Partida Rol por web

El cantar de la princesa de Asine

Cronología

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26/02/2017, 20:45
Capitán de navío Ebalo

Acto 3. Midea.

Llegan nuestros intrépidos héroes a las puertas de Midea, una población de fija de un poco más de 50 hogares, cuando está cayendo la tarde. Las palabras de la Tablilla resuenan todavía en sus cabezas cuando buscan donde pasar la noche y reponer suministros. [Hombres y mujeres entran por la derecha y salen de la escena por la izquierda, recreando que la  ciudad se está vaciando, nuestros aventureros se mantienen en un aparte hablando en corro]

“Yo, Alameo, rey de Micenas, con los dioses como testigos, le ofrezco a usted, Karsten, rey de Asine, una tregua que ponga fin a la ancestral guerra que hay entre nuestros pueblos que solo nos ha llenado de sangre y odio. Y así mismo, podamos forjar una alianza que nos llevé al dominio de toda la Argolida. Para fijar esta alianza, bajo la bendición de nuestros dioses, exijo su hija mayor sea entregada a mi como futura esposa, como un símbolo de unión entre nuestras ciudades”

Si bien todos estuvieron de acuerdo que se trataba de un intento de tender lazos entre ambos imperios, el tono de la propuesta era, cuanto menos, desafortunado, y un rey siempre es una persona orgullosa.

A fin de no llamar demasiado la atención, en la pequeña ciudad, sólo acceden a ella cuatro de la comitiva, a la cabeza va El Comerciante, con el apoyo de La Sacerdotisa y dos guardaespaldas. El resto busca alojamiento en la posada de las afueras. Como segunda medida de precaución, El Poeta representa una obra improvisada, y exitosa, que atrae toda la atención sobre él, haciendo que el resto de los héroes pasen desapercibidos, e incluso, puedan cenar tranquilos, pese a ser un numeroso y armado grupo. [Dos mesas separadas y un haz de luz sobre El Poeta] Sin embargo, como pasó en anteriores ocasiones los dioses volvieron a irrumpir para desbaratar sus planes iniciales, de otra manera sería un aburrida historia. Un hombre herido entró en la sala común pidiendo auxilio, haciendo que El Estratega de manera casi innata, tomara el control de la zona. El Arquero protegió el exterior, La sacerdotisa y la Heroína se hicieron cargo del herido, mientras otros recopilaban información sobre lo sucedido.

Llegados a este punto estaba claro que entre pasar sin ser reconocidos y la caza de una bestia come-hombres se desmontó y toda precaución de pasar desapercibidos se fue al Aqueronte, había prioridades, y a muchos se les iluminaron los ojos. Nunca son suficientes desafíos los que un héroe ha de enfrentar y se montó una partida de caza en menos de lo que canta un gallo, ni la oscuridad, ni lo desconocido del terreno frenan su determinación. Mientras que el grupo que buscó matar a la bestia fracasa, aunque se ha de decir que llegaron a verla en su nido, los que atendían al herido en el frío suelo, lo vieron morir a pesar de sus esfuerzos. Siendo ambas tareas igual de extenuantes, la noche acogió a nuestros héroes con el sabor amargo de la derrota en los labios, incluso los que fueron a por provisiones volvieron con las manos vacías, pero con la promesa de un nuevo día, y quizás, la oportunidad de redimirse.

Y tanto que se redimieron.

Noche del 21 de Pyanepsion del año 1088

[Fin del acto, todos durmiendo y el Bastardo bañándose cabizbajo, ya que volvió lleno de sangre de arriba abajo para nada.]

Notas de juego

Ebalo como El Poeta.

Akintos como El Escudero.

Anatolius como El Mercenario.

Atreo como El Arquero.

Dareios como El chico para todo

Hypatía como La Heroína

Ifanasa como La sacerdotisa.

Ischyros como El bastardo.

Lykaios como El comerciante.

Spyridon como El general.

Talios como El Gigante.

Theron como El estratega.

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26/02/2017, 20:47
Capitán de navío Ebalo

Acto 4. Tarquino.

El día amanece con los personajes en sus rutinas, La Heroína, prepara el desayuno, porque además de ser heroína, también sabe cocinar, una cosa no quita la otra. El mercenario está presentándose voluntario para ir de nuevo a comprar, mientras el Bastardo refunfuña y el Poeta hace ejercicios de espada. El resto desayuna y no con menos miradas encima, pues se ha corrido la voz de la cacería del día anterior. En ese momento se acerca una persona que se presenta como Tarquino [Entra en escena un sacerdote pidiendo hablar con ellos en privado y llevando a parte del grupo a una punta del escenario que representa el linde de un bosque].

