La respuesta de mi padre me descoloca más que cualquier discusión que tuviéramos en el pasado. Durante años he pensado que Ryan era una especie de alianza tácita entre ellos dos y ahora resulta que no. Le sostengo la mirada unos segundos, intentando calibrar si está diciendo la verdad o si simplemente está queriendo manipulrme de alguna manera.
Siento los dedos de Fabio moverse contra los míos, nerviosos, casi infantiles en ese pequeño juego silencioso, y me doy cuenta de que si no suelto una broma ahora mismo voy a abrumarme demasiado.
—Pues entonces tenemos suerte de que Fabio no sea un extraño —añado, con un tono algo más ligero—. Significa más para mí de lo que puedes imaginarte.
Bajo ligeramente los hombros, obligándome a relajarme.
—Deberíamos bajar —digo finalmente—, así quizá logremos sacar al extraño de casa y tener una cena en paz —añado hacia mi padre con una sonrisa inocente, esperando que decidiera apoyar mi intento de integrar a Fabio y sacar a Ryan.
No espero permiso esta vez. Tiro levemente de la mano de Fabio, lo justo para indicarle que salimos, que hemos sobrevivido a la primera ronda y que, aunque no haya sido una victoria clara, tampoco ha sido una derrota. Puede que sobrevivamos a esta enorme bola de nieve.
Me esfuerzo por mantener la compostura. Creo que han pasado cinco minutos. Tengo la impresión de que llevamos cinco días encerrados en el despacho, sin comer, bajo coacción. Puedo con ello.
Encajo los dedos de la mano con los de Lola. Aprieto la mano de Charlotte. La suelto. Inhalo y exhalo, no sé si en el orden correcto. La respiración tartamudea.
—Estoy contigo.
No se me ocurre nada mejor. Dos palabras que parece que contengan un resumen de mis últimos 35 años de existencia. Cinco más de los que cumpliré el año que viene. Explosivas, enérgicas. Todo lo contrario de lo que debo inspirarle al padre de Charlotte.
¿Cómo se lo explicaré a Lola?
Doy un paso en dirección a la puerta. Desamarro el transatlántico de salida. Enciendo los reactores del cohete. Quiero salir pitando, pero me contengo. Contengo la necesidad de derrumbarme. De pedirle auxilio a Lola. De dejarme caer en sus brazos. En su olor. En su respiración.
¿Cómo se lo explicaré a Charlotte?
Trato de mirarla. La miro. Me derrito. De verdad que siento que me estoy enamorando. De verdad que siento que estoy cabando mi propia tumba.
La mirada curiosa de Connor, que ya no está tan lleno de potingue, se asoma al final del pasillo antes de interceptar a la pareja, saltando delante de su hermana para abrazarla por la cintura, mirando timidamente al acompañante de esta y, sobre todo, a sus manos unidas.
-Quiero que se vaya -Sentencia, mirando a su hermana -, no me gusta, échalo, dile que estáis casados -Se queja, apretando el abrazo y mira a la espalda antes de volver a girarse -Mamá nos llama para cenar -Murmura como si fuera un secreto, sin soltar a Lola.
Posteo desde móvil... ya lo revisaré luego xD
El alivio de salir del despacho me dura exactamente dos pasos.
Connor aparece delante de nosotros como si hubiera estado pegado a la pared esperando el momento, y su abrazo me corta el aire de golpe. Bajo la vista hacia él casi por reflejo, rodeándole con el brazo libre mientras todavía noto la mano de Fabio en la mía, cálida, presente, y me doy cuenta de que el contraste entre los dos mundos es casi absurdo.
—Eh, eh... —murmuro, inclinándome un poco hacia él—. Despacio, que me desmontas.
Escucho su queja y me imagino que debe referirse a Ryan.
—Seguro que entre los tres conseguimos echarle, ya verás. Estoy convencida de que Fabio, tú y yo vamos a ser un estupendo equipo, ¿verdad? —le digo con una sonrisa dulce y le revuelvo el pelo.
Connor sonrie ampliamente a Charlotte, asintiendo emocionado y la suelta, yendo a la espalda de ambos para empujar a Fabio y que avance más rápido.
El agarre del niño es fuerte, bastante fuerte, mientras te empuja. Casi parece que te está pellizcando..
La tensión se disipa. No, la tensión fluctúa. No, la tensión pasa de mano en mano, pero sigue ahí, apretando, ahora en las nalgas.
A punto de soltarle un sopapo al mocoso, me contengo. Me contengo durante cinco segundos. Alzó la mano para dejarla caer con saña sobre Connor y me peino. La imagen del revólver me frena; me devuelve a la irrealidad. Me olvido de Lola, de Charlotte, de los días que pasaremos en una isla paradisíaca, de las noches en vela contemplando la hoguera, de la vez que tuvimos que llevar a la menor de las tres al dentista, de la fiesta sorpresa por mi aniversario en casa de Marina... y rememoro el día de mi solitario funeral. Canapés de marisco y vino tinto para los de la funeraria. Jamás encontraron mi cuerpo. Trinchado y triturado. Abono para el jardín. Mi cabeza disecada presidiendo el despacho del padre de Charlotte.
—¡Seguro que —entre el padre de Lola, su madre y Connor me echan de la vida— entre los tres podremos con todo —podrán conmigo, con mi existencia, con...—!
