Comunidad Umbría :: Partidas (reclutamientos, sondeos) :: [Reclutamiento] Noctis Aeterna sobre Tephaine (Parte 1; 18+)
El smog se enrosca en volutas alrededor de las piernas de cientos de trabajadores mientras cruzan el patio del manufactorum. En sus caras demacradas y sucias se pinta la determinación nacida del sufrimiento. Los altavoces de alabanzas, que inundan el aire con las interminables letanías en honor del Emperador de la Humanidad, callan de repente. La masa de trabajadores se detiene, una sombra de duda en sus rostros; frente a ellos, en el único acceso del muro que separa la factoría del complejo administrativo, se alza una docena de Arbites formados en un muro de escudos. Las bocachas de sus escopetas amenazan desde la apertura lateral en las égidas que portan. Tras ellos, otros tantos cibersabuesos merodean y se convulsionan, imposible saber si es por causa de los nervios o por interferencias de los implantes en su sistema nervioso.
Una voz retumba súbitamente por los altavoces. Exige, en el nombre del Emperador y la sagrada Terra que los trabajadores vuelvan a sus puestos. Entre el gentío surge primero un murmullo, luego estallan voces de protesta. "Tenemos hambre", "estamos cansados", "queremos descansar" son algunas de las reivindicaciones y quejas más proferidas. Pero sólo las escuchan los oídos de los Arbites. La voz del altavoz sigue hablando, amenaza a los trabajadores con represalias, les recuerda que de su trabajo depende la seguridad de un mundo separado del resto del Imperio. Cualquier negativa a cumplir se considerará complicidad con los enemigos del Imperio. Las voces de protesta crecen en número e intensidad.
Manos sucias aferran con más fuerza y firmeza las herramientas con que se han armado. Entre la multitud, algunos trabajadores reparten pistolas de bajo calibre. La ira sustituye a la determinación. Y, lo que es peor, al miedo. La tensión crece. La voz en los altavoces continua amenazando a los trabajadores. El enfado en su voz es obvio y en crescendo. De repente, un Arbites pierde los nervios. Su escopeta se dispara. Dos trabajadores se desploman, pequeñas rosas rojas comienzan a oscurecer sus monos de trabajo en el torso y los brazos. Decenas de manos se tienden hacia ellos. Les sujetan, les recogen, les arrastran tras la seguridad de un muro vociferante y gesticulante de cuerpos. Los trabajadores cargan.
Como en una secuencia estroboscópica, se suceden las escenas. Fogonazos de disparo de escopetas, cuerpos de trabajadores que caen, sólo para ser rebasados por sus compañeros. Herramientas pesadas y contundentes en alto mientras el muro de escudos se abre. Perros mejorados cibernéticamente corren hacia los protestantes. Cuerpos que chocan contra los escudos, un Arbites que trastabilla y cae, sepultado bajo media docena de trabajadores. Un cibersabueso salta sobre un trabajador, quien levanta un brazo en defensa, su boca abierta en un grito de terror y dolor sofocado por el griterío. Un hombre con la complexión de un halterofila blande una almadena, con la que sacude a un cibersabueso en el costado; el perro que trataba de desgarrar el cuello de un trabajador derribado sale volando un par de metros.
Mientras tanto, del otro lado del edificio de oficinas, tres vehículos de limpieza de restos orgánicos espera en tensa calma. Tres Arbites vigilan a los seis operarios quienes, con la cabeza gacha, esperan pacientemente a que la refriega acabe para "limpiar" los cuerpos. Nunca hay suficiente materia prima para el almidón de cadáver.
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En el túnel de una línea ferroviaria abandonada varios niveles bajo el nivel del suelo, tres Hermanas de batalla de la Orden de Nuestra Señora Mártir disparan sus bólter contra figuras oscuras que corren entre las sombras. Un breve destello cuando la munición de las armas impacta revela una forma humana de cabeza ligeramente más grande. Más bulbosa. Con un rápido sonido de pies arrastrados contra hormigón, el resto de las sombras se pierden entre las tinieblas, los ecos de sus pasos se desvanecen. Una de las Adepta Sororitas se separa del resto, explora la zona y vuelve a informar a la canonesa. El cabello plateado de la mujer se agita al ritmo de su cabeceo cuando recibe la noticia: dos de sus hermanas, heridas en la batalla, han desaparecido. Igual suerte han corrido todos los seres que han abatido. La canonesa no se rinde, sin embargo. Tienen ordenes. Y como faros de la fe imperial que son, baluartes contra las amenazas xeno y heréticas que amenazan a los creyentes en el Emperador, su inferioridad númerica no es un obstáculo. El Emperador protege, asegura la Adepta. Sus hermanas asienten. Afianzan sus bólter contra el pecho y avanzan por el túnel. Por el Emperador, por el Trono Dorado.
