Partida Rol por web

La Edad de la Inocencia (+18)

• Louis Kindelanver •

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27/12/2015, 02:09
Lord Preston Ellsworth Parlow

-No te aflijas Bruce, la intención tuya fue bienintencionada -quité importancia al episodio -Como bien dijo Louis, el piano es traicionero, su sonido no es el mismo cuando no es el de uno y la memoria a veces nos engaña en nuestras aptitudes -acoté para que le dejara de dar vueltas al asunto.
Mi vista siguió a la dama Wright y se fijó en ella al preguntarme sobre las costumbres de la India, mi rostro se encendió al instante en que las preciosas memorias de esa tierra extraña y exótica comenzaron a agolparse en mi mente -Pues se sorprenderá lady Wright al saber que en India los locales adoran no a uno, sino a muchos dioses, que poseen las formas tanto de hombres como de mujer, e inclusive de animales mitad hombre -sostuve no sin cierto placer en proporcionar esa información, los cristianos por lo general se escandalizaban mucho cuando les contaba sobre la fe hindú -La civilización avanza con paso lento pero certero, puedo asegurárselo -afirmé -Es cierto que no cuentan con las mismas comodidades que uno vería aquí en Londres, pero en su indómito corazón salvaje está el encanto de esas tierras, allí el hombre apenas reina, la existencia remite a pasados remotos en los que la naturaleza y su inefable misterio era la verdadera dueña de este mundo -mi vista estaba situada en un punto indefinido para luego pasar a quienes me rodeaban, de pronto estar en una casa tan londinense me produjo cierta tristeza que quise disimular, la libertad de aquellas tierras era algo que pocos sabían apreciar... y soportar -Sus ropas son de de colores alegres en las mujeres y de tonos claros en los hombres, el calor es a veces insoportable y la vestimenta liviana es agradecida, si vuestra merced lo desea puedo enviarle una prenda de seda, muy popular entre la alta sociedad india, como regalo. Aunque los ingleses son ingleses en cualquier lugar del mundo y prefieren estar muertos antes que abandonar los trajes y rendirse a la seda y al lino -dejé escapar una risa elegante.

Miré hacia la señorita Forge Rabbit, -Ahora procederé al relato que se me pidió anteriormente -dije como toda introducción -Fue esta temporada que pasé en Calcuta, en el golfo de Bengala, decidimos ir a Delhi, una ciudad del noroeste por el río Ganges y luego por el Yamuna, un viaje que debía tomarnos unos 26 días con nuestro barco a vapor. El Ganges es uno de los ríos más caudalosos y místicos de la India británica -comencé -En sus aguas los indios realizan rituales de purificación y despiden a sus muertos -acoté mirando a todos a mi alrededor -Yo estaba con un grupo de expedicionarios 5 compatriotas, 2 belgas, 4 sirvientes de color y 4 guías locales. Nos preparamos con provisiones, nuestros rifles y machetes; allí en las tierras de la India hay una vegetación tan densa y verde, un entorno tan salvaje y subyugante que resulta transformador, llegando a cambiar aspectos muy profundos del interior de los hombres: es en la selva esmeralda, en las fauces del río brillante color canela, en donde la verdadera naturaleza de los hombres se revela, en donde se separa a los niños de los hombres y a los valientes de los cobardes -sostuve repasando con la mirada a mis interlocutores -Durante días nuestra única compañía fueron los pájaros, los monos que se hamacaban a la vera del río y nos seguían saltando de rama en rama curiosos, alertando a otros simios con sus gritos, el suave rugir de la corriente del río y la silente vigilancia de los cocodrilos. Pero al comenzar a avanzar por el Yamuna, cuando faltaban 5 días para que llegáramos a Delhi, nuestra nave se averió y debimos continuar por tierra, cruzando por en medio de la selva -sonreí y apuré lo que quedaba del licor, pedí con gesto otra bebida a George y una vez que la tuve en mis manos proseguí -Al tercer día mientras tomábamos un descanso en nuestro campamento improvisado el rugido de un tigre nos alertó -pausé mi relato para mantener el suspenso -Cuando un tigre se encuentra tan cercano a un campamento hay que darle caza porque de otra manera acabará con dicho campamento -expliqué, cayendo en la cuenta de que quizás no estaban conscientes de la fiereza y astucia de este animal -El tigre es un hábil cazador, la selva es su hogar y en ella él está en ventaja -agregué haciendo un ademán con la mano -Nos separamos con nuestros rifles cargados en grupos de dos y comenzamos a recorrer los alrededores. Junto a mí iba un belga que no me caía muy simpático pero que era robusto, tenía la esperanza de que el tigre lo creyera mejor plato que a mí -bromeé para romper un poco la tensión -Llevábamos ya un buen rato registrando el lugar cuando de pronto mi camarada y yo nos sentimos observados, puedo afirmar sin dudas que sentí unos ojos clavados en mí y un escalofrío me recorrió la espalda, al voltearnos el tigre estaba allí, mirándonos a ambos, sopesando seguramente quién sería la entrada -aproveché el momento de suspenso para darle un sorbo a mi licor.

