Partida Rol por web

La Edad de la Inocencia (+18)

• Lord Preston Ellsworth Parlow •

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02/01/2016, 18:41
Lord Preston Ellsworth Parlow

Estaba inclinado sobre unos anaqueles revolviendo todo lo serenamente que mi impaciencia me permitía, trataba de disimular mi ansiedad pero era difícil, este era uno de los pocos lugares de aquel primer piso que me faltaba por registrar y pude reprimir por milagro el improperio que quiso salir de mi boca al escuchar que una dama leía el título que yo estaba buscando en voz alta.
Volteé accionado como por un resorte y me erguí sobre mi altura, saqué un pañuelo y me sequé el sudor que la revuelta me había provocado, dudé varias veces en si intervenir o aceptar mi derrota y acompañé esas dubitaciones con varias idas y venidas en el mismo lugar, finalmente di unas largas zancadas hasta la muchacha y dije con la esperanza de disuadirla o alejarla de mi libro -¡Bella dama! Qué buena fortuna ha tenido usted en que pudiera intervenir antes de que sus ojos se posaran en el contenido pecaminoso de este libro -puse mis manos sobre las suyas, que lo sostenían, y lo cerré haciendo una presión delicada sobre sus manos. Era muy atrevido, hasta grosero de mi parte, pero ese libro sin duda lo valía. -Está prohibido -susurré por lo bajo y quise deslizar el libro de entre sus manos tan delicadas -De seguro el título en francés la ha confundido -la miré de lado, si no fuera porque estaba con el objeto de mi deseo en aquel momento hubiera dado más atención al hecho de que tenía unos ojos pardos, casi verdes, sublimes.

Notas de juego

 

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02/01/2016, 20:15
Zona Fleming Howard

Ensimismada, leo una línea cualquiera, algo que sería inocuo si este fuera un libro normal, sin embargo no lo es. Sé que es arriesgado y peligroso, y sé que no debiera… pero leo: "Un hombre se masturba solamente cuando ha envuelto la verga en la cabellera de una puta, y se viene sobre la cabeza de ella." Y me arrepiento de haber leído, éste libro… perversidad e infamia… aún recuerdo cuando lo eché al fuego. Y en ello estoy, terminando de leer, cuando escucho una voz masculina, y siento su presencia cerca de la mía.

Levando la mirada, enrojecida por la lectura, siento sus manos cerrando el libro entre las mías, el tacto, que a cualquier mura hubiera sonrojado, o escandalizado, a mí me pasa por alto después de leer tamaña frase, frunzo el ceño en un acto reflejo, aunque luego enarco una ceja cuando da por errado mi acto, quiere llevarse el libro.

- La idea de pecado no podría ni acercarse a estas páginas, varios infiernos quedarían cortos para lo que cuenta – sujeto con fuerza el libro, clavando mi mirada decidida en los ojos del caballero – es mío. - Una sutil sonrisa asoma en la comisura derecha de mis labios, no muevo las manos, no me intimida su presencia, tan cerca de la mía, ni el tacto de su piel, quiero este libro, había olvidado las sensaciones que transmitía, quiero leerlo en francés, lo quiero. Ahora que me fijo... hay mar en sus ojos...

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02/01/2016, 22:23
Lord Preston Ellsworth Parlow

No quiero apartar mis manos de las suyas, pero lo hago porque ya es indecoroso y no quiero que empiece a acusarme de pervertido aunque pareciera que está lejos de tomar tal determinación.
Trago grueso cuando levanta la mirada y el rubí de sus mejillas es patente, de seguro ha leído algo... cualquier línea de Sade para ser sincero. Por un instante el momento me sobrepasa y deseo besar esos pómulos carmesí, qué ridículos son nuestros pensamientos que nos hacen esas jugarretas cuando no deben. Me tomo unos segundos para contemplarla, tiene un rostro hermoso y cierto brillo astuto en esos ojos hipnóticos que me llama a inquirir con más profundidad. Pero hay algo más, tardé un rato en caer en la cuenta, mas finalmente pude dilucidarlo: sus ojos me recordaban a la selva, a esa selva que amaba y añoraba, me recordaban a la libertad en esas tierras... y su piel entre blanca y levemente aceitunada me remontó a otra mujer que había dejado en la India, una que ya no podía volver nunca más.
Suelto sus manos pero las deslizo hacia el libro, de modo que nuestros dedos quedan rozándose. Estoy estupefacto, algo aturdido por esa belleza que había ignorado tan vilmente en un primer momento y por sus palabras: quiere el libro para ella; sin embargo, no cedo en la puja, pero ahora por la diversión de ver qué hace -Eso sería muy grave... Si el infierno existiera -respondo sonriendo con malignidad, provocándola -¿Lo quiere para usted o va a darle un destino aciago? -pregunto no tolerando más la curiosidad, me doy cuenta de que mi mente está trabajando rápidamente pensando mil cosas al mismo tiempo -Si va a mancillar a este libro, le ruego que le perdone la vida -me acerco para hablarle en confidencia, aunque sin perder la dignidad; no quiero que otros me escuchen suplicar -He buscado este libro durante mucho tiempo -la miro a los ojos, clavando mi mirada azul acero en sus ojos reverdecidos -¿No hay nada que esté a mi mano hacer que la pueda disuadir en mi favor?

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03/01/2016, 00:07
Zona Fleming Howard

Respiro agitada, con la imagen residual en mi mente, perturbando mi respiración, maldita sea, no soy dueña de mí ahora. Maldita yo por leer en un lugar tan público, veo los cabellos enredados entorno a algo que… Suspiro, visiblemente agitada, tanto que siento hormigueos dónde no debería sentirlos, y… aunque no rebasa mi espacio personal el caballero está demasiado cerca. ¿Qué me pasa?

