Partida Rol por web

¡Alto, en nombre de Castilla! II: ¿Quién roba a la Muerte?

I. Una parada obligada

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06/12/2013, 21:41
Tariq el Shadid

-Ánimo, zagal -le dije a Damián, dándole una palmada en la espalda que le hizo doblarse e ignorando la conversación que mantenían los nobles-. Que criadas con tanto remilgo non las vi, et non pueden ser buenas encamadas.

En realidad intentaba desviar el tema, porque me temía que se avecinaba otra intromisión por parte de los nobles señores, que no paraban de meter sus narices en todas las despensas y buscarse problemas. En aquella ocasión estábamos en un condenado castillo infestado de guardias donde no habría lugar para la huida si algo salía mal, pero seguro estaba de que aquello no se les daba un ardite a aquellos dos.

-Dexemos a cada cual con sus cuitas et sus trabaxos*, que bien servidos vamos ya nosotros entre coxeras et tragar el polvo del camino -tenía que intentarlo, aunque estaba seguro de que iba a ser como hablarle a una pared-; además -añadí en voz baja-, non querredes vos, don Jimeno, acorrer a quien habedes por contrario**. Comer et callar dicta prudencia, et salir daquí en cuanto vos encontréis mejoría.

Notas de juego

* trabaxos: sufrimientos

** Entiendo que no hay nadie más allí, si no, no digo esto ni siquiera en voz baja, sino solo lo de "comer et callar".

Puntos restados. Pero me voy a tener que restar muchos más, porque Tariq siempre se pasa los preceptos religiosos por el forro :P

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09/12/2013, 21:14
Jimeno de Arguilla

Sabias palabras, Tariq*... -dijo Jimeno postrado-. Que yo bien he notado lo mismo, mucha calma, pero tal que quizá era porque me tomaron con lo del pie y guardábanse en silencio. Más Isidoro, el médico, non han tenido remilgos ni mudeces al verme... Haya lo que haya en este castillo -miró a la puerta, para medir bien sus palabras y callar por si entrara alguien en esos momentos- hemos ser cautelosos, mas no hacer oídos sordos ni poner tan sólo la palma -se refería a recibir ayuda sin ser agradecidos-; además, en cuanto venga el médico habréis de ir a...

¡¡TOC, TOC!! -sin esperar a responder, la puerta de la habitación se abrió, y el de Arguilla calló-.

Notas de juego

*Si, si. Estáis solos.

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09/12/2013, 21:20
Isidoro

Era Isidoro. Venía sólo, con vendas y telas en la mano.

Don Jimeno, creo que voy a... ¡Uff...! -se paró en seco al veros ya dentro-. ¡Oh!, mis disculpas señores... -dijo acercándose a la cama de Jimeno-. No tardaré mucho; he de poner la doble venda para inmovilizar bien el pie, pues querrán partir cuanto antes..., me imagino.

Y comenzó a proceder el vendaje sentado en la cama de Jimeno.

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09/12/2013, 21:23
Jimeno de Arguilla

Así es... -dijo Jimeno poniendo caras de dolor y bajando las cejas mientras no quitaba ojo a la manera de actuar del médico en su pie-. Habremos de partir cuanto ántes... Ejem... estoo... Et les estaba yo en diciendo a mis hombres, cuando ha entrado vos, que habrán de ir a ver a su Señor, el aqui regente de este castillo et tierras, sea ahora o mañana temprano..; que hemos visto llegar a un hombre a caballo antes de la cena, y muy escoltado, et que no sabemos si de él se trata, y deseamos agradecer su disposición hospitalaria, ¡ufff!, -Jimeno lanzó un pequeño grito de dolor. Isidoro ya estaba acabando-.

