Partida Rol por web

La Edad de la Inocencia (+18)

• Eloise du Villone •

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18/12/2016, 20:49
Eloise du Villone

Saffron Hill, 7 de abril de 1880

La niebla cubre las calles de esta ciudad llena de humedad, arremolinándose en jirones esponjosos y calando incluso a través de la ropa. Llevo el pelo semirecogido en la parte superior y suelto por detrás y si me toco las puntas de los cabellos rubios puedo notar que están más ondulados de lo normal. Todo por esta humedad que me estremece. Ay, mon Dieu, no puedo creerme que me haya vuelto a perder otra vez. Temo que nunca conseguiré acostumbrarme al laberinto de estas calles y ahora el corazón empieza a latirme con fuerza, porque no debe faltar mucho para que empiece a oscurecer y no es lo mismo perderse en una mañana primaveral que en la neblina del atardecer.

Desde que empecé a caminar he visto por lo menos dos enormes jardines, he vuelto a pasar por encima de un puente y poco a poco las casas han dejado de ser grandes y bien encaladas para pasar a tener peor aspecto. ¿Cuánto tiempo debo llevar caminando? Las campanas han sonado dos veces ya desde que salí de casa. Quelle affaire, ¿cómo voy a regresar? Cada vez estoy más segura de que esta vez sí que me estoy metiendo en un buen lío.

Pero... Es que no lo puedo evitar. Miro a mi alrededor y todo me atrapa. Cada nueva calle atrae mi curiosité y aunque sé que debería darme la vuelta y tratar de desandar lo andado, termino girando una esquina más. Todo el rato rastreando los edificios en busca de algo que me resulte familiar y me indique que he encontrado lo que buscaba. Aunque la gente que he visto por esta zona me da un poco de respeto, tengo que reconocerlo. Todos van como muy mal vestidos comparando con mi vestido azul claro y mi abrigo azul oscuro y eso me da congoja y me atemoriza a partes iguales. Aunque de alguna forma también me fascina.

Me muerdo el labio inferior, de esa forma que soeur Agnes odia porque total, ella no está aquí para decirme nada. Y empiezo a desesperarme porque camino y camino pero no sé hacia donde. Me giro un poco para mirar por encima de mi hombro hacia las calles que he dejado tras de mí, idénticas a mis ojos a las que tengo delante, y mis temores aumentan cuando descubro a un grupo de jóvenes mirándome. Todas esas cosas terribles que les suceden a las señoritas que pasean solas de noche acuden a mi mente y un estremecimiento recorre mi espina dorsal haciendo que mis ojos azules se abran aún más. Notre père qui es aux cieux, comienzo a rezar mentalmente, casi sin darme cuenta.

De repente veo una apertura en un edificio que parece dar a otra calle y me meto en ella sin dudarlo en un intento de escapar de las miradas que siento que me siguen. Tal vez tan sólo se están preguntando qué hace una jovencita sola en la calle, o quizás han visto en mi mirada que estoy totalmente perdida... Pero no puedo evitar estremecerme y acelerar el paso, mirando hacia atrás.

Choco contra algo sólido y se me escapa un gritito agudo antes siquiera de que pueda girar la cabeza y ver al caballero al que acabo de arrollar por no mirar hacia delante. Me late tan fuerte le coeur que siento que él también debe escucharlo y mis mejillas palidecen primero para después enrojecer de golpe hasta que adquieren un intenso color granate. Mis pies se enredan en un traspiés y por un momento me sujeto de su ropa para no caerme. Quelle honte!

-Ah, mon dieu! -exclamo, completamente avergonzada-. Pardon, pardon. Je ne regardai pas... Eh... Lo siento -intento hablar en inglés, aunque con los nervios me cuesta y mi acento francés se acentúa-. Disculpe, s'il vous plaît, no miraba por dónde iba y yo... Ay, quelle affaire!

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19/12/2016, 10:29
Aquilla Bricklan

Los ojos de Aquilla se abren de súbito, su cuerpo se reincorpora asustado mientras con la otra mano se toca los ojos, la nariz, limpiándose algo que le produce absoluto pavor. Todo su cuerpo está tenso. Se mira los dedos buscando pero no tiene nada en la cara más allá de los sudores nocturnos. A penas alcanza a entenderse despierto aún, se siente inmerso en el feroz sueño. Más pálido que de costumbre sus pecas, salteadas por todo su rostro, resaltan aún en la media oscuridad en la que yace su cama.

Poco a poco lo va comprendiendo. En medio del silencio su respiración agitada se va calmando, sus músculos se van relajando y es entonces cuando sus labios empiezan a cobrar algo de color. Aquila se mira las yemas de los dedos, ahora no tiene nada pero el recuerdo aún perdura, el olor, el dolor.

Suspira, su espalda se convulsiona y por un momento parece que va a echarse a llorar. No… ¡Sonríe! Esa sonrisa suya que nadie puede ver, pero que es el vivo reflejo de la ternura en su estado máximo. Se levanta, se asea un poco en la pila, y empieza a vestirse murmurando unas pocas notas alegres de Vivaldi. La pesadilla queda atrás, ahora lidia solo con el recuerdo que lucha por volver a enterrar, no sin dolor aunque parezca alegre de nuevo, pues nuestro Aquila sabe bien que la felicidad es algo por lo que se lucha cada día.

Una vez aseado con la cara bien lavada se mira al espejo mugriento de la pared, muerde su labio inferior mirando sus pecas, y vuelve a sonreí. Esta vez sin menos esfuerzo. Es hora de salir a la calle.

Sus pasos firmes se aventuran hacia la puerta de la entrada y más aún hacia la calle. Introduce su mano en uno de los bolsillos de la chaqueta para sacar de ella un pequeño cuaderno y un lápiz, mientras camina va revisando las últimas notas, tiene que ir a ver al inspector y contarle sus progresos en lo que le han encomendado. “Hay de mí si no fuera por el cuadernillo no sabría ni cómo me llamo”.

Pensativo, revisa las páginas y camina por las nubes de todas las veces que ha colaborado con el inspector, es sin duda el trabajo que más le gusta, colaborar con ellos es para alguien como él todo un hono y un.

¡Auch!

   Un golpe.

       Un grito.

           Grita ella.

               Una especie de gruñido suelta él.

    Aquila la sujeta.

            Y ella se sujeta a él a la vez.

Ambos, asidos el uno al otro en medio de la calle, en un barrio en el que los gritos son habituales nadie los mira, pero él sí la contempla a ella. Nadie sabría cuál de los dos está más sonrojado, si ella, o él, que la mira embobado, preguntándose de dónde ha salido un ser tan hermoso.

Ella empieza a hablar, en… ¿Frances? Aquilla sonríe con cariño, suspira mientras la mira a los ojos sin soltarla, la deja hablar atropellada, está muy graciosa así con los mofletes rojos, disculpándose.