La conversación gira sobre Tarquino solicitando ayuda para llegar hasta su torre en mitad del bosque, tiene miedo a no poder llegar. El Chico que Vale para Todo, es el primero en mostrar desconfianza abiertamente, haciéndose coro el El Estratega y La Sacerdotisa. Como respondiendo a sus sospechas, seis guardias salen de la ciudad y el sacerdote se interna en el bosque huyendo. Al llegar los guardias nos enteramos de la cruda realidad. Este es el fragmento, que creo importante, de lo dicho por el guardia el cual es transcrito tal cual.

-La gracia de Zeus esté con ustedes, soy Marconio, comandante de la guardia civil de Midea. Tengo entendido que ustedes son el grupo de héroes que llego anoche e intentó dar caza a la bestia que merodea en el bosque. Me disculpo si mis hombres y yo hemos dado la apariencia de querer atacarles. Realmente íbamos tras el sacerdote que iba tras ustedes, su nombre es Tarquino, un discípulo y servidor en el templo de Apolo- explicó Marconio dejando entre ver que probablemente el sacerdote les había mentido e incluso quizá no era como tal un sacerdote. -Se le acusa de haber asesinado esta madrugada a la suma sacerdotisa de Hera en el templo consagrado a ella, y a la par, se le acusa de haber robado el objeto más preciado de Midea, el orbe sagrado de Hera. El cual ha estado en resguardo en la acrópolis de la ciudad desde hace muchos años.

La sacerdotisa es tajante, los héroes tienen que ir tras el orbe. El General, conforme, ordena que todo el grupo ponga rumbo a la torre abandonada que fue en su momento un templo al dios Apolo, ya que es seguro que allí se esconde el asesino, ladrón y saben los dioses cuantas cosas más. En cabeza van el Gigante y el General. Ambos son personajes con carácter y con ganas de destacar, sobre todo el primero ya que el segundo lo hace de manera natural. Pero nada destaca más que la torre en lo alto de la colina, sembrada con cadáveres a su alrededor y con sonido de lucha en su interior. Sin duda, habían llegado a su destino. Nunca imaginarían lo que dentro les esperaba.

Pues presenciarían los actos más atroces y los más divinos.

[El acto acaba con los héroes entrando en la torre tras derribar la puerta y el Bastardo trepando por un lado de su defectuosa fachada]

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26/02/2017, 20:51
Capitán de navío Ebalo

Acto 5. Una Visita Inesperada.

 Con una formación cerrada, el grupo sube los escalones hasta la tercera planta. Lo que encuentra es digno de batallas legendarias, una enorme Quimera, una criatura gigantesca de tres cabezas y alas negras, se abalanzaba sobre un majestuoso grifo y un sacerdote que lo montaba, haciendo que el primero caiga herido mortal y el segundo salga despedido por la ventana cayendo al vació. Tras la horrible bestia, con un báculo en alto se encuentra el infame Tarquino a todas luces el dueño y señor de semejante monstruosidad. En ese momento el flujo del tiempo se detiene y entran en un sueño de lo más vívido. En él, la mismísima diosa Hera ofrece a todos ellos la sangre de los dioses para darles la fuerza necesaria para vencer a sus enemigos. El poder fluye por sus venas y ahora son capaces de proezas impensables.

