto con un grupo al universo de Phase World.

Me crié en un asqueroso barrio en la ciudad de Nueva York, donde fui abandonado como huérfano después de la muerte de mi madre. Mi padre era un Zentraedi que se había enamorado de una humana durante su misión de espionaje y así se unió a la humanidad luego de ser micronizado. Murió en servicio, cuando unos Zentraedis inadaptados que vivían como bandidos le matasen en un combate después de que llegará el grupo de mi padre a detenerlos. Murió sin pena ni gloria, de forma completamente inútil. Mi madre, una simple humana que trabajaba en un bar, murió en un asalto al mismo de un disparo. Es en este inmundo lugar donde me crié y aprendí a vivir. Me uní a una pandilla y luchaba contra las pandillas rivales cuando no estaba asaltando a alguien o robando.

Así pasaron mis días hasta que cumplí dieciocho años. Un día quise asaltar a un anciano, pero el tipo se resistió valientemente. Entonces me miró y me dijo que le recordaba a un amigo suyo. Le dije que me importaba una mierda y que me entregará su billetera o lo mataría. La verdad es que jamás había matado a nadie, pues no soy un mal tipo, pero la amenaza siempre da resultado. El anciano siguió hablando y me dijo que le recordaba demasiado a su compañero muerto, un Zentraedi llamado Falcon. Sus palabras me dejaron paralizado, pues reconocí a mi padre en su relato. Me increpó, asegurando que yo debía ser su hijo, del cual él le había hablado. Yo estaba como aturdido, él me llevó a un pequeño bar y me contó que el manejaba un VF, y patrullaba junto a mi padre para detener a los Zentraedis rebeldes que atacaban los pueblos por su sed de guerra. Dijo que mi padre era un valiente y que luchaba pues amaba a la humanidad y había aprendido a apreciar las cosas pequeñas de la vida. Dijo que era defendiendo a los inocentes e indefensos que por primera vez había descubierto una buena razón para luchar. Después de un par de tragos, dijo que me parecía mucho a él, y que debía unirme al servicio. Dijo que estaba seguro de que ahí encontraría una buena razón para mi existencia. A mi todo eso me pareció un montón de basura, pero era completamente cierto que me sentía vacío por dentro.

Al otro día, estaba fuera de la oficina del servicio, anotando mis datos y preparándome para enlistarme. La suerte me acompañó y no tarde mucho en ir a la academia, donde me apalearon muchas veces por ser el maldito conflictivo que siempre fui. Incluso me sentía poderoso entre todos esos novatos, pues yo si que sabia pelear en la calle. Busque problemas y los encontré pronto. Casi me conocía mejor las celdas que mi propio dormitorio. Aun así, salí graduado como soldado raso de infantería mecanizada. Anhelaba pilotear un Varitech, y estaba logrando cumplir mis sueños.

Después recuerdo que debíamos escoltar una nave que llevaría a un Dictador Africano. Me importaba un carajo, pero pensé que si había acción, seria el momento preciso para demostrar mis habilidades de combate que tanto había intentado pulir. Pero nuevamente me metí en problemas y me fui a meter con Ryan al camarote del Ripley para colarnos en la fiesta. Gracias a mi brillante idea terminamos nuevamente en un calabozo. Si no fuera porque Ripley es un buen hombre, habría estado ahí dentro mucho más tiempo del que fue.

Lamentablemente, unos tipos nos atacaron, y me pillaron desprevenido. Todo se fue a la mierda en cosa de minutos y lo siguiente que recuerdo es despertar hecho mierda, siendo interrogado por uno bichos extraños que decían ser de este universo en el que estamos ahora. No es que tuviera mucho en mi propia dimensión, pero igual sentí el alejamiento.

A pesar de eso, lo que más sentí es todo el daño que sufrí en el viaje, el que me hizo perder parte de la memoria y mis habilidades. Aun así tuve la suerte de poder volver a una academia militar a entrenarme nuevamente. Ahí si hice lo correcto, ahí logré imponerme por mis capacidades y no por mi don de encontrar problemas. No soy un revoltoso porque quiera, es que soy victima de una sociedad mal constituida (Me encanta esa excusa). Aun así, logré graduarme con ciertos honores por mi rendimiento físico y estoy conforme con el nuevo rumbo que ha tomado mi vida.

Después de eso, no dudé un momento en alistarme para defender a los bichos indefensos de este lugar. No sé que son, pero estoy seguro de que me necesitan y que demostraré mi valor en la lucha.

Eramos unos pocos provenientes del mundo de Robotech a Phase World. Extraños e inadaptados, fuimos los escogidos para una misión secreta de encontrar a un traidor en un grupo de investigación y luego rechazar un ataque zentraedi. Fue una buena partida, épica. No me gusta mucho llevar personajes ajenos (este era el segundo o tercero llamado Maltesse Falcon que llevaba, hechos todos por otro jugador de nombre Maltesse) pero de este me enamoré pues solo por el nombre y un corto prólogo, yo hice todo el resto, historia incluida. Luchó y fue el guerrero del grupo hasta completar la misión después de una épica partida. Luego de la partida, el Soldado Maltesse Falcon fue ascendido a Cabo y condecorado tras la misión en el planeta Talbot. Posteriormente llegó a ser ascendido a Sargento Mayor y a liderar un pelotón mecanizado en el Sistema Priscila Beta, donde falleció en acto de servicio repeliendo el ataque de un Dominador de Mundos. Dejo acá el Epílogo de la partida, que mucho me emocionó escribir.

Dos soldados se juntan en una cantina del Sistema Priscila Beta a beber. Ambos aun llevan heridas de la última batalla luchada, una que tiene a la población reconstruyendo y sobreponiéndose a la destrucción causada. Se sientan, piden algo fuerte que beber y levantan sus copas en memoria de los caídos. Conversan largo y tendido de ellos, repasando uno por uno a sus compañeros de armas, hasta que comienzan a hablar de su superior, también caído durante la lucha:

 - "En la enfermería escuché cosas de alguien que decía haber conocido al Sargento Mayor antes de llegar acá. No sé como se llamaba, parece que había conocido a alguien que estuvo con él en la academia. Me dijo cosas extrañas, como que venía de otra dimensión. Eso explicaría que a pesar de su color y su fuerza claramente no humanas no fuera catalogado en ninguna especie. Eso y la música que siempre cantaba o ponía en la radio cantada por esa tal Lynn Minmey y que jamás nadie ha escuchado. Dicen que llegó a esta dimensión y se unió al Consorcio para hacer algo. Dicen que gracias a él y a su equipo es que Talbotia es un mundo del Consorcio y que incluso más de una vez le salvó la vida al mismísimo Emile Talbot, ese que sale en los libros. Definitivamente era hábil, a pesar de a veces parecer alguien que actúa más de lo que piensa y de tener más de cuarenta años."

Los soldados se miran un momento con un poco de lástima y vuelven a beber, para luego seguir hablando:

 - "Escuché un rumor de que le pondrán su nombre a una sala de la academia o al cuartel, algo así. Auditorio Maltesse Falcon. No suena mal y se lo merece. Aunque no será su sala si no ponen esas canciones que cantaba y ponía en la radio. Mejor deberían ponerle Auditorio Minmey, ya nos tenía hartos de su música que nos obligaba a oír."

Los soldados se ríen de como su Sargento Mayor ponía siempre la única cinta de Minmey que tenía, quizás traída desde la supuesta otra dimensión y de como la escuchaba y cantaba sus letras sin parar. Sobre todo en la batalla. Recuerdan también los feos retratos que hacía de una chica de cabello azul y de como se lamentaba de no haber tenido una fotografía de ella. Recordaban como les insistía en lo hermosa que había sido cuando joven, a pesar de que durante la juventud del Sargento Mayor habían pasado muchos años desde esa carrera musical. Guardan un momento de silencio para seguir hablando:

 - "Lo escuché hablando por teléfono. Recuerdas que una vez al año más o menos pedía permiso y se iba de viaje. Esa vez escuché que hablaba con alguien a quien llamaba Ruso y que lo amenazaba de que si no asistía le daría un puñetazo que le debía por llamarlo "cara verde". Debía ser un tipo muy valiente para llamar así al Sargento Mayor, con lo ligero de genio que era. Eso fue hace unos días, creo que Ruso irá pero él no. Que lastima."

Guardan silencio y miran sus vasos. Ya no desean beber, la verdad es que el licor no siempre ayuda a pasar la pena. El sonido de las maquinas de reconstrucción los sacar de su letargo y uno de ellos, inflamándose en el orgullo después de ser saludado por unos ciudadanos agradecidos, le dice al otro:

 - "Todos aquí le deben la vida al Sargento Mayor. Yo mismo, tú y todos los ciudadanos. Ellos no estaban en el campo como nosotros y no saben como él disparó hasta el último misil, sabes cuanto repetía que los misiles y las armas Naruni eran lo mejor. El Sargento Mayor Falcon, a bordo de su Power Armor no retrocedió y vació todas sus armas, nos cubrió con su propio cuerpo y estrelló su vehículo contra el Dominador de Mundos cuando vio que no podríamos con él de otra forma. Tu estabas inconsciente por tu herida en ese momento y yo te cargaba, también herido, pero nunca olvidaré lo que él decía. Hablaba consigo mismo, le decía a un tal Leonard que lo vería pronto, que en la Estación Talbot estuvo a punto de sacrificarse en un VF sin rifle y que le debía todos estos años a un tal Equis. Que este era su momento de gloria y que había llegado su momento. Sonreía por el monitor y cantaba sus canciones mientras aceleraba contra el núcleo del enemigo. Aun recuerdo su última frase: ... We Will Win!!"

El soldado levanta el vaso hacía el cielo y dice fuertemente para que todo el mundo en el local lo oiga:

 - "Así fue, Sargento Mayor, nosotros ganamos. Ganamos gracias a usted. Salud por el Sargento Mayor Maltesse Falcon. Que todos tengamos un poco de él y que encuentre la paz que nunca tuvo aquí. ¡Por Maltesse Falcon!"

Todo el bar sabía de quien hablaban, habían bebido con él en ese mismo bar pues era un aficionado de la bebida y la comida rápida. Todos también habían oído de la batalla y era una ciudad agradecida de sus héroes. Todos gritaron el típico "¡Salud!" y bebieron lo que tuvieron en frente hasta acabarlo. Luego los dos soldados se pusieron de pie, con un poco de esfuerzo por sus heridas y se marcharon del lugar cantando una canción de una cantante que jamás habían visto y jamás verían, pero que habían sido tantas veces que su oficial al mando la cantaba y la ponía, que ellos ya se la sabían:

"Life is only what we choose to make it... "

"... Let's just take it..."

"... Let us be free."

"We can find the glory we all dream of..."

"... And with our love..."

"... We can win."

"Still, we must fight or face defeat..."

"... We must stand tall and not retreat."

"With our strenght we'll find the might..."

"... There's no fight we can't fight together..."

"... All together..."

"... We can win."

"Blessed with strong heart that beat as one..."

"... Watch us soar..."

"... And with love that conquers all..."

"... We'll win this battle, this last battle..."

"... We will win... We must win."

"... We will win... We can win."

"... We can win."

 

15.- Teniente ESO. Vance Leonard Ripley

Phase World - Space Odisey: Partida Crossover de Phase World con Robotech dirigida por DarkMaste.

Aparte de eso, llevé en la misma partida el reemplazo del Teniente de la misión, abandonado por su jugador antes del final. Después de la partida, el Teniente Vance Leonard Ripley fue ascendido a Capitán y condecorado por su misión en el planeta Talbot. Se investigó la pérdida de su nave y las muertes ocurridas bajo su mando, especialmente cuando quedó establecida la inocencia del Doctor Doombringer y Theron Farsight. No llegó a ser juzgado por una corte marcial, ya que falleció debido a un cáncer terminal un año después de la misión en Talbot. Dejo acá el Epílogo también escrito por mí.

Escribo las palabras que veo necesarias como despedida final. Apenas puedo el lápiz con el que mancho la hoja de papel que tengo sobre una bandeja en mi cama de hospital. A pesar de ello, deseo dejar constancia de lo que viví y de como recuerdo las cosas. Sé que mañana quizás ya no estaré, pero quiero que las personas sepan de mi puño y letra lo ocurrido.

Hace un año que liberamos la Estación Talbot de los peligros que se cernían sobre ella. Mi grupo, inicialmente compuesto por la Alférez Anely Stampthom Baskerville (Gaviota), la Alférez Dalira Eyesight (Pelirroja), el Alférez Ender Ryan (Preacher), el Piloto Dimitri Ignasov (Ruso) y su Servo Sebiot, el Soldado Maltesse Falcon (Zentraedi), el Teniente Xaar Ixval Mitaal (Equis) y yo, Vance Leonard Ripley (Leonard), partimos desde los Astilleros de Tharsis hacía el planeta T/63-3 con tecnología venida de otra dimensión, disfrazados de mercenarios (De ahí el uso de los nombres en clave antes mencionados) para así asegurar la protección de la Estación Científica Talbot, donde el Doctor Emile Talbot junto con su equipo, el Doctor Jack Harlan Reynolds, el Doctor Keyron Doombringer de raza Silhouette, la asistente Minelva Krouss de raza Cathyr y el jefe de seguridad Theron Farsight de raza Seljuk, llevaban a cabo una investigación acerca de la capacidad de pensamiento de la raza llamada Zorts, para determinar el destino de ese planeta. Nuestra misión era asegurar que la investigación se llevara a cabo sin sabotaje alguno, cosa que se preveía por parte de agentes del Imperio Transgaláctico.

Llegamos a la órbita a bordo de nuestra nave, la Hidden Truth, que tenía equipada una lanzadera bautizada de forma improvisada por Ignasov como "Slut Star", un VF asignado a Dalira, uno a Falcon, uno a Ryan, uno a Anely, uno equipado con un SAP para Ignasov y el Caza Ghost. Teníamos armamento de primera proveniente de industrias Naruni.

Una vez llegados, establecimos contacto y pudimos comprobar que la situación en la estación era sumamente delicada, pues habían ocurrido una serie de "accidentes" que retrasaban la investigación. Al llegar, ocurrió un evento que puso en peligro la salud de Ignasov, por lo que estuve seguro de la presencia de dobles agentes dentro de la estación.

Se me ha dicho en la investigación que se cursa sobre mis responsabilidades que hubo muerte de personas inocentes, como serían finalmente el Doctor Doombringer y Theron Farsight. Digo en mi defensa que el Doctor fue descubierto in fraganti saboteando nuestra lanzadera, por lo que yo di la orden de acabarlo. Que me juzgue quien no hubiese hecho lo mismo que yo. Era demasiado peligroso para retenerlo, pues su raza es de alto riesgo. Finalmente volvió a atacarnos con armamento plasma pesado, por lo que su exterminación fue un acto de defensa propia. El caso de Farsight fue distinto, pues siempre supe que era inocente, pero cuando un Seljuk no escucha tus argumentos y te dispara con armamento de plasma pesado, no hay más opciones que defenderse o morir. Fue en ese contexto que su muerte sucedió y me convencí a mí mismo de que era culpable de traición. Equivocado o no, no había más opciones. En el fondo lo lamento, ya no es momento de ser orgullos.

La ayudante Krouss fue descubierta por Talbot como traidora y Falcon se encargo él solo de ella de manera impecable. No había duda ahí y su accionar bajo mis ordenes fue excelente. No tengo nada más que decir de aquello.

Luego volvimos a órbita con los doctores y examinamos las pruebas, deduciendo la veracidad de todo. En ese momento fuimos atacados por un ejercito de Zentraedis transdimensionales, probablemente contratados por el Imperio Transgaláctico. Ordené a Ryan a llevarse a los doctores y a las pruebas en el Caza Ghost pues era el único vehículo aparte de la Hidden Truth con capacidad de viajar a velocidad superior a la luz. El resto nos preparamos para defendernos con nuestro armamento.

Me acusan de haber destruido la nave, con el costo que eso implicó. Me defiendo utilizando como argumento mi conocimiento de la armada Zentraedi. Aseguro que en esa nave viajaba una cantidad de enemigos tan grande que jamás habríamos sido capaces de vencer, sin contar el terrible armamento que ese tipo de naves poseen. Sin dudarlo usé toda la potencia sobrecargada de la Hidden Truth para destruir al enemigo, pues aun perdiendo nuestra nave, fue la elección más apropiada. No me arrepiento en nada y lo digo aunque no le guste a mi abogado.

Fui nombrado Capitán por mi desempeño y estoy orgulloso. Aun no me diagnosticaban el cáncer que padezco y que me han dicho ya que no tiene cura. No me importa morir, lo hago en paz conmigo mismo y mi ascenso es la prueba de que el ejercito me aprecia. Ellos son realmente los que me importan, no los burócratas.

Hace casi un mes me reuní con los sobrevivientes a cenar. Fue una velada agradable y me mostré más amistoso y cercano de lo que jamás hice en la misión. Quizás era la responsabilidad y el peso del estrés de la situación, pero siempre sentí aprecio por mis hombres, sobre todo por los que venían conmigo desde la otra dimensión. Un aprecio que jamás demostré por orgulloso. Ahora, a un paso de la muerte, ya no temo mostrarlo. Esa noche compartimos felices y nada les dije de mi condición ya diagnosticada para no ensuciar la felicidad que nos inundaba y los buenos recuerdos que compartimos.

Extiendo esta despedida a mis superiores y colegas, pero por sobretodo a quienes sirvieron bajo mi mando. La pobre Dalira que perdimos en combate. Anely que jamás supimos de ella. Dimitri cuyos modales y salud mental eran tan malos como buena era su destreza como piloto, espero que logre todos sus objetivos. Ryan, quien siempre tuvo madera de oficial, espero que llegue todo lo alto que su potencial le permita, lo que es a la misma cima. Falcon, quien nunca me falló y cuyas capacidades no estaban limitadas sino por su falta de disciplina. Espero que logre encontrar su lugar en esta dimensión, aunque a veces pienso que realmente jamás perteneció a ningún lado. El pobre Sebiot, sobre explotado y jamás reconocido. Finalmente el Teniente Ixval, a quien jamás conocí ni entendí y con quien nunca crucé palabras que reflejaran mi real admiración por él, culpa de mi orgullo y mi exceso de testosterona. Lamento mucho no haber llegado a ser su amigo, si es que en su raza existe algo como eso.

Adiós a todos y que sepan que cuando cierro esta carta, mi vida se va con ella. Los doctores dicen que no pasaré de esta noche y el dolor a pesar de los calmantes me indica que así será. Pero no quiero que se pongan tristes, mi verdadero deseo es que recuerden por siempre que no fue la tecnología ni las grandes flotas lo que hizo el milagro de la victoria y la supervivencia hace un año en tan terrible situación, sino el temple y el valor de pocos hombres, con los que tuve el placer de compartir mi corta vida. Nunca lo olviden.

Con sincero cariño, respeto, admiración, orgullo y el valor para decirlo, aunque sea tarde, me despido en paz con todo lo que dejo atrás.

 

Capitán Vance Leonard Ripley.

Fue divertido aunque le tomé más por responsabilidad que por gusto. Aun así, fue gratificante llevar a buen término al líder del grupo. Merecía un buen final.

 

16.- Richard B. Riddick

Lost Zone: In searching of hope: Partida Genérica dirigida por Shade.

Tal como el Personaje del cine, este fugitivo era llevado por una nave que cayó en un planeta desconocido. Viendo el tinte de la partida, decidí hacerme el PJ que tanto me gusta.