- Tranquila – responde en un perfecto francés – no pasa nada, yo... no estaba atento a mi transitar. Perdóneme, ha sido culpa mía... iba leyendo... 

Sigue hablando en francés. Por fin la suelta, no sin dificultad, después de mirar sus labios varias veces, y en un gesto de preocupación paternal acomodarle el pelo suave y dorado que se le hubiera alborotado con el estrépito. 

Se aparta un poco para recoger la liberta que le ha caído al suelo, y el lapicero que ha rodado un poco por los adoquines. Recoge lo que a ella se le haya podido caer y es entonces cuando recorre su silueta rápidamente, aunque su gesto es tranquilo. Su vestido, el recogido de su cabello, y… encara una ceja extrañado.

- Este no es un barrio muy adecuado para… (F)- sigue hablando en Francés. No termina la frase. El tono de su voz es afable, incluso preocupado - ¿Estás perdida? (F)

Notas de juego

(F)* en francés. 

Yo no sé francés pero mi personaje sí, como veo que a lo mejor hablamos en ambos idiomas pondré (F) o (I).

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19/12/2016, 13:41
Eloise du Villone

Por un instante me quedo inmóvil, prendida de los ojos verdes del caballero, mientras la última disculpa muere en mis labios. Mi respiración agitada se mezcla en mis oídos con el latido pulsante de mon coeur y cuando él responde en un francés tan perfecto lo siento saltar en mi pecho. Parpadeo varias veces, envuelta de repente en la calidez de un hogar que siento demasiado lejano, y una sonrisa empieza a nacer en mis labios. Oh, là là, tal vez este día termine siendo una bonita aventura después de todo.

Es un placer tal poder hablar en francés con alguien que siento ganas de dar palmas. Y probablemente lo haría si estuviera sola, pero no quiero parecer una niña tonta. Al fin y al cabo ya soy toda una señorita, ne c'est pas?

Bajo la mirada cuando me coloca el pelo, avergonzada pero al mismo tiempo feliz de haber chocado con alguien que me ha hecho sentir como en casa por un momento, y cuando noto que va a apartarse es cuando me doy cuenta de que aún mis dedos enguantados en blanco siguen aferrándose a la tela de su chaqueta. Ay, mon Dieu! Todavía no me he adaptado a las costumbres de los ingleses, tan raros y estirados con todos sus protocolos, pero eso tiene toda la pinta de ser vraiment inapropiado. Lo suelto rápidamente y me sostengo una mano con la otra, ¡porque algo tendré que hacer con ellas!

No llevo nada encima que pudiera haber caído al suelo y cuando quiero reaccionar y ayudarle a recoger sus cosas, él ya ha terminado. Vuelve a regalarme el oído con el idioma en el que se mueven mis pensamientos y asiento repetidamente a su pregunta, olvidado ya por completo el temor que me perseguía minutos atrás.

Así que cuando respondo lo hago mucho más tranquila y en mi lengua natal. Aunque la curiosité no tarda en llevar de nuevo mi mirada hacia su rostro para seguir el camino de puntitos que marcan las pecas en sus mejillas hasta llegar de nuevo a sus ojos. Sonrío, tímida y al mismo tiempo cómoda con el desconocido.

-(F)Mais oui! Estoy completamente perdida -confieso, llevándome las palmas de las manos a las mejillas en un intento de atenuar su ardor- y me asusté porque está a punto de anochecer. Por eso iba tan rápido sin mirar. Sólo llevo en el país desde la semana pasada, ¿sabe? y ¡Ay, mon Dieu! Esta ciudad es enorme y no se acaba nunca. Una empieza a caminar y caminar y... -Mi mano hace un gesto señalando el lugar en el que me encuentro-. Y no tengo ni idea de dónde estoy. Intentaba llegar cerca de Regent's Park, pero... -Me encojo de hombros y dejo que la frase quede en el aire-. Habla usted francés -señalo lo evidente, cambiando de tema de golpe y con un brillo ilusionado en mis ojos-. No se imagina lo que añoraba escuchar a alguien hablando en francés y... -me detengo, arrugando la nariz en un gesto que escandalizaría a Madre, al darme cuenta de que tal vez esté apabullando al caballero con mi verborrea-. Disculpe, estoy hablando sin parar, ne c'est pas? Me pasa a menudo. Soeur Agnes siempre me reprendía por ello. (F)

Notas de juego

Me parece muy bien ^_^.

Normalmente voy mezclando porque Eloise lo mezcla realmente cuando habla en inglés, pero ahora contigo hablará en francés directamente, lo marcaré así con (F) delante y detrás.

Meto igualmente algunas expresiones para dar color, creo que se entienden todas pero si no es así dime y te traduzco =).

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19/12/2016, 21:21
Aquilla Bricklan

Su manera de hablar tanto y tan rápido a pesar de ser dos desconocidos logra embelesar a Aquilla. Sus ojos verdes dudan entre mirarla a los ojos y a los labios, van de un lado a otro durante todo el rato que ella habla. Él quiere mirarla a los ojos y lo juraría ante cualquier tribunal, pero es un hombre que hace las cosas siempre con el corazón. Y sus latidos (no sabe cuál es la extraña razón) parecen tener fijación por los labios de la muchacha.

Queda así prendido de la luminiscencia que derrocha la muchacha perdida. Ha tratado con muchísimas personas en su vida, muchas más de las que cabría imaginar. Pocas veces ha quedado tan magnetizado. Observa con ternura las palmas de sus manos cubrir sus mejillas. Sigue su mano en su gesto y luego vuelve a ella y a sus hombros encogidos.

El brillo de sus ojos cielo lo deslumbra cuando de repente cambia de tema.

Es entonces cuando sonríe con cariño tragando saliva he intentando aún entender todo lo que está pasando. Le da la impresión de que todo va muy rápido y a la vez muy lento, es tan extraño… Su sonrisa no es del todo cómoda y relajada. Es una sonrisa que intenta ser decorosa... que espontánea se da cuenta de que existe a mitad de camino y traga saliva.

“Muy bien, Aquilla… tranqu-”

¡Y entonces arruga la nariz!

Aquilla suspira y desvía la mirada de inmediato. Da un paso despacio haciendo un gesto para que la acompañe.  

“Soeur Agnes… así que es religiosa…”

Otro suspiro de Aquilla y empieza a hablar tranquilamente.