Un vagón de metal oxidado se cruza en el túnel. A primera vista, pareciera un descarrilamiento jamás atendido, un informe más traspapelado en el Administratum. Pero el ojo adiestrado de las Hermanas de batalla reconoce una barricada. Sus globos brillo iluminan el vagón en busca de una posible forma de atravesarlo... Un golpe sordo, metálico, les interrumpe. Allí, en el techo del vagón, una figura humanoide pero con dos pares de brazos terminados en manos rematadas por crueles garras, observa a las intrusas. Al grito de "¡Por el Emperador de cuatro brazos!", la criatura se abalanza sobre las mujeres. El rugido de los bólter no se hace esperar. Más voces tras el vagón comienzan a corear proclamas por el Emperador de cuatro brazos y más criaturas saltan por encima del obstáculo. La mayoría exhiben tres brazos con sus manos que blanden pistolas y cuchillos, pero más y más seres con cuatro brazos armados con garras emergen de entre la turba. Las Adepta Sororitas sólo retroceden un paso en tanto que sus armas escupen una mortífera lluvia de plomo y explosivos. Pero los robagenes son muchos. Demasiados...
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Con un sonido agudo similar a un chillido constante, los infernales descienden desde los cielos sobre una formación de reclutas de la Fuerza de Defensa Planetaria. Un sargento grita ordenes, pero en vano. La mayoría se dispersa, huye en todas direcciones, presa de un pánico irracional. Sólo un puñado, en torno al sargento, mantiene la posición. Abren fuego con sus armas, pero son primitivas en comparación con los fugaces deslizadores drukhari. Una y otra vez, las veloces maquinas llevan a sus viciosos pilotos al suelo, sus filos rebanan miembros y rápidamente vuelven al aire. En el momento en que un miembro de la FDP se prepara para apuntar el único arma pesado del pelotón, un lanzamisiles, una Ponzoña se abate sobre el campo de batalla. Su cañón shuriken destroza al desafortunado miliciano. La desesperanza de los defensores humanos llega a su culmen cuando una cañonera Expoliador flota sobre sus cabezas. Sus cañones desintegradores barren tanto a los defensores como a los incautos que huyen en desorden. Una nueva oleada de guerreros kabalistas emerge del portal temporal a la Telaraña. El sargento, cuyo rostro está salpicado por sangre, propia y ajena, resiste junto a cuatro milicianos. Tratan de abatir a tantos drukhari como les es posible pero...
Una deflagración lanza a la formación de kabalistas en desorden. Gritos de "¡Por el Emperador!" irrumpen en la plaza sembrada de cadáveres cuando una formación de guardias imperiales, el Martillo del Emperador, carga desde unos soportales. La mitad de los guardias se parapeta donde puede y dispara una salva con sus armas láser. Mientras, un comisario, espada sierra en mano corre junto a la otra mitad de su destacamento. Las ráfagas de luz concentrada silban al ionizar el aire a su alrededor en tanto que los kabalistas danzan conforme tratan de evitar los disparos. En el aire, los infernales y la Ponzoña proporcionan un apoyo aéreo letal para los defensores imperiales. De repente, una explosión sacude a la Ponzoña y varios infernales se precipitan contra el suelo, sus aeropatines envueltos en llamas y humo. Un equipo de armas pesadas de la Guardia ha montado un autocañón bajo la arcada de los pisos superiores en un edificio de aspecto gótico, con sus largas agujas apuntadas hacia el cielo. El arma pesada barre el aire y los infernales se dispersan, ralentizan sus incursiones contra el suelo y la Ponzoña concentra el fuego de sus armas contra los arcos que sirven de parapeto a la nueva amenaza.
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En su despacho, la Inquisidora Hainz repasa los informes una y otra vez. No repara en un subalterno que entra con una pila de papeles. Temeroso, los deposita sobre la mesa y se retira, sin dar la espalda a la mujer madura. Su rostro es duro, propio de alguien habituado a no sonreír. Ni siquiera cuando hace bien su trabajo y sofoca una amenaza contra el Imperio y sus habitantes. Hainz vuelve a levantar varios papeles. No tiene sentido pero, al mismo tiempo, tiene todo el sentido del mundo. La gran grieta que ha partido la galaxia les ha separado e incomunicado del resto del Imperio. Están solos y sus enemigos lo saben. Por doquier, se suceden las manifestaciones y protestas de ciudadanos y trabajadores más que nunca. En condiciones normales, sospecharía la mano del Caos tras ellas. Pero su experiencia le dice que son simplemente la manifestación de un malestar creciente; la Disformidad no es su arquitecta. Por ahora. Los Marines Espaciales informan de que el "brote" de orkos en las regiones meridionales está "bajo control". Lo que sólo quiere decir que están gastando cantidades ingentes de prometio para quemar cada rincón en que sospechan hay esporas de orko. Los drukhari abren portales desde la Telaraña para lanzar incursiones, llevarse comida y esclavos. Sobre todo esclavos. El Ordo Xenos no da abasto y ha terminado por recurrir a las más numerosas tropas de la FDP y la Guardia Imperial para lidiar con estas incursiones. A las listas de desaparecidos ahora se suma una creciente lista de bajas. Y en los subniveles de la colmena, las bandas comienzan a sublevarse y eso es sólo la punta de un iceberg mayor: los cultos robagenes se vuelven osados.