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09/12/2013, 21:28
Isidoro

Si, aquel que dice es nuestro Señor, dominador de estas tierras. Llegó casi a la noche, como bien decís -respondió Isidoro; pero cuando hablaba de él se apenó bastante-. Está en sus aposentos, et aunque de viaje que ha llegado, no creo que duerma mucho hoy... Cuando los señores digan -os dijo ya mirandoos a todos mientras recogía el resto de vendas y se levantaba- les acompañaré a verles.

Y esperó vuestra decisión, allí de pie, o si tan siquiera tuviérais algo que preguntarle o disponer de él.

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09/12/2013, 21:42
Pelayo de Arbás

-Estoy dispuesto a presentarle mis respetos ahora mismo, en cuanto terminéis de sanar a Jimeno. Aunque no voy ataviado como debería en la presencia de un señor seguro que no le es extraño ver a un caballero en su armadura-dijo Pelayo excusando su aspecto y tratando de limpiar la armadura lo mejor que podía.

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10/12/2013, 00:14
Tariq el Shadid

-Si fuere adecuada mi presencia iré yo también, anque lo dubdo -dije, con sinceridad, consciente de la pinta de mercenario que tenía y de que tal vez le incomodara al señor del castillo ver que paraba en él un moro. Que en realidad no hacía tanto tiempo que los castellanos nos habían echado de Mursiya a patadas y las incursiones de los expulsados eran muy frecuentes.

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10/12/2013, 17:25
Potencio Flores

- ¡AH! nada me placería más que presentarme, aunque yo sea un don nadie, ante su magnífica presencia para agradecer su cortesía y ponerme a su servicio para cuanto sea menester... durante mi estancia claro -añadió cuando vio al niño de los cojones mirándole como diciendo "¿así que nos traicionarías vil perro?

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10/12/2013, 17:33
Damián

La "cara del niño de los cojones" efectivamente era todo un poema. Tenía la oportunidad de acompañar a su Señor Don Pelayo ante el Señor del castillo, y era siempre un buen momento para aprender de los mayores. Cuando el moro se prestó en acompañar también a Don Pelayo, a Damián no le importó mucho. Pese a ser un infiel, había luchado bien y con valentía, y parecía más que dispuesto a terminar su trabajo, aunque solo fuera por dinero.

Mas cuando escucho las rastreras y gimoteras palabras de boca de Potencio, el joven no pudo evitar arrugar la nariz, soltando un bufido. Abriendo la boca para soltarle alguna pulla al ladrón, finalmente se lo pensó, pues no quería dar lugar ante el médico de una disputa que seguramente no acabaría bien. Así pues, frunció el entrecejo, cruzose de brazos con enfado y se prestó para acompañar a su amo y señor, no sin antes echar a Potencio una de esas miradas perdonavidas propias de un adolescente.

Notas de juego

¿Te ha dolido "la mirada", eh? ¿Así que quieres guerra, eh, Potencio? ¡¡PUES GUERRA TENDRÁS!! ¡¡SABRÁS LO QUE ES LA IRA DE UN ADOLESCENTE PIJO!!  XDDD

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10/12/2013, 19:19
Isidoro

Bien... acompáñenme -y tal que Isidoro miraba tan curiosamente al variopinto grupo cuando se giró por última vez-, mañana le miraré de nuevo el pie, señor -dijo a Jimeno-. Descanse vos hasta la amanecida.

Nada más salir de alli y cerrar la puerta, Isidoro os condujo por el mismo pasillo donde estaba vuestro común aposento, yendo hacia el final del pasillo, en la misma planta. Al final, girando un esquina en forma de "L" se encontraba la alcoba del regente. Isidoro tomó con sus dos manos los dos pomos del bello portón, y sin siquiera llamar los abrió de par en par. Entró y se hizo a un lado, dejadoos pasar y comunicando vuestra presencia. Aquello era la alcoba del señor de las tierras, Montepenares y el mismo castillo, pero era exageradamente grande, como si de otra sala de parlamento o consejo se tratase.