Insiste en su empeño por el libro, y yo debería ceder, comprar este libro no me traerá más que problemas, pero ya estoy perdida, he leído una frase, y quiero leerlo todo, el francés es un idioma que adoro, y está plagado de sensaciones que en su día ya me llevaron muy lejos…

- Lo quiero para mí… - susurro, mirando la sonrisa algo pérfida del rubio, respiro demasiado deprisa ¿Se habrá dado cuenta? - ¿Mancillar yo? ¿Al libro? – resoplo algo indignada, apartando la mirada de sus labios ¡Zona para qué lees nada, maldita sea! ¡Se acerca más! Su cuerpo se adviene sobre mí, el libro me tiembla entre las manos en ese momento – él me mancilló a mí, cada palabra, cafda frase... y a medida que se derrolla la historia se vuelve... - un escalofrío me recorre, estoy acelerando la respiración de nuevo, maldita sea - , este libro es… - trago saliva, iba a decir algo pero esos ojos azules, tan decididos, tan asertivos, me interrumpen – quiero leerlo en su idioma original – estoy a punto de decirle que no me importa dárselo cuando lo lea, yo… solo deseo releerlo, pero su desafío me provoca, eso y que no aparto la mirada, se la devuelvo con la misma intensidad - ¿de qué serias capaz vos, para lograr tal hazaña?

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03/01/2016, 01:10
Lord Preston Ellsworth Parlow

Él me mancilló a mí. Ahí estaba, la frase que necesitaba mi cabeza para echar a andar y no detenerse más. Quise hacerle muchas preguntas, sino todas; si era difícil encontrar una mujer que se aventurara a tales lecturas mucho menos probable era que dicha fémina lo reconociera.
No sé qué me deja más estupefacto, que el libro sea para ella o su pregunta final. Me alejo un tanto, para no atosigarla y cambiar de táctica, pues ya no me interesa espantarla. La analizo rápidamente: no parece prostituta pero tampoco una dama de sociedad y sin embargo si hay de lo que carece es de vulgaridad, a simple vista puede apreciarse, por su manera de hablar tan solo, que ha tenido la educación más esmerada que pudieron darle.
Ahora el libro ya no me interesa en lo absoluto; bueno, mentira, pero ha pasado a segundo plano y todavía no puedo dejar que se dé cuenta de ello. Quiero saber quién es esta enigmática y atrevida mujer que tengo enfrente, quiero conocer más de ella y juro que si no me aburre como todas esas sosas damas de sociedad quizás hasta crea que existe alguna clase de divinidad que me favorece.
Suelto el libro -Lord Preston Ellsworth Parlow, señorita -me presento y me inclino levemente ante ella -Estaría dispuesto a cualquier cosa, francamente. Pero creo que sería el más terrible de los caballeros si por mi egoísmo usted se perdiera de los deleites de ese libro -sonrío no ocultando mi picardía y bajando mis ojos solo un poco hacia el suelo porque mi mente me juega malas pasadas de nuevo y se la imagina llevando a cabo tareas muy íntimas -De momento, permítame que le ahorre la mirada reprobadora del librero y lo compre por usted- vuelvo a mirarla -No sería la primera vez que compro ejemplares de Sade -susurro mientras deslizo una risa entre elegante y perversa, obviamente la estoy testeando: de momento me resulta subyugante que todo lo que uso para alejar a las mujeres con ella me falle.
 

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03/01/2016, 10:01
Zona Fleming Howard

Sonrío, contenta, cuando suelta el libro, aunque lo cierto es que esperaba algo más de batalla. Ahora que me paro a pensarlo, ¿Cómo puedo estar tan tranquila, con este libro sacrílego entre las manos, y discutiendo con un hombre desconocido? La regañina casi diaria de Hortence se alza en mi mente: “Zona, nunca te querrá nadie, no eres una mujer delicada y frágil, no pareces una hermosa flor en un costoso jarrón; tu apariencia es demasiado salvaje, tienes la expresión de una prostituta, tu manera de caminar es demasiado exótica, tus labios son lascivos, tu mirar es profundo e inquieta. Eres muy fea en conjunto, nunca atraerás a ningún caballero así. Compórtate como una dama al menos…” y aquí estoy yo. Desobedeciendo todos los dictados y siendo yo misma. Cuando da un paso atrás, temo por un momento que me juzgue severamente, y crea que soy una vulgar mujer de malvivir ¿Quién sino leería este libro? Frunzo el ceño, enfadada de nuevo, preparada para responder a la mirada altiva y desdeñosa del hombre, sin embargo no llega jamás, tan errada estoy en mis pensamientos, que el hombre se presenta, y yo lo miro apabullada de repente, olvidando el constante y severo juicio de mi hermana.

Cuando me dice su nombre quedo un momento extrañada, mirándolo pasmada, me ha sorprendido y se me nota claramente ¿de qué me suena ese nombre? Me suena de algo… alguien me ha mencionado ese nombre y no lo ubico ahora mismo.

Baja la mirada al suelo, momento que yo aprovecho para repasar su semblante, su cabello rubio, su nariz, sus labios. Cuando vuelve a mirarme, me sorprende observándolo, pero no retiro la mirada, después de este comienzo tan abrupto, de la mano del señor Sade, es imposible ya retomar la senda del decoro que tanto odio. Así que bueno ¡qué más da!

