
Nació cuando el mundo comprendió que las viejas guerras ya no se ganaban con fronteras ni tratados, sino en la sombra, allí donde las leyes se diluyen y el enemigo no viste uniforme. Frente al ascenso de Cobra y la guerra silenciosa por el control de recursos estratégicos y rutas invisibles, las potencias del planeta aceptaron una verdad incómoda: ninguna de ellas podía combatir sola lo que se estaba gestando.
G.I. Joe es una fuerza internacional de intervención especial, formada por individuos excepcionales. Soldados de élite, agentes de inteligencia, pilotos, ingenieros, científicos y operativos imposibles de encajar en un ejército convencional. Hombres y mujeres que ya habían demostrado que podían operar donde otros fallaban, y que fueron reunidos no por su lealtad a un país, sino por su capacidad para actuar cuando el mundo está a punto de romperse.
Su existencia no es pública. Oficialmente, G.I. Joe no existe. Extraoficialmente, está en todas partes. Donde un convoy de Cobra desaparece en mitad del desierto, donde una instalación estratégica es recuperada sin que nadie reclame la autoría, donde una ciudad duerme una noche más sin saber por qué. Ahí han estado los Joes.
Operan desde bases ocultas, con tecnología experimental, inteligencia compartida entre naciones rivales y una cadena de mando mínima. No conquistan territorio, no lo gobiernan, no se quedan. Entran, golpean con precisión quirúrgica y desaparecen antes de que el polvo se asiente. Su misión no es ganar la guerra, sino evitar que alguien más la gane demasiado rápido.
Para muchos gobiernos son un mal necesario. Para otros, una amenaza incómoda. Para Cobra, son la espina clavada en el costado, la prueba de que el mundo aún se resiste a caer. Y para quienes forman parte de ellos, G.I. Joe no es solo un nombre en clave: es el último lugar al que acudir cuando ya no queda nadie más dispuesto a luchar por algo tan frágil y antiguo como la libertad humana.
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Cobra no es solo una organización terrorista. Es una idea que aprendió a vestirse de ejército.
Surgió cuando el mundo empezó a fracturarse bajo el peso de sus propias contradicciones. Cuando gobiernos enteros demostraron que preferían disputarse el futuro antes que protegerlo. Cobra entendió algo antes que nadie: el caos no es un fallo del sistema, es el sistema evolucionando. Y alguien tenía que estar preparado para gobernar lo que quedara después. Por eso, a diferencia de otras fuerzas, Cobra no cree en fronteras ni en ideologías tradicionales. Cree en el control. En la eficiencia. En un mundo dirigido por quienes se atreven a hacer lo necesario. Su discurso es simple y peligroso: la humanidad necesita orden, aunque ese orden se construya sobre el miedo. Allí donde los estados fallan, Cobra ofrece estructura. Donde hay desesperación, ofrece pertenencia. Donde hay ruinas, ofrece propósito.
Su líder, el Comandante Cobra, es una figura casi mítica. No gobierna mediante carisma público ni propaganda masiva, sino a través del misterio y la autoridad absoluta. Nadie conoce su origen, su rostro o sus verdaderas motivaciones. Para sus seguidores, no es un hombre, es un símbolo: la prueba de que alguien puede surgir de la nada y doblegar al mundo. Su anonimato es su armadura.
Cobra se nutre de los descartados del sistema: veteranos olvidados, especialistas sin futuro, criminales inteligentes, ciudadanos del primer mundo que lo perdieron todo cuando la economía cambió de la noche a la mañana. A todos ellos les da lo mismo: una causa, una identidad y la sensación de que, por fin, forman parte de algo más grande. A cambio, exige lealtad absoluta. Sin embargo, ha sido capaz de expandir sus tentáculos a las altas esferas de muchos países, mientras controla corporaciones mediante chantaje, infiltración y manipulación económica. Nunca se sabe quién está realmente bajo la protección de Cobra.
Militarmente, Cobra es brutalmente eficaz. Sus tropas no son las mejores del mundo, pero son suficientes, reemplazables y fanáticamente disciplinadas. Lo verdaderamente peligroso es su alto mando: una élite de estrategas, científicos, señores de la guerra y monstruos con nombre propio, individuos que ya eran amenazas globales antes de unir fuerzas. Juntos, convierten cada zona abandonada en una fortaleza, cada territorio sin ley en un bastión, cada ciudad caída en una pieza más de su imperio invisible.
Para el resto del mundo, Cobra es un enemigo. Para G.I. Joe, es la guerra que nunca termina. Y para un planeta envejecido, agotado y lleno de cicatrices, Cobra representa una posibilidad aterradora: que tal vez el futuro no pertenezca a los justos… sino a los que estén dispuestos a tomarlo por la fuerza.
El Clan Arashikage es un clan ninja ancestral que opera en las sombras del mundo, mucho antes de que G.I. Joe y Cobra existieran. Su nombre proviene de las palabras japonesas arashi (“tormenta”) y kage (“sombra”), lo que refleja tanto sus habilidades furtivas como su filosofía: moverse como el viento y atacar como el trueno sin ser vistos ni oídos.
Durante siglos, los Arashikage fueron señores discretos de las artes marciales y guardianes de conocimientos secretos. Se decía que eran capaces de realizar hazañas imposibles, dominar su mente y cuerpo más allá de los límites comunes, y moverse como sombras vivientes. Incluso se hablaba de artefactos con poderes sobrenaturales, aunque eso nunca se pudo demostrar.
