Otoño de 2951 de la Tercera Era.
Gandalf el Gris os ha pedido que ayudéis a un hombre llamado Zarquinio. Un erudito, dice. Alguien que necesita personas competentes y discretas para recuperar reliquias perdidas de las edades pasadas. La recompensa es buena. Los detalles son escasos.
En el norte de Eriador, entre las ruinas de un reino olvidado, algo lleva siglos esperando a que alguien lo encuentre.