Dicen que cuando uno esta en criogenia, el cerebro se duerme o casi todo el cerebro. Se dice que existe una parte del cerebro que no se duerme, denominada el Id o cerebro primitivo, es donde se guardan nuestros mas oscuros pensamientos e instintos básicos, todo lo que nos mantiene animales. Quizás es por eso que sigo consciente.
Aquí, viendo a estas personas moverse por el espacio, dormidos y congelados, recuerdo que yo no quería viajar por el espacio, era feliz en mi hogar, de hecho, fue el único lugar en el universo en el cual he sido feliz.
Nací en el planeta Omega 13, una pequeña colonia minera, muy alejada de la tierra. La vida era dura pero tranquila. Cuando yo nací, la guerra ya había estallado, varias colonias no reconocieron la soberanía de la SUH. Pedían independencia, regirse con sus propios gobiernos y gobernarse conforme sus necesidades. Jamás me intereso la política ni la guerra, pues a pesar de llevar 12 años de Independencia declarada, la guerra era solo un rumor en mi hogar. Me crié entre animales salvajes y trabajo duro, pero era mi hogar y me hacia feliz. Me desarrolle en paz y tranquilidad, hasta que cumplí 13 años.
La mañana que cumplí 13 años, mi padre me regalo un cuchillo con el que me llevaría a casar Skeerrts, una especie de Jabalí mucho más fiero y peligroso, pero nosotros éramos hombres de buena talla y habilidad, entrenados en el rigor de una vida dura. Salí de mi casa hacia el bosque con mi padre, antes de 1 hora, habíamos matado a uno grande y nos disponíamos a llevarlo a casa cuando vimos a las naves llegar desde el cielo.
Según supe años después, los militares antisubversivos que estaban pacificando las colonias de ese sector, habían tenido una buena lucha con los colonos de Omega 5, la colonia más importante y desarrollada del sistema. Tan buena fue la lucha, que los colonos habían resistido las primeras oleadas y habían expulsado a los pacificadores. Entonces buscaron una colonia pequeña, que no representara grandes pérdidas, y la usarían como ejemplo.
Esa mañana vimos a las naves aparecer en el cielo solo lo suficiente para entrar en orbita y bombardear desde fuera.
Mi padre me tomo de la mano y corrimos hacia unas cuevas, el fuego paso por sobre nuestras cabezas arrasándolo todo. Salimos casi 7 horas después, cuando el viento dejo de ser abrasador. Nuestra granja al igual que todo el planeta habían sido arrasados, reduciéndolos a un triste desierto. Nuestra madre y mis hermanos fueron desintegrados por el calor al igual que casi toda la población de Omega 13.
Vagamos con mi padre por años por el desierto, sobreviviendo de lo que encontrábamos y así fue hasta que nos encontramos con humanos vivos por primera vez en mucho tiempo. Pero estos hombres no eran nativos, sino que pacificadores. Nos atacaron apenas nos vieron, mi padre me oculto y cuando los vio acercarse, los ataco. Mato a 4 de los 5 que había, pero el quinto le dio un disparo letal por la espalda. Murió antes de tocar el suelo, pero la ira y el dolor me cegaron y con el mismo cuchillo que mi padre me regalo, le raje la garganta y le vi morir.
Después de meses de vagar encontré nativos. Habían renombrado al planeta como el planeta Furia y ahora los sobrevivientes se dispersaban por los grupos de resistencia como guerreros sin igual.
Creo que no queda ninguno. Cuando me propusieron unirme a la causa, los rechacé. Jamás me intereso la guerra, y ahora que estaba solo, me había acostumbrado a ello. No quería venganza ni gloria, solo quería un hogar. Sabía que ellos no podían dármelo.
Me embarqué en un transporte hacia una colonia de la cual no recuerdo el nombre porque jamás me intereso. Desde ahí planeaba llegar a la tierra y asentarme solo ahí. Pero la desgracia era mi única fiel compañera.
Los pacificadores se enteraron de que era un “Furiano”, así que creyeron que era el líder de alguna facción rebelde, me atraparon y me acosaron. Les mate, a todos ellos les mate antes de huir.
Pero no tenía experiencia en esto del crimen, hubo testigos y se me reconoció. Se me llamo terrorista y asesino. Y por ultimo, se me atrapo y encarcelo.
Pase 2 años en una prisión llamada: El hoyo II. Pero ese no era mi hogar, y no me quedaría ahí por mucho. Así que después de 2 años de intentos sin sosiego, lo logré. Me embarqué en un transporte de carga hacia la colonia Asturor, pero ya era un prófugo valioso, ahora llegaban mercenarios y cazarrecompenzas por mi cabeza. Les evite y les mate a los que me encontraron. Jamás deje de luchar.
Miro a mí alrededor, a estos hombres durmiendo y recuerdo el olor al miedo, ese miedo frió que sienten ante el peligro. Me pregunto por que yo jamás habré sentido el miedo.
A pesar de haber estado en muchos planetas, haber escapado y enfrentado militares, mercenarios, cazarrecompensas y los monstruos mas terribles de los confines del universo, mi lucha aun no ha terminado y no se cuanto mas tendré que seguir.
Todo lo que sé, es que después de 20 años desde el bombardeo de mi planeta natal, aun busco un hogar y aun no siento miedo.

La partida no llegó a empezar siquiera.

 

17.- Hermano Lucian

[DW] Final Sanction/[DW] Oblivion: Partida introductoria de DeathWatch dirigida por SauronHeavy y continuación de dicha partida.

Apotecario de los Ultramarines, líder de la escuadra, enviado al planeta Avalos a detener una posible invasión Tiránida.

Durante mi juventud estuve en la Batalla por Macragge en contra de la horda tiránida Behemoth donde sobreviví a duras penas junto con algunos Hermanos de Batalla. Fui miembro del 4º Pelotón y luché en el polo norte del planeta luego de la muerte del Primer Pelotón. Abatí muchos tiránidos, entendí sus estrategias junto al Gran Maestro del Capítulo y les odié por todo lo que le hicieron a mi mundo. Desde ese día los tiránidos fueron mi mayor odio y mi mayor enemigo.

Cuando terminó la primera guerra tiránida entré en la Cruzada Achilus y luché contra los Orkos en un intento de ellos de tomar el mundo agrícola Vespasia, cerca de la zona de guerra Cellebos, en la Extensión de Jericho, y luché con valor junto a mis Hermanos de Capítulo por la liberación de unas zonas estratégicas. Mis superiores vieron con buenos ojos mi devoción en la lucha y el jamás abandonar a ninguno de mis Hermanos de Batalla que aun respirase. Rescaté a tres Hermanos caídos a los cuales habían abatido los vehículos Orkos y que parecían sin esperanzas, entre ellos a mí Sargento. Les puse a salvo en un lugar fuera del combate y traté sus heridas, manteniéndolos con vida hasta que retomamos la ciudad. Hasta hoy en día los tres siguen luchando por la gloria del Emperador y yo fui asignado a la Deathwatch.

Dicen que fui un poco de Captain Obvious pero me divertí harto y fue mi primera experiencia en Deathwatch. Cumplimos la misión con éxito, aunque los tiránidos invadieron igual. Por lo menos avisamos a la flota y nos quedaremos a resistir hasta que ellos lleguen.

Luego completamos los personajes según el reglamento final, para jugar la continuación de dicho módulo, donde deberíamos atacar a la flota Tiránida para intentar retomar el planeta. Lamentablemente la partida agonizó por meses hasta ser finalmente cerrada sin jugarse.

 

18.- Amon Bratovich

El Sueño de Una Noche de Verano: Partida de Vampiro la Mascarada dirigida por Corso.

Un Tzimisce de familia de Aparecidos, muy antiguo y poderoso, un puño ejecutor de alto rango del Sabbat. Era poderoso y agresivo, tanto como inhumano. La partida no comenzó siquiera así que nunca pude llevarlo realmente.

 

19.- Sacerdote Tauron Faith

Dark Heresy: Capítulo Primero y Dark Heresy: Capitulo Segundo: Partidas de Dark Heresy dirigidas por DarkMaste.

Un clérigo de la Fe del Dios-Emperador, nacido en Veneris, un mundo santuario.

Se unió a la Inquisición en una misión que fue un éxito y que le marcó con las cicatrices que aún lleva por el combate contra un demonio. La segunda misión fue un fracaso y debido a reprobar los exámenes de códigos, fue expulsado de la Inquisición y asignado como Sacerdote en la Catedral del Esclarecimiento de la Colmena Tarsus en Escintilla. Pasó ahí varios meses dedicado al clero pero siempre tomando un papel más activo en la erradicación de los herejes. Luego, por azares del destino, se volvió a encontrar con sus antiguos compañeros en una misión y, después de ayudarles de forma exitosa, volvió a dar los exámenes para aprobarlos esta vez.

Ahora es un miembro activo y de pleno derecho de su célula inquisitorial.

 

20.- Titus Nihilius

Dark Heresy: Capítulo Primero y Dark Heresy: Capitulo Segundo: Partidas de Dark Heresy dirigidas por DarkMaste.

Un asesino nacido en Los Tornos al servicio del Adeptus Mechanicus, reclutado por la Sagrada Inquisición

El agente se paró frente a mi y me miró con expresión ofuscada. Yo estaba sentado en una silla y con ambas manos sujetas por grilletes sobre la mesa de la sala. El hombre golpeó con ambas manos sobre la mesa antes de escupirme sus palabras:

 - "Es suficiente maldito loco. Dime qué sucedió con esos cabrones y no te mandaré a matar. Eres un enfermo retorcido y quizás incluso un mutante hereje. ¿Quieres a la Inquisición aquí quemándote? ¡Bueno, pues habla de una vez!"

Su acusación de herejía me hizo reaccionar y me habría levantado a golpearle pero por primera en mis últimos quince años estaba feliz. Sonreí y comencé a hablar como jamás lo había hecho antes, como si aquel desagradable agente fuese mi amigo de confianza y le contase mis buenas nuevas:

 - "Los maté a todos. No dejé a uno solo de ellos con vida."

 - "Eso no es posible. Esos eran "Los Sangradores", una mafia. Es imposible que un tipo como tu haya podido solo con todos ellos."

 - "Desconoces lo que un hombre desesperado puede hacer con suficiente calma. Yo, mi rifle, mi pistola y mi espada fuimos suficientes para matarles. Uno a la vez, uno cuando nadie más está mirando. Solo basta con planear a quien acabar primero y quien le sigue. Así, de a poco, todos terminan cayendo."-Repliqué.

 - "Esos tipos eran peligrosos. ¿Sabías acaso con quienes te estabas metiendo?"

 - "Mafia conocida como "Los Sangradores". Sus recursos principales se lo atribuyen por la adquisición ilegal de alrededor del 5% de la producción de municiones de la fábrica del nivel 34, 36, 87 y 91. Actualmente en guerra con "Los Sierra" por el control del robo de la producción del Sector H. Tenían agentes en varias otras fábricas y llevan un par de años haciendo robos durante el aumento de gravedad, principalmente de armas de filo para venderlas en el mercado negro de aquí y de las Colmenas de Escintilla. Su último aumento de robos en los niveles medios fue desproporcionado y el Adeptus Mechanicus notó el 5% faltante, razón por la que ustedes llegaron. ¿O me equivoco?"

El agente abre los ojos claramente sorprendido por mi discurso y luego muestra una sonrisa antes de tomar asiento frente a mí. Me extiende una carpeta que dice en la portada ser mi expediente. No me interesa leerlo pues no tengo nada que ocultar ahora y conozco mi vida lo suficiente como para saber qué está allí escrito. Luego de eso el hombre sigue hablando:

- "Bueno, creo que si sabías. No me extraña, según el informe ellos mataron a tus padres. Yo los conocí. ¿Sabes? Eran excelentes agentes, nos dio mucha lástima cuando cayeron y te perdiste. Apenas pudimos seguirte el rastro pero nunca pudimos atraparte. Cuéntame de ello."

Ni loco hablaría de aquel periodo de mi vida. Tenía apenas diez años cuando aquellos hombres entraron a mi casa y abrieron fuego contra mi padre, matándole antes de que pudiera sacar siquiera su arma. Mi madre, en la otra habitación desenfundó su arma y escuché los disparos antes de que la atraparan. Luego escuché sus gritos por varios minutos mientras la violaban para finalmente matarla. Estaba escondido en mi habitación y nada podía hacer. Entraron y vi a aquel hombre mirarme con una sonrisa. Uno de sus ojos era un visor de color rojo y mangueras conectaban un aparato en su espalda directamente a las arterias de su cuello. Me miró y sin decirme nada, levantó su espada y me cortó el pecho. Siempre fui rápido y si en aquel momento no hubiese saltado hacía atrás, me hubiese partido desde el hombro izquierdo hasta las costillas derechas, pero solo me cortó la carne del pecho.

El dolor era tan grande que caí de espaldas al suelo con los ojos abiertos. Sabía que mis padres habían muerto y que mi destino era perecer junto con ellos en aquella habitación, por lo que mi mente abandonó mi cuerpo y me quedé allí tendido mirando el techo mientras mi piel sangraba en gran cantidad. Quizás esa expresión vacía y mi respiración casi desaparecida les hizo pensar que estaba muerto y solo por ello se fueron de allí, dejándome con mi dolor y mis pesadillas.

Solo horas después desperté de mi letargo y recorrí mi casa destruida para encontrar los cadáveres de mis padres. Después de todas las profanaciones en vida que les hicieron, se dedicaron a mutilar sus cuerpos lo suficiente para que quien viese la obra supiese que no debían cometer el mismo error de meterse con aquella mafia. Yo algo sabía pues había oído conversaciones acerca de la operación, pero nada más que rumores vagos. Lloré como un idiota al lado de los miembros separados o de los charcos de carne molida irreconocible antes de entender que nada quedaba allí para mí. Decidí que me mataría pues mi mundo había acabado, pero entonces pensé que antes de morir, me llevaría a aquellos infelices al infierno aun fuese lo último que hiciese.

Tomé el Fusil de Caza de mi madre y la espada de mi padre que estaban ocultos en la casa. Unos pocos Tronos escondidos para emergencias y salí en dirección a los bajos fondos. Nuestra casa estaba ubicada en un buen barrio de la zona alta y yo nunca había visto un bajo fondo, pero eran tantos mis tormentos y mi determinación que en nada me sorprendió cuando lo tuve en frente.

Después de eso fue unirse a una banda, matar para sobrevivir y ser respetado mientras buscaba pistas de "Los Sangradores". Uno que otro rumor, una que otra dirección, uno que otro cadáver. Después busqué información en esferas más altas hasta llegar al propio Mechanicus y trabajar en asesinatos selectivos. Así fue como averigüé los datos oficiales de las perdidas que sufrían por las actividades de estos grupos menores y pude utilizar sus fuentes oficiales para rastrearlos. Un par de años me bastó para que el Magos de Het me brindase algo de equipo y ropas de primera por sus trabajos de exterminio. Recursos e información es todo lo que necesité. Así, después de catorce años hasta que ya había juntado la suficiente información y recursos como para comenzar a acabarlos.

Pero mi mente volvió al interrogatorio y le conté el resumen de aquello al agente:

 - "Nada especial. Un poco de aquí y un poco de allá. Lo necesario para sobrevivir y encontrarlos."

 - "¿Como los atacaste? ¿Como lo lograste?"

 - "Acecharlos de a uno y disparar con silenciador. Hacer distracciones con los tipos de mi pandilla y aprovechar la confusión para apuñalar o disparar. Finalmente mandar a todos mis pandilleros a morir en una batalla que me dejaría enfrente del líder herido e indefenso, a quien disfruté degollando. Solo eso, paciencia y uso de recursos."

Primero me tomé todo el año en acabar blancos selectivos en misiones que parecían ser oficiales del Mechanicus, pero en realidad agregaban blancos del grupo que buscaba y les acabé con discreción tal que pronto armé una guerra entre mafias para cubrir mis movimientos. Deben haber pensado que el mismo Magos estaba tras ellos y eso hizo que se volviesen descuidados con los enemigos menores.

El Adeptus Mechanicus nunca tuvo nada de qué quejarse pues nunca fallé a sus misiones y por más que hiciese mis propios trabajos independientes, nunca desobedecí una orden y nunca dejé una misión. Creo haber servido tan bien como ellos me sirvieron a mí.

La verdad es que los pandilleros que había conocido en mi vida nunca me interesaron y les utilicé hasta el último momento. Me habría gustado que viviese alguno pues uno que otro me caía bien, pero cuando supe que el líder de la mafia era el tipo que me cortó, no me interesó mandarlos a pelear a la base para conseguirlo. Unas buenas balas y combustible incendiando a los tipos es todo lo que necesité para llegar ante un líder más viejo de lo que recordaba, herido de un disparo en el hombro. Me tomé el tiempo de cortarle los miembros antes de degollarlo, manguera por manguera hasta llegar a la carne.

Una vez terminé, me aseguré de rematar a todos con mi espada antes de sentarme en el trono. No había nada más que hacer, era el momento de cumplir con el final de mi plan y acabar con mi miserable existencia de una vez por todas. Con las manos manchadas de sangre me acomodé mis gafas y mi cabello antes de ponerme la pistola en la cabeza para disparar cuando fui interrumpido por los Arbitradores. Me entregué pues me da lo mismo matarme a que lo hagan ellos, pues mi misión ya estaba cumplida.

El agente recibió un llamado por su microcomunicador y me miró extrañado antes de hablar:

 - "No lo dije en serio, pero parece que es la voluntad del Dios-Emperador. Quizás si eres realmente un mutante hereje o no lo sé, pero alguien quiere verte. Alguien a quien yo no me alegraría de ver buscándome. Si te van a quemar, por respeto a tus padres, espero que sea rápido. Ahora no estás más en posición del Adeptus Arbites, ahora eres posesión del Ordo Hereticus. Buena suerte."

El agente se levantó y se fue apresuradamente sin mirar atrás, mientras yo me quedé atónito esperando a que aquellos otros hombres entrasen en la habitación. Seguía dándome exactamente lo mismo morir ahorcado, fusilado o quemado, pero sabía que no era un hereje ni un mutante, por lo que la curiosidad venció a mis tendencias suicidas y por un momento me pregunté si la Sagrada Inquisición sería capaz de alguna forma de hacer que tuviese nuevamente algún motivo para continuar vivo.

Demostró ser un tirador letal, frío y eficaz cuando el enemigo está en su camino. Ha luchado buenas misiones y ha sido capaz de prevalecer siempre. Sigue en servicio activo después de dos misiones de alta dificultad.

 

21.- Narfolk

La profecía de los 7 reinos: Partida de D&D 3.5 pseudo SandBox dirigida por Aguerote.

La partida estaba diseñada para que apareciesen en los 7 reinos hombres y mujeres que encarnarían el poder de los Dioses y cambiarían para siempre el destino del mundo, conquistándolo destruyéndolo a su paso. Esos PJs serían jóvenes de 18 años con grandes poderes. Cuando se escogieron a los 7 elegidos, el Director decidió que podrían haber más PJs que se les unieran, muchas veces como enemigos o aliados que les acompañasen en su camino a la grandeza. Mi PJ no era nada de eso.

"El tiempo no perdona"... Es una frase que muchas veces escuchamos a lo largo de nuestras vidas, pero mientras la vejez no llegue a nosotros, jamás le tomamos el verdadero peso. Estamos tan concentrados en vivir el momento y hacer lo que podemos que no vemos cuan corto es el plazo para los hombres y cuan rápido se va, dejando solo la miseria.

En mi caso, finalmente lo he entendido. He visto la mediocridad de mi existencia y he visto como, a través de los muchos años que llevo sobreviviendo, no he conseguido absolutamente nada digno de mis capacidades. ¿Capacidades? ¿Qué capacidades puede tener un tipo como yo? Bueno, la verdad es que varias. Desde pequeño demostré un poder arcano en mi interior. Descargas de energía salían de mí desde niño en los momento de furia. Herí varias veces a otras personas sin quererlo, lo que hizo que me tuviesen miedo. Nací en Azhkatla, en Amn, en una familia humilde pero digna. Mi padre era un soldado, de la Guardia de la Ciudad. Fui su único hijo y mi madre me cuidaba, hasta cuando a los cinco años de edad le dí la primera descarga eléctrica cuando me estaba castigando por alguna niñería que no recuerdo. Me temió y muchos otros lo hicieron a medida que la voz se corría acerca del niño brujo. Así fue como a los nueve años, después de una infancia marcada por el aislamiento que todo el mundo, entendí que un poder corría en mi interior. Un poder que la gente común no entiende.

Como dije, vivía en Azhkatla y es mucho lo que se puede aprender en los callejones y tabernas de ese lugar, así es como supe de los grandes magos y hechiceros. Me juntaba con una pandilla y estafábamos a los viajeros para tener dinero, de los que oímos muchas historias de poderes arcanos que en la ciudad estaban prohibidas. Cuando escuché de Elminster y Khelben, supe que quería ser un mago y aprender a controlar mi poder para usarlo con sabiduría y grandeza. Esa noche se lo conté a mi padre y me dijo que jamás un hijo suyo llevaría puesto un vestido y una vara, que la magia estaba prohibida y que me prefería muerto que impío. Discutimos y me golpeó, lo que desató mi furia e hizo que incendiase mi casa sin quererlo. Mi padre me lanzó fuera de la casa y logró salvarse, pero mi madre no. Al día siguiente estaba internado en la escuela de soldados de Azhkatla, donde me obligaban a luchar y aprender el uso de las armas y las armaduras. Les dije que era especial y que sería un mago poderoso, pero me golpearon y me obligaron a llevar pesadas armaduras que me impedían concentrar mi poder. De alguna manera, no era el primero que llegaba allí con "Talentos" que no se deseaban explotar y algunos instructores sabían como combatir con eso.