El combate estalla en todo el tercer piso, muchos hacen uso de los nuevos poderes, El Poeta parece tener un poder de curación que es el primero en usar, dando unos latidos de vida más al Grifo, sin embargo, más adelante se verá que no fue suficiente ya que se encontraba muy cerca del combate y acaba muriendo, usando su habilidad con la espada y las curaciones, presenta batalla a Tarquino, es muy versátil a lo largo de todo el combate. El general, hace gala de todo un abanico de poderosos ataques contra la Quimera, aun siendo incinerado un par de veces por su aliento, su poder destructivo con la espada no tiene igual, Ares guía su brazo y allí donde golpea, escamas de bestia saltan en todas direcciones. Pero si hablamos de contundencia, El Gigante con su enorme lanza se enfrenta de tú a tú con la Quimera en cuanto a fuerza en algunos momentos, llegando a derribar a la poderosa bestia. El Mercenario, su hermano, desde el principio hizo llover una lluvia de flechas guiadas por la propia Atenea para no dar tregua a Tarquino quien protegido por una esfera de poder resistiría los primeros compases de la batalla, para luego asistir también en el combate con la Quimera, muy bien posicionado siempre. El Escudero, cerca de su general, siguió atacando a la Quimera con determinación y valor. No cejó su empeño hasta que esta yació sin vida, todo un ejemplo de coraje y lealtad. El estratega junto a un reducido grupo atacó sin descanso a Tarquino quien usó toda clase de trucos para defenderse, pero no le sería tan fácil deshacerse de él, pues Ares le había insuflado el amor por la batalla y un frío conocimiento del combate, estuvo allí donde se le necesitó siempre. No iba a darle respiro ni escape. El Arquero, con la puntería de Artemisa también clavó sus mortíferas flechas una y otra vez en el cuerpo de la Bestia, la cual tenía una resistencia fuera de toda lógica. La sacerdotisa no duda en lanzarse al combate cuando ve la oportunidad, pues de la mano de la diosa nada puede temer, sufre terribles heridas que no hacen ni tambalear su fe. EL bastardo fue quizás el que más daño recibió, pues estaba allí donde la batalla era más encarnizada siempre. Con Zeus a su lado, ni Tánatos osó llevarlo, siempre usó toda su habilidad y eficiencia para derrotar a la quimera. Sin duda, una combinación perfecta de agilidad y fuerza. La Heroína, armada con un arma improvisada, también se pone al lado de todos los demás, clavando su lanza en la bestia y aportando no menos valor que los más acostumbrados a la batalla. Las heridas que recibió fueron también terribles, pero nunca dio un paso atrás.

Espadas brillantes, lanzas que surcan el aire como relámpagos, llamaradas que cubrieron por completo a los héroes, Cantos que cierran heridas, plegarias que potencian ataques, soldados hechos de luz, lluvias de meteoritos… Las paredes de la torre son mudos testigos de una batalla de proporciones increíbles. Cuando el Estratega le da el golpe de gracia a la Quimera y más tarde a Tarquino. La torre, completamente superada por los acontecimientos, se empieza a derrumbar, pareciera que sólo aguantaba para presenciar el final del combate.

Todos salen corriendo como pueden, unos usan sus piernas y otros tienes que ser salvados por los dioses pues una nueva visita inesperada les espera cuando, sangrando, heridos y extenuados se alejan de lo que sería el escenario del mayor combate jamás visto en Midea. De vuelta al trance Hera le encomiendo la misión de detener un mal que está por derramar sangre de dioses. [Pero mejor oigamos sus palabras de su propia boca:]

-Habrán de hacer algo por mí. Se de su camino y sus intenciones, y de alguna forma todo ello ha sido consecuencia de los acontecimientos que son superiores a ustedes. Id por la hija del rey de Asine, no falléis en su objetivo, pero hacedlo rápido. Hay fuerzas aquí que desean capturarla y sus intenciones, aunque me son desconocidas, sé que están ligadas a todo el caos que ahora está surgiendo.

-Por ello es importante romper sus planes, quizá solo sirva para frenarles, pero con suerte podrían ustedes mismos averiguar que se proponen y por qué aquella chica es especial, e incluso finalmente detenerles y hacer que todo vuelva a la normalidad.

-Id pues, cumplid con lo que hasta ahora tenían planeado, pero deberán hacerse con la chica por las buenas o por las malas. Sé que una guerra entre naciones no es lo buscan, pero si no encuentran en su mortalidad una mejor forma de tener éxito, entonces será la única opción en alas de encontrar un mejor camino hacia la resolución final.

-Cuando lo hayan hecho, se de un modo o de otro, no regreséis por el mismo camino, conseguid una embarcación en el puerto y partid desde allí. Allí se reunirá mi mensajera, Iris, por medio de quien se comunicaran por mí de ahora en adelante, pues su presencia aquí supone muchos riesgos-.

Así los, ahora más que nunca, héroes con la cabeza de tarquino y el Orbe recuperado, ponen de nuevo rumbo a Midea. Donde a pesar de todos los hechos divinos vividos, más de uno sólo piensa en tumbarse y cerrar los ojos. Necesitarán esa fuerza para lo que viene más adelante y ver que les depara el destino.