- (F) El francés es el idioma de mi corazón, aunque llevo muchos años en Londres y ya no me queda acento, espero no alarmarla con mi pronunciación. Puedo acercarla a Regent's Park, me da la impresión de que se perdería de nuevo si le diera indicaciones – sonríe mirando al frente – pero es cerca de una hora el recorrido, está algo lejos pero el paseo es hermoso, a mí me gusta mucho caminar - ¿Por qué cuenta todo eso? Si él detesta hablar de sí mismo… Ha contado que lleva muchos años en Londres, ha hablado de su corazón, incluso ha contado gustos personales ¡¿Qué...?! - o podemos buscarle un carruaje. (F)

Notas de juego

* Lo he buscado en el maps y es cerca de una hora caminando. 

https://www.google.es/maps/dir/Saffron+Hill,+London+EC1N+8QX,+Reino+Unido/Regent's+Park,+Chester+Rd,+London+NW1+4NR,+Reino+Unido/@51.5233643,-0.1399592,14.5z/data=!4m14!4m13!1m5!1m1!1s0x48761b4e0b619ddd:0x76a2a89994469ce3!2m2!1d-0.1068326!2d51.5204451!1m5!1m1!1s0x48761ac3b0b3be07:0x8983e0fbb6a18be!2m2!1d-0.1569694!2d51.5312705!3e2?hl=es 

(Es un link atroz, no sé si te saldrá)

He editado para añadir el gif.

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20/12/2016, 12:17
Eloise du Villone

El caballero sonríe y ah, mon Dieu... Su sonrisa me atrapa cada vez que nace en sus labios, haciendo que de inmediato los míos también se curven una y otra vez, de forma refleja, en una sonrisa gemela a la suya. Y, como si tuviese algún tipo de magie, también su suspiro parece reflejarse en mi garganta cuando confiesa que hay un lugar para mi patria en su coeur.

Entrelazo los dedos de mis manos por delante de mí y empiezo a caminar a su lado, olvidado ya por completo el hecho de que se trata de un desconocido, pues ¿cómo podría tratarse de un étrange cuando el corazón de los dos habla el mismo idioma? Ce n'est pas possible.

Me río suavemente de mí misma cuando da en el clavo con tanta precisión pues no me cabe duda de que volvería a perderme otra vez, irremediablemente. Hace unos minutos me maldecía por mi facilidad para desorientarme, pero ahora me parece algo gracioso. Y no es para menos, una vez más me siento envuelta en una aventura merveilleuse y siento latir con emoción la sangre en mis venas.

(F)-Oh, ¿de verdad querría acompañarme hasta tan lejos? -pregunto, buscando su mirada con una enorme sonrisa-. Amo caminar y no he traído dinero para un carruaje porque no esperaba perderme, así que preferiría dar un paseo y sería un verdadero placer que me acompañase. Pero no querría importunarlo si tiene usted cosas que hacer... Es tarde, pero no creo que en casa se hayan dado cuenta todavía de que no estoy y... Ah... Y-yo...(F)

Me callo de golpe al darme cuenta de que acabo de confesar sin querer que me he escapado y miro al caballero de reojo, sin saber si eso le parecerá tan terrible como le parecería a monsieur Wright si se enterase. Carraspeo suavemente para ganar tiempo, pero al final termino por seguir hablando rápido y separando las manos para moverlas en el aire, con la esperanza de que mi desliz pase desapercibido.

(F)-¿Querría decirme su nombre? Yo soy Eloise du Villone. ¡Es tan bonito eso que ha dicho de su corazón! Creo que por mucho que aprenda a hablar inglés y a portarme como una lady... -Durante un brevísimo instante una leve sombra pasa por mi mirada y no puedo evitar arrugar un poco la nariz de nuevo al pensar en eso, pero de inmediato la devuelvo a la normalidad, antes de que se me quede así para siempre como dice Madre- Eh... Por mucho que pase eso, mi corazón siempre latirá en francés. -Lo miro y se me escapa una risita que escondo tras la punta de mis dedos-. Seguro que ya lo sabe, pero tiene usted una sonrisa muy bonita. Mon Dieu! Creo que lo estoy haciendo otra vez, lo de hablar sin parar. Discúlpeme, s'il vous plaît. (F)

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21/12/2016, 00:09
Aquilla Bricklan

“Los adoquines londinenses no se parecen demasiado a los parisinos” - va pensando concentrándose en mirar al suelo y al frente mientras habla. Pero los ojos se le escapan cuando ella pregunta tan entusiasta por la seriedad de su propuesta. Es un instante. A apenas un aleteo de mariposa… pero ahí está.

Un latido. Observa sus labios. Otro latido. Una radiante sonrisa. Otro latido. “Amo caminar”. Otro latido. Qué sonrisa tan hermosa. “Vuelve al suelo Aquilla.”

Sus ojos obedecen. Está algo nervioso. No es algo habitual en él, no es una persona fácil de cautivar ni es una persona impresionable. Hay algunos monstruos a los que él se ha enfrentado que aún viven en sus pesadillas. Pero ella… Enarca una ceja pensativo y la mira de reojo, ésta vez es él quien ríe abiertamente cuando a la muchacha se le escapa su traspiés.

Ambas miradas se cruzan, los dos llevan algo de cielo en los ojos. Aquila ríe al encontrarla mirándolo. Se le escapa y ríe espontáneo. No imaginaba que aquella criatura pudiera trasgredir normas y él juraría que escaparse de un convento es una norma regia, inamovible, muy, muy difícil de romper.

Abre los labios para decir algo pero ella sigue hablando y él vuelve a mirar al frente paseando con tranquilidad.

No la conoce pero cada vez su voz titubea es como si… bueno… como si predijera que su rostro va a hacer algo extraordinario. Es una mujer muy expresiva y ese instinto suyo calando a las personas no falla jamás; así que cuando su garganta aguanta ese “lady” él vuelve a mirarla de reojo y ahí está su nariz arrugada. Aquilla presiona los labios uno contra el otro sin ser consciente de ello. Vuelve a mirar al frente.

Se siente halagado por su comentario tan alegre y sentido. Lo que no esperaba es el siguiente. De hecho de haber tenido una copa hubiera derramado el agua de un soplido. Abre los ojos como platos mirando al frente, “tiene usted una sonrisa muy bonita” y toda la sangre de su cuerpo se arremolina en su rostro.

Sus ojos miran al suelo y

“¿qué?”

“pero….”

“¿d-d-d-d-de veras ha dicho eso?”

“no puede ser”

“Aquila haz algo”

“Pueeeees, se ha quedado una buena tarde ¿no?”

“noooooooo, eso no”

“habla”

“¿tengo una sonrisa bonita?”

“¡di algo!”

- (F) Aquilla, me llamo Aquilla. No hay nada que disculpar, me gusta mucho su voz, es decir, habla usted muy bien, su garganta está muy bien afinada.

“¿Qué? ¿Pero qué es un instrumento de cuerda o una mujer?”

Definitivamente Aquilla está muy nervioso, aunque habla en un tono tranquilo muy a pesar del rubor, lo hace en voz baja. No está nada acostumbrado a los cumplidos así que sus ojos van de un lado a otro. Sus hombros encogidos. Apenas logra mirarla un instante y lo hace para ver si puede disimular algo el calor de su rostro. Pero sus labios sonríen con una alegría excepcional. Se lleva la mano al frente y echa su pelo hacia atrás en un gesto mecánico que hace sólo cuando está muy, muy, muuuuuy nervioso. Qué calor hace ¿no?