Así aprendí a luchar, entre castigos y humillaciones terribles. Me golpeaban día y noche cuando me negaba a seguir sus órdenes que eran una ofensa a mis capacidades. Aun así seguí entrenándolas de manera autodidacta por las noches, cuando me sacaba la armadura y logré mantener mis poderes sin que se atrofiasen como le pasaba a los otros especiales ahí. Un día, cuando ya había cumplido los 13 años, entrenaba con un compañero que siempre me había golpeado. Era un tipo alto y de cabello rubio que desde hace años me golpeaba junto con sus amigos. Siempre le respondía, pero nunca podía vencerlo pues nunca luchaba solo. Ese día nos tocó a ambos una competición con armas de madera. Elegí el Espadón, pues fue siempre el arma que más me gustó y que mejor manejaba, hasta el día de hoy. Comenzamos a luchar, pero su fuerza y resistencia eran abrumadoras. Yo nunca fui débil, incluso se me podría considerar un joven fuerte, pero no al nivel de él. Me venció y cuando ya me había derrotado, continuó golpeándome. Los instructores miraron en silencio como lo hacía y yo, en un arranque de ira, superé la impedimenta de mi armadura y le fulminé con mi poder mágico ante la mirada atónita de todos los presentes.

Me golpearon por horas y me encerraron en un agujero donde no veía la luz y sentía la fría humedad en mi piel. Pasaron días antes de que alguien abriera la puerta de piedra que hizo que la luz de una simple antorcha me cegara. Era un hombre extraño, bajo y delgado pero sumamente amenazante. Me miro desconfiado pero con más piedad de la que había visto en los ojos que gente que llevaba años a mi lado. Me sacó de la jaula ante unos guardias cuyos rostros reflejaban impotencia e ira. Me sacó de la escuela para llevarme a las montañas. Allá me habló con sinceridad. Su nombre era Eledien Artemuar, un mágico de guerra.

Entre las montañas estaba la escuela para mágicos de guerra de Amn, alejado de la ciudad por la desconfianza que se tiene hacía ellos, pero lo suficientemente cerca para poder llamarles en caso de emergencia. Me contó que allí llegaban los jóvenes que habían demostrado un talento innegable e irreprimible para la magia, que estaban instruidos militarmente y que se esperaba pudieran redimir su camino antes de que los Magos Encapuchados cayeran sobre ellos.

Estuve allí, entrenando mis poderes arcanos y aprendiéndolos a usar junto con mi arma y mi armadura hasta que cumplí los 18 años. La vida como mágico de guerra es dura y siempre fui mejor para luchar en cuerpo a cuerpo que mis hermanos pues había tenido un intenso entrenamiento por demasiado tiempo. Aun así, siempre destaqué pues fui un buen alumno. La verdad es que estaba emocionado y feliz por encontrar un sitio donde se me aceptase y puse todo mi esfuerzo por ser el mejor. Fueron buenos años, pero todo termina tarde o temprano.

La guerra azotó Amn y se me pidió que fuese con un contigente de hermanos mágicos de guerra a asistir a las tropas en los límites septentrionales del reino. Me dirigí con mis mejores amigos, pero no fuimos recibidos con la pompa y el agradecimiento que esperábamos. Los enemigos azotaron el frente y se nos envió allí para acabar con ellos, pero se nos lanzó sin protección alguna y se nos hizo luchar junto con las tropas de choque. Apenas el enemigo llegó a nuestra posición, el comandante hizo que los soldados se retiraran y nos dejaran solos. Dijo que quería probar si éramos tan buenos como decían y que prefería perdernos a todos nosotros que a uno de sus honorables y buenos soldados. Solo dos de nosotros sobrevivimos, Eledien Artemuar y yo. Cuando nos retiraron del campo de batalla, heridos y agotados, nos lanzaron a unas celdas para que nos recuperásemos. Condecoraron a un estúpido teniente por la defensa del flanco, un tipo que ni siquiera vi en el lugar y se omitió que nosotros estuvimos allí. Nos enojamos, pero órdenes son órdenes y las nuestras eran seguir a ese comandante en su lucha.

El maldito nos hizo pasar penurias por meses, haciéndonos comer peor que a los mastines que tenía. Nos mandaba a misiones suicidas de las que apenas salimos y no nos dio nada más que ofensas cuando le increpamos, incluyendo amenazas de matarnos en medio de la contienda como bajas de combate. Ni siquiera las palabras de mi maestro pudieron hacer algo. Aun así nunca desistimos y Eledien nunca se rendía en sus reclamos, poniendo muchas veces en problemas al comandante frente a sus hombres.

La última misión a la que nos envió era infiltrarnos tras las filas enemigas y asesinar a su mago, el que ponía en peligro la defensa de todo el frente. Hicimos caso de ello y nos escurrimos en la noche después de una distracción creada por Eledien. Logramos llegar a la celda y una vez allí, fuimos emboscados por el mago y varios de sus guardias. Nos dijo que el comandante de nuestro ejército envió un mensajero diciendo de la operación y que él no pagaría nada por nuestro rescate. Todo era una trampa para matarnos y que nadie le culpara, estuvo planeado así desde el comienzo porque mi maestro le desafiaba y él odiaba a los arcanos. Luchamos como pudimos y mataron a Eledien, pero logré huir. Huí, pero no hacía mi campamento ni hacía el frente, sino hacía el sur. No me importaba nada ya, pues todos a quienes conocía estaban muertos o me odiaban. Corrí hasta que llegué a un bosque, donde me escondí. Viví un par de días ahí hasta que no encontré qué comer y solo entonces decidí abandonar los árboles para dirigirme por el camino hacía el sur.

Viajé por semanas hasta que llegué a un pueblo. Ahí ofrecí mis servicios como mercenario, pues luchar es lo único que sabía hacer. Mentí acerca de mí, nunca dije que era un desertor ni que era arcano, sino que dije que era un guerrero más con mucha suerte y hábil. El trabajo nunca fue bueno y, teniendo que esconder mis poderes, nunca pude obtener el respeto que merecía.

Viví años matando ratas y farfulleros, comiendo basura barata y gastando las miserables monedas que me daban por esos trabajos de pueblucho. Así es como pasaron los años y yo me concentraba en sobrevivir y no ser encontrado por nadie que me pudiera reconocer como un desertor. Así fue como tuve que abandonar los pueblos y migrar, siempre huyendo de la lucha y viviendo a la sombra que pudiese ocultarme.

Después de varios años, ya entrando casi en la treintena, viajé a un pueblo donde tenían problemas con una extraña caverna desde donde atacaban los no-muertos. Me dispuse a matar a un par de necrófagos o de matar a algún clérigo loco y sus esqueletos. Entré en la caverna y encontré lo que buscaba: Era un anciano acompañado por sus creaciones, dos esqueletos que me atacaron sin preguntar. Les fulminé con mi magia y el anciano quedó solo, aunque aun parecía amenazante con el poder que decía ostentar. Extrañamente no me atacó y volvió a hundirse en una montaña de pergaminos que tenía mientras balbuceaba las palabras de la antigua profecía. Sus palabras parecían absurdas pero de a poco comenzaron a interesarme. Me senté a su lado y comencé a hablar con él, quien no sabía realmente que hablaba conmigo. Me contó de una profecía donde se decía que cuando la guerra llegue a todos los rincones y nadie esté a salvo, se levantarán siete elegidos con el poder de los dioses, nacidos para conquistar al mundo y unificarlo para siempre. Otros pergaminos, de distintas épocas, muy anteriores al inicio de la guerra actual, hablaban de lo mismo. A veces no se ponían de acuerdo si los elegidos gobernarían juntos o se matarían entre ellos. No era coherente lo que decía acerca de que lo unificarían o lo destruirían todo a su paso. Nunca dijeron si eran una fuerza del bien o del mal, o simplemente un poder del caos. Lo único que quedaba claro era que harían grandes cosas. Esperé a que el anciano se durmiese para degollarlo sin lucha alguna. Me quedé en su cueva unos días, mientras aprendía todo lo que había acerca de esas profecías. Saqué muchas cosas, como las señales que indicarían el momento y el lugar de un nacimiento, así como el camino de grandeza que esperaba a los elegidos. Sentí envidia y me reí de las idioteces de un loco antes de quemarlo todo e irme.

Luego seguí viajando y haciendo los trabajos que podía. No era capaz de aumentar mucho mis poderes mágicos, pues nada de lo que lograba conseguir era un verdadero desafío. Ya no participaba de gestas heroicas, pues era un desertor y siempre era otro el que se llevaba la gloria. Así fue como a través de los años mi corazón se fue marchitando y mi alma oscureciéndose. De a poco ya no me importaba la gente y cada vez me importaba menos lo que tenía que hacer para conseguirme el diario a vivir. Vi como la guerra se cobraba con crueldad la vida de miles de inocentes y de a poco dejó de importarme, hasta el punto de desear la expansión del conflicto por el beneficio que yo obtenía de las batallas como mercenario. No me importó destruir las vidas de las personas con tal de obtener mis beneficios. Nunca me gustó el caos, pero si era ordenado y se justificaba en las normas, nada era lo suficientemente malo.

Los años transcurrieron y mi fuerza comenzó a disminuir. Mi agilidad mermó y hasta mi salud se resintió. Recorrí los siete extremos del mundo, desde las tierras del norte hasta Laconia. Desde las tierras orientales, hasta el Reino de Dios, pasando varias veces por el Imperio. Por todos lados donde iba, veía la desolación que la guerra traía y recordaba mi hogar, que hace tiempo que no visitaba. Decidí ir nuevamente a mi hogar, en Amn, para saber de mis cosas. Así fue como, más de veinte años después de huir del campo de batalla, decidí volver a mi hogar.

Con cuarenta años volví a pisar la casa en Azhkatla donde nací, pensando que estaría vacía, mas me equivocaba. Mi padre, ahora muy anciano, descansaba su invalidez. Tomó su espada cuando me escuchó entrar y apenas pudo verme a pesar de acercarme a él y salir de las penumbras para dejarme iluminar por la única antorcha del lugar. Me miró y aun vi reflejado el odio en sus ojos. Le miré y pensé que sentiría piedad por él después de todos estos años, pero no fue así: Lo único que podía sentir por él era el odio de quien ha sido traicionado por los suyos. Le dije que en varios lugares del mundo a los traidores se les apedreaba hasta morir y que este sería el caso. Mi magia hizo que decenas de piedras le llovieran hasta dejarle muerto sobre su cama. Le miré con desprecio y me largué del lugar luego de robar todas las cosas de valor que, por derecho de herencia, eran mías.

Huí de Amn para nunca volver. Volví al Imperio y estuve varios años allí sirviendo de mercenario, hasta que las cosas se complicaron con los oficiales y viajé al sur para servir. De una forma u otra, nunca encontré paz y mucho menos gloria. Hasta ese día. Yo había cumplido los cincuenta años y me sentía viejo. Iba con mi carreta, recién comprada, vagando por las carreteras que me mantenían lejos de los combates. Hace ya unos años que nadie me contrataba por estar demasiado viejo para luchar. Nadie pagaría porque un viejo menease una espada sin vitalidad. Por suerte había juntado unos buenos ahorros y tenía lo suficiente para sobrevivir, por lo que me dediqué a buscar trabajos, que eran cada vez más miserables. Esta vez me había alejado mucho hacía le norte y el lugar era peligroso, frío y traicionero: Un sendero de montaña nevado. Mis caballos tenían frío, por lo que los detuve, les dí forraje y les calenté cerca de la fogata. Estaba cocinándome una liebre cuando escuché el ruido. Miré el cielo y vi la estrella aparecer. Era extraña, inusual y, para alguien conocedor de lo arcano como yo, única. Era la señal. No recordé en un comienzo señal de qué, pero estaba seguro de saberlo. Entonces lo supe: Era la señal de que los elegidos estaban naciendo. Si, los elegidos de los Dioses de aquella profecía que hace cerca de treinta años leí y aprendí. Jóvenes que apenas cumplieran la mayoría de edad serían capaces de forjarse un futuro brillante y finalmente conquistarían el mundo. Fue divertido pensar en que aquel viejo loco no se equivocaba después de todo. ¿Pero qué me importaba a mí? Era viejo ya y en unos años moriría, así que no debía importarme mucho lo que ocurriese en el mundo en veinte años más. Pero entonces entendí mi posición de poder: Yo lo sabía y no debían de ser muchos quienes entendían el potencial que aquellos niños poseían y que se podía explotar. Entonces decidí que arrimaría mi destino a ellos y, que de una forma u otra, me vería impulsado por ellos, dejando mi legado en el mundo. Me lo juré a mí mismo.

Comencé a buscarlos. Al principio no sabía para qué. Pensé que el destino de un mortal como yo eras miserable, pero podría ser recordado si era el maestro de alguno de ellos. Si uno de ellos se elevaba como el Señor del Mundo, más de alguien recordaría que fue el viejo Narfok el que le enseñó todo lo que sabía. Pero mi búsqueda fue sumamente infructuosa, pues los niños no tenían ninguna marca, ninguna señal que los distinguiese del resto. No escuché nada de niños poderosos ni de milagros inesperados que me diesen alguna luz de la posición exacta de algún elegido. Es más, por alguna razón extraña, ni siquiera pareciese que tuvieran familia, pues siquiera escuché de nobles o gente influyente que hubiese tenido hijos en la fecha señalada. Estaban perdidos en el mundo como unos huérfanos con un gran destino. Pero no me rendí y seguí buscando hasta que oí algo que llamó mi atención.

En una ciudad del Reino de Dios unos hombres hablaron de la profecía e identifiqué de inmediato el relato del que hablaban. Sus palabras eran muy similares a las de aquel viejo loco que asesiné hace ya demasiados años y entonces supe que ellos también sabían de los elegidos. Les seguí y supe que era un tipo de secta al que pertenecían. Se reunían en una mansión lujosa e ingresaban en ella con un código. Engañé a uno de ellos lo suficiente para que pensase que yo podría ser un miembro y me dijo la contraseña antes de morir. Entonces tomé sus posesiones y entré en el lugar. El sótano de la mansión era un tipo de mazmorra usada como templo y, en el mismísimo altar, estaba un pergamino. Cuando entré, solo tres sectarios habían rezando a aquel pergamino. Me mezcle como pude, cubriéndome con la capa robada y escuché las palabras del que parecía el de mayor rango. Habló de su desprecio a los Dioses y de cómo los elegidos tendrían el poder para conquistar el mundo. Oí su discurso en el que decía que solo los dignos eran merecedores de ese don y que no debían ser estúpidos niños talentosos, sino hombres curtidos por la vida que tendrían una segunda oportunidad. Sus palabras me aterraron en un primer momento, pues estos herejes querían dañar a quienes yo deseaba proteger y a cuyos destinos yo quería arrimarme, pero luego entendí la oportunidad que se me plantaba enfrente. El hombre habló de que aquel pergamino tenía el poder de robar la esencia divina de un elegido muerto, antes de que se volviese demasiado poderoso. Si lo hacían bien y si lograban su cometido, serían ellos quienes conquistarían el mundo. Yo debía tener ese pergamino. ¿Por qué? Pues he vivido toda una vida de miserias y penurias que no merecí. Tenía un gran futuro, un destino brillante y me fue truncado por la ignorancia y los prejuicios de quienes eran menos que yo. Yo merezco la segunda oportunidad en la que ya no dependa de los idiotas y obtenga la grandeza para la que nací. Yo debo demostrarle a esos estúpidos dioses que se equivocaron y que era yo quien debía nacer con ese poder y esa luz en el camino, que se equivocaron al ignorarme. Yo les demostraré que soy yo el elegido, designado así no por ellos si no por mi propio mérito y voluntad. Perseguí por semanas a los sectarios hasta matarlos uno a uno cuando no podían defenderse. Finalmente entre en el templo y maté a líder desprevenido para robar el pergamino y quemar el lugar.

Ahora viajo con el hechizo y estoy buscando a los elegidos, no para protegerlos o sumarme a su grandeza, sino para arrebatárselas y obtenerla para mí. Yo la merezco y la obtendré. He pasado años buscándolos para tener lo que merezco: Su poder, su destino y una nueva oportunidad que evite que caiga en el olvido con una miserable y mediocre vida a mis espaldas. Encontraré a uno de ellos y me haré del poder. No sé si hay otros detrás de su poder y nunca supe si el pergamino había sido reproducido. Lo importante es que lo conseguiré y destruiré este registro de todo lo que me sigue para llevar a cabo mi última oportunidad. Sé que la vida se me escapa y no tendré otra oportunidad como esta para burlar mi propio destino. Quemo las hojas de este diario antes de encaminarme a la Ciudad-Estado de los Magos para hacer mis compras y buscar si es allí donde se esconde el joven cuya muerte guarda la llave de mi destino.

Un viejo, en el final de sus días y con la oportunidad de obtener una nueva vida, mucho más grande e importante de la que jamás tuvo. La gracia es que si lograba mi objetivo, la esencia divina me rejuvenecería incluso y podría cumplir mis sueños. La mejor segunda oportunidad que cualquiera hubiese deseado. La partida duró pocas semanas y nada más pero ya había encontrado a mi objetivo y como era experto en Engañar, me estaba haciendo pasar por un aliado, ganándome su confianza y esperando el momento preciso. Podría haber sido una gloriosa partida.

 

22.- Jericus Veritus

...solo hay guerra...: Partida de Dark Heresy (con grandes y preciados toques a Only War) dirigida de forma magistral por Dragut y Hlaine Larkin.

Un Arbitrador de planeta colmena, gatillo rápido al servicio de la Inquisición.

Mi aliento se agita mientras corro por los estrechos y laberinticos pasillos de la colmena. Este fétido y oscuro lugar ha sido mi hogar durante toda mi vida, pues aqui, en la Colmena Sibellus de Scintilla, del Sector Calixis, es donde nací. Mi madre me parió en la División Coscarla, uno de los basureros más asquerosos de la colmena, en los bajos fondos. Mi padre era un idiota que jamas conocí.

Mi piel tuvo olor a mierda hasta que me uní al Adeptus Arbites a los 16, primer momento en el que salí de Coscarla. Solo pude hacer eso porque me hice amigo del unico agente que cuidaba toda la división. Le ayudaba a hacer el aseo de su oficina y más de alguna vez me agarré a tiros con los pandilleros de la zona, ayudandolo a controlar el trafico de drogas. El punto es que cuando cumplí 16 años, él presentó mi solicitud y me aceptaron. No es que fuese una promesa, pero siempre faltan Arbitradores en una colonia tan grande. Mi entrenamiento fue muy duro y durante los años que duró perdí más sangre que en toda mi vida hasta entonces. Sudé y sufrí como un hombre debe hacerlo. Aprendí a leer, aprendí de la Fe al Dios-Emperador y todas esas otras cosas que todo ciudadano debe conocer, pero tanta gente de los bajos fondos ignora. Ahora las conozco y eso me hace saberme un ciudadano como se debe ser y un fiel seguidor del Emperador. Mi sentido del deber era grande. A pesar de poder unirme a una pandilla y tener una vida facil, decidí irme por el buen camino. Lo poco que mi madre me enseñó del Imperio lo atesoré como los mayores y más importantes secretos. Soñaba con ver al Dios-Emperador de frente y besarle los pies, jurandole que daría mi vida y lo que viniese despues solo para honrarlo.

Tanta es mi devoción que me electrotatue el Aguila Imperial en la nuca, para siempre mostrar que pertenezco al Emperador y vivo para servirle. Creo que ese sentimiento de justicia debe haber nacido en mi infancia, pues a pesar de no participar en las suciedades que se daban en Coscarla, presencié varias de ellas y no pude sentir otra cosa que asco y desprecio. Ahora entiendo que el Emperador llora a diario porque sus hijos son unos desgraciados que se dañan entre ellos en vez de luchar contra los enemigos del Imperio. Eso me motiva a diario a perseguir a los criminales y llevarlos a la justicia, pues creo que con cada hijo de puta que mato o entrego, limpio el Imperio, llevandolo a un destino mejor. Aunque no desmentiré que salir de aquel lugar y mejorar mi vida no fué una gran razón, pues cualquier cosa que me llevase a salir de Coscarla, su crimer y su suciedad, era un gran motivo para esforzarse. Quería sacar a mi madre de ahí, pero cuando volví de la instrucción, ella había muerto hace meses de peste. Hasta a mi amigo agente lo habian acribillado los pandilleros.