Habla de deleites, y suspiro, acalorada. Más termina susurrando, el ambiente es tan íntimo que no puedo quitarme este calor de encima.

- Yo no puedo desvelar mi nombre… - susurro bajito en todo momento, con media sonrisa, jugando de nuevo – no después de ir acompañada de estas páginas – las abro de nuevo, y busco un nombre al azar entre páginas, no leo ninguna frase, porque estaría perdida, pero encuentro… - Hébé, Hébé está bien. Así que estaríais dispuesto a cualquier cosa, pero os  rendís y me dejáis a mí el triunfo – sí… estoy siendo un poco mala, estoy arañándolo un poco… soy una insensata y una insolente – no me importa la mirada del librero, aunque vos no me reprobáis… ¿O sí?

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03/01/2016, 12:41
Lord Preston Ellsworth Parlow

-Comprendo perfectamente que no me dé su nombre, de momento -asiento sin desviar mis ojos, manteniendo el duelo de miradas -En verdad, no quiero que usted Hebé -musito galante -Se olvide del mío- alzo las cejas y sonrío de lado, luego agrego -Estoy dispuesto a cualquier cosa, pero también sé escoger mis batallas -me sincero -En este momento mis pensamientos no pasan por el libro, que ya conozco y aprecio, sino por la mujer que tengo enfrente, a quien deseo conocer.
El hecho de poder tener un galanteo de este tipo me causa tanta curiosidad y expectativa que hasta me estoy olvidando de en dónde me encuentro, el hecho de casi poder expresarme libremente y no ser rechazado me abruma y me alienta. Cualquier otra mujer ya hubiera huido de mí y de la situación, pero no esta; ya sea por una increíble osadía o una imprudencia indecible estamos en este lugar, en este momento, enfrentados el uno al otro con distintos intereses, midiéndonos.
-Yo no reprobaría nunca a una mujer que valora sus deseos y pensamientos y no teme expresarlos -miré a un lado y al otro en tono de broma -Y de mujeres del otro tipo está lleno Londres -susurré cómplice y me encogí de hombros. -¿Conoce a la escritora Mary Shelley? Ella dijo: "Yo no quiero que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre sí mismas" -me mojé instintivamente los labios con suavidad -El hecho es que las mujeres en sí son hermosas, pero las que tienen dominio sobre sí mismas, las que se conocen y no temen expresar cuanto desean, esas son irresistibles.
Miré un instante por la ventana por la cual se colaba el sol débil entre las finas nubes de la tarde, otra vez me había perdido en mi palabrerío como solía sucederme, a esta altura debía haberla aburrido ya. -¿Podría invitarla algo de beber, quizás? ¿O a dar un paseo?

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03/01/2016, 18:20
Zona Fleming Howard

Entreabro los labios, abrumada por tanta sinceridad, ha expresado sin tapujos su deseo de conocerme, ha sido directo, y yo…. Yo lo miro algo fuera de juego ahora mismo. Nunca he conocido a nadie tan directo, tan decidido y tan seguro. Ni siquiera entre mis amistades, suelo es yo la ntoa de escándalo por ser demasiado bruta.

Incluso una carcajada brota de mí, cuando me dice que de mujeres decorosas está Londres lleno, me llevo una mano a los labios, sorprendida por mi propia risa; pero definitivamente, cuando cita a Shelley ha ganado la partida con creces, aunque no se lleve el libro, su huracán me ha arrastrado por completo. E aquí un hombre sin miedo a expresarse, claro, directo y para cuando termina yo me he acercado más a él, en un impulsivo vahído. Pero he parado a tiempo, y estamos a un suspiro.

- Intercambio cartas con la señorita Shelley muy a menudo, soy una enamorada de su pensamiento, - mis ojos suben de sus labios a sus ojos, y susurro muy bajito, tanto que le debe costar escucharme a pesar de tenerme en frente, para eso me he acercado tanto ¿o no? – “Adulamos a nuestros hombres con nuestro dolor. Nos inclinamos ante ellos. Nos convertimos en muñecas para su diversión. ¡Perdemos nuestra dignidad entre corsés y altos zapatos, en cotilleos y con la esclavitud del matrimonio! ¿Y cuál es nuestra recompensa por este servicio? El dorso de la mano... la cara girada en la almohada ¡el maldito coño sangriento! ¡Dolorido a medida que nos obligáis a meternos en vuestras camas para soportar vuestros cuerpos gordos y pesados! ¡Nos arrastráis a los callejones, y os metéis en nuestras bocas por dos chelines cuando no nos estáis pegando sin ningún sentido! ¡Cuando no estamos sangrando por los ojos y por la boca, y por el culo, y por el coño! Nunca más me arrodillaré ante ningún hombre. Ahora, ellos se arrodillarán ante mí. Igual que tú, monstruo.”*1- Suspiro, me alejo un paso y miro al suelo un momento – memoricé este fragmento, entre otros, me manda algunos de sus textos por correo, adoro a su moderno Prometeo, he releído su obra millones de veces, una criatura horrible y monstruosa, que solo desea amor, y a la que su creador ha dotado de cualidades imposibles de amar para todo el mundo.

Algo compungida sigo mirando el suelo, pero agito algo la cabeza, de repente me doy cuenta de que el libro pesa entre mis brazos.

- Iba de camino a Kensington Gardens cuando encontré esta librería – sonrío y levanto la mirada – añadiría lectura y reflexiones al aire libre, pero me temo de con este libro sería muy turbador – me permito una broma demasiado descarada, de la que solo me doy cuenta cuando estoy sonriendo y por puro nerviosismo decido emprender el paso ya hacia la caja, no sin dedicar una mirada para ver si me sigue, antes de salir del solitario pasillo.

