Partida Rol por web

LOS CAMINANTES

DE FIESTA. 1

Cargando editor
29/06/2020, 19:49
:P

Caminas. Caminas. Dejando atrás un amor imposible. Un amigo que no lo era tanto. Dejando atrás la vida. Cada paso te cuesta un poco más. Arrastrando los pies. Sofocado por el calor interior que te abrasa. Te quema la lengua y las entrañas.

Esto solo pasaba en las pelis.

Unos faros de frente. Fugaz el coche viene y desaparece. La oportunidad para haberte lanzado de cabeza bajo sus ruedas. Porque no hay abismos, solo terraplenes, pendientes ligeras. Quizá podrías clavarte una estaca en la cabeza a través del ojo. ¿Te atreverías?

Si mueres así, te transformarás. Lo sabes.

De súbito, te llega el colapso. Antes de lo que esperabas. Tus piernas se niegan a obedecerte, a dar un paso más. Te quedas sin aliento. El aire no pasa a través de tu garganta inflamada. Caes de rodillas, te derrumbas. El corazón te late a mil.

Y deja de palpitar. Una última visión grabada en tu retina: El bosque, las primeras luces del alba, el cielo, un mar de cobalto.

Al otro lado no aparece un túnel de luz brillante. Tampoco una nada serena e inmensa. Tu maltratada conciencia regresa vacía a tu lamentable cuerpo. Te pones de pie con esfuerzo, una fuerza desconocida tira de tus miembros, guía tus movimientos, una marioneta en las hábiles manos de un titiritero. Avanzas, torpe, tambaleante.  Tu cerebro quiere saber, pensar,  quién, qué eres. Te recibe una bruma blancuzca, semejante a la niebla que vela parcialmente tus ojos.

Un gruñido. Eres tú.  No estás vivo. No estás muerto. Eres otro caminante, uno más de la horda de víctimas de la pandemia que asola el mundo.  Y ya lo primero que sientes es el hambre. Saciar tu hambre apremiante se te antoja el primer y único objetivo en esta nueva existencia. Debes encontrar algo para comer, lo que sea, es primordial. Caminas renqueando hacia el amanecer buscando, oyendo, oliendo…

Cargando editor
29/06/2020, 19:49
:P

Camináis. Camináis. Las heridas duelen, las magulladuras torturan, los arañazos en la cara de Lex queman. Arde la duda de si se habrá contaminado. Las piernas no pueden más. Otro paso. Vamos.

Los faros  fugaces de un coche que circula en vuestra misma dirección. No se detiene y desaparece. Otro al cabo de un rato. Lo mismo. Nadie es tan samaritano como aquella joven danesa.  ¿Qué será de ellos dos? ¿Y de Yuki?

¿Y del mundo?

Javi no está.

Solo el amor de ambos.

Amanece, rodeados de bosque, las primeras luces del alba, el cielo, un mar de cobalto.

Ruido de motores. Detrás vuestro dos coches. Dos vehículos de la Guardia Civil. Se detienen unos metros después de vosotros. Se baja una agente. Linterna, pistola, expresión de seguridad y firmeza. También desciende su compañero. Del otro coche oficial, solo se apea un hombre, otro guardia, único ocupante.

A punta de pistola os cachean, comprueban heridas y que no haya mordiscos. Convencidos, se relajan un tanto.

-Málaga es un caos. Hemos salido a patrullar. Se han perdido varias unidades. –Informa la mujer, de unos treinta y cinco años, delgada pero de huesos grandes.- Vamos para la Comandancia de Almería. Son las órdenes.

-Esas, y ayudar a los ciudadanos. Subid –os propone el guardia que va solo. Un joven de menos de treinta años, de cara cuadrada y ojos amables.- Parece que no lo habéis pasado bien, precisamente. Vaya mierda, eh.

Sí, un absoluto infierno había sido.

  

Cargando editor
29/06/2020, 21:17
Javier Jiménez

Caminaba. Mientras sus pensamientos divagaban cada vez más enloquecidamente. Había olvidado algo, algo que le molestaba pero que no conseguía recordar. Se moría, hacía calor, eso si que lo recordaba pero lo otro no. Lex, Oli y Lucía, los ojitos de Lucía y el conejito. Eso era lo más importante. Intentó cantar pero no pudo más que emitir un gruñido seco, intentó pensar en como hubiera sido tirarse a Yukino, cualquier cosa que le mantuviera vivo y le permitiera alejarse. Estaba muriendo como un perro, como en las pelis, pero allí no había ninguna tía pánfila que llorara o derramara lágrimas en las palomitas.