Tomé mis cosas y me fuí a mi nueva asignación sin mirar atras, pues no quedaba nada ahí que me retuviese. La carrera terminó y el maldito me apunta con una pistola arcaica mientras mi escopeta está encañonada justo a su frente. ¿Quien será más rapido? ¿Él en su egoista afán de vender mercancia ilegal o yo en llevarle la justicia del Emperador? Su cuerpo cayendo antes de que el ruido de mi escopeta cese ha dicho la respuesta. Ahora debo dormir, mañana es otro día al servicio del Emperador, donde espero ser tan util como pueda por él y por el Imperio de la Humanidad.

Fue siempre el tipo rudo (pero no vulgar como otros compañeros). Reservado a veces pero un fervoroso creyente, disciplinado y siempre dispuesto para hacer lo correcto. Tuvimos una buena aventura y completamos una misión que pensaban todos, no lo conseguiríamos. Demostramos ser buenos y luchar con pasión hasta obtener la victoria. Quedó a la espera de nuevas órdenes.

 

23.- Ojos Rojos

Exaltado - Episodio Uno: Los Veintidós Demonios: Partida crossover entre Exalted y la serie Claymore dirigida por DarkMaste.

Un semidemonio, hijo del Sol Verde de Malfeas y de una poderosa Sangre de Dragón, que decidió huir de su herencia demoniáca después de la muerte de su madre y buscar su propio camino. Era un niño salvaje, hábil y diestro como un felino, armado con garras mágicas y con la apreciada misión de detectar las energías infernales más allá de cualquier disfraz, algo invaluable en una partida donde el fin era cazar demonios.

La lluvia cae sobre mi rojo cabello, aplastándolo contra mi cuerpo y dándole el aspecto de una cascada de sangre que cae sobre mis hombros, nada demasiado alejado de la realidad, pues realmente cargo con la sangre muchas personas que murieron por mi culpa. No he hablado de esto con nadie, y no tengo ningún humano con quien compartir, pero te tengo a ti, mi querido Garra Ósea y estoy seguro de que me escucharás, aun no entiendas de qué hablo:

 - “Garra Ósea, déjame que te cuente sobre mi. Hace años, en la Republica de Chaya una poderosa guerrera Sangre de Dragón de Aspecto de Fuego llamada Cathak Melara, era una guerrera muy temida y respetada, que dirigía un ejército de mercenarios en las tierras del Sur. Luchó mucho con su ejército durante la guerra civil de esa nación y llevó siempre a sus hombres a la victoria. Ante su paso todos temían y jamás fue derrotada en combate, ni en batalla ni en duelo, por lo que se decía que ningún hombre podía derrotarla. Sus hazañas fueron heroicas, pues transformó a unos bandidos en sus hombres y comenzaron a luchar por el bien el resto de sus días junto con ella, instruyéndolos hasta transformarlos en tropas disciplinadas como las Imperiales. Dicen que la misma Emperatriz la designó para ir a ese lugar y poner orden a los bárbaros y bandidos que provenían del sur.”

Miro hacia delante, cuidando de que nadie venga por el camino que sigo, pues los humanos nunca reaccionan bien ante mi visión. Después de asegurarme, continúo hablándole a mi cuervo:

 - “Bueno, sus hombres la querían y la respetaban mucho, pero siempre hay alguien que no está de acuerdo y que quiere el poder de otros. Así sucedió con Asunno Kone, un brujo que viajaba con los mercenarios. Era un hombre oscuro reservado y muy poderoso, tanto que los hombres le temían como a un demonio. Yo jamás lo conocí, murió el día de mi concepción, pero no lo olvidaron por mucho tiempo, pues aun 10 años después de su desaparición seguían diciendo que volvería. Resulta que por lo que escuché y por lo que me contaron, un día desafió a Cathak Melara y ella lo derrotó fácilmente, humillándolo. Él, resentido comenzó en secreto a investigar las conjuraciones demoníacas para poder llamar a un demonio lo suficientemente poderoso como para derrotarla y darle a él el poder que tanto deseaba. Él tipo era hábil, hay que reconocerlo, pues después de meses o años de estudio solitario, logró llamar a un Demonio del Tercer Círculo, algo imposible para la mayoría de los taumaturgos. ¿Cómo lo logró? Nadie lo sabe, pues se llevó su secreto a la tumba. Su convocación trajo al mismo Ligier, el Sol Verde eterno de Malfeas. Dicen que con solo aparecer sus llamas acabaron con el idiota de Kone. La gente del campamento aseguró que en su tienda se vio un terrible resplandor verde y que de ella salió un hombre alto de cabello rojo como el fuego a quien nadie podía decirle que no. Entró en la tienda de Melara y nunca volvió a salir. Ella misma me contó que el hombre le aseguró ser un espíritu poderoso del bien que debía tener un hijo con ella para engendran al próximo Emperador Divino en la tierra. Ella me dijo que no podía resistirse a sus palabras ni a su voluntad, pero que logró sacarse su influencia de encima y vio bajo el manto de mentiras e ilusiones la verdadera forma de Ligier, pero que él era mucho más poderoso y la violó mientras le decía que ni siquiera ella no podría evitar lo se avecinaba. Su tiempo se acabó antes del alba y fue devuelto al Malfeas, dejándola al fin.”

Unos hombres se acercan por el camino, rápidamente salto a un lado del sendero, ocultándome entre las plantas y el lodo. Parecen ser mercaderes. Los dejo pasar hasta asegurarme de que todo está despejado y poder continuar con mi viaje y mi relato:

 - “Cathak Melara condujo a su compañía a un pequeño poblado sin nombre aledaño a un arrozal. Una vez ahí, no salió de su tienda en todo el tiempo de su embarazo y las parteras tuvieron que entrar en ella para asistir mi nacimiento. Pienso que lo hizo para tener parteras cerca, lo que no llevaba con los mercenarios y darme un lugar para vivir. El punto es que no me mostró a nadie más hasta que fui capaz de caminar y salir de la tienda por mi mismo. Las primeras cosas que recuerdo son esa infinidad de símbolos sagrados que mi madre tenía un su tienda, pergaminos, estatuas, todo lo necesario para mantener alejados a los demonios. También recuerdo que nadie me apreciaba ni en el campamento ni en la aldea, los niños me golpeaban y huían e incluso sus padres me ahuyentaban, sin golpearme por miedo a represalias de los mercenarios, pero incluso estos me evitaban y no me hablaban. Mi vida fue una soledad absoluta desde su inicio.”

Me alegro de que la tarde se vuelva tardía y de que la noche se avecine, pues siempre me es más fácil moverme durante la noche que bajo la luz del sol. La oscuridad es mi amiga y no temo a lo que en ella se oculta, pues yo soy uno más:

 - “Unos años después mi madre volvió a salir con los mercenarios, pero a mi me dejaba en la aldea con algunos para que me cuidaran. Mi madre no me quería, pensaba yo, pues nunca compartía mucho conmigo. Muy pocas veces me contaba acerca de los Exaltados y los Dragones y esas cosas, yo no le ponía atención, pues solo quería verla hablar y oír su voz, lo que siempre era breve. Cuando llegaba de un viaje, me acariciaba la cabeza revolviendo mi rojo cabello. Por eso nunca me lo corté, pues estaba seguro de que cuando lo hiciera ella no volvería a acariciarme. Fue durante esas noches de soledad que conocí a Svok, cuando apareció junto a mi cama por primera vez. Lo recuerdo claramente, pues me dio un susto de muerte el ver a un pequeño demonio parado junto a mi cama observándome mientras dormía. Me contó que su misión era instruirme para el momento en que mi padre decidiera que estaba listo. Me enseñó a hablar el idioma del Viejo Reino, pues mi padre no se rebajaría a pronunciar palabras en un sucio idioma mortal. Me dijo que era hijo del gran Ligier, el Sol Verde de Malfeas, el más poderoso de los demonios. Me dijo que fui concebido para ser la criatura más poderosa que caminase sobre el mundo mortal, que todos se arrodillarán ante mí y gobernaría en nombre de Malfeas. Me dijo que el día de mi cumpleaños número 13 él vendría a llevarme para completar mi desarrollo y que yo debía estar listo en ese momento para continuar. Durante años se me apareció todas las noches y me enseñaba de mi mismo, de mi condición y del mundo demoníaco. Me dijo que mi padre se dejó convocar porque supo que mi madre estaba cerca e imaginó el plan que pondría en marcha su dominio absoluto. Me dijo que yo viviría mucho más que un humano, lo que me daría tiempo de elevarme todo lo que necesitaba y que si obedecía a mi padre quizás podría vivir por siempre. También me dijo que ninguna criatura sería capaz de poseerme, pues la esencia del gran Ligier vive en mí y que fui concebido bajo la mejor estrella, que me aseguraba la suerte del más afortunado de los hombres, la que necesitaría en mi camino a la gloria. Me dijo que yo con el tiempo iría desarrollando mis poderes y habilidades reales, que todo iba a ser según los designios de mi padre.”

Me detengo un momento, veo luces a un lado. Parece ser un poblado, me vendría bien algo que comer, pues las pequeñas criaturas del camino ya me tienen un poco aburrido. Camino hacia el poblado evitando miradas indiscretas mientras continúo con mi narración:

 - “El tema de los demonios me atraía porque me prometían respeto y un lugar en el mundo, algo que nunca tuve, pero yo oía a los humanos hablar de los demonios como algo maligno en lo que no se debía confiar. Un día le conté a mi madre que mi padre vendría a buscarme para mi cumpleaños número 13, pero siquiera se inmutó. Imagino que sabía que sucedería y yo solo le había confirmado fecha. Mi madre transformó la tienda en un santuario, lleno de símbolos sagrados y protecciones. A mi no me importaba, pues eran decorativas, pero con el tiempo entendí que era el intento de mi madre de evitar que mi padre me llevase. Con los años fui entendiendo que yo era corrupto y comprendí la verdadera naturaleza de mi concepción. Comencé a odiarme a mi mismo y a entender por qué las personas se alejaban de mí, complementándolo con mis propios intentos por evitar a los humanos. Me fui alejando y me volví aun más solitario por voluntad propia, aprendiendo a no ser visto ni oído, para así no causar temor en las personas Me alejaba del poblado por noches cuando fui mayor y aprendí a vivir de lo que cazaba y pescaba, evitando contacto con la humanidad dentro de lo posible. A veces peleaba con los adolescentes del pueblo, pero con los años sus golpes dejaron de ser efectivos en mí y que era capaz de recibir enormes palizas sin siquiera inmutarme. Luego mi fuerza creció para compararse a la de guerreros experimentados y veteranos. No volví a enfermar nunca, ni a sentir las inclemencias como lo hacía el resto de los adolescentes. Un día no pude entrar en la casa de un soldado para avisarle que mi madre lo llamaba, no pude hacerlo hasta que él me invito a entrar. Noté que cambiaba, que me volvía más poderoso y no me gustó, pues sabía que era la cuenta regresiva para el día en que conocería a mi padre y debería tomar la decisión fatídica.”

Llego al poblado y noto que tienen aves en un corral, por lo que me subo de un salto al tejado de una choza, lo más silencioso posible y desde ahí observo que no haya nadie cerca ni observando. Rápidamente capturo a un par de ellas y huyo del lugar. Las mato con mis garras y comienzo a comerlas crudas, pues sé que si prendo un fuego, me encontrarán y me perseguirán. Mientras como, no dejo de hablar:

 - “Mi cumpleaños se acercaba y mi madre veía los cambios que habían en mi. Decidió que no saldría en la próxima campaña, dejando a su capitán al mando. Estoy seguro de que lo hizo para quedarse cuidando de mí para cuando llegara la fecha. En esas semanas estuvo más lejana que nunca, entrenaba y ponía protecciones en toda la tienda para evitar a los demonios, pero me ignoraba. Pensaba que el demonio aparecería para llevarme y ella lo mantendría a raya o lo mataría, salvándome. ¡Cuánto se equivocaba!”

Ya acabé de comerme a esas aves y aunque no sabían bien, han calmado mi hambre y han renovado mis fuerzas, las que día a día gasto en mi marcha sin final:

 - “El Capitán y su Teniente guiaron a los mercenarios hacia el oeste, pues un Terrateniente había pagado para acabar con unos bárbaros de las Tribus de la Jungla que amenazaban sus tierras. Cuando la compañía llegó a su aldea, no había bárbaros y la gente los recibió como héroes, diciéndole que solo los rumores de su llegada habían sido suficientes para espantar a los invasores. Los hombres fueron atendidos como a reyes y las mujeres se ofrecieron para pasar la noche con ellos mientras sus maridos les servían vino y comida a los soldados. El Capitán y su Teniente eran veteranos y nunca habían visto un recibimiento así, por lo que desconfiaron y no yacieron con mujer alguna, ni bebieron ni comieron. Sus sospechas se acrecentaron cuando a la mañana siguiente las personas del pueblo los vieron marcharse sin despedirse, mirándolos como a desconocidos. Los soldados actuaron extraño todo el camino de vuelta, demasiado disciplinados y demasiado felices, lo que motivó al Capitán a ordenarle al Teniente a correr con su caballo rápidamente donde mi madre a avisar de que algo extraño había sucedido. El hombre no sabía los secretos de mi madre y míos, pero no era tonto y siempre sospechó que mi nacimiento fue más que un desafortunado error, por lo que también llenaba su tienda de salvaguardas. Los hombres los oyeron y mataron al Teniente, pero el Capitán logró huir con el caballo más veloz. En pocas jornadas llegó a nuestra aldea y avisó a mi madre, quien intentó levantar guardias físicas y espirituales pero ya era tarde, porque el ejército de posesos no se fatigaba y corrieron detrás del Capitán por días sin detenerse momento alguno. Yo estaba dentro del campamento, por lo que vi al ejercito detenerse ante las salvaguardas puestas por mi madre y me acerqué a la entrada para mirar de cerca, pero en ese momento el primero de los demonios, que había poseído a un respetado soldado me miró a los ojos, me saludó y me dijo que era el momento. Sentí que un fuego crecía dentro de mi pecho y me quemaba, fue rápido, violento y poderoso pues antes de que cayera de rodillas, todos los símbolos sagrados que estaban a mí alrededor comenzaron a quemarse con un fuego verde que provenía de mí. Los demonios gritaban felices viendo como mi poder abría el paso para las huestes infernales, las que pasaron por mi lado mientras yo yacía mirando el suelo. La batalla fue breve y los aldeanos fueron capturados vivos mientras los soldados aun fieles eran masacrados. Mi madre se abrió paso por entre las hordas de demonios hasta llegar a la seguridad de su tienda, donde no pudieron seguirla. Yo estaba atónito y los demonios me quisieron capturar, pero huí hacia la tienda. Lamentablemente no pude entrar, pues las salvaguardas que mi madre había puesto ahí eran demasiado poderosas. Los poseídos me tomaron y me llevaron al centro del campamento, donde tenían a los aldeanos indefensos. El demonio que me saludó se presentó, diciéndome que era Svok, y que él llamaría a mi padre para que viniese por mí. El muy desgraciado mató a todos los aldeanos en un terrible ritual de sangre y muerte que duró horas, hasta que finalmente mi padre apareció detrás de un enorme y terrible portal de fuego verde y sombras. Era terrible mirarlo a los ojos y su presencia hizo que todos los soldados se arrodillaran ante él. En ese momento mi madre salió de su tienda vistiendo su armadura de jade rojo y su enorme espada de jade rojo, se acercó al centro y desafió a mi padre a duelo por la libertad mía y de sus hombres. Ligier es muchas cosas y una de esa es arrogante, pero viendo la situación, aceptó. La batalla fue épica, jamás podré luchar así, pero finalmente mi padre demonio se impuso, hiriendo de muerte a mi madre. Se acercó a mi y me dijo que mi destino era mucho más grande, me dio unos guanteletes de hueso, que cuando me los puse se fundieron a mi carne, volviéndose garras óseas. Me dijo que las habían forjado en el Malfeas de los huesos de los héroes caídos, que eran para mí, para complementar mi cambio progresivo. Me dijo que mi destino era irme ahora con él a completar mi desarrollo en el Malfeas donde usaría cosas desconocidas para investirme de un poder inigualable para que cuando vuelva a este mundo logré devolverlo a lo que era antes de que se dieran cuenta de las cosas los Cinco Dragones y enviaran a sus Exaltados, que crearía un Nuevo Reino aun más glorioso que el Viejo Reino. Me dijo que probara mi lealtad y que terminase con mi madre moribunda con mis nuevas garras. Creo que en ese momento no sabía de lo que era capaz, pero sí sabía de lo que no era: No era capaz de vencer a mi padre, no era capaz de vencer a ese ejército, pero tampoco era capaz de acabar con mi madre. Salté hacía atrás y corrí. Esquive demonios, salté hacía un tejado y desde él a otro, salí de los limites de la aldea y recuerdo haber desgarrado a uno de los demonios que me interrumpió el paso. Corrí más rápido de lo que lo había hecho en toda mi vida. Corriendo y saltando de esa forma, como hasta hace unos minutos no era capaz, me di cuenta finalmente de que soy un ser sobrenatural, que no soy humano. Los dejé atrás y me oculté, tan bien que jamás pudieron encontrarme.”

Me mantengo recostado, mirando las estrellas mientras recuerdo esos momentos como si hubiera sido ayer. Las imágenes y las palabras vuelven a mí como un torrente de información que no puedo esquivar:

 - “Aun recuerdo lo que me gritó mi padre mientras huía: Me dijo que podía huir todo lo que quisiera de él, pero que no podría huir de mi mismo. Que con el tiempo iría cambiando, que iría siendo cada vez más poderoso, distinto de los humanos y más parecido a él, hasta el día que mire a mi alrededor y entienda que no pertenezco a este mundo, que no debo esconderme de los humanos, sino que estar a su lado y gobernar a los hombres. Pero al día siguiente, te encontré a ti, mi pequeño amigo, mi único amigo y ahí termina la historia.”

Me pongo de pie mientras comienzo a caminar nuevamente, pues debo aprovechar la noche, que es cuando más rápido avanzo. Llevo más de un año caminando hacia el norte, pues el sur me atrae. He viajado a la orilla del río Arenoso mientras busco calmar la furia de mi alma y alejarme de mis fantasmas. Recuerdo la mirada de mi madre cuando yacía moribunda y como cambió cuando decidí huir. Siempre desconfió de mi linaje y de la suciedad de mi sangre, pero nunca perdió las esperanzas de que en mí hay bondad, de que puedo elegir lo correcto. Quiero ser como ella fue y no como la oscuridad que porto en mi interior. Quiero ser una buena persona, pero el mundo no me permite demostrarlo. Aun así, haré lo mejor que pueda y lograré, contra viento y marea, ganarme el lugar que quiero entre las personas.

Es la única esperanza que tengo, borrar mis huellas pasadas para abrirme un nuevo camino. Recuerdo cuando decidí realmente dejar todo atrás. Casi 3 meses después de huir, encontré una choza solitaria en medio de un campo pequeño. En ella un hombre me escuchó y se acercó a mí. Cuando estaba frente a mi, yo estaba asustado pues recién había sido expulsado de un pueblo a punta de lanza y le dije que no me dañara, que no le atacaría. Él me preguntó extrañado la razón por la que habría de atacarme y noté de inmediato que era ciego. Me invitó a pasar a su casa, por lo que fue la primera casa a la que entré en mucho tiempo. Me dio de comer comida cocida y me ofreció una cama para dormir. Él cultivaba la tierra a su alrededor guiándose por tacto, sonido y olores. Era un hombre excepcional y muy bueno. Esa noche, mientras dormía, escuché una voz desagradablemente familiar que me hablaba en el idioma del Viejo Reino. Era Svok, que nuevamente aparecía frente a mí en su forma de pequeño demonio miserable. Me dijo que no debía haber huido, que mi padre estaba enojado por mi estrechez de miras y que debía volver. Me dijo que yo siempre haría daño a las personas que me rodeaban. Me contó que cuando me fui, mi padre mató a todos los mortales poseídos y a mi madre antes de volver al Malfeas y que solo Svok fue al poblado vecino a avisar que el niño demonio de ojos rojos había masacrado al pueblo, por lo que me perseguían también los mortales. Me dijo que mi único camino era ir al Malfeas con él y cumplir mi destino. Me dijo que debía atender a la llamada de la oscuridad dentro de mí y matar al ciego, disfrutar de sus bienes y su carne y luego irme. Le respondí que por primera vez haría daño a alguien de forma conciente. Mi garra mató al pequeño demonio mientras aullaba terriblemente. El hombre despertó y me excuse antes de huir en medio de la noche.