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27/12/2015, 21:15
z/ Lord Dorset "Bruce Wilkinson"

Recibí también el apoyo de mi amigo Lord Preston. Le agradecí bajando la mirada y con una sonrisa sus palabras para justificar mi ridícula actuación. También aprecié los aplausos de la señorita Elora, aunque en este caso me sofocaron ya que sabía que no eran sinceros y me quedé con la duda de que si habían sido por cortesía o por burla.

Todas las miradas y oídos se centraban en Lord Preston y sus espectaculares e interesantes anécdotas de su aventura en la frondosa y peligrosa selva durante su  singladura por el Ganges. A mí me fascinaban sus historias y más aún su forma de contarlo. Por su mirada, se apreciaba que su mente se teletransportaba de nuevo a aquellos exóticos paisajes mientras nos lo iba contando. Pero yo dejé de lado aquella conversación para seguir mi charla con la señorita Elisabetha Hamilton.

La imaginé tocando el piano con 9 años provocando el aullido de los perros de su vecindario. Con la elegancia que atesoraba, se cubrió la boca para ocultar la risa que le había provocado recordar la anécdota. Pero yo que mi elegancia la había dejado en el piano, no pude contener una carcajada seguida de una sonrisa de disculpa por aquel descaro.

-No crea que haya sido un acto de seguridad y valentía, señorita Elizabeth. Más bien ha sido un impulso de los sentimientos que me provoca esta sala. En mi infancia era amigo del hermano de Louis y frecuentaba esta mansión. El entorno me resulta familiar y, además, la compañía muy grata. Ni he pensado en las consecuencias de que mi actuación no saliera como pensaba.- Cambié mi expresión, mostrando un gesto de interés por la respuesta a mi siguiente pregunta. –Por lo que me dice no siguió con el piano. ¿Pero le gusta la música? No solo se disfruta sabiendo tocar instrumentos, también escuchando como los artistas los hacen sonar.-

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29/12/2015, 00:01
z/ Elizabetha Hamilton

El relato de Lord Parlow era muy interesante, pero Elizabetha prestaba su atención al vizconde, en parte, porque le agradaba la conversación y, en parte, porque sentía que así ayudaba a apartar el bochornoso recuerdo del piano.

-Éso os convierte en mejor persona, a mi entender- dijo, con una sonrisa -. Dejaros llevar por emociones y vivencias pasadas, sin importar el qué dirán, sólo por el placer de ebocar gratos reduerdos, me parece loable.

Terminó su copa de vino dulce mientras escuchaba la pregunta de Lord Dorset. Asintió con la cabeza y dijo: -Así es, me gusta escuchar música. Mi abuela solía cantar mientras mi padre tocaba el piano. Mi hermano y yo, nos sentábamos en la alfombra para deleitarnos con sus melodías...

Por un momento, la mirada de miss Hamilton parecía alejarse de la sala, como si se ausentara en mares de recuerdos lejanos. Sacudió la cabeza suavemente, y miró de nuevo al vizconde.

-La música es arte... igual que disfrutamos de la obra de un pintor, ¿por qué no deleitarnos con las notas musicales?

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29/12/2015, 01:16
Louis Kindelanver

Louis dejó que su imaginación volase, guiada por las palabras de Lord Preston, hacia el exotismo de aquellos lugares que el hombre describía con gracia e intensidad. Salvo los cambios en su expresión, según el relato avanzaba y los momentos ocasionales en que llevaba el vaso a sus labios para beber un trago, el único movimiento estaba en su mano, donde su dedo pulgar acariciaba el cristal del vaso en algo parecido a un círculo. 

Escuchaba a medias la conversación entre la señorita Hamilton y Lord Dorset, complacido de que sus invitados se relacionasen unos con otros. Había temido que no tuvieran mucho de qué hablar unos con otros y la reunión terminase siendo incómoda. Aunque ciertamente había confiado en que de suceder algo así, Preston habría sido capaz de salvar la conversación. Y era en sus palabras donde estaba puesta en aquel momento la atención de Louis.

Podía visualizar de una forma vívida aquel momento en que los expedicionarios oían el rugido del tigre y no pudo evitar preguntarse si alguno de esos belgas sería aquel que terminó resultando en la merienda de un cocodrilo. Cuando su cuñado de repente detuvo su voz, Louis guardó silencio aún un par de segundos, esperando a que retomase, antes de darse cuenta de que Preston, como buen narrador, estaba haciendo una pausa dramática, probablemente para estimular más la emoción en sus oyentes. —Viejo zorro... —pensó, esbozando una tenue sonrisa de medio lado. 

—Por Dios bendito, Preston, no te detengas ahora, en el mejor momento —pidió, haciendo un gesto con la mano hacia su cuñado—. ¿Qué sucedió entonces?