Faros. Una oportunidad para el suicidio. Lento, demasiado lento, ni siquiera podía tirarse ante un coche. Vio a lo lejos un grupo de caminantes y si hubiera podido se hubiera descojonado de la risa. Andaba como ellos, con una mezcla entre Quasimodo y Chiquito de la Calzada. Chiquito, que tío más grande, y de Málaga, estaba todo dicho.

Se acordó. Con lentitud sacó la estampa del cristo de la buena muerte. Tembloroso se la llevó a los labios y lo besó. Se le cayó al suelo pero no tenía capacidad para recogerlo. Aunque no le iba a hacer falta. Un golpe fuerte en el pecho le dejó sin aliento. Era como la patada de una mula terca, y sus pulmones parecían pegados entre sí, negándole el aire, negándole la vida, había llegado su hora y el corazón latía desbocado esperando un oxígeno que no le iba a llegar. Lexie. Solo podía pensar en eso, Lexie y el pueblecito donde pasaba los veranos, el mar. Volaba hacia el mar ,de pronto todo se acabó.

Había olvidado algo, había olvidado donde había comida. Sabía que la había visto pero no recordaba donde. Dos presas. Se levantó, parpadeó ajustando la luz a sus nuevos ojos y dio unos cuantos pasos para sentir su nuevo cuerpo. No sabía quien era, no sabía si era, solo quería una cosa, comer. Escuchó un gruñido, y si hubiera sido una persona hubiera sentido temor, pero no era una persona. Solo era una cosa que camina. Necesitaba comida, por algún motivo recordaba que había un lugar que se llamaba... no lo recordaba, pero era grande, habían muchas presas. Olisqueó el aire, aguzó el oído y se dirigió hacia ese disco naranja que colgaba del cielo. A las presas les gustaba ese disco, y a él le gustaban las presas.

Notas de juego

y Fin!

Cargando editor
30/06/2020, 08:18
Lexie Sutton

Sin el abrazo de Oliver habría sido incapaz de haberse alejado definitivamente. Había sentido a Javier sonreír al recibir su abrazo, había sido consciente de como se había quedado sin fuerzas para siquiera voltearse y, más doloroso aún, había grabado a fuego en su mente la última palabra del hombre. De todo lo que podría haber dicho, de las mil despedidas posibles, su último pensamiento, uno que apenas había podido pronunciar con un esfuerzo titánico, había sido pedirle a Oli que la cuidara. A ella. El último deseo de Javi había sido que ella estuviera bien.

Con el alma rota, se abrazó a Oliver e intentó mantenerse tan fuerte como fue capaz. Aunque las lágrimas regaban su rostro, y en otras circunstancias estaría llorando desconsolada, hacía su mejor esfuerzo para no meter ruido. Le daba miedo que, atraídos por el sonido, llegaran más de aquellos zombies y finalmente acabaran con ellos. Aún así, algún chillido ahogado se le escapaba de vez en cuando, y enseguida pedía disculpas con la mirada a Oli. Sabía que no se enfadaría, que seguramente él mismo estaría triste por Javi y además preocupado por ella, pero no quería traerle más problemas.

Tarde o temprano, logró calmarse. Ya no sentía las piernas tan débiles que le costaba mantenerse en pie, pero seguía sujeta al chico. Se moriría si algo le pasaba. Lo habría hecho antes de saber lo que sentía por ella, y ahora con aún más razón. Sinceramente, que sus padres acabaran convertidos en zombies no le importaba tanto como la posibilidad de que Oliver lo hiciera. No dejaría que nada le pasara. Estaba decidido. Y si al final ella también corría mala suerte por esos rasguños... entonces con mayor razón cualquier riesgo valdría la pena. 

Alguna vez había escuchado que la luz traía esperanza, pero cuando ya amanecido escuchó los ruidos de dos motores, solo pensó que serían dos cabrones más que los ignorarían completamente. Dos más que, a pesar de la rabia que sintiera contra ellos por no detenerse, no podía fingir que no comprendía. Ni siquiera consideró voltearse, o hacerle señales. ¿Para qué? No pararían. Nunca lo hacían.