Sigo viajando como lo he hecho desde hace tantos meses. Hace algunos comencé a seguir al río Amarillo hacia este reino, que al parecer no tiene tanto ejercito como otros donde me han ahuyentado enormes cantidades de soldados. Caminé cerca de Hsien-Wu, pero no me atreví a acercarme a sus murallas protegidas, por lo que huí al sur para bordearla. Después de un par de días llegué a un arrozal, donde robé una gallina y mientras la devoraba, me fijé en una mansión fuera del pueblo que tenía todo el piso superior incendiado hace poco y con guardias armados. A pesar de mi curiosidad, lo más sensato es lo que hice: Irme.

Ahora amanece y después de días, llego por fin a otro arrozal:

 - “Veamos que es lo que me espera aquí, mi buen Garra Ósea.”

 

Me muevo sigilosamente para entrar en la zona y ver qué es lo que tiene para ofrecerme.

Este es mi PJ más amado, el que más he querido de toda mi historia en el rol. A pesar de ser el más débil casi de todo el grupo y tener muchas luchas por poder conseguir algo con él, le he disfrutado más que cualquier otro pues como mi historia era secreta y debía ocultarla, durante casi toda la partida tuve que hacer un post con todo "Solo para el Director" y uno censurado para mis compañeros. Ese gran esfuerzo me dio gran satisfacción pero a mi PJ igual le aguardó un oscuro final. Murió a mano de la Reina Yoma debido a sus múltiples heridas, por lo que terminó donde su padre, siendo doblegado por torturas y tentaciones.

 

24.- Jack Burn

AvP: El encuentro: Partida con el sistema de Cyberpunk 2020 dirigida por Maldad.

La partida no terminó siquiera la creación de PJ, el PJ no tuvo ni siquiera una historia que contar.

 

25.- Amon Acknar

Star Wars: Peace War - Fugitivos: Partida de Star Wars Saga dirigida por Helwar.

Esta partida me pareció interesante pues aparte de ser del sistema que más me gusta para Star Wars, el Director tenía para esta partida un concepto distinto de los Sith, que los hacía mucho más jugables. Así fue como me hice un Sith, el primero y único en mi vida de jugador.

Nací en Korriban, miembro de una casa noble de Condes del Imperio Sith. Mi padre es un Conde, un Lord Oscuro del Sith, poderoso en el Lado Oscuro y con un gran poder dentro del Imperio. Desde niño, como unico hijo, fui mirado como lo que debía ser y juzgado como tal. A los 4 años comencé con mi entrenamiento en La Fuerza, donde se me enseño el Lado Luminoso y el Lado Oscuro, eligiendo el último por el claro poder que este brindaba a quienes seguían la oscura senda de su conocimiento. Se me enseño como luchar y como sentir el flujo de La Fuerza, aprendí a escucharla y sentirla mientras entrenaba mi cuerpo y mi mente. Cuando llegó el momento, fui asignado al Maestro Genn Granam, un poderoso Sith que estaba listo para comenzar a entrenar a aprendices. Ambos recibimos un gran honor, pues él es reconocido y mi padre poderoso.

Desde que nací escuchaba los rumores sobre la guerra contra la Republica y sus opresores. Me criaron enseñándome que el Jedi era un egoísta que nos mataría solo para conservar su sistema de control sobre el resto, su monopolización de La Fuerza y la erradicación de todo lo que no concuerda con su falsa y estrecha filosofía. Desde que comencé a entrenar se me enseño a despreciarlos y ser todo lo contrario que ellos, debia ser libre y abrazar mis emociones, por bajas y violentas que fueran, pues es en el estallido del impulso emocional donde radica el verdadero poder del Sith, pues la paz es una mentira, solo existe la pasión. A través de la pasión, obtengo fortaleza. A través de la fortaleza obtengo poder. A traves del poder obtengo la victoria. A través de la victoria mis cadenas se rompen. La Fuerza me hará libre.

Aquellos versos los lei una y otra vez hasta imprimirlos en mi alma. Me dijeron que los Jedis piensan que somos entupidos bárbaros que odian todo, pero no es asi, pues luchamos como nadie para defender nuestra perfecta sociedad, una sociedad libre donde el poder lo tienen los que deben y se lo merecen, y no sucios ladrones que estafan al resto por ambición. ¿Cómo podría ser de otra forma? Los versos del código Sith no hablan de odio, sino que claman libertad. Somos mejores que ellos y luchamos por eso, para que el resto tenga la opción de elegir correctamente, como nosotros lo hicimos.

La lucha contra los Jedis se complicó unos años antes de que yo naciese, pues los insensatos de los Mandalorianos se sublevaron contra ambos bandos. Esos miserables rifles de alquiler osan desafiar a quienes les dieron de comer y planean derrocarnos. Son tan entupidos como débiles, y aunque han tomado un par de planetas, no representan amenaza alguna, es solo cosa de tiempo para que les borremos de la galaxia.

Hace un mes mi maestro fue designado a vigilar Iridonia, uno de nuestros planetas fronterizos. Habían dicho que los Mandalorianos planeaban atacar ahí, y aunque no nos importó mucho, el Emperador pensó que era sensato proteger la defensa de ese flanco del Imperio. Me dirigí a ese hostil mundo junto a mi Maestro y a su otro aprendiz, Vernen Julii, un Cereano que siempre compite contra mis habilidades. Cuando llegamos notamos que el ambiente era hostil, que los Mandalorianos tenían una base en el planeta y que pensaban hacer un ataque a mayor escala en cosa de dias. No paso una semana cuando sus vehículos de combate atacaron el pueblo donde nos encontrábamos. Los Imperiales luchan como nadie más, pero aquellos Mandalorianos era tipos duros, dignos de respetar. Aplastaron las pobres defensas que había, diseminando a los cobardes por la jungla de los alrededores. Yo luchaba al lado de mi maestro, imitando todos sus movimientos, pero las ráfagas eran muy intensas y el imbecil de Vernen cayó muerto antes de lo que pude ver, solo quedo su cuerpo carbonizado unos metros más al norte de nuestra posición. A medida que los enemigos avanzaban, los nuestros caían. Llego el momento de huir y el transporte nos esperaba. Mi maestro dio la señal de retirada, debíamos reagruparnos en la capital, Malidris, para organizar la defensa y el contraataque. Yo corrí al transporte, pero el piloto cayó muerto de un blaster en la nuca, lo que obligó a mi maestro a pilotar la lanzadera, dejándome a mí organizar la subida de los sobrevivientes. Estabamos despegando cuando un disparo sacudió la lanzadera, lo que me hizo caer. No estaba muy alta, y sabia que podía llegar saltando, pero en eso, un disparo me dio en la pierna, derribándome. Miré hacia la lanzadera, pensando que bajaría por mí, pero el soldado que estaba en la puerta me miró y la cerró. Seguro que el maldito le diría a mi maestro de mi caída cuando hubiesen llegado a Malidris. Espero que lo mate.

Cuando los Mandalorianos llegaron a mi, intenté luchar con mi sable de luz, usé los poderes de La Fuerza que aun me quedaban después de la batalla, pero fue inútil. Cuando estaba preparado para morir ejecutado por las tropas, un oficial se abrió paso entre ellos, me miro a través de su casco e hizo señas para me apresaran y me llevasen. Intente resistirme, y eso causó que me golpearan la cabeza para dejarme inconsciente.

Ahora desperté aquí, un extraño transporte Mandaloriano. No estoy solo, puedo verlo, parecen todos prisioneros. No sé cuanto tiempo ha pasado desde mi captura, ni qué habrá sucedido con Iridonia, solo sé que de lo que debo preocuparme ahora es de mi mismo.

La partida estaba interesante en un inicio y la cosa pintaba super bien y elaborada, hasta un vídeo de presentación tenía la partida, pero terminó después de un par de turnos por problemas del Director.

 

26.- Franco

Pokemon: Partida Genérica dirigida por alguien que se dio de baja y ni recuerdo el nombre.

Clásica partida donde me hice un PJ con mi propio nombre para ir de aventuras por el mundo Pokemon. Tenía un Eevee como pokemon inicial y esperaba evolucionarlo en Umbreon apenas pudiese. Nada de eso pasó, los jugadores y el Director comenzaron a debatir el sistema de juego (que el Director ni siquiera tenía claro) y la partida se murió sin ni siquiera empezar.

 

27.- Sargón "El Grande"

El Gremio de la Espada y la Vara: Gremio de partidas de D&D 4ª Edición fundado por Dimuscul.

Un enano guerrero, megalómano y con ambiciones de romper su destino y conseguir la gloria.

Crecí en un lugar que no tenia nombre, pero yo le dí uno: Le pusé Villa Desolación. Es un lugar que queda en el Paramo sin Fin, en algun lugar perdido de la costa del Gran Mar de Hielo, lo suficientemente alejado del Torreón de Invierno y escondido como para jamas ser molestado. Aunque ese nombre definia perfectamente lo que uno sentía en aquel lugar, escuchando las olas romper con sus aguas congeladas en la parte más fria del Paramo, donde la tundra solo permite cazar animales y bestias del agua congelada y una que otra siembra en verano, el cual aun asi es más frio que muchos lugares del mundo, pues es la desolación lo que se ve, se respira y se siente en la piel, la palabra villa está mal utilizada, pues la villa solo estaba conformada por mi cabaña, donde vivia mi abuela, mi padre, mi madre y yo.

Ellos trabajaban en el mar o en la tierra para sobrevivir en aquel hostil extremo del mundo. Una vez pregunte a mi abuela por qué viviamos ahi, y ella me respondió que era el unico lugar seguro del mundo para nosotros, pues eramos herederos de la sangre de antiguos reyes enanos, a quienes malignas entidades robaron el poder y la felicidad de antaño. Es por eso que vivia aqui, para que nadie reclamará nuestras vidas por el poder que hace mucho que perdimos, pero que jamás supe de donde provenía.

Veia a mi padre, que cuando no estaba cazando o trabajando, entrenaba con su atarraga o con su gran hacha dia y noche. Era un hombre de gran disciplina, que ceremonialmente entrenaba con su arma, con la que tenia un gran talento. Desde que tuve edad para blandir un arma, comencé a entrenar con él, quien amablemente me enseñó todo lo que sabia. Me hablaba de que nuestro linaje real nos habia heredado grandes talentos de guerreros, como los luchadores de antaño, de entre los cuales nuestros antepasados siempre destacaron. Aunque mi padre fue mi unico maestro, mi estilo no era el mismo que el suyo. Él tenia un impresionante talento en el uso de las armas basado en su gran disciplina y en la calma que conservaba durante el combate, en cambio, yo siempre fui iracundo para la batalla, y mi fortaleza nacia de la ira que tenia en mi interior y que solo podia descargar cuando blandia un arma.

Esa ira provenia de que yo jamas acepté el destino de prisión voluntaria que mi familia se habia autoimpuesto. Yo era joven y valiente, impulsivo y arrogante. Jamas me bastaria con saber que la sangre de reyes corre por mis venas si el mundo no reconoce mi grandeza. Mi familia me llamó Sargón, que en el antiguo idioma que se hablaba en nuestro otrora reino significa "El rey autentico". No podian esperar que con esa alineación de estrellas sobre mi me quedase para siempre cazando focas. Debia salir al mundo y reclamar los tesoros que eran mios por derecho. Lamentablemente no sabia donde estaba nuestro antiguo reino ni como se llamaba, pues habian pasado demasiadas generaciones desde que mis antepasados huyesen de aquel lugar, y sus muertes muchas veces llegaron antes de que revelasen todo lo que sabian. Es por eso que tome la determinación de que hasta cuando llegue el momento en el cual me sea revelado mi grandioso destino, me forjaria por mi mismo el poder que merezco, a base de mi propio esfuerzo, como alguna vez lo hicieron los reyes de antaño.

Ya hace 10 años que sali de Villa Desolación, persiguiendo mi destino. Llevaba mi atarraga, una vieja cota de mallas de mi padre, equipo basico, un poco de oro y toda la suerte que mi familia me habia deseado en mi gesta. Extrañamente a lo que yo imaginaba, no se negaron y me apoyaron. Yo creo que en el fondo, tambien estaban hartos de nuestra prisión, pero se sabian muy viejos para hacerlo ellos.

Durante varios meses de viaje a traves del paramo y esquivando la vista de cualquier criatura en el camino, llegue al Pais del Norte, desde donde segui por la Gran Carretera. Cruce Narfel, Damara y Veisa. Al pie sur de las Montañas del Espinazo del Dragon oí rumores sobre El Gremio de la Espada y la Vara, de Lord Kennegan, quien prometia apoyo para forjarse una carrera como aventurero. Solo llegar ahi ya era un desafio enorme, un desafio que yo no pensaba rechazar.

Seguí por el Camino Negro, cruzando lugares que es mejor no recordar, y en los cuales solo pensaba en salir de allí. Una mañana, despues de un par de horas de camino, llegué a Loudwater, donde se esconde el lugar en el cual forjaré el inicio de lo que algun dia pondrá orgullos a mis antepasados.

Fue mi primer personaje del Gremio y encontró un prematuro final en la primera aventura en la que se metió, llamada El Misterio de Maestric dirigida por Dimuscul. Me gustaba la idea del PJ así que lo reutilicé en una partida posterior. Espero que ese enano tenga una historia más grande que contar.

 

28.- Narfok

Remanentes de la Oscuridad: Partida de D&D 3.5 dirigida por Serena.

Un Mágico de Guerra/Guerrero, experto en lanzar conjuros dañinos y el uso de Espadón. 

Nací como hijo de unos granjeros de un poblado cercano a Agnaro, la capital del Reino Agnar en Lordinere, sede del Consejo de los Grandes Señores de Occidente.

La vida es dura cuando eres hijo de un granjero no muy prospero. Durante los primeros años de mi vida crei que tendria que llevar la granja hasta que esta quebrara y luego ser un mendigo o quizas ser esclavizado para pagar las deudas, pero un dia conocí a un grupo de militares que acababan de asesinar a unos bandidos. Yo ya habia oido de bandidos y unos vecinos habian sido muertos en una incursion, asi que les despreciaba. Ellos me contaron que ser un militar era lo mejor que habia, pues defendias a los inocentes y ganabas dinero. Me contaron que no necesitaba dinero para hacerme un guerrero en las academias de Agnaro, que cualquier niño del reino podia pedir entrenamiento y formar parte del ejercito. Incluso me hablaron que si era bueno, podria pasar a ser parte del ejercito fijo del Consejo de los Grandes Señores de Occidente y asi llevar a cabo las misiones mas importantes del mundo.

Para mi, oir todo eso era como vivir un sueño. Podia ganar dinero, no depender de la granja y ademas luchar contra las criaturas que merecian morir. Mientras estuvieron con nosotros, uno de ellos me ayudo en mis primeros pasos e intente entrenarme para ser un guerrero. Desde el dia que se fueron, entrene duro con un bastón de la granja para ser un experto combatiente, mas algo extraño sucedia conmigo. Cuando me emocionaba, el viento rugia o se oian sonidos fantasmales. No preste mayor atencion, pues mi unico objetivo era ser un guerrero.

Me presente a la Academia de Guerra de Agnaro despues de cumplir los 11 años. Era bueno, uno de los mas fuertes, pues la vida dura del campo me tenia acostumbrado a exigirle al maximo a mis brazos y piernas. Lamentablemente para mis sueños, comence a desarrollar los fenomenos que habia ignorado por meses y en un enfrentamiento, con la intensidad de la lucha, descargue una cantidad de energia magica que daño a mi compañero. Inmediatamente me retiraron de la lucha y me llevaron al calabozo. Espere ahi por dos dias hasta que llego un hombre vestido de larga tunica. Era el director de la Academia Arcana que venia a llevarme ahi para completar mi entrenamiento de mago.

La idea no me gustaba nada, no queria estar inmerso en viejos tomos durante toda mi vida, sino que queria el rigor del combate y la emocion gloriosa de las huestes militares. En cambio, me encerraron a leer en silencio estupidas posiciones y palabras ininteligibles por casi un año. Nada me gustaba y hacia lo posible por demostrarlo, siendo un joven problematico y ganandome azotes cada pocos dias. Lamentablemente para mi, segun la ley, a diferencia de lo voluntario de ser militar, es obligatorio para todo niño nacido en el reino acudir a la Academia Arcana para evitar que su poder pierda el rumbo de la ley. Es por esto que no podia elegir irme y segun la ley, si un joven magico no responde bien, se muestra subversivo e insubordinado, debe ser ejecutado. Aquello no lo supe hasta que era muy tarde y se habia fijado mi fecha de muerte.

Les rogue, les suplique que me dejarán ir a la Academia de Guerra, pero se negaron. La noche anterior a la ejecucion, un extraño hombre se aparecio donde el director. Discutieron y luego fue hacia mi celda. Me dijo que era el director del departamento de Magia Belica, una institucion dependiente de la Academia de Guerra, pero con muy poca fama. Me hablo del entrenamiento que cursaban ahi y de como calzaba mas con mi perfil. En menos de dos dias, yo estaba en la Academia de Guerra, en el departamento de Magia Belica cursando estudios para ser un Magico de Guerra.

Me explicaron mis entrenadores que la magia se presenta en algunos individuos de forma natural, caotica y expontanea. Eso no le gusta mucho al Rey, pues esos sujetos sin guia son peligros potenciales, por lo que se les toma cuando joven y se les lleva a la Academia Arcana para darle orden y curso a su poder. Pero explicaron que lo que allá intentaban eliminar aqui era aprovechado y potenciado con el fin de crear al guerrero perfecto, el que combina la energia magica dañina y la habilidad de combate.

De esa forma entrene hasta cumplir mis 17 años y graduarme como Magico de Guerra. Habia demostrado ser el mejor y me gradue con honores. Incluso, por recomendacion de mis instructores se me asigno instantaneamente al ejercito regular del Consejo de los Grandes Señores de Occidente para unirme a los destacamentos en el continente de Kriel. Mi sueño se habia cumplido y yo era victorioso. Ese era mi pensamiento durante el viaje en barco, lamentablemente el sueño se esfumo cuando fui asignado a una torre desde la que tenia que vigilar todo el dia. Una carcel y un martirio para mi. Todo lo que se me habia alabado durante mi entrenamiento fue despreciado en un lugar lleno de frios veteranos.

Agradeci de sobremanera cuando mi oficial me llamo indicando que tenia algo distinto para mi, algo que podria ser peligroso.

Este PJ era un "palo blanco" pues la partida yo la dirigía en mesa y Serena decidió llevarla en Umbría. La idea de mi PJ era encargarme de ayudar a los PJs cuando se quedasen atascados o no pudieran resolver algo pues la partida era muy difícil. Al final no se terminó pues Serena dejó Umbría.

 

29.- Jack Logan

Prólogo a Mundos Extraños: La Huida de la Hipotoonte: Partida de Starship Troopers dirigida por Slaazenanth.

El técnico del grupo, mecánico y electricista, todo lo necesario para hacer que las cosas funcionen.

La partida solo duró un par de turnos y Jack no fue nadie.

 

30.- Andronicus Eledar

Partida de nombre olvidado: Partida de Vampiro la Mascarada dirigida no recuerdo por quién.

Un Tzimisce bien inhumano, la primera historia que escribí a modo de diario.

9 de Junio de 1780 - Budapest: Mi nombre es Eledar y escribo este diario porque el Señor Radoslav me obliga, dice que así ejercitaré la escritura que he aprendido. Está empecinado en enseñarme gramática y matemáticas, según él, un huérfano como yo debe saber esas cosas para poder hacer los mandatos de su amo. Sé que mi vida es ser un sirviente a cambio de pan y techo, pero no estoy conforme como dicen en la iglesia que debo estarlo. Sé que me dan ropa y estoy mejor que muchos otros huérfanos, mas quisiera ser algo más, tener más.

Quedé huérfano desde que mi madre murió con la peste, ya que jamás conocí a mi padre. Desde que mi madre murió, me acogió el Señor Radoslav, un burgués descendiente de la nobleza. Desde esos años, hasta el día de hoy, a los 15 años, he trabajado en sus negocios. He vendido, he transportado mercancías, he limpiado todo lo que podía limpiarse y lo que no. Los maltratos me tienen acostumbrados al dolor y la privación, pero aun me molesta sentir los regaños y los golpes por los errores no cometidos. Nadie me dijo que sería un esclavo de un maldito anciano, y aunque lo hubiesen hecho, nada podría hacer, pues es mi destino.