Notas de juego

*No es de Shelley, es de Penny Dreadfull, la novia de la criatura que crea Viktor, pero aun así creo que a Shelley le habría encantado que alguien le otorgara ese texto, así que le he echado algo de imaginación.

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03/01/2016, 23:14
Lord Preston Ellsworth Parlow

Me susurra esas palabras tan provocadoras y tan verdaderas en mis oídos y contengo el aliento tratando de no ceder a la tentación de besar esa boca seductora, tenía que dejarla que avanzara para que se sintiera segura de mí, un completo extraño. Aunque yo, además de fascinado estaba desconcertado debo reconocer.
Entre la agitación que suscita en mí toda esta escena y la crudeza de esa frase solo alcanzo a mantenerme en mi lugar impertérrito, exhalando suavemente el aire, acaso para serenarme y no pensar en todas esas palabras que acaba de echarme en la cara y que me hacen volar a otras situaciones sensuales y brutales.
Haciendo un movimiento solo con el cuello la miro a los ojos de lado y siento tanta tensión interna que apenas alcanzo a formular, -¿Y hará que me arrodille ante usted? -susurré con mi mirada en la de ella, haciendo un verdadero esfuerzo por no demostrar que me tenía en sus manos. Ese instinto, esa intuición que muchos escritores han detentado para las mujeres parece venir a traspasar las barreras del mundo fantástico para reclamar su parte en el nuestro, pues ha hecho una cita que en cierta forma me describe, describe una parte oscura y cruel de mí que nadie conoce, una parte que está cerrada bajo llave. ¿Qué habrá visto en mí, qué sutil diferencia, qué oscuridad o brillo en la mirada, que la ha hecho escoger esas palabras para recitarlas en mi oído? Me pregunto hasta qué punto ella cae en la cuenta de lo que está hablando con un completo extraño.
Suelto una risa -Completamente turbador -deslizo mientras la veo marchar -Sobre todo para aquellos que nos escuchen debatir sobre Sade. La sigo -voy detrás de ella, pensando qué astros se habrán cruzado hoy para dar lugar a este inesperado encuentro.

Notas de juego

No quiero ser aguafiestas, pero Mary Shelley murió en 1851, te lo digo por si acaso no lo sabías :)

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05/01/2016, 00:04
Zona Fleming Howard

Él contiene la respiración, y yo… no pienso, sólo arrojo las palabras que memoricé de aquella carta, sin pensar. Sólo cuando murmura su pregunta y debo pensar en la respuesta me doy cuenta de algunas de las palabras que han contenido mis labios.

- ¿Le gustaría? – respondo al susurro, en un leve hilo de voz apenas audible.

Mi mente imagina a este hombre arrodillado ante mí y yo… yo tengo el libro del marqués entre los brazos. Si esto fuera una escena del libro yo… yo estaría ya medio desnuda y… ¡¿qué estoy pensando?! Escucho su risa, miro sus labios y por un instante, antes de emprender el camino a la caja registradora, casi se me pasa por la cabeza… Suspiro, y trago, le pago al tendero, su mirada es adusta y regia, lo veo juzgando mi compra, su mirada inquisitiva me mira como si fuera una vulgar prostituta, con desdén, casi enfadado por tener que venderme este ejemplar a mí. Pero yo sonrío en todo momento, no pienso darle el gusto de sentirme ofendida, ni pienso darle el increíble placer de verme titubear. La mano ni siquiera me tiembla al arrojarle el dinero en la mesa, altiva, me yergo sobre mi figura, no dejo margen alguno. Me sorprendo en mi comportamiento implacable. A veces tengo estos momentos de lucidez en que ser mujer no me supone ninguna molestia. Sin embargo, para otros asuntos, o cuando Hortence me regaña, entonces sí soy todo titubeos e inseguridades, entonces sí se me comen los fantasmas, pero no ahora.

Salgo de la librería, a pasos firmes y seguros, frente a la mirada de un par de caballeros, que han escuchado al dependiente repetir el título del libro que compro. ¡No me importa! Con el ceño fruncido, por la fuerza que necesito para pasar el momento, busco a Lord Preston, con la mirada, antes de salir de la tienda, para ver si al final, quiere ese paseo, o se ha asustado también de mí.

Notas de juego

Y mientras tanto, en la mente de Lord Preston:

xP

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05/01/2016, 02:23
Lord Preston Ellsworth Parlow

Dejo que avance unos pasos delante de mí y aprovecho el momento brevísimo de soledad para suspirar largamente y amainar una risa por lo bajo, ciertamente es uno de los episodios más extravagantes que he experimentado en mi vida y si se lo contara a alguno de mis amigos no me creerían.
Voy detrás de ella y contemplo la cara del librero y de los caballeros con verdadero placer, ante sus comentarios solo alcanzo a devolverles una sonrisa sardónica y a seguir a la muchacha fuera del local saludando al dueño del local tocándome el sombrero.
Una vez en la acera le doy alcance y le ofrezco mi brazo para que camine más cómoda, -Entonces, ¿Nos dirigimos hacia Kensington Gardens señorita Hebé? -le sonrío de lado mientras comienzo a caminar, mi mirada pasa de las nubes grises que comienzan a cubrir el cielo, una suave brisa acompaña nuestros pasos calle abajo -¿O piensa que ya quizás sea tiempo de decirme su verdadero nombre?- pregunté examinando sus expresiones mientras hablaba, tenía un perfil tan perfecto que parecía sacado de un camafeo pero un camafeo, aunque de exquisita manufactura, jamás podría igualar la claridad de su piel ni con el más fino marfil ni la voluptuosidad de esos labios con los más excelsos rubíes -¿Le gusta jugar a las adivinanzas? ¿Qué le parece si nos hacemos preguntas para saber más el uno del otro? -la observé inquisitivamente ladeando mi cabeza. Infinidad de pensamientos cruzaban raudamente mi mente, pivotaba entre el entusiasmo y la desconfianza total, entre el escepticismo y la fe, en aquel momento quería ser un ferviente creyente.
De momento, su figura grácil daba sosiego a mi alma y sus palabras me encendían; no quería que esas sensaciones se acabaran jamás.
 

