Escena I – La encomienda
El sonido del acero aún resuena en el aire.
El combate ha terminado… pero no de forma limpia.
A su alrededor, los cuerpos de los atacantes yacen sobre el camino embarrado, mezclados con hojas y sangre. Algunos caballos han huido. Otros permanecen inquietos, resoplando entre la niebla de la tarde.
El silencio llega poco a poco.
Y entonces… un quejido.
El escriba.
A unos metros, apoyado contra una roca, su respiración es débil y entrecortada. La flecha sigue clavada en su costado, la tela oscurecida por la sangre… demasiado oscura.
Veneno.
Sus manos tiemblan mientras intenta incorporarse. Al verlos acercarse, hace un gesto desesperado.
“Rápido… escuchen…”
Con dificultad, introduce la mano en su túnica y saca tres cosas:
Un pequeño saco de monedas, que deja caer con un leve tintinear.
Un anillo de sello, pesado, manchado de sangre… pero claramente noble.
Y finalmente… una carta. Sellada. Intacta.
La sostiene como si pesara más que su propia vida.
“No… no era un viaje cualquiera…” —tos seca, dolor—
“Esto… esto debe llegar a manos del Santo Padre…”
Sus ojos recorren al grupo, buscando a alguien en quien confiar.
“Uno de ustedes… deberá hacerse pasar por mi…”
Levanta el anillo, con esfuerzo.
“Este sello… les abrirá puertas… les hará creíbles…”
Luego, con una fuerza que parece no tener, acerca la carta a ustedes.
“El rey… antes de morir… dejó constancia…”
“El heredero… no es legítimo…”
Un silencio pesado cae sobre la escena.
A lo lejos… el eco de caballos.
El escriba aprieta la mano de quien esté más cerca.
“Escuchen bien… si entregan la carta… con el anillo…”
“habrá una recompensa… mucho mayor que cualquier oro que ya hayan recibido…”
Sus ojos se nublan por un momento, pero vuelve a enfocarlos con determinación.
“Pero si fallan…”
“todo habrá sido en vano…”
Su agarre se debilita.
El viento mueve ligeramente el sello de la carta.
Y los cascos de caballos… suenan cada vez más cerca.
La decisión… ahora es suya.

El momento no admite dudas prolongadas.
El tintinear de las monedas aún vibra en sus oídos mientras, casi por instinto, comienzan a moverse. Manos rápidas revisan los cuerpos caídos: espadas aún útiles, dagas ocultas, bolsas con monedas, capas menos dañadas. Alguien toma las riendas de los caballos que no han huido; otro limpia, con prisa, la sangre de una empuñadura.
El anillo.
La carta.
Ambos ahora están en sus manos.
El escriba… ya no se mueve.
El sonido de los cascos se vuelve más claro. No es imaginación. Vienen. Y vienen en número.
Entre la niebla, el camino se abre ante ustedes… y con él, las decisiones.
Pueden quedarse y presentar batalla, preparar una emboscada improvisada con lo que tienen. Quizá logren resistir. Quizá no.
Pueden ocultarse entre la maleza y las rocas, contener la respiración y dejar que el peligro pase de largo… si es que pasa.
O pueden huir. Ahora. Mientras aún tienen ventaja.
El camino que ya seguían continúa hacia el noroeste. Una ruta relativamente clara, marcada por ruedas y comercio. Si la siguen, eventualmente llegarán a Puerto Solaz, una ciudad donde el bullicio y la multitud podrían ofrecer refugio… o atraer miradas indeseadas.
Pero hay otra opción.
Hacia el este, fuera del sendero principal, se extienden los Pantanos de Zarandil. Un terreno traicionero, cubierto de bruma espesa y aguas oscuras. Pocos lo cruzan sin pagar un precio. Sin embargo, quienes lo logran pueden alcanzar Villa Ámbar, un asentamiento más pequeño… más discreto.
El viento sopla.
Los caballos se inquietan.
Y las siluetas de jinetes comienzan a dibujarse entre la neblina del camino.
No hay más tiempo.