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29/12/2015, 19:27
Lord Preston Ellsworth Parlow

Casi me reí entre dientes porque, sin duda, Louis había entendido lo que estaba haciendo con ese silencio. En lugar de eso amplíe mi sonrisa y dije -Tonto de mí, Louis, tienes razón- y proseguí -Os dije que es en la selva en donde la verdadera naturaleza de los hombres sale a la luz; pues bien, mi compañero al ver al tigre salió corriendo sin dudarlo, aventurándose a que el animal lo siguiera al verlo correr. Pero la majestuosa criatura, en lugar de ir tras mi camarada avanzó unos pasos hacia mí, al juzgarme un platillo más jugoso -bromeé -¿Alguno de ustedes conoce la poesía de William Blake, El tigre? -pregunté con curiosidad repasando a aquellos que me estaban escuchando con la mirada, luego recité:
-Tigre, tigre, que te enciendes en luz
por los bosques de la noche
¿qué mano inmortal, qué ojo
pudo idear tu terrible simetría?

¿En qué profundidades distantes,
en qué cielos ardió el fuego de tus ojos? -musité con voz clara pero suave, de modo que se escuchara pero no molestara a otras conversaciones -No voy a entretenerlos con el poema entero, pero debo confesar que estas palabras tan poderosas de Blake vinieron a mi mente en ese momento en el que el destino parecía fatal, y pude constatar, como si no existiera el menor peligro para mí en aquel momento, que su simetría era terrible en efecto, terriblemente hermosa y solemne; y que en sus ojos amarillos ardía un fuego inasequible, hipnótico.  No quise defenderme de una bestia así, como dije a Louis en una carta, morir en las garras de un ser tan magnífico me parecía un destino justo para un amante de la hermosura como yo -miré el licor de color ambarino oscuro -Ser consumido por la verdadera y despiadada belleza de este mundo...-me perdí un instante y sentí que mi espíritu quería rendirse nuevamente a la soledad y a la melancolía, alcé la vista para alejarme de ese sentimiento -Justo cuando el animal iba a atacarme uno de los guías apareció y finiquitó al animal por la espalda, una muerte deshonrosa para una criatura tan sublime -finalicé.

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29/12/2015, 22:31
z/ Lord Dorset "Bruce Wilkinson"

Mientras proseguía mi conversación con Elizabetha, algo me desvió la atención de nuevo a mi viejo amigo Preston. Ya había demostrado que no estaba falto de recursos para fundir la imaginación de los invitados en la narración que estaba desplegando. Pero para más inri, conocía una poesía que encajaba perfectamente en su relato. ¿Quién memoriza un poema sobre un tigre? Lo lógico es retener versos que sirvan para cortejar en un momento dado.

Pero volví de mi distracción para proseguir con la señorita Hamilton. Observé con gran ternura la expresión de su cara al contarme cómo su padre tocaba el piano. –Qué grato recuerdo. Sin lugar a dudas, es uno de esos momentos que recordamos con precisión porque reúnen varios elementos de los que es imposible olvidarnos: El amor de un padre, el cariño de una abuela, la complicidad de un hermano, el calor de un hogar unido…- Me preguntó por otra cosa, pero me pareció tan afectuosa su apreciación que no pude dejar de comentarlo.

-Por supuesto Elizabetha, la música es arte como lo es un lienzo. Pero no solo es disfrutable como arte. Ejecutada con técnica no hay oído al que no le resulte agradable. Pero hay músicos, que con falta de destreza, transmiten sensaciones que el más dichoso no puede ni acercarse. Porque tocar con sentimiento es algo con lo que se nace.-

Recordé una pensamiento que me surgió en uno de mis paseos en solitario por el bosque.-Opino que todos tenemos un don en alguna de las habilidades que se consideran arte. Creo que tenemos que dedicar el esfuerzo en buscar ese don antes que en desarrollar el que no nos nace. Usted, y yo… no lo tenemos en tocar el piano. Pero seguro que alguna vez se ha sentido avanzada en algo que no era la primera vez que practicaba. ¿Estoy en lo cierto, señorita Hamilton?-

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30/12/2015, 02:03
Abigale Forge Rabbit

Abigale desvía su atención del relato al ver a Louis apurar su bebida y pedir otra, recordando el día que se habían conocido. En el momento había pensado que quizás se justificaba por la fecha, pero ahora parecía ser que más que una excepción, era algo que apuntaba a un estado permanente, o al menos a uno frecuente. Pero ella no estaba en posición de reprocharle nada a nadie, así que se limitó a volver a concentrarse en Lord Preston cuando Lady Wright habló. Tantos títulos y ella que con suerte tenía apellido, casi se sentía fuera de lugar. Pero al menos sabía que era tan invitada como cualquiera de ellos, y eso le traía cierta tranquilidad que le permitía volver a centrarse en la charla.