Notas de juego

XD eso y otras cosas más ;)

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05/01/2016, 11:43
Zona Fleming Howard

Enebro mi brazo al suyo, y miro al frente. Mi mente empieza  darse cuenta de lo que he dicho hace unos minutos, de las palabras tan vulgares que he empleado, a pesar de que fuera una cit… pero por suerte la voz del hombre irrumpe en mis pensamientos, alejándome de nuevo de mis pensamientos. Asiento, mientras sonrío de medio lado, mirando la calle.

- Allí me dirigía yo – lo miro de reojo, enarcando una ceja – Hébé está bien… mi verdadero nombre quedaría irremediablemente marcado por el descaro – el tono de mi voz es tranquilo y sereno – y el escándalo.

Sonrío radiante al escuchar lo del juego de preguntas y lo miro ahora sí directamente, llena de curiosidades, ladeo ligeramente la cabeza, intentando descifrar a este hombre. No parece juzgarme, aunque tiene muchos argumentos para hacerlo, y además muy severamente.

- Me gustan los juegos – levanto un poco el libro, que pesado, se escurre en mi brazo derecho – así que adivinanzas, en ese juego… ¿Cuándo fallas hay un castigo? – pregunto, con cierta malicia, afilando una sonrisa – Veamos qué queréis saber… después de todo, os invito a que preguntéis sin miedo…

Vale, estoy siendo un poco mala, le estoy pinchando demasiado sin tener en cuenta que es un completo desconocido y yo soy una mujer atada a millones de normas... qué imprudente, no sé qué me pasa hoy, será que mi hermana no está, que he obrado de forma completamente espontánea y no he recibido rechazo; las palabras salen de mis labios sin pasar antes por mis pensamientos, no estoy pensando lo que digo, y quizás lo termine pagando caro pero de momento es divertido.

Notas de juego

Culpa de Sade, hemos empezado muy fuerte xDDDD

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06/01/2016, 23:28
Lord Preston Ellsworth Parlow

Sus palabras me generan una nota de desasosiego, debo pergeñar una manera de que ella pueda buscarme luego de este encuentro si es que lo desea, porque la idea de resignarme a perder una gema de brillo tan único me consterna.
-¿Castigo? -inquiero amainando una risa por lo bajo -Tal vez lee demasiado Sade -sonrío con malicia -No sé si sería capaz de castigar a una dama como usted, a menos claro que me lo pida -aclaré extendiendo la sonrisa pero con total seriedad.
Esta conversación me estaba causando una profunda intriga, cada frase que salía de esos labios suaves y sonrosados no hacía sino oscurecer el velo que sumía a esta mujer en esos grises tan abominables para la sociedad en la que vivíamos pero tan comunes en las almas inclinadas al arte, que suelen ver más allá de lo evidente; claroscuros con los que me sentía identificado y por los cuales muchas veces resultaba incomprendido por quienes me rodeaban.
-Ya que al parecer es una dama amante del vértigo, aceptaré su osada invitación y comenzaré, ¿Suele iniciar conversaciones con extraños de esta manera o solo yo tuve este peculiar privilegio?

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07/01/2016, 14:17
Zona Fleming Howard

El hombre va despertando mi interés, me resulta curioso que sea él quien detenga mis atrevidos pasos, y yo, que lanzada, voy casi a la velocidad de la luz. Lo voy mirando de reojo alternativamente. Y una sonrisa radiante aflora entre mis labios, casi río al decirlo.

- ¿Y si sois vos quien merece el castigo?  

Es un hombre, seguro que no ha caído en tal posibilidad, sin embargo a menudo los hombres merecen reprobación por sus actos, y no hay nadie que lo haga ¿Por qué no? La señora Pankhurst anima a las mujeres en sus discursos, a considerarse iguales a los hombres, aunque lo cierto es que la idea de que me azoten las nalgas con la palma de la mano se vuelve turbadora y excitante. El pensamiento y la imagen mental me abruman, y miro al frente. Más cuando me pregunta, y pone de manifiesto mi ausencia de decoro, y mi osadía. Todo el conglomerado hace que a mis mejillas llegue el rojo escarlata, mis pómulos son ahora carmesí, siento el sofoco en mi cuerpo.

- Amante del vértigo… - susurro, verbalizando mis pensamiento, me encanta la expresión que me ha concedido, y se nota en el brillo de mis ojos, lo miro de nuevo a los ojos, en un gesto risueño – Sólo con los hombres que me abordan para arrebatarme un libro de Sade – digo Sade en voz baja – lo cierto es que suelo ser muy impulsiva, demasiado para mi género y condición me temo, sois vos el primero con el que converso sobre mis lecturas clandestinas. Creo que estoy siendo descarada en demasía. – Suspiro, el corsé me aprieta demasiado, - tengo debilidad por lo que me está vedado, supongo que todos estamos tentados por lo prohibido…  - me encojo de hombros, trivializando las cosas - ¿Y qué me decís de vos? - No matizo la pregunta, la dejo así, tal cual, quiero ver qué se le ocurres responderme.