¿Qué harán?
No había tiempo que perder, tenían el anillo y aquella carta. Era una misión muy importante, que no podía permitirse la menor demora, si fallaban era muy posible que el reino estuviese condenado.
Y ya se les acercaban, saldrían de allí a toda velocidad, no querían perder la ventaja que tenían. Otra cosa era elegir el camino adecuado, tras darle vueltas un momento, pensó que lo mejor sería tratar de evitar ser reconocidos o levantar sospechas.
-Iremos hacia Villa Ambar, aunque para ello tengamos que atravesar Los pantanos de Zarandil, es mejor evitar Puerto Solaz, seguro que allí hay muchos espías y enemigos que tratarían de hacerse con la carta.- Era un camino más largo, con muchas amenazas, pero ir hacia la capital sería una locura.
Salieron rápido en dirección a los pantanos.
Era obvio que el grupo debía tomar una decisión ya. Mas enemigos se acercaban y demorar, aunque fuera un poco más, sería poner en riesgo sus vidas. Una vez que Tomas habló, todos decidieron seguirle.
Antonio tomó lo que pudo y hecho a andar detrás de Tomas. Los demás siguieron sus pasos. "Si la noche nos atrapa mientras aún estamos en el pantano, seremos presa fácil, hay que apresurar el paso"
El grupo contaba solo con cuatro mercenarios: Tomas, Antonio, McKenzie y Martin. Martin era muy joven y de piel obscura y no se podría hacer pasar por un noble. McKenzie, aunque tal vez tenía educación y el lenguaje apropiado, era mujer. Así que las únicas opciones para hacerse pasar por el noble, eran Antonio y Tomas.
Mientras entraban al pantano, Tomas decidió aclarar una cosa "No soy muy educado, no tengo ni idea de como comportarme aún entre los míos, si caso fuera necesario, yo preferiría que tu te hicieras pasar por el noble" Miro al joven y a la mujer y les dijo "Sin ofender, pero no creo que ustedes pudieran hacerlo"
McKenzie, como era habitual, solo se limitó a levantar la mano, indicando en silencio que no le afectaba la decisión que se tomara, mientras Martin, hablo en reproche. "Has de saber, que en mi tierra los nobles, reyes y reinas son todos negros, como yo", después de unos pasos, agrego "Pero tampoco me apetece ponerme una ropa tan estorbosa, creo es bastante molesta".
Martin estaba por abrir de nuevo la boca para comentar sobre algo, pero un ruido en la cercanía le sorprendió. Los demás, como un reflejo, llevaron sus manos hacia sus armas, como de forma automática.
Los personajes deben realizar una tirada de dificultad NORMAL (5), para ver si perciben la posible amenaza. Es decir, una tirada de percepción.
Para ello, deben tirar 3 dados de 10, y tomar el valor de en medio y sumarle cualquier modificador. Si no hay valor medio, se toma el más bajo.
Si el resultado es mayor o igual al esperado, es éxito. Si el resultado es inferior, es fallo.
Antonio detiene sus pasos, observa procurando no mover su cuello, solo con los ojos, el paisaje frente a él. Su objetivo es detectar la posible amenaza.
Motivo: Percepción
Tirada: 3d10
Resultado: 23 [6, 8, 9]
Dado Medio es 6, modificador es Percepción +1. Resultado = 7, Exito.
Tras escuchar a sus tres compañeros, le pareció que era la mejor opción, no le gustaba el no estaba acostumbrado a esas cosas, pero era el que mejor podría aparentarlo.-Vale, pues yo haré de noble. Esperemos que no tengamos que hablar demasiado o se terminaran dando cuenta de que tan solo soy un mercenario.-
Luego, tras disfrazarse un poco con algunos ropajes más elegantes, continuaron deprisa, tenían que salir del pantano antes de que llegase la noche.
Y de repente un ruido. Miro y escucho con atención para tratar de descubrir de que podía tratarse, mientras iba preparando su espada y escudo.