Y con muchos miembros, ocho brazos por ejemplopensó, intentando complementar a quién relataba cuando contestó la pregunta de la dama de sociedad, recordando una conversación anterior durante una caminata, para luego volver a guardar silencio y mirarlo con expectación, sin intención ni capacidad de disimular su ansiedad por conocer más de aquellas tierras exóticas. 

Inicialmente se sintió un poco decepcionada, pues esperaba leyendas de lucha y animales fantásticos, sin embargo lo que él había empezado a relatar sonaba muy similar a un simple paseo turístico. Y aunque ella jamás había salido de su país, y no se había expuesto a esas situaciones, aquello no le resultaba demasiado llamativo. Hasta la mención de armas. ¡Ahí si que estaban hablando! Alucinó con la profunda descripción del ambiente y la vegetación, de su efecto en los que lo recorrían y de la mágica forma en que eran descritos. Sacados de un libro de fantasía, porque no había manera de que algo tan hermoso como lo que ella imaginaba existiera en la vida real.

Tan atrapada estaba en el relato que ni siquiera sonrió con las bromas del caballero, o fue capaz de comentar nada. ¡Y Lord Preston se tomaba pausas de suspenso! Ese hombre quería matarla, definitivamente. ¿Acaso no entendía que uno podía morir de ansiedad? Afortunadamente el anfitrión lo entendía y lo apresuró, lo que provocó unas ganas casi incontenibles de abrazar a Louis por su buena acción. Pero como debía comportarse bien, y temía abusar de la cordial invitación, se limitó a asentir como se esperaba de ella. 

Imaginó como sería mirar a los ojos a ese tigre, con las palabras del caballero resonando en su mente. "Ser consumido por la verdadera y despiadada belleza de este mundo". La muerte del felino resultaba casi anti-climática, y aunque agradecía que el caballero estuviera sano y salvo, no pudo evitar cierta decepción en su rostro al oír la manera en que había muerto. 

Si usted pudiese haber decidido exactamente, segundo por segundo el destino suyo y el del animal, ¿Que habría escogido para ambos? - preguntó curiosa, aún meditando respecto a la experiencia relatada.

Notas de juego

Ayer me quedé dormida con el post abierto XD Lo siento u^^ 

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30/12/2015, 17:47
Lord Preston Ellsworth Parlow

Miré a Abigail con simpatía, en su juventud e inocencia me había hecho una de las preguntas más interesantes sobre esta anécdota de las que me habían hecho jamás, y eso que ya la había gastado en varios salones de alta sociedad.
Le dirigí una sonrisa empática y medité la respuesta unos segundos a pesar de que ya la sabía: -Ciertamente, no tengo en mis planes morir tan pronto -afirmé -Pero tampoco me parece justo que un animal así muriera asesinado por la espalda -aduje -Quizás no había opción, yo no hubiera podido matarlo, de eso estoy seguro. No porque me faltara puntería ni práctica con el rifle, sino porque en India se posee un respeto por la vida animal que aquí en Occidente no se conoce y con el que me siento identificado -sostuve dándole una mirada significativa -Hay una creencia en los países europeos de que su avance industrial les da vía libre para decidir sobre la naturaleza y sobre las personas que me da repulsión-. Mi opinión podía ser poco popular pero no me importaba. -Ahora, no me hubiera importado que se comiera a mi amigo traidor, el belga -aseguré y me reí.

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30/12/2015, 19:39
z/ Elora Ann Wright

Escuchando con sumo interés lo que Lord Parlow contaba sobre la India, Elora cambió la rígida postura por otra un poco más cómoda. Tomaba pequeños sorbos de su vino dulce, mientras asentía y sonreía con educación. Para la baronesa todo lo que contaba suponía nueva información que almacenaba con cuidado para futuras conversaciones, mientras mantenía una actitud de elegante cortesía propia de las superficiales damas de sociedad. La joven viuda se sorprendió de varios detalles y anécdotas de la India. Aunque la muchacha era culta, su educación sobre culturas extranjeras no había abarcado más allá de unos conocimientos básicos. 

Cuando el relato de Lord Parlow alcanzó el momento del ataque del tigre, incluso el estudiado rostro de Elora se alteró por la tensión del momento. El noble tertuliano sabía cómo mantener la tensión para llamar la atención de sus oyentes y la joven no perdió un detalle del relato, intrigada por su final. Contuvo el aliento, cuando Lord Parlow paró un momento para crear un ambiente más favorable, hasta que finalmente siguió. Con renovado interés, escuchó el final de la anécdota, con un leve suspiro. 

- Sois muy poético, Lord Parlow, describís con sumo detalle y con palpitante emoción cada instante del relato - Elora llamó al mayordomo con un sutil gesto para que le diera otra copa de vino dulce y miró al caballero directamente a los ojos con un brillo de admiración y una misteriosa sonrisa en los labios - lamento no haber visto a esa magnífica criatura, estoy segura de que es digna de verse. Es una pena que tuviera tal final, mas de no estar muerta, no podríais estar aquí narrando vuestro encuentro.