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08/01/2016, 20:12
Lord Preston Ellsworth Parlow

-Afortunado de mí entonces por arrebataros el libro y por poder tener esta charla privilegiada con vos; sé lo que estáis pensando: que os juzgo, que debería escandalizarme... He conocido pocas mujeres que se expresen tan libremente sobre sus pareceres y gustos, y he aquí que como vos sois amante de lo que os está vedado, yo soy amante de las personas únicas, de las que se salen de la norma -expliqué tratando de ser lo más elocuente posible -Le devuelvo la sinceridad que ostenta en este momento con la mía propia, porque en mi opinión la osadía merece recompensa en un mundo de comodidades y mediocridades -le sonrió admirando su semblante que a cada minuto me fascina más y me arrastra a deseos más físicos e inmediatos al mismo tiempo que ya puedo sentir la poesía de esas ondas castañas de sedoso cabello acelerar mi respiración y mi corazón, al igual que esa mirada salvaje, arrebatadora, pero amante como la misma naturaleza bella e inclemente que domina este ancho mundo. Tuve que contener el aliento al ver sus mejillas carmesí ya que mi natural inclinación hubiera sido besarlas suavemente, una cada vez -Pero no puedo evitar advertirle que otros caballeros se escandalizarían en efecto, o sospecharían que usted por ser tan libre de pensamientos también tendría cierto libertinaje moral, cosa que no tiene por qué ser verdad... -expreso con sumo cuidado, pues no quiero ofenderla pero sí deseo que entienda que no soy ese tipo de hombre. El que juzga no, el libertino, claro que sí.
-Y contestando a vuestra pregunta, si fuera yo el que merece el castigo lo aceptaría gustoso, no hay nada en esta vida de lo que me arrepienta todavía -la sonrisa que salió de mis labios traté de contenerla porque sabía enfáticamente que iba cargada de el resabio de lujuria y deseo que mi mente asociaba a la palabra castigo.
Me mojé los labios pensando en mi próxima pregunta -¿Qué otras lecturas prohibidas disfruta? -inquirí no sin malicia, pues la elección del verbo no había sido azarosa.
Su mano encaramada en mi brazo me hacía preguntarme cómo se sentiría su tacto en mi rostro, cómo percibiría y reaccionaría mi cuerpo a ese calor que emanaba de sus dedos, que atravesaba en aquel momento mi ropa y hacía que mi imaginación volara una vez más hacia tierras lejanas, aquellas en las que todas las fantasías conocen su realización.

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09/01/2016, 10:42
Zona Fleming Howard

Sonrío feliz, aún sonrojada, a lo que se suman los nervios, las manos, sujetas a su brazo, me tiemblan. Jamás me han concedido tantos cumplidos seguidos, no de esta manera, así pues la situación me pone nerviosa de un modo extraño. Tan es así que no sé qué responder al cumplido ¿Yo soy única? ¿Yo? Hortence está cansada de llamarme vulgar, casi a diario, por todo lo que hago, y de repente alguien me concede el privilegio, y el increíble honor de ser única en el mundo. ¿Es eso posible?

Mi corazón se agita en mi pecho, el calor se aglutina en mis pómulos, los nervios me recorren el cuerpo, como si la adrenalina campara a sus anchas debajo de mi tibia piel. Quiero darle las gracias, pero sé que si hablo, en este estado de nervios, no controlaré lo que digo, y sobre mi lengua cabalgan muchos pensamientos entorno a este hombre.

- Debo confesar que el escándalo es divertido también, la pesada losa del impulso suele cargarme de prejuicios a los que estoy acostumbrada – río, recordando algunos bailes, que para hortense se convirtieron en incómodos por ir de mi brazo, pero yo, al estar acostumbrado, campo a mis anchas sin considerar quien me dedica malas miradas – y si algo he aprendido en mis lecturas, es que todos tenemos algo de libertinos, algunos más inocentemente, otros más atroces y del todo reprobables, - y pienso en las de Sade, las de los últimos capítulos, en las que incluyen niños y delitos de sangre… son horribles - pero todos tenemos alguna bajeza, que la sociedad amordaza. - Esa palma de la mano, impactando...

Lo miro de reojo cuando menciona mi pregunta, a tiempo de ver la sonrisa que creo que trata de disimular. ¿Castigarlo yo? Río, divertida, si es cierto que soy demasiado temperamental, y a veces he discutido con mi hermano, y mi mal genio gana la batalla a menudo, me vuelvo algo violenta en algunas pocas ocasiones…. Recorro su rostro en silencio, curiosa.

- ¿Gustoso hasta qué punto?

Mi imaginación, me traiciona de nuevo, volviendo a lo que susurró en la librería, y preguntándome cómo se vería este hombre de rodillas, y yo de pie, con mis zapatos y una fusta y…. ¡Ya! Maldito sea este hombre ¿Cómo logra darle alas a mi imaginación de ese modo tan vívido? Maldición, ya estoy acelerada otra vez. Me centro en su pregunta, mi mente busca, cosas prohibidas, y sólo puedo hallar impulsos que vienen a mi mente. Pero sonrío, cambiando de tercio, quiero saber qué opina de algunos temas, seguro que resulta divertido, y de paso templa un poco mi fuego, porque lo cierto es que tengo mucho, mucho calor, y creo que empieza a nostarseme.