- (F) No se apure por el idioma. El inglés es algo más rudimentario. Nuestro corazón es mucho más sutil, necesita del francés para expresarse. El otro parece más hosco y más frío, sus protocolos son más distantes, pero Londres tiene algo único, la niebla de esta ciudad es muy hermosa – parpadea dándose cuenta de repente de que está hablando de sí mismo de nuevo, esa mirada y esa nariz arrugada son peligrosas – así que no se habrán dado cuenta de que no está usted en el convento… señorita debería reprenderla – ríe divertido y ahora sí la mira de reojo casi sin darse cuenta, divirtiéndose con la situación – ya no por escapar… algunas rebeldías son inalienables e inherentes… pero sí por perderse por la ciudad usted sola, hay barrios muy peligrosos para una muchacha tan sumamente hermosa, si se pierde al menos debe aprender a defenderse – queda serio un momento mirando la calle, no se ha dado cuenta de lo último que ha dicho, ha pensado en voz alta mientras la mirada – por aquí… - tuerce a la izquierda. No. No se ha dado cuenta aún.

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21/12/2016, 13:46
Eloise du Villone

Las mejillas del caballero se llenan de arrebol de repente y un cosquilleo conocido y familiar se despereza en algún lugar cerca de mi estómago. La inevitable curiosité que siempre combato sin éxito comienza a extenderse y en su despertar vuelve mi mirada más intensa sobre el hombre, probablemente incluso inapropiada en este país en el que una debe ser tan cuidadosa con cada gesto.

«Aquilla...», muevo los labios pronunciando sus labios en silencio mientras él lo repite, ahora con toda mi atención prendida de sus palabras. Aunque el comentario sobre mi voz consigue que mis ojos lo abandonen por un instante para contemplar las puntas de mis zapatos asomando bajo el vestido con cada paso. Ha sido un cumplido un poco raro, o eso me parece, pero no es que yo tenga mucha experiencia en ese tipo de cosas, así que... Qui sait? Tal vez sea de lo más normal y sólo me parece extraño por una inexperiencia que odiaría que se notase.

Vuelvo a subir la mirada en cuanto sigue hablando y mis ojos lo miran con cierto arrobamiento porque creo comprender totalement todo lo que dice sobre el francés y el coeur. Menciona la niebla y mi mirada vuelve a abandonarlo una vez más para contemplar los jirones de algodón que se enredan entre nuestros tobillos y enblanquecen el camino unos metros más allá. Hace un rato esta misma brume me parecía húmeda, fría y detestable. Me estremecía no saber qué había más allá de ella o qué peligros podían esconderse en su blancura.

Pero ahora ya no tengo miedo y mi imaginación vuela y hasta me parece que la neblina nos protege escondiéndonos a nosotros. Se me escapa una leve risa con mi propio pensamiento, pero se corta en seco cuando comienza su siguiente frase y me siento totalmente pillada en falta. Debe ser un hombre inteligente, seguro, y era demasiado esperar que no se diera cuenta de mi metedura de pata.

Lo miro, con las mejillas sonrojadas y la culpabilidad bailando en mis ojos muy abiertos. Pestañeo confusa cuando menciona el convento y mis labios empiezan a separarse para explicarme pero... Increíblemente mi verborrea de natural incontinente parece haberse quedado en blanco. Se ríe y nuestras miradas vuelven a encontrarse, con diversión por su parte y cierto temor por la mía. ¿Y si se lo cuenta a monsieur Wright? Tal vez la aventura vuelva a convertirse en un tremendo lío y... Ay, mon Dieu! ¿Ha dicho que soy hermosa?

Se me escapa una risilla nerviosa y de repente no sé dónde meterme. Mis ojos huyen de nuevo bajando hacia el suelo, mientras el rubor de mis mejillas sube. Apenas me entero de lo que dice de defenderme... Aunque sus palabras me llaman lo suficiente la atención como para quedar flotando en algún lugar de mi mente, esperando su momento.

Lo sigo cuando tuerce por la calle, con el coeur de nuevo palpitando a gran velocidad y una sonrisa fácil instalada en mis labios, y todavía me cuesta algunos segundos encontrar una voz que sale con cierta timidez al principio.

(F)-Se equivoca usted en algo -le corrijo en voz baja, todavía sin mirarlo-. El convento lo dejé hace poco más de una semana, pero no me escapé de él, me sacó mi madre para enviarme aquí. -Doy un paso, deux, trois, y me convenzo a mí misma para levantar la mirada y contemplarlo-. Se supone que debo aprender el idioma y las maneras inglesas... Un amigo de mi madre me aloja y me instruye. Es de su casa de donde he escapado. Pero no se lo dirá, ne c'est pas? -pido con tono suplicante-. S'il vous plaît, no lo cuente, me metería en un buen lío y... Ah, mon Dieu, no es por rebeldía, se lo aseguro. Es que soy demasiado inquieta, soeur Agnes siempre me reñía por ello también. Por eso y por curiosa. (F)

Apenas un segundo de silencio antes de continuar hablando, olvidada ya la timidez en favor de todas las dudas que se acumulan en mi lengua.

(F)-¿Y cómo iba a aprender a defenderme? ¿Eso no son cosas de caballeros? Nunca me había fijado en la niebla, pero creo que a partir de hoy no la miraré igual, ¿sabe? -Suspiro largamente-. Sé que hay peligros y todo lo demás, me lo han dicho muchas veces, pero... Es que todas las calles son iguales y es muy difícil no despistarse... ¿A usted le pasaba también cuando llegó hace años? Y no se lo va a contar a monsieur Wright, ne c'est pas? (F)

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23/12/2016, 23:01
Aquilla Bricklan

No es que las mujeres le intimiden pues ha negociado con mujeres de todas las clases sociales. Una vez cierta marquesa dio a luz a un bebé muerto y ésta (muy azorada) hizo llamar a Aquilla porque al padre de una de las sirvientas le conseguía opio para poder acallar los dolores y dormir (evidentemente la sirvienta omitió los pormenores).  

Pues bien, Aquilla se las tuvo que ingeniar. Visitó los prostíbulos de toda la ciudad en busca de alguna prostituta parturienta que tuviera en miras vender o tirar a su hijo. Lo consiguió llegada casi la madrugada. Ahora sólo él sabe cuál de los hijos de la marquesa es en realidad el fruto de una mujer de la calle.

No le tembló la voz al tratar con ninguna de esas mujeres. No titubeó ni un instante al preguntarle a aquella mujer de moral dispersa, si no era mejor que su bebé estuviera bien cuidado entre sabanas de raso en vez de tirado en medio de la calle y servir de comida para las ratas.

Su mirada era diáfana, su gesto tierno, su voz templada… Él era resolutivo, no había alternativa posible, sus opciones eran las únicas que se podían transitar. Y helo aquí, titubeando ante una muchachita rubia perdida entre la niebla, como caída del cielo, de una belleza resplandeciente. Cada vez que lo mira Aquilla se pone nervioso y eso lo perturba. Intenta disimularlo pero la sensación es tan extraña ¿dónde está el aplomo de siempre?