Mientras hablaba, escuchaba a medias la conversación que Elizabetha mantenía con el vizconde. Por aquella parte, no se quedaban atrás con sus poesías y elegantes metáforas. Era bueno que su amiga hubiera encontrado alguien con quien hablar, se la veía más tranquila que cuando llegaron.

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30/12/2015, 20:41
z/ Elizabetha Hamilton

Media sonrisa se dibujó en el rostro de Elizabetha, quien ladeó con sutileza la cabeza, escrutando el rostro del vizconde con curiosidad. 

-En cierto modo, sí, Milord- dijo, con un brillo de astucia en su mirada. Hizo un gesto al servicio para que le trajeran otra copa de vino y escuchó el final del relato de Lord Parlow. La sensación causada por la visión del tigre, era palpable en la voz del aventurero, quien no ocultaba su respeto a tan majestuosa criatura. Eso agradó a Elizabetha, quien estaba de acuerdo con la joven Abigale. 

De nuevo miró a Lord Dorset, pues el vizconde tenía una concepción del arte muy interesante, a su entender, y no quería ser descortés.

-¿Consideráis la escritura un arte, Milord? Una mente capaz de crear mundos o personas complejas, liberando la imaginación del lector hasta hacerlo entrar en esas historias, como si fuera parte de ellas...- no pudo evitar mirar de reojo a Lord Parlow brevemente -He leído asombrosas narraciones donde, confieso, he llegado a desear sumergirme en sus páginas, nadando entre sus palabras, sin querer regresar a la realidad.

Bajó la mirada, algo avergonzada por el énfasis de su emoción, quizá demasiado excesivo ante presencias tan importantes, como la del vizconde.

-Disculpad, me he dejado llevar un poco...- alzó la vista y sonrió sutilmente, entonces le ofrecieron la copa que había solicitado y se la llevó a los labios, mirando de soslayo a Elora, por si su entusiasmo había ido demasiado lejos. Sólo una mirada de Lady Wright, y Elizabetha sabría si había errado o no.

 

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01/01/2016, 04:19
Louis Kindelanver

Louis apuró el segundo vaso después de escuchar a su cuñado recitando aquel poema que hizo que le brillasen los ojos. El líquido extendió por sus sentidos esa calma que adormecía el mundo y le permitía centrarse en la conversación. No creía posible de otro modo haber sido capaz de ignorar esa ausencia presente en todo momento a su lado, como si hubiera un hueco en la realidad, una silueta formada de vacío y con la figura de Edith.

Percibió el rastro de melancolía en Preston al describir la peligrosa belleza del animal y un suspiro contenido oprimió su pecho, dejándose llevar durante un breve instante por ella. La tristeza le era tan familiar en los últimos tiempos que a menudo sentía que apenas necesitaba un pequeño paso en falso para caer en ella. La voz de Abigale con su pregunta para el aventurero fue la que sacó su mente de ese camino de golpe. Buscó a George con la mirada para conseguir otro vaso, evitando así pensar en lo extraño que se le antojaba estar él solo recibiendo invitados en su hogar y escuchando a Preston hablar de sus aventuras con esa voz cautivadora con la que había sido bendecido. 

Ya con el vaso lleno de nuevo, dio algunas vueltas a su muñeca, haciendo que el líquido ambarino dibujase una fina línea en el borde y levantó la mirada, justo a tiempo para escuchar con atención la respuesta de su cuñado. Ese respeto por los animales del que hablaba le resultaba lejano, pero grato al mismo tiempo. Sin embargo, fueron las últimas palabras del hombre las que le hicieron soltar una breve risa. 

—Ciertamente parece que los belgas que conociste en esa expedición hacen honor a la fama de necios que les atribuyen los franceses, ¿no es así? Uno resultó ser un mísero cobarde y el otro acabó como merienda de un cocodrilo... —Bebió un pequeño trago y asintió al pragmatismo de Lady Wright. —Tu relato ha sido arrebatador, cuñado. Pero debo decir que me alegro de tenerte sano y salvo entre nosotros. Londres no es lo mismo sin ti y por muy hermoso que fuese ese animal, no me habría gustado que terminaras en su panza.

Entonces escuchó a medias a Elizabetha y cuando la joven pidió disculpas, Louis le dedicó una pequeña sonrisa con la que pretendía quitarle importancia a su exaltamiento.

—No se preocupe usted, señorita Hamilton. El espíritu que no sea capaz de enaltecerse con una hermosa obra de arte, ya sea una bella pintura o unas letras exquisitamente hiladas... Ese espíritu no está más vivo de lo que podría estarlo una roca. 

Y con estas últimas palabras, su mirada buscó la de Abigael, recordando en aquel momento que le había prometido algo a la joven si asistía a la recepción.