- La esclavitud femenina, de John Stuart Mill y a Nicolas de Condorcet en la misma línea; a la señorita Pankhurst, algunos de sus discursos sobre los derechos de la mujer me han llegado en forma de texto, he leído a Rousseau y a Marx – y sé que hablo demasiado, no son lecturas propias de una mujer, de nosotras se espera que leamos novelas de amor y literatura romántica, y yo desde luego he devorado esas novelas, pero también otras - Lucy Stone, Elizabeth Cady Stanton, y Susan B. Anthony… - creo que estoy hablando demasiado otra vez… amén de que voy a asustarlo con tanto sufragio femenino, pero… precisamente he sacado a colación un tema espinoso para un hombre, con objeto de ver qué opina, no puedo echarme atrás ahora, y por suerte me he calmado, o al menos he calmado el fuego lujurioso, para dar paso a la pasión por la lucha – todas sufragistas, con ideas muy interesantes… espero no asustaros, podría mencionaros poesía y romances... pero hablamos de mi debilidad por lo que me está vedado, y por suerte para mí, hay un sin fin de temas vedados a las mujeres hoy en día, que a mí me proporcionan gran placer al trasgredir la norma – placer, transgresión y demás palabras escogidas, van en respuesta a su elección del verbo disfrutar, que no me han pasado desapercibidas, aunque en mi tono de voz, se aprecia un toque sensual, a propósito.

Notas de juego

Madre mía qué tochos me salen U,U Si te resulta molesto avísame e intentaré resumir un poco xDDD

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09/01/2016, 14:34
Lord Preston Ellsworth Parlow

El leve temblor de sus manos atraviesa las finas prendas de mi ropa y me produce un suave y sensual cosquilleo, su cuerpo reacciona tan naturalmente a las emociones que me hace anhelar ver más de esa espontaneidad en acción.
Al menos no me ha objetado los cumplidos que le he hecho, no ha echado mano a la típica humildad y por la forma en que se sonroja y desvía la mirada puedo deducir que le han gustado, cosa que me produce una satisfacción interna desproporcionada para la situación, me gusta cómo sonríe y se pasea, toda ella es una obra de arte.
Lanzo una carcajada por lo bajo -Claro que es divertido el escándalo, pero hay que aprender a sobrellevar su carga también, las personas suelen juzgar a las demás para no ver cuán tristes son sus vidas -la miro de lado galante y  provocador, mis palabras son verdades aceptadas y nunca dichas en voz alta -En cierta forma, nosotros, los precursores del escándalo-sonrío cómplice -Hacemos un bien público, una obra de caridad para aquellos cuyas vidas son miserables o simplemente llanas y sin sobresaltos. De otra forma, ¿Qué harían sin nosotros? Creo que se morirían de aburrimiento -alzo la mano libre y hago un gesto elegante y elocuente con mi mano.
Asiento ante sus palabras no pudiendo dejar de preguntarme qué clase de bajeza la sociedad le obligaba a esconder, pero sería totalmente impertinente preguntarlo: mejor sería averiguarlo haciendo que ella me lo demuestre.
Cuando me pregunta gustoso hasta qué punto respondo al instante -Depende del castigo -ampliando mi sonrisa pero de inmediato mis pensamientos se desvían a un tema relacionado -¿Ha leído "La Venus de las pieles" del Barón Von Sacher-Masoch? Si no lo ha hecho se lo recomiendo enfáticamente, tengo la impresión de que si ha disfrutado Sade también disfrutará de esa obra -deslizo con cautela, pues no quiero ponerla en aprietos frente a oídos indiscretos.
Continúa nuestra charla mientras al final de la calle pueden verse los jardines hacia los que vamos. -Rosseau y Marx -alzo las cejas sorprendido y me giro para mirarla -Qué admirables padres debe tener señorita para que le permitan disponer de lecturas tan poco comunes pero tan interesantes -claro que no me refería a Sade -No me asusto, en lo absoluto -en verdad esta muchacha no tenía idea de quién era yo, lo cual era una ventaja para mí, pues en este caso mi (mala) fama no me precedía. Hice un gesto deliberado como si la estuviera tranquilizando: posé mi mano libre sobre la suya, que se encontraba sobre mi brazo, y la palmeé suavemente, disfrutando por unos instantes del tacto de sus finos dedos. -Las mujeres que piensan no me producen el menor temor, pero las que no lo hacen me dan terror -abro mis ojos para volver a entornarlos.
En ese momento veo que en sentido contrario vienen dos señoritas y una de ellas me es familiar, pero no recuerdo de dónde, me toco el sombrero para saludarla y la expresión de su rostro es de indecible desprecio. Creo que he cometido un error y termino de darme cuenta cuando la mujer de la derecha me cruza la cara de una bofetada mientras me dice -¡Qué descaro tiene usted en saludarme!
Se alejan antes de que pueda decir nada y miro a la muchacha que me acompaña mientras me toco el lado del rostro que tengo enrojecido, no hay nada que pueda decir que me exculpe, supongo que el paso se terminará si la dama lo desea.

Notas de juego

No me molesta en absoluto :)

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09/01/2016, 21:43
Zona Fleming Howard

No sé por qué, pero me siento turbada y cómoda a su lado, parece corresponderme con una complicidad natural, como si estuviera al lado de alguien igual a mí y no superior. Incluso a pesar de su título de Lord. El mundo ha dejado su existencia a un lado, y mis ojos, mis sentidos, todos mis pensamientos, se centran en este hombre, que aunque desconocido, parece entender mis extravagancias.

Río, divertida al ver en sus labios una sonrisa, y afirmar con total descaro que contribuimos a la sociedad de los aburridos, la risa sale de mí, divertida, espontánea, sujetándome a su brazo con la otra mano, me estoy divirtiendo de verdad, no es otra charla aburrida e incómoda, es una charla entretenida.