En un lateral estaba la cama, y al fondo de la habitación, adornada con bellas cortinas, alfombras y símbolos cristianos en sus paredes (desde cruces y vidriales hasta trípticos con pinturas y exvotos), se encontraba una especie de asiento, con una buena alfombra debajo (que parecía incluso el vestidor para una gran ocasión). También vísteis una figura metálica en una de las esquinas, y armas colgadas o apoyadas en muebles o paredes por doquier. Sentado allí se encontraba un hombre que apoyaba su codo en uno de los brazos del frondoso asiento de plumas por dentro, mientras su misma mano sujetaba su cabeza (era el tipo que entró a caballo). A su lado, y de pie, aguardaba el tipo de la capa de oso que vísteis en dicho portón, antes de la anochecida.

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10/12/2013, 19:27
Hombre

El Señor está agotado por el viaje -dijo el tipo de la capa mientras daba dos pasos hacia delante-, debe descan...

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10/12/2013, 19:28
Isidoro

Isidoro, sutil pero enérgicamente, interrumpió al tipo, haciéndole conocedor de su presencia allí.

Éstos hombres, en nombre de don Jimeno, son vuestros invitados, mi Señor -decía el médico dirigiéndose al que estaba en el trono-. Son la hueste del noble allegado a vuestro castillo, et querían verle.

Luego se dio la vuelta y os miró.

He aquí a don Ramiro de Estebanillos, señor de Montepenares et de influyente familia; poseedor de una gran comitiva dispuesta a luchar por don Sancho, el verdadero rey de Castilla... -tras lo cual, hechas las presentaciones, Isidoro desapareció, quedando con la palabra en la boca al tipo de la capa y dejandoos en su presencia-.

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10/12/2013, 19:33
Ramiro de Estebanillos

Don Ramiro dejó de apoyarse, levantó la vista, y vísteis que sus ojos resplandecían. Su cara tampoco tenía muy buen aspecto. Cansancio, falta de sueño o del buen comer, cualquiera sabe. Quizá las tres cosas. Se incorporó un poco, sentándose mejor, mientras que el que estaba a su derecha dio los mismos pasos hacia atrás para colocarse donde estaba, y entonces el noble carraspeó antes de hablar.

Mi buen hombre, don Fulgencio -hizo un gesto con la mano hacia el tipo de pie a su lado-, me ha informado de vuestra presencia aquí, et la de vuestro amo, junto con su estado. Confío en que se recupere pronto, dadle mi esperanza. Comunicadle que tiene cobijo cuanto tiempo necesite... -y cuando hablaba su voz temblaba-.

El tipo era algo regordete y de mucha "pelambrera", pero se le veía fuerte, muy ducho para las batallas o las batidas, fueran a pie o en cabalgadura.

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10/12/2013, 19:41
Potencio Flores

Tras echar un rápido vistazo a los hombres, mantuvo la cabeza gacha como buen gañán y se limitó a esperar que se entendieran entre las gentes de alta alcurnia, mas no dejó de fijarse en la juventud y aparente salud del Señor del castillo. Un hombre al que aún le quedaban unos cuantos, bastantes años de gobierno. Potencio sólo necesitaba servirle unos pocos de aquellos años para medrar.

Ya le llegaría el momento de distinguirse.

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10/12/2013, 20:39
Tariq el Shadid

Claro estaba que yo no debía abrir a boca y que el trato debía ser entre la nobleza. Por eso me dediqué a estudiar al perro guardián de aquel señor. Me pareció un combatiente fiero y peligroso a primera vista, y por ello busqué cicatrices en la piel que mostraba. Desde joven tenía bien aprendido que a quienes más había que temer era a quienes más cicatrices se les veían, pues cada cicatriz representa una ocasión en la que se ha esquivado la muerte; y de esas situaciones se sale siendo mucho más sabio, diestro y peligroso.