O al menos eso pensaba, porque, para su sorpresa, esta vez sí se detuvieron. Guardia Civil. En un principio sonrió aliviada, y ni se preocupó de las pistolas que portaban, a pesar de sus rostros serios. Nunca un policía le había apuntado a ella una pistola. Sin embargo, cuando eso cambia, Lex levanta las manos asustada e instintivamente busca pegarse más a Oli. Con él se siente un poquito más a salvo, a pesar de que la lógica le indique que a él también le están apuntado. Le hubiese gustado tomarle la mano, pero a los oficiales se los tomaba aún más en serio que a Yolanda, y no quería arriesgarse. Solo podía esperar que fueran buenos policías, y que pronto todo pasara.

En silencio, obedece a las instrucciones de los guardias, aunque podría haber jurado que su corazón no había vuelto a latir hasta que estos habían bajado las armas. De hecho, ahora palpitaba tan fuerte en su pecho que pareciera querer recuperar el tiempo perdido. Enseguida, Lex busca la mano de Oliver y entrelaza sus dedos con los de él, aferrándose con fuerza.

Al escuchar la propuesta del guardia joven de ojos amables, que parecía más dispuesto a ayudar que su compañera, su mirada va enseguida a Oliver. Estaba agotada, hambrienta y derrotada, pero no se subiría al coche si él no lo hacía. De los dos, siempre había sido él el más sensato. - We'll do whatever you decide, babe1 - murmuró solo para él. Estaba en sus manos... y lo seguiría al fin del mundo si fuera necesario.

Notas de juego

1 Haremos lo que tú decidas, cariño

Cargando editor
30/06/2020, 11:31
Director

 

Cargando editor
30/06/2020, 14:21
Oliver Ramos

Y caminamos abrazados, en silencio. Inmersos en nuestras propias cavilaciones, cuando la lluvia nos empapa completamente y no nos da respiro. Mi mano duele, terriblemente, pero no tanto como aquella despedida y lo que debe estar sintiendo Lex al ver que Javier ya no estará con nosotros. Jodido, hubiera prefiero mil veces que intente hacerse el héroe y odiarlo constantemente a que termine así. Es injusto el destino, la vida misma. 

Pero no digo nada, sólo mantengo cerca de mi cuerpo y corazón a la mujer que amo. El cansancio nos gana, intentamos recuperar energías, pero la carretera me resulta infinita y ver los autos pasar es un golpe bajo al poco sentimiento de esperanza que tengo interiormente. De igual manera sigo, por ella, por Javi, no puedo rendirme después de tanto camino recorrido pese a lo desafortunado que es todo esto. 

De repente tras dejar un dulce beso en el cabello de Lex, que tan hermosa se ve de aquella forma incluso con esa marca en el rostro, noto que aparece la Guardia Civil. Me paro en seco y los escucho, no sé que sentir. Si estar feliz, aliviado, llorar desconsolado por lo que hemos pasado o romperme completamente. Lo escucho incluso cuando nos apunta con un arma, no tengo miedo, me han disparado con una. ¿A qué le voy a temer? ¿A morir? 

Hemos visto la muerte en nuestros ojos durante todo este día o días, ya perdí el sentido temporal y la verdad, que me vuele la cabeza ahora mismo o le dé una oportunidad a Lex. Para mi alivio, tras revisarnos, quieren llevarnos y la pequeña me lo pregunta, la miro y tras dejar un dulce beso sobre sus labios, susurro. 

- Subamos preciosa, no tenemos ya más que perder. - respondo y desvío la mirada hacia ellos. - Vale, vamos. 

Y no lo dudo, camino hacia los vehículos y me cercioro de ir con ella. Odiaría que nos separen, justo ahora. 

- Todo estará bien. - apenas dije. 

Me abrazo a la oportunidad, sin más opciones que tener un poco de fe en la humanidad y tal vez, podamos comenzar de cero. Por Javier, por nosotros. 

Hay que soñar, incluso cuando todo sea devastador. 

Lo pensé y reí como tonto, abrazando a Lexie con fuerza. Gracias destino.