28 de Septiembre de 1785 – Budapest: Hoy cumplí 20 años y ya he decidido qué haré de mi vida. Cualquiera diría que no es el mejor momento para pensar en mis gustos, pero a mi no me interesa lo que esta sucediendo en este maldito lugar. El Señor Radoslav esta cada vez peor, la peste que contrajo con las prostitutas de al lado del Danubio le tiene cada día mas enfermo. Los médicos dicen que es Cólera y que nadie debe visitarle. La verdad es que lo que menos quiero es ver a ese desgraciado (espero que nadie jamás lea este diario o me irá mal). Siempre clamaba a los tiempos de esclavitud y de cómo su abuelo cortaba los dedos de sus esclavos cuando yo le desobedecía. El maldito me dejo sin comer muchas noches, me apaleaba hasta que con la edad deje de sentir el dolor de los golpes y hoy que soy el único sirviente que le queda, pide que le visite. Maldito puerco, ¿por que no te mueres de una vez?

Volviendo al tema de mi futuro, creo que me quedaré con todo lo del infame y con el dinero entraré a la universidad y seré un medico.

Desde que el Señor Radoslav cayó enfermo, he visto el trabajo de los Doctores y me ha apasionado. Ese control sobre la vida o la muerte, ese conocimiento del cuerpo y los males. Ese tipo de conocimientos deseo poseer.

26 de Mayo de 1787 – Budapest: Llevo dos años vagando en las calles. Desde que el anciano murió y apareció ese misterioso hijo y se quedó con todo. El bastardo me echó a la calle diciéndome que por mi culpa se “honorable padre” había muerto. ¿Qué harías si te dijera que tu “honorable padre” se enfermo con las putas haciéndote un hermanito, que al igual que tú, nacería de entre las piernas de una perra? ¿Qué harías si te dijera que fui yo el que le recomendó esa casa porque sabía que ahí había peste y quería que se muriese ya?

Eso ya no importa, pues aunque alcanzaste a desheredarme, me quité el rencor matándote lentamente. Aún recuerdo el regocijo que me produjo oírte gritar mientras te sacaba la pierna con la sierra.

Lamentablemente como dije, quedé sin nada y en la calle. Pero aún quiero ser un Medico, aunque lamentablemente no aceptan a cualquiera en la universidad, a pesar de que tenga como pagarla.

Ya tengo el dinero para comenzar mis estudios. Esos incontables idiotas que maté y les robé, las mujeres que estafe, esos dos ilustres a los que he chantajeado y todas mis actividades menores me han asegurado todo lo que necesito. Ahora solo necesito adoptar una imagen para que me acepten, una imagen esplendorosa y respetable. Ya pensaré en algo.

18 de Septiembre de 1787 – Budapest: ¡Me ha resultado! ¡He sido aceptado en la facultad de Medicina! Jamás habrían aceptado al pobre y desgraciado Eledar, pero no pudieron negarse a aceptar al hijo del Boyardo de una región remota llamado Andronicus Eledar. Estoy muy contento. Cuando vieron el dinero y me presenté, primero no lo creyeron, pero bastaron unas cuantas de esas mentiras inspiradas que sé hacer tan bien para que poco menos me pidieran aceptarles como vasallos.

Quizás el hecho de no tener ningún estudio anterior y solo saber leer, escribir, sumar y restar me juegue en contra. Creo que tendré que disimularlo bien y concentrarme en lo que aprenda allí.

Ahora he comenzado mis estudios y me dedicaré a aprender esos conocimientos que me permitirán por fin alejarme de la calle y ser alguien importante, como siempre lo he deseado.

25 de Noviembre de 1790 – Algún lugar maldito entre los Cárpatos: Mi destino me ha alcanzado y mi condena se ha convertido en eterna. He sido transformado en una abominación sedienta de sangre humana. No es esa la razón principal de mi sufrir, sino el hecho de que soy un esclavo como lo era hace años. Mi Sire, el Boyardo Nicolai Basarab, es ahora mi amo. Me ha encadenado con su sangre y no puedo desobedecerle. Me ha abierto los ojos a la realidad de las sombras y el don oscuro que me ha otorgado me brindará la vida eterna. Estoy atrapado en un mar de sangre y mis mentiras me han llevado a esto. Dice que se fijó en mí como un buen sirviente porque se enteró que yo era un noble de un lugar remoto y que estudiaba medicina en Budapest. Ha sido la fantasía estúpida que utilicé para entrar a la facultad la que me ha transformado en el objetivo de un inmortal deseoso de un esclavo.

Ahora estoy escribiendo mi diario antes de acostarme. Pronto amanecerá y mi Maestro dice que el sol me mataría en segundos si lo viese. Mañana en la noche comenzará lo que mi Amo llamó “Educación básica para un sirviente vampiro”. No será la primera vez que aprenda cosas para servir mejor. Espero que esta vez también me sirvan para algo más.

19 de Abril de 1800 – El Castillo de la Familia Basarab: Han pasado años desde que quedé atrapado para siempre en este maldito lugar como un esclavo. Me obliga a servirle entre los mortales. Me ha arrancado de mi vida para darme la miserable vida de un sirviente inmortal para un amo eterno. Lo odio pero lo amo y no puedo dañarlo.

Me ha enseñado el arte de moldear la carne, y en un año he aprendido ese poder. Los experimentos que él realiza en su laboratorio son un completo misterio para mí, pero le han brindado el poder y el conocimiento para desarrollar lo que él llama el “Arte”. Hoy en día, él tiene la capacidad de moldear el hueso e incluso le he visto generar vínculos con sus Ghouls transformando su brazo en sangre pura. Eso es un poder que solo él puede hacer y que de seguro aprendió en su Sanctasanctórum.

 Además me enseñó a dominar las mentes y me ha hecho ampliar mis sentidos hasta el punto de poder ver las auras de las personas. Estos son poderes maravillosos que me han abierto un mundo entero de posibilidades de grandeza, mas son puertas selladas por la servidumbre.

Soy mas fuerte y mas rápido que un humano normal y mis poderes vampíricos me tienen por encima de cualquier ser, aunque mi Maestro me ha hablado de los otros y del cuidado que debo tener cuando trate con no humanos.

Me ha dicho que esta noche me hablará de las vicisitudes de la existencia vampírica  y de las cosas que todo caínita debe saber para no morir en una tal Yihad. Ahí sabré a que se refiere.

25 de Enero de 1815 – Bucarest: Los años han transcurrido mucho más lento de lo que yo hubiese deseado. La calma me aprisiona y me esclaviza aún más que mi Señor. Estoy en este momento en un cementerio de Bucarest. Me alojo aquí durante el día, pues acá se sabe mucho de los Vástagos y los requerimientos que tendría para un hotel levantarían indeseadas sospechas entre cazadores y “hermanos vampiros”. Mi Maestro hace más de catorce años que me enseñó todo lo que yo necesito para desenvolverme en la Yihad. Desde la política común hasta el odio por el usurpador Tremere. La verdad es que odiaría mas a esos magos de no ser que mi odio por mi Maestro es aún mayor, impidiéndome sentir los mismos afines que él.

Me ha contado del esplendor de los días antiguos de mi clan y de cómo dominábamos casi toda Europa. También me ha hablado de la decadencia y de los pocos que quedamos cada vez mas, de cómo tenemos que huir de los demás clanes porque su miedo les obliga a destruirnos para así poder dormir en paz.

He aprendido de los clanes y de la historia. La religión Vampirica que se profesa creyendo en un principio de la maldición de Caín, el hermano de Abel que le asesinó por celos. Según mi Maestro, Caín mató por amor a Dios.  Sea como sea, por culpa de él todos estamos condenados. A mi me da igual el porque de su acto.

Volviendo a mi misión, mi Amo me ha enviado a buscar algún prospecto de chiquillo para él, una clase de hermano ayudante para mis quehaceres de marioneta sin alma. He visto a un chico interesante, pero junto cuando iba a tomarle y secuestrarle, se me ha adelantado un Vástago de otro clan. Nada más ni nada menos que un Tremere.

Me he dado cuenta que en sí, nuestros clanes buscan talentos similares en sus búsquedas por ampliar su número. Jóvenes estudiosos, inteligentes, astutos y audaces. Esa juventud inspiradora, aquellos chiquillos que parecen tener grandes aptitudes mentales y a la vez un futuro brillante, futuro que se les arrebata con un mordisco y una probada, y cambiada por una eternidad de esclavitud.

Los Tremere no son tan terribles como mi Amo dice, de hecho, los que me pillaron acechando a través de la entrada secreta a la capilla Tremere no me mataron ni me torturaron. Su Señor sabía quien era yo y que buscaba, aún mas, sabía quien era mi Sire y cual era mi misión en Bucarest.

Mañana al anochecer me reuniré con él y hablaremos alto y tendido. Mi Maestro me enseño mejor de lo que piensa las jugadas de la Yihad.

14 de Febrero de 1815 – Castillo del Boyardo Andronicus Eledar: Tal como mi Maestro lo ordenó, llevé a aquel joven como prospecto para ser abrazado. Lo que mi Amo desconocía era el hecho de que aquel joven era ahora un Ghoul de los Usurpadores y que su misión era distraer a Basarab mientras las tropas Tremere ingresaban en el castillo para ponerle fin a un antiguo Tzimisce, partidarío de la guerra de sangre contra los Tremere. Mi Señor habría pensado que sus ghouls de batalla lo protegerían, mas yo ya me había encargado de matar a todos los Slatzcha y al Vozhd antes de que llegaran. Sus magias antiguas sirvieron para que mi vínculo, un vínculo tan viejo y maltratado se debilitara hasta el punto de colaborar con ellos de forma directa pero indirecta en tu descenso. ¡No te ataqué, Oh Maestro! ¡No ha sido mi mano la que ha lanzado el fuego abrasador!

Pero el trato habría sido muy malo si me hubiera dispuesto a la vista de los vencedores, pues no habrían dudado en hacerme cenizas también, así que me asegure de que ardieran junto con el castillo aquella noche de fogata. Solo bastó con trancar unas puertas y encender las cortinas, el resto es solo el continuar del ciclo.

Lo lamentable es que el laboratorio de mi Ex-Señor, y todos sus experimentos se han ido en el final ardiente. No tengo sus técnicas y su conocimiento del “arte”. Aunque aquello no me molesta tanto, pues tengo una eternidad como Amo y Señor en estas ruinas para desarrollar mis propios estudios.

Tampoco importa demasiado, pues no puedo quedarme mucho tiempo aquí, pues los Tremere mandarán más a vengar a su batallón. Tendré que huir y buscar un refugio donde pueda. He conservado las cosas que pude sacar del incendio. Unas Propiedades y unas joyas. Eso me servirá para mantener mis necesidades, aunque estas por supuesto no son alimentación.

Ahora veo lo que tengo como un don. El vampirismo no es sino la iluminación más grande, esa libertad absoluta que te desata de las cadenas mortales y te ofrece la eternidad para usarla como mejor se te plazca. Esas incontables eras las disfrutaré completando mis múltiples estudios y asegurándome de no caer como una victima más de la Yihad.

Libre al fin.

Poco hicimos en la partida, conocimos a unos tipos, una abominación. Hubo una lucha, huimos con la misión de encontrar un libro y se acabó poco después.

 

31.- Angelo Giovanni

Rosario Nocturno: Partida de Vampiro la Mascarada dirigida por no recuerdo quién.

Un Giovanni de corta edad, habitante de Rosario.

Nací en Venecia, hace 50 años. Miembro de la familia Giovanni, serví como Ghoul a la familia desde los 25 años de edad. Trabajaba como un mafioso cualquiera de la familia, manejaba asuntos menores de la familia, sobre todo el control de los mortales y el crimen callejero. Esos trabajos menores, como amenazas y asesinar mortales sin importancia, en su momento parecieron una gran tarea. Sobre todo cuando me comparaba con los otros Ghouls, que acostumbraban ser mas mayordomos que miembros de la familia. El papel de sirviente Ghoul nunca fue para mí. Creo que desde el principio estuve destinado a ser un Vampiro.

El día inevitable llegó, al anochecer del 26 de mayo de 1983 morí, y volví a renacer. Lo que soy ahora no es la condenación de la que algunos hablan, sino una eterna vida de poder y logro. Cuando ni la muerte es un obstáculo, ¿Qué podría serlo?

Descubrí que mi Sire era un miembro importante de la familia, que por petición de mi padre me abrazo, eso me daba un poder mayor que muchos de mis hermanos.

Ahora podía usar un poder con el que no se cuenta cuando es un mortal, ya no hay miedo a los disparos, los humanos no son más que animales intentando vencer a un verdadero depredador. Desde el día que me abrazaron, supe que mi destino era más grande que simplemente patear comerciantes. Un gran destino, que durará para siempre.

Pase años apoyando las operaciones en el viejo mundo, siempre bajo la tutela de mi Sire, que me enseño todo lo que se. Después de que aprendí todo lo que se decía necesario para nombrarse un vástago, mi Sire me llamo junto a otros miembros jóvenes a una reunión, en la que estaban grandes miembros de la familia.

Mis jefes me dijeron que debería apoyar a la familia en otros lugares mas apartados, me explicaron que el secreto del control Giovanni, es estar en todos lados, y por eso somos una familia y no una simple organización, porque trabajamos como uno solo.

Así se acordó que iría a apoyar las actividades de la familia en una ciudad llamada Rosario. Seria la primera vez que vería la noche sin mi Sire a mi lado. Seria la primera vez que serian mis propias habilidades la que me mantendrían existiendo.

Una semana después estaba en un vuelo nocturno hacia América, era un viaje dividido en dos vuelos, para evitar el sol. A pesar de eso, en dos días estaba en Argentina, llegue a Rosario y me presente ante mis superiores regionales.

Ahora nada seria igual, la familia me protege, pero sin mi Sire nada es seguro. Solo en esta nueva ciudad, tendré que poner mis capacidades a prueba para ver si realmente soy digno de llevar el apellido Giovanni.

Fue un gran personaje, frío y terrible, ambicioso y calcular, muy manipulador. La ciudad era Anarquista y cuando se anunció que vendría la Camarilla a tomar el control, decidimos con un grupo oponernos. Mi PJ en verdad deseaba ganar poder y posición para poder negociar algún puesto importante para su Clan y si mismo en el nuevo régimen, fuese cual fuese. Convenció al grupo de obtener puestos indispensables de la ciudad y conseguirlos, como el banco de sangre y otros. Era incapaz de amar pero sintió envidia cuando conoció a dos Cainitas que se amaban realmente, así que planeó la muerte del hombre en un asalto y planeaba hacer un vínculo mutuo con ella para así sentir algo parecido y no poder ser vinculado (dos pájaros de un tiro). Lamentablemente algo salió mal y todos murieron en el asalto a la guarida de un antiguo. No recuerdo bien si Angelo murió pero no tenía muchas posibilidades más, aunque se habría rendido y habría vendido el alma si con eso sobrevivía.

 

32.- Alatos Thorn

Providence Nocturna: Partida de Vampiro el Requiem ambientada en Providence, Rhode Island, dirigida no recuerdo por quien.

Un Nosferatu del Invictus, ambicioso pero estructurado.

Nací en Nueva Orleáns en el año 1830. Mi familia era una familia acaudalada, descendiente de la nobleza inglesa. Me crié en una mansión, teníamos esclavos, huertos, ganado y grandes plantaciones atendidas por nuestra gente.

Cuando tenía 10 años, el cólera llegó a mi hogar, la gente empezó a morir, y cuando la plaga se extendió por mi familia y mató a mi madre y mis hermanos, mi padre incendió su hogar, y se suicido en el calor abrasante de las llamas. Más yo logré huir de ese fuego letal, pero estaba solo. Nadie estaba para apoyarme, nadie estaba para cuidarme.

La calle me enseño que la vida es dura, me enseño a robar para comer, me enseño a mentir, me enseño a pelear por mi vida, me enseño a sobrevivir.

Cuando tenía 15 años, encontré una compañía de teatro que venia desde Europa, me vieron y vieron que era apuesto e histriónico, así que quisieron contratarme como un actor. Era joven y aun podía aprender el oficio, además aun no tenía ningún lugar al cual ir, así que acepte.

Durante dos años viajamos por estados unidos, mientras aprendía como ser un gran actor, resultó que en algún momento de mi vida, una hermosa dama, llamada Anne  Marie Carson acudió al teatro a ver la obra con sus padres, mi amor hacia ella fue a primera vista. Al terminar la función, me acerque a ella y le hable, y ella escuchó de buen grado, pero su padre me vio como un simple muerto de hambre: me rechazó, me humilló, me dejo en claro que jamás podría estar con su hija.

La pena me inundaba, vergüenza por ser lo que era y no ser más. Pero más que pena, tenía ira, ira de lo que su padre pensaba de mí, y de lo que hizo frente a tanta gente. Debía pagar.

Esa noche mandé una nota a la bella Anne, diciéndole que no me importaba lo que su padre creía, que yo la amaba y siempre quería estar con ella y que quería verla esa noche. Cuando la hora llegó, yo acechaba hace minutos su casa, la vi salir, y cuando sucedió, entre por la puerta que ella había dejado abierta. Encontré a sus padres durmiendo, entonces los degollé silenciosamente, y disfruté vertiendo la sangre de tan desgraciado hombre. Con un leve retraso me junte con Anne, y le dije que quería que se fuera conmigo en la compañía, pero ella dijo que no, que no podía dejar a su familia.

Yo aún dormía cuando llego la noticia del asesinato de los Carson a la compañía, entonces actué, como ya había aprendido a hacerlo, y jamás sospecharon de mí, excepto una persona. Caída la noche fui a ver a Anne, a volver a ofrecerle que se fuera conmigo, pero ella no solo se negó, me grito, me agredió, sabía que yo había matado a sus padres. Me dijo que me denunciaría. No me dejo opción, la golpee, la viole, y la mate, con ella murió mi amor, ya que en mis próximos 161 años de existencia, jamás volví a amar.

Pero no fue la última vez que mate, en el año 1850, un hombre poderoso de la ciudad de Nueva York, John Gray, dueño de embarcaciones que traían especies de Europa, se negó a que nuestra compañía tuviera actividades en su puerto, ya que atraía demasiada atención a sus embarcaciones, que prefería mantener lejos de ojos reguladores. Puso a nuestra compañía en problemas, amenazó a nuestros miembros, pero no nos preocupó hasta que encontramos a uno de nuestros tramoyas golpeado brutalmente en callejón, con el mensaje de que nos fuéramos. El enfrentamiento era inminente.

Hable con el dueño de la compañía, le dije que podía acabar con el problema, pero que necesitaría protección, él aceptó. A la noche siguiente yo degollaba a John Gray y a sus hombres de confianza mientras dormían.

Los rumores de su muerte no se hicieron esperar, y nadie intercedió. Pero el dueño de la compañía me dijo que no quería asesinos entre su familia, así que me echaría o me denunciaría. Le mate antes de que terminara de hablar.

La compañía siguió por 10 años bajo mi férreo control, en parte por miedo a mi, pero por sobre todo, porque veían los beneficios de mi segunda actividad, esa a la que yo llamaba, la “Política Popular”, aquella que me traía dinero, contactos y beneficios varios a cambio de sangre y encubrimientos manejados con buena información.

En 1861 estallo la guerra civil, y nuestra compañía de teatro se hallaba en el sur, en Nueva Orleáns, mi ciudad natal, ahí me reencontré con amigos de mi infancia, que estaban apoyando a la confederación, su sistema económico agrario basado en el trabajo de esclavos no debía ser cambiado por un estado industrial, o sus ingresos personales descenderían rápidamente, y pasarían a ser parte de un pueblo mezclado con esclavos que ahora se harían llamar “Hombres de Color Libres”, y eso no les agradaba.

Ellos sabían de mis actividades, y me ofrecieron grandes riquezas, y los honores que mi padre me negó con su locura. Eso era más de lo que podía rechazar, la idea de recuperar lo que era mío por derecho, y con las capacidades que tenia ahora, podría ser el hombre más poderoso de este lado del Mississipi. Lo único que tendría que hacer era matar metódicamente a ciertos oficiales del Norte. La compañía de teatro seria la excusa perfecta para desplazarnos por territorio enemigo.

El Primer asesinato fue el 29 de marzo de 1863, en Illinois, un comandante, que se ahogó con su propia sangre, después de que mi cuchillo cercenara su garganta. En los siguientes años de guerra, maté 19 oficiales de alto rango del ejército norteño, lo que me aseguró todo lo que se me prometió.