El clan se rige por un estricto código de disciplina, que solo acepta a quienes demuestran verdadera devoción y dominio de sus artes. Aquellos que completan su entrenamiento llevan en su brazo el tatuaje del símbolo del clan, un hexagrama del I Ching, como señal de pertenencia y compromiso.
A lo largo de su historia, los Arashikage han sido tanto aliados como adversarios de G.I. Joe y de Cobra. Algunos miembros han combatido junto a los Joes, otros han sido tentados por Cobra o simplemente han escogido permanecer neutrales, siguiendo sus propios códigos y objetivos.
En esencia, el Clan Arashikage representa la maestría del guerrero silencioso: un equilibrio entre fuerza, disciplina y tradición, cuyo impacto en la guerra entre G.I. Joe y Cobra trasciende la pura acción militar para convertirse en una saga de honor, traición y destino.

Originalmente fueron una banda de motoristas forajidos, unidos más por el ruido de los motores y la violencia compartida que por cualquier causa política. Vivían al margen de la ley incluso antes de que el mundo empezara a romperse, sobreviviendo gracias al contrabando, las peleas ilegales y el crimen organizado. Cuando la sociedad comenzó a colapsar bajo la presión de guerras, recursos y desigualdad, los Dreadnoks no tuvieron que adaptarse: ese siempre había sido su hábitat natural.
Con el tiempo, acabaron trabajando para Cobra, no por lealtad ni por convicción, sino porque Cobra pagaba bien, ofrecía armas, combustible y libertad para hacer lo que mejor sabían hacer: causar caos. Para Cobra, los Dreadnoks eran útiles. No como soldados disciplinados, sino como herramientas brutales, perfectas para misiones sucias, intimidación, sabotaje y control de territorios donde la ley ya no significaba nada.
Los Dreadnoks operan como una horda salvaje. No siguen una jerarquía estricta ni protocolos militares. Se mueven en convoyes de motos, vehículos improvisados y chatarra armada, sembrando destrucción a su paso. Sus bases suelen encontrarse en pantanos, desiertos, zonas industriales abandonadas o páramos olvidados, lugares donde nadie más quiere vivir. Allí construyen fortalezas improvisadas hechas de metal oxidado, armas robadas y restos de guerras pasadas.
Su líder más conocido es Zartan, un mercenario y maestro del disfraz capaz de cambiar de rostro, voz y comportamiento a voluntad. A diferencia del resto de los Dreadnoks, Zartan es frío, calculador y sorprendentemente inteligente. Cobra lo utiliza como intermediario, sabiendo que controla a la banda no por respeto, sino por miedo y conveniencia mutua.
Para G.I. Joe, los Dreadnoks son impredecibles y extremadamente peligrosos. No luchan para ganar una guerra, luchan por diversión, supervivencia y botín. Pueden huir ante una fuerza superior… o lanzarse contra ella si creen que será más divertido. No tienen problema en traicionar a Cobra si les conviene, ni en volver a trabajar para ellos al día siguiente si el precio es el adecuado.
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La Oktober Guard es la manifestación de una nación que aprendió a sobrevivir en la sombra de la historia y del poder. Surgieron como una fuerza de élite destinada a proteger los intereses estratégicos del bloque ruso y sus aliados, en un mundo cada vez más inestable, donde la diplomacia tradicional ya no bastaba para garantizar la seguridad ni el acceso a recursos críticos.
A diferencia de G.I. Joe, que opera bajo un código idealista de libertad y defensa de la humanidad, los Oktober Guard actúan guiados por un principio más pragmático: la seguridad nacional y la estabilidad geopolítica de su bloque. Sus miembros son soldados entrenados desde edades tempranas en técnicas de guerra avanzada, espionaje, infiltración y uso de tecnología militar experimental. Cada uno es un especialista absoluto en su campo: pilotos de drones de combate, ingenieros de armamento de última generación, operadores de vehículos pesados adaptados a entornos extremos y agentes encubiertos capaces de moverse entre territorios hostiles sin dejar rastro.
Sus bases de operaciones se encuentran en regiones remotas, muchas de ellas en Siberia o zonas árticas parcialmente urbanizadas, donde el clima extremo y la infraestructura deteriorada convierten cualquier despliegue en una prueba de resistencia. Allí entrenan, desarrollan tecnología y planifican misiones que a menudo los llevan a territorios disputados, zonas bajo influencia de Cobra o áreas donde también operan fuerzas de G.I. Joe. Rara vez luchan por ideologías: su guerra es por control estratégico, disuasión y supervivencia.
El alto mando de la Oktober Guard está formado por veteranos de guerra y expertos en operaciones internacionales, conocidos por su disciplina implacable y su capacidad para coordinar ataques quirúrgicos en entornos donde un solo error supone el fracaso total de la misión. Aunque su lealtad a un bloque nacional es incuestionable, no son enemigos automáticos de G.I. Joe. Cuando la amenaza de Cobra alcanza un nivel crítico, ambas fuerzas han cooperado en operaciones encubiertas, formando alianzas frágiles, basadas más en la necesidad y la conveniencia que en una confianza real.





En este mundo desgarrado por el conflicto, las fuerzas principales solo representan la punta del iceberg. Existen innumerables facciones y subfacciones, cada una con su propio objetivo, métodos y territorio de influencia. Entre ellas se encuentran unidades especializadas como los Anti-Venom Task Force, expertos en neutralizar contaminaciones y mutaciones; los Dino Hunters, cazadores de criaturas mutadas que han surgido en páramos y ruinas; los Mega Marines y sus adversarios los Mega Monsters, ambos resultado de experimentos diversos; o destacamentos temáticos como Tiger Force y Python Patrol, que operan como fuerzas de choque con misiones tácticas muy concretas.