- (F) ¿Wright?  ¿Connor Wright? ¿policía? – sonríe mirando al suelo pensativo, el mundo es una pulga – le conozco – la mira de reojo analizando su reacción, que sin duda predice entre el miedo y la curiosidad en cascada – tranquila, moriré cinco veces antes de delatarte, pequeña perdida. Pero… tienes que prometerme que aprenderás a defenderte. Sé que no dejarás de perderte por las calles así que tenemos que buscar una manera de solucionar el problema que tenemos aquí. Un problema grande y orondo. Una solución en la que tú no dejes de ser una preciosa gatita curiosa pero no estés en peligro constante.

Luego vuelve a mirar al frente. Esa sensación de nervios no le deja mirarla más de unos segundo seguidos sin sentir que pierde el control y se aventura en terreno pantanoso. Nunca fue una persona impulsiva. Nunca jamás. No va a empezar a serlo ahora.

- (F) Sí… yo también me perdía por la ciudad pero yo no soy tan radiante, no resplandezco así. Encontré problemas entre las acalles y los resolví como pude hasta hacerme un sitio para mí. Hace diez años de eso ya. Me alegra mucho que la haya descubierto ahora. Yo… adoro la niebla de este lugar… 

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26/12/2016, 14:49
Eloise du Villone

En cuanto escucho el apellido de monsieur Wright de labios del caballero me doy cuenta de lo que yo misma acabo de decir y me tapo la boca con la main en un gesto algo infantil, como si así pudiera borrar lo que mi lengua ha pronunciado. Me temo que voy a tener que terminar sumando lenguaraz a la lista de mis pecados. Ay, mon Dieu! ¡Y encima se conocen! La curiosidad por el motivo que ha hecho de una ciudad tan grande un pañuelo se revuelve en mi estómago por un instante, pero no tarda en quedar ahogada por un miedo intenso.

De repente me he puesto muy nerviosa, mucho más de lo que podría ser lógico aún en el caso de no querer que se enterasen de mi escapada. Y es que no es difícil ver en mi cara que he dicho algo que se suponía que no debía decir, algo que me atemoriza de verdad. Ni siquiera pasa por mi mente la idea de mentir y asegurar que se trata de algún otro monsieur Wright. Puede que incurra en muchas faltas cada día, pero mentir no está entre ellas. Así que sólo miro a Aquilla con los ojos como platos y suplicantes.

Él asegura que no va a delatarme y parece tan franco y tranquilo que no puedo menos que creerlo, aunque todavía siento el coeur latiendo asustado en mi garganta. Dice que soy radiante y preciosa y, poco acostumbrada como estoy a escuchar ese tipo de palabras dirigidas hacia mí, me sonrojo hasta la raíz de los cabellos y bajo la mirada. Oh, là là, mi pecho se revuelve con un tremendo revoltijo de emociones, oscilando entre el susto por haber mencionado a monsieur Wright, la calma que me transmite este caballero de bonita sonrisa y el azoramiento por sus cumplidos. La main me tiembla aún un poco cuando la aparto lentamente de mis labios, dejando ver una sonrisa.

(F)-Me encantaría poder defenderme -vuelvo rápido a ese hilo de la conversación del que cuelga una condición por su parte, la petición de una promesa que no estoy segura de cómo podría cumplir- pero... ¿Cómo voy a aprender a hacerlo? En el convento nunca me han enseñado nada parecido. ¿Y está bien que una dama se defienda? ¿No es más correcto que pida ayuda? -pregunto, evidentemente confundida con ese asunto. (F)

Sin embargo, no llego a esperar respuesta a esas preguntas pues en un impulso me giro de golpe hacia él y extiendo la mano enguantada para coger la suya y llamar su atención, con mi mirada en busca de la suya.

(F)-Ay, monsieur Aquilla... ¿Puedo pedirle su silencio en algo más? ¿Podría ser que no le dijese a monsieur Wright tampoco que lo he mencionado? -La misma súplica reverbera en mi boca y en mis ojos cuando lo miro de nuevo-. ¿Por favor? ¿Por favor? (F)

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10/01/2017, 16:55
Aquilla Bricklan

El muchacho la observa de reojo en un acto involuntario siguiendo el rápido movimiento de su delicado brazo que con suma gracilidad coloca la palma sobre los labios que tantos nervios le producen. La observa mientras camina. Sus gestos son un letrero luminoso para él, quizás también para cualquier ávido observador pero ya hemos hablado del talento especial de Aquilla para entender a su interlocutor. Así, en el gesto de la muchacha resplandece una pequeña niña impulsiva. Todo lo contrario a lo él es. Tampoco es que sea muy metódico, él improvisa sobre lo que lee ¿Y qué lee ahora? No puede pensar imaginando la palma de la delicada mano sobre unos labios que se antojan mullidos, rojos, tan… Vuelve la vista al frente antes de ver el miedo en los ojos de Eloise.

“¿Qué te pasa? Vamos, deja de pensar en sus labios, y en lo bonita que es, y….” Justo empieza a hablar interrumpiéndolo todo.

Abre los ojos sorprendido. En realidad sí ha sido impulsivo eso de pedirle que aprenda a defenderse ¿Cómo ha podido ser tan zafio? ¿Por qué ha dicho eso? ¿A penas la conoce y ya confía en ella lo suficiente como para decir lo primero que le viene a la mente?

La sensación de la presencia de Maude lo invade por completo. Confundido la mira cuando ella detiene su caminar y le sujeta la mano. Qué suave… Aún emborrachado de esa dulce sensación que hacía muchos, muchos años que no lo embriagaba… aprieta su mano sin darse cuenta, como si asiera la mano de Maude, en un acto reflejo por cogerse su propio corazón que ahora mismo es una vorágine latiente.

En su mente estalla una imagen al mirarla a los ojos:

Asustado le suelta la mano. Jamás algo tan potente había invadido su mente. Su movimiento no es brusco pero sí es un movimiento algo rápido, como llamando al decoro que ella confundirá para ella, pero no, es para sí mismo. La realidad es que controla su cuerpo lo suficiente y su gesto real es éste:

- (F) Tranquila pequeña, no diré nada ¿A qué se debe tanto miedo? – la observa preocupado apagando los fuegos artificiales que hace un momento estaban encendidos y preocupándose sinceramente por ella – ser curiosa no es un defecto tan horrible. Si bien es cierto que pedir ayuda sería lo que haría una dama, en un barrio como en el que hemos tropezado no serviría de nada. Yo puedo enseñarla a defenderse - ¡¿Qué?! ¡No! tendrías que controlarte todo el maldito tiempo, vale.. espera... necesito pensar con claridad  – oh puedo buscar a alguien que lo haga debidamente, pero debería ser a espaldas de su familia - ¿qué pensará de ti la muchacha? yo… no recomendaría algo tan drástico jamás, la violencia no es de mi agrado, pero es una gatita muy curiosa y algunas calles de Londres son muy peligrosas, no quiero que le suceda nada malo, señorita Du Villone. 