Motivo: Percepción
Tirada: 3d10
Resultado: 4, 10, 8 (Suma: 22)
8+1= 9, supera la tirada de percepción.
Lobos. El ruido que habían percibido, provenía de un lobo que les había estado acechando pero que al parecer cayó a unas arenas movedizas. Sus gemidos y esfuerzos por salir solo enterraban más su cuerpo en lo que aparentemente se convertiría en su tumba.
Pero los lobos no viajan solos, quizás el primero había caído en esa trampa del pantano, pero los demás habían sabido interpretar el peligro y reagruparse. Por una mirada rápida, Tomas y sus compañeros pudieron identificar que se trataba de una manda de unos cinco o seis lobos. Martin apunto al lobo atrapado.
Pareciera que tenía un debate interno, y finalmente suspiró mientras gastaba una flecha para darle una muerte misericordiosa al lobo. -Mierda- exclamó.
Los otros lobos no aparentaron reaccionar ante la muerte del lobo alfa, al parecer tenían mucha hambre como para detenerse a analizar lo que acababa de pasar.
Tomas, como líder del grupo, debe decidir si quedarse y matar al resto de los lobos. O huir de inmediato. ambas opciones tendrán repercusiones.
Se trataba de lobos, y eran al menos otros cinco los que les acechaban. Aquello no iba a ser algo rápido ni fácil, y seguro que también harían algún ruido. Pero si trataban de escapar los hambrientos lobos les seguirían y era posible que les atacasen en el momento más inoportuno.
-No creo que vayamos a poder dejarlos atrás, se les ve muy hambrientos, están desesperados por comer y no nos dejarán irnos.- Y aunque era perder un tiempo que tal vez no tenían, no veía otra mejor forma de actuar.
-Usemos los arcos, y estemos preparados por si alguno de ellos se nos echa encima.- Tendrían que estar listos para pasar con rapidez del arco a la espada.
Aunque ninguna de las dos opciones era del todo buena, parecía mejor tratar de acabar con aquellos hambrientos lobos, o al menos matar o herir a suficientes como para que el resto escapasen. Ya que tratar de huir de ellos por aquellos terrenos difíciles, no era algo que pudiesen conseguir, y tendrían siempre la amenaza de que estos les atacasen en cualquier momento.
Los lobos estaban demasiado hambrientos. Era obvio que para ellos quedarse y huir equivalía a morir. Una muerte por acero o muerte por falta de sustento es una muerte al fin y al cabo.
Tomas no tuvo problemas para apañárselas solo. Antonio tampoco tuvo problemas. Pero McKenzie tuvo que apoyar a Martin. Su arma para combate cuerpo a cuerpo, una daga, había caído, perdiéndola entre el fango. No había tenido forma de tener a los lobos a raya más que usando su propio arco. El cual quedaría dañado.
- ¿¡Tienes mantequilla en los dedos!? había expresado McKenzie en frustración. No era la primera vez que Martin era desarmado o su arma caía de las manos. Por eso es que había recurrido a usar el arco como su arma principal. Martin solo se limitó a chasquear en reproche mientras trataba de alejar a los lobos.
Cuando la batalla terminó, la lluvia ya caía por montones en el pantano. Y el sol se había ocultado ya por el horizonte. Las antorchas de sus perseguidores se podían ver a la distancia.
Decidieron continuar su viaje, lamentablemente tendrían que hacerlo a obscuras ya que no podían arriesgarse a exponer su ubicación.
Los personajes deben realizar una tirada de dificultad NORMAL (5), para evitar perderse en el pantano. Es decir, una tirada de percepción.
Para ello, deben tirar 3 dados de 10, y tomar el valor de en medio y sumarle cualquier modificador. Si no hay valor medio, se toma el más bajo.
Si el resultado es mayor o igual al esperado, es éxito. Si el resultado es inferior, es fallo.
En caso de fallo: El personaje se separa del grupo principal y se pierde en el pantano, viéndose forzado a resguardarse dentro del pantano.
En caso de éxito: El personaje logra llegar con el grupo principal a Villa Ambar y pasan la noche en una posada.