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02/01/2016, 16:03
z/ Elizabetha Hamilton

La sonrisa de Louis hizo que la dama se relajara, recuperando la compostura. 

-Gracias, señor Kindelanver, es una forma bella de verlo- dijo, con sus labios ligeramente curvados en una sonrisa, aunque frunció suavemente el ceño y disimuló, desviando la mirada. Aunque se había dirigido hacia ella, los ojos claros del anfitrión, buscaron a la joven Abigale, y Elizabetha se sintió un poco incómoda, aunque fue una reacción instantánea que apenas duró unos segundos.

Miró a Lord Parlow e hizo un gesto con la cabeza.

-Un relato exquisito, Milord, sin duda vuestras aventuras bien merecerían ser escritas para que muchos pudieran deleitarse con vuestras anécdoticas experiencias- más calmada, Elizabetha olvidó en seguida la mirada de Louis hacia la alegre Abigale y volvió a integrarse entre los invitados, con una expresión serena y sus ojos pardos admirando de soslayo el vestido de Elora.

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03/01/2016, 21:26
z/ Lord Dorset "Bruce Wilkinson"

Louis relajó a Elizabetha con su sonrisa y sus palabras. Pero yo quise también demostrarle que no me había parecido que se había excedido en efusividad con su respuesta. –Por favor, no se disculpe.- Miré a Louis.- Como bien ha dicho Louis apreciar una obra de arte es sinónimo de vida. Y claro que considero la escritura un arte, al igual que el teatro. Es loable todo aquello que transmite el sentimiento con el que su autor lo ha creado.-

A pesar de mi ridículo con el piano y mi conversación con la señorita Elizabetha, no había estado ajeno al relato con el que Preston nos había deleitado. Quise mostrarle mi más sincera admiración no solo por la aventura que había vivido, también por la forma de contarlo. –Fantástico relato, Lord Preston. Es una suerte que semejante aventura la hayas vivido tú, que tienes una increíble capacidad para contarlo y transmitir las sensaciones que los sucesos te suscitaron. Para gente que apenas ha viajado, como yo, es un tesoro tener amistades como la tuya, ya que nos regalas estos increíbles relatos.-

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04/01/2016, 16:30
Abigale Forge Rabbit

Abby presta cuidadosa atención a la respuesta del caballero rubio, apreciando el valor que le daba al magnífico animal. Desde muy pequeña había llegado a la conclusión de que ninguna vida era más válida o importante que otra, y encontrar a alguien que pensara igual en la alta sociedad le dibujaba una sonrisa en el rostro. - Lo entiendo perfectamente - se limitó a responder, conforme con la respuesta que había obtenido, cuando el hombre determinó el sentimiento de aversión que le provocaba la superioridad que se atribuían algunos sectores de la sociedad, para luego reír de buena gana cuando él añadió el comentario sobre el belga.

No pudo sino asentir con el señor Kindelanver cuando habló, absolutamente de acuerdo con él. Ciertamente, se alegraba de que el hombre se encontrase bien, y de haber llegado a conocerlo. Para alguien tan adicta -porque no había otra forma de llamarlo- a las historias como ella, encontrarse con un narrador tan cautivante era mejor que un tesoro que contuviera todas las joyas del mundo. 

Al sentir la mirada del anfitrión sobre ella en medio de las palabras que le dedicaba a la señorita Hamilton, las mejillas de Abigale se sonrojaron levemente, sus ojos clavándose en los del hombre con curiosidad por su inesperado contacto, inconsciente del efecto que este mismo había causado sobre la dama con quién él conversaba.

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04/01/2016, 19:21
z/ Elora Ann Wright

Sin nada que envidiar a la apasionante narración de Lord Parlow, las inspiradoras palabras de Elizabetha contribuían al ambiente literario que se respiraba. Elora sintió crecer dentro de ella unas inexplicables ganas de leer poesía y componer versos, de buscar libros ocultos en viejas estanterías de su mansión. Tal era la fuerza de las palabras de aquellos que sabían utilizarlas para abstraer la mente de los oyentes en sus relatos.

Atenta a las pláticas, la baronesa advirtió la mirada apurada de su amiga. Con un quedo movimiento, negó con la cabeza y la sonrió, dando el visto bueno a su acción. Elizabetha tendía a preocuparse por aquellos pequeños detalles que en compañía de gente poco adecuada, tal vez pudiera resultar inadecuado, pero que con gente de buen talante resultaba hasta encantador.

Una vez solucionado el problema de la joven Hamilton, la viuda volvió a centrar su atención en la conversación de Lord Kindelanver. Levantó la copa en conformidad con las palabras del anfitrión y la las sabias palabras que le dirigió a su amiga. Quedaba claro que la simplicidad brillaría por su ausencia en la velada ante la desbordante calidad tertuliana que se respiraba. Para la baronesa, la tarde se volvía más interesante por momentos. Era más entretenido una conversación con unos buenos oradores que una tarde de formalidades entre hombres de negocios que con simples palabras intentaban ganarse su favor.