Y en todo ese maremagnum, algo falta. La Inquisidora Hainz escruta los papeles. Busca señales. Pero no aparecen. Los herejes están sospechosamente mudos.
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En un paisaje onírico, de nubes que se arremolinan en volutas multicolores, una cabeza aviar se gira hacia ti. Sus tres ojos ambarinos se abren y te observan. Una inteligencia alienígena, cruel y maliciosa brilla en ellos. Su cuerpo se hace más y más evidente, su estatura te empequeñece cuando se estira en todo su insano esplendor. Sus plumas son de un azul iridiscente que brilla con todos los colores imaginables cuando se mueve. En sus alas abiertas en toda su envergadura, el espectáculo de luz y color es casi cegador. Paños vaporosos que envuelven su cuerpo se agitan mecidos por corrientes de aire inexistentes y brazaletes y pulseras barrocas tintinean en sus brazos cuando se mueven. Su pico blanco perlado se abre. No surgen palabras pero, en tu cabeza, le puedes oír con claridad.
"¿Esperas una invitación?" La voz es cruel y burlona. O lo sería si fuera voz. Pero puedes sentir esa intención en cada palabra. "El tiempo ha llegado. Los Grandes Poderes esperan tus logros infames. Quieren escuchar coros de voces llamando sus nombres. Quieren el fino velo de la realidad destruido y Tephaine quebrado a su voluntad. Entonces recibirás tu recompensa. Ahora es el momento de ganársela, mortal."
Entonces reparas en la masa hirviente de daemones que se agolpa en la lejanía. Aúllan de rabia pero también de expectación. Es un hervidero que aguarda ser liberado sobre la superficie del planeta para ser convertido en una punta de lanza. Un santuario para daemones, para seguidores del Caos, para Legionarios Traidores. Pero también un núcleo industrial que provea de munición, armas, vehículos y comida a una incipiente... Cruzada Negra.
Abro reclutamiento para una partida de Black Crusade, donde los jugadores llevarán a discípulos del Caos en una campaña por subvertir el orden en un planeta del Imperium Nihilus y convertirlo en un bastión antes de que la Cruzada Indomitus sea lanzada por el Imperio. Se trata de una campaña semi-sandbox, pues los jugadores tendrán libertada para crear sus propios pactos y perseguir los objetivos, sus objetivos, como ellos deseen y planeen.
Sistema: D20 modificado (como el usado en Talislanta).
Ritmo: Medio (2-3 mensajes semanales). Actualizaciones los martes y jueves, si me es posible, haré una en fin de semana. Fallar con este ritmo por más de dos semanas (así como desaparecer sin avisar durante el mismo periodo de tiempo) implica la baja de la partida; el personaje será convertido en un engendro del Caos por los insatisfechos y decepcionados Dioses del Caos, por lo que no habrá sustituciones ni adopciones.
Requisitos: Correcta ortografía, conocimiento básico del universo de Warhammer 40k y compromiso con la partida (especialmente con el ritmo, por el motivo previamente explicado). Para unirse, necesitaré un mensaje privado en que manifestéis el interés así como un perfil del personaje en que expliquéis los motivos o razones para abrazar el Caos (el cómo no es necesario, eso se puede trabajar durante la creación del personaje al definir su desgracia). No necesito un libro, con uno o dos párrafos de redacción debería ser suficiente tanto para perfilar el personaje como discípulo como para evaluar ortografía.
18+: El universo de Warhammer es duro. A la violencia propia se le sumarán temas inherentes del Caos, así como las pasiones más oscuras de los personajes. Habrá también drogas, sacrificios rituales de sangre, depravación,...
Oficialmente, el reclutamiento dará comienzo el 7 de enero y se cerrará el 21. Pero por razones del Caos Absoluto, podéis empezar a maquinar desde ya. ¡Muerte al Falso Emperador!