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10/12/2013, 20:47
Pelayo de Arbás

-Nos hemos agradecidos con voz por darnos cobijo y cuidados cuando lo necesitábamos. No queremos importunarle más y marcharemos de aquí en cuanto nuestro líder pueda caminar. Sabed que el buen hacer del Señor de Montepenares será oído allí donde vayamos-dijo el caballero inclinando la cabeza reverencialmente.

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11/12/2013, 18:38
Damián

Damián permaneció erguido y tieso como la vara de un avellano. Todo él parecía desprender marcialidad y entereza. Bueno, toda la marcialidad y entereza que se podía permitir un nervioso zagal quinceañero todavía barbilampiño. Aún así intentó aparentar bravura y hombría como para estar a la altura de las circunstancias, pues no siempre se podía uno permitir el lujo de presentarse ante un señor de castillo.

Quedándose en segundo plano, permaneció expectante. Sus ojos eran como dos globos hinchados que parecían absorber cada uno de los detalles de la habitación, de las palabras de los gentiles y de la presencia de los grandes hombres que allí hablaban. Sí. Quería recordar este gran momento para el resto de su vida.

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12/12/2013, 12:16
Ramiro de Estebanillos

Agradecido si así lo hacéis, seré -respondió don Ramiro al calatravo-. Luego se levantó, se quedó de pie y os habló. Seguro que deseáis descansar. Mañana será día nuevo.

Y esperó de pie a que os diéseis la vuelta y saliérais de allí.

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12/12/2013, 12:18
Criado del Castillo

Abrísteis vosotros mismos la puerta y salísteis al pasillo. Os estaba esperando uno de los criados, curiosamente el joven de antes.

Les acompañaré señores -dijo el sirviente protocolariamente, aunque en realidad sabíais perfectamente ir a vuestras alcobas-. Cuando llegásteis a la habitación, éste os abrió la puerta y se despidió.

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12/12/2013, 12:20
Jimeno de Arguilla

Raudos sin duda -dijo un ya Jimeno (como sonriendo) acostado en una de las camas mientras sus armaduras aguardaban en una silla. Trató de incorporarse un poco-. Mañana iré a presentarle mis respetos yo mismo, que es el menester hacerlo. ¿Sabéis? Isidoro volvió a por unas vendas que había olvidado, y le pregunté por eso que me comentásteis, lo de la tensa situación de este castillo...

Jimeno se miró el pie, ya oculto bajo la manta, y clavó su mirada en el, como perdiéndola mientras pensaba en lo que os decía.

Me contó algo... terrible... -y entonces volvió a miraros mientras ya entrábais, mientras suspiraba-. La mujer de don Ramiro falleció ha dos días de manera repentina, mientras éste estaba fuera. Había sido llamado dias antes por otro afincado de los afiliados a ese maldito Sancho, por los asuntos de Murcia, ya sabéis -se referia a las refriegas castellano-aragonesas en estas tierras-...  Los criados, por lo visto, la encontraron muerta a su alcoba, sin signos de violencia o heridas. Isidoro revisó el cadáver, y determinó un fallo del corazón, como que dejó de "latírsele", aunque no ha sabido de la causa precisa o el porqué, pues la esposa era más joven que don Ramiro... Le enviaron misiva al señor, et vino en cuanto pudo, por eso llegó ayer tan escoltado y serio -precisó Jimeno-; El entierro será mañana, que lo mandó ir preparando don Ramiro nada más enterarse de la noticia... La esposa está en el cementerio de Montepenares, en el depósitvo, a media milla entre el castillo y el pueblecito. Et allí velan el cuerpo y preparan su tumba, que ella al ser antes villana, siempre quiso enterrarse con la suya familia...

No sé si mañana estaré mejor, mas si con el andar del pie no puedo, habréis de ir por mi a darle bendiciones, al menos vosotros tres -dijo Jimeno sin contar a Taric-.

Finalmente os quitásteis armaduras y ropas y os tumbásteis en la mullida cama.

Notas de juego

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