Connor se sobresalta por el gesto de Fabio y se aparta de él, manteniendose apartado, sin decir nada, todo el camino hasta el comedor, donde la madre de Lola charla con un hombre alto de pelo y ojos oscuros, vestido de traje.
-Oh, Ryan, querido, aqui vienen mis niños y el amigo de mi hija -Dice, la mujer, haciendole un gesto al invitado, que saluda amablemente a Connor y Fabio, sin darles mucha importancia, antes de tender un par de flores a Charlotte.
Ei, no sé si lo he entendido mal:
...poniendose la mano donde le ha dado
Que conste que no le he dado, me he peinado :S
El gesto de Fabio es tan rápido que casi parece un reflejo, pero lo veo y arrugo la nariz, mirándole de reojo. ¿Se puede saber qué le pasa? Sé que estoy metiéndole bastante presión con todo esto pero precisamente Connor es un aliado.
Apoyo la mano un momento en el hombro de mi hermano y le aprieto un segundo con cariño-
Entramos al comedor y mi madre en modo anfitriona perfecta casi me hace poner los ojos en blanco. Y a su lado, claro, Ryan, como si hubiera salido de un catálogo de "yerno ideal" Mi madre anuncia nuestra llegada como si fuera una voz en off en el teatro y cuando dice "el amigo de mi hija" siento el impulso de tirar la mesa y romper todos los platos y copas. No puedo hacerlo, desde luego, pero me deleito en imaginar el desastre que se generaría durante unos segundos.
Ryan me tiende las flores y las acepto porque rechazarlo sería abrir una batalla que no tengo la paciencia de aguantar ahora mismo.
—Gracias —respondo con suavidad—. No tenías que molestarte.
»Por cierto, mamá, estás muy olvidadiza últimamente, Fabio no es ningún amigo. Es mi novio —le corrijo con falsa dulzura.
La mujer hace un gesto de disgusto cuando Lola dice en voz alta que Fabio es su novio y Ryan, como si nada, se acerca a tenderle la mano al chico, al que saluda como si fuera un gran amigo de toda la vida.
-Ay, sí, que olvidadiza estoy... vamos a sentarnos a comer, tú, Fabio, cariño, conmigo que quiero conocerte -Dice, mandandolo al otro lado de la mesa y forzando a Lola y Ryan a estar juntos. Al otro lado de ella, por supuesto, está Connor, y presidiendo la mesa al otro lado se encuentra Liam, que no se está metiendo en nada, más centrado en mirar la mesa.
Uy perdón, pensaba que había respondido....
Entiendo a Charlotte. La entiendo más de lo necesario. La entiendo a la perfección cuando, sin darme cuenta, mis nalgas obedecen y se acomodan en la silla que señala la madre de Lola. Esta vez no digo nada. Intuyo que esta familia tienen un problema grave con los nombres. Sospecho que todos mienten. Todos menos Connor, claro, si acaso se llama Connor de verdad. Deduzco que todos tienen un segundo y tercer nombre. Asumo que "mamá" y "papá" o solo una palabra en clave para medir el grado de tortura al que me someterán.
—He de decirle que tiene una casa fabulosa. Impresiona —le dejo caer para demostrarle seguridad; seguridad, ¿en qué? Mejor no me respondo.
Una sonrisa de orgullo aparece en el rostro de la mujer que le da unos toques en el brazo a Fabio, premiandolo por tener buen ojo.
-Gracias, me alegra que te guste -Dice con una sonrisa y se gira a la mujer que trae la comida en un carrito -Oh, la cena, genial, ¿qué tomas, cariño? -Pregunta la madre, volviendo a girarse a Fabio. Entretanto, Ryan pregunta a Lola por su trabajo, queriendo saber cómo le va.
Buena estrategia. Conmigo no funciona.
—Tomaré lo mismo que su hija. Siempre me descubre cosas nuevas que por mí mismo no me atrevería a probar.
Entro en acción, contando de raíz a Ryan.
—Elige por mí, por favor, Charlotte.
La colocación es tan obvia que casi me dan ganas de aplaudirle la coreografía a mi madre. Fabio a su lado, yo al lado de Ryan, Connor estratégicamente cerca de ella y mi padre presidiendo como si esto fuera una junta directiva y no una cena familiar.
Me siento sin protestar porque protestar sería regalarle el espectáculo que quiere y que acabe soltándome su discursito de que soy muy niña para decidir y que por eso deben decidir ellos por mí.
Ryan empieza a preguntarme por el trabajo con esa sonrisa correcta que me dan ganas de cortarle de raíz con una mala contestación.
—Bien —respondo con tranquilidad, mordiéndome la lengua—. Madrid me está sentando mejor de lo que esperaba. He aprendido bastante este último año y medio y he podido conocer a Fabio —añado con una sonrisa edulcorada.
Mientras hablo, escucho de fondo a Fabio decir que tomará lo mismo que yo y no puedo evitar mirarle y casi echarme a reír.
—Entonces tomaremos lo mismo, querido —le digo antes de dirigirme a la muchacha que trae la comida—. El salmón.
Quizá ha sido muy exagerado pero me están poniendo de los nervios.
Perdón, he tenido una semana complicada con asuntos familiares y no he tenido la cabeza para nada más.