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12/01/2017, 03:01
Eloise du Villone

Contengo la respiración cuando aprieta mis dedos entre los suyos y por un instante tan sólo contemplo el trocito de cielo que guarda en sus ojos. Los míos están muy abiertos, pues de su respuesta dependen muchas cosas, más de las que podría pensarse a simple vista. Y, sin embargo, en ese breve segundo de conexión, todo parece desaparecer y tan sólo quedan sus pupilas. Ay, mon Dieu, creo que podría deslizarme en ellas hasta perderme. Las mías se dilatan un poco a medida que el mundo entero parece emborronarse sumergiéndose en la niebla blanca que nos rodea hasta desaparecer.

El instante parece eterno, hasta que se termina. Su mano suelta la mía con rapidez y yo vuelvo a respirar de golpe mientras pestañeo, apartando la mirada. ¿Lo he incomodado? Bien sûr, no debería haberle cogido la mano. Seguro que eso es una de esas cosas totalement inapropiadas que no deben hacer las señoritas. Soeur Agnes sin duda me reprendería por ello, pero ahora ella no está aquí y yo...

Yo...

Veo ahora preocupación en su mirada cuando me mira y parece sincero y tan amable. Siento el impulso de responder a su pregunta, pero tan sólo trago saliva despacio. Quelle affaire! Apenas lo conozco desde hace unos minutos y ya quiero contarle mis temores, los que no le he contado a nadie, ni siquiera a Prue. Lo que sucede en casa cuando las puertas están cerradas. Pero él conoce a monsieur Wright. Tal vez incluso son amis. Y las palabras se ahogan en mi garganta antes de llegar a nacer.

Carraspeo suavemente y entrecruzo los dedos de ambas manos por delante antes de reanudar el paso. Me siento caminando por uno de esos lagos helados que nunca he visto pero que imagino resbaladizos y fríos. Pero al mismo tiempo la presencia del caballero me transmite una calma extraña. Tomo aire despacio antes de hablar de nuevo, mirando hacia delante e intentando no meter la pata esta vez.

(F)-Sería un placer que usted me enseñase a defenderme -digo entonces, aunque no tengo muy claro todavía qué me enseñaría- y no creo que en casa la idea tuviera buena acogida porque... Oh, bon... Porque no saben que vengo hasta aquí. Así que lo mejor sería que no lo supieran. ¿Pero podría hacerlo usted mismo? -pido, girando el rostro para mirarlo a él-. Cuanta menos gente se entere mejor, ne c'est pas? Y puedo pagarle -aseguro-. Me dan dinero para gastos, pero nunca lo empleo en nada, así que tengo bastante ahorrado. (F)

Me dan ganas de volver a coger su mano, pero no quiero incomodarlo otra vez, así que me aprieto los dedos a mí misma, sujetándome una mano con la otra. Pero mis ojos son expresivos y lo miran con intensidad cuando sigo hablando.

(F)-Le agradezco tanto su silencio, monsieur Aquilla... No se imagina el lío en el que me metería si monsieur Wright se enterase de lo que he dicho y yo... -dejo la frase en el aire y de nuevo un brillo de temor se asoma a mi mirada-. Ah, mon Dieu. Se lo agradezco muchísimo -resumo con un parpadeo-. Y si puedo hacer algo por usted de alguna forma, sólo tiene que decírmelo. (F)

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15/01/2017, 21:39
Aquilla Bricklan

Ella reanuda el paso. Mientras yo me encuentro pensando que hasta el sonido de sus zapatos al chocar con los adoquines del suelo es adorable. Contemplo su figura un instante gozando de mi ventajosa posición más atrasada, unos pocos pasos mientras ella está absorta. Nada. Un momento nada más pero me da tiempo a fijarme en su silueta, en su cintura, en las hondas de su cabello a media espalda. ¿Por qué estoy memorizando cada detalle de su cuerpo?

Retomo el paso yo también poniéndome a su lado de nuevo y mirando al suelo a pesar de que ha empezado a hablar. No me siento capaz de sostenerle la mirada así que la voy mirando alternativamente, disimulando mi (tormentosa) atracción por ella.

Me echo a reír cuando habla de pagare, una risa sincera, una sola carcajada espontánea cuando mis ojos la buscan y la encuentro mirándome de nuevo tan… tan así… me doy cuenta de se sujeta las manos una con la otra, jugueteando con los dedos entre lazados, apretándolos. Me imagino sujetando yo su mano templada, como antes, pero caminando, y la sensación me produce tal alivio que sonrío pensativo.

- (F) No hace falta que me pague. Tampoco soy muy ducho en la pelea, puedo enseñarla a quitar un arma blanca, y a evitar que la inmovilicen, poco más. No me gusta la violencia, yo soy de los cobardes, de los que se escurre como puede y sale corriendo.

Sonrío llevándome la mano al cabello, con el codo levantado, y alborotando mis pelos. No me avergüenza decir que no soy un valiente y bravo hombretón. Luego frunzo el ceño, ahora sí preocupado y serio de nuevo, no entiendo por qué insiste tanto en el silencio, el señor  Wright no es su padre ¿O sí?

- (F) ¿Por qué insiste tanto? ¿Qué sucede? Está empezando a preocuparme de verdad ¿Sucede algo?

Presiono los labios uno contra el otro, parece muerta de miedo. Paro mis pasos, coloco las palmas de mis manos sobre sus hombros y suspiro. Presiono ligeramente, sólo un poco… intentando trasmitirle algo de tranquilidad y de cobijo. Para cuando me doy cuenta mi dedo índice ha subido su barbilla hacia mí para que me mire a los ojos y cuando lo hace, lo deslizo suavemente hacia abajo acariciando su cuello con delicadeza.

Maude vuelve a mi mente, destrozándome. 

- (F) Señorita Du Villone  ¿Qué ocurre? ¿Qué le da tanto pavor? No pasa nada, tampoco ha hecho nada tan malo… - arraspeo, me separo rascándome la cabeza de nuevo con el codo levantado y el corazón hundido en una tormenta que disimulo perfectamente – quédese tranquila, por favor – ofrezco una sonrisa cordial rehuyendo su mirada y volviendo a retomar el paso.

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17/01/2017, 19:52
Eloise du Villone

Mis labios se curvan sin pedirme permiso, imitando una vez más el gesto del caballero que ya me ha salvado de la niebla y ahora parece dispuesto a salvarme de mi propia metedura de pata. Oh, là là, sería imposible no sonreír ante el encanto de su sonrisa meditabunda.

Pestañeo después, sorprendida cuando menciona lo que podría enseñarme. ¿Vraiment una mujer puede aprender ese tipo de cosas? Ah, bien, ahí está Jeanne d'Arc, bien sûr. Pero ella fue elegida por nuestro Señor para ser una guerrera, ne c'est pas? ¿Pero... alguien como yo?

