El sonido de tu propio móvil te sobresalta, a pesar de que llevas días mirándolo hora tras hora sin poder pensar en otra cosa. Tus manos, temblorosas, luchan por deslizarse por la pantalla para contestar la llamada y, cuando hablas, tu voz es apenas un gritito irritantemente agudo.
Asientes con la cabeza varias veces, como si el interlocutor fuese capaz de verte, mientras murmuras unos cuantos gracias. Y, finalmente, cuando la conversación termina y sueltas el móvil sobre la mesa, gritas. Gritas con todo el aire que estabas conteniendo en los pulmones y haces tu pequeño baile de la victoria por toda la habitación.
O quizás no. Tal vez esto es solo un curro más, una forma de ganarte la vida, alcanzar la fama o darle en las narices a ese profesor que decía que no valías para nada.
Sea como sea, estás dentro. Entre los miles de candidatos, tú, has sido seleccionado. No importa que sea el sueño de tu infancia o un simple paso más, tu vida ya no volverá a ser igual.
Shadowtown es una ciudad oscura que, en cierto modo, parece haberse ido al infierno desde hace tiempo. Violentas bandas criminales compiten por el predominio en las calles. Las corruptas autoridades, políticas y policiales, a menudo parecen tan sólo una banda más.
El mundo de Shadowtown no es la Tierra, sino un mundo vagamente similar. La tecnología imperante es equivalente a la de la segunda mitad del siglo XX (años 80).
La gente suele aceptar que lo mágico y lo sobrenatural fue real, pero que es algo que pertenece a un pasado histórico, casi mitológico. No es algo en lo que las personas normales quieran pensar o creer por lo general en su día a día.
Salir de Shadowtown no es fácil, como tampoco lo es tener sueños y aspiraciones más allá de la vida cotidiana, pues la ciudad tiende a asfixiar y aplastar a los soñadores.
Vale, habías mentido, había sido descarado, pero no estabas para aguantar a tu madre una y otra y otra vez recordándote cómo tus primos estaban casados y lo has soltado.
Sí, mamá, estoy saliendo con alguien.
Sí, mamá, desde hace tiempo ya.
No, no ha venido por que trabajaba.
Todo mentiras. No tienes ni una sola idea de a quién vas a llevar a la cena que tus padres han planeado para el domingo siguiente, pero siempre puedes fingir haberte muerto... O mejor ponerte las pilas. Joder.