Al llegar a los filósofocas el hombre se sorprende, y yo sonrío, no sin cierta altivez en mi sonrisa, que debería ser al contrario, pero yo me siento orgullosa de mis lecturas ¿Por qué no?

- Me temo que no lo he leído… ¿Por qué me lo recomendáis? ¿Lo tenéis vos? – y dejo ahí la pregunta, un poco en el aire, no le doy tiempo a responderla, pero ¿Y si volviera a verlo? ¿Por qué no? - Mi hermano…. Gracias a mi amado hermano, que me da libros que devorar… y a mi instinto de lectora empedernida, voy escudriñando librerías sin tener en cuenta las miradas de los vendedores – bromeo con lo de hace un rato, y no puedo evitar mirar al hombre de hito en hito, con fascinación, de verdad es un hombre extraño. Aún no me ha juzgado, ni una sola vez. Me gusta la manera en que me revoluciona, me altera con apenas una pregunta, con un gesto, con una mirada… y lo más extraordinario, parece que se interesa de verdad por mí.

Derramo mi mirada en la suya cuando afirma que las mujeres que piensan no le suscitan miedo alguno, y sé que está siendo sincero, algo digno de admiración. Entreabro los labios para responder, pero la escena se sucede, hallándome desprevenida.

Le sujeto la muñeca, y aparto su mano, si me deja, con el ceño fruncido por la tensión del sorpresivo momento.

- ¿Estáis bien? – es una pregunta trivial, lo sé, lo digo mirando su mejilla – os ha dejado una buena marca… - enarco una ceja, mirando a la mujer que se aleja, intrigada y vuelvo a él, sonriendo con cierta ternura – ardo en deseos de saber qué habéis hecho… - sonrío de medio lado, mirándolo a los ojos, y poniendo la palma de mi mano en su mejilla un instante, mis manos y mis pies suelen estar fríos como la nieve normalmente, supongo que es porque no me gusta llevar guantes, luego la retiro, y vuelvo a sujetarme a su brazo para continuar el paseo.

Notas de juego

Te las hliado parda a ti mismo xDDDD Mola ¡Drama y violencia! *,*

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10/01/2016, 03:26
Lord Preston Ellsworth Parlow

Cierro los ojos ante el contacto de su mano con mi rostro y sonrío tristemente, con la poca dignidad que en ese momento me queda. Al abrirlos la encuentro mirándome directamente con esos ojos de inconmensurable transparencia, un mar en el que en este momento deseo ahogarme.
-¿Recuerda que usted habló de las bajezas que la sociedad censura? Ella conoció una de las mías -reconocí con total descaro al tiempo que buscaba su mirada para ver si la ternura había cambiado en reprobación -Y como puede apreciar, la censuró -me di vuelta para verla desaparecer calle arriba -Hasta el día de hoy... -susurré por lo bajo.
Continuamos nuestro camino, ya adentrándonos en los jardines, el viento traía un resabio a lluvia nada alentador pero no quería dejar de satisfacer a la dama. Las copas de los árboles se mecían al compás del viento envolviéndonos con su  murmullo.
-Y sí, el libro de Sacher-Masoch lo tengo yo, la única copia en Londres. Con gusto se lo prestaré -respondí haciéndole ver que no me había olvidado de nuestra anterior conversación. -¿Hacia dónde desea ir? ¿Al lago? ¿Al puente? ¿A ver las flores mostrando todas sus galas?

Notas de juego

Hazte fama y échate a dormir, dice el dicho.

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10/01/2016, 11:15
Zona Fleming Howard

Lo escruto con la mirada, presionando mis labios uno contra el otro en el mismo gesto tierno, no aparto la mirada, estoy intentando descifrar a este hombre.

- Debo confesar que creo que habéis disfrutado de su reprobación – afirmo, fingiendo un gesto severo, aunque no me sale muy bien, sigo mirando sus ojos con curiosidad, y un deje de ternura – también de que ella censurara vuestros actos pasados… ¿Y no va a confesarme el motivo de tal agravio? - Superpongo el labio inferior al superior, en una mueca de angelito triste que tengo muy ensayada y que me ha servido como chantaje emocional millones de veces – habéis tenido suerte, yo soy mucho peor cuando me enfado… - susurro sin darme cuenta, otorgando un hilo de voz a mis pensamientos, en una muestra de brutal sinceridad.

Seguimos caminando, mientras yo vuelvo a sujetarme a su brazo, y de forma premeditada presiono éste contra mi pecho, disimulando que no me doy cuenta, no sé por qué, pero me gusta provocarlo. La bofetada, su compostura y el hecho, la manera en la que la ha encajado, sin enfado, sin rabia, me hace pensar que quizás este hombre podría sobrevivir a mi fatal temperamento, o quizás sería demasiado aburrido verlo, tan regio… no… de verdad creo que lo ha alterado, y hasta le ha gustado, en el fondo, sinceramente presiento que ha disfrutado de la escena. Y eso… eso lo vuelve peligroso de verdad, y no en el mal sentido.

- Si vos me lo recomendáis tan encarecidamente, ahora siento curiosidad por él… ¿Me podéis hablar un poco de los temas que trata?

Mi pregunta no es baladí, estoy siendo un poco mala, sé de qué trata el libro aunque no lo haya leído, pero quiero ver cómo se las ingenia para contarme su argumento. Estrecho algo más su brazo contra mi pecho, contenta, mientras caminamos ya solos por el parque, cruzándonos con algunos viandantes.

- El lago… sin lugar a dudas.