(F)-Escurrirse y correr suena muy bien -menciono en un tono tenue, compartiendo de nuevo la sonrisa de monsieur Aquilla. (F)

Podría preguntarle miles de cosas sobre ese asunto de aprender a defenderme. O a correr, que quizá sea más sencillo. Pero entonces su ceño se frunce y sus preguntas hacen que baje la mirada hasta que vuelvo a contemplarme la punta de los pies. Mon Dieu, parece tan preocupado y sincero que siento mi estómago retorcerse de ganas por contarle todo, hasta vaciarme por entero.

Ni siquiera me doy cuenta de cuándo nos paramos, pero debo haberme detenido cuando él lo hizo y cuando sus manos se posan sobre mis hombros, me muerdo el labio inferior, indecisa, temerosa por lo que hablar de más podría desatar, pero al mismo tiempo, llena de la calidez de las sonrisas que he encontrado en el lugar más inesperado.

Contengo la respiración cuando sostiene mi barbilla para alzar mi mirada y en cuanto nuestros ojos se encuentran, un escalofrío se desliza desde mi nuca, extendiéndose por mis hombros. De pronto sus pupilas parecen haberme atrapado y su dedo deslizándose por mi cuello despierta en mí sensaciones que nunca había experimentado. Mis ojos se abren enormes y brillantes y mi piel se eriza siguiendo la estela de su contacto mientras un cosquilleo desconocido se arremolina en mi vientre. Me noto las mejillas ardiendo y los labios secos y eso sí es raro en un país tan húmedo como este, ne c'est pas? Pero están entreabiertos porque ni siquiera entiendo por qué mi coeur se agita con esa caricia, o por qué me resulta desolador que termine siendo tan breve.

El aire abandona mis pulmones en dos tiempos cuando se separa y vuelven las preguntas. Ha sido sólo un instante, pero me siento turbada y me cuesta un par de segundos volver a la realidad. Me late le coeur en las sienes y en los oídos, tan fuerte que estoy segura de que él también podría escucharlo si pusiera atención.

-Waouh... -susurro impresionada. Trato de recobrar la normalidad en el aliento antes de unirme de nuevo a su caminar. Las dudas parecen haber quedado sepultadas por las sensaciones que aún se extienden bajo mi piel y contemplo su perfil con creciente curiosité al ponerme a su lado. Ni siquiera sé qué es lo que me hace comenzar a hablar, cuando lo hago yo misma también me sorprendo de estar haciéndolo.

(F)-Monsieur Wright no quiere que nadie sepa que me alojo en su casa -confieso al fin-. No... No sé pourquoi, pero es muy insistente con ello y se supone que debo mantener ese secreto si no quiero... -mi voz se pierde por un momento y mis ojos vuelven a bajar. Todo es demasiado complicado y quiero y no quiero acabar la frase. Cuando hablo de nuevo es en un susurro casi imperceptible-... si no quiero que me "discipline". (F)

Por un momento me mantengo en un silencio angustidado, pero no tardo en tomar aire por la nariz y levantar la mirada otra vez. Je déteste estar triste o asustada. ¡Con la de aventuras que me esperan¡ Y sólo tengo un año para vivirlas todas antes de que la cuenta atrás llegue a cero... Así que busco la mirada de monsieur Aquilla y fuerzo un poco mis labios en una tentativa de sonrisa que no termina de salir del todo bien porque va teñida con restos de resignación, y porque es algo incierta en la búsqueda de una curva en los labios del caballero.

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21/01/2017, 17:03
Aquilla Bricklan

El muchacho la mira de reojo brevemente al escuchar el susurro. <<¿Ella también lo ha sentido?>> sonríe y al expulsar el aire le tiembla la garganta, <<qué tontería, claro que no>>.

Pero es entonces cuando ella empieza a hablar y toda su atención se centra en la luminiscente criatura que lo acompaña. Todo va bien hasta que termina de hablar en un hilo de voz apenas audible.

Aquilla frunce el ceño, no entiende por qué pero la siente a su lado. Y dónde antes había luz y había latidos, por muy remotamente ciertos que le parezca. Allí donde antes estaba ella ente sus manos, latiendo, emanando luz propia… ahora la nota apagada. Languideciendo en tristeza y oscuridad. Odia la manera en la que ha pronunciado “disciplina”, la sangre le hierve en un remolino de imágenes desagradables.

Sin embargo encierra todo eso en algún lugar. Cierto es que no sacará nada en claro si lo exterioriza. Así pues, haciendo un titánico esfuerzo la mira de reojo. No quiere. No quiere porque verla apagarse le duele. Y ahí está, la muchacha de las alitas intentando sonreír.

Pensativo, muerde su labio inferior en un gesto ya peculiar en él. Mira al frente y al suelo. La abrazaría y le diría, no te preocupes, yo te protegeré de todo el dolor del mundo. Pero prometer imposibles no está bien. La abrazaría. Sí. Pero no puede. No…

<<¿Qué estoy haciendo?>>

<<Aquilla, acabas de cogerla de la mano, has deslizado suavemente tu mano por su antebrazo acariciando su piel – Maude y su piel tostada por el sol y la intemperie – has sumergido tus dedos entre su nívea mano. Y ahora la sujetas con un cariño que habías olvidado ya. – Maude y su temblor – La mano te suda, y eso que acabas de sentir es un escalofrío>>.

<<Mierda>>.

- (F) Por favor, Eloise ¿Me puedes explicar qué es eso de la "disciplina"? - la tutea, sin más. 

Aquilla aprieta la mano con suavidad intentando trasmitir seguridad. No la mira, no quiere intimidarla, mira al frente. Tampoco añade nada más para que no se escabulla.

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23/01/2017, 04:41
Eloise du Villone

Mis ojos siguen prendidos de su rostro en busca de una sonrisa que responda a mi intento y declare que todo va bien, aunque no lo haga. Pero él parece pensativo, con su mirada hacia delante y hacia abajo mientras se muerde el labio. Por un momento no sé bien qué hacer y a punto estoy de cambiar de tema a uno más alegre que nos haga flotar de nuevo entre la brume que ha dejado de ser amenazante para ser esponjosa.

Pero ay, mon Dieu. Antes de que llegue a abrir la boca para esconder en algún parloteo todo lo que oprime mi pecho, su mano se acerca a mi brazo y mis ojos contemplan fascinados su estela en esa caricia que vuelve a erizar mi piel en un escalofrío que parece culminar en la unión de nuestros dedos. Ni siquiera sabía que podía sentir un estremecimiento tan delicioso como este pero no quiero que termine nunca.

Miro su perfil y la inseguridad dura tan sólo un instante. Puede que sea una niña ingenua como diría la révérende mère, pero es que ahora mismo el coeur me late tan fuerte y me siento tan segura junto a este desconocido de bonita sonrisa y corazón francés...