Sea lo que sea. Por algo son Héroes.

Noche del 22 de Pyanepsion del año 1088

[Se cierra el espectacular acto con los héroes caminando de vuelta, con la cabeza bien alta y la sangre de los dioses recorriendo su cuerpo, a la ciudad de Midea]

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06/08/2017, 23:58
Anatolius

Acto 6. Revelaciones.

De vuelta a Midea, estábamos agotados por la batalla en el templo de Apolo, algunos con más heridas que otros, yo entre ellos. Pero a pesar de todo aquello el camino fue tranquilo y sin contratiempos. Hasta que llegamos a la linde del bosque que rodeaba Midea, ya des de lejos algunos de nosotros vimos revuelo a las afueras de la urbe, probablemente causado pro el estruendo del derrumbe de la Torre de Apolo. Spyridon y algunos, se adelantaron para hablar con el líder de la guardia de Midea. Otros se empezaron a dirigir hacia la posada donde atendimos al cazador herido para descansar y los tres que quedábamos, Ebalo, Ifianasa y yo, nos dirigimos hacia el templo de Hera para entregar el orbe que recuperamos del frío cuerpo de Tarquino. 

La intervención del líder de la guardia de la cuidad nos brindó la oportunidad de entregar el orbe con relativa seguridad a la suma sacerdotisa, mientras Spyridon le informaba de lo ocurrido. La aparición del búho Mentor conmocionó a todos, incluyendome a mi cuando posó sus garras en mi hombro y me habló mediante cantos. No sabría hasta más adelante la importancia del Consejero de Atenea.  Con el orbe entregado, todos descansados y con las energías recuperadas, emprendimos el camino hacia Asine para cumplir la misión encomendada por el Rey de Micenas para salvar la vida a Ptolomeo. 

Como ya ocurrió antes del ataque de los demonios del inframundo, nuestra marcha empezó con buen pie y sin contratiempos, salvo el cansancio acumulado, que a pesar de haber descansado toda la noche, aún estaba presente. Cerca ya de la frontera con Dorio, un jinete apareció en la lejanía y a medida que avanzaba una lluvia de flechas cayó sobre nuestras cabezas, arqueros y lanceros cayeron sobre nosotros con la intención de eliminar-nos. Durante el combate, caí, pensando que había muerto. Por un momento fui capaz de ver el Elíseo y estuve cerca de encontrarme con Caronte, pero gracias al canto de Ebalo y la luz de Apolo, volví al mundo de los vivos y recuperé la suficiente fuerza para ver los estragos de la batalla. La joven Hypatia había conjurado una gran bola de fuego que calcinaba a nuestros enemigos. Mi hermano Talios combatía ferozmente al enemigo, así como el resto.

El duro combate finalizó con nuestra victoria y la huida del enemigo. Capturamos al líder enemigo y a un mercenario. El mercenario habló, gracias a los esfuerzos de Akintos y su pericia en la interrogación. El líder se quitó la vida en lugar de hablar. Un acto que le honra, morir antes que traicionar. Gracias a la confesión del mercenario, supimos que Zorba, consejero del Rey de Micenas, fue quién contrató a estos mercenarios para matarnos, la ira se apoderó de algunos, cuestión que acabó con la liberación del mercenario, pero sin antes llevarse una flecha de mi arco. El que se le dejara libre sin hacer nada, nos hubiese perjudicado mucho, así que después de disparar-le una flecha que lo dejó en muy mal estado le amenacé conque contara una mentira a su amo: nos había eliminado, eso nos daría tiempo para poder cumplir nuestra misión antes de que Zorba se diese cuenta de que había sido engañado. 

Finalmente no se realizó ninguna ceremonia, pues la joven Ifianasa había dejado claro que requería muchos preparativos y se negaba a hacerlos ella sola. Dado que ninguno de nosotros los conocíamos, ni se pagará el precio por su viaje, ni nos esmeraríamos mucho en limpiar los cuerpos. Dado que ninguno de nosotros iba a ayudar de corazón se decidió enterrarlos cuya tarea recayó en Akintos e Ischyros. Puedo suponer que tuvieron una conversación interesante pero sólo ellos y los dioses la conocen. 

                                                                                                              Atardecer del 23 de Pyanepsion del año 1088

[Se cierra el espectacular acto con los héroes, por un lado limpiando heridas y el botín de guerra y por otro lado, aquellos que se han quedado a preparar el funeral]