- Y decidme, Lord Parlow, ¿qué tal de amores se vio en las indias? Tanto tiempo lejos de casa y de la familia debe haber sido duro, ¿no encontró una buena esposa en aquellas lejanas tierras? - la pregunta no pretendía ser indiscreta ni descortés con el caballero, únicamente respondía a una curiosidad de la baronesa, mas para suavizar la brusquedad de su pregunta, sonrió con encanto y recato.

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06/01/2016, 01:45
Lord Preston Ellsworth Parlow

-Agradezco vuestras apreciaciones sobre mi relato, me siento halagado -mi mirada recorre satisfecha a los presentes, -De hecho, en este momento me encuentro escribiendo una novela de aventuras sobre mis viajes por la India -agrego luego ensanchando mi sonrisa, no quería sonar engreído pero tampoco podía ser excesivamente humilde, una ardua tarea para alguien como yo, con tendencia a ser jactancioso -Espero poder continuar deleitándolos con mis aventuras cuando gusten.
Las conversaciones avanzan y noto unas miradas peculiares entre Louis y la joven Abigail que me hacen pensar que mi cuñado está quizás volviendo a las andadas otra vez, ¡Bien por él! Después tenía que hablar con él y preguntarle por su nueva amiga.
Y de pronto, la catástrofe.
Las palabras de Lady Wright llegaron a mis oídos, pero estoy seguro de que mi corazón y mi espíritu las escucharon antes, porque de inmediato sentí el mismo desasosiego y la misma tristeza que aquella vez, hasta el punto de que podía percibir de manera palpable cómo el corazón, ese músculo fuerte y paciente que tenía la habilidad de acompañarnos toda la vida, se me rompía otra vez.
Mi mente y mi cuerpo se debatían para no perder la compostura delante de los invitados. La pobre mujer no podría haberlo adivinado, ¡Pero qué tino para la indiscreción! Aquello era algo que nadie sabía, que había quedado enterrado en India. Ni siquiera Louis lo sabía. Ni siquiera mi madre.
Parpadeé un par de veces, recuperándome del golpe que sin saberlo la dama había asestado tan precisamente.
-Si hubiera encontrado una buena esposa estaría aquí conmigo, ¿No lo cree Lady Wright? -pregunté con la medida justa de fría cortesía e irónico desdén que hacía dudar al que escuchaba, esbocé una sonrisa dolorosa. No quería arruinar la fiesta de Louis y ganarme la enemistad de los presentes al decirle a la mujer cuán imprudente había sido, y entrometida.
Apuré el trago que tenía en la mano y con él me tragué todos mis sentimientos, los que estaban permitidos demostrar a los hombres y los que no. Fui hacia el piano con la intención de serenarme y disimular.
-Permítanme que interprete una pieza para ustedes.

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06/01/2016, 21:14
Louis Kindelanver

Louis no se percató de la incomodidad que había provocado en la señorita Hamilton al desviar sus ojos hacia Abigale, pero cuando la joven le devolvió la mirada con el rubor sonrosando sus mejillas y la curiosidad brillando en sus ojos, el hombre mantuvo los suyos durante un instante en que esbozó una pequeña sonrisa como respuesta a esa pregunta no formulada, antes de apartarlos lentamente. 

Llevó de nuevo el vaso a sus labios, escondiendo en él su curvatura, para beber un nuevo trago, algo más largo que los anteriores. Escuchó la pregunta de Lady Wright y desvió la mirada hacia su cuñado, sintiendo también él curiosidad por la respuesta. Ciertamente no recordaba que él hablase de ninguna joven especial en sus cartas y tampoco esperaba que airease asuntos de esa índole ante público femenino, pero le intrigaba escuchar alguna posible anécdota divertida al respecto. 

Lo que no se esperaba en absoluto era la turbación que vio en sus ojos. Ladeó un poco la cabeza y frunció el ceño al ver la sonrisa triste de Preston, sintiendo una preocupación creciente por el motivo que podía afectarlo de esa manera. En silencio lo observó apurar su vaso y acercarse al piano. Y en silencio también apretó los labios, conteniendo las preguntas que evidentemente no era el momento para poner en voz alta.

—Tú y yo vamos a tener que hablar, cuñado... —pensó, tratando de hacer a un lado la preocupación para disfrutar de las notas que el hombre hacía brotar del instrumento. Se sentó entonces en uno de los sillones cerca de Lady Wright e hizo un gesto a George para conseguir otro vaso.

Su mirada se dirigió a una puerta entornada en la pared cercana al piano. Al menos Daisy estaría satisfecha con la velada. Los invitados parecían relativamente cómodos, la conversación fluía y su deseo de escuchar en la mansión música menos lúgubre que la que Louis solía tocar finalmente se cumplía. 