Suspiro y no es difícil notar en mi rostro el momento en que mi reticencia cede. Mi ceño se frunce un poco con un gesto que Madre me obligaría a relajar de inmediato y al soltar el aire, empiezo a hablar.

(F)-Monsieur Wright me... enseña. Los modales ingleses y el idioma. Se lo encargó mi madre y si me porto bien sólo me da lecciones, pero... -Trago saliva y probablemente si no fuese por la presencia de sus dedos sosteniendo los míos no seguiría hablando, pero ahí están y me apoyo en su contacto para continuar-. Oh, bon. Cuando cometo alguna falta se ve obligado a "disciplinarme" -Mis ojos caen al suelo de nuevo, pero hago un esfuerzo por seguir hablando esta vez-. Al principio me castigaba con la mano, pero hace unos días me porté realmente mal -confieso, bajando un poco el tono-. Me escapé de la maison para ir a un baile de máscaras y no estaba invitada, ¿sabe? Pero nunca había ido a uno y verdaderamente quería ver cómo era. Monsieur Wright estaba allí y me descubrió a pesar de la máscara. Cuando volví a casa dijo que yo era más díscola de lo que pensaba y que tendría que emplear la disciplina inglesa de verdad. Esa noche y desde entonces cuando tiene que castigarme usa un instrumento de cuero y madera, una fusta. (F)

Me quedo callada un segundo porque me siento vraiment extraña después de contarlo en voz alta. No quiero ni pensar qué sucedería si monsieur Wright supiera que lo he hecho, pero ya es demasiado tarde como para retroceder. Tiro un poco de la mano de monsieur Aquilla, en un intento de llamar su atención para que cruce su mirada con mis ojos enormes y suplicantes.

(F)-Por eso es tan importante que no sepa que le he mencionado. Ha insistido tanto en que no le cuente a nadie dónde me alojo que seguro se decepcionaría muchísimo conmigo si supiera que lo he hecho. Y tendría que disciplinarme por lenguaraz y por escaparme otra vez. -Me pican un poco los ojos y pestañeo varias veces intentando que no se humedezcan más-. Pero usted no le dirá nada, ¿verdad, monsieur Aquilla? No quiero que tenga que castigarme.(F)

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30/03/2017, 22:33
Aquilla Bricklan

El muchacho la mira de reojo con los parpados abiertos y expresión curiosa al principio, pero va tornándose miedo y fascinación, luego admiración y curiosidad. Teme la respuesta, imagina cientos de ellas pero necesita saberla pero… ¿Y el miedo que siente? No quiere pensar ahora mismo en ello, indagará horas después cuando esté solo. No le gustará lo que encuentre en todo ese pozo oscuro que suponen los miedos y los fantasma de cada cual, pero será consciente de que ha entrado ahí por un motivo, un motivo con una melena rubia preciosa y unos labios rojos increíblement… Vuelve la mirada al frente, nervioso, impaciente por escucharla cuando su voz empieza a susurrar en el viento y siente la palma de su mano apretando ligeramente la suya. Mira al suelo temeroso por intimidarla y que deje de hablar.

La palabra “disciplina” lo hace fruncir el ceño. Ensombrece sus ojos.

“Castigaba con la mano”: su corazón retumba en sus sienes durante un par de latidos.

El gesto del pelirrojo se relaja durante unos segundos cuando da explicaciones sobre su escapada, pues él la imagina como una pequeña gata blanca, curiosa, merodeando por la mansión. Conoce el evento aunque no asistió ¿qué máscara llevaría aquella preciosa gatita?

Pero la tormenta vuelve a aparecer cuando menciona la “fusta”, y es que hay palabras que la criatura que camina a su lado no debería mencionar jamás. Al menos no con esa angustia que parece ahogarla.

Sin embargo nada lo ha preparado para lo que sucede a continuación, la muchacha es una vorágine para él, que no está acostumbrado a ser tan emocional, más bien tiende a ser retraído y serio. Es mucho más analítico y prudente en sus reacciones, siempre estudiadas pero sobre la marcha. Desde que ella ha entrado de súbito en su vida se ha encontrado con lo incontrolable, lo desmedido, lo que no se puede abarcar.

El pequeño y grácil tirón de su mano lo frena, el encuentro con su pestañeo lo desarma, escuchar su nombre entre sus labios lo rinde por completo.

Sonríe mirando sus labios, la rodea con los brazos y la estrecha un poco a modo de respuesta. No dice nada, solo quiere ofrecerle seguridad. Nada más.

Notas de juego

 

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02/05/2017, 01:43
Eloise du Villone

Contengo el aliento mientras lo contemplo con mis ojos fijos y enormes y la expectación cosquilleando en mi barbilla y provocando un leve temblor en mi labio inferior. Todavía no puedo creerme que le haya contado todo esto, pero, por algún motivo, no puedo sentir que está mal ni nada. 

Lo primero que llega es su sonrisa y mis labios se curvan en respuesta instintiva, aunque aún con incertidumbre. Pero es que después llegan sus brazos y ese cosquilleo que había nacido de la unión de nuestras mains se extiende por mi piel hasta llegar a la nuca y estremecerme entera. Nunca había estado tan cerca de un hombre y de repente puedo percibir su olor, que hace que me cosquillee el vello de la nuca. Los nervios aletean en mi estómago y por un instante ni siquiera me atrevo a respirar. Ay, mon Dieu, ¿será pecado dejar que un caballero me abrace? ¿Qué diría la révérende mère? A lo mejor tengo que ir mañana a ver al prête Field para preguntarle sobre todas estas sensaciones que recorren mi cuerpo y que no estoy muy segura de cómo gestionar. 

Las dudas me duran poco. En la calidez de sus brazos de pronto me siento segura, más segura de lo que me he sentido desde que madre me metió en ese barco para mandarme a este país tan raro y tan húmedo. Y, por un momento, respiro tranquila, sin las tensiones por los secretos o los castigos, sin preocuparme por lo inapropiado que debe ser para los ingleses que un hombre desconocido me abrace. Aunque no es tan desconocido, n'est-ce pas? Al fin y al cabo, su coeur late en français, igual que el mío. 

Una sonrisa pequeñita pero intensa nace en las comisuras de mis labios y se extiende por toda mi boca hasta terminar con un suspiro.

El corazón me late tan fuerte que lo escucho en los oídos fuerte, muy fuerte. Tan fuerte que creo que monsieur Aquilla también debe estar escuchándolo. ¿Cuándo lo he rodeado yo también con mis brazos? ¿Y cuándo he apoyado la mejilla en su pecho? No lo sé, pero se siente tan bien... Cierro los ojos y me envuelvo con el sonido pulsante de mi propio coeur. Ojalá pudiera quedarme así, resguardada como un pajarillo, pour toujours

(F)-Ah, monsieur Aquilla -murmuro sin apartarme de él-. Me alegro mucho de haberme perdido hoy, savez-vous? A lo mejor llego tarde y me pillan, pero creo que ha merecido la pena por poder conocerle a usted. (F)