Nuestra ola de glorias terminó cuando en el 1865 el maldito de Lincoln estaba ganando la guerra, así que me pidieron que acabara con su vida. La compañía se traslado a Washington, ahí nos establecimos, y acechamos al maldito durante 2 meses, un día nuestros informantes nos dijeron que asistiría a una obra de teatro en el teatro Ford. Nos infiltramos en la compañía, ayudamos al montaje, y cuando la fecha del estreno llegó, todo estaba dispuesto para darle fin a Lincoln.

El 14 de Abril de ese año, Abraham Lincoln murió con una bala en la cabeza que salió de mí revolver, disparada por John Wilkes Booth, un actor que hacia de nuestro contacto con los Confederados que nos dieron la misión. Pero mis ojos habían estado cegados, yo no era más que una marioneta en esa escena, ya que detrás del contacto, y en colaboración directa con mis “amigos” confederados, tres hombres importantes del gobierno habían dispuesto la muerte de Lincoln, el secretario de estado, el de Guerra y el vicepresidente. Yo era solo el chivo expiatorio de esos poderosos hombres, los actores locos que habían planeado todo junto con Booth. Pero a mi no me engañarían, y cuando Booth huyó, yo no lo hice, actué como quien no sabe nada hasta que le vi en el claro donde debíamos reunirnos. Entonces le golpee, me dijo que los de Virginia jamás me darían lo que me prometieron, que solo me usaron, y que si me presentaba ante ellos, me entregarían a la horca. Maldito, le habría matado, pero entonces llegó la ley y nos atraparon.

La horca nos llamaba a metros, nos instaba a sentir su abrazo, y cuando la vida se iba de nuestros dedos a solo un amanecer, alguien apareció en mi celda esa noche.

Era un hombre de talla mediana, flaco y pálido, no se si era su mirada, o alguna especie de aura que me intranquilizaba, o los movimientos extraños, como los de un lobo que hacia, no me dejaba hablar con él de forma normal.

-“¿Quieres Morir?, yo te ofrezco una alternativa.”

Era mi única opción, creí que me iba a mandar a algún suburbio como esclavo o algo así, pero era mejor de dejar de respirar. Acepté.

En momentos, el carcelero abrió mi celda con cara de pasmado, como si no controlara sus actos. Luego de eso nos fuimos de ahí al amparo de la noche, no fuimos molestados. La presencia de este tipo me intranquilizaba, pero podía acostumbrarme a sus palabras. Me dijo que se llamaba Aran Barton, que pertenecía al Clan Nosferatu y que me había seleccionado como un nuevo miembro por mi historial y mis habilidades. Yo no entendí nada hasta que me paralizó el sentir sus colmillos en mi cuello, y como la vida me abandonaba, era tan…sublime. Luego bebí de su sangre, y lo siguiente que recuerdo era como ya había muerto, y no era más un humano.

Pero la No-Vida no era un paraíso, era igual que ser un humano, más con restricciones y libertades adicionales. En un principio me costo adaptarme a los nuevos impulsos y a mí nuevo ser, pero con el paso del tiempo pude disfrutar lo que ahora era.

Aran me acompañaba en todo, me enseño que éramos Nosferatus, vampiros de la noche muy diferentes a los humanos, y que nuestra debilidad es que no podemos relacionarnos demasiado bien con ellos, por lo cual la No-Vida se nos hace mucho mas difícil que para otros clanes.

Me enseño de los demás clanes y de las alianzas que generaban el orden social de los vampiros. Me enseño a pensar como un vampiro, y a usar mis habilidades. Me enseño que las sombras y el miedo eran amigos de los Nosferatus, y a como podía usarlas. Las sombras me acomodaban, y me era fácil manipularlas, mas un vampiro tan joven rara vez puede manejarlo todo.

Existimos de esa forma por años, él enseñando y yo aprendiendo. Devoraba el conocimiento con una sed más grande que la que sentía por la sangre, Pero algo me faltaba, había perdido una vida, y por sobre eso, había dejado cosas inconclusas. Necesitaba de venganza contra quienes me utilizaron y me humillaron.

Mi Sire me dio su aprobación para salir solo recién 20 años después de mi abrazo, él era muy introspectivo y disfrutaba más recluyéndose para auto estudiarse que participando en el mundo exterior. Probablemente su pertenencia a la Alianza Ordo Dracul causara ese efecto en él, o su personalidad así hizo que se uniera a ellos. En cualquiera de los casos, él me hablaba de la alianza como el camino hacia las respuestas. Yo no quería respuestas, quería acciones.

Un día paseando solo por la oscuridad de la noche, decidí ir a buscar a mis enemigos. No los encontré y no los encontraría en esta vida. La mayoría habían sido enjuiciados y ejecutados por la conspiración contra Lincoln, y el resto no había corrido con mucha suerte. Me sentí decepcionado, y por sobre todo, impotente por no tenerlos al alcance de mis colmillos.

En ese momento apareció Aran frente a mí, comenzó a discutir conmigo sobre que yo no dejaba ir mis residuos mortales, que así jamás encontraría la forma de trascender. Nada de eso me importaba, se lo reproche en la cara, le dije que no me interesaba esa basura, que lo único que me importaba era obtener el poder que me había sido negado una y otra vez. Me miro con desprecio y se fue.

Me acerque esa noche a un bar, no quería llegar al refugio y ver que Aran me esperaba para darme otro discurso sobre las respuestas y la trascendencia. En el bar encontré vampiros, los únicos que conocía aparte de Aran, pero estos eran diferentes. No eran tétricos y oscuros como Aran y yo, sino que eran hermosos y elegantes. No pude evitar acercarme a ellos, pero algo sentí, algo en mi interior que me decía que me alejara de ellos, probablemente lo mismo que hizo que ellos en un principio me miraran con ira. Pero cuando la presencia cesó, pude abrir la boca para dirigirme a ellos:

 - “Buenas Noches, Compañeros de las Sombras, mi nombre es Alatos Thorn. Es un placer conocerles”

 - “Buenas Noches Alatos Thorn, Mi nombre es Gregory Andrew, del clan Daeva. Dime amigo mió, ¿de que Clan eres?” Me respondió uno de ellos.

 - “Un Placer Gregory Andrew, yo pertenezco al Clan Nosferatu” Exclame tímidamente, pensando en posibles diferencias entre los clanes.

 - “Es perfecto amigo mió, eres justo lo que necesitamos” Dijo con una expresión de fuerte interés.

 

Me llevaron ante un Vampiro llamado Sidrius. Era más anciano de lo que jamás había visto. Me dijo que era miembro de la Alianza Invictus. Yo ya había oído hablar de ellos por mi Sire, les despreciaba porque eran manipuladores y codiciosos, de alguna manera, todo lo que yo era. Me propuso un trabajo que me aseguraría un lugar en Invictus. Lo acepte con agrado.

La misión consistía en matar a un anciano que estaba amenazando las actividades de la alianza en esa ciudad. Era un trabajo limpio, entraba y le mataba antes de que supiera que pasaba. Nos dirigimos a un lugar público en el que se encontraba, para acecharle en un callejón. Le vi por la espalda con su capa y su sombrero. Me adelanté hasta el callejón para esperarle. Cuando pasó a mi lado, no me vio oculto con mis poderes de vampiro. Me acerque por su espalda y rebane su cuello con mi cuchillo. Su sangre brotaba negra como el aceite quemado, pero no lo venció, ya que era una criatura muy fuerte. Se volvió contra mí, y después de lanzarme por los aires de un golpe. Solo entonces vi su rostro, era Aran Barton, mi Sire, quien me había regalado la vida que tanto disfrutaba ahora, a quien le debía todo lo que soy. Mi cara de sorpresa fue visible hasta que me oculte con mis poderes para acertar una segunda estocada en su pecho. Pero su poder era inmenso, y de su ataque, con el cuchillo que escondía, me hizo perder la luz, y caí en las tinieblas.

Cuando desperté, habían pasado 50 años mientras dormía. Un vampiro me acompañaba al momento de despertar, era Gregory Andrew.

 

 - “Has dormido mucho, mi valiente amigo. Siempre supimos que era tu Sire, y demostraste valor y un temple de hierro. Mereces llamarte un miembro de Invictus. Nos tomamos la libertad de mudarte mientras dormías. Nuestros jefes te han visto con buenos ojos, así que te han mandado a esta ciudad como un importante apoyo.”

 - “Donde estoy ahora” – Respondí incorporándome.

 - “En Providence, Rhode Island. Te pondremos a disposición del príncipe. Yo ahora debo irme.” – Dijo mientras de ponía de pie.

 - “¿Qué paso con Aran?” – pregunte, no por preocupación, sino mas bien por curiosidad.

 - “Le mataste, amigo mío, como se te ordeno, el tema es que termino de morir después que tu ya dormías. Pero eso no le quita el merito.” – dijo antes de desaparecer en el umbral.

 

Fue lo último que le oí decir. Invictus me había conseguido un pequeño departamento para alojar. Fue así como ayude a mi alianza de forma normal, hasta la Noche de la Ira, donde luche a favor de mi alianza y así apoye la consolidación de el nuevo Príncipe: Demetrius, un Invictus al mando, como siempre debió ser.

Casi no recuerdo las aventuras de este tipo pues fue de mis primeras partidas en Umbría. Recuerdo que jugué un buen tiempo e hice un par de misiones. Maté a un Mekhet que parece que era otro PJ y la partida terminó sin final.

 

33.- Amon

Partida de nombre olvidado: Una partida de D&D 3.5 dirigida por no recuerdo quien.

Eramos solo Drow en una partida urbana de la Infraoscuridad. Menzoberranzán era nuestra ciudad y había que hacer algo, no recuerdo qué. No hicimos nada en realidad y la partida se terminó.

 

34.- Gerstank Inalcanzable

Partida de nombre olvidado: Partida de D&D 3.5 de alto nivel dirigida por no recuerdo quien.

Un monje hechicero Githzerai que había llegado al plano material primario en un viaje de entrenamiento. Al llegar se topó con que el lugar había sido dominado por un Señor Oscuro y se unió a la resistencia para medir sus propios límites. No era muy fuerte pero tenía una CA que le daba su apellido y su especialidad era esquivar los golpes mientras sus compañeros atacaban. La partida no duró mucho y desapareció con la historia que le había escrito al PJ y que ya no recuerdo.

 

35.- Ralf Ironfang

Partida de nombre olvidado: Partida de Hombre Lobo el Exilio dirigida por Shovel.

Un Rahu Garra Sangrienta, reservado pero siempre dispuesto. Un personaje leal y de confianza, sincero y decidido que nunca vio más que un post inicial.

 

36.- Kido

Partida de nombre olvidada: Partida de Hunter x Hunter dirigida por yesid.

El típico niño salvaje que desea volverse un Cazador para encontrar a su familia. Se había perdido desde pequeño en un accidente aéreo y deseaba encontrar a los suyos. No era una idea original pero pensaba sería un PJ entretenido para una partida con ese corte. La partida terminó antes de que empezase la prueba del Cazador.

 

37.- Viktor Van Zan

Partida de nombre olvidado: Partida de Vampiro el Requiem dirigida no recuerdo por quien.

Un Nosferatu no tan joven 

Nací en Pensilvana el 26 de mayo de 1879. Descendiente de una familia holandés-rumana, fui criado en los campos, como un granjero más de aquellos años. Crecí deslumbrado por las cosas simples de la vida. Una vida muy simple.

Antes de cumplir mis 18 años, estallo la guerra contra España por Cuba. Quería alistarme, pero mis padres no me lo permitieron. Eso me frustro demasiado, pues si hay algo de lo que era victima desde pequeño, fue de la propaganda nacionalista. Odie a mis padres por aquello y huí para enlistarme.

Dos meses después era el cocinero de un buque y jamás había visto un arma. Sentía que era utilizado como un esclavo y que no se tomaba en cuenta mi devoción por la patria.

Cuando termino la guerra ese mismo año, quede solo en las calles de Detroit, hasta donde había llegado buscando fortuna. Vivía de lo que podía robar y las pandillas de inmigrantes fueron mi familia por años. Ellas me daban el protagonismo que creía merecer. Sentía que yo era importante y que los demás debían respetarme por eso. Jamás quise mandar, pero odiaba ser ignorado.

Un año después de salir por tercera vez de prisión por asesinato y robo, estallo la primera guerra mundial. A mi no me importaba, pero no imaginaba lo trascendental que seria eso para el resto de mi existencia.

Nuevamente, antes de mi cumpleaños numero 37, Estados Unidos entra en la guerra y yo, como cualquier tipo de la calle, sin obligaciones y sin trabajo, soy enviado a la guerra como recluta. Tuve un básico entrenamiento en armas de fuego, las que jamás había conocido antes, y luego enviado a las trincheras del frente de los Balcanes.

Después de meses en Rumania, avanzamos por un pueblo cercano a lo que es Transilvania. En la noche, sentí la necesidad de dirigirme a una casa en ruinas. No puedo explicar por que debía ir, pero no podía evitarlo. Una vez llegue, basto un beso y un abrazo para que mi mundo se derrumbara y apareciese otro de las cenizas.

Cuando no aparecí al día siguiente, mi escuadrón siquiera se preocupó de buscarme. Para ellos no era más que un peón insignificante, carne de cañón.

Mi Sire se llamaba Alatos Radoslav, un Nosferatu muy antiguo y de gran poder. Durante más de 50 años me educó y me enseño todo lo que sé. Las guerras mundiales habían quedado atrás, insignificantes para un par de No-Muertos invisibles a los mortales. Mis modales fueron refinados y en medio siglo, era todo un caballero cuando me lo proponía, aunque en el fondo seguía siendo un sucio criminal. Incluso, algunas de esas maneras jamás pude despegarlas de mi comportamiento habitual.

Un día después de todo esto, decidí que era momento de volver a mi tierra, el nuevo mundo. Aunque mi Sire lo lamento, me dejó ir, bajo mi propia responsabilidad. Le agradecí y me largué.

Cuando llegué a mi antiguo hogar, mis padres habían muerto hace tiempo, dejando la granja en total abandono. Yo no podría llevarla, así que la vendí, como único heredero.

Me dirigí a Detroit, donde conocía a gente. Los criminales con los que compartía habían muerto o era ancianos decrépitos. Me preocupe de mantener lazos con sus herederos, un poco de contacto con algunos de sus descendientes, pero sin contactos reales, para que no descubriesen mi longevidad. De a poco, me aleje y jamás volví a hablarles. Cada vez estaba más sumido en la creciente población vampirica de la ciudad. No quería figurar entre ellos, pero eliminaba sin contemplaciones a quienes me molestaban. No quise jugar a su danza política para no ser utilizado por nadie, como lo había sido toda mi vida. Evite a las alianzas y sus contratos y no me juntaba con nadie mas que con los que me eran útiles.

Y así han pasado mas de medio siglo, mientras mi misantropía se desarrolla y sigo siendo la sombra tenebrosa que más vale respetar.

El PJ no hizo mucho más de un par de post antes de que la partida desapareciese.

 

38.- Rezzar Shruikan

Las Guerras Mandalorianas: Partida de Star Wars Saga dirigida por no recuerdo quien.

Un Jedi que se unió a Revan para luchar en las Guerras Mandalorianas. Asaltamos un complejo en una ciudad pero cuando iba a venir un nuevo asalto. El nuevo asalto nunca llegó pues la partida terminó.

 

39.- Rezzar Shruikan (Versión 2)

Star Wars Legado: Partida de Star Wars Saga dirigida por alguien cuyo nombre olvidé y que se dio de baja.

Un Jedi del tiempo de Legado. En la partida, todos querían ser Jedi y el Director o permitió así que eramos como 5 Jedi buscando como salir de las situaciones. Nos metimos en ciertos problemas, estábamos huyendo de nuestro asalto a Coruscant cuando la partida terminó.

 

40.- 69

Partida de nombre olvidado: Partida Genérica de Aliens vs Predator dirigida no recuerdo por quien.

Era una partida de Aliens vs Predator donde estaban las 3 facciones. Decidí hacerme un Xenomorph para probar como sería. El Director dijo que eligiésemos un número como nombre así que elegí el mío (XD) pero nunca sucedió nada y la partida cerró.

 

41.- Erik Reid

Star Wars Saga: Partida de Star Wars Saga ambientado entre las Guerras Clon y el inicio de la Rebelión, dirigida por Kastanguluka.

Era un soldado humano al servicio de la familia Organa.

Nací bajo el dominio del Imperio y nunca he conocido otra forma de vivir que la que tenemos en Alderaan bajo la protección que nos brinda el Senador Bail Organa. He oído historias, todos las han oído: Que el Emperador en realidad es maligno y que su imperio de terror fue forjado en el asesinato de los antiguos Caballeros Jedi al final de las Guerras Clones. No sé qué es exactamente un Caballero Jedi pues nunca he visto uno, pero en mi tierra se les recuerda con respeto y admiración. He oído como el mismísimo Senador les ayudó a algunos de ellos, aun a su propio riesgo. Son historias que se cuentan en lo privado, solo en los círculos más internos y de confianza pues el Imperio tiene oídos por todos lados. Por suerte yo pertenezco a ese círculo.

Soy hijo de un respetado miembro de la Guardia Personal de la familia Organa. Mi padre murió en servicio y mi madre durante mi parto. El Senador Organa se hizo cargo de mí como compensación al intachable servicio de mi padre, por lo que fui criado con buenas comodidades y, apenas tuve la edad de ello, se me envió a la Academia de Guerra para entrenarme. Decidí ser un soldado de la Guardia Personal de la Familia Organa tal como lo fue mi padre antes que mí.

Mis años de entrenamiento fueron una mezcla entre disciplina y concentración. Entrené concienzudo de que mi desempeño en estos años me brindaría el respeto necesario para ser considerado. Así fue, entrené duro y tuve altas calificaciones en todos los campos, por lo que me gradué con honores. Al salir, el Senador Organa me nombró miembro de la Guardia y con ello me realicé completamente, a pesar de que es solo el comienzo de mi carrera.

La partida comenzó con la reunión de los PJs, la primera reunión con Bail Organa y nuestra misión. Estábamos llegando al lugar donde comenzaría nuestra investigación cuando el Director dijo tener problemas y la partida cerró.

 

42.- Lindor de Slobozia

Dhaeva 2: El Caballero de las Tinieblas: Partida ambientada de Vampiro Edad Oscura con reglamento de Exalted Segunda Edición, Dirigida por DarkMaste.

Un niño de siete años, ahijado de un vampiro con mucho poder en Transilvania.

Hay veces en la vida donde se piensa que todo está bien y que nada maligno existe en el mundo. A veces uno cree estar protegido de todo daño, seguro y resguardado. Ese es el caso del vientre materno, pues mientras te alimentas a través de la sangre de tu madre, ignoras todo el peligro que se cierne sobre la humanidad en el exterior, revolcándose y ocultándose mientras las personas viven tranquilamente sus vidas ignorantes de los peligros que se ocultan en las sombras.

En los años antes de mi nacimiento, un seño feudal era el líder de las tierras de mi familia. Era el Conde Florescu de Suceava, Conde de Moldavia. Pero antes de que yo naciese nuestra tierra dejó de estar a su cargo y fue sucedido al Caballero Sidor de la Selva Negra, quien comenzó las obras de construcción de un castillo en una colina artificial que también se construyó y que en realidad fue lo único de aquella obra que se concretó. Rumores de una criatura que atacaba a las personas se extendieron con fuerza, pues las desapariciones y los ataques eran reales. El Caballero Sidor quiso investigar, pero fue emboscado y atacado por la criatura, que le dio una horrible muerte al noble.

Ese es un gran ejemplo de cómo las criaturas oscuras y reptantes de las sombras que algunos piensan solo habitan en sus pesadillas, en realidad nos rodean y se acercan a nosotros en la oscuridad. Ellas se encargan de devorar nuestro ser indistintamente de si tenemos sangre azul o no, indistintamente de si nacimos en noble cuna o en pesebre de paja como nuestro salvador. Este es el ejemplo, pues el orgulloso Caballero Sidor fue asesinado por un Vampyr según se cuenta y nada pudo hacer para evitar su deceso. Ese es el destino de muchos hombres y esa es la razón por la que en Transilvania se atrancan puertas y ventanas durante la noche, pues hay que mantener a raya a los peligros de la noche.

Pero no solo las tinieblas ocultan peligros para los seres humanos, pues el hombre es experto en acabar con otros hombres, demostrando la capacidad e instinto asesino que existe en nuestro interior y que palpita más fuerte que ninguna otra conducta propia de nosotros. Es algo terrible que no podemos explicar, pues es tan nuestro como el hambre o la sed. Esa necesidad de matar a nuestro prójimo como Dios lo prohíbe está dentro de nosotros, sobre todo de los que tienen poder y temen perderlo.