Poco a poco la conjunción entre la música y el licor iba relajando los músculos de su espalda, desenvarando un tanto su postura y en el tiempo que duró la melodía dejó que sus ojos se deslizasen hacia sus acompañantes en más de una ocasión para terminar volviendo hacia Preston, sin ningún deseo de interrumpir su interpretación comenzando una nueva conversación. Se sentía cómodo en ese segundo plano que le facilitaba el hecho de ser el anfitrión pero no el protagonista de la velada.

Cuando hubo una pausa en la música tras terminar la pieza, Louis aplaudió cortésmente antes de elogiar la interpretación en voz alta, con un cierto orgullo hacia su cuñado. —Y si hay alguien buen conocedor de los caminos más apropiados para exaltar el espíritu de cualquier persona sensible al arte... Ese es sin duda Lord Parlow.

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09/01/2016, 22:42
z/ Elizabetha Hamilton

Elizabetha miró extrañada a Elora y luego a Preston, cuya expresión cambió rotundamente ante la pregunta de su buena amiga. La señorita Hamilton sabía cómo era la viuda, pero no se esperaba la melancolía que surgió en los ojos de lord Parlow.No obstante, prefirió no decir nada, aunque no pudo evitar recordar la conversación que había mantenido con Preson a finales de enero.

Más relajada, Elizabetha se delitó con la música de lord Parlow. Los ojos de la dama se iluminaron, seguramente recordando su niñez, cuando su padre tocaba el piano mientras su abuela cantaba. Sintió un nudo en el pecho y se llevó inconscientemente una mano al mismo, sobrecogida por la melodía y los reduerdos.

-Coincido con vos, señor Kindelanver- dijo, con un leve temblor en la voz, emocionada -. Vuestro invitado es una caja de sorpresas y, sin duda, la definición del arte cobra vida en sus manos.

Habló con total sinceridad, esbozando una dulce sonrisa mientras miraba a Preston sentado frente al piano. Sintió el deseo de unir su voz a la melodía, pero le daba reparo, ya que apenas conocía a nadie allí. Había acudido a la reunión por negocios, más que por mero disfrute social, aunque la velada estaba siendo de lo más entretenida.

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10/01/2016, 02:47
Lord Preston Ellsworth Parlow

Louis, Louis, Louis. Si no hubiera sido porque mi mente estaba todavía alterada y mi corazón aún dolido hubiera replicado ágilmente a mi cuñado: no soy nadie, no soy un artista, no conozco ni una ínfima parte de aquellas cosas que hacen que la vida merezca la pena. He viajado tanto por este mundo, he probado los frutos prohibidos, he leído los libros apócrifos, he permitido arrebatar mi espíritu por la luz rojiza de los atardeceres estivales, he reído ante la muerte y llorado ante la vida. ¿Y cómo estaba? Vacío, infinitamente hastiado e irremediablemente esperanzado, maldita naturaleza humana que no deja de creer hasta el final.
Louis tenía esa impresión de mí porque me quería y yo a él, más que a mis hermanos.
No podía siquiera articular palabra mi mente bullía al igual que mis emociones, por eso había recurrido al piano, para que los demás no vieran cuán devastado estaba y para no cometer la imprudencia de ser descortés.
-Agradezco sus amables halagos pero en verdad no soy digno de ellos, solo sé una o dos piezas para interpretar -estaba mintiendo pero qué más daba -De todos modos es placentero para mí el dispensaros momentos de goce estético y deleite artístico, siento que he cumplido mi misión por esta noche -deslizó una risa por lo bajo, una risa que se torna algo tétrica para luego diluirse en la música que todo lo acepta y lo perdona.
 

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10/01/2016, 22:50
z/ Lord Dorset "Bruce Wilkinson"

Veía a Preston complacido por la gran cantidad de halagos que estaba recibiendo por su relato. Me alegraba ver que el esfuerzo de estar tanto tiempo lejos de su hogar estaba teniendo una grata recompensa, pues eran un añadido de gran valor a su persona. Pero la pregunta de Elora le cayó como una jarra de agua fría. Sin lugar a dudas en la India algo había pasado y su respuesta sirvió para salir del paso. Pensé que ayudarle en ese asunto podría ser un gran paso para fortalecer la amistad que con el tiempo se había debilitado. No sería esa noche, pero me guarde en la memoria la pregunta de Elora para volvérsela a hacer en privado.

-Bravo Preston. Una gran pieza interpretada con una gran maestría.- Miré a la señorita Elizabetha emocionada por la obra con la que nos había deleitado Lord Parlow.- Sin lugar a dudas tu gran talento no es solo la música o la escritura. Es saber emocionar al que te lee o escucha por el sentimiento y la pasión que emanan tus obras.-

Estaba contento por Preston, sin lugar a dudas estaba siendo el protagonista de la noche. Pero por quien más me alegraba era por Louis. Se le veía feliz por lo bien que se estaba desarrollando la velada. Conversando con las damas y consumiendo una copa tras otra. Dejando atrás, por una noche, los pensamientos que tanto le turbaban.