Cuando nací, fui recibido por mi madre y mi padre, Pavetta y Lisander. Ambos de familia campesina pero con propiedades. Vivíamos en Slobozia, las tierras del Caballero Sidor de la Selva Negra, quien aun estaba vivo cuando yo llegué a este mundo. Vi a mi padre cuando mi mente aun no guardaba lo que mis ojos miraban, por lo que no puedo recordar como era. Él acompañó a Durius de Tremere, sobrino del Caballero Sidor de la Selva Negra, en un viaje hacía la capital para hablar con el Voivoda y así reclamar para Durius los derechos del dominio de Slobozia, pues tanto él como el anciano del pueblo llamado Dagu el Paciente, mi abuelo y padre de mi madre, no deseaban que nuestra tierra volviese al dominio del Conde de Moldavia. El viaje lo hicieron poco después de mi nacimiento y jamás regresaron, pues el Voivoda mató a mi padre en las mazmorras del castillo.

Aquello no lo supimos hasta mucho tiempo después. Estábamos en Slobozia esperando el regreso de mi padre y de Durius de Tremere, que se había extendido a más de un año ya, cuando mi tío Dimitri, hermano de mi madre, decidió ir en su búsqueda junto con dos aliados de Durius: Gorax Suylas y Bigun Tarigen. Jamás se volvió a ver a ninguno de ellos, ni jamás se supo que fue de sus vidas. Solo podemos especular acerca de cual fue el oscuro destino que les aconteció y que los sacó para siempre de nuestras vidas.

¿Cómo habría un niño de saber el destino de los suyos? ¿Cómo habría de saber siquiera los males que les acontecen a sus familiares? No puede y es por eso que el bebé solo sonríe o llora por capricho, inconsciente de qué hacer y completamente indefenso, a cuestas de su madre. Es así como Pavetta me llevó, pues soy el fruto de su vientre y era un ser indefenso que nada podría haber hecho ante las terribles situaciones que les sucedieron a los míos y que aun estaban por suceder.

Yo apenas comenzaba a dar mis primeros pasos y gesticular mis primeras palabras cuando las noticias de la invasión por parte de los bárbaros magyares llegaban desde el norte. Hordas de sanguinarios asesinos y violadores que arrasaban con todo a su paso era el mayor peligro que se cernía sobre toda Transilvania. Las personas se desesperaron, algunas pensaron que no era tan grave mientras que otros se sentían condenados. Muchos huyeron, pero mi familia a pesar de pertenecer al campesinado, jamás se había constituido de cobardes y eran hombres que no temían luchar por los suyos y lo que les pertenecía. Mi tío Dynnu, mis abuelos y unos cuantos más decidieron que se quedarían a luchar contra el invasor y que morirían si era preciso para defender sus tierras.

Un hombre extraño para esa zona estaba en ese momento en Slobozia. Su nombre es Maserrak Flambeau, instruido y fino como nadie en esa zona de Europa, inteligente y astuto, sabio y consciente, aliado de Durius y de Sidor. Desde el comienzo insistió en la necesidad de huir y dejar atrás aquellas tierras que solo podían ofrecer muerte y desolación detrás del avance invasor. Se discutió, se deliberó y se decidió finalmente que las mujeres y los niños irían con él a un lugar mejor, que era la capital Bucarest, ciudad donde hace más de un año se habían dirigido mi padre y Durius para nunca volver.

Mi madre me llevó durante esa triste peregrinación, dejando atrás a sus hombres amados y sus tierras ancestrales, entregadas al destino que Dios eligiese para los combatientes que se atrincheraban en sus casas y callejuelas, armados con instrumentos de labranza y armas antiguas, algunas datadas de la misma Roma. Lamentablemente Dios no estaba con mi familia en ese momento y todos nuestros hombres fueron masacrados por la horda Magyar, perdiendo así a mis abuelos, Dagu el Paciente y Lindor, padre de Lisander, y mi tío Dynnu. Jamás veré a esos hombres vivir de la forma digna que lo hacían y con eso me quedo sin ningún hombre al que imitar, o eso es lo que habría pensado entonces si hubiese tenido ya la capacidad de pensar.

Me habría gustado conocer a todas esas personas y tener modelos a los que seguir. Ver a mi abuelo labrar la tierra y sentir orgullo por ello. Escuchar a mi padre cantar e intentarlo desde el fondo de mi alma. Ver a todos mis antepasados luchar contra el sino y no rendirse hasta el final y honrarme de compartir su sangre, pero nada de eso será, pues yo aun era una criatura sin consciencia cuando todos ellos partieron para siempre. Pero alguien quedaba, alguien que el destino puso en mi camino y que pronto volvería a ver.

Cuando llegamos a Bucarest, encontraron ahí a Durius de Tremere, quien había oído de los refugiados de Slobozia, por lo que decidió ayudarnos. Nos contó que mi padre fue asesinado en la mazmorra del Voivoda bajo tortura. La noticia era terrible y desoladora, pues aun no sé qué pensar acerca de sus últimos momentos y no deseo hacerlo por no imaginar a un hombre que debería amar pero de quien siquiera recuerdo su rostro, gritando bajo suplicio. No es lo que deseo, así que no lo haré hasta que no sea capaz de entenderlo bien.

Durius se sentía en deuda con mi padre por alguna razón que desconozco, por lo que decidió hacerme su ahijado. Nos cuidó a mi madre y a mí para que no sufriéramos. Luego peregrinamos nuevamente a Balgrad, después de que Durius consiguiese la rendición pacifica de la ciudad. Ahora se vuelve a llamar Alba Iulia, como los romanos le habían puesto. Esa es la nueva capital y Bucarest fue derrumbada hasta sus cimientos por orden del Duque Gyula Kadar, gobernante de Transilvania. Durius ha conseguido un puesto importante en el nuevo orden y es caballero y secretario personal del Duque, siendo quizás el hombre con más poder después del mismo gobernante.

Nos consiguió una casa grande en la que vivir a mi madre y a mí, donde mi madre ha traído a sus parientes para salvarlos de los barrios de refugiados y sus horrores. Vivimos de la cosecha del huerto pequeño y de las gallinas que poseemos. Decidió una vida para mí, una mucho mejor de la que podría aspirar como hijo de un campesino fallecido. Eso es el destino manejando sus hilos para verme subir en la vida, más allá de lo que mi carencia de alas podría haberme permitido.

Yo solo tenía dos años de vida cuando llegamos a nuestro nuevo hogar y nada sabia de mi papel en el mundo y del destino que se preparaba para caer sobre mí.

El Personaje tiene mucho potencial y solo hace falta a que pase el tiempo de juego para que crezca y reclame un buen futuro y grandes diversiones para mí. La partida ya terminó, el niño creció mucho emocional e intelectualmente. Este es su epílogo:

Epílogo

Lindor de Slobozia

La noche termina pero por algún extraño motivo, siento que la oscuridad no se ha disipado. El sol aparece en el horizonte pero las sombras en nuestro interior pululan y se mantienen al acecho para tomar el control de nuestros corazones al primer momento en que bajemos la defensa.

Me despierto para ver como el castillo ha sufrido cambios importantes en solo una noche. La antigua familia Basarab ha desaparecido ya debido a haberse declarado enemigos del Duque Kadar. El Caballero Schaar Dvy está en las mazmorras como prisionero por rebelarse contra Durius y todo sigue igual, aunque la atmósfera sea distinta.

El Caballero Iacobus nunca regresó y nadie hace preguntas acerca de ello. Hay otros asuntos que tampoco son mencionados en el día a día pero la verdad es que a nadie le importa demasiado. Quienes siguen acá, están vivos aún y no mueven las aguas por miedo a que aquello cambie.

El Maestro Maserrak me mira desde su sillón mientras yo termino mi ensayo acerca del Imperio Romano de Occidente y aunque mi mano se mueve presta para escribir con la pluma las palabras que debo plantar, mi mente sigue pensando en aquellos asuntos tan sórdidos que se plasman en el día a día de este castillo.

He aprendido acerca de muchos temas y pronto comenzaré con mi entrenamiento en armas. Estoy listo para lo que sea, estoy listo para formar parte de este lugar y ganarme el sustento de mi familia en el día a día. Mis primos, aún Dagu después de lo sucedido, se ganan su comida y techo. Mi madre trabaja también pero soy yo quien se hará cargo de ella cuando la edad se lo impida. Es una responsabilidad que tengo pero que me corresponde por ser su único hijo.

A veces pienso en mi padre. No le conocí y todo el mundo que le conoció dijo que era un valiente que murió ayudando a Durius a salvar a su pueblo. Otras veces oigo que solo era un juerguista vividor que murió por estar en el lugar y momento equivocado. No sé qué versión creer pues todos miran a los niños como si debiésemos honrar a nuestros padres siendo como ellos pero si era la segunda versión, prefiero honrarle siendo muy distinto a él.

Necesito concentrarme en hacer las cosas bien. Necesito saber que me estoy formando como debo y es mucha la presión que siento. Termino el ensayo y se lo entrego al Maestro para que lo juzgue. Cada día soy mejor y sé más cosas. Espero ser de ayuda el día que se me requiera para funciones más avanzadas en el Castillo. Deseo ser un gran guerrero cuando sea grande pero también ser muy sabio y conocedor, como el Maestro Maserrak me está formando. Deseo saberlo todo y poder usar una espada para defender a todos mis seres queridos.

El Maestro comienza a hablarme acerca de la Caída del Imperio Romano de Occidente y de como ha cambiado el mundo desde entonces. Le pongo atención pero no puedo dejar de pensar en como muchas de las cosas que me dijeron que no existían están más presentes de lo pensado. Esa criatura que apareció en la noche, la muerte de Niksaa Basarab y la transformación de Farkas Deli. Vampiros, hombres lobos y cosas aún peores caminan entre nosotros y ya no puedo saber si quienes me rodean son humanos o no. Recuerdo la primera vez que estuve en la corte cuando apareció el Duque Kadar y la misteriosa forma en que este apareció. De seguro que él mismo es una criatura de la noche. Luego pienso en que tanto el Chambelán como Durius no se presentan hasta que el sol se marcha del horizonte. Recuerdo rumores oídos del comportamiento del Chambelán cuando apareció aquel Rey Tumulario y como se mostró como un Vampyr sumido en el pánico.

A veces ya no sé qué creer y ya no sé en quien confiar. Solo sé que no permitiré que mi madre se quede a solas con el Chambelán ni con el Duque pues de seguro se las comerá. Ahora me quedo a dormir en mi nueva habitación y debo tener cuidado de cerrar bien la puerta para que no irrumpan en la noche y me lleven en sueños. Temo por mi madre y por mi alma. Juntaré el valor de preguntarle directamente al Maestro Maserrak acerca de estas preocupaciones. Probablemente lo haga mañana.

Mi lección de hoy ha terminado y el sol comienza a ocultarse detrás de las montañas. Pronto despertará Durius y Otto, pero no sé si quiero estar cerca cuando ocurra. A Durius lo admiro y me debo a él, es como un padre para mí pero md atormenta saber que no es un humano y que en el fondo solo desea cebarse con nuestras almas. Rezaré esta noche para pedirle a Dios que nos proteja a todos y que el sol salga rápido otro vez.

Para la próxima entrega, crecerá física y cronológicamente para obtener de él todo lo que espero.

 

43.- Gustav

Warhammer, Indagando en la corrupción: Partida ambientada de Warhammer Fantasy con reglamento de de la Segunda Edición, Dirigida por Nikuzo.

Un cazador imperial de espíritu libre.

Mi nombres es Gustav y nací en las cercanías de Essen, en Ostermark, hijo de un cazador, aprendí desde pequeño a sobrevivir en el bosque. Mi madre cuidaba nuestra pequeña cabaña mientras yo acompañaba a mi padre a conseguir la comida con su arco.

La comida no abundaba pero nunca faltaba algún conejo o ardilla a la que echarle el diente. Lamentablemente nuestro hogar estaba muy cerca del Bosque Muerto y de la ciudad maldita, por lo que nunca era mucho lo que había a nuestra disposición.

Cuando tenía 10 años mi padre enfermó y murió de fiebres. Era un invierno duro y el frío calaba los huesos mientra la lluvia y la nieve humedecían las ropas apenas salíamos. Desde entonces fui yo quien tuvo que sostener a mi madre y a mí.

Mi madre murió dos años después, nunca supe de qué. Solo no despertó un día. Viví en mi cabaña hasta que cumplí los 16 años, completamente solo. Iba a Essen a comerciar de vez en cuando, llevando conejos y carnes que podía cazar para cambiarlos por ropa o alguna otra cosa que necesitase.

Un día fui a comerciar y me quedé bebiendo en la taberna. Hace tiempo que vivía sin motivo y mis días pasaban sin ningún sueño y sin ningún fin. Bebí hasta emborracharme y luego quise volver a mi cabaña pero ya era de noche. Muchas veces mis padres me hablaron de que el bosque de noche era un lugar muy peligroso y yo debía ocultarme siempre antes que el sol. Esa vez no hice lo que me habían dicho y al llegar a las cercanías de mi hogar, vi como los muertos caminaban.

El miedo me caló el alma y las imágenes de ellos caminando por el abandonado huerto de mi madre, arrastrando los pies putrefactos sobre la tierra removida me persiguieron por horas después, mientras seguía huyendo de ahí. Nunca volví a mi casa, nunca tuve el valor de mirar a la cara a aquellas cosas y la idea de dormir con sus pasos y quejidos a mi alrededor me produce aún un sudor frío que me asquea.

Desde entonces viajé por el Imperio intentando sobrevivir. Cacé e incluso me puse al servicio de unos mercenarios para cuidar unas caravanas. Tengo un arco y sé disparar, eso es más de lo que algunos guardaespaldas pueden hacer así que he podido sobrevivir sin ningún lujo pero sin demasiada hambre.

Sigo buscando una forma de ganarme la vida, de conseguir ser alguien. El salir del bosque me ha servido para entender que soy un joven que puede tener un futuro más que vivir solo hasta que la edad o alguna peste me mate. Ahora puedo tener sueños y puedo luchar por cumplir alguno. No tengo ataduras y por lo tanto soy libre de buscar mi destino donde sea que se esconda.

La partida tuvo un parón y fue seguido por abandonos masivos que hizo que el Director decidiese cerrarla.

 

44.- Kazer Almoth

Piratas de Ultaar/El Holocrón Jedi: Saga de partidas de Star Wars, la primera con el sistema Saga Edition y la continuación con el sistema d20 Revisado, dirigidas por Alvaro3050.

Uno de los pocos y parias Jedi de la era Legado.

La gotera cae a mi lado mientras el ruido del motor ensordece mis oídos. No me preocupa, no son los únicos sentidos que poseo pero si puede aquel desagradable estímulo mantenerme alejado de los cazadores de recompensas que se jugarían la piel por los créditos que les brindaría llevar mi cabeza al Imperio.

Esta nave no es lo más cómodo que he podido conseguir pero no son muchos los capitanes que acceden a llevar a un tipo de mi aspecto sin hacer preguntas y por un precio tan conveniente. No puedo quejarme y eso tampoco significa que pueda dormir, pues nunca puedo asegurar que no despertaré drogado y desarmado para ser entregado... o si despertaré.

Y pensar que hace muchos años no había mayor orgullo que ser aceptado en la Orden Jedi para ser un guardián de la paz y la justicia en la galaxia, sirviendo a la Alianza Galáctica y estudiando los designios de La Fuerza para utilizarla en beneficio de otros. De eso ya han pasado muchos años.

Recuerdo la emoción que tuve cuando aquel maestro de cabello rubio me fue a buscar a casa y le dijo a mis padres que mi destino era ser un Jedi, que La Fuerza era intensa en mí y que mi talento no podía desperdiciarse siendo un granjero en Naboo como ellos. Mis padres sin dudarlo aceptaron y en pocos días estuve camino a la Academía de Ossus, que hacía poco operaba, después de la recuperación del planeta por parte del mismo maestro que me estaba llevando.

Mis primeros meses de entrenamiento fueron algo que jamás imaginé. Callar a la mente para escuchar a las Midiclorias en mi interior que me comunicaban la voluntad de La Fuerza fue más de lo que jamás habría esperado de mí. Luego sentirla y conseguir controlarla. Sentir el poder de La Fuerza y entender la filosofía de la Orden, crecer con ella como ella me hacía crecer a mí. Fui completamente feliz sirviendo y entrenándome para servir, pero nada dura para siempre y La Fuerza está siempre en movimiento.

Las naves llegaron con sus armas, los soldados y lo peor... los Siths. Esos seres cuya oscuridad es casi palpable y que asesinaban a mis hermanos sin compasión alguna. Jamás había visto algo tan horrible, jamás había sido capaz de concebir que maldad semejante existiese y dañase algo tan puro y bueno como era la Orden.

Logré escapar con uno de los instructores, un joven Zabrak llamado Siellin Annk. Hacía poco que había conseguido el rango de Caballero y entrenaba a los jóvenes como yo que aun no teníamos un maestro para nosotros solos. Me llevó en un caza hacía Kashyyyk, donde nos ocultamos.

Durante años, él me entrenó en La Fuerza, sentando las bases de mi capacidad para autoentrenarme. Me decía que hace siglos un joven Jedi tuvo unos maestros por pocos periodos de tiempo, pero que fue capaz de completar él mismo su desarrollo, liberando a la galaxia de los Siths y su Imperio de oscuridad. Se llama Luke Skywalker y era antepasado del maestro Kol. Me dijo que con la voluntad necesaria, se puede crecer y lograr las metas aun sin un maestro. Desarrollo mi capacidad de autocrítica y de ser autodidácta.

Cuando yo tenía 19 años, Siellin decidió que debíamos abandonar la caverna entre las raíces de los inmensos árboles de Kashyyyk para conocer la situación actual de la Galaxia. Me dijo que ya estaba listo y que no podía ocultarme más. Me dijo que alguien debía traer el orden y el balance a La Fuerza. Que lo mejor sería buscar más Jedi como nosotros, pero que no era productivo esperar a otros, sino que debíamos ser capaces cada uno de derrotar a los Siths.

En el puerto estelar al que fuimos nos separó una multitud y vi como a Siellin lo mataban unos cazarrecompensas. Nada pude hacer y sus palabras me retumbaban en la cabeza. No fui capaz de proteger a mi amigo de una docena de Trandoshanos, no sería capaz de vencer a ningún Lord Oscuro del Sith.

Me embarqué a donde fuese. Nada me importaba más que desarrollar mis capacidades. Supe que esos años encerrado me dieron herramientas, pero no me harían capaz de lograr mis objetivos. Debía poner a prueba mis dones y mejorarlos con la experiencia real. Aquello había sido la puerta de entrada, pero yo debía seguir el camino por mí mismo.

Después de varios meses a bordo de distintas naves o puertos en los que buscar algo que hacer, donde me pruebe a mí mismo de ser digno y a la vez ayude a estabilizar la Galaxia, oí a unos contrabandistas hablar de los piratas que atacan Ultaar. Me sonó como el trabajo de unos mercenarios, pero "a situaciones desesperadas, medidas desesperadas", por lo que no me negué a unirme a la tripulación camino a ese mundo. Ahora esta nave me lleva a Ultaar y me escondo en la sala de máquinas para no ser observado en exceso por el resto de la tripulación. La Fuerza puede ayudarme a convencer de que no soy un Jedi, pero no debo abusar de ello por lo que es mejor prevenir.

Mi intención, unirme a la protección de Ultaar y ver como esto me ayuda a definir mi destino en este mundo y en este nefasto momento. Mi tarea, buscar Jedi vivos, ayudar a otros y mejorar mis capacidades hasta ser capaz de ayudar a acabar con la opresión Sith de una vez por todas.

Participé en la primera partida, en la cual desbaratamos los planes de un codicioso y poco escrupuloso comerciante asociado con el Imperio Sith. En la segunda huíamos de la opresión Sith. Disfruto mucho llevando este PJ y me encantaría que continuase sus aventuras.

Frikipuntos y Carisma

Frikipuntos:
8466.5
Carisma:
90
Positivos:
90
Neutrales:
0
Negativos:
0

Partidas en juego

  • Jugador (activas): 13
  • Jugador (en pausa): 3
  • Director (activas): 0
  • Director (en pausa): 0

Partidas finalizadas

  • Jugador: 49
  • Director: 2

Partidas abiertas

  • Jugador: 4
  • Director